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La columna de Esteban Valenti

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02.09.2008 10:15 / Mis artículos

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La Convención del Partido Demócrata de los Estados Unidos, en la que se proclamó a Barak Obama como candidato a la presidencia fue un espectáculo-acontecimiento a nivel global. Un público mundial siguió los discursos, la escenografía y cada uno de los detalles. Por múltiples motivos.

La elección del presidente de la primera potencia militar mundial y la primera economía del mundo, tiene directa relación con nuestras vidas. Queramos o no, lo admitamos o nos neguemos a aceptarlo. Además hay razones de impacto de los medios de comunicación, de capacidad de las redes globales de situar ese acontecimiento a nivel de la agenda y la atención de todos los públicos.

Hubo cambios. Por primera vez en la historia el candidato será un afromericano que le ganó la nominación a una mujer. Tiene 47 años. Y logró un éxito político espectacular y fulminante: imponerse a una figura central y principal del partido: Hilary Clinton. El acto de aceptación de la nominación se realizó por primera vez en un enorme estadio desbordado por más de 70.000 personas. Hay que reconocer que los Estados Unidos son una sociedad llena de movilidad, en particular en la política y a nivel cultural. Hace algunas décadas esa posibilidad hubiera sido un delirio total. Hoy es una realidad. Es el sueño cumplido de Martín Luther King en su famoso discurso.

He seguido la campaña de las primarias y ahora la convención y quiero subrayar algunos aspectos que me parecen centrales: el discurso de Obama logró un cambio muy profundo en la política nacional, atraer a los independientes, a la gente que tradicionalmente no participa en las convocatorias políticas, ni siquiera en las elecciones. Fue con esos electores que ganó las primarias.

¿Cómo lo hizo? Hace tiempo leí un graffiti en una ciudad de América Latina que decía: “basta de realidades queremos promesas”, era un poco irónico y un poco hiper realista. Si el debate político se reduce al bolsillo, a la inseguridad, a las estadísticas y las cosas aparentemente más concretas, se pierde algo fundamental: la visión, la tensión moral y política y la épica de una sociedad. Y nos guste o no los Estados Unidos se han construido con esa épica, ese sueño. Que no es el mismo para todos sus habitantes, pero existe, dentro y fuera de fronteras. Aunque para muchos resulte una pesadilla.

Existe el sueño de las oportunidades, de la libertad, de la movilidad social, del consumo, de la prosperidad, del dominio y la supremacía mundial. Es un batido con dosis diferentes. Pero existe y ha movido montañas y mueve ejércitos interminables de emigrantes. Trosky decía que los Estados Unidos era una fundición donde se estaba forjando el futuro. Y no se lo puede acusar por cierto de haber sido pro-yanqui.

Los gobiernos de Bush destruyeron ese sueño, lo sustituyeron por el miedo, el sentido de un cerco y por una política económica fracasada y destinada a estirar todavía más la pirámide social. El principal mensaje de Barak Obama, su consigna es el “Cambio” es reconstruir el sueño americano, el prestigio internacional arrastrado por el fango. No voy a detenerme en sus límites y posibilidades. Voy a concentrarme en un aspecto, en la necesidad que tienen las sociedad de tener un sueño, metas, una épica de la construcción.

La batalla electoral promete ser apasionante. El resultado no está seguro. Existe una parte de los Estados Unidos aferrada a los sectores neo conservadores en el peor sentido de la palabra. Y además debemos considerar otros hechos.

El primer ministro ruso Wladimir Putin acaba de denunciar que la operación militar georgiana contra Osetia del sur el día de la inauguración de los juegos olímpicos tuvo el apoyo y el asesoramiento del gobierno de los Estados Unidos. Incluso mencionó que había personal de inteligencia norteamericano en la zona especialmente destinado a dar soporte a esa misión. Pero lo más grave es que acusa a Washington de ser el promotor de la tensión mundial, de todo el proceso que se inició a partir de esa intervención militar – que nadie niega – como parte de una operación para favorecer a uno de los candidatos en las elecciones de los Estados Unidos. Seguramente no es Obama el favorecido.

Lo dice el primer ministro de Rusia, alguien que de inteligencia sabe bastante. ¿Es increíble? ¿Es imposible? Ya en las elecciones donde fue reelegido Bush milagrosamente intervino Osama Bin Laden con mensajes que aparecieron justo antes de las elecciones. En el momento preciso, justo y necesario para el actual presidente. ¿Otra casualidad? Notoriamente Bush ganó las elecciones cabalgando el tema de la seguridad. Y esta es su pesadilla: están empantanados hasta el cuello en Irak y Afganistán y la imagen internacional de los Estados Unidos está al nivel más bajo desde la guerra de Viet Nam. O peor.

Ellos con su política de invasión y agresión han contribuido a extender el terrorismo a nivel planetario y a generar las mejores condiciones para que amplios sectores del mundo musulmán reaccionen de la peor manera frente a la prepotencia, al intento de someterlos y avasallarlos. Han sido los promotores de un “choque de civilizaciones”, el peor de los escenarios mundiales. Pero el mejor de los escenarios para las elecciones nacionales en los Estados Unidos.

Ya veremos a John McCain el candidato republicano hamancándose entre separarse de Bush – el presidente que la peor imagen de la historia al final de su mandato – y su vocación belicista y del uso de la fuerza para resolver los conflictos y sobre todo imponer la supremacía americana en el mundo. No es sólo por ideología, es porque representa cabalmente a esos intereses de la sociedad y sobre todo de la economía norteamericana. Es la otra parte de la pesadilla, la que sufren los soldados y las familias de esos soldados norteamericanos, pero sobre todo los civiles de los países agredidos y todos los habitantes del planeta.

Lo que sigue en pie es la afirmación del inicio de esta nota, en la convención demócrata en los discursos de la esposa de Obama, de Hilary Clinton, de Al Gore, del propio Bill Clinton y naturalmente de Barak Obama le dieron un nuevo impulso y contenido al sueño americano, a la mística de una nación muy golpeada en imagen interna y externa. Y las naciones – aún las más poderosas económica y militarmente – no viven sólo de pan, necesitan esa épica, esos sueños, esas promesas. No se trata sólo ni principalmente de bellas palabras o de promesas huecas, se trata de ideas fuerza, de grandes ejes que convoquen a las mejores fuerzas de un país, de una sociedad.

Los uruguayos debemos preguntarnos si nuestro debate político no se alejó demasiado del sueño, del proyecto nacional. Aunque todos los datos económicos y sociales nos den bien, necesitamos un nuevo impulso para esta comunidad espiritual, pequeña en dimensiones, pero con historia y fuerza para proponerse grandes cosas.



26.08.2008 12:25 / Mis artículos

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No quiero zafarme, callarme y atragantarme. Voy a opinar sobre el paro general del pasado miércoles 20. Fue un despropósito, un error político y no ayuda en absoluto a los trabajadores ni a los sindicatos. Desde el punto de vista concreto de las reivindicaciones – suponiendo que alguna importancia tienen en un paro – no obtuvo ni obtendrá ningún resultado, y desde el punto de vista más general y estratégico támpoco.

Nunca, en mis 46 años desde que tengo uso de razón política vi un paro tan promocionado por la gran prensa. Nunca jamás. Era obvio, el primer paro general de 24 horas contra el primer gobierno de izquierda, fue una gran noticia. Y además fue un gran negocio para la derecha. Y cada medio por razones diversas lo utilizó. Nos utilizó.

Creo que todos hemos aprendido que las cosas son más complejas, no son sólo blanco y negro o izquierda y derecha. Hay muchos matices. Pero siempre es bueno tener claro los ejes principales, de lo contrario de tantos matices terminados no distinguiendo ningún color y todo nos da igual.

Fue un profundo error, que calca y recalca sobre un error que se viene acumulando:  desde ciertos sectores de izquierda desplazan el eje de la contradicción de la lucha y la disputa con las fuerzas conservadoras a una disputa interna a la propia izquierda. La base de todo el proceso de acumulación que se inició hace varias décadas, y de la propia unidad fue precisamente saber elegir con claridad los ejes políticos, sociales, ideales y culturales de las contradicciones en el país. Sin eso nada hubiera sido posible y nos hubiéramos extraviado siempre.

Este continente y el mundo está lleno de izquierdas que son testimoniales, fragmentadas y sobre todo inexistentes, o meras voces de la protesta. La izquierda se queda con la protesta y el malhumor y la derecha y sus alrededores se queda con el poder. Son las izquierdas más puras y más feroces entre ellas. Y conviven con las derechas más cómodas del mundo.

La unidad y el crecimiento constante de la izquierda no son un estado de gracia, una casualidad, ni siquiera una genialidad táctica o un fogonazo de campaña, fueron y son un esfuerzo constante, una visión estratégica y una capacidad de negociación y de generosidad dentro de la propia izquierda. Y eso pautó también la responsabilidad institucional democrática, la posibilidad de construir el bloque de los cambios. Paso a paso.

Hay fuerzas dentro de la izquierda que están renunciando a eso, que anteponen el conflicto y el debate interno a la izquierda, la disputa de posiciones y de purezas programáticas a la gran batalla unitaria contra nuestros adversarios. Aunque se arropen con las declaraciones más radicales. El resultado de ese camino todos sabemos donde termina. El mundo está lleno de ejemplos.

Van tres años y medio de gobierno progresista. ¿Qué alguno de los promotores del paro me mencione otro gobierno en los que los trabajadores y los desocupados que se han transformado en trabajadores han obtenido más beneficios y los cambios han sido orientados a favorecer a los más sectores débiles? ¿Otro gobierno en los que se hayan realizado tantos cambios es aspectos directos y concretos de la vida de la gente: el trabajo, la salud, la educación, los salarios, las jubilaciones?

Esos son logros de todo el gobierno encabezado por Tabaré Vázquez. No hay ministerios buenos y ministerios sospechosos de no ser fieles al programa. Esa es otra de las barbaridades que cometen ciertos sectores de izquierda. En todos los casos el gobierno actuó con sentido nacional – nuestra gran promesa – y en un adecuado equilibrio entre las políticas específicas y el proyecto nacional. Y eso es el gobierno.

Los que fría y premeditadamente utilizan a los trabajadores, debilitan a los sindicatos y al futuro del país, para apilar maderitas en una supuesta hoguera de radicalización de la izquierda, de pureza programática, no sólo se equivocan, están reforzando la peor de las alternativas: la restauración de la derecha. Eso si, con la mejor buena voluntad y la máxima independencia de clase.

En estos tres años y medio nadie acalló las opiniones de nadie, el debate está plenamente abierto y lleno de contradicciones y aportes y nadie quiere imponer unanimidades. Ya sabemos donde llevan las unanimidades dentro de la izquierda. El problema es cuando nos pasamos de la raya. Y un paro general totalmente fuera de lugar, cuando el gobierno está empeñado en tantos frentes a favor de los intereses nacionales y populares, es una barbaridad. No estuvo a la altura de la historia y las tradiciones del movimiento sindical uruguayo.

No es una responsabilidad sólo o principalmente de los dirigentes sindicales que lo promovieron, es una responsabilidad de los frenteamplistas, de los que no defendemos suficientemente este gobierno, los que dejamos que una dirección como la de ADEOM - que no representa en absoluto a los trabajadores municipales en su conjunto -, instale una situación de permanente confrontación. Es responsabilidad de los que nos replegamos y murmuramos en los rincones y no damos la batalla donde corresponde. En todos lados.

Corremos el peligro, serio y tangible de que cuando nos demos cuenta que ciertos silencios cómodos, refuerzan el desborde, la irresponsabilidad, cuando percibamos que algunas fuerzas políticas ya no se hacen responsables de la suerte del conjunto del movimiento popular, sino de su chacra, sea demasiado tarde y que el rastrillo de derecha y de centro derecha que han organizado prolija e inteligentemente los blancos – incluso con alguna ayuda nuestra – puede volver a gobernar. Ese día, el paro del 20 de mayo y las conductas políticas que lo sustentan serán huérfanos, guachos de toda paternidad y maternidad. Y todos nos lavaremos las manos. Los que no podrán hacerlo y recibirán todo el impacto de la restauración serán los trabajadores, la inmensa mayoría de los jubilados, la gente. Es decir la única referencia clave de cualquier política de izquierda. Y todos iremos a llorar al cuartito.



19.08.2008 09:50 / Mis artículos

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Es posible que sea por la edad, porque tengo muchos nietos o porque antes tenía todo prolijamente previsto para resolver los males de la humanidad para siempre y ahora no. Lo cierto es que cada vez que voy a mercadito a la vuelta de mi casa se me estruja el corazón. Y lo peor de todo es que no se que hacer.

En estos días hace un frío terrible, yo voy a comprar lo que necesito, voy a un lugar iluminado y cálido, lleno de productos de muchas marcas y al entrar y el salir hay una mujer joven  - no debe tener más de treinta años - es siempre la misma y tiene en los brazos un niño de cinco a seis años y ella lo mece, con una constancia mecánica, permanente, incansable. Y pide unas monedas. Sentada en el piso.

Y el niño casi no se mueve. Está allí con los ojos entrecerrados, oscuros. Es un morochito que se parece a alguno de mis muchos nietos. Inmóvil, con su carita helada, su gesto resignado. Horas y horas sin moverse, sin correr. Sólo un objeto casi animado para despertar piedad. Y yo me siento un microbio. Casi siempre le doy las monedas, con asco hacia la situación, hacia esa mujer que usa el niño, hacia todo y hacia mi mismo. Otras le compro comida. Dar limosna es una forma de alimentar esas situaciones. Pero no se que hacer.

Vuelvo a mi casa, caliente y me siento todavía más culpable. No se bien por que, pero me siento culpable. Escribo, hablo, estoy cerca del poder y no logro cambiar para que ese niño pequeño,  no siga allí inmóvil, seguramente medicado, porque no hay manera de que un niño de esa edad esté horas acurrucado e inmóvil.

¿Qué hago? ¿Llamo al INAU?. ¿Tienen potestades para actuar, para obligar a esa mujer a no explotar a ese niño? ¿Lo estará explotando? Pero sobre todo ¿tenemos instrumentos legales y de los otros para que el destino de ese niño no sea ese, ahora y en el futuro?

Leo con avidez todo lo que se publica sobre políticas sociales, se que hemos hecho mucho, que hay muchas familias, muchos niños que reciben apoyos diversos por la inversión social que está haciendo el país, el estado, el gobierno. Pero ese cuadro a la vuelta de mi casa lo veo desde hace varios años. ¿Qué debemos hacer?

Una sociedad que se resigna, que le busca y le encuentra respuestas institucionales, sociológicas, legales y de cualquier otro tipo, pero no se da los instrumentos para que ese niñito, con sus ojos entrecerrados, no pase varias horas de su día, acostado en el frío, es una sociedad que tiene una falla y que debe asumirla. No somos tan pobres.

Al lado del niño pasamos muchos con autos o a pie, con bolsas rebosantes de compras y el bienestar se palpa, se ve. El fin de semana fui a comprarle unos regalitos a mis nietos y era una romería, había colas en las jugueterías comprando y comprando. Y por otro lado con moneditas y alfajores no podemos seguir intentando calmar nuestras conciencias. Individuales y sociales.

¿Es un problema de explotación de la pobreza? ¿Son problemas culturales? Hay que abordarlos integralmente. Todo eso y mucho más es cierto. Pero ese niño es una acusación contra todos nosotros. Podemos verlo, podemos calmarnos con algunas monedas, podemos integrarlo al paisaje urbano, podemos hacer muchas cosas. Inclusive hasta yo puedo escribir esta notita. Pero el sigue allí, con sus ojos tristes y oscuros, observado un mundo de adultos que le ha reservado el privilegio de mirar las ramas peladas de los plátanos en invierno. Durante muchas horas, quieto, inmóvil, medicado.

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Esteban Valenti. Periodista y coordinador de la revista Bitácora.

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