03.09.2008 16:30 / Mis artículos
Finalmente, Sarah Palin tuvo su noche de gloria. Parada frente a la convención republicana, la gobernadora le habló a un país que esperaba saber más de esa mujer que, de buenas a primeras, pasó de la despoblada Alaska a la primera fila de la política estadounidense. “En Alaska hay más renos que gente”, dijo una comentarista de televisión, intentando minimizar los méritos de Palin. Pero los antecedentes de gobierno no son un punto fuerte de Barack Obama, líder en las encuestas de opinión pública y víctima principal en la tercera jornada de la convención republicana. “Zirou, Zirou, Zirou”. El carisma del exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, encendió a la platea con sus referencias irónicas sobre el candidato demócrata. “La nación debe elegir entre un verdadero héroe americano, que sobrevivió a la tortura en Vietnam y un miembro de la maquinaria política de Chicago” que nunca lideró nada. “Anything, nada”, enfatizó Rudy en español. “Na-ra, na-ra, na-ra” respondía la multitud en la lengua de Cervantes y Rafa Nadal (los angloparlantes desconocen la técnica de morder la lengua para pronunciar la letra D). Es que Obama fue, después de los integrantes de la fórmula republicana, el hombre más aludido en el Excel Energía Center, aunque no precisamente para elogiarlo. “John fue probado, Barack Obama no”, insistió Giuliani. “Los tiempos duros requieren liderazgos fuertes y no hay tiempo para entrenarse en el cargo”. Y así. Las mayores burlas sobre el candidato demócrata se refirieron a su condición de “organizador comunitario”, asunto sobre el que abundaron Giuliani y la gobernadora Palin. En efecto, Obama trabajó como abogado en defensa de los derechos civiles y promotor comunitario en Chicago, Illinois. Allí ocupó una banca de senador estadual durante ocho años antes de llegar al Congreso. Ya habían utilizado munición gruesa los senadores y exaspirantes a la candidatura presidencial, Mitt Romney y Mike Huckabee. Romney señaló todos los proyectos que apoyó el senador McCain y que podrían festejar los reticentes votantes conservadores (McCain tiene fama de independiente y “liberal”) mientras que Huckabee defendió la vocación de cambio de la fórmula republicana. En el momento de mayor calor de su discurso (¿es en realidad suyo o está escrito por el mismo publicista que puso en boca de Romney idénticos conceptos y retruécanos?) Huckabee arremetió contra el gobierno federal. (En Estados Unidos, la ampliación del poder y la factura estatal debe estar debidamente justificada si se quiere continuar en política. Al revés de lo que ocurre en nuestro país, donde se parte de la bondad intrínseca del aumento en las cuentas públicas y el recorte de las libertades individuales en nombre del bien común, para el estadounidense medio el principio es que todo nuevo gasto del gobierno y todo recorte de la libertad son sospechosos. Cosas de pueblos atrasados).“Yo no me hice republicano para ser rico”, dijo Huckabee. “Me hice republicano para no pasarme la vida como pobre y esperando que el gobierno me ayude”. Por lo visto, a los republicanos no se les pasa por la cabeza hacer las cosas “a la uruguaya”, aunque sí a Barack Obama, que promete nuevos impuestos y gabelas sobre los contribuyentes para tratar de compensar los problemas sociales que afectan a buena parte de los habitantes del país más próspero del mundo, como la salud y la educación públicas. La gobernadora de Hawaii, Linda Lingle, siguió a Huckabee en un tono más moderado. Lingle calificó a Palin como “una extraordinaria gobernadora” y “una gran persona” y destacó su record ejecutivo. “Una alcaldesa es una CEO. Una gobernadora es una CEO”, una performance que la pone en ventaja sobre el binomio Obama/Biden. “Zirou, zirou, zirou”. ¿No están allí los chicos de Michigan, con sus camisetas de fútbol blancas con números rojos? ¿No son esos los delegados de Colorado, luciendo la clásica camisa de vaquero? Miren más allá, al delegado de Missouri simulando ser Abraham Lincoln. ¿Y qué de nuestros amigos de Texas, luciendo un elegante traje azul y, bueno, su tradicional sombrero tejano fabricado en China. ¿Qué fue de las camisas estampadas con palmeras de la delegación de Florida, que sólo se los distingue cuando agitan sus pañuelos anaranjados? “He wasn´t rude, just Rudy” tituló Kristin Tillotson un suelto en el Star Tribune de Minneapolis sobre su accidental encuentro con Rudolph Giuliani en el Chambers Hotel de Saint Paul. La periodista pretendió hacerle unas preguntas pero la custodia la apartó con amabilidad y determinación, sin que Rudy dejara de sonreir. El título bien podría utilizarse para reseñar su discurso anti Obama. Su sonrisa dentada y su carisma desparramaron fuego graneado sobre el candidato demócrata. Para el historiador Richard Norton Smith, los republicanos necesitan “sacar ventaja de las incertidumbres que la gente puede sentir sobre Obama”, pero deben cuidarse cómo lo hacen, “no sea que las criticas tomen un tinte racial”. La platea del Excel Energy Center de Saint Paul, donde transcurre la convención que proclamará la fórmula McCain/Palin, es blanca. Prácticamente no hay negros y los jóvenes son minoría, a diferencia de lo que se vio una semana atrás en Denver, donde la convención demócrata exhibió una composición variopinta, acorde con estos tiempos multiétnicos. La advertencia de Richard Norton Smith debería ser tomada en cuenta. Pero las críticas republicanas contra el fulgurante Obama no se refieren a su origen racial sino a sus cualidades personales. Eludir esas críticas por temor a que sean tildadas de racistas, sería una forma de paternalismo o de racismo encubierto y lanzarlas sin piedad puede caer bajo la sospecha de la discriminación. Ese es uno de los dilemas de la campaña republicana. Pero “Rudy el rudo” no duda en arremeter contra el abogado de Chicago. “Zirou, zirou, na-ra, na-ra”, la gente se enfervoriza cada vez que el orador se refiere a Barack Obama, pero también cuando los dardos del exalcalde eligen como blanco a la prensa. “Quien va a elegir al próximo presidente de los Estados Unidos somos nosotros, no ciertos medios de comunicación ni las estrellas de Hollywood”. Giuliani se refería a la CNN, la cadena de noticias más importante del país (y probablemente del mundo) cuya simpatía por el candidato demócrata es manifiesta. CNN ocupó buena parte de su cobertura al embarazo de la joven Bristol, la hija de 17 años, soltera y descuidada, de Sarah Palin, a diferencia de la más conservadora Fox News. El plato fuerte estaba por llegar. Parada frente a la convención republicana, la gobernadora de Alaska le habló a un país que esperaba saber más de esa mujer que… a propósito, los discursos que se sucedieron durante estos tres días repetían párrafos enteros, quizás escritos por el mismísimo Matt Scully, un talentoso exredactor de discursos de la Casa Blanca que puso en el teleprompter las palabras del esperado discurso de la candidata. Sea como fuere, Sarah Palin derramaría simpatía, compostura y frases impactantes sobre su vida personal, su trayectoria política y las múltiples ventajas de votarla ella en lugar de los improvisados candidatos demócratas. “Yo no soy miembro permanente del establishment político y aprendí rápidamente, en estos pocos días, que si no eres un miembro con prestigio en la elite de Washington, alguien en los medios te considerará un candidato sin calificaciones sólo por eso… Yo no voy a Washington a buscar su buena opinión. Voy a Washington a servir al pueblo de este país”. (Nuevamente, las diferencias entre uruguayos y estadounidenses son notorias: ellos desconfían de todo aquello que venga de la capital y de las estructuras partidarias, y premian a los candidatos que responden principalmente a los intereses de los ciudadanos comunes y no de las cúpulas y los aparatos. En fin, ellos se lo pierden). Palin será muy hermosa pero su lengua puede ser filosa como una navaja. Su semejanza física con Linda Carter en el rol de Mujer Maravilla debe haber despertado el temor de sus rivales de terminar atrapados por su lazo dorado. Miren esto sobre Barack Obama: “Escuchándolo hablar, es fácil olvidar que ese hombre es el autor de dos libros de memorias pero de ninguna ley o reforma, ni siquiera en el senado de su Estado”. O esto: “¿Qué es lo que él quiere lograr, además de hacer retroceder las aguas y curar el planeta? La respuesta es: agrandar el gobierno, sacar más de su dinero, darle más órdenes desde Washington y reducir la fortaleza de América en un mundo peligroso”. El retrato de Sarah Palin se completa con rasgos menos vigorosos. Llegado el momento, aparecerán sobre el escenario su esposo (con el pequeño Trig, su hijo autista de un año de edad, en brazos) y el resto de la prole, incluyendo a Bristol, su panza y su futuro esposo. Pero todavía había espacio para otra ingenioso frase de Scully en boca de la charming Sarah: “Hay algunos candidatos que usan el cambio para promover sus carreras. Y hay otros, como John McCain, que utilizan sus carreras para promover el cambio”. ¿No es un slogan digno de un León de Oro en Cannes? Bueno, quizás no, pero el juego de palabras ayuda en la estrategia republicana de mostrar a Obama como un político egocéntrico y frívolo. Al final, el estadio ovacionó a Palin, y cuando se creía alcanzado el climax, el mismísimo John S. McCain apareció por la pequeña puerta de acceso al escenario. Faltaba que la convención formalizara la nominación del binomio Mc.Cain/Palin (para eso estaban allí después de todo), pero el show había terminado en medio de vítores y aplausos. Al menos por el día, la película tendría un final feliz. Miércoles La señorita Jennifer Yuhas repite la segunda enmienda como un mantra. Jennifer pertenece a la Asociación Nacional del Rifle y llegó desde Alaska como delegada a la convención republicana que sesiona por estos días en Saint Paul, Minnesota, para apoyar a su compatriota Sarah Palin, nominada como candidata a la vicepresidencia de los Estados Unidos.
La segunda enmienda establece que “no se violará el derecho del pueblo de poseer y portar armas”, lo que para Jennifer constituye la verdadera salvaguarda del conjunto de los derechos de los estadounidenses, una garantía que defiende con un tono a la vez simpático y marcial, como si estuviera adiestrando a sus alumnos de tiro. La NRA (sigla en inglés de la Asociación) ganó fama mundial cuando Michael Moore acosara a un decrépito Charlton Heston en “Bowling for Colombine”, un panfleto fílmico con pretensiones de investigación premiado con un Oscar. La tesis de Moore es que gente como Heston y sus amigos de la Asociación Nacional del Rifle alientan el uso de armas y que eso favorece… bueno, como sea, nadie confundiría al viejo Charlton con Jennifer Yuhas. La delegada suplente por Alaska parece salida de la misma fábrica de sueños que Sarah, una mujer en sus cuarenta y de rígida belleza, extraña mezcla de Barbie, J.I. Joe y Barbara Walters con la que los republicanos buscan darle a su fórmula la cuota de renovación, juventud y conservadurismo que John McCain no puede ofrecer.
La Convención republicana comenzó a agitarse ayer martes, en su segundo día de sesiones y una vez que se conocieron las consecuencias del huracán Gustav sobre la costa de Luisiana. La convención transcurre según un libreto rígidamente planificado, en el que cada discurso, efecto sonoro, visual o simple palabra aparecen en el momento justo. A las seis de la tarde, la banda del saxofonista Al Williams comenzó a tocar y el domo cobró vida. Williams posee un fluido y elegante fraseo tanto en saxo como en flauta, con el que se hizo de cierta reputación acompañando artistas de la talla de Stanley Clarke y Mongo Santamaría, aunque su repertorio solista lo muestra adormilado en el confort del smooth jazz. Una música demasiado sofisticada para esta ardiente platea, integrada por dos mil trescientos delegados llegados de todos los confines de la Unión. Perfectamente ordenados por Estado en la cancha del estadio, varias delegaciones lucen uniformes con atuendos típicos. Allí están los texanos con sus sombreros y su habitual discreción y más allá los delegados de florida, luciendo una camisa estampada con palmeras y motivos típicos.
Una fiesta de colores y modos de vida que explota cada vez que el discurso del orador de turno o el énfasis del video que se proyecte en la gigantesca pantalla reclame sus hurras, sus gritos de aprobación, sus aplausos emocionados. Tras los acordes de Williams, el imponente escenario del Xcel Energy Center dio lugar a dos momentos ineludibles en todo mitin de estas características. Allí donde haya más de un estadounidense habrá lugar para la bandera y la oración. De hecho, todas las calles y edificios y hoteles de Estados Unidos lucen siempre la “star spangled banner” como si fuera fiesta patria. Y como conviene que Dios bendiga América, los organizadores de la convención republicana invitaron un predicador cristiano y un rabino para abrir y cerrar la sesión, de modo de asegurarse la gracia divina.
Patriotismo, oración y merchandising; tres palabras que definen las convenciones partidarias en los Estados Unidos. “En materia de merchandising los demócratas hicieron mejor las cosas” comenta un observador extranjero que vivió ambas convenciones. Parece difícil de imaginar un despliegue más abundante de pins, remeras, gorros, camperas y souvenirs con el elefante característico del Partido Republicano y la cara de John McCain. Sobre el escenario, embolsados junto al techo del domo, esperan miles de globos y pelotas blancas y rojas, que el jueves de noche, cuando McCain haga su discurso de aceptación de la candidatura presidencial, serán lanzadas sobre la multitud de eufóricos delegados.
Entre los disertantes más destacados estuvieron el presidente George W. Bush, que habló vía satélite desde Washington después de su esposa Laura (que lleva dos días en Saint Paul, aguantando el temporal de la convención), el exsenador por Tennessee Fred Thompson, el presidente de la Fundación para el desarrollo de la raza, Tommy Espinoza y el senador por Connecticut Joe Liberman, un demócrata que apoya la candidatura de McCain.
Muchos republicanos respiraron aliviados cuando se enteraron de que Bush no asistiría a la convención. La mayoría de los observadores afirman que su proximidad con McCain puede resultar embarazosa para el candidato. De hecho, es la primera vez que se celebra una convención sin una sola foto del presidente en alguna parte. En cambio, el “show off” que animó a la platea se detuvo en lo más selecto del panteón partidario. La lista de homenajeados incluyó documentales sobre Abraham Lincoln y Marthin Luther King (dos mártires republicanos que lucharon contra la esclavitud y por los derechos civiles) en una guiñada a los votantes afroamericanos que pudieran verse seducidos por Obama; y los expresidentes Gerald Ford (la muerte tiene esas cosas) y Ronald Reagan, vivado con entusiasmo por la multitud justo en Minnesota, el único estado que se resistió a su arrolladora reelección de 1984. El ceremonial se completó con la memoria de los caídos en las guerras de Irak y Afganistán. Los propios, claro está, puesto que los republicanos no cuestionan que sus muchachos sirven a la causa de la libertad en países con gobiernos oscurantistas y sanguinarios, tarea que a veces reporta algunos daños colaterales.
La guerra y cómo salir de ella es un tema mayor en esta campaña. “McCain va a traer de nuevo a nuestras tropas a casa, pero con honor”, dijo Joe Lieberman, senador demócrata por Connecticut que apoya la fórmula republicana. La guerra del presente y del pasado. Los discursos tuvieron como eje la personalidad y la historia personal de McCain, especialmente la referida a los años que pasó como prisionero en Vietnam, la presencia femenina en la fórmula y el voto latino. Bajo el eslogan “el país primero”, los republicanos buscan poner en el centro del debate algunas de las aristas sobresalientes de McCain: su heroísmo, su compromiso con el país y su capacidad de liderazgo.
Laura Bush no dudó en calificarlo como un “héroe americano” y Fred Thompson hizo un emotivo racconto de sus padecimientos en las cárceles vietnamitas. “Mis amigos demócratas están gastando mucho dinero para convencernos de que John Mc. Cain es otra persona, pero créanme: Dios hizo a un solo John McCain y ese es nuestro hombre”, sentenció Joe Lieberman. El senador demócrata calificó a Obama como un “joven talentoso y locuaz” pero invitó a los demócratas e independientes a que apoyaran a McCain. “Le hablo a aquellos que no votarían a los republicanos en una elección normal, pero esta no es una elección normal”, enfatizó Lieberman.
Eso piensan también los manifestantes que cada día desfilan frente al Xcel Energy Center reclamando el retiro de las tropas de Irak y Afganistán, entre otros asuntos. Las marchas fueron subiendo de tono y dejaron algunas decenas de manifestantes detenidos por la policía, una nutrida y sofisticada fuerza integrada principalmente por la policía estadual y la Guardia Nacional. Minnesota recibió cincuenta millones de dólares del gobierno federal sólo para asuntos de seguridad, lo mismo que ocurrió una semana antes en Colorado cuando la convención demócrata. Pero también los hay que se toman la convención y las manifestaciones de protesta para la chacota. Un par de jóvenes portaban carteles a favor de la privacidad sexual de las aves y otros dos reclamaban por el impeachment al expresidente Nixon, muerto en 1994. Y también los hay a favor del gobierno y el Partido Republicano, pero como ocurre en todas partes del mundo, el oficialismo no es una causa que movilice multitudes.
Seguridad, seguridad y seguridad. Todo lo que tiene que ver con la convención, tiene que ver con la seguridad. Para acceder al gimnasio donde transcurre la convención, hay que pasar por cuatro o cinco retenes de seguridad. Cada uno de los cerca de diez mil participantes (entre delegados titulares, suplentes, periodistas, agentes y personal de la organización) debe portar al menos una tarjeta acreditando su condición, de manera que no hay nadie en el domo que no haya sido previamente registrado, autorizado y revisado al entrar.
Ahora, toda la atención está puesta en el discurso que hoy pronunciará Sarah Palin. Desde su sorpresiva nominación como candidata a la vicepresidencia, la gobernadora de Alaska no dejó de estar en el ojo de la tormenta. En los corrillos republicanos se dice que McCain no estaba al tanto del embarazo de Briston, la hija de 17 años de Palin, aunque oficialmente se diga lo contrario. Muchos observadores se preguntan cómo podrá resultar convincente una candidata que proclama las virtudes conservadoras en materia sexual si no pudo educar adecuadamente a sus propios hijos. Palin fue incluida en la fórmula para atraer a los votantes conservadores que no demostraban entusiasmo en McCain, una figura demasiado “liberal” para su gusto. En un país en el que los grupos conservadores proclaman las ventajas de la castidad antes del matrimonio, la conducta de la joven Bristol no podía menos que poner en aprietos a su madre. Como si esto fuera poco, se conoció que Palin había pertenecido al Partido Independentista de Alaska. En Youtube puede verse a la hoy candidata republicana convocando a la convención de los secesionistas. También es posible repasar algunas entrevistas de TV en las que Palin expresa sus simpatías por Ron Paul, uno de los rivales de McCain en la interna partidaria. De modo que el discurso de la bella gobernadora será fundamental para el futuro de la fórmula republicana. Bien que lo sabe la señorita Jennifer Yuhas, la instructora de tiro que llegó desde Alaska para apoyar a su coterránea y camarada de la Asociación Nacional del Rifle.
27.08.2008 09:10 / Mis artículos
El 25 de agosto merece ser declarado el Día de la Nostalgia, para incorporarse por derecho propio al calendario patrio. ¿Con qué otro estado del espíritu podríamos ganar la atención los uruguayos más genuinamente que con la nostalgia? ¿Qué otro sentimiento podría despertar de su largo sueño a las musas orientales? La fiesta inventada por Pablo Lecueder generó un factor de identidad nacional, bastante más auténtico que la simulada independencia de la Piedra Alta. El historiador griego Pausanias sostenía que las musas primigenias eran tres: Aedea (el canto, la voz), Meletea (la meditación) y Mnemea (la memoria). Las divinidades se presentaban juntas, como las Trillizas de Oro, y fue recién en tiempos de Platón y sus discípulos que la lista se elevó a siete. Pausanias prefiguró el culto de la nostalgia uruguaya, esa extraña mezcla de memoria, introspección y canciones que nos hace fantasear con una juventud menos venturosa y divertida de lo que solemos evocarla. La noche de la nostalgia vendría a vindicar un equívoco, condenando al letargo onírico y alcohólico a un pueblo acostumbrado a inventarse un pasado a su medida. El caso más flagrante es la "Declaratoria de la Independencia" del 25 de agosto. Alcanza con leer los textos aprobados por los patriotas para comprender que el único sentido que tenía tal declaratoria, era proclamar nuestra independencia "del Rey de Portugal, del Emperador del Brasil y de cualquiera otro del universo...". A texto expreso y en lo que se conoce como Ley de Unión, los representantes orientales manifiestan que su voto "es y debe ser por la Unión con las demás Provincias Argentinas, a quien siempre perteneció". Como corolario, los representantes establecieron un pabellón para la Provincia Oriental pero sólo mientras no se incorporaran sus diputados a la "Soberanía nacional", tras lo cual se enarbolaría "el de las Unidas del Río de la Plata, a que pertenece". De cómo aquella voluntad manifiesta es recordado como el natalicio de la República Oriental del Uruguay, es un equívoco que deben explicar los historiadores. Confieso que no puedo evitar cierto cosquilleo cuando leo que un tal Mateo Lázaro Cortes votó en representación de "la Villa de Concepción de Minas", en tiempos de mi chozno, pero el tal diputado tuvo toda la intención de hacerme argentino, aunque luego las circunstancias torcieran su voluntad. La nostalgia de una declaración imaginaria generó ríos de tinta y avivó la labia de los gobernantes durante casi dos siglos y hasta ayer, cuando un sufrido ministro de Vivienda intentó en vano insuflar el sentimiento patriótico a un país adormilado, durmiendo la mona de una fiesta histórica, celebrada voluntaria y masivamente con canciones de los Bee Gees, Abba y Boney M. El lunes pasado, la noche de la nostalgia cumplió treinta años. Gracias a esta fiesta patria, los uruguayos podemos seguir inventándonos, con perdón de Mnemea, un pasado a nuestra medida, una juventud dorada con rubias inexistentes y declaratorias de amor con final feliz, para contar cada nuevo 25 de agosto.
20.08.2008 08:53 / Mis artículos
El desempeño de los atletas uruguayos que compitieron en Beijing fue entre discreto y penoso. Y eso por no hablar de sus explicaciones posteriores. Mientras los atletas del resto del mundo van a los juegos olímpicos a conquistar medallas y gloria, los uruguayos apenas si compiten para ganar experiencia. El objetivo sería de recibo si cuatro años después se lograran mejores guarismos, pero nada indica que el deporte uruguayo esté siguiendo el camino de la mejora continua. Por el contrario, todo parece una excusa para que viajen los dirigentes mientras los deportistas siguen sumidos en la resignación y la autojustificación. Los uruguayos somos especialistas en buscar excusas para no triunfar. Una de las más recurrentes es la alegada falta de recursos materiales, lo que nos impediría desarrollar un deporte altamente competitivo. Claro que eso no explica cómo los argentinos, sin ser mucho más ricos, obtienen resultados extraordinarios. Y eso por no hablar de Mongolia, cuyo ingreso per cápita es cinco veces menor al uruguayo pero cuyos atletas se llevan de Beijing por lo menos una medalla de oro y otra de plata. También suele utilizarse como excusa el reducido volumen de nuestra economía, bastante menor por cierto al de nuestros vecinos y otros países de mejor desempeño olímpico. Pero eso no explica cómo Armenia, con la mitad del PBI de Uruguay, se las ingenió para obtener cinco medallas de bronce, mientras que Dinamarca, con una economía doce veces más grande que la de los armenios, debe conformarse con una única presea bronceada. ¿Será una mezcla de falta de recursos materiales y de capacidad organizativa? No parece. El kayakista irlandés Eoin Rheinisch perdió la medalla de bronce a manos de Benjamin Boukpeti, de Togo, aunque su país produce cada año treinta y seis veces más riqueza que el africano. Y eso por no hablar de capacidad organizativa. Hay quienes apelan al argumento demográfico para explicar nuestros fracasos deportivos. ¿Qué puede hacer este "paisito" con apenas tres millones y poco de habitantes? Habría que preguntarle a Panamá, que tiene la misma población de Uruguay y eso no fue obstáculo para que Irving Saladino conquistara la medalla de oro en salto. Saladino encabezó una delegación de apenas cinco atletas y dejó en segundo lugar al sudafricano Khotso Mokoena, en cuyo país viven cuarenta y tres millones de personas. La explicación a nuestra ausencia en el medallero olímpico no hay que bscarla en la pistas ni en las piscinas ni en las cuentas bancarias sino en el espíritu. Esa inercia que nos condena a repetir el camino del fracaso, esa aversión al riesgo de perder por querer ser mejores, esa autopercepción de pequeñez y ese recelo hacia las personas de rendimiento excepcional, nos condenan a quedar excluidos de cualquier podio. Después de todo, un país que convirtió su mayor hazaña deportiva en un trauma colectivo no puede aspirar a ganar medallas ni experiencia. Antes que en las pistas y en las piscinas, el triunfo está en la mente, pero entre nosotros no está bien visto soñar tan alto. No vaya a ser cosa.
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Con más de veinticinco años de trabajo como periodista, se destaca como conductor e informativista de radio y televisión. Actualmente conduce el Diario Sarandi y 690 en Punto (en Radio Sarandí) y escribe para el diario El País y para Montevideo Portal.
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