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16.09.2008 14:17 / Musica

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 Soy una profunda admiradora de "Legiao urbana", particularmente este tema....´"difícil", largo y sin estribillos que faciliten la memorización pero  del mismo modo una fotografía musical del "interior "geográfico

 



16.09.2008 14:07 / Artículos interesante

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Con el periodista Cristian Alarcón ( Artículo publicado en “BRECHA”, 12 de setiembre del 2008, pag. 13)  NO PODEMOS SER LOS CONSTRUCTORES DEL MIEDO 

               Periodista de policiales en diversos diarios argentinos, Alarcón investiga sobre la violencia urbana y la exclusión social con una mirada desde el territorio. Su crónica “Narcos sin fronteras” ganadora del premio Adivina de periodismo, aborda el mundo del narcotráfico peruano afincado en Buenos Aires. Autor además del libro “Cuando yo muera  quiero que me toquen una cumbia”, donde da cuenta del mundo de los jóvenes de los márgenes porteños a través de la vida de “un pibe chorro” asesinado a los 17 años por la policía bonaerense.

 

-          Los nuevos gobiernos latinoamericanos, más o menos de centroizquierda no han podido darse una política, un discurso, un relato de los miedos ni de la violencia en cada uno de sus países. La potestad del relato de la violencia ha quedado en manos de las empresas y las corporaciones periodísticas y se somete a la lógica de los mercados de consumo la noticia como espectáculo, como entretenimiento, como nuevo producto sensacional. Sobre todo para los medios televisivos.

Ha sido tan periférico el trabajo del periodismo de policiales, con la tarea de construir todos los días una noticia con un crimen, con lo anormal, que heredamos un estigma: ser de una sección de la información que resulta menos importante en términos  de recursos humanos materiales y simbólicos. Sobre todo en la carencia de herramientas clave para entender una posición que no sea la de constructores del miedo, o la de cómplices de la construcción del enemigo pobre, morocho, joven, ladrón, etc.

También desde la vereda absolutamente progresista es necesario cambiar el eje y entender los fenómenos de criminalidad. Dejar ese discurso que se parece mas al de la derecha que al de cualquier izquierda. No podemos vivir en el horror de la mano dura. Si, la mano dura  fue un fracaso. Pero no podemos dar el debate desde la vereda de enfrente diciendo “la mano dura es mala”. La única alternativa que tenemos para construir discursos propios en torno a la violencia es comprenderla:

 

-          ¿Hay un relato intencional desde los medios¿

-          Recién ahora empieza a haber una conciencia sobre que el miedo –no como consecuencia de los discursos sino como proyecto político del neoliberalismo- sigue ganando. Aunque los gobiernos se digan de centroizquierda, el proyecto político del miedo ganó. Ganó durante la dictadura, ganó durante la aplicación del modelo económico de los noventa y está ganando la pelea ahora en los medios de comunicación. Durante su  gobierno Kirchner se dejó presionar  por una multitud de 150 mil personas solidarias con un chico rubio y decente como era Bloomberg. Endureció las leyes, hizo estallar sus cárceles de presos, llevó las penas a cifras que violan los derechos humanos sin resolver el asunto de la seguridad: sin prestar atención a que tiene varias fuerzas de seguridad corruptas, una justicia colapsada por un sistema judicial que fracasó.

-          Hace un momento se refirió a la carencia de herramientas que permitan posicionarse a los periodistas en otro rol que no sea el de constructores del miedo: ¿cuáles serían?

-          Por un lado para enfrentar el miedo y la seguridad que implica trabajar con el crimen organizado. Pero sobre todo faltan herramientas para comprende. No hay ningún tipo de vinculación  entre los que producen la información de la violencia en América latina y los académicos que llevan décadas en el tema, por ejemplo. El seminario puede convertirse en una oportunidad grandiosa para hacer una alianza que nos permita algo que las organizaciones criminales complejas ya tienen: la transnacionalización. Es muy difícil comprender lo que nos empieza a pasar como países del Cono Sur, si no empezamos a comprender las lógicas del crimen que se expanden buscando nuevos territorios para desarrollarse. El fenómeno más reciente es el de la instalación de los cárteles mexicanos o de los grupos de poder ilegal de México y Colombia que se disputan otras plazas y generan nuevas modalidades de violencia en otros sitios. En mi caso cuando llevás cuatro años conversando con los narcos, probablemente tengas algunas herramientas, fuentes, que te ayudan a ubicar una pequeña pieza, que para otro no tendría sentido, en un tremendo  rompecabezas que es el del crimen complejo y transnacional. Eso permite adelantarte a las lecturas. El periodismo de investigación ya no debería ser el periodismo de la denuncia, de la revelación del hecho conocido.

 -          Que es lo que te importa a ti?  

-          La trama. Tenemos que empezar a convertirnos en reveladores de trama, donde el lector pueda, de alguna manera, insertarse; pero no en el horror que le produce el decapitado sino por aquel detalle mínimo que uno logró conocer en algún momento que humaniza a la víctima pero también al victimario. Debemos dejar de pensar el mundo de la violencia en términos maquiavélicos. Como si todos aquellos que rozan el terreno de la ilegalidad o que viven en la economía informal fueran no ciudadanos. La ciudadanía no se le priva al excluido, no debería. Si no, excluido es igual a delincuente, y volveríamos a repetir el mismo verso que los neoliberales nos enseñaron en los noventa. Esa frontera se cruza retomando el diálogo con la academia, siendo conscientes de que necesitamos una formación mucho más densa de la que tenemos, más compleja. Y además una inmersión en la literatura, que por lo menos nos brinde las herramientas mínimas del lenguaje para que la historia valga la pena.

 -          Si tu objetivo es contar la violencia de otra  forma supongo que usarás otros canales para llegar, que no son los habituales de la crónica roja.  

-          Saqué de mi agenda todas las fuentes policiales habidas y por haber. Hay que olvidarse de ellos. La información de la policía te llega por cable. Para eso existen los fiscales y los jueces, a quienes hay que educar. No pueden negarse  diez veces a atenderte. La persistencia es la única arma que triunfa en esto.

 -          Acá hay quienes tienen la radio en frecuencia policial…  

-          En toda Latinoamérica es así. El periodista que no sabe, que no tiene herramientas para leer la realidad compleja que se le está presentando, lo que hace es un intento de fotocopiadora humana que pretende ver y contar:”aquí estamos ante los cadáveres cercenados de la mujer de alrededor de 35 años cuyos pechos yacen a un costado de la ruta…”. El relator como la voz parlante, en un lenguaje filopolicial o filojudicial … no se sabe si habla un comisario, un periodista o un preso. Cuando uno comprende que está haciendo periodismo de violencia está haciendo periodismo territorial. Yo trabajo con mapas mentales y en el mapa del territorio  al que voy me relaciono con esos mapas. Al entrar a un territorio hay un ritmo, un tono, una cadencia, una luz, un contexto físico casi espiritual. Poco a poco vas aprendiendo como moverte. Hay veces que me agarra un tema y voy a casa a cambiarme porque es violento que entre con mi saquito de terciopelo a la casa de una mujer que está velando al hijo al fondo. Y luego viene el tema de la empatía. Cómo saber con quien hablar, donde pararte para molestar menos. Hasta donde someter a un interrogatorio. A veces con una pregunta  basta.

 -          Diste así con un pedazo de la realidad argentina más allá de un hecho puntual.  

-          Hay un antes y un después de “Cuando yo me muera quiero que me toquen cumbia” . Un fusilado que vive, voy detrás del barrio, de la madre, de la novia, del hermano, del amigo; reconstruyo la vida de la víctima y de paso pruebo la criminalidad de los policías de Buenos Aires. Fue una investigación de año y medio. En el camino descubrí que era necesaria la literatura, y que a mi me hacía mas feliz. Cambié el parámetro y dejé de buscar la revelación para buscar complicidades de otro tipo con el lector. Pensé en no volver a hacer territorio, pero entré en un tema que era una deuda política, el de los narcos, y terminé atrapado ahí porque descubrí  una masacre que tenía toda la trama de una guerra que comienza en 1996… Elegí un personaje y hace cuatro años que visito su casa, soy el padrino de uno de sus hijos. Es una mujer que tiene un pequeño negocio narco, que es viuda de dos grandes personajes que pertenecen a esa trama. Uno de ellos formó parte del grupo que liquidó a otro de los clanes. Y mi ojo está puesto en el detalle de esa vida. En la lógica de la informalidad económica, en cómo se construyen las piezas que van sumando al conventillo. No se centra en cómo viven miles de miles de miles de miles. Para contar desde adentro tenés que librarte del prejuicio. Revalorizar al sujeto. Comprender que la violencia no es un tiro en la nuca. Es un sonido sordo y persistente que atraviesa todo. Vivimos montados sobre ese sonido. A veces podemos bajarlo, pero ya no vamos a desprendernos de él.

 



16.09.2008 14:03 / Mis artículos

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         Desde mi más tierna infancia mis padres  se esforzaron por enseñarme que era “feo” reírse de las personas. Confieso que siendo niña nunca hice caso a esa premisa. Con los amigos de la cuadra nos reíamos de cuanto ser humano (o cosa que se le pareciera) que se cruzaba por delante nuestro. La “vieja” con la “chismosa” rumbo al almacén de “Don Miguel”, el “gordo” que  cuando se agachaba se le veía hasta la “línea del horizonte”, el “vecinito” con lentes “culo de botella” (en infaltable “lenteja” de todo barrio que bien se precie) e incluso del vecino que invariablemente nos “sustraía” la pelota cuando esta caía a su jardín (espantoso por cierto lleno de Hortensias –planta fea si las hay-).

 

                A medida que uno crece y los convencionalismos sociales se van apoderando de nosotros, nos vamos “civilizando” dejando atrás épocas de  “barbarie lúdica”. Pero no siempre nos desprendemos totalmente de ésta última, algunos hemos aprendido uno que otro “truquito” … no reírnos del “otro” sino “con el otro” .

 

                Todo esto viene a que aún hoy hay ciertos “especímenes” que me causan gracia. Hoy ya no los  observo a los efectos de burlarme sino que los miro en tanto ejercicio de “observación  dialéctica”, que por cierto suena más glamoroso que decir que soy chusma. En este sentido es que soy “adicta” a ciertas secciones de la prensa escrita conocidas comúnmente como “Correos de los Lectores” o “Ecos”.

 

                Es así que un día llegué a “EL PAIS” y a medida que iba leyendo algunos comentarios de la sección anteriormente mencionada pensaba para mí misma: nuestro país debería  llamarse “República Confusionista del Uruguay” … y no precisamente  por el sistema de pensamiento implementado por Confucio…..

                 “Días atrás leía la carta de V.L. con relación a la media verdad que se quiere enseñar a nuestros jóvenes referente a la “Historia Reciente”. Es realmente preocupante e inaceptable, pero lo es más aún lo que está ocurriendo a metros de la principal escuela  de EL PINAR (la que todos queremos y conocemos como la de Pepsi, esa hermosa escuela de madera que está sobre Gianatassio). Se ha inaugurado un comité de base pegado a la misma, con sus coloridos habituales, la infaltable bandera y el tradicional pizarrón anunciando toda la semana una charla sobre el “Movimiento Estudiantil”.

                ¿Esto está bien?, ¿Nadie lo ve?. Si lo ven los niños y preguntan que es, difícil es la  pregunta para los padres, que como uno, quieren que sus hijos vivan cada cosa en su momento adecuado, que puedan ir sacando conclusiones y que cuando llegue el momento de tomar su decisión cívica lo hagan con convicción y no llevados por influencias realizadas en momentos no oportunos de la niñez, y no importa qué partido político sea, ninguno lo debe hacer” (“EL PAIS”, 11/09/2008, ECOS)

…. Gran confusión la mía!!. Lo primero que pensé fue: ¿Qué es lo que concretamente le molestó?,  ¿que  la historia reciente forme parte del currículo?, ¿el Comité de base?, ¿el colorido del mismo?, ¿las banderas?, ¿el pizarrón?, ¿la temática de la charla?.

 

                Lo segundo que pensé fue que quizás lo que le molestó fue la posibilidad de que si los niños ven el Comité de Base todos los días al entrar y salir de la escuela, con sus coloridos, su pizarrón y su bandera se hagan en un futuro votantes del Frente Amplio. Pero claro yo en realidad me preocuparía mas por el hecho de que estos niños concurren a una escuela conocida popularmente como “la de Pepsi” … este nombre puede inducirlos a que en un futuro se nieguen a consumir  Coca Cola y opten solo por los productos de Pepsi.

 

                En tercer lugar pensé que quizás sea muy loable la preocupación del lector, sin lugar a dudas es muy difícil contestar a la  supuesta pregunta infantil ¿mamá/papá/abuelo/abuela,etc.  que es el Frente Amplio?, ¿Qué es un Comité de base? ….. es muy complicado, vaya si lo es!. Casi tan complicado como responder a la  curiosidad infantil ¿De dónde vine?, ¿Cómo nací? O ¿cómo me hicieron?.

 

                En cuarto, y último lugar pensé (ya me agoté!) que éstas preguntas infantiles se deben responder en los “momentos” que los adultos consideran “adecuados” y no cuando la curiosidad infantil lo requiere. ….. será por esto que la enseñanza de la historia reciente y la educación sexual son tan complicadas de implementar y lograr consensos en nuestro país? … tendrán algún punto de contacto el acto sexual y la enseñanza de la historia reciente? …. Pensándolo bien si, tienen algo en común  ….. a través de ambos nos conocemos, a través de ambos conocemos nuestros orígenes  y nos proyectamos al futuro. Quizás por esto a algunos adultos les cuesta responder estas  preguntas “infantiles”.



16.09.2008 00:11 / Colaboraciones

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Que no se puede hacer con un teclado!!!

Autor: Lázaro.

 

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08.09.2008 20:09 / Mis artículos

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        Siempre hemos pensado  a la expresión y a la información en términos de derechos. Forman parte  inherente a nuestra libertad, la cual también es un derecho. Pero cabría preguntarnos, siguiendo a John Rawls: “quien es libre?, de que alguien es libre? Y que es lo que alguien es libre de hacer?” [i].

 

                La libertad brinda a los individuos ventajas y desventajas que conlleva el uso de esa libertad por otros individuos. Podríamos decirlo de esta forma: yo soy libre de expresarme pero esta capacidad también la tiene mi vecino y el no está de acuerdo con mis opiniones. Cómo se subsana esta cuestión?

                Cuando alguien se expresa lo hace haciendo uso de su libertad, pero ¿de su libertad  a qué?, ¿de su libertad a decir cualquier cosa?

                La libertad de expresión conlleva la obligación a la información  a los efectos de una opinión sustentable. Una opinión que no se base en “desinformaciones” o en mentiras puesto que si así sucede esa libertad primaria de expresión por parte de un sujeto se transforma en una desventaja para otros individuos.

                Si realizamos una rápida recorrida por  los foros que abundan en la WEB nos podemos llegar a encontrar con muchísimas de éstas situaciones: el uso de la libertad de expresión en detrimento de la obligación a la información: hablo porque el aire es gratis o escribo porque me escudo en el anonimato y pago el ADSL.

                Pero si bien esto moneda corriente en los foros, se está transformando también en moneda común a la hora en que muchos políticos acotan sus opiniones “la ministra tourné se realizó una  cirugía estética de várices” o “muchos empresarios pueden optar por contratar empleados que no estudien o rebajar los sueldos para compensar pérdidas”.

                En el primer caso asistimos a una opinión vertida gracias a la libertad de expresión pero en detrimento de la correcta información médica: una cirugía de várices no es una cirugía estética. Y en el segundo de los casos  asistimos a una opinión que no refleja en absoluto la opinión del 100% del empresariado uruguayo.

 

                Expresarse implica responsabilidad, responsabilidad a la hora de elegir los argumentos y no caer en la desinformación  o repetir como “autómata”  porque alguien lo dijo.

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[i] Rawls, John “Teoría de la justicia”

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"No tengo mis opiniones porque estoy aqui, sino que estoy aqui porque tengo mis opiniones" Bertold Brecht

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