Eliza y Miguel
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Con la firma de Ubaldo

02.03.2011 20:07

D.T.: ¿Usted quiere pegar fuerte?, ¡péguele a la pared! Derriba a su compañero de entrenamiento que empezó hoy... HOY, empezó... Afuera, afuera del ring. Y usted, señor, si no va a venir más, perdone pero no podía prever que...

Yoni: Mañana vengo.

Cuerito: Perdoná, yo no...

D.T.: Sr. Cuerito, usted será todo lo campeón que será, pero no me corra a la gente... Esto no es un DEPORTE-JUEGO, que si está cansado se para al lado del contrario y nadie le va a pasar la pelota. Esto es un DEPORTE-GUERRA... El material humano escasea. Como éste que usted derribó en su primer día aquí, una vez al mes aparece alguno. Por lo general, para aprender a defenderse, y después sucede que si les gusta y excepcionalmente siguen y compiten en los Campeonatos de los Barrios, garronean algún asado, algún viaje... y punto. Si se hacen profesionales, para ver algún mango tienen que salir a pelear al exterior y es jodida ésa. Y usted hace fuerza para que este hombre no venga más. ¡Córtese el pito!

¡TIEMPO...!

D.T.: ¿Nunca antes había guanteado?

Yoni: Un par de veces.

D.T.: ¿Cómo es eso?

Yoni: En una casa particular del Barrio Conciliación, en el fondo... mejor dicho en el gallinero, en el cual se levantaba la tal polvareda, tuve alguna noción elemental. Y después Liberto Corney, que supo ser campeón Latinoamericano a los 15 años, me enseñó algo, muy poco... estaba viejo y quizás muy golpeado. Eso fue en la Asociación Cristiana de Jóvenes. De Liberto recuerdo un concepto que me impactó siempre: "EL BOX ES EL ARTE DE PEGAR SIN SER PEGADO, DE TOCAR SIN SER TOCADO".

D.T.: Mario, adentro... Este muchacho que va a cruzar con usted es 20 Kg. más pesado, pero hoy no vino casi nadie. La ventaja que él tiene la compensamos poniéndole guantes de box amateur, que son grandes y pesados, amortiguan sus golpes y enlentecen sus manos. Por lo contrario a usted le ponemos guantes de box profesional, que son chicos y livianos, hacen más daño y sus manos vuelan. Ahora, que si tiene miedo, puede quedarse en su casa y hacer guantes con su mamá.

¡TIEMPO...!

Cuerito: Se nos vienen...

Mario: Ayuda...

Neyra: Sonamos... 

Vaquero: ¡Ay!

Yoni: ¿Qué pasa?

D.T.: ¿Ve aquellos lomos en el vestuario del fondo? Vienen para acá. Son levantadores de pesas, no cagan a nadie, no se achique, usted también va.

Yoni: Pero son super-pesados, montaña de músculos, ¿qué hago?

D.T.: Nada, ¡chifle! A ver muchachos, no se me arruguen, ¿quién va primero? Atiéndame. Así como la mano no está hecha para pegar sino para agarrar y por lo tanto hay que vendarla y cubrirla con guantes, la cara no está hecha para recibir golpes; en los ojos no hay músculos, ni en la nariz, ni en la boca. Por otra parte, usted les tira tres golpes y les emboca cuatro. Ellos le tiran un golpe pero primero le avisan por correo.

Yoni: Siendo así, voy.

D.T.: Pobres, no son más "nabos" porque no les da el...

¡TIEMPO...!

D.T.: Le voy a mostrar un caso inusual, ¿me entiende?

Yoni: Un caso poco usual...

D.T.: ¡Es inteligente, usted!, lástima que sea tan marica. Bueno, hablando en serio, ese hombre grande que ve ahí aparece cada tanto por el gimnasio. No es ningún jodido, pero tampoco ningún deportista. Es un hombre de la noche, del ambiente. Tiene o tenía, no sé, alguna mujer changando para él.

Yoni: ¿Y a qué viene?

D.T.: Y... a hacerse "cartel". Es un hombre adulto, ya sabe lo que da, no tiene que probarse nada a sí mismo, o sea que viene para que lo "miren".

Yoni: Pegó tres saltitos en la cuerda y ya está agitado.

D.T.: Verá, ahora le largo al Negro Franco que le pegue abajo y más de tres rounds no dura. Persona no grata. Lejos, mejor. Y en los entretiempos va a ver usted cómo escupe verde, el muy pelotudo... tiene el hígado saturado de alcohol y porquerías. Y a la final es tan "nabo" como los y las que lo admiran en su noche de mierda. Agárrenme que lo mato a piñas al muy puto. No, mejor no, que sufro del corazón.

¡TIEMPO...!

Yoni: Ése que hace sombra es...

D.T.: Amaro Milar. Haga un TIEMPO sólo de cuerda, bien livianito que va con él.

Yoni: ¡¿Cómo?!

D.T.: Acá no estamos en Estados Unidos. Los boxeadores amateurs son los sparrings de los profesionales. En Estados Unidos un Mohamed Alí puede pagarse un sparring tan bueno como él mismo. Acá en el Uruguay el sparring de Amaro Milar es usted, es Vaquero, es Neyra, es Mario, cualquier amateur.

Yoni: Pero...

D.T.: Si tiene miedo dedíquese a algún deporte-juego, fútbol, basquet, volley, yo qué sé, la bocha, la pesca...

Yoni: Está bien, voy.

D.T.: No se aflija. Amaro lo va a cuidar como si fuera un HIJO. Si lo lastima, ¿con quién hace guantes, después, con la hermana?

¡TIEMPO...!

D.T.: El jueves vamos a una exhibición en el Villa Española Boxing Club, ¿viene?

Yoni: Bueno.

D.T.: No se me arrugue que sea en el Villa Española, o en el Puerto Rico, o en el Borro, o en San Peteco. Son como usted, tienen miedo como usted.

Yoni: Paremos la mano con eso del miedo. La pelea mía no es sólo con el adversario, es conmigo mismo, con mis nervios, con un problema en la nariz, y por si fuera poco, en ocasiones, baja presión.

D.T.: Hace rato que lo vengo basureando pero es de bestia que soy. Pero dígame, ¿no tiene usted Carnet de Salud?

Yoni: Lo tengo, pero mis nervios están ahí, mi problema respiratorio está ahí, y mi baja presión en cualquier momento aparece. Y sabiendo yo que en el tercer round me quedo sin aire por unos nervios de mierda que sobredimensionan todo, me quedo sin aire en el segundo.

D.T.: La mente es muy poderosa, lo mismo le gana una pelea inganable que le pierde una pelea imperdible.

Yoni: Si soy miedoso, también soy orgulloso, y siempre pudo lo segundo con lo primero.

D.T.: Entonces, ¿viene al Festival?

Yoni: Vengo. Claro que vengo.

D.T.: Bueno, ahora, a partir de hoy y hasta el día del Festival, terminado el movimiento pueden pasar por la CANTINA.

Varios: ¿Qué hay?

D.T.: Sorongos envueltos en nylon rosadito. Eso sí, uno para cada uno, no más, no se aprovechen de la generosidad del Club, no sé si alcanzará para todos. Y hablando de la generosidad del Boxing, no se olviden que el día del Festival les van a comprar el boleto CUTCSA más caro que haya para que viajen contentos. Bueno, bien ligerito que se acaba...

¡TIEMPO...!

D.T.: Hoy va a hacer guantes con este hombre que no le ganó a casi nadie... a Carlos Monzón alguna vez.

Yoni: ¡Ya está jodiendo!

D.T.: No. Allá por el año del moco vino Monzón integrando una delegación de box-amateur. Después de esa derrota Monzón progresó mucho y llegó a donde llegó. Y este hombre que ve ahí, se quedó. Ahora es un Profesional que complementa lo poquísimo que le deja el Box haciendo "bagayo" en la Aduana. Antes de empezar dígale que se levantó rengo y que no le pegue mucho. Y ponga cara de bueno.

¡TIEMPO...!

D.T.: Escuche: soy lento, no burro. He leído unos pocos pero buenos libros que me abrieron la cabeza, que me dieron claridad, que me dieron luz, que me dieron... yo qué sé. Bueno, Mario, ¿usted me ve cara de "nabo"?

Mario: Pero estoy bien, con mucha polenta.

D.T.: No sea porfiado, cada cigarrillo que usted fume es una manito para el contrario. Somos cientos de millones de humanos sobre el Planeta, siempre vamos a encontrar a alguien que nos supere en algo, en POLENTA, por ejemplo, querido Mario, ¡pedazo de un puto! Haga caso, el AIRE es muy importante. Aquí tiene un enorme gimnasio, bien aireadito. Piense en el Palermo, en el Palacio Peñarol, en todos los Boxing... y ma qué gimnasio... sótanos, galpones, ranchos, gallineros. Me acuerdo de "Mañanita" en el Palacio Peñarol que tenía en el piso de tierra un cacho de tablefit alargado para hacer cuerda con doble cometido: para la elasticidad del que salta y para la tierra que se levantaba... ¡¡¡y usted fuma!!! ¿Por qué no se corta el pito y hace pichí por el agujerito?

¡TIEMPO...!

D.T.: El sábado vamos a un Festival del Boxing Cap. Arcona que en vez de hacerlo en Nuevo París lo hace en Las Piedras, en el YOLLI-PARK, un local que de a ratos es boxing y de a ratos es pista de baile, bien cosa de "Pichilandia". ¿No oyó hablar de la Negra Dorila? Bueno, con Falero tratamos de armar la cosa y está complicado... hay muy poca gente. Que uno muy livianito para pelear con cualquiera de los que hay, que el otro muy pesado, que el otro muy joven, que el otro muy viejo...

Yoni: ¿Por...?

D.T.:  A usted por ejemplo le toca un Peso Gallo, dos categorías más abajo.

Yoni: "Papa".   

D.T.: ¿Papa...?, no crea... Es diez años mayor que usted, tiene 30, y eso equilibra la pelea, ya lo va a ver... Yo a mis 20 años guapeaba, pero a los 30 era otra cosa, tenía un piso, un fondo, no sé, una firmeza que a los 20 todavía no se tiene. Mire, haga uno de cuerda, uno de puching, y termina con uno de sombra, todo bien livianito y sueltito. Nada de bolsa y nada de guantes. Mañana igual. ¡Papa el día que haga guantes con su abuela! Bueno, ligero que termina:

¡TIEMPO...!

Directivo del Boxing: Estamos a finales de siglo y esto siempre igual; camina, pero camina mal. NO HAY APOYO OFICIAL.

D.T.: Nada nuevo bajo el sol. Fíjese en el Fútbol, el máximo deporte nuestro. La muchachada arma un picadito en la calle de su barrio y si aparecen "botones": REPRESIÓN. Arma un picadito en la costa, en la playa, y si aparecen marineros: REPRESIÓN. Es un problema cultural. Bueno, otro día la seguimos, con permiso. Me voy porque me estoy meando. ¡Qué gobernantes!, ¡los muy cotorrudos!

¡TIEMPO...!

Últimas palabras del Director Técnico antes de volar al CANAdá: En el mundo del Box hay una cantidad de preconceptos totalmente arbitrarios: El boxeador es bruto, prepotente, insensible, mal hablado. Y lo último no me parece, pero bueno, como dijo el Mono Farías, D.T. del Conciliación F.C.: "Sean caballeros, 'portensen' bien y no 'dean' patadas; pero si les dan, 'dean', hijos de puta, porque les doy tanta patada en el 'orto' que no se sientan nunca más". ¡Vayan!, ¡no digan palabrotas! y ¡sean gente!

Ubaldo Rodríguez




02.07.2008 17:50

Ubaldo Ulises Rodríguez Goinheix nació el 6 de agosto de 1940 en Montevideo. Es un gran amigo, vecino y redactor estable de nuestra revista digital "La Quincena". Le gusta la vida al aire libre. Ha practicado fútbol y box, y hasta el día de hoy le dedica tiempo a los deportes.

Siempre se dedicó a la distribución de diarios en el barrio (Barra de Carrasco) y zonas aledañas, además de haber sido taxista unos cuantos años. Trabajador y responsable como pocos, hoy son sus hijos menores los que atienden el lindo kiosco de diarios y revistas  -fruto de su esfuerzo-  ubicado en la explanada del Hipermercado Devoto de Avda. Italia y Santa Mónica.

Refiriéndose a sus relatos, Ubaldo explica: "Después de comentarle a uno de mis hijos que me gustaba la idea de escribir pero me faltaba imaginación, caí en la cuenta de que ésta no es necesaria: No tengo que inventar nada, dado que mis relatos son de la realidad..."

Efectivamente, es realista, directo, simple y franco... como su propia vida.

Un día, Ubaldo decidió incitar a esa imaginación que creía no tener; y después de varios relatos, escribió un cuento (El Secuestro de D. A.), en el que quedó bien demostrado lo imaginativo que puede ser.

Compartiendo nuestra bitácora con él, publicamos sus trabajos para que también puedan disfrutarlos los navegantes de Internet.

Eliza



02.07.2008 17:44

Una tarde cualquiera, allá por los 90' rastrillaban el barrio en grupos de dos ó tres, diez ó doce pibes chorros. Vestimenta "de marca", importada (y chorreada), y mugre... toda la propia y la nacional.

Debo aclarar para el lector que no es de la zona, que hay dos "Pichilandias" cercanas: "El Gallinero Grande" por el puente de Camino Carrasco a la altura de Acosta y Lara; y "El Gallinero Chico" por el puente de Avda. Italia a la altura de Máximo Tajes.

Bueno. Sale mi hija la mayor y sorprende a dos de ellos sacando ropa de la cuerda.. De la vereda le muestran un cuchillo.

Yo y mi cuñado los entramos a correr; disparan para el puente de la Rambla y allí se topan con otro de mis hijos, que aprieta a uno de ellos.

Pegarle era cobardía y mandarlo preso una ingenuidad; de manera que nos quedamos con sus Championes (de marca) y allá quedó "de pata en el suelo".

Estamos mateando y me entero por un vecino que está toda la banda sentada en el cordón de la vereda, en la Rambla y Barradas. ¡A la calle otra vez! Los cazamos a todos (mi cuñado estaba armado).

Bien. Dos pares de Championes, unos "vaqueros", un cinto y... ¡"carretera" con ellos!

¡Nunca más se los vio por Barra de Carrasco!

Ubaldo Rodríguez - LaQuincena@montevideo.com.uy




02.07.2008 17:41

Tendría 10 años, pero como todo pibe de "cantegril", aparentaba 7. Habitante de "El Gallinero Chico", nunca lo vi ir a la escuela. Su casa era cuatro o cinco chapas debajo de un eucaliptus. Y sus ejemplos: el Orlando (padrastro borracho) y la Rosa (madre borracha).

Allá por el 98, casi todas las noches lo llevaba a cenar en "Portones", acompañado de alguno de mis hijos. Como en su casa comía lo que había (cuando había), prestaba yo mucha atención a lo que le compraba.

Gustavito pedía Panchos y yo ordenaba milanesa con ensalada. Pedía Coca-Cola y yo ordenaba Pomelo. Pedía alfajores y yo ordenaba fruta. Pedía helado y yo ordenaba yogurt.

Y además lo educaba (en lo posible). Recuerdo que la primer noche que fuimos al Shopping, escupió hacia abajo  -por la escalera mecánica-  a todos los que subían. ¡Patada en el culo que se llevó!

Y lo usaba también (con ética) como "mensajero del amor". Rubiecito, simpático, calladito... conquistaba más por presencia que por "verso".

-¡Qué rico!  -decía una-

-¡Qué divino!  -decía otra-

-¡Qué buenito!  -decía aquélla-

-¡Qué churro!  -decía alguna-

-¡Qué chorro!  -pensaba yo-  pero consciente de que Gustavito no era culpable de nada.

Durante el verano de ese año salimos juntos y siempre tratado "a cuerpo de Rey".

Para el invierno, por razones personales me fui al interior. A la vuelta le "perdí la pista".

Ahora debe tener 18 años. Cambió... y no para bien. Por lo que sé, hoy es "el Jaimito", capitán de una banda de pibes chorros, y anda "de caño" por ahí.

Y con un futuro negro, prisionero de dos encierros: la Cana y la Pasta Base.

 Ubaldo Rodríguez - LaQuincena@montevideo.com.uy




02.07.2008 17:36

Para Cecilia

PRIMER DÍA.

Cuando el Hombre se cruza con una chica bonita, de ésas que mueven el piso, que emocionan, y ésta lo ignora; siente como una mano que lo aferra de la garganta y otra que le atenaza el corazón.

Así me sentía yo, a las señas con una embarcación que indiferente, seguía su marcha cual chica bonita. 24 horas hacía que se había dado vuelta mi bote en aguas del Río de la Plata y afortunadamente, cerca de este islote que no sé ni cómo se llama. Vuelco que cortaba una carrera de Pescador Artesanal... no comenzada.

Abandonado, ignorado, deprimido, me sentía como el culo. Me dejé caer sobre la arena largo rato...

Y reaccioné; para sobrevivir necesitaba tener en cuenta tres cosas importantes: sed, hambre y frío. Lo primero no era problema, agua era lo que sobraba. Lo segundo era jodido, pero le tenía fe a mi ingenio. Lo tercero, tenía lo puesto, un equipo deportivo de campera forrada y un par de championes. Completaba mi "equipo de sobrevivencia" una navaja desafilada y un encendedor a gas... sin gas pero con chispa.

Afortunadamente corría noviembre y el verano venía asomando. Anochecía, y cansado como un perro me tiré a dormir en unos matorrales.

SEGUNDO DÍA.

Me despierta el sol en la cara y la barriga me chifla. Recorro el islote, que medirá una cuadra a lo sumo, buscando comida. Lo único que encuentro es un matorral que da una especie de coquito, y rallándolo en la roca obtengo una especie de harina.

Pero a todo esto, la marea baja deja al descubierto cantidad de algas. Primera comida en dos días: harina de coco con algas, todo al natural, sin aceite, sin condimentos, sin cocinar...

TERCER DÍA.

La marea baja me deja una agradable sorpresa, una pequeña piscina natural entre las rocas, de un metro y medio de profundidad, con cuatro pequeños peces. Antes de que suba la marea tengo la oportunidad de comer pescado.

Con matorrales secos, entrelazados como una especie de red y con suma paciencia, el anochecer me encuentra con mi cena al natural: harina de coco, algas y pescado.

CUARTO DÍA.

Las horas transcurren lentamente y me desespera el ocio. Veo moverse algo entre las rocas y resulta ser un cangrejo. "¡A ningún sordo...!"  -me dije-  y pasé el resto del día pescando cangrejos, armado de un palo, paciencia y hambre.

Ese anochecer me encontró comiendo harina de coco, algas y cangrejo.

QUINTO DÍA.

Me despiertan unos movimientos bruscos: el negro Tiza, Pescador Artesanal de la Costa de Oro, empapado y tiritando... Le había sucedido exactamente como a mí, se le dio vuelta el bote.

Estamos examinando lo extraño de la situación, cuando aparece el Richard, otro Pescador de la zona, a nado, por supuesto. Su bote... dado vuelta.

Nos miramos extrañados, o peor, espantados. Y el Richard dijo:

-Quedó el Chato haciendo la plancha, el pobre nada como la cara que tiene.

-¿Qué hacemos?  -dijo el Tiza-.

-Nada,  -contesté-  ¡ahí viene!

Allá a lo lejos, muy lentamente, traído por la corriente, muy tranquilo, muy pancho, venía el Chato haciendo la plancha.

Bueno, reunidos los cuatro náufragos, hablar de lo sucedido era inútil. ¡A la pelea de siempre! Ahora éramos cuatro bocas y el islote seguía siendo uno solo.

El negro Tiza encontró mejillones y ocupamos el resto del día recolectándolos. Al anochecer, cena para cuatro: harina de coco, algas y mejillones. Al natural, por supuesto.

SEXTO DÍA.

El Richard encontró una ventana lateral de barco, con un cacho de vidrio. Con ese vidrio y algo oscuro detrás, podríamos hacer señas los días de sol.

Pero acá se nos planteaba un problema; Pescadores Artesanales en la vuelta había unos cuántos, más las lanchas deportivas, más qué sé yo... pero si todos iban a dar vuelta el bote, íbamos a terminar como los sobrevivientes de los Andes, comiéndonos unos a otros.

O sea que, de común acuerdo, guardamos el espejo para hacer señas a algo de mayor tonelaje.

Teníamos todo el día por delante para buscar qué comer. Harina de coco ya no quedaba. Algas ya no se encontraban, mejillones lo mismo. Todo lo que se estaba quieto ya no había, y todo lo que se movía, ¡vaya que estaba esquivo! Nos agarró la noche en ayunas y con frío.

A golpes de roca partimos la ventana de barco para hacer una hoguera. Con mi encendedor de gas  -sin gas-  le hice chispa a un nido de pájaro y armé un buen fuego que duró un par de horas. A falta de morfe, ¡apretarse el cinturón y chiflar bajito!

SÉPTIMO DÍA.

El negro Tiza se saca la ropa, agarra el espejo y me muestra un punto rojizo en el agua. Es la chalana del Richard que al dar vuelta, quedó aire dentro y todavía no se hundió. Gran chance de encontrar una red, anzuelos ya sería mucho pedir, pero un cacho de alambre servirá.

Bueno, habrá pasado una hora y al brillo intermitente del espejo nos tiramos al agua. Un par de horas de natación y logramos traer una red que es pequeña y un alambre dulce bastante largo.

Anochece y morfe: ¡cero!

OCTAVO DÍA.

De la red obtenemos cuatro largas piolas y con el alambre hacemos muchos anzuelos. Escarbando la arena encontramos para carnada una especie de piojo de mar que es muy viscoso; lo ponemos al sol una hora antes de encarnar.

Mientras pesco pienso en el misterio de los botes y razono, que me pase a mí no es extraño, pero a Pescadores Artesanales que hace años que pescan ahí y conocen al dedillo las corrientes...

Bueno, el fin de la jornada nos encuentra con seis o siete pescados medianos y chicos de diferentes especies. Los limpio con mi navaja, corto cabeza, cola, extraigo órganos y guardo todo, para mañana ver qué provecho le encuentro.

Habremos obtenido un kilo de pescado, el cual ni se vio; y eso que lo comimos crudo, frío y sin condimento.

-¡Es lo que hay, valor!  -bromea el Tiza-.

NOVENO DÍA.

Me despierto pensando qué hacer de utilidad con los restos del pescado, cuando el viento hace posar delante mío una bolsa grande de nylon. ¡Acá mismo!, me dije.  Puse los restos dentro de la bolsa y enganchada con una rama la puse a flor de agua en la piscina natural; y mientras mis compañeros pescaban peces yo pescaba cangrejos.

Menú de hoy: pescado con cangrejo.

DÉCIMO DÍA.

Estamos desperezándonos cuando a lo lejos vemos la lancha de Prefectura; y al igual que al comienzo de este relato: una mano que aprieta el corazón y la otra la garganta; la niña bonita que pasa y nos ignora. El espejo no sirve porque está nublado y no hay en el puto islote nada que quemar ni con qué quemarlo.

Bueno, ¡a pescar todo el mundo!, ¡el que no pesca, no come! Por otra parte, no hay más mierda que hacer.

Almuerzo - cena: pescado.

DECIMOPRIMER DÍA.

Las olas arrojan un delfín muerto que pesará unos 40 Kg. Tiene un agujero de bala en el lomo... a pesar de que hay leyes que los protegen y sanciones, como el retiro de la licencia de pesca por parte de Prefectura. Sucede que delfines, focas y lobos marinos se meten en las redes y las destrozan. De ahí que más de un Pescador tiene escopeta.

Mirar el pobre bicho daba lástima pero de todas formas, a mis once días de reclusión al aire libre...

Desayuno - almuerzo - merienda y cena: 40 Kg. de delfín que comer ya, antes que se pudra.

DUODÉCIMO DÍA.

Amanecemos con un tiempo asqueroso. Hace dos días que no sale el sol y tenemos tempestad para todo el día; fuerte viento, grandes olas y frío, mucho frío.

El islote se achica aceleradamente. Ganamos la parte más alta, y a aguantar estoicamente hambre y frío. ¡Azules de frío!, y para peor, mojados. Porque si bien el agua no llegaba todavía hasta lo más alto, el chicoteo de las olas era una constante.

DECIMOTERCERO Y ÚLTIMO DÍA.

La tempestad no afloja. Hambre, frío y un nuevo enemigo: el tedio. Con buen tiempo, una cuadra de tierra y la preocupación de llenar el buzón, las horas transcurrían. Pero ahora, con diez metros de roca pelada y mojada, sin nada para hacer, daba para deprimirse.

Y comencé a mirar p'adentro. Y me recordé de aquel mexicano que decía: "Morirse es un ratito", y vale si se pega un tiro, pero si uno muere ahogado, ¡ma qué ratito interminable...!

Si me llegó la hora, me voy con la sensación de que en los contrastes del vivir fueron más los momentos buenos que los malos...

¡Que me quiten lo bailado! Viví a mi modo: al aire libre y de pata en el suelo.

En el fútbol me divertí de lo lindo; nunca fui hincha de algún cuadro profesional, pero siempre fui jugador de algún cuadro de barrio. Nunca fui espectador, pero siempre fui partícipe.

Y con las mujeres; no salí con todas las que hubiera querido, pero sí con todas las que pude.

Me voy con la sensación de que tuve "mi lugarcito bajo el sol".

Miro a los demás y les digo:

-No aguanto más, estoy patilludo, me voy a nado. Ya sé que una corriente me puede llevar mar adentro, pero también puede llevarme a la costa. Me la juego. No me voy a quedar ahí sentado como un infeliz.

-Con todo el tiempo que ha pasado, Prefectura ya nos está buscando  -dice el Tiza-.

-Una cosa es segura, antes de que amanezca no va a ser  -dijo el Chato-.

-No quiero morir cagado de frío y hambre  -dijo el Richard.

-¿Vamos?  -dije yo-.

-¡Vamos!  -dijo el Richard-.

-¡Vamos!  -dijo el Chato-.

-¡Vamos!  -dijo el Tiza-.

Y... ¡cuatro patos al agua!

Ubaldo Rodríguez - LaQuincena@montevideo.com.uy




02.07.2008 17:29

Año 74. La dictadura ya estaba presente y la derrota tupamara también.

Repartiendo diarios en Barros Blancos se me aparece mi ayudante (un canarito, 14 años, ojos culo de botella) que había chocado con una mujer que le pegó y le llevó la chiva.

Nos vamos al piquete de Barros Blancos. Media docena de milicos y un oficial a cargo al cual llaman "comisario"... y es campeón de Casín del boliche de enfrente (prohibido).

Planteo: Este pibe, mi empleado, me perdió la bicicleta.

Respuesta: Pase y espere.

Cagaste, Rodríguez, pensé. Dos o tres horas después, al pibe, una cachetada y ¡adentro! A mí, una piña en la barriga y ¡adentro!

El supuesto comisario me trata de pichi, que estoy de vivo y me da un cachetazo. Callado, me le pegué al cuerpo y no pudo pegarme más. Eso lo enfureció, tanto que me cagaron a patadas entre cuatro o cinco... sin dejar marcas, eso sí.

Con el cuerpo intacto pero el orgullo herido, al otro día dejé sin diarios a todo el barrio. Así se difundió mi percance. Y un cliente mío, el Cnel. Acosta (posteriormente Interventor del Aeropuerto), tomó cartas en el asunto.

Vestido de entre casa, como signo de toda autoridad, llevaba un "22" de cachas blancas en la cintura. El "puerta" estaba revoleando un arma a lo cowboy (prohibido). A ése mismo la primera meada.

Desde el boliche se asomaban, y el Cnel. a grito pelado: "¡Cuando los Tupas los traían mal, se escondían. Ahora que nosotros sacamos la cara por ustedes, ganan la calle y cuanto diariero, panadero o quintero aparece, duro con él...!"

Al poco tiempo: milicos nuevos y la bicicleta estaba en el piquete. ¿Qué había sucedido? ¿La mujer que chocó a mi empleado sería hembra de algún milico? Nunca lo sabré. Lo seguro es que en dictadura, la policía estaba bajo el mando de los militares.

Ubaldo Rodríguez - LaQuincena@montevideo.com.uy


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