El dinero y la psiquis
Estudio sobre la pobreza como patología psicológica

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18.05.2013 21:23

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Algunos son pobres patológicos para evitar la depresión posterior al bienestar y hasta eluden el coito para evitar la aparente impotencia.

Usted no lo recuerda pero yo sí: cierta vez obtuvo un éxito que le dio gran alegría y ¿qué le pasó horas después de los festejos? Se puso inexplicablemente triste. ¡Muy triste!

En aquella ocasión, ni usted ni yo entendimos por qué aquel estado de ánimo tan doloroso pero yo me quedé pensando y recién ahora puedo darle la explicación: Usted se deprimió porque así funciona nuestro cuerpo y por lo tanto nuestra psiquis: después de una etapa de inflamación sigue una proceso desinflamatorio y después de un momento de euforia casi infaliblemente sigue un momento de inexplicable depresión anímica.

Pero lo más complicado no fue esto sino que usted, como en aquel momento no tuvo la explicación que ahora le estoy dando interpretó que el éxito en realidad deprime y por eso nunca más quiso alegrarse tanto, ni con los juegos de azar, (porque teme lograr el premio mayor), ni con los buenos negocios, ni con los cumpleaños con muchos amigos que le demuestren cuánto lo quieren, ni yendo a divertirse..., porque corre el riesgo de alegrarse primero y deprimirse después.

Según las creencias del psicoanálisis los seres humanos padecemos algo que genéricamente se denomina «complejo de castración», el que en una definición ultra corta significa «miedo a las pérdidas».

Nuestro cuerpo funciona así: cambia de estado cada tanto, en un constante proceso de desequilibrio y posterior reequilibrio, de llenar los pulmones de aire para después vaciarlos, de contraer el corazón para expulsar la sangre al torrente sanguíneo para inmediatamente expandirse succionándola.

Algunos son pobres patológicos para evitar la depresión posterior al bienestar y hasta eluden el coito para evitar la aparente impotencia (¿castración?) posterior a la eyaculación.

(Este es el Artículo Nº 1.883)

 

 




12.05.2013 15:49

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Quizá la demonización del consumo de sal sea una estrategia muy sutil para que millones de trabajadores acepten SALarios menores.

La palabra salario proviene de la costumbre de retribuir a los soldados del Imperio Romano con sal (cloruro de sodio), cuyo valor en esa época (40 a.c.) equivalía al del oro.

Con la lógica psicoanalítica —donde la hegemonía del inconsciente impone asociaciones que la conciencia considera descabelladas—, le propongo una idea que seguramente puede ser válida para un conjunto de personas que tienen dificultades con el dinero.

Dentro de las rutinas clásicas de la medicina se encuentra la toma de presión arterial.

La sal de mesa suele considerarse un alimento que aumenta la presión arterial y su uso queda prohibido para quienes ya la padecen, pero preventivamente la medicina aconseja abstenerse de su uso.

En la suposición de que las palabras influyen en el funcionamiento del inconsciente, es posible pensar que algunas personas prefieran una salario bajo porque inconscientemente interpretan que de lo contrario podrían padecer hipertensión.

Casualmente, para tener un buen salario es necesario padecer un cierto estrés (tensión) y la medicina nos previene que cualquier exceso de presión arterial o de estrés es perjudicial para la salud.

El tratamiento de la hipertensión arterial suele incluir algún diurético. Aumentar la emisión de orín es también una forma de eliminar el oro al que equivalía la sal cuando se creó la palabra salario.

No lo podemos saber con certeza. Más aún, casi todo lo que creemos saber suele ser remplazado con el tiempo por nuevas «verdades».

¿Será cierto que la sal es dañina para la salud? ¿No ocurrirá que demonizándola se logra que millones de personas no solo bajen el consumo de sal sino que además también disminuyan sus pretensiones salariales en beneficio de quienes tienen más poder económico?

(Este es el Artículo Nº 1.876)

 




04.05.2013 21:35

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 ¿Es razonable que una mujer se haga cargo de pagar los gastos generados por una salida placentera con un hombre?

Días pasados hablé por Skype con una señora chilena que generalmente lee mis blogs. Me hizo una consulta muy interesante. Si sería interesante que, al escucharla sin interrumpirla, ella misma se la respondió con lo cual los dos aprendimos algo.

Modificando sus datos identificatorios para que nadie imagine quién es, diré que ella tiene 38 años de edad, hace cuatro que está divorciada y es madre de dos hijos adolescentes.

Desde que se divorció estuvo en una total apatía sexual, solo tenía el interés puesto en los dos hijos y en su tercer hijo: la empresa, gracias a la cual los tres pasaban aceptablemente bien en cuanto a necesidades materiales.

Un día como cualquier otro entró a su comercio un cliente como cualquier otro..., hasta que algo se alteró repentinamente en su cuerpo. Perdió la fluidez verbal, dudó si podría mantenerse parada o necesitaría sentarse. El hombre le hacía preguntas casi sin mirarla lo cual le dio cierta tranquilidad porque no quería que él se diera cuenta de su perturbación.

Felizmente la situación terminó pronto. El cliente hizo una compra, pagó y se fue.

Además de los dos hijos y la empresa, aquel señor ocupó un cuarto lugar dentro de la cabeza de esta lectora.

El tema central de nuestra comunicación por Skype refería a que el hombre había vuelto, ella no pudo contenerse y lo invitó a «tomar un café» por la tarde.

El problema surgió porque él no tenía dinero. Estaba disgustada pues fueron a un hotel, hicieron el amor y ella pagó todos los gastos, pero sola se tranquilizó pensando que a ese hombre ahora lo necesita más que al dentista, a quien también le paga.

(Este es el Artículo Nº 1.869)

 

 




27.04.2013 12:05

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La insensibilidad de los humanos ante los cambios graduales explica por qué hoy estamos incomprensiblemente mal.

Denomínase parábola a la «Narración de un suceso fingido, del que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral.»

Es muy conocida la parábola de la rana y el agua caliente. Es una de la narraciones más nuevas. Quizá no tenga más de dos siglos. Algunos opinan que se le ocurrió a un consultor experto en vender sus grandes falacias para prosperar en menos de 24 horas.

El contenido resumido dice que si ponemos una rana en agua fría, podremos hervirla siempre que el ascenso de la temperatura sea gradual.

Otra particularidad de las parábolas es que, para quienes las escuchan, una rana y un ser humano son iguales.

Atendiendo a esta discapacidad para discriminar seres tan diferentes, obtenemos la enseñanza de que los humanos podemos ser hervidos sin oponernos siempre que el cambio, de la temperatura o de la situación, sea progresivo, lento, sin brusquedades alarmantes.

A todos nos llama la atención lo que ocurre en China, entre otros motivos porque uno de cada cinco seres humanos nació ahí.

Aunque no tiene por qué ser así, es probable que la cultura milenaria los haya provisto de cierta sabiduría.

Lo cierto es que la calidad de vida les viene aumentando en forma sostenida desde hace más de 30 años.

Para que el pueblo no provoque un estallido social por las graves penurias a las que estuvieron expuestos hasta la década de los setenta, el partido comunista gobernante lucha para que el pueblo mejore notoriamente, pues si mejorara gradualmente no se darían cuenta, como la rana.

Esta particularidad de las ranas, de los humanos y de los chinos explica por qué nosotros, sin darnos cuenta, llegamos a estar tan mal.

 

(Este es el Artículo Nº 1.862)

 




20.04.2013 13:03

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La desmotivación ante un incremento salarial ocurre porque el dinero «roba» la paternidad de lo que se hace con amor.

No puedo fundamentar por qué asocio estos dos temas pues el vínculo es notoriamente irracional y difícil de compartir. Lo cierto es que para mi cerebro están vinculados.

Por una lado recuerdo que ante las primeras salas de cine, nueve de cada diez observadores aseguraron que ese invento decretaba la muerte del teatro, pero los futurólogo no vieron realizado su vaticinio.

Por otro lado recuerdo que ante los primeros supermercados, nueve de cada diez observadores aseguraron que a los pequeños comercios les quedaba poca vida, pero los agoreros, no solo se frustraron sino que ahora son los supermercados y shoppings los que están dando muestras de anemia.

Por otro lado recuerdo que ante las primeras manifestaciones de Internet, nueve de cada diez observadores aseguraron que estábamos ante la agonía del libro de papel, pero los fatídicos augurios, no solo se frustraron sino que ahora tuvieron que inventar la tablet porque el predominio del libro tradicional no para de crecer.

Lo que no puedo explicar es porqué estos hechos podrían estar vinculados a otra creencia igualmente indemostrada.

Según esta creencia las personas rendimos en proporción al dinero que ganamos. Se supone que el ser humano rinde más si gana más, pero los resultados no son esos. Los resultados son tan extraños que ni los mismos interesados en ganar más dinero por su esfuerzo logran entender por qué ante cada aumento salarial su desinterés por la tarea aumenta desproporcionadamente.

Aunque no puedo explicar por qué mi cerebro asocia el fracaso de las premoniciones con esta irracionalidad en la conducta laboral podría sugerir una hipótesis más o menos aceptable.

Hipótesis: El dinero «roba» la paternidad de lo que se hace con amor.

(Este es el Artículo Nº 1.856)

 




13.04.2013 21:34

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Generalmente el varón convocado para fecundar a una mujer, termina desvinculado de ella pero conservando la responsabilidad sobre su hijo.

Escribiré este artículo como si estuviera seguro de lo que afirmaré, pero eso no es cierto, ni en esta ocasión ni en ninguna otra, de lo escrito por mí y de lo que hayan escrito otros opinadores, filósofos, sabios. Lo digo con absoluta certeza (¿?): es imposible estar seguro de algo.

Por lo tanto, a lo máximo que podemos aspirar es a tener consenso, es decir, contar con la suerte de que otros piensen lo mismo, con lo cual no convertiremos una opinión en verdad revelada sino que solo podremos hablar de una coincidencia.

Como corresponde a este blog, el asunto tiene elementos que comprometen la calidad de vida que depende de los recursos económicos, sin descartar la pobreza patológica: aquella pobreza que persiste sin que los afectados puedan revertirla a pesar de sus esfuerzos.

Acá va mi «certeza»:

Una mujer en estado hormonal de ser fecundada busca con indisimulada avidez la aparición de algún varón que la fecunde.

Si finalmente lo encuentra y este no padece alguna limitación que le impida acceder a la convocatoria de la mujer, ambos tendrán un sentimiento muy fuerte que tradicionalmente llamamos «enamoramiento».

Este sentimiento los inducirá a tener una aproximación física que seguramente incluirá relaciones sexuales.

Todo esto ocurre porque la mujer, sin darse cuenta, está poseída por un irrefrenable impulso natural de ser fecundada: está en celo.

Por razones culturales esa fecundación se producirá tarde o temprano y surgirán situaciones sociales y económicas que los afectarán a los tres: los amantes y el futuro niño.

En la mayoría de los casos ella perderá aquel deseo por él, se desvincularán, aunque permaneciendo un compromiso social y económico del varón con su hijo.

(Este es el Artículo Nº 1.848)

 



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Sobre mí
Soy Fernando Mieres, licenciado en psicología. Estudio psicoanálisis y procuro encontrar formas de mejorar la distribución de la riqueza. Vivo en Montevideo - Uruguay. Skype: Fernando Mieres Pérez - Teléfono: 00598.2613.0301

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