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02.06.2018 20:21

 

Esta obra surge por la inquietud de hacer algo juntos musicalmente con Federico Graña. Así comenzamos de manera distendida a grabar. En estos dos años y pico desde que empezamos, también tuvimos intervalos de tres o cuatro meses cada año sin pisar el estudio.

 Aproveché para incluir algunas musicalizaciones de poesías que tenía compuestas, algunas desde hace bastante como “Hoy que pintan eneros” de la española Carmen Sanjuán y “El Acufeno de los desaparecidos” de Andrés Echevarría, que canto en público pero que aún no había grabado. O más cercanos en el tiempo, pero ya estrenados los poemas de Ricardo Pallares “En las casas antiguas” y “Niña y mujer”. Una nueva versión de “Delirios por Salomé” texto del heterónimo de W. Benavides (Pedro Agudo), y la postergada nueva versión de “ El Motorman” que hacía mucho no interpretaba y que Bocha Benavides me insistía que no dejara de hacerlo. Al fin y al cabo, fue en una época mi canción—con letra de Walter Ortiz y Ayala—más conocida y cantada.

Me interesa la temática social internacional por sentimiento y pensamiento, nada ajena a mí desde siempre, por lo que compuse canciones como “Los muros de la Vergüenza” y “Mujeres de Kurdistán”, en la que leo una poesía de Alejandro Haddad  que me proporcionó mi amigo kurdo Che Cetín. “¡Ay México!” con texto de Gustavo Esmoris a quien se lo pedí especialmente para la música y estribillo que yo había hecho. Para el recitado le solicité que escribiera a la poeta Ana Strauss y ella me envió su poema “La harina en los ojos”. “El vuelo frágil es otro poema de Andrés Echevarría que ya había grabado con diferente formato.

Incluí una canción que le compuse a Lucía Pérez, chica de dieciséis años torturada, violada y asesinada en Mar del Plata en el año 2016.También el texto del buen poeta Jorge Palma “Cantares” al que le puse música hace algunos meses.

Pensé en cerrar el disco con una canción de resistencia: “Bella Ciao”. Al tiempo de grabarla, me entero que se puso de moda por una serie televisiva. Sin embargo, el sentido e historia de esta expresión partisana que tiene decenas de versiones era una buena forma de concluir este material.

Bonus track: “Me voy, me voy para Bella Unión” y “En las tardecitas” fueron grabadas para la película “Migas de pan”, que necesitaba de dos cumbias con instrumentos, textos y la forma de cantar y grabar que se estilaba en los años setenta. Por sugerencias de amigos las incluyo. No se apartan de la temática de la obra que trata—como es sabido— sobre presas políticas uruguayas.

En cuanto al título tuve mis dudas. Quería que fuera el tema “Los muros de la Vergüenza” el que marcara la obra. Hablando con Mariana Porciúncula, mate mediante y escuchando esta canción, se le ocurrió la frase del estribillo que precisamente abarcaba toda la temática. No te acostumbrarás, no naturalizarás, no banalizarás.

Después de pensar mucho en el dibujo de la carátula, le conté a la  artista plástica Ana María Tejera sobre el perfil del disco. Ella buscó entre sus pinturas encontrando éste que vino como anillo al dedo.

 Por último, quiero agradecer muy especialmente a Federico Graña por su disposición y amistad y a los canes Malcom y Coca su compañía, sus saludos afectusos, y su respeto por no invadir el estudio cada vez que se les indicaba que se fueran.

 

 Andrés Stagnaro

 

Orden de temas:

 

 1)           Los muros de la vergüenza (A. Stagnaro)

 2)           Mujeres de Kurdistán (A.Stagnaro)

              + poema Acaso de Alejandro Haddad

 3)           Delirios por Salomé (W. Benavides-A.Stagnaro)

 4)           Cuántas Lucías (A.Stagnaro)

 5)           EL motorman (W.Ortiz y Ayala-A.Stagnaro)

 6)           Acufeno de los desaparecidos (A. Echevarría-A. Stagnaro)

 7)           ¡Ay México! (G. Esmoris-A.Stagnaro)

          +poema  La harina en los ojos de Ana Strauss

 8)           En las casas antiguas (R.Pallares-A.Stagnaro)

 9)           Niña y mujer (R.Pallares-A.Stagnaro)

 10)         Cantares (J.Palma-A.Stagnaro)

 11)         Hoy que pintan eneros (C.Sanjuán-A.Stagnaro)

 12)         El vuelo  frágil (A. Echevarría-A. Stagnaro)

 13)         Bella ciao (Canción popular partisana)

 

Bonus track

 14)         En las tardecitas (A.Stagnaro)

 15)         Me voy , me voy para Bella Unión (A.Stagnaro)

 

 Ficha técnica:

 Federico Graña  -Guitarras : 1,2,3,4,7,8,9,10,11,14y15/ Bajo eléctrico : 1,4,5,7,10,11,13,14y15 /Batería : 1,11,12y13/Percusión : 10,11y13/Teclado: 8,10,12 y 15/Coros:  1,5,7, 9,11,12,14y15/Mandolina:  9

 Carmen Pí -Coros:  3,4 y 13

 Andrés Pigatto -Contrabajo : 3,6,8 y 12

 Álvaro Núñez -Percusión :14y15

 Andrés Stagnaro- Guitarra 1 al 13, guitarra eléctrica en 5y6, guitarra portuguesa, 2-Voz en todos los temas

 Edición : Federico Graña

 Masterización: Fabrizio Rossi

 Dibujo de Carátula: Ana María Tejera

 Diseño de Carátula : Gonzalo Stagnaro

 Fotografía: Vera S. Cohen

 Terminado de grabar y editar en marzo de 2018 en San Fruta Records-Montevideo

 

Agradecimientos:

 Agradecimientos: Anita Etchart, Federico Graña, Esteban Grille, Álvaro Núñez,Ricardo Pallares, Victoria Paz, Gabriela Pereyra ,Carmen Pí, Andrés Pigatto, Mariana Porciúncula, Gonzalo Stagnaro,Ana María Tejera .

 

 




29.01.2016 13:28

 

 

 

Andrés juega fuerte. Y titula: JUANA, MAROSA Y DELMIRA. Esa es la propuesta de este nuevo trabajo discográfico. Ni más ni menos.  Son mujeres, son poetas, son uruguayas y entre todas sus vidas cubren lo que va desde 1892 a 2004. Más de un siglo en las cifras básicas, pero entre las tres saltan tres siglos. Andrés asume cantarlas. Asume darles voz a ellas y a las palabras por ellas escritas. No es tarea fácil, porque las tres señoras, no escriben fácil. Son poetas mayores. ¿Cómo decirlo? Cualquiera de ellas por sí sola, justificaría la existencia de una poética nacional uruguaya. Las tres juntas son una “barbaridad” en el mejor sentido del término, se los aseguro.

Cantar sus poemas en forma cabal, develar ese antiguo vínculo que palabra y canto tienen, asume el desafío de desentrañar la música que ya está en sus palabras y volverla explícita. Eso que a veces se logra de una manera que el producto es canción, y que otras propone una forma diferente, la de un poema musicalizado.

En los primeros, en las canciones, como que la unidad entre letra y música los vuelve más leves, más rápidos, más unidos, más parecidos a una canción en el concepto tradicional. En los segundos, en los poemas musicalizados por el contrario, hay una morosidad de entendimiento, que privilegia la palabra, que suma momentos musicales de gran belleza, pero que obliga a una intervención mayor de nuestro intelecto para lograr el pleno disfrute.

Las primeras son más fáciles de recordar y cantar por un ajeno, porque cumplen o se parecen más,  por ejemplo al precepto de estrofa y estribillo.  Para las segundas por lo general, por su propia complejidad, es que se necesita al cantor/descubridor, para que él en su interpretación, vuelva evidente la forma exacta en que se escudriña la relación entre la palabra y la música.  

 Andrés logra intensidad en las dos dimensiones propuestas. Escucharlo cantando a JUANA, MAROSA Y DELMIRA suma. Agrega. Ayuda a respirar, a entender. Las vuelve más cercanas. ¿Qué más se puede pedir?

En Montevideo, en agosto de 2015, cuando el agua era necesaria.

                                                                                Víctor Cunha




26.10.2015 22:27


Antes de editar su nuevo cd a fines de noviembre , Stagnaro editó su primer libro de poesía- Aquí se copia  Las palabras liminares a cargo de andrés Echevarría y el Postfacio a cargo de Rafael Courtoisie. También los escritos de contratapa a cargo de Patricia Mariño y Jorge Arbeleche y la opinión de la bailarina Carolina Besuievsky-

 



"Palabras liminares"

Danza  sobre  bordes

 No es de extrañar que la música conviva desde el título con este poemario de Andrés Stagnaro. La trayectoria del autor en el canto, musicalizando e interpretando versos propios y de numerosos poetas, ha sido un ejercicio de existencia que este trovador llevó por escenarios de su país y del extranjero. Y la poesía siempre mantiene una relación con la música que es su génesis, tal como sostiene aquel concepto borgiano de que la poesía devuelve el lenguaje a su fuente originaria.

La danza aludida en todo el libro abarca el tema humano de los encuentros, búsquedas y recuerdos que dejan una impronta solo traducible por la literatura o el arte. Los bordes unen pero también separan en este drama donde “inestables estamos en los bordes de / nuestras cotidianas formas”. Stagnaro ofrece una mirada desde el margen de las cosas que es donde habitan los efectos profundos de la vida y la supervivencia. Recorre estos límites con una visión intimista y la palabra está puesta al servicio de un viaje cargado de abrazos interiores donde  “Los danzarines construyen  su esfera sin márgenes”.

La poesía siempre ha habitado el espacio incalificable donde el ser humano observa el devenir en su interpretación más profunda, más metafísica. Tiene una libertad que la justifica y muchas veces esfuerza un alcance más allá de lo que permite el lenguaje, pero al mismo tiempo está sometida por la paráfrasis del vocabulario del que se sirve. Así como nadie pretende una explicación argumental de una sinfonía y nos dejamos conmover por algunas melodías y armonías musicales, la literatura ha perdido el origen onomatopéyico y simbólico para concentrarse en el significado. Stagnaro, habitante de varios mundos expresivos —los versos, la música, el canto y las puestas de sus conciertos donde involucra muchas veces al baile y a la actuación— no renuncia en su escritura a esta vocación ecléctica en lo artístico.

Danza sobre bordes transcurre en ese terreno atemporal e incorpóreo donde “Como la luz  / el encanto ocurre en el instante en que toco / tu cuerpo lejano”; el oxímoron constante refleja una realidad que prescinde de la lógica para describirnos mejor lo que perdura. Las distancias, las cercanías, la huella erótica que sobrevive a lo anecdotario, son elementos de los que se sirve el autor para componer este libro inmerso en lo sustantivo de una experiencia vital.  “Sobre bordes danzo en permanencia” dice uno de los versos, y es la permanencia del juglar en los terrenos que ha elegido para crear, con su instrumento o frente a una página en blanco.

 Andrés Echevarría



POSTFACIO:

EL FINAL ES EL PRINCIPIO

 Ahora que se toca el final de este libro de Andrés Stagnaro, se puede regresar a su inicio de otra forma: el viaje, en cierto modo que entenderán los cabalistas y los expertos en topología, comienza aquí.

Pero el viajero de esta poesía ya está iniciado, y al volver a ciertas páginas, al detenerse en un verso, escuchará cantar a Andrés con una voz novísima, una voz interior que es milagro y profecía a la vez.

Milagro porque la música de la página se levanta hasta su estatura humana, ni más ni menos, hasta alcanzar una profesión de fe que hace de la belleza no un artículo de “show room” sino un alimento de primera necesidad. Milagro porque en estos tiempos de consumo vacuo, de burbuja existencial, de salmodias “prêt a porter”, la danza se da en la boca de quien canta y en el cuerpo de quien recibe la comunión del verso escrito.

Milagro porque toda palabra es música y, según Ludwig Wittgenstein, el gran filósofo del lenguaje: “si se puede decir, es posible”.

Digamos con Andrés, entonces, para que sea posible, a la vez, la fraternidad y el misterio.

Digamos al unísono con el sintagma de este libro.  

Entonemos, para que sea posible la transformación, la transmutación de la piedra en pájaro y para que toda alquimia se emplee solamente  para crear el oro humano, el oro de los cuerpos, el metal indoblegable de la alegría.

Vivimos una época de bordes, de fronteras, de líneas que deben borrarse y de líneas que deben trazarse con tinta indeleble para que nunca se olviden y para que no sean rebasadas.

En esta dialéctica de líneas que se cruzan y de líneas que no deben cruzarse se encuentra el punto exacto de este decir que sorprende, que encuentra, que comparte.

Andrés Stagnaro es un músico profesional y un poeta finísimo que supo llevar a la canción algunos de los poetas y poemas más hermosos y difíciles.

Ahora danza, Andrés danza y convoca a esta danza con bordes, en el límite.

Porque el ritmo de esa danza es respirar, latir, estar más que despierto y atento  en este mundo atroz: estar vivo y feliz.

Bailar de contento.

 

Rafael Courtoisie

 

Leo “Danza sobre bordes” donde Andrés Stagnaro incursiona en los cuerpos en movimiento como objeto comunicante.

La danza es una manifestación artística efímera en el tiempo que- como espectadores - nos deja imágenes, sensaciones y definiciones imprecisas.

Como bailarina puedo decir que es una experiencia única que ocurre solo en el momento en que se está bailando. El cuerpo se apropia de su propio cuerpo, y así como el escritor se enfrenta a la página en blanco, el bailarín se enfrenta al espacio vacío, lo construye, lo delimita, lo llena.

Andrés convoca a la palabra y transforma lo efímero en permanencia

Desde esos “bordes” se vislumbra un núcleo que lleva al lector hacia el aquí y ahora y también hacia lo que está por venir.

Cada poema es una historia donde el protagonista es el movimiento . Y cada palabra es el trazo del cuerpo en el espacio, el pulso, el impulso, la emoción.

Desde ese umbral nace la voz matriz y de ahí el hilo conductor que recorre la obra en un juego donde movimiento es palabra, lenguaje del cuerpo es lenguaje poético y danza es poesía.


Patricia Mariño


Así como canta y compone, con su hermosa voz y la plenitud de su musicalidad, canciones que se inscriben en el oído de quien lo escucha de modo perdurable, desafiante de tiempos y de modas, Andrés Stagnaro escribe poemas que van más allá de la letra sobre la que se apoya la música. Tampoco  recurre a la imitación del poema de otro,  musicalizado  por él . Esta es su poesía, de su puño y letra, intransferible, no es comparable a ninguna otra. En su carácter personal y único, radica la esencialidad de su perfil. Todo se juega como en los movimientos coreográficos de una danza especial y diferente, que tanto se asoma a la hondura de abismos, esos que observa desde sus pretiles, como puede herir con su palabra y gesto en la plenitud abigarrada de Eros. El Canto, la Danza y la Poesía se amalgaman bajo la sabia pluma poética de Stagnaro.

Jorge Arbeleche.

Las palabras de esta poesía que nacieron de la danza, crearon coreografía en otro registro.

Carolina Besuievsky

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 




26.08.2013 21:55

(Persisten sensaciones en mi remembranza) Un día de abril de 2012 llegué a Casa dos bicos a la hora establecida y allí me recibió Pilar.Luego de enseñarme el lugar  que en ese momento aún no estaban terminadas las obras de restauración, subimos  a las oficinas. Le entrega  a Sérgio mi cd  “Cantando a Saramago”, Sérgio,  inmediatamente lo pone a reproducir. Ella  me lleva hacia la ventana y me dice allá está enterrado José.

 

En ese momento comienza mi música y voz cantando ..”que vengan finalmente las altas alegrías, las ardientes auroras, las noches calmas…” Vi la expresión de Sérgio, me di cuenta que le gustaba , y miré hacia abajo junto a Pilar.

 

Existen momentos  asombrosos y únicos en el universo y este fue uno. Sonaba mi voz y seguíamos mirando hacia  abajo, el primer tema, el segundo y siempre observando hacia allí. posé mi mano en su espalda por unos segundos… la música continuaba, la poesía también  y la sensación del instante, inexplicable. 

 

La memoria abriga vida




30.10.2009 18:33

Ya no es Cascais, tiene otro nombre, que ahora no me acuerdo, pero queda muy cerca de Cascais, es playa y roca.Con una mínima imaginación podés navegar derecho, derecho y llegar a América. Ya había estado unos dias atrás en el punto más occidental de Europa, también bastante cerca de allí.

Si hay viento algo fuerte,sucede como en casi toda costa oceánica, se camina haciendo fuerza si está en contra, o frenándote si está a favor.

Allí al final del verano. Azul, arena y roca, algo más allá se divisan las sierras de Sintra, donde girando, girando te metes en un embudo kilométrico de caracólicos caminos hasta caer allá abajo precipitadamente en un colchón de floresta.Otro clima, más fresco y húmedo, otro mundo de parajes llenos de hojas.

Aunque hace poco tiempo, ya no estará como cuando lo vi, es más, ya al salir de ese presente no estaba igual. Nuestro cerebro guarda los recuerdos de todo lo que percibimos con nuestros órganos sensoriales y cuando llegan esos recuerdos todo se nos vuelve presente, pero en nosotros mismos, nada más.

Tal vez iré nuevamente allí, pero será otro presente y por lo mismo, ya diferente.

Es ese el simbolismo del mandala.El cosmos y el microcosmos obsesivamente representado para despues destruirlo de una patada.

Todo pasa, pero, felizmente nuestras células atesoran y cuando regresan esos recuerdos los respiramos y los vivimos una y otra vez.




19.10.2009 17:10

 

Siempre que me traslado interiormente entre ciudad y ciudad, entre pueblo y aldea, lo hago en general, salvo algunas excepciones, en auto, pero dada mi condición de caminante ciudadano, ya desde la vez anterior busqué el tiempo para hacer los maravillosos viajes en tren, metro y buses, en particular cuando estoy en Lisboa o en sus cercanías.

Esta vez también me trasladé en barco. Crucé el estuario del Tajo en un ferry que une a Seixal con Lisboa ( Casilhas a Cais de Sodré y viceversa) No es un barco de lujo, tal vez por eso es pintoresco y atractivo.Sus asientos me hacían recordar a los mismos que tenían los omnibus de Montevideo hace unos veinte años atrás, algunos de ellos quedan todavía. El cruce es bellísimo, y en el viajan los ciudadanos de a pié, trabajadores y trabajadoras abstraidos en sus pensamientos, algun estudiante y vaya a saber cuantos poetas.

En ese tipo de transporte, al igual que el tren , por ejemplo el que pasa por la estaciones de sete fuegos y fogueteiro, o sea, que también cruza el río por debajo del puente 25 de abril, es claramente notorio que hay un porcentaje alto de pasajeros negros, y más a las horas pico, en las que los rostros de esos obreros o empleadas domésticas expresan la seriedad del cansancio.

Una tarde venia en el metro y en el viajaba un precioso niño negro con su mamá. El hablaba con otra señora que se había sentado a su lado mientras que su madre más distante iba parada.Le dirigí alguna palabra que el respondía con la simpatía y con la espontaneidad que tenemos todos cuando somos niños y que después nuestros condicionamientos impuestos y autoimpuestos nos la quitan en demasía. Me despedí de el cuando bajaron en Caís de Sodré al igual que yo, pero también subieron a mi mismo ferry. Era fascinante la belleza y simpatía de ese niño con sus ojos azabaches tan llenos de luz. Lo saludé nuevamente en Casilhas. Su madre, tal vez acostumbrada a las amistades ocasioneles de su hijo, sin dar importancia a los saludos, le llevaba de la mano caminando a paso largo.

Era el atardecer, viajaban también los obreros de regreso a sus hogares, como lo estarían haciando en los trenes, en los buses y en el metro.

Es ahi, en esos caminos, donde la percepción se amplía y te dice " Aqui está el sustento de toda la sociedad "" Aquí está el alma, y están los pulmones por donde fluye todo"

Desde la primera vez que fui a Portugal ya hace diez años, tuve la dicha de convivir siempre con amigos, artistas y amigos en general. Pude conocer construcciones de todas las épocas, obras de arte, historia, pero no desde el punto de vista turístico. Mis guias han sido mis amigos. El principal conocimiento se adquiere en la mesa del café,en la conversación circunstancial en la calle con cualquier transeunte, en el metro, y en cualquier esquina de ciudad o aldea.

Las ciudades viven porque vive su gente.

 



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