Peces Voladores
vagar sin meta, pero no sin rumbo

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Mis artículos

30.07.2013 14:26

Debo confesar que llevo años promoviendo formas de gobernar y una cultura de la gestión pública que es poco propensa a escuchar. Debo dejar de pensar en mí mismo y pasar a pensar más como ciudadano que como funcionario público. No será fácil, pues acarreo con todos mis miedos, es que tengo más preguntas que respuestas sobre cómo involucrarme desde lo público en esta nueva realidad que son las redes sociales. Lo más probable es que no todas las cosas que me digan a través de estos nuevos medios sean agradables. Tendré que aprender a lidiar con eso, o mejor dicho, tendré que aprender sobre la falibilidad de lo que hacemos y que la crítica es bienvenida.

 

Es hasta probable que se rían de mí, habrá mentiras amplificadas que ni siquiera podré parar y que se parecerán a grandes verdades, pero así funciona esto y tendré que aceptarlo. Sé que le ha pasado a otros que han incursionado antes que yo en estas lides, y sé también que a la larga se aprende y que se es mejores gestores. El juego en el escenario público está cambiando drásticamente y tiene nuevas reglas. Intuyo que es importante no intentar controlar el mensaje, esa época ya pasó, lo que me propongo ahora es ser uno más, no me involucraré en redes sociales solamente para presentar mis soluciones. Es probable que primero tenga que desarrollar nuevas capacidades de escucha. Me involucraré para buscar junto a la gente las mejores soluciones.

 

Le escuché decir a alguien un día que manejar redes sociales es tan difícil como arrear gatos. Ni lo intentaré, sería un suicidio público. Un amigo que trabaja en estos temas me dijo: Compadre le tengo una mala noticia, no puede hacer nada para cambiar lo incambiable. Las redes sociales son los que son en cada realidad, no vaya a cometer el error de verlas como un canal más de comunicación para lo que Usted hace, entiéndalo bien, o se me ajusta como buen funcionario público o lo acomodarán en la próxima elección. O quizás antes………

 

Haría bien en ir abriendo mis bases de datos, habilitando a que todo ciudadano que así lo desee pueda hurgar en la información que manejo en mi oficina. Pero si esa información no es mía, es de ellos. Haría bien en ir entrenando a mi personal en cómo usar Facebook, Twitter, Youtube, blogs y otras herramientas, negarse a ello ha demostrado ser un gran error. Que lo usen, pero si lo usamos todos, eso sí, debería lograr que junto con comunicarse con sus amigos también lo hagan con los ciudadanos. Estoy cada vez más convencido que lo que se nos viene va más allá de datos abiertos o incluso de gobiernos abiertos. Es como si mi despacho de repente fuera de cristal. Me gustaría tener la puerta abierta de par en par para que cualquiera pueda pasar y ver lo que hago a diario, puedan pasar y sentarse en mi escritorio a charlar un rato o para sugerirme cómo puedo hacer mejor mi trabajo. Tengo que perderle el miedo a los ciudadanos cada vez más informados y activos. Es que ahora que lo pienso debería tenerle mucho más miedo a no comprenderlos. En algunos países le están haciendo la vida imposible a más de un gobernante, y no le apuntan solo a los tiranos y los corruptos, se dirigen cada vez más a aquellos gobiernos que parecen alejarse de la gente. Si no hago algo esto se va a poner cada vez peor.

 

Debería recordarme más a menudo que antes de ser gobernante fui y seré un votante más. Debemos mejorar nuestras formas de gobernar “con” la gente. Al final volvemos a lo que siempre fue importante en la gestión de lo público, hacer las cosas bien, con honestidad, con transparencia, con efectividad y cariño por nuestro trabajo. La inmensa mayoría de nosotros queremos eso, las redes sociales nos ofrecen una oportunidad para repensarnos y para hacernos más confiables. 

 

Quizás la respuesta está justamente ahí, no en lo nuevo sino más bien en recuperar viejos valores. Las redes sociales no son lo nuevo, este fenómeno precede incluso a Internet. Lo novedoso es el medio que las habilita y las gestiona. Una red social, ya sea esta virtual o presencial, produce contenidos de forma descentralizada y sin el control editorial de grandes grupos, una producción un tanto anárquica donde mucha gente produce para mucha gente. Las redes sociales las tenemos que ver como más y mejor protagonismo de la gente. Las nuevas herramientas de los medios sociales son los sistemas informáticos que permiten estas interacciones a gran escala y la colaboración que deviene del intercambio de información y conocimientos.

 

Qué bueno que esté pasando todo esto, justo en una época en la cual es preciso alentar cada vez más el desarrollo a través del aprovechamiento de la inteligencia colectiva.     




23.07.2013 13:15

Me seleccionaron para ser Mentor de mis colegas más jóvenes e inexpertos. Supongo que debo tomarlo como un reconocimiento a mi trayectoria en la empresa y una muestra de que puedo compartir experiencias y conocimientos con los demás. Acepté. De inmediato mi nombre fue a parar a un software que lo tiene todo planeado. El sistema de mentoring que emplean enseguida comenzó a hacerme preguntas y a completar formularios que iban perfilando mi perfil y así poder buscar la mejor coincidencia para mis “mentees”. Entre los requerimientos estaba completar un breve interrogatorio que me ofrecería una breve descripción psicológica de mis formas de trabajar y otros asuntos relacionados. El programa contempla que al Mentor se le ofrecen una lista de nombres recomendados por el propio software y la lista completa para que si desea, o no se está satisfecho con la selección, forme sus propias parejas.

 

Seleccioné dos jóvenes profesionales, una conocida y otra no, una de la lista de recomendados y otro no, uno con mis afinidades profesionales y el otro no. Me sorprendió encontrar a personas que no son tan jóvenes en la organización y que buscaban Mentor. Deduje que siguen perdidos. El sistema nos envió una pauta para ayudarnos en el proceso y con recomendaciones básicas a la hora de ponernos a orientar a otros. Todo el planteo es coherente, el interés de la gente por este tipo de actividades denota que hay gente dispuesta a compartir y otra tanta gente habida por recibir orientación. El propósito, según nos explicaron, es entender mejor a la organización, alentar un crecimiento personal más armónico y estimular el sí se puede antes las frustraciones propias de una organización tan compleja. Yo agregaría, poder garantizar algo tan humano como es el hacernos visibles.

 

Estuve pensando sobre como poder apoyar a mis dos “Mentees”. Lo primero que nos han enseñado es que el éxito en este tipo de ejercicios recae en que nos conozcamos. Uno no puede ir por ahí repartiendo consejos sin un mínimo de confianza y de intereses compartidos puestos en evidencia. Nos quieren transmitir que es fundamental saber escuchar, descubrir las verdaderas expectativas de nuestros interlocutores para poder orientarlos de la mejor manera posible. Mis mentees son jóvenes, tienen pocos años en la institución y están deseosos de saber, o de intentar comprender, cómo se crece en la organización, cómo puedo tomar el control de mi profesión siendo parte de un organismo tan complejo y dinámico a la vez. Se sienten como piezas muy alejadas de los centros de poder, engranajes pequeños y muy alejados del tablero de control, no encuentran los canales para poder expresarse y desarrollarse, escuchan mucha palabrería que suena muy bien pero los hechos indican otra cosa, la queja sottovoce es la constante, la burocracia es excesiva, prima el individualismo por sobre un verdadero trabajo en equipo, se generan frustraciones, de a ratos bronca, Jefes buena gente que hacen lo que pueden, y sienten mucha desconfianza hacia ellos……..

 

En la primera conversación con mis mentees sentí que lo que mi organización necesitaría es de un buen grupo de psicólogos. Los mentores tenemos destrezas limitadas para atender y poder construir la debida motivación de la empresa. Pero de esas conversaciones extraje un concepto que me sirve para explicar las causas de esa desazón bastante generalizada. La “confianza” no está a la altura de las circunstancias en mi organización, es bastante evidente. Mis Jefes desconfían de mí. La organización entera desconfía de mí. Y si todos confiaran un poco más no necesitaríamos ni de mentores ni de mentees. Reporto mensualmente en qué empleo mis horas, soy evaluado anualmente por mis pares y superiores, cada acción en el sistema pasa por múltiples revisiones hasta llegar a la firma final, someter documentos se ha convertido en una carrera de obstáculos con incesantes instancias de revisión, hay sistemas que puntúan nuestro desempeño técnico, existen complejos cálculos que evalúan la ejecución de los proyectos y los supuestos “Especialistas” de la organización son los responsables por garantizar buenas notas. El organigrama formal debió introducir un sinnúmero de instancias intermedias e informales de control para garantizar el nuevo modelo de gestión. Es difícil sentirse Especialista aunque mi cargo así lo indique. Pienso en los jóvenes que recién ingresan y tienen razón al buscar alternativas.

 

A mis “mentees” les digo que si no logramos tener confianza en que las cosas se pueden hacer de otra manera entonces no resta otra que la vieja escuela del chupamedias profesional. Si ese es el camino que desean escoger que se busquen a otro mentor. Suele haber risas tras estas conversaciones, pero también el reconocimiento de que así están las cosas. Esto me devuelve al punto que ya señalé y que creo debe ser la base de cualquier organización moderna que se respete, la confianza. Pero no una confianza que se limita a las potencialidades de la empresa, una confianza en el individuo para que pueda explotar en todas sus potencialidades, organizaciones que sepan arriesgar en el negocio de confiar en los suyos, confiar en sí mismo para poder confiar junto a los demás. Siendo parte del programa de mentoring llegué a la conclusión que sería mucho más efectivo si mí organización diera señales claras de que la desconfianza se va replegando, nos aliente a que confiemos más los unos en los otros y que las jerarquías estámos para coordinar más que para mandar en una institución donde la herramienta de producción es la inteligencia de sus empleados. Habría que trabajar en programas que promuevan como gestionar, gerenciar, compartir, hablar e innovar con confianza. Ser todos más visibles por como realmente somos y no tanto por ser alguna pieza del engranaje.

 

Llegamos al punto en que hay que confiar más en las personas que en los sistemas, nos estamos adentrando en una época compleja. Los sistemas son importantes y exitosos si se logra respetar debidamente las individualidades y potencialidades de cada quien. Y esto vale para empresas, gobiernos, organizaciones de todo tipo y fundamentalmente para naciones. La confianza se está convirtiendo en un bien cada vez más escaso, y la desconfianza cotiza al alza. Las redes sociales serán una valiosa herramienta para habilitar nuevas formas de confiar en grupo. Tenemos la obligación de descubrir cómo usarlas para ese propósito. 




14.07.2013 19:57

El despertador con campanitas sonó muy temprano en la casa de los Quiñonez. Papá Quiñonez manoteo el aparato y se arrastró como pudo fuera de la cama tratando de no molestar a su esposa y a las dos niñas que aún dormían. A las 05:00 hs en Asunción la temperatura es agradable, apuró un tereré y unas galletas de agua para salir cuanto antes. Los días pasados habían aportado un renovado entusiasmo familiar, el Señor Quiñonez volvía a tener un empleo fijo, su esposa estaba muy contenta. Entreverada entre sábanas alcanzó a darle un beso para despedirse, lo mismo hizo con las niñas. Pero ese lunes de mayo tomó una decisión importante, necesitaba renovar su Cédula de Identidad que estaba vencida. La necesitaba para solicitar los certificados de antecedentes penales y policiales que le están pidiendo en su nuevo empleo.

 

Su nuevo Jefe, en una tienda de venta de repuestos, autorizó aquella gestión pública. Ese día no le quedó otra opción que faltar a su nuevo trabajo y perder el jornal. Para realizar ambos trámites debía ir primero a Identificaciones para gestionar la renovación de su Cédula de Identidad y solicitar el Certificado de Antecedentes policiales para luego ir al Poder Judicial y solicitar allí el otro Certificado de Antecedentes Penales.

 

El solo hecho de faltar a su trabajo le costará un jornal entero (Gs. 63.778, aproximadamente 15,2 USD), eso sin contar los pasajes de autobús. Salió con paso confiado. Para llegar a Identificaciones debió tomar dos autobuses, otros dos serán necesarios para llegar al Poder Judicial, y de nuevo dos para retornar a su casa (el costo de un boleto promedio en la ciudad de Asunción es de 2.000 Gs., el equivalente a 0,5 USD).

 

Viviendo en Luque decidió salir a las 06:00hs, así podría llegar para las 07:00hs, hora en la cual la oficinas públicas paraguayas abren sus puertas. Para su sorpresa el salón ya estaba bastante lleno, sin asientos disponibles. Le correspondió el número de atención 164, se enteró que las personas ya llegan a partir de las 05:00hs de la mañana para reservar los primeros lugares y no perder así toda la mañana, y si es posible no perder el resto de la jornada laboral.

 

En esa oficina llegan a atender a más de 2.000 personas en un día. Sin embargo el no aguardó mucho tiempo para el trámite de la Cédula pues existen unas 36 ventanillas para la gestión del documento, su tiempo de espera fue de poco más de 1 hora. El trámite en sí demora poco, entre capturar sus huellas, foto, firma y pagar le insumió unos 15 minutos.

 

Papá Quiñonez no se percató que para el trámite del certificado debía solicitar otro número, y ahí sí las esperas eran mayores, por lo general hay tantas personas solicitando documentos de identidad como las que solicitan los certificados de antecedentes policiales, hoy en día este documento se exige con mucha frecuencia. Mientras aguardaba ya resignado, tenía más de 100 números por delante, se preguntó por qué tenía que solicitar cada tanto este certificado; no existirá una manera más ágil de obtenerlo sin tener que ir hasta Identificaciones; el uso de las computadoras no debería ayudar a los ciudadanos a que todos los trámites fuesen más rápidos y eficientes.

 

Abandonó “Identificaciones” con su contraseña para retirar su nuevo documento de identidad en 20 días, tiempo que deberá aguardar para luego solicitar el otro certificado de antecedentes penales en el Poder Judicial, lo que ya se imagina implicará otro día que deberá faltar al trabajo. Pero para ese entonces ya está decidido a madrugar aún más.

 

En el Departamento de Identificaciones se procesan un promedio 4.000 documentos por día en temporada alta, y en temporada baja unos 1.700. Existen en todo el país unas 52 oficinas, de las cuales solamente 14 están integradas al sistema informático central, sin embargo la gestión no es on-line totalmente, por lo que muchas personas prefieren acudir a la oficina central en Asunción porque así se aseguran de que el trámite salga en menor tiempo y con mayor seguridad.

 

En Paraguay más de 800.000 ciudadanos pasan al año por las oficinas de Identificaciones para gestionar la Cédula de Identidad, siendo que aproximadamente 320.000 (40%) acuden a la oficina central, lo que genera un número importante de movilizaciones innecesarias y como forma de asegurar el trámite. Esta inoperancia genera altos costos en tiempo y dinero que pagan las familias como la Quiñonez. La cantidad de días promedio que son necesarios para la renovación de la Cedula de Identidad es de 20 días.

Cada vez más nos deberíamos interrogar sobre cuánto está contribuyendo la ineficiencia pública a la pobreza. Pregúntenle a los Quiñonez y ahí tendrán la respuesta.




07.07.2013 13:10

¿Cuánto realmente ha cambiado el mundo por más que tengamos a un Presidente indígena en Bolivia y el primer Presidente negro en los Estados unidos? Nada. Esa es la conclusión que se puede extraer luego de la detención del avión en Viena que transportaba al Presidente Evo Morales. Para una Europa, a estas alturas completamente gaga, el indio sigue siendo indio, despreciable y de mucho menor valor que la posible ofensa al cow-boy del norte. El negro logró disimular muy bien sus orígenes, ya va quedando poco de aquella histórica sensación que devino con su nombramiento, al final de cuenta el imperio se sigue resistiendo a ceder en prácticas y modales por más que tenga al frente a un negro.

Hoy más que nunca vuelve a recorrer el continente una revitalizada sensación de anti-imperialismo, los protagonistas son los de siempre. En este episodio se condensan las expectativas con los cambios reales que la sociedad global es capaz de generar. Nos enseña que las expectativas por un mundo más justo y respetuoso de la diversidad humana, quedó tan solo en eso, en expectativas. Vale más un espía blanquito preso que una crisis internacional con un país tercermundista. No sé que me provoca más rechazo, si el hecho en sí o las reacciones posteriores de gobiernos balbuceantes tratando de justificar su mediocridad moral. Acá estamos una vez más hablando de costos, como siempre sucede todo se reduce a una ecuación determinada por el costo de las decisiones y sus consecuencias. Los principios y la justicia siguen sin alcanzar valores aceptables. Sigue entrando en la ecuación el costo a pagar por la falta de un debido servilismo internacional. Este sigue siendo mucho más rentable que lo que pagaría el respeto a normas básicas de convivencia y de respeto internacional.

Esta lamentable experiencia nos enseña que no podemos engañarnos tan fácilmente, por más que cambien los personajes en el escenario global esta no razón suficiente para garantizar un cambio de tendencia en valores y prácticas. Se trata tan solo de nuevos actores con nuevos decorados, pero donde al final todo se reduce a un remake de viejas funciones para la misma porquería de siempre. El indio encabeza la cartelera, es un protagonista pero despreciado como antes, el negro por primera vez interpreta al gran Jefe, el que persigue al malo, en este remake están los mismos actores de reparto, pero al final no es más que eso, el mismo guion sin que nadie tenga la valentía de cambiar las cosas.

Lo de Europa ya no sorprende, está cada vez más vieja y se le nota. Lo de Bolivia menos, les tocó el papel que les tocó siempre, en un momento en el cual parecía que la obra no volvería a exhibirse. Pero mucho menos nos sorprende lo de Estados Unidos si no fuera por quien lo representa. Por estos días se suceden las declaraciones y acusaciones por una fantochada europea de sumisión a la paranoia norteamericana. El país de los mensajes globales, Estados Unidos, está necesitado una vez más de dar señales inequívocas frente a sus enemigos, y también necesita señales inequívocas de sus aliados. Los mensajes deben ser claros y globalizados para que no aparezcan nuevos e incontrolados desertores. Es más de lo mismo si no fuera porque hay negros e indios en papeles protagónicos.

Yo, una vez más, sigo estando del lado de los indios.




05.06.2013 11:19

Me acabo de enterar que la empresa más grande del mundo es un Banco. Destronó del ranking que elabora anualmente la Revista Forbes, con 2000 empresas, a la estadounidense Exxon Mobil. ¿Adivinen de dónde es el Banco? Muy bien, adivinaron, es de China. Era fácil. Se trata del Industrial and Commercial Bank of China (ICBC). La publicidad de este Banco ya se la puede ver en algunas ciudades latinoamericanas. Cabe mencionar que en el ranking de las top 10 aparecen tres empresas pertenecientes al gigante asiático, en el listado global son 136 empresas.

Pero esto no es lo interesante, estamos acostumbrados a recibir noticias sobre el espectacular desempeño y la constante penetración de los negocios chinos. Cundo comencé a leer la noticia que hablaba de que un banco era la empresa más grande del mundo con un valor de mercado de 237.260 millones de dólares y con ventas por 134.770 millones de dólares, me comencé a sentir bastante indignado. Pues una parte importante de lo que está sucediendo en el mundo de hoy se debe justamente a varios bancos y otros tantos especuladores financieros. Lo interesante de la noticia es que su Presidente, el Señor Jiang Jianqing, recibió el año pasados ingresos personales por 185.000 dólares. Hasta tiene cara de honesto.

Es decir, el Presidente de la empresa más grande del mundo tiene tan solo un buen sueldo que le permite cuidar de su familia, educar bien a sus hijos, gozar de un buen seguro médico, tener una o quizás dos casas razonables y darse el gusto, cada tanto, de llevar a su esposa a gastarse sus yuanes en algún tienda de lujo de Hong Kong. El dedicado Jiang después de estos gastos, es probable que le sobre poco, si tenemos en cuenta el costo de vida en China. No sé cuan cierto será esta noticia, a veces sigue siendo complicado creer todas las cosas que vienen de China. Sin embargo, la sensación que me provocó saber que el Presidente de la empresa más grande del mundo gana más que la mayoría de nosotros pero no lo suficiente como para poder comparar una porción del PBI de algún país en vías de desarrollo, me causó una grata y asombrosa sorpresa.

Habría que plantear a escala global, en uno de estos grandes foros donde se encuentran los más ricos, que se establezca un acuerdo internacional, una especie de carta de los “Derechos para la Sensatez Humana”, que el Presidente de ningún Banco, o entidad financiera en el mundo, pueda ganar más que el salario mínimo del país de donde es originario multiplicado por 1000. Hay que entender que al fin de cuentas sigue siendo el Presidente de un Banco. Por más que cuide de los recursos de una sociedad, hay que vestirlo bien, peinarlo, sacarlo a cenar, moverlo en un buen auto, y su familia debe reflejar la importancia que su cargo tiene. De paso con ese buen salario lo ayudamos a que no se tiente tanto con los recursos que nosotros, sus clientes, depositamos en confianza.

Hay sin embargo en todo esto algo que no me termina de cerrar. Me parece paradógico que el Presidente de una empresa tan exitosa gane tan poco en el país donde más ricos han aparecido en los últimos años. Me pregunto entonces si no será parte de la estrategia del marketing global chino. Pero más allá de verdades o no, lo interesante, es reconocer que un sueldo razonable para un alto ejecutivo de la banca es noticia.




05.06.2013 11:16

Bogotá, mayo 2013. Llevo diez días en Colombia buscando casa, colegios, haciendo los primeros conocidos y asumiendo mis nuevas responsabilidades en la oficina. Las primeras impresiones y sensaciones son buenas, la ciudad es caótica pero agradable a la vez. Ha llovido todos los días desde que estoy acá, llueve de a ratos cortos pero es constante. Habrá que acostumbrarse. El cielo se adorna indefectiblemente de nubes pero de a ratos asoma el sol que embellece las montañas y a la vegetación y parques de la ciudad. Aprendí en estos pocos días que no se puede salir sin paraguas, los chaparrones son repentinos en esta época.

 

La ciudad es bella y se puede observar el empuje de una economía y una sociedad, que como muchas otras en América latina, se han lanzado a las calles a consumir y a construir. Está lleno de centros comerciales abarrotados de consumidores, una oferta gastronómica que se va diversificando y sofisticando, tiendas de automóviles que batallan por ofrecer las condiciones más atractivas para llegar al O km, obras nuevas por todas partes que denotan un mercado inmobiliario en efervescencia. 

 

La ciudad se organiza en un damero donde las “calles” corren de este a oeste y las “carreras” de norte a sur. Todas llevan números. La parte de ciudad más moderna, rica y dinámica se organizó hacia el norte. En esta parte están los mejores barrios, centros comerciales, embajadas, oficinas, restaurantes y un despliegue de seguridad que rememora otras épocas y que ejemplifica la importancia que aún conserva el tema de la inseguridad y como seguramente esta tiene un peso significativo en el PBI nacional.

 

En algunos barrios el patrullaje es militar y se combina con el policial. Soldados con fusiles, casco y traje de combate patrullan las calles apostados estratégicamente en algunas esquinas de la ciudad. Los edificios, públicos y también privados, exigen la revisión de los autos antes de ingresar a los estacionamientos por parte de perros entrenados para detectar explosivos. Cuando llegamos al Hotel cinco estrellas, en el cual nos hospedaríamos los primeros días hasta conseguir algo más estable, se nos acercó un guardia con su perro para husmear el olorcito que emanaban nuestras maletas. Estos perros están en todas partes, en los accesos a los centros comerciales, en las oficinas públicas, en la calle, en los clubes deportivos, en los restaurantes más caros, en lugares con grandes concentraciones de personas. Nadie parece molestarse o incomodarse. Los conductores que se aprestan a entrar a un estacionamiento con sus vehículos, se detienen antes de la barrera y dejan que el hocico del can revise cuidadosamente el maletero, los asientos traseros, el lugar del acompañante, etcétera. Otro guardia revisa con un palo y un espejo la parte inferior del vehículo.

 

Cuando ingreso todos los días a mi nueva oficina tengo que pasar un control similar a los que existen en los aeropuertos. Paso debajo de una especie de marco de una puerta para detectar metales. Previamente coloco todas mis pertenencias, celular, monedas, bolsos y otros objetos, en una cinta que le permitirá a otro guardia detectar en una pantalla manchas sospechosas. Pasado el control principal, el acceso a la zona de ascensores se hace mediante huella dactilar bajo la atenta mirada de otros guardias. Finalmente en la zona de ascensores cuando llegamos a nuestro respectivo piso, esperan otros guardias que registran nuestro ingreso en debidas planillas y nos habilitan el acceso a través de puertas codificadas. Ya me acostumbre a esta rutina, pero relatado así parece estar entrando a una ultra secreta agencia de inteligencia.

 

Las medidas de protección de las personas, particularmente de aquellas que están en la cima de la pirámide social colombiana, no hacen otra cosa que demostrar una marcada fractura en lo económico, pero también entre quienes se sienten amenazados y quienes no. En una de las recorridas que hicimos a los jardines de infante para registrar a nuestra hija nos sucedió algo que hasta ahora no nos deja de sorprender para poder entender cuál es el nivel de normalidad en esta ciudad.

 

Descendíamos del taxi para ir a visitar otro Jardín de Infantes cuando al mismo tiempo llegaron tres camionetas Ford Explorer con vidrios oscuros. De ellas, y mientras nosotros recorríamos los pocos metros que separan la vereda de la puerta del Jardín, descendieron como ocho individuos con trajes oscuros. Dos de ellos empuñaban ametralladoras cortas que apuntaban hacia el suelo. Quedamos petrificados en medio de despliegue de movimiento s sincronizado. Uno de los individuos abrió la puerta trasera de una de las camionetas, de ella descendió una chica joven con una niña de no más de tres años. Acompañada por el mismo sujeto que le abrió la puerta, condujeron a la niña hasta la puerta del Jardín. Nosotros estábamos a unos pocos metros detrás de ellas. La madre, suponemos, le dio un beso y se despidió de su hija mientras era recibida por una de las maestras. La madre y el guardaespaldas regresaron a las camionetas. Tres de los individuos que pocos instantes antes habían descendido de esos vehículos permanecieron parados frente al centro escolar mientras las tres camionetas se alejaban rápidamente poniéndose al resguardo.

 

Fue raro entrar a la entrevista con la Directora que sabiendo que habíamos presenciado esa escena no dijo nada, asumiendo seguramente que siendo tan normal para ella a nosotros no nos debía explicación alguna. Mientras la escuchaba presentar su propuesta pedagógica pensé en la niña y en los demás niños del Jardín, pensé en las posibles secuelas que puede dejar en esas criaturas esa violencia contenida y tan normal a la vez. Pensé en mi hija. Entre dibujos infantiles colgados en las paredes, guardapolvos manchados, pizarrones y maestras que organizaban juegos, pude ver el origen de una dimensión cultural de la violencia, y ser testigo de como preparamos a nuestros niños para que se sigan alimentando del mundo de mierda que les hemos preparado para la adultez.

 

Colombia es evidentemente otra si la comparamos con la de hace unos años atrás. Es un país mucho mejor y más disfrutable pero presenta claros resabios de una cultura de la violencia que ha condicionado la vida entera de esta nación latinoamericana. Si tengo que identificar qué me ha impactado más en estos primeros días de mi nueva vida, es la cotidianidad de la violencia. No necesariamente relacionado con hechos violentos, pero sí con el acostumbramiento social a protegerse del terror. Es probable que en unos meses más todo esto sea también parte mi cotidianidad. Es por eso que me parece importante escribirlo ahora, cuando todavía me impacta, para recordarme cada tanto al releer estas líneas que la vida DEBE ser de otra forma y alejada de una consensuada autodefensa social.

¿Cuánto nos llevará desacostumbrarnos a vivir en una cultura de violencia y de protección para ser realmente sociedades desarrolladas?



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Sobre mí
En mi sala hay un cuadro que se llama "Rescate". En él aparece una multitud llegando a lo que sería la costa de una ciudad grande y moderna, esta gente se amontona y queda atrapada entre el cemento a sus espaldas y el mar. Una civilización moderna que parece empujarnos hasta los límites. La gente va saltando al mar y es rescatada por "peces voladores". Venimos de seres marinos que se animaron a volar. El progreso está lleno de contradicciones.

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