Cybertario
Todas las columnas de Gerardo Sotelo.

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Mis artículos

19.06.2013 07:27





El contenido del spot televisivo a favor de votar el 23 de junio para que la ley que despenaliza el aborto sea sometida a referéndum despertó polémica. En el tramo final de una campaña poco bullanguera, la pieza permitió a sus patrocinadores agitar las aguas de la opinión pública. En cambio, si buscaban convencer a los remolones (un público menos ideologizado y participativo) es probable que hayan logrado el efecto contrario.

Las acusaciones de manipulación y falsedad contra los argumentos esgrimidos en el spot sirvieron para instalar el tema en los medios pero no van a ayudar a que se acerque a las urnas un sector de la ciudadanía menos politizado. Si bien la historia de las campañas políticas es la historia de la manipulación y el subterfugio, en este caso los procedimientos parecen demasiado burdos.

Ya el comienzo es, por decir algo, poco feliz. Afirmar que el aborto fue legalizado por una mayoría de “un voto”, es una forma de manipular la realidad o de degradar la democracia representativa. La mayoría parlamentaria es la expresión de la voluntad de al menos la mitad más uno de los legisladores. En rigor, cada voto en el senado representa unos setenta mil ciudadanos y en Diputados varía según el departamento pero nunca es menor a alguna decena de miles. En los hechos, si el domingo se reúne la adhesión del 25 por ciento más un voto, nadie podrá alegar que el resultado no es suficientemente legítimo.

 “Queremos hacer oír nuestra voz para que la vigencia de la ley sea decidida por todos y todas”, dice la arenga. Según sus promotores, lo que se busca no es “derogar ni mantener la ley” sino dar lugar a un recurso que permita “discutirla entre todos y habilitar un referéndum en octubre”. ¿De quién se supone que es la voz de los legisladores? ¿No fue la ley suficientemente discutida? ¿Alguien puede asegurar que en una eventual campaña hacia el referéndum de octubre, los partidarios de una y otra alternativa aportarán ideas nuevas en lugar de las opiniones maximalistas y los golpes bajos a los que nos tienen acostumbrados?

Pero el segmento menos feliz del spot es el que le tocó a Mario Saralegui. “No dejes que otros decidan por vos”, afirma el ex futbolista. Habría que explicarle a él y a los mentores de la campaña que de eso se trata la democracia representativa, sistema que rige nuestra república y sobre el que ya teorizaban Hobbes y Locke hace  trescientos cincuenta años.

Quienes promueven la derogación de la ley deberían convencer al 46 por ciento de la población (que según la consultora Cifra está en contra de la despenalización del aborto) sobre la importancia de concurrir a las urnas el próximo domingo, en lugar de esconder su voluntad detrás de mensajes elusivos.

Es difícil entender cómo los partidarios de la defensa de la vida desde la concepción (argumento discutible pero fuerte y quizás decisivo para captar voluntades más allá de preferencias partidarias y aún religiosas) terminaron jugados a un spot tan pobre y tan torpemente manipulador. 




12.06.2013 07:26




La tradicional conflictividad de los gremios en vísperas del debate parlamentario sobre rendición de cuentas es como la tormenta de Santa Rosa: no falla nunca. Las demandas más radicales y desafiantes las plantean los gremios de la enseñanza, cuyo calendario de paros es de tal complejidad que resulta virtualmente imposible saber quién y cuándo va a tener clases, al menos si se cumple con lo programado.

Por un lado, los gremios piden un aumento salarial cercano al 80 por ciento para los docentes recién egresados. Por otro, la senadora oficialista Lucía Topolansky asegura que no se cederá a las presiones y el vicepresidente Astori dice que, en todo caso, de lo que habría que hablar es de resultados. Un verdadero diálogo de sordos, sobre todo si se tiene en cuenta los antecedentes inmediatos.

Los docentes recibieron en los últimos años más aumentos que la mayoría de los trabajadores públicos, aunque sus salarios siguen siendo muy bajos y los resultados son paupérrimos. Por cierto, nadie asume la responsabilidad por el despilfarro que supone aumentar los recursos financieros y obtener peores resultados.

El gobierno quedó empantanado con los gremios  de la enseñanza (a los que algunos sectores del oficialismo controlan y amparan) y el riesgo de desempatar constituye una amenaza de tal envergadura para la unidad del Frente Amplio que bloquea cualquier cambio sustantivo.

El escenario es desolador. El país está viendo pasar una década de prosperidad inédita sin que se registren transformaciones sustanciales en algunos ámbitos cruciales para el desarrollo económico y social, como la infraestructura y la educación. El gobierno se reprime de aplicar experiencias exitosas en materia educativa y los gremios de docentes excluyen de sus decisiones (basadas, en términos generales, en reclamos justos) cualquier consideración del daño que causan sus medidas a los alumnos y sus familias.

No hay otro asunto público que requiera más que la enseñanza la implementación de políticas de Estado y probablemente sea en el que más lejos se está de concretarlos. Un asunto en el que la oposición ha hecho propuestas de todo tipo (la más reciente del senador Bordaberry, promoviendo el financiamiento directo de la educación en zonas carenciadas en institutos públicos de gestión privada) y no pierde oportunidad de arrinconar al gobierno por su inmovilismo.

Es probable que las familias que utilizan la enseñanza pública puedan entender la compleja realidad de la lucha contra el delito; incluso la lentitud con que aumenta el salario de los “diezmilpesistas”, situación que afecta a cuatro de cada diez trabajadores.

En ambos casos, las soluciones son complejas y requieren tiempo. El problema de qué hacer con el hijo o la hija ante una huelga en las escuelas y liceos, en cambio, constituye un trastorno mayúsculo. Así las cosas, los sindicatos de la enseñanza (orientados por militantes del Frente Amplio y principales beneficiarios del reparto presupuestal) están generándole al partido de gobierno más problemas que la oposición.




05.06.2013 07:26




La gira del presidente Mujica por China, España y el Vaticano permitió algo más que el refuerzo de contactos comerciales. A su declarada intención de convencer a los chinos de que inviertan en el desarrollo del sevicio ferroviario y el puerto de aguas profundas, se agregan dos elementos significativos, no tanto para el comercio exterior uruguayo como para la dimensión de la figura de Mujica fuera del continente.

El primero de ellos preanunciaba lo que vendría con las entrevistas con la televisión y la prensa españolas, y es la referencia a que la Unión Europea debería frenar el creciente prodominio de China en el comercio exterior del Mercosur acelerando las negociaciones hacia un tratado de libre comercio, que ya lleva una década de marchas y contramarchas. Mujica no lo planteó en un sentido comercial sino crudamente estratégico.

Parece claro que si bien el gigante asiático nos reporta buena parte de nuestros ingresos por exportaciones (es el socio principal de los países del Mercosur) en términos geopolíticos nos vuelve muy vulnerables a las eventuales exigencias que quizás un día vayan más allá del aislamiento de Taiwan y el silenciamiento de toda referencia negativa a su régimen dictatorial y represor. Ya en el Vaticano, Mujica sobrepasa las fronteras del Mercosur y le pide al papa Francisco que interponga sus buenos oficios para facilitar la paz en Colombia.

Tenemos entonces un presidente que viaja con una agenda múltiple, la primera de carácter nacional, la segunda como vocero del bloque regional (Mujica es presidente pro tempore del Mercosur) y la tercera como líder continental. Es significativo que Mujica haya llegado a la portada del diario español El País, uno de los más influyentes y prestigiosos de los diarios de habla hispana, donde fue calificado “un líder de enorme talla que se ha convertido en un referente de la izquierda latinoamericana”.

En la entrevista, Mujica apuntala el proceso político sudamericano pero señala la tentación de eternizarse en el poder y elige a Lula como el mejor por su capacidad de construir el poder que lo llevó a la presidencia desde sus comienzos sindicales tanto como por su capacidad de aceptar que debía habilitar una sucesión sin aferrarse a su “liderazgo natural”.

Lo que seduce de Mujica fuera de la región y especialmente en España no es su identidad ideológica sino sus cualidades personales y su pragmatismo político. Los europeos no pueden encontrar alguien más antitético a Hugo Chávez, cuyo “liderazgo natural” haya desaparecido con su muerte. A los ojos del mundo, Mujica es un hombre de vida humilde, un ex guerrillero preocupado por la inversión extranjera, la estabilidad macroeconómica y las garantías legales para quienes inviertan en Uruguay. No tiene una visión en blanco y negro ni una retórica maniqu¡eista ni pone por delante ecuaciones ideológicas  ni slogans revolucionarios. Por el contrario, luce como un gobernante de izquierda, moderado y responsable.

En el contexto actual de América Latina, dominado por gobiernos de izquierda de rumbos contradictorios y aún antagónicos, está más cerca en su estilo de gobernar de sus colegas de centro y de derecha que de sus presuntos hermanos ideológicos. ¿Quién podría hablar en Europa nombre del continente mejor que Mujica?




29.05.2013 07:25




La resolución de la departamental colorada de Montevideo de postergar una decisión sobre un acuerdo electoral con el Partido Nacional es sólo un síntoma de algunos movimientos internos. Por lo pronto, la departamental se hizo eco de la posición de su secretario general, Fernando Amado, y desoyó la de Pedro Bordaberry y los dirigentes cercanos al líder de Vamos Uruguay.

De la lectura de la resolución no se desprende un rechazo al acuerdo sino la voluntad de los convencionales de esperar el resultado de la negociación que realiza el senador Ope Pasquet y sobre todo, la de reservarse la última palabra si es que la convención nacional aprueba el acuerdo. Sin embargo, para algunos dirigentes colorados, es evidente que el diputado Amado está buscando un camino propio y no se anima a concretarlo, o no considera que haya llegado aún el momento.

 De hecho, el episodio del sábado pasado no es el primero en el que el joven legislador queda enfrentado a la mayoría de Vamos Uruguay. Cuando el Parlamento consideró la ley que despenalizó el aborto, Amado argumentó a favor pero debió votar en contra. Esta vez el joven legislador se salió con la suya. Bordaberry no fue a la conferencia de prensa previa a sesión del Ejecutovo nacional colorado para no convalidar que su liderazgo había sido desafiado con éxito.

¿Por qué Amado habría de protagonizar un enfrentamiento con Bordaberry sobre un acuerdo que, según todo indica, va a terminar por aprobarse? Después de todo, los votantes blancos y colorados han sumado votos de hecho en varios departamentos del interior y ahora quieren pelear con chance la Intendencia de Montevideo. En las últimas elecciones departamentales de la capital, el Frente Amplio aventajó por ocho puntos a la suma de los partidos tradicionales, con un 14 por ciento de votos en blanco y anulados. Visto desde una perspectiva no partidaria, un escenario más competitivo elevaría el nivel de los contendores y  promovería la aparición de nuevos candidatos y compromisos más ambiciosos de mejoras en la gestión.

Quizás la explicación de este prematuro enfrentamiento con Bordaberry exceda el ímpetu juvenil del legislador y su convicción de que un acuerdo con el nacionalismo terminará de "derechizar" al Partido Colorado, alejándolo del apetecido voto de centro. Quizás el problema no esté en las ideas de Bordaberry sino su estilo de conducción. Un estilo que ha llevado a que se alejaran del sector mayoritario importantes dirigentes del interior del país.

Si bien nadie discute el peso de la estructura y la candidatura de Vamos Uruguay, en Proba se preparan para una interna más competitiva que la celebrada cinco años atrás. Celebran la llegada de dirigentes en Río Negro, San José, Tacuarembó, Colonia, Soriano, Tacuarembó, Maldonado y Canelones, disgustados con el líder mayoritario del coloradismo.

El fortalecimiento de la denominada pata batllista puede fortalecer al Partido Colorado y, paradójicamente, las chances de balotaje de Bordaberry, aunque al precio de perder el control partidario.

 




22.05.2013 07:28




Las revelaciones de Jorge Lanata sobre la corrupción kirchnerista se han convertido en tema obligado en ambos márgenes del Plata. Al tenor de las acusaciones se le debe sumar su contexto, caracterizado por la polarización, el “apriete” y la amenaza de censura. Un contexto aún más explosivo si se le agrega el estilo periodístico de Lanata.

Sus acusaciones son de tal gravedad que amenazan con transformar a Carlos Menem apenas en un turco pícaro. Las denuncias, como el propio Lanata, no sorprenden por su originalidad sino por su desmesura. El rating, que termina convalidando todo, señala que para buena parte de la sociedad argentina, Lanata es hoy la voz más poderosa de la oposición argentina y de quienes se sienten perjudicados por el modelo K también de este lado del río. Sin embargo, la gravedad de lo denunciado no justifica cualquier forma de periodismo.

Ya es suficientemente grave que los argentinos estén condenados a elegir entre Víctor Hugo Morales y Jorge Lanata como para que los uruguayos nos sumemos a esa presunta disyuntiva. Parece que no pudiéramos vivir en un escenario que supere la falsa libertad de optar únicamente entre Peñarol y Nacional, entre las milanesas y los ravioles, entre el que cobra “con la derecha” y el que factura “con la izquierda”.

Si Lanata y Víctor Hugo se convirtieron en los epítomes del periodismo televisivo, es decir, si el periodismo terminó arrastrado a esa riña de gallos, a esa subasta de voluntades que es hoy la política y la televisión argentinas, habrá dejado de ser una profesión reglada por la independencia, la proporcionalidad y la verificación. En suma, habrá dejado de ser periodismo para transformarse en alguna de las formas del entretenimiento, la demagogia o los negocios.

La televisión nacional ha tomado tradicionalmente la pantalla porteña como un espejo de sus decisiones. La regla de oro parece ser “si se hace en Argentina, bien hecho está”. En realidad, se trata de un espejo deformante. El resto del mundo maneja otros criterios de calidad y, fundamentalmente, otro sentido de los límites. Por eso puede considerarse a programas como CQC, Duro de Domar, Bajada de Línea o PPT (el que conduce Lanata por Canal 13) dentro del género periodístico, cuando no son sino su espejismo. La ilusión es  obvia pero funciona: la utilización de técnicas típicamente periodísticas como la entrevista, el registro de imágenes, el relevamiento de datos o el seguimiento de casos, no alcanza para configurar una disciplina cuyo soporte deontológico está reñido con la manipulación, la propaganda y el escrache.

La tevé por cable primero e Internet después abriendo el acceso a propuestas periodísticas a la vez entretenidas y de calidad. Aceptar como buenos programas que operan para grupos de poder, es una muestra de que el espíritu vindicativo puede nublar nuestro sentido crítico. Tanto da que operen para el oficialismo o las corporaciones y que tenga o no razón. Los periodistas que así se comportan exhiben una absoluta falta de compromiso con los deberes de la profesión.




15.05.2013 07:40




El país asistió durante el pasado fin de semana a dos declaraciones políticas de destacados actores, que igualaron en intolerancia y manipulación a dos presuntos antagonistas.

Por un lado, el Plenario Nacional del Frente Amplio aprobó una serie de
definiciones entre las que define su enfrentamiento a un “bloque conservador” (que tiene una “alianza estratégica” para desplazarlo del poder) y su apoyo al “compañero Nicolás Maduro”, cuyo triunfo celebra,  contra la “peligrosa estrategia” de la “derecha venezolana”.

Por otro, el senador colorado Pedro Bordaberry se despachó con una columna de en el diario Cambio de Salto (que reiteró en Radio Rural) en la que confrontaba dos supuestos modelos de país: el de su partido (representado ciudadanos honestos, laboriosos, estudiosos, innovadores  y amantes de la vida en familia) y el del Frente Amplio, caracterizado por su respaldo a un conjunto de viciosos e indolentes, “personas que no trabajan”, aprovechan la noche para robar y se pasan “pensando en la pasta base”,  inducidos por el gobierno a jugar a la computadora y mirar televisión.

El plenario del Frente Amplio soslaya en su declaración que la oposición venezolana es mucho más que “la derecha venezolana”. No sólo expresa la opinión de la mitad del país sino que entre sus filas se encuentra miles de socialistas, socialdemócratas y democristianos, al igual que entre las del Frente Amplio. Algunos de ellos visitaron nuestro país la semana pasada. El oficialismo no aceptó siquiera recibirlos para escuchar de su boca por qué están convencidos de que Maduro es un presidente ilegítimo.

El senador Bordaberry, un hombre inteligente, culto y de pluma sutil, parece querer convertirse en la voz de una derecha maniquea e izquierdofóbica. La línea argumental de sus dichos y buena parte de sus ejemplos, no se escuchaban en el debate político nacional desde los tiempos de “Disculpe” y la campaña electoral de 1971.

Las similitudes entre ambos discursos son tales que bien podrían sugerir que se trata de compañeros de ruta más que de antagonistas. Por lo visto, tanto la mayoría del oficialismo como el principal dirigente colorado necesitan plantearnos un escenario altamente confrontativo, en el que el adversario es desfigurado y descalificado.

El otro bando, seguramente mayoritario, permanece en silencio. Está integrado por gente de “derecha”, “centro” e “izquierda” (cualquier cosa que esto quiera decir), progresistas y conservadores de todos los partidos que luchan por sus ideas en un marco de tolerancia y moderación. Pero el silencio es sólo aparente. Los silenciosos están observando y guardando en su memoria estas conductas para el tiempo en el que tenga que decidir.

Distinto es el caso de los dirigentes que callan su voz ante las manifestaciones de sus correligionarios. Ellos tiene una responsabilidad que no pueden eludir. El discurso confrontativo no es inocuo y si este va a ser el tono que predominará durante la próxima campaña electoral, los moderados no podemos esperar nada bueno.



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Sobre mí
Con más de veinticinco años de trabajo como periodista, se destaca como conductor e informativista de radio y televisión. Actualmente conduce el Diario Sarandi y 690 en Punto (en Radio Sarandí) y escribe para el diario El País y para Montevideo Portal.

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