¿ Libertad de expresión ?
Anna Donner Rybak. Parece mentira las cosas que veo

http://blogs.montevideo.com.uy/libre |  Agregar a favoritos  | 
El Segundo Sexo

19.10.2012 13:20

XX

-Pero de la mía sí.- revela.

¡Ahá!

-No te creo – respondo- sólo me querés en tu lista.
-¿Lista?
-Tu lista de mujeres enamoradas; gozás cada vez que se le incrementa en uno el contador. Te gusta ser exitoso en todo, siempre querés más. Tu imagen de persona importante se eleva si está acompañada de una larga lista de mujeres enamoradas.
-Lamento que tengas ese concepto de mí.
-No es que “tenga” el concepto, ¿qué hay de las mujeres que te visitan? ¿Por qué no ponés una cortina?
-Ellas me visitan porque quieren, no están obligadas.
-¿Y creés que eso te redime?
-¿Redimirme de qué?
-De que sufran.
-Ellas no sufren, son adultas, es tan sólo sexo, nada más, no creo que eso sea para vos.
-¿Qué no es para mí?
-Nunca podrías disfrutar de una relación puramente sexual.
-¿Pero quién creés que sos? ¡Dale! ¡Vayamos ahora y tengamos sexo! ¡Y después no nos vemos más! ¿Creés que me vas a enamorar por tener una noche de sexo? ¡Soberbio!
-No quiero.
-¿Y se puede saber por qué?
-No quiero, es todo.
-¿No te gusto?
-Sos una bella persona.
-¡No me hables más de que soy una bella persona! ¿Creés que soy bella? ¡Pero bella físicamente!
-Sos una bella persona.
-¿Nunca me vas a ver como a una mujer; verdad? Nunca me dijiste si te gusto. O si no te gusto. Nunca me dijiste nada.
-Ya te dije que no quiero.
-Te gusta hacerte desear, ¿verdad? ¡O es hoy o no va ser nunca! ¿Qué es lo que creés? Sí, engreído, soy yo la que te estoy invitando a encamarte conmigo. ¡Y no habrá una segunda vez!


Un conjunto de partículas desagregadas se desplaza por encima de mi cuerpo como perdiendo el equilibrio. Se desprenden. Sueltas, y mezcladas con gran proporción de agua. Impelidas y lanzadas con violencia sobre mi cuerpo.

Abro los ojos. Cada una de las tres divinidades infernales que personifican la venganza o el remordimiento se apoderan de mí como una suerte de ira exaltada o una violenta agitación.

¡No es posible!

Un cusco enano, que parece haber disfrutado muchísimo del mar, se está escurriendo  y me acaba de bañar con agua y arena.

En el cielo se reflejan cuerpos celestes que brillan con luz propia. De pronto un cuerpo luminoso cruza el firmamento a gran velocidad y luego se apaga.

¡Juana vení!”  - se esparce de pronto una voz gravemente seductora.

¿Juana? Por Dios. Me he quedado profundamente dormida. ¡Juana! El perro que se portaba mal.

¡Juana vení!”  - se reitera la voz gravemente seductora y un hombre sale del agua.

¡El soberbio! ¡El machista que dejó a la mujer en la casa preparando la cena! A todos estos tipos hay que hacerlos desaparecer de la faz del planeta. Me irritan sobremanera. Llegan a la casa, como ellos son los que trabajan, pretenden que la cena esté servida, y todavía con la temperatura justa. Y si le pusiste más orégano que de costumbre, te lo marcan. ¡Pero qué se creen! Como si una no trabajara. Lo que no entiendo es cómo existen mujeres que los aguantan. Es obvio. La culpa de que el machismo exista la tienen las mujeres que los sirven. Que la culpa no es del chancho sino del que le rasca el lomo. Hay que matar a todas las mujeres machistas. Si todas se ponen de acuerdo y dejan de obedecer para siempre, estos zánganos se van a extinguir. Pero eso no sucederá nunca. Siempre habrá alguna estúpida que guste de obedecer. Siempre habrá alguna estúpida que guste de que la manden. Siempre habrá alguna estúpida que le guste que le den órdenes. Perdón, que un tipo que no es su jefe en el laburo le de órdenes. Que un tipo que no es su padre le de órdenes. Que hijo de su madre. Seguro que dejó a la mujer cocinando y se vino a dar un bañito. Odio a este tipo. Lo detesto.

Unos ojos celestes oscuros me penetran por entero y esa mirada me provoca un efecto desconocido y devastador: todo mi ser está inquieto. Un shock eléctrico me atraviesa cada centímetro del cuerpo.

-Por favor perdoname- Dice sin quitarme la mirada y yo sigo inmovilizada.

Sus ojos celeste oscuro, impenetrables, tiene el cabello corto, húmedo, ¡no puede ser tan bello! ¡Es despiadadamente bello! Se aproxima y no me saca los ojos de encima.

-Es muy tarde, te quedaste dormida.
-¿Qué hora es?
-Casi la medianoche.
-¿Y qué hacés tan tarde en la playa? ¿Tu mujer?
-¿Mi mujer?
-Hoy temprano estabas con una mujer…
-Mi hermana…

Maldita costumbre la mía de juzgar a priori a las personas. Tendré que cambiar eso.  De pronto, él apoya su mochila sobre la arena. Saca una toalla.

-Tenés que secarte- dice.

Nada más subyugante que esa masa de agua salada danzando con el viento; se abrazan y forman una onda. Un concierto divino.

Anna Donner Rybak ©2012




18.10.2012 13:59

XIX

-Jamás habría imaginado que alguien como vos pudiera escribir poemas- Nada más subyugante que la revelación del poeta.
-¿Alguien como yo? ¿Cómo es “alguien como yo”?
-Te imaginaba diferente.
-¿Cómo me imaginabas?
-¿No te vas a enojar?
-Nunca podría enojarme contigo…
-Me cuesta decírtelo.
-Tenemos tiempo.
-Lo que me pasa contigo es raro.
-¿Raro?
-Ambiguo.
-Soy todo oído.
-Sos un soberbio, la gente no te importa demasiado, vivís conforme con mandatos establecidos a priori.
-¿Mandatos?
-Ser exitoso. Te importa mucho el ser famoso. Te gusta que cuando se pronuncia tu nombre, todo el mundo sabe quién sos. Te ovacionan. Querés destacar sobre otros. Siempre querés ser más. Matarías por ser más. Y cuidás tu imagen de acuerdo a eso. Tu imagen de persona importante. De ejecutivo a full, con agenda llena. Tus celulares. Yo no sé si te importan los demás. Creo que yo no te importo, no te imagino haciendo algo desinteresado. No me voy a enojar si te vas por lo que te digo.
-No me voy a ninguna parte.
-Pero a la vez, te miro los ojos y tengo enfrente a alguien muy distinto. Alguien vulnerable. Lo que de verdad sos.
-¿Y qué es lo que de verdad soy?
-Sos un pájaro herido. Desearías flamear por los aires, volar a diestra y siniestra, pero tenés un ala cortada. Querés volar pero no podés mantener el equilibrio. Como un pájaro que oficia de  entretenimiento de seres perversos que quieren atraparlo vivo para cubrirlo de pintura, de colores vivos. Y una vez que lo hacen te sueltan porque saben que no vas unirte al resto de la bandada en busca de protección. Entonces tus semejantes te picotean y picotean y te dejan herido.

Cuando levanto la mirada, se le están cayendo las lágrimas.

-Te lo voy a contar.
-¿Qué?
-Mi verdadera historia.
-¿Alguien sabe?
-No.
-Decime, por favor…
-La última vez que vi a mis padres fue al fin de la guerra. Ellos sabían que la cosa venía difícil y decidieron que yo tenía que vivir. Pagaron mucho para salvarme de los campos de concentración  y me enviaron a una aldea caída del mapa de Polonia. Los campesinos eran brutos… ignorantes; me veían como a un niño burgués, y se ensañaron conmigo.
-¿Cuántos años tenías?
-Cuatro, cuando empezó todo.
-¿Tus padres murieron en los campos?

Él asiente.

-Nunca más los vi, no quedó nadie.
-Chiquito…
-Yo era para ellos un macaco de circo. A veces me ataban a un poste de madera en medio de la plaza y me escupían. También dejaban que unos pajarracos horrendos me picotearan. Todos gritaban, como en un estadio ¡judío! ¡judío! ¡judío! ¡judío! ¡judío! ¡judío!
-Nunca me habría imaginado que eras judío.
-No soy judío.
-No entiendo.
-No quiero ser judío. No me interesa nada de los judíos ni del judaísmo.
-¿Y por qué estás acá conmigo?
-No sé, no sé… Dafna.
-Istvan no es un nombre judío.
-Istvan es un nombre que yo me elegí. Mi nombre de verdad es Izi.

Izi, Istvan… ¿qué más da? Su dolor, su padecimiento físico, su padecimiento moral…

-Cuando me ataban al palo de la plaza les habría encantado que me terminara muriendo pero no pudieron. Resistí. Resistí todo. Ellos me transformaron en una bestia.
-No sos una bestia.
-Vos tenés razón. Soy egoísta. Soy perverso.
-Sos un pájaro herido…
-A veces les encantaba tirarme brasas encima, pero me tiraban pocas, para que yo sufriera más, y cuando mi piel se iba desintegrando, ellos coreaban y coreaban. No lloré. Nunca les di ese placer. Otras, me agarraban una mano, y me la ponían en una trapa para ratones. Me fracturaron varias veces. Mis padres perdieron la vida por ser judíos. Yo me hice una bestia por ser judío. No me interesa nada de lo judío. Hoy mis padres estarían vivos.  Tenés razón, soy ambiguo.
-Decime.
-Hay una parte de mí que es judía.
-Y la tenés encerrada en una jaula. Sos un pájaro enjaulado.
-Hay una parte de mí que se estremece al oír “Baruch Adonai Elohey Yisrael
-Tenés que dejar salir a tu parte judía de la jaula… Ser judío es un sentimiento, vos sentís tu judaísmo. No reprimas tus sentimientos.
-No soy de acá, no soy de allá…

Y durante una breve porción de tiempo nos quedamos en silencio.

-Ahora sabés todo.
-Yo sabía de antes…
-Vos leés en mí, siempre me supiste todo.
-Sos lindo…
-Esta es la única vez que nos vamos a ver, y sólo vamos a hablar- dice de golpe y se pone serio.

Otra vez vuelve el petulante. El soberbio. Hago silencio. No me amedrenta.

-Era obvio- respondo también seria.
-¿Por qué era obvio?
-Porque así jugás vos. Sos ambiguo.
-No confundas ambigüedad con cautela.-es todo lo que dice.
-No entiendo.
-No quiero.
-¿Qué es lo que no querés?
-Perder el control.
-¿Vos; perder el control? No creo que vos seas capaz de perder el control.
-¿Por qué creés que yo sea incapaz de perder el control?
-Estás todos los días con una mujer distinta.
-¿Y eso qué relación tiene con el control?
-Es obvio.
-No lo veo tan obvio.
-Sos tan predecible… vos tenés el control sobre todas esas mujeres. Sabés que cuando querés encamarte, no tenés que hacer más que mandar un sms, o una llamada telefónica. Y las sabés a todas dispuestas. Y si quieren más, la “vas”. Por cada una que se va, vienen diez. Vos sabés que siempre hay mujeres que quieren encamarse con vos. Y no te importa lo que sienten ellas. Vos sólo buscás sexo. Sexo duro, pero sexo. Sexo por sexo. No te creo capaz de molestarte en explicarle a alguna de ellas, en caso de enamorarse de vos, que no es posible. Desaparecés. Por eso es obvio. ¿Y por qué conmigo no? ¿Si total desaparecés cuando querés? A mí no me ves como mujer. Jamás me dijiste si te gusto. O si no te gusto. Nunca me dijiste nada.
-No quiero decirte nada.
-No entiendo.
-Ya te dije. No pretendas entender la cautela.
-¿Cautela? ¡Ahora entiendo! Si creés que me vas a enamorar, ¡estás bien equivocado! ¡Soberbio! ¡Era obvio! No, nunca me enamoraría de alguien como vos.
-¿Por qué?
-Primero: porque no decís toda la verdad; segundo: porque no sé si podría confiar en vos; tercero: porque te creés irresistible; cuarto: porque la inautenticidad me saca. Me saca mal. Te equivocaste conmigo. Sos lindo, y seguramente debe de estar bueno encamarse con vos. Pero de mi parte no hay nada. ¿Comprendés? ¡Nada! ¡Nada más!
-Pero de la mía sí.

Anna Donner Rybak ©2012




17.10.2012 15:04

XVIII

La muchedumbre reunida se gestaba destinada a atravesar la frontera de Polonia. El pequeño Izi había quedado solo. ¡Mamá! ¡Papá!, llamaba con lágrimas en los ojos, pero nadie venía.

Sólo Dios sabe cuánto caminó el pequeño Izi antes de llegar a la aldea. Para un niño burgués y educado, la brutalidad, la ignorancia y la superstición de los lugareños tuvieron un resultado macabro.

Una señora vieja con cara de harpía le dio cobijo con la condición excluyente de que durmiera en el establo, sobre el heno.

Los campesinos rubios y de ojos azules o grises, que sólo hablaban un extraño dialecto, se burlaban del pequeño Izi: ¡judío!

Esperó el abrigo de la noche oscura para huir despavorido.

Deambulaba de aldea en aldea, cada una más miserable que la anterior, mendigando un trozo de pan y un lecho de paja maloliente a cambio de realizar los más forzados trabajos.

Los campesinos, que ya eran brutales y crueles entre ellos, dieron al pequeño Izi un trato bestial: “¡judío!”.

A la crueldad de los aldeanos  se sumó la persecución de las tropas.  Sus verdugos lo sometieron a palizas y torturas de todo tipo.


-Ya ni sé quien sos. Cada vez sé menos. Muchas veces siento que me ocultás cosas, que no me decís toda la verdad. No podría nombrarte una situación concreta, pero siempre me invade un sentimiento de que hay algo oculto, es más fuerte que yo…
-Los milicos patearon la puerta. No me sacaron ni un solo nombre.
-No querés que nadie vea la melancolía que hay en tu mirada…
-Los milicos patearon la puerta. No me sacaron ni un solo nombre.
-No querés que nadie sepa que te sentís solo…
-Los milicos patearon la puerta. No me sacaron ni un solo nombre.
-No querés que nadie sepa que te sentís incomprendido…
-Los milicos patearon la puerta. No me sacaron ni un solo nombre.
-No querés que nadie sepa que sentís que nadie es capaz de comprender tus concepciones del mundo…
-Los milicos patearon la puerta. No me sacaron ni un solo nombre.
-No querés que nadie sepa que estás… irremediablemente… ¡SOLO!
-¡Los milicos patearon la puerta! ¡No me sacaron ni un solo nombre!


¿Qué podría decirle?  Pero, ¿es esa una justificación de su desdén? ¿De su soberbia? No; no es. No, al menos que él tuviera un dejo de humildad.

Y nada de humildad existe en el hombre de impermeable beige, ni en el hombre de abrigo gris,  que jamás se desprende de su Blackberry ni de sus reuniones y que siempre tiene la agenda llena.

Como esas señoras insolentes que hacen dos filas en el súper a la vez, con el cometido de “ganar tiempo”, ¡cuánto me fastidian! Demostrando esa suerte de viveza criolla de ocupar dos lugares. Tan astutas se creen. ¿Cuánto tiempo ganan con esa paupérrima y ridícula maniobra? ¿Cinco minutos? ¿Qué cosa tan importante tienen las señoras que hacer que no puede esperar cinco minutos? Parece que ser un exiguo gestor del tiempo hace a la gente importante. ¡Qué señoras importantes son las que hacen dos filas a la vez en el súper!

¿Qué tan abultada puede estar la agenda de Istvan como para que no pueda albergar ni un solo minuto? ¿Por qué tanta planificación? ¿Por qué tanta obsecuencia? Es tan sólo una fachada de hombre importante. Cada vez estoy más convencida.

Debería de invitarlo a un café. Claro, él primero se haría rogar para hacerse el importante, pero luego aceptaría. Seguro que lo haría. Pero ¿cómo quedaría yo? No, jamás podría rebajarme a tomar la iniciativa con este tipo. De ningún modo. ¿Tomar la iniciativa para que me responda que tiene la agenda llena? Que lo invite Marta, o cualquiera de las mujeres que le besan los pies.

No le creo ni por un minuto que no dispone de tiempo. Se hace el importante conmigo. ¿Y si no se niega? Tampoco la pavada, que no lo voy a invitar a pasar la noche, sólo a un café, a la hora que él diga.

¿Cómo encaro a este tipo? ¿Qué haría él?

Para: igelb@editoraig.com
Asunto: Reunión.

Debemos tratar varios asuntos.
DR.

De: igelb@editoraig.com
Re: Reunión.

Es probable.
IG.

¡Hijo de tu…! ¡Ya estás en pose! ¡Te voy a seguir el juego!

Para: igelb@editoraig.com
Fw: Reunión.


¿Cuándo?
DR.

De: igelb@editoraig.com
Fw: Reunión.


Veo cuando tenga un hueco en la agenda.
IG.

¡Hijo de tu…! ¡Seguís en pose! ¡Vamos a ver quién gana!

Para: igelb@editoraig.com
Fw: Reunión.


¿Y eso cuándo es?
DR.

De: igelb@editoraig.com
Fw: Reunión.


Veo mi agenda y te aviso.
IG.

¡Hijo de tu…! ¿Creés que voy a insistir? ¡Vos te lo perdés! Si querés verme; ¡jugate! ¿Te vas a quedar con las ganas?

Jamás me ha vencido un petulante. Me tengo fe. ¿Por qué él sería el primero? Nunca me vencen. Nunca.

De: igelb@editoraig.com
Fw: Reunión.


Miércoles. ¿Dónde?
IG.

¡Bingo!

Para: igelb@editoraig.com
Fw: Reunión.


¿Te gusta la Ciudad Vieja?
DR.

De: igelb@editoraig.com
Fw: Reunión.


Me gusta.
IG.

Una pequeña calle que nace en el teatro más importante de Montevideo. Un viejo boliche montevideano. Una arquitectura contemporánea en un edificio histórico de 1844. Una insignia de un barrio y de una ciudad en esa particular esquina de la Ciudad Vieja, parada obligada de gente del teatro y de cuánto intelectual ande por ahí. Un ambiente penumbroso. La continuidad de lo esencial. Flota un tango que apacigua el rumor de tazas y vajilla.

Son las luces en la noche, es el bar, los “expresos de medianoche”… es el tango.

La ciudad empieza a olvidar el bullicio de un día laboral para adentrarse en la noche. Él abre la puerta de vidrio y entramos. Nos sentamos en una mesita redonda de madera, en sendas sillas de viena.

Lo percibo fatigado, con la mirada perdida, hoy sus bellos ojos celestes  parecen estar tristes. No ha traído ni el abrigo gris, ni el impermeable beige, sólo un saco azul, sin corbata.

-¿Qué querés tomar?
-Un café con crema.

Él pide un whisky.

-¿Alguna vez bailaste un tango?- le pregunto.
-No.
-Yo tampoco.
-Deberíamos.
-Deberíamos.
-Fuera de los muros…
-Un lugar de pertenencia…
-Que no se debe abandonar…
-Ni traicionar…
-Ni olvidar, sería casi como un desengaño amoroso, aunque parcialmente cierto.

No esperaba que me hablara de amor. Menos aún de desengaños amorosos. Un contraste con el hombre duro, emocionalmente restringido, que ahora se abre para mí, mostrándome todo su interior y la profundidad de su sufrimiento.

Se le descuelga una lágrima imperceptible, y para mi sorpresa, llora en silencio ante mí.

Le es tan difícil hablar de sus emociones en un mundo en el cual los hombres no deben llorar ni exponer sus sentimientos.

Me habla de su deseo por mí, sublimado por mi sensualidad y de la tristeza y la melancolía que eso le provoca sumiéndolo en un estado permanente de insatisfacción.

Se siente solitario en una tierra extraña, y me dice que ahoga lo que yo le provoco en sexo y más sexo. -Estoy lleno de resentimiento erótico por la añoranza de una mujer, sólo escribo poesía.

¿Poesía? Tampoco esperaba que él fuera un poeta.

-Creo sin pensar- dice. -Sólo en la creación puedo abandonar a la razón.
-Sin creación no hay vida.
-Sin razón, la vida sería un caos.

Y me presenta a un poeta escondido atrás de un Blackberry.

Anna Donner Rybak ©2012




16.10.2012 12:18

XVII

De: Istvan Gelb
Asunto: Renuncia.

Debemos tratar varios asuntos.
IG

Para: Istvan Gelb
Re: Renuncia.


Si bien “Debemos” es una conjugación del futuro, pronombre omitido “nosotros”, suena a una suerte de plural imperativo.  Deberías de saber a estas alturas que yo no estoy acostumbrada a recibir órdenes. Así como vos no estás acostumbrado a escribir “amar”. Pero quizás en otra vida, si te interesa hacer uso de tan bello vocablo, no está de más recordar su uso gramatical:

El verbo AMAR

PRESENTE
yo amo
tú amas
él ama
nosotros amamos
vosotros amáis
ellos aman

FUTURO
yo amaré
tú amarás
él amará
nosotros amaremos
vosotros amaréis
ellos amarán

CONDICIONAL
yo amaría
tú amarías
él amaría
nosotros amaríamos
vosotros amaríais
ellos amarían
             
Vos no sos capaz de amar en ningún modo distinto al CONDICIONAL. Sólo a vos mismo.
DR

Siempre he sido una acérrima opositora de las actitudes y comportamientos de quienes discriminan o minusvaloran a las mujeres por considerarlas inferiores con respecto de los hombres. De quienes gozan  privándolas de sus libertades.

¡Y tienen la osadía de justificar estas atrocidades “en el nombre de Dios”! ¡Hipócritas!

Los relatos bíblicos del Génesis abogan a que “en el comienzo”… Como si a ellos les hubiese estado dado el derecho de amputar la dimensión tiempo. ¿Qué sabrán acerca de lo acaecido en un tiempo anterior al presente? Nadie sabe a ciencia cierta acerca del pasado. ¿Quién está en condiciones de probar de que antes del comienzo del “mundo de la Biblia”, no hubiera existido una civilización próspera que luego fue exterminada?  Señales de vida temprana pueden ser encontradas años más tarde: baterías, naves aéreas, microondas, artefactos que son una suerte de prueba de que existió una vida de extrema inteligencia antes que la nuestra y mucho antes del diluvio de Noé.

Claro que la religión siempre ha tratado de aplastar las investigaciones, y eso no debería de sorprender, que todo lo que sea voluntad divina se acata, jamás se lo cuestiona, es “su” voluntad.

Ellos. Ellos amputaron la dimensión tiempo con el cometido de que nadie pueda acceder a la verdad, no a la divina, a la otra.

Lo que estos negadores desean es ocultar el conocimiento; negarlo. Que el conocimiento es poder. Y ellos no quieren perderlo. No quieren cederlo en su afán de dominar, conquistar, avasallar, y pisar los derechos de las personas.

Como Istvan.

Ellos; que nos han robado el pasado como un secreto de su propiedad.
Ellos, que vetaron a la ciencia para que no nos proveyera de explicaciones.
Ellos, que intentaron que no se contrapongan sus conceptos “negativos” contra las verdades espirituales  y tuvieron el descaro de encargar su definición  a Dios.

Sumida en estas cavilaciones, de pronto recordé las palabras de un profesor de teología:

Excavando en los códigos de la Biblia descubrí que hubo previamente una próspera y avanzada civilización tecnológica en la tierra y que dada su rebelión contra Dios, el Altísimo, fue aplastada, siendo este hecho la causa de la completa destrucción de la tierra”.

¿Acaso Nietzsche no ha elaborado la teoría del Eterno Retorno? 

Contrariamente a que una cosa sucede a la otra, y a ella la siguiente, y a que las cosas que quedan en el pasado son irrecuperables, y que ya no “podrán darse más”, exceptuando las personas que creen en la inmortalidad del alma y afirman que sus seres queridos pueden retornar, que podrán recuperarlos; nadie ha defendido que otros objetos insignificantes puedan recuperar su existencia, como la piedra con la que se suele tropezar o el vaso que se suele romper.

El carácter de la irreversibilidad del tiempo, sostiene Nietzsche, se debe a la influencia del pensamiento cristiano. Así, el cristianismo introduce una visión lineal de la historia y del tiempo, una visión que establece un sentido en la historia, sentido que se expresa en la idea del progreso: la historia comienza con la creación.

Sin embargo, las tesis de Nietzsche relativas al tiempo son radicales.

La tesis del Eterno Retorno sostiene que TODO se repite un número INFINITO de veces: las personas que conocemos volverán a estar presentes, también el resto de los seres (animales, plantas y objetos inertes), volverán las mismas cosas con las mismas propiedades, en las mismas circunstancias y comportándose de la misma forma, dado que la cantidad de fuerza que existe en el universo es FINITA, y dado que el tiempo es INFINITO, el modo de combinarse la fuerza para dar lugar a las cosas que pueden ser interpretadas es FINITO.

Pero una combinación FINITA en un tiempo INFINITO, está condenada a repetirse de modo INFINITO.

TODO se ha de dar no una ni muchas, sino INFINITAS veces.

¿Qué haría Istvan ante la aparición de un demonio que le anunciase que su vida, tal como la vive él en la actualidad, deberá revivirla una serie infinita de veces y que no habrá nada nuevo en ella, sino que cada dolor y cada alegría, cada pensamiento y cada suspiro volverá a vivirlo con la misma secuencia y orden?

¿Y qué debería de hacer yo?

las personas que conocemos volverán a estar presentes

volverán las mismas cosas con las mismas propiedades en las mismas circunstancias y comportándose de la misma forma

¿Acaso él y yo hemos tenido algo en el pasado? ¿Por qué siempre se apodera de mí esa extraña sensación de que lo he visto en alguna otra parte? ¿Lo conozco de antes?

Sus ojos celeste oscuro, impenetrables, desconcertantes; yo he visto esos ojos. ¿Dónde?

Quizá, siendo dueña de un reposo que evita mi fatiga, o representando fantásticas imágenes de sucesos…


Istvan está sentado en mi sala. Lleva puesto un impermeable beige, y no se desprende de su Blackberry. Creí que le había quedado claro que no me interesa nada que venga de él. Adivinándome el pensamiento, dice:

-Sos muy valiosa. Muy inteligente. Muy leal. Extremadamente sensible a la mediocridad. Quise venir a decírtelo personalmente.
-Ya ni sé quien sos. Cada vez sé menos. Muchas veces siento que me ocultás cosas, que no me decís toda la verdad.
-¿Qué verdad?
-No podría nombrarte una situación concreta, pero siempre me invade un sentimiento de que hay algo oculto, es más fuerte que yo… Detrás de esa actitud que tenés, siempre con tu Blackberry en mano, siempre con la agenda a full, se esconde un ser frágil y temeroso.  No sos lo que mostrás. Tu pose de soberbia no es de verdad. Por eso siempre querés tener el control. Por eso no permitís que nadie traspase tu armadura. Eso te da seguridad. No querés que nadie vea la melancolía que hay en tu mirada. No querés que nadie sepa que te sentís solo. No querés que nadie sepa que te sentís incomprendido. No querés que nadie sepa que sentís que nadie es capaz de comprender tus concepciones del mundo. No querés que nadie sepa que estás… irremediablemente… SOLO.
-No confundas mentira con cautela- es todo lo que dice.

Anna Donner Rybak ©2012




12.10.2012 10:22

XVI

De: igelb@editoraig.com
Asunto: No.


No dejes de tocar el piano.
IG.

Siempre me han irritado los actos carentes de lógica o de sentido común. Los hechos absurdos, sin sentido, inútiles. Las actitudes de las personas presumidas. Las que quieren representar un pobre papel. Las que realizan acciones inexplicables “como quien no quiere la cosa”. Las cosas sin orden ni concierto. Los que aparentan lo que de verdad no son.

-¿No te has enojado siempre con eso? – inquiere la voz de mi conciencia. ¡Tenés razón! Al diablo con este individuo. Y es entonces que ella se manifiesta en toda su plenitud, se deja ver en forma inesperada, sale de donde se hallaba quizá perdida u oculta, cobra existencia y me presenta con vehemencia a mi ser.rebelde.

¡Se acabó! ¡Petulante! ¿Quién te creés que sos? Considerate feliz de haber establecido el record guinnes del tipo que consiguió que yo cometiera actos irreflexivos.  ¿Lo disfrutaste? Más te vale. Ahora sólo te vas a quedar con el recuerdo…

¿La revista? ¿Qué revista? ¡Qué me importa! Si me despiden, busco empleo en otra. Que yo confío plenamente en mis capacidades si se me permite la soberbia.

-¡Al fin!- festeja mi conciencia, anonadada de que acabo de abandonar el conjunto de los zoombies.

¡Me dedicaré a escribir sobre el abuso del machismo! ¿Qué hago yo en una revista de morondanga? ¿Por qué les regalo a esos crápulas mi experiencia y mi conocimiento?

Y repentinamente, quizá fruto del conocimiento proveniente de algún tipo de intervención divina un pequeño farol ilumina las calles de piedra.


Al batracio que tengo por jefe se le salen los ojos de las órbitas; producto de un sentimiento tan grato, tan vivo, que caigo en la cuenta de que está tarareando:

Ayúdame Freud
Será doctor
que el chaleco de fuerza
aun sigue atando mi cordura
que mis complejos
aun no rasgan su costura
o será que la mujer perfecta
 que me construyo mamá
es muy grande de estatura


¡No! ¡No puede ser tan imbécil!

“Ella vive conmigo en mi inconsciente
ella es dueña de mi pasado y mi presente
su morada es mi falta de seguridad
y su comida mi ansiedad
Ayudame Freud”


¡No! ¡Es más que un imbécil!

“Ella pisa cada uno de mis pasos
bebe el vino junto a mí
y del mismo vaso
ella es la mujer perfecta
que me construyo mama
y esta jodiendo mi psicología”


¡Ya estás jodido; belinún!

Más nabo no podría ser, ¡le gusta Arjona! ¿Sabrá quién es Freud? ¡Qué sapo patético! Seguro que se ha hizo toda la película con Marta, ay, qué divino sería decirle que Marta es… ¿cómo llamarla? … que Marta es… ¡qué Marta tuvo sexo explícito con el presidente y la vieron desde muchísimos ventanales! Seguro que ni se lo imagina… pero hoy no he venido a hablarle… de eso precisamente.

De pronto me lanza una mirada de  “sé lo que hiciste el verano pasado”… decido improvisar un número, y pongo cara de miedo.

Por Dios, mi cara le acaba de otorgar un poder casi divino:

-Tenemos que hablar Dafna, vení a mi oficina.

¿Cómo? ¿No quiere lucirse con Marta a la hora de torturarme? Seguro que quiere. Pero la ansiedad ha desbordado al batracio. ¡Ahora él es un ser supremo, creador del universo, todopoderoso, omnipotente, omnisciente!

Se hace el misterioso, toma asiento muy lentamente en su sillón de jefezuelo rastrero, realiza un ademán que es una suerte de revelación de que ha ocurrido un suceso fatal…

Toma aire, como si estuviera a punto de largar una maratón, y dice con voz de circunstancia:

-Como sabés, Dafna, desde que Marta está a cargo de la revista, las cosas ya no son como antes…

No respondo y eso lo anima.

-Ayer Marta y yo estuvimos reunidos hasta muy tarde…

Claro que estuviste reunido con ella, si te hiciste mil películas y por eso estabas emitiendo sonidos guturales como una suerte de cántico matinal… vos solo podrías cantar en la ducha, imbécil. Sigo en silencio…

-Quisiera hablar contigo… - lo interrumpo.

Verle los ojos ya resulta un espectáculo embriagador. Goza  alborozado, creo que está esperando que le haga una suerte de súplica, se siente un amo y señor  en las puertas del Olimpo.

-Estabas advertida, Dafna. Marta y yo te advertimos. ¿No fuimos claros contigo? ¿No te explicamos que las cosas ya no son como antes? ¡Ahora no vale llorar! Perdón, ¿querías decirme algo?

Asiento.

-Vine a presentarte la renuncia.

De pronto, la sonrisa bufonesca que adorna el rostro del batracio se hace humo. Abre los ojos como el dos de oro.

-¿Con todo el trabajo que hay? ¡No le podés hacer eso a Marta!-ruge la bestezuela.

¿Qué yo no puedo hacerle “esto” a Marta? ¿Pero quién se ha creído que es? Claro, imbécil, cuando le digas a Marta que me voy no le va a gustar nada, que la única idiota que mete acá soy yo. ¡Chupate esta mandarina!

-¿Conseguiste otra cosa? – se va regocijando el batracio, con muchísimas ganas de emprender una cruzada libertadora para impedir mi renuncia.
-No; por mi cuenta.
-¿Te atreverías a montar tu editora? – dice con tono mordaz.
-Estuve investigando un poco…
-¿Te parece que ese puede ser tu negocio? – sigue burlándose.
-Me gusta el reto de una editora independiente.

El tipo no se lo puede creer. Se lo percibe aterrado, yo seré la culpable de su resta de puntos con la infame de Marta, ¡Andá a cantar ahora, nabo! Parece haber quedado apabullado, y aprovecho para hacerme humo.

-Me tengo que ir, suerte.

No me responde el muy maleducado. Me levanto y me dirijo hacia mi escritorio. Mis adorables futuros ex compañeros se han transformado en estatuas. Me contemplan obnubilados. Busco una caja de cartón y junto carpetas  y material que no me gustaría regalarles. Al cabo de una hora ya he recogido todo.

Y cuando levanto la mirada ahí están sus ojos celestes penetrándome por entero. Mantengo la mirada en alto. Sus ojos celeste oscuro, impenetrables, desconcertantes; ya no me intimidan. He vuelo a ser yo. Muy erguida hago de cuenta de que él no existe, y simplemente abandono la oficina. Para siempre.

¡Se acabo! ¡Al diablo con Marta! ¡Al diablo con el batracio, ya me lo imagino amarrado y esposado y a Marta con el látigo en mano! ¡Un esclavo sexual! ¡Pagaría por verlo así! Y caigo en la cuenta de que me voy riendo a solas en medio de la vía pública. ¡Qué espectáculo resultaría presenciar al gusano todo acorralado y a Marta dándole con una fusta!

Es una mañana soleada. No podría estar de mejor humor.  Ya no me hallo en guerra, no estoy en medio de ningún enfrentamiento, no tengo riñas pendientes; que entre los humanos ha de reinar la paz.

Me he reconciliado conmigo. Me invade una sensación de calma, de sosiego del espíritu…

¡Al diablo con las faldas y los tacones! Amo mis Levi’s gastados. Me siento tan feliz, tan libre… Bailo descalza, canto, salto, apenas llegada a casa he depositado la caja de cartón en suelo, no arruinaría por nada del mundo  mi día desarmándola.

Es entonces que recuerdo que se está por lanzar un libro que me interesa. ¿Cuándo era? Enciendo mi laptop.

De: Istvan Gelb
Asunto: Renuncia.

Debemos tratar varios asuntos.
IG

¡Ya no! ¡Ya no trabajo para vos! Y sin más ni más, borro el email.

Anna Donner Rybak ©2012




10.10.2012 14:40

XV

“¿Qué es lo que tanto te acongoja?””¿Por qué tu mirada está llena de melancolía?” “¿Por qué te mostrás tan frío si te leo como un niño asustado?” “Ay, chiquito…” “Ay, chiquito…”“Ay, chiquito…”“Ay, chiquito…”“Ay, chiquito…”“Ay, chiquito…”

Despierto sobresaltada. Bañada en transpiración. ¿Él asustado? El inconsciente lo transforma todo, incluso al omnipotente en débil. ¿Será que en mi fuero interno yo desearía que él fuera débil para así poder hacerlo sonreír?

Todo lo que concierne a Istvan se me presenta rodeado de un manto de oscurantismo el cual me es difícil de atravesar. Al menos a mí. Quién sabe a las otras. Quizá a ellas les otorgue una llave de acceso divina a su mundo íntimo.

Lo que resulta inminente es que mi vida ya no es la misma desde que él se me apareció aquella primera vez, como salido de adentro de la tormenta.

¿Qué hora es? ¡Maldición! Ya es el mediodía, me he quedado dormida. La infame de Marta no perderá oportunidad de escrutarme este hecho de aquí a la eternidad. Ya ha pasado casi un mes desde que ella asumió la dirección de la revista. Parece que entre ella y el batracio malnacido que tengo por jefe me han elegido como chivo expiatorio. Si la revista no sale a tiempo, la culpa es de Dafna, si algo no ha quedado bien, la culpa es de Dafna.

Jamás me retiro antes de las 21. Ellos disfrutan tanto de esta sobre dedicación sin remuneración que me imponen, la gozan con un regocijo similar al clímax.

¡Al diablo con ellos! A esta hora no les avisaré nada. Que me despidan. El acoso laboral del cual estoy siendo víctima le está trayendo serias consecuencias a mi salud. Estoy durmiendo menos horas que las necesarias. Me hacen sentir nerviosa a lo largo de toda la jornada laboral, ¡al diablo con ellos!

Istvan nunca más ha pasado por la revista. Resulta lógico. Si antes de presentarse nunca había ido, y era el presidente; ¿por qué habría de ir ahora?

Desde que me ha anunciado que ha adquirido el inmueble que diviso desde mi ventana, como una autómata observo todos los días la ventana de enfrente. Pero no parece ser la única propiedad de Istvan, al menos nunca más vi allí luz desde que estuvo con Marta, la víspera de su presentación como encargada de la revista.

Claro que él puede permitírselo, es obvio que habita en otra parte de la ciudad que me está vedada. Quizá ha adquirido una propiedad para disfrutar a cada una de sus conquistas. ¿Habrá adquirido la vivienda de “la ventana de enfrente” para disfrutar con Marta? ¿Existen otras viviendas? ¿Existen otras mujeres?

Nuevamente me ha invadido la desazón. Me resulta insoportable pensarlo en brazos de otra, besando a otra. La razón me ha abandonado, ¿qué se ha creído? Cuando más la necesito, ella se toma “licencia”; he de amonestarla.

Estoy a merced de sensaciones apasionadas, caigo en la cuenta de que una lágrima se me descuelga. Tranquila- dice la voz de mi conciencia- estás sometida a mucho stress, aprovechá este día para descansar.

Ella tiene razón. Eso haré, descansaré, por momentos quiero hacer de cuenta que él nunca se me ha aparecido desde adentro de una tormenta, deseo olvidar, me es imperioso olvidarlo. Al menos en los momentos íntimos. ¿O no han existido? Nuevamente la duda se instala en mí.

Aparto el edredón y procedo a incorporarme. Aprovecho el “día libre” para darme una ducha caliente sin prisas, lavo mi cabello como una suerte de purificación y me baño y me aseo y me enjuago de él; quizá necesite de este  ritual para dejar de pensarlo…

Debería de viajar a Safed… debería de trepar una montaña y someterme a una experiencia celestial en esta antigua ciudad de Galilea, la más alta de Israel, debería de envolverme con un papel místico . . . debería  deambular por esos callejones entre casas de piedra… quizá allí pueda lavarme de todo secreto, quizá el baño sagrado pueda enfriar mi cuerpo, quizá algún misterioso poder haga que me transforme en una estatua de hielo y eso me otorgaría la tan ansiada  inmunidad ante él… ¡Cuánto la necesito!

Quizá debería someterme a los comportamientos que rijan alguna sociedad conservadora ligada a preceptos y dogmas, debería de dar un giro y someterme a una vida de observación marcada por parámetros y momentos inamovibles tal como rigen en determinados círculos. Prácticas religiosas, textos sagrados, como un camino de sacrificio y purificación.

Quizá debería de ir a un seminario para mujeres para un mejor conocimiento de los principios religiosos… todo eso en un ámbito social marcado por la jerarquía de la voz masculina, los mandatos familiares, por la obligada proyección al casamiento  con el elegido… ¿Podría yo soportar estar en Safed, una de las ciudades santas de Israel?

Desde la aparición de Istvan en mi mundo, se ha instalado en mí de modo perenne una infinita sensación de pérdida.

Me siento al piano. Me dejo ser. Mis dedos se desplazan por las teclas y yo soy una mera observadora, una mera escucha. Siempre me ha aliviado y transportado el hecho de hacer música, me ha llenado de adrenalina, resulta similar a tocar el cielo.

La tarde va cayendo y se encienden las primeras luces de la ciudad. De pronto quedo inmovilizada.

La luz de la ventana de enfrente se ha encendido. Diviso el sofá colorado en forma de “L”.

Caigo en la cuenta de que se me ha acelerado el pulso.

“¿Cómo volver a sentir esa vibración? ¿Será que Dios nos concede sólo un instante de placer y una eternidad de rutina?”

“Nunca tuve tanta sed de nadie, es el designio de Dios” Te quiero solo para mí” ” No beses a nadie hasta que yo te vea” “La sed prevalece”

De pronto, un desasosiego me paraliza. Diviso, paseándose por la sala, a una mujer. ¡No; no se trata de Marta! Qué tonta sos- dice la voz de mi conciencia.

Espero frente al ventanal. Sin embargo parece  que  la mujer está sola. La observo. Tiene cabello lacio y platinado. Qué mal gusto. Por Dios. Lleva un albornoz de seda roja, que revela un engañoso pudor  que se impone a su desnudez. A lo que vendrá.

Sus labios son una invitación a la lujuria, protagonizan todos sus gestos y es obvio que ella los usa como una poderosa arma de seducción; no parecen ser naturales. Se nota que se los agrandó horriblemente.

Qué extraño. Lleva tacones tan altos como los que tenía Marta. ¿Los tacones que tenía Marta? Unos stilettos con un taco de quince centímetros y plataforma, colorados y de charol. ¡Estos son idénticos! ¡No es posible! ¿Será que él los compra? ¿Para todas? Qué decepción.

Y paradójicamente, me invade nuevamente ese desasosiego de pensarlo con esta mujer. De pensarlo con Marta. ¡No es posible que seas tan tonta!- grita mi conciencia. ¿No sabés que él es un mujeriego? ¿Desde cuándo te dejás someter un alguien como él? – Tiene razón.

La ira va prevaleciendo sobre la congoja. Espero por Istvan pero él no aparece. ¿Ellas tienen las llaves de su casa? ¿Las aloja?

De pronto, ratifico que nada sé del hombre que por momentos deseo y por momentos odio.

¿Es posible desear y odiar? ¿Cuál es la frontera entre el deseo y la ira?

La mujer rubia vulgar se pasea como el ama del hogar, se siente dueña. Trato de no sacar conclusiones apresuradas. Quizá él le ha prestado el departamento a su amiga y es tan solo eso.

Una suerte de alivio comienza a apoderarse de mí, mientras sigo contemplando a la mujer vulgar, que ha encendido un cigarrillo. Bien de turra.

¿Acaso son tontas? ¿No saben que así nunca serán valoradas? ¿Que sólo serán utilizadas como objetos sexuales? ¿Acaso pretenden pasar a tener algo serio con él de ese modo? ¡Párvulas! De pronto siento lástima por ellas. Ha de resultar degradante ofrecer sexo a cambio de amor.

Aterrizo y quedo inmovilizada. El está mirándome desde la ventana de enfrente mientras fuma.

Su mirada inescrutable. Impenetrable. “¿Para qué me mirás si estás con otra?” Le debo de parecer una tonta.

Nuevamente, ante la posibilidad de decidir apartarme del ventanal, permanezco ahí rígida como una estaca.

La mujer vulgar se le acerca. El, con sus dedos diestros, le desata la bata, y la seda cae por el cuerpo de ella. Lleva un corpiño abierto por el que se le asoman los senos, pero de diferente color del que llevaba Marta, portaligas, medias de red… y nada más. Parece que le gusta hacer arte con su vello público, lo tiene depilado con forma de corazón.

No sólo se agrandó los labios. Sus senos tampoco son naturales. Son enormes. Como los de Luciana Salazar.

De pronto percibo que él observa su reloj de pulsera. Algo le ha de haber susurrado a la mujer vulgar y ella gira noventa grados, quedando de espalda. Y se coloca en posición del “perrito”. Él, no pierde el tiempo. Solamente se desprende el cinturón y comienzan la consumación del acto sexual.

Es entonces que él, levanta la cabeza y me clava la mirada. ¡Sádico! ¿Disfrutás con esto? ¡Hijo de … !

Cuando vuelvo a tierra, la mujer ya se ha vestido y desaparece.

¿Cómo es posible confiar en alguien como él? Me encuentro absolutamente a su merced. En el trabajo. Y será tonto, pero siento algo muy fuerte por él también. – ¡Indudablemente sos una tonta!- se burla mi consciencia.

Estoy en el horno.

Y lloro.

Me siento al piano, y toco “Claro de Luna”.  Las teclas quedan bañadas de lágrimas.

Suena mi laptop.

De: igelb@editoraig.com
Asunto: No.


No dejes de tocar el piano.
IG.

Anna Donner Rybak © 2012



[1]  2  3  4  Siguiente >>
Inicio

Buscar
Buscar en ¿ Libertad de expresión ?

Sobre mí
Anna Donner Rybak nace en Montevideo el 21 de setiembre de 1966.Desde 1989 hasta 1996 es docente en UTU de Programación de Sistemas y de Lógica.En 1993 se recibe de Analista de Sistemas.Escribe desde 2000, diversos géneros: Cuentos históricos, cuentos de humor, Columnas de actualidad, Ensayos, Poesía y fantástico.

Categorías

Mis Links

Archivo


Contacto

¿Qué es RSS?