acerca de patrimonios varios
algunas reflexiones sobre nuestros "lugares de la memoria"

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MIS ARTICULOS

20.03.2016 17:08

 

El pasado 15 de diciembre la Asociación de Arqueología del Uruguay convocó a una Primera Mesa de Reflexión “a efectos de generar un marco para la discusión de temáticas que tienen que ver con la protección del patrimonio arqueológico”, encuentro en el que tuve el gusto y el honor de integrar el panel de expositores.

En el diario El País de la fecha (20 de marzo de 2016) se publica un extenso reportaje a Ruben Collado, no dejando dudas en cuanto al avance de los trabajos de “rescate”” del Lord Clive, en línea con el contrato que suscribiera con el Estado el 28 de febrero de 2015, al filo del mandato del ex presidente Mujica. Visto el silencio general sobre ese proceso de parte de los organismos con competencia en el tema, copio a continuación mi opinión sobre el mismo, expuesta en oportunidad de la Mesa antes citada.

Sobre la problemática generada ante la inminente extracción del pecio del Lord Clive

 Empiezo con una anécdota personal. Cuando en el entorno del fin de siglo ocupaba el cargo de Secretario de la Comisión del Patrimonio, en cada sesión había dos temas que me provocaban pánico: las solicitudes de Guías Aduaneras y de intervenciones en barcos hundidos. En uno y otro caso, debíamos tomar decisiones con carencias instrumentales de todo tipo y un marco de referencia legal y reglamentario en extremo precario. De eso da cuenta, con relación a los pecios, el artículo III del Decreto 306 / 2006, por el cual se dispuso "La suspensión de recepción de nuevas solicitudes de búsqueda promovidas por particulares y la baja de aquellas que estén régimen de espera”, haciendo constar Que el país carece de un marco legal específico que regule la gestión de ese patrimonio cultural subacuático, por lo que la experiencia recogida ha sido perjudicial desde el punto de vista del producto cultural y económico siendo necesario generar la normativa jurídica alternativa que permita un tratamiento adecuado desde el punto de vista científico cultural y económico (énfasis agregado)

La decisión congeló una situación problemática, pero la consecuente intención de generar una normativa jurídica alternativa no llegó a concretarse. Cosa curiosa, vista lo obvio de su urgente necesidad; tan curiosa como el hecho de no hacer la menor mención al texto de la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático, aprobada por UNESCO en noviembre de 2001, Convención en cuya elaboración Uruguay tomó parte activa, y que luego pudo ratificar, aceptar, aprobar, adherir o plantear enmiendas puntuales… pero nunca hizo nada de eso, desde 2001 hasta nuestros días (hablo de las decisiones -u omisiones- oficiales)

  Algo similar pasó con Colombia, que tampoco ratificó esa Convención, con la diferencia de que lo que entre nosotros fue una intención de aggiornamento legal -nunca concretada- de la práctica existente, en ellos fue objetivo cumplido, cosa que en estas semanas, tras el descubrimiento del pecio del Galeón San José en las proximidades de Cartagena, ha adquirido una difusión a escala mundial. En el año 2008 reformularon su ley de Patrimonio y en el 2013 adicionaron cláusulas específicas de “blindaje” sobre sus derechos del mar, incorporando una nota -seguramente polémica- sobre la asociación público-privada para la intervención de rescate y puesta en valor de los pecios existentes en su mar territorial.

Alguien ha dicho que la atención que el mundo pone hoy en torno a la situación del galeón San José habrá de extenderse a las costas uruguayas, apenas empiecen a emerger los vestigios -y los presuntos tesoros- del Lord Clive. Creo que será tal cual… pero no para bien de la imagen de nuestro país, sino todo lo contrario, porque el sorpresivo Decreto que ha hecho posible la intervención de Sr. Collado, suscrito por el presidente Mujica el pasado 26 de febrero -a dos días de finalizar su mandato- es ajeno a los consensos básicos que sobre la cuestión son hoy de dominio común, dentro o fuera de la Convención del 2001.

26/02/15  - SE AUTORIZA LA SUSCRIPCIÓN DE UN CONTRATO DE RESCATE DE LOS RESTOS, LA CARGA, EL ALISTAMIENTO Y CUALQUIER OBJETO DEL NAVÍO "LORD CLIVE" ENTRE EL ESTADO Y RUBÉN COL(L)ADO AMATRAÍN

Tal el encabezamiento del Decreto en cuestión. Si del texto puede inferirse que hubo una negociación con intención de evitar males mayores, solo la intención sería rescatable; el resultado es impresentable y no hay razón que lo justifique. La República debe reconocer sus compromisos, por errado que haya sido el contraerlos. Pero no debe caer en prácticas irresponsables. En este dilema estamos encerrados. Pero también, estamos obligados a resolverlo.

Adelanto mi opinión: la Resolución del pasado 26 de febrero debe ser revocada, y como antes pasó con Nuestra Señora de Loreto, el Sr. Collado podrá recurrir a la Justicia para defender sus derechos. En paralelo, Uruguay debería afirmar los suyos sobre el pecio, apoyándose en la misma argumentación que hace Colombia, y sobre esa base de afirmación soberana, se podrá invitar a las naciones involucradas en aquel acontecimiento histórico del verano de 1763 -Inglaterra, Portugal y España- para participar en la elaboración del Plan de rescate y puesta en valor, abriendo además la posibilidad de que la intervención en el sitio y las instancias sucesivas de musealización (en tierra y agua) se concreten en régimen de Asociación Público Privada sin que ello afecte los principios de valoración cultural del emprendimiento.

Habrá mucho que discutir y consensuar, pero Uruguay podrá dar ejemplo al mundo de cómo salvaguardar a la vez su patrimonio subacuático -con encuadre en los conceptos de gestión hoy asumidos a escala mundial- y los valores propios de su tradición republicana. Y lo hará con relación a un acontecimiento que es mojón de referencia en la historia de la Colonia del Sacramento, y como consecuencia, un enclave que da testimonio en las orillas del mundo de la lucha de un siglo entre los imperios marítimos de la época, verá su significación patrimonial incrementada.

  

IMAGEN DE PORTADA: foto que ilustra el artículo de Luis Prats publicado en el diario El País el domingo 20 de marzo de 2016, con este encabezamiento:

         De buzo profesional a buscador de tesoros, ahora su proyecto es reflotar un barco                              inglés cargado con oro, ya ubicado frente a Colonia, y convertirlo en  parque temático

Y bajo la imagen:

         “Soy empresario, aventurero y corsario”




01.05.2015 13:43

  

 

El PREMIO VILAMAJÓ, instituido en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República con el objeto de "estimular y difundir del modo más amplio, las actividades de creación de conocimiento en el campo de la Arquitectura y el Diseño", tuvo como uno de los trabajos seleccionados en la edición del año 2012 el presentado por Fernando Giordano, Gustavo Leal y Andrés Mazzini ("MONTEVIDEO Y EL GRUPO DE ESTUDIOS URBANOS. La reivindicación de la ciudad"). Con fecha 29.04.2015 se hizo la presentación pública del libro que contiene ese texto, más otros dos introductorios y un aporte complementario de once comentarios. Uno de ellos es el que aquí se transcribe.

 

El grupo de  Estudios Urbanos y su proyección en un tiempo que marcó un giro en nuestra historia (1980-1983)

        La próxima celebración del centenario de la fundación de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay (mayo 1914-2014) es buena oportunidad para realizar una valoración crítica del aporte realizado en ese período por arquitectos, ingenieros y constructores involucrados en el proceso de construcción y reconstrucción del escenario ciudadano. En ese contexto, la historia oficial ha desarrollado un relato preferentemente centrado en personalidades a quienes se atribuye, con razón fundada, un papel de especial relevancia. Un relato sin duda pertinente y particularmente valioso en cuanto hace referencia al trabajo de Aurelio Lucchini y su entorno -y no menos al de los actuales investigadores del IHA-, pero también en buena medida sesgado, en tanto mantiene en un cono de sombra -a veces densa, a veces tenue- procesos y experiencias que merecerían una particular atención en tanto “lugares de memoria”, diría Pierre Nora, que configuran en su conjunto e interacción, una “geografía” identitaria en la que sería fácil reconocernos.

     A título de ejemplo, poniendo el foco más allá del habitual terreno historiográfico, rescataríamos la significación que tuvo en su tiempo el múltiple protagonismo de Horacio Acosta y Lara (primer presidente de SAU y primer decano de nuestra facultad), la inmensa significación de Carré en la formación de nuestros arquitectos a lo largo de tres décadas, o el aporte de estudios de arquitectos que han dado al escenario urbano una calidad infrecuente (valga entre muchos el caso de Vázquez Barrière y Ruano). Hoy no cabe duda que entre esos “mojones” referenciales, ocupa un lugar de privilegio la rica experiencia del Grupo de Estudios Urbanos, presente todavía en la memoria y a un paso de entrar en nuestra mejor historia.

        Ese pasaje ya se está procesando. En estas líneas sigo recostado a la memoria -mi memoria- y trato de aportar una reflexión que se evade del campo estrictamente disciplinar para situar “el fenómeno GEU” en un momento dramático de nuestra historia reciente, cuando en ancas de una situación “controlada” y de un boom económico de corto pero sensible efecto, el proyecto continuista de la dictadura intentó institucionalizarse a través de un plebiscito, expectativa que el voto popular hizo abortar el 30 de noviembre de 1980, en jornada histórica que marcó el inicio de una transición -larga, compleja, problemática- hacia la reconstrucción democrática. La apropiación de ese pasado reciente sigue siendo conflictiva y los ensayos de interpretación varían tanto como las posiciones político-ideológicas de quienes los realizan. El tiempo hará su trabajo de equilibrar historia, memoria y realidad, pero sin esperar su avance, una  aproximación liberada de preconceptos nos mostraría un escenario de aparente consolidación de un modelo dictatorial con renovada carga “mesiánica”, con sustento en una coyuntura  económica favorable (el PBI tuvo en 1979 un aumento superior al 6%) y  en una represión selectiva que había casi invisibilizado todo signo de oposición. Un escenario de dominio totalitario -común además a la región- que negaba la tradición liberal-democrática de la República y  encubría delitos repudiables, era asumido por un porcentaje nada despreciable de la población como la consecuencia de un caos al que no se quería volver, y en esa perspectiva, visto como un mal menor, incluso tolerable a futuro (no por casualidad la votación por el SI alcanzó un 42% del total de sufragios)

        Hacia fines de 1980, la posibilidad de participar en un Congreso a realizar en Buenos Aires sobre “La Preservación del Patrimonio Arquitectónico y Urbanístico Americano” fue la causa ocasional de la constitución del GEU. La estrecha relación de la problemática abordada en el Congreso con la depredación a que estaba sometida la Ciudad Vieja, aseguraba la sostenibilidad de un emprendimiento encuadrable en los márgenes de una preocupación académica. Por supuesto que esa perspectiva tuvo en los años siguientes un desarrollo previsible y exitoso, pero esa sería una historia que interesaría a unos pocos. En realidad su significación fue notablemente más amplia, en tanto abrió un espacio de confrontación soterrada, discreta, elusiva… pero no por ello menos efectiva a la hora de empezar a trenzar hilos sueltos en la perspectiva de un “se puede ir a más”. El NO de noviembre del 80 ya lo había mostrado, Ahora había que consolidar el camino. Muchas manos se necesitaron para hacerlo, y en ese proceso, que tuvo otro mojón referencial en el monumental acto del Obelisco -en otro noviembre a tres años de aquel-, el aporte del GEU no pasaría desapercibido. ¿Cómo podría ser de otro modo si tanta gente se sintió convocada y comprometida con aquella campaña removedora, que hablaba de la ciudad y su gente, pero lo hacía a través de un mensaje en el que “subyacía y sobrevolaba” la convocatoria a una esperanza?

          Tal su mayor mérito, de donde se deriva la consecuente necesidad de extender a esta dimensión social y política el reconocimiento de que hoy goza a nivel de un enfoque patrimonial de la disciplina arquitectónica. Será justicia hacerlo.




26.04.2015 00:08

           

 

                        "LA GESTIÓN MUNICIPAL EN EL PROCESO

                          DE RECONSTRUCCIÓN DEMOCRÁTICA"

          SAU PREGUNTA:

          ARANA-FACELLO-LANZA- TOURNÉ, CONTESTAN 

         LUNES 24. 09.1984 / H. 19 Y 30 / TEATRO STELLA D´ITALIA

 

       En el segundo semestre de 1983 la Sociedad de Arquitectos del Uruguay había organizado un multitudinario congreso (“La problemática de la vivienda en el Uruguay”) a manera de balance de situación y perspectivas en el marco de un proceso -en ese momento ya inexorable- de transición hacia la recuperación de la convivencia en democracia. En esa misma línea, en setiembre de 1984, previo a las elecciones municipales se organizó un encuentro de los candidatos a Intendente de Montevideo en representación del Frente Amplio, la Unión Cívica y los sectores mayoritarios del Partido Colorado y el Partido Nacional, con el objeto “de profundizar en el conocimiento de las posiciones que sustentan los representantes de dichas colectividades políticas en relación al rol de la gestión municipal”.

     En el texto de la convocatoria se hacía explícita la intención que daba fundamento a la iniciativa: “La realización de esta reunión y los temas aquí propuestos, apuntan a definir un marco de referencia de grandes líneas de acción, siendo de nuestro interés afirmar las coincidencias que aseguren el más amplio apoyo para aquellas políticas que tiendan a corregir defectos y carencias, promoviendo un desarrollo equilibrado de las estructuras urbanas, un uso y una gestión democrática de la ciudad y un mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes, privilegiando a los que hoy están marginados de toda atención y de todo servicio”.

       La respuesta fue unánime y el encuentro que tuvo por sede el teatro Stella d´Italia se desarrolló en el nivel previsible dada la calidad de los participantes, sucediéndose las intervenciones en torno a cuatro temas centrales:
a)      Vista la polarización social por incidencia del valor de la tierra y la localización de servicios, la afectación creciente del patrimonio histórico y el deterioro del ambiente de vida de la comunidad, ¿cuáles serán las herramientas principales de una acción planificada para superar esa situación y qué papel jugarán en ella la política de tierras, la política impositiva y la normativa municipal?
b)          Asumido que al “derecho a la vivienda” debe sumarse “un derecho a la ciudad”: ¿cuáles serán los criterios orientadores de una política municipal que aliente esos valores?
c)          En el marco de una gestión democrática de la ciudad ¿en qué niveles y a través de qué mecanismos habrá de operar la participación ciudadana?
d)   ¿Cuál será la política municipal en relación a las situaciones de marginalidad?

         Al día siguiente, el diario “EL PAIS” daba cuenta en primera página de lo actuado -incluyendo la foto que copio en portada-, haciendo constar respecto a los puntos de coincidencia de los planteos de los expositores:”Podemos adelantar que todos ellos están decididos a efectuar cambios profundos a partir de febrero próximo…”. Han pasado más de 30 años, tiempo suficiente para sacar conclusiones sobre el grado de cumplimiento –o apartamiento- de las expectativas de aquellos días.  Mediando las próximas elecciones municipales, circunstancia adecuada para rehacer balances, confrontar propuestas y consensuar las principales líneas de gestión para poder confiar en un mejor futuro para la ciudad y su gente, cabría pensar en volver al Stella d´Italia. ¿Pero habrá ahora preocupados convocantes y diligentes convocados? No parece haber respuesta positiva...


IMAGEN DE PORTADA: foto que encabezara la primera página del diario “EL PAIS” de fecha 25 de setiembre de 1984, con la siguiente referencia:
"En la reunión de ayer se observa (de izquierda a derecha) a los representantes de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay, Arq. A. Baptista (Pte.) y Arq. Nery González, junto a los candidatos a Intendente (y sus asesores): Arq. F. Seré, Dr. A. Lanza (P. Colorado); Arq. J.P.Terra, Arq. M. Arana (Frente Amplio); Arq. M. Facello, Arq. García Pardo (Unión Cívica); Dr. Uruguay Tourné y  Arq. E. Lesa (P. Nacional)"

 




18.04.2015 23:45

           

 

Cuando el 18 de julio de 1830 la naciente república situada al oriente del río Uruguay, celebraba -parto inducido mediante- su formal constitución, el total estimado de quienes vivían dentro de sus fronteras, incluidos los maltratados aborígenes de varias etnias, apenas alcanzaría hoy para llenar el estadio Centenario. Ochenta años más tarde el país llegaba al millón de habitantes, la tercera parte de los cuales residía en la capital, donde los emigrantes e hijos de emigrantes sumaban más que los criollos. Ese bullente melting pot común a las ciudades-puerto del Plata habría de adquirir en Montevideo un “sabor” específico, en sintonía con la trajinada historia de la ciudad y no en menor medida, con las aspiraciones propias de los “nuevos tiempos” que siguieron a los muy duros de “la tierra purpúrea”, extendidos hasta la paz de Aceguá (setiembre de 1904) Y esas variantes de la matriz común se harían sensibles tanto en la vida política como en el escenario urbano, ambos en proceso de transformación acelerada apenas José Batlle y Ordóñez asumiera su segunda presidencia.

       Volviendo a aquel lejano acto fundacional, el relato de Isidoro de María y el dibujo de Besnes e Irigoyen -testigos del acontecimiento- nos ilustran sobre el momento gozoso en “que un gentío inmenso llenaba la plaza en sus cuatro costados, los balcones y azoteas, sin perdonar ni los tejados de gran parte de ella”. La plaza que fuera el centro cívico de la ciudad colonial -y también cotidiana “plaza de la verdura”- lucía entonces “con magníficos arcos triunfales en las cuatro esquinas, y el gran tablado levantado en el centro, con sus escaleras, una con frente al Cabildo y otra a la Matriz”. Nacía un nuevo tiempo, pero el escenario de la representación de ese tránsito -espacio público apropiado con ánimo a la vez solemne y festivo- no renegaba de la presencia del pasado, en tanto se asumía y reafirmaba la centralidad simbólica de “la plaza mayor”… sin perjuicio de promover la inmediata demolición de las murallas que ahogaban el crecimiento de la ciudad.

     A un tiempo, se daba continuidad a estructuras heredadas, se borraban algunas huellas y se “reescribía” sobre otras (el Cabildo -todavía en obra- ya no era el que fue, abolida su función primitiva y transformado en sede de las Cámaras Legislativas) El territorio empezaba a funcionar -diría el suizo Corboz- como un palimpsesto, sin perder las referencias básicas de un suelo original, cuyas trazas principales son legibles aun en nuestros días. Sin perder tampoco la huella persistente de los caminos, modelados por la historia y la topografía del sitio. El suelo urbanizado se fue extendiendo desde la península, cuidando -Zucchi mediante- de conformar una centralidad lineal acogedora de los atributos simbólicos del nuevo Estado, escenario (en sentido estricto) de los acontecimientos celebratorios, festivos o luctuosos que marcaron el devenir de los tiempos.  

     Perdido ya todo vínculo con el ordenamiento indiano, el amanzanamiento regular creció y dio un salto hasta la ladera del Cerro, se dispersó en el frente oribista durante la Guerra Grande, y luego, al impulso de las migraciones y de una coyuntura internacional favorable, fue retejiendo una trama abarcadora de un amplio espacio en el que empezaron a incidir proyectos y operativos de regulación urbana, más la incorporación de nuevos programas que consolidaban el protagonismo -desequilibrante- de la ciudad en el territorio. La crisis capitalista del año 90 y más tarde los efectos de la guerra civil frenaron esos impulsos,  pero su renacimiento ya era sensible en tiempos de Williman, cuyos referentes icónicos, el Puerto, la construcción del Palacio Legislativo y el Palacio de Gobierno, más “la Gran Avenida Central” -sueño incumplido de Batlle-, marcaban la agenda pública  y generaban duros debates acerca de las prioridades de inversión.

 Lugar de ciudadanía

        En ese contexto de expectativas no siempre consensuadas, tal vez pudo sorprender -hoy sorprende- el texto de un comunicado hecho público en el número de julio de 1910 de la revista de la Asociación de Ingenieros y Arquitectos del Uruguay, donde más de 70 egresados de la Facultad de Matemáticas, “unos afiliados a los partidos tradicionales, y otros sin estarlo a partido alguno” expresaban “su más viva simpatía” por la candidatura presidencial de Batlle. Y exponían un sentimiento: el estar ayudando a gestar un tiempo de cambios que pondría al país en la senda de un avance progresista hacia un horizonte de equidad. Confiaban en Batlle como conductor político, pero siendo ellos constructores de la ciudad, no separaban una cosa de otra. Batlle tampoco, movido por la ilusión refundadora de convertir a Montevideo en “la ciudad modelo” del país “avancista” pergeñado en el interregno entre sus dos presidencias.

       El primer movimiento en el tablero fue la convocatoria a un concurso internacional para el reordenamiento del área delimitada por el Camino de Propios y el arroyo Miguelete, promoviendo el trazado de avenidas, parques y plazas, más la ubicación de 15 edificios públicos, con una visión global e integradora que marcó un antes y un después en la  gestión de la ciudad, orientando las acciones de su futuro desarrollo. Si bien el Plan Regulador del año 12 y el Plan Fabini de fines de los años 20, se inscriben en esa perspectiva, los resultados concretos estuvieron por debajo de las expectativas generadas y decenas de programas incumplidos aun nos pesan (caso del ensanche frustrado de la actual Fernández Crespo) Pero el paisaje de la ciudad renovada por un esfuerzo en su origen convergente entre políticos y técnicos, asumió el carácter republicano de “lugar de ciudadanía”, con notorio privilegio y calificación del espacio público. Y hablo de un espacio público a la manera del italiano Noli, incluyendo las áreas semi-públicas accesibles al costo de un café.  Esto es, la plaza Cagancha, monumento, calle y veredas, más la gran ventana de Sorocabana y las tertulias en los bares de su entorno, y así por todo 18 de Julio, desde Ejido hasta el “Bulevar Sarandí”. Un escenario multiplicado, a su escala, en cada barrio (porque valga el ejemplo, también Gral. Flores desde la facultad de Medicina hasta Garibaldi, era otro “18”). En 1941, el extenso reportaje fotográfico que Hart Preston hace para la revista Life nos remite a esos lugares y esos tiempos en los que se fue modelando lo mejor de la ciudad que hoy tenemos.

     Las amenazas sobre el equilibrio de aquel espacio “hiperintegrado” empezaron a hacerse sentir cuando  en los años 50 operaban en el mercado inmobiliario dos tensiones opuestas: la tentación de la costa para los sectores de mayores ingresos y el “terrenito en cuotas” en Vistalinda, El Dorado u otros lugares que alejaban del barrio -y del trabajo- a sus moradores más modestos. Dos leyes “progresistas” apuntalaron ese proceso: la de “Propiedad Horizontal”, haciendo posible la densificación de las áreas de mayor demanda solvente, e impensadamente la de “Centros Poblados”, que intentando racionalizar los procesos de extensión de la trama urbana, terminó generando -calamitoso descontrol mediante- un mercado de tierras, “habitables” en sentido propio, solo en el papel de una propaganda engañosa. Al final de la década, quedaba claro que el país entraba en un tiempo de cambios profundos. Eso se hacía sensible en lo político, y no menos en el escenario urbano, cada vez más alejado del imaginario integrador que había alentado la particular “concertación” de principios del siglo.

 Memoria y renovación

     Hoy, ya lejos de las turbulencias que marcaron un tiempo de transición hacia un futuro todavía incierto -no otra cosa es esperable en estos tiempos de globalización posmoderna-, cuando muchos hijos y nietos de emigrados son padres o abuelos de emigrados; cuando lo que quiso ser “espacio de todos” se ha convertido en lugar problemático y la fragmentación socio-territorial alienta estrategias de sobrevivencia “sin el otro”, parece haber poco lugar para la recuperación de viejas ilusiones. Pero por suerte, no es el caso, y aunque las políticas de gestión urbana implementadas en Montevideo en las últimas décadas han sido discontinuas -y en algunos aspectos erráticas (baste hablar de “los corredores”, burocráticos reflejos haussmanianos en la ciudad del automóvil), ya forman red los ejemplos de buenas prácticas, que partiendo de la trama heredada, vuelven a trabajar el palimpsesto, borrando, zurciendo, reescribiendo, abriendo en fin la muy notable posibilidad de mejorar la memoria del pasado, con el agregado de los renovados aportes de estos tiempos.

      El Parque Lineal del Miguelete, tan austero en su imagen como potente en su intención integradora, la peatonal arbolada sobre la rambla 25 de Agosto, el Plan Goes con su buque insignia: el Mercado Agrícola; las obras y proyectos en Casavalle y Peñarol -en línea con la removedora experiencia de Medellín-, o las nuevas plazas que la gente llena de vida, van consolidando un espacio de esperanza hacia el disfrute de una ciudad digna de su pasado y abierta a un porvenir tan venturoso como seamos capaces de imaginarlo y concretarlo. En el marco integrador de los tres niveles de gobierno, habrá tiempo y lugar para la elaboración de consensos sobre el Montevideo que vendrá, en el que es seguro, la plaza del juramento de 1830 seguirá siendo mojón de referencia (aunque el Cabildo ahora remodelado con fervor burocrático nos confunda un poco…)

(*) Publicado en el semanario BRECHA en edición de fecha 2 de enero de 2015         "Montevideo a vuelo de pájaro" p. 8

IMAGEN DE PORTADA: el plano de José María Reyes para la expansión de la Ciudad -ya sin murallas- hasta la línea del Ejido




27.03.2014 12:33

 

A la fecha -27.03.2014-, siguen avanzando los trabajos de desmontaje del cuerpo central del Gasómetro Nª 6, mojón de referencia de la Rambla Sur de Montevideo. Avance eficiente y discreto, sobre todo discreto, porque ningún cartel aporta información sobre el objeto de esa tarea ni sobre sus responsables, permisos aprobados, etc. Hago un poco de historia: en abril de 1997 el Taller de Arquitectura de la entonces llamada Comisión del Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Nación elevaba a su presidente, Jorge de Arteaga, un documentado informe sobre los gasómetros Nº 5 y 6 de la ex Compañía del Gas. Haciendo en particular referencia a este último, se exponía allí una contundente fundamentación acerca de la viabilidad de su declaración como Monumento Histórico Nacional en los términos previstos en la ley Nº 14.040/71, haciendo constar -con criterio en todo sentido compartible- que ofrece además posibilidades para su futura reutilización como ”contenedor” de nuevas funciones, adecuadas a su localización en un área de predominio residencial, pudiendo transformarse así en un hecho relevante y dinamizador para el barrio y la comunidad toda.

Desde aquella fecha hasta hoy, los enredos burocráticos han hecho de las suyas y cuesta recomponer el periplo del expediente respectivo, pero formalizada o no una declaratoria que habitualmente se da por existente, la condición “patrimonial” del gasómetro de la Rambla Sur está fuera de cualquier cuestionamiento, fijada ya su imagen en la memoria colectiva como referente de identidad del área. La visión proactiva del informe antes citado quedaría refrendada en varios proyectos de recalificación del sitio, pero cualquiera sea la propuesta que finalmente se concrete, una cosa es segura: la estructura exterior del viejo gasómetro nos debería seguir hablando de esa herencia de un paisaje industrial, antes y ahora “punto focal” del barrio y parte indisociable del devenir de la ciudad.

Concluyo: planteada la preocupación por la posibilidad de desguace total de la estructura, confío en que la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación y la Intendencia de Montevideo puedan disponer de los medios necesarios para preservar ese escenario privilegiado de la ciudad, proyectándolo al futuro en un nuevo contexto de uso, en sintonía con el lugar, su gente y su historia.
RESPUESTA ALENTADORA
Complemento lo actuado con una constancia: en la mañana de hoy, jueves 27 de abril, los primeros en recibir una nota según el texto precedente fueron Alberto Quintela y Ernesto Spósito, directores respectivos de la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación y la Unidad de Patrimonio de la Intendencia de Montevideo, y la respuesta -que corresponde valorar- fue rápida y alentadora: la Intendencia ha decidido la detención de las obras y se ha convocado una reunión urgente de la Comisión para tratar este tema. Ojalá las cosas se reencaminen positivamente.
 



30.12.2013 19:50

La  

         La imagen de portada corresponde a la edición de la fecha del diario El País (pág. B17) El título y la foto son expresivas de la noticia que se supone “bienvenida”, haciendo constar que “Este emblemático edificio, destacado internacionalmente y declarado monumento histórico nacional, es la combinación perfecta entre la tranquilidad, la naturaleza y el magnífico diseño de Bonet”, y que a su vez la escultura “está inspirada en el famoso sillón BKF, mide unos 3.50 de altura y está colocada en una base giratoria que rota lentamente, otorgándole un toque de sofisticación tanto al jardín como al edificio”.

 

            En realidad, la única “combinación perfecta” que es dable reconocer en el infausto proceso de banalización de la obra de Bonet, es la de los múltiples actores –institucionales y privados- que por acción u omisión tuvieron responsabilidad en el mismo (un crudo ejemplo de “vandalismo ilustrado” diría Bauzá…) Escribí sobre el tema en dos oportunidades y a ellas me remito (*), sumando ahora la muy cuidada relación que Julio Villar Marcos hizo de los hechos que se procesaron en el correr del año 2009, cuando todavía había esperanzas -hoy ilusiones perdidas- de hacer lo debido. Copio del Boletín de la Sociedad de Arquitectos  (BSAU: abril-julio 2011):

 

“(Cuando la Solana del Mar) comenzó a ser reformada por el año 2008, la Intendencia de Maldonado aprobó el comienzo de las obras aunque era evidente, por los recaudos presentados, que lo que iban a perpetrar era un atentado al edificio y a la memoria de Bonet. Con las obras casi terminadas, a principios del 2009, alguien reconoció el peligro que significaba ese desastre y por iniciativa del Ministerio de Educación y Cultura y la Intendencia Municipal de Maldonado se formó una Comisión Especial para estudiar el problema planteado y proponer soluciones. La integraban, además de prestigiosos referentes uruguayos y argentinos especializados en patrimonio arquitectónico, jerarcas de la Intendencia de Maldonado, representantes de la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, Facultad de Arquitectura, Sociedad de Arquitectos, Comisión Delegada de Maldonado y Unión Vecinal de Punta Ballena. La creación e integración de la comisión hacía suponer que se iba a detener el proceso atentatorio y que se encontrarían soluciones que permitieran recuperar las calidades originales de la construcción.

           La comisión se reunió 3 veces en marzo del 2009 y entendió que eran necesarias obras para recobrar la significación original de la obra de Bonet, que por discutible inacción del Estado no había recibido la calificación de Monumento Nacional. En agosto, con loable aunque discutible criterio, el MEC decidió que “habiendo designado una Comisión Especial, integrada por representantes de diversas instituciones -nacionales y departamentales- y referentes académicos de la arquitectura regional e internacional que funciona en la órbita del Ministerio de Educación y Cultura y de la Intendencia de Maldonado. Esta Comisión Especial ha reconocido la importancia del rescate patrimonial de “La Solana del Mar” como hito de revitalización de la Urbanización Punta Ballena, recomendando su doble protección, como patrimonio departamental y nacional…..Declárase Monumento Histórico Nacional: 1) El trazado de la Urbanización Punta Ballena…..2) El Proyecto Arquitectónico Original del Parador La Solana del Mar…..”(Resolución del Poder Ejecutivo Nº 813/009 de fecha 3 de agosto de 2009, publicada en Nª 27.803 del Diario Oficial)

          Con este favorable auspicio, la comisión se reunió nuevamente en octubre para organizar, al amparo de esta declaratoria, el rescate de la Solana. Insólitamente, sin embargo, nunca más fue convocada por ninguna de sus instituciones  creadoras, a pesar de los repetidos reclamos de algunos de sus miembros, alarmados por esa inexplicable omisión.

                       

             Hoy “la suite Bonet” goza de una hermosa vista y el emprendimiento de “reciclaje” luce exitoso… comercialmente exitoso, de espaldas a lo que pudo haber sido una intervención de “rehabitación” sensata y respetuosa de una obra mayor de la arquitectura iberoamericana. Asumido eso, tengamos por lo menos la capacidad de aprender la lección y reconocer que se hicieron las cosas mal -muy mal, mas allá de las declaradas buenas intenciones-, siendo notorio que el resultado ha dejado un saldo negativo en la imagen del país en cuanto a la forma de procesar sus políticas de valoración y protección patrimonial (sin que ello involucre a la Comisión del Patrimonio, que en este caso, en el inicio del proceso, actuó en perfecta correspondencia con sus cometidos) Y no caigamos en la patética situación de querer hacer pasar error por virtud. No hay “sofisticación” que salve el entuerto.

(*) NOTAS(*)

19.08.2008  http://blogs.montevideo.com.uy/hnnoticiaj1.aspx?18724

27.01.2009  http://blogs.montevideo.com.uy/hnnoticiaj1.aspx?23148



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