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30.03.2016 11:17 / Apuntes de la Historia

LA BANDERA URUGUAYA EN LOS SIGLO XIX Y XX. La evolución del diseño del Pabellón Nacional

LA BANDERA URUGUAYA EN LOS SIGLOS XIX Y XX

Evolución del diseño del Pabellón Nacional entre los años 1830 y 1930

Aunque muy pocas veces se haga referencia a las viejas banderas nacionales lo cierto es que durante el primer siglo de vida independiente del país (desde 1830 y hasta mediados de los años veinte del siglo siguiente) el pabellón nacional fue diferente al actual en varios aspectos. Entre ellos los más importantes fueron: el diseño del sol y el color de las franjas. El primero fue un punto soslayado en la normativa original que al describir la bandera apenas lo menciona en forma genérica. La ley de creación escuetamente expresaba: “…un cuadrado blanco en el cual se colocará el sol”, lo que determinó que no existiera exigencia legal o reglamentaria al respecto. El sol que los uruguayos hoy reconocemos, de dieciséis rayos alternados entre rectos y ondulantes, comienza a usarse recién a partir del año 1930. Con anterioridad a esa fecha las banderas se caracterizaron por utilizar una cantidad enorme de variantes de soles radiantes, un término que en heráldica define al sol de rayos rectos.

Las franjas, que por disposición legal eran de color “azul celeste” fueron en general de un color celeste muy claro, el que ha quedado profundamente incorporado al inconsciente colectivo nacional.

También en ese período se caracterizaron por tener una enorme variedad de tamaños y diferentes proporciones en su estructura interna. Por otra parte el cuadrado blanco donde se ubica el sol se apoyaba sobre una franja distinta a la que en la actualidad se apoya.

Recién en el año 1952 se dicta una disposición reglamentaria que estandariza la mayoría de las características de la bandera.

CREACIÓN Y ANTECEDENTES DE LA BANDERA. 

El 16 de diciembre de 1828, casi dos años antes de la jura de la primera Constitución, la Asamblea Constituyente dispone la creación el primer pabellón nacional con las siguientes indicaciones: “El Pabellón del Estado será blanco con nueve listas de color azul celeste horizontales y alternadas, dejando en el ángulo superior del lado del asta, un cuadrado blanco en el cual se colocará el sol”. Esta bandera fue izada por primera vez en Canelones por el Gobernador Provisorio Joaquín Suarez y el 1º de enero del año 1829 se iza en el Cabildo de Montevideo.

Poco antes de la Jura de la Constitución, los primeros días de julio de 1830, se modificó el diseño de la bandera. El pabellón original, de nueve franjas “azul celestes” sobre fondo blanco, fue sustituida por una nueva bandera que reducía el numero de franjas de nueve a cuatro, que totalizaban igualmente nueve franjas alternadas, entre blancas y azul celestes, que representaban a los nueve departamentos originarios.

 Estos dos pabellones fueron precedidos por los pertenecientes al período de la revolución emancipadora. La primera enseña de la Provincia Oriental fue el pabellón artiguista enarbolado hasta la invasión luso-brasileña. La versión de 1816, considerado hasta hoy uno de los símbolos patrios, tuvo en nuestro territorio dos versiones más: la del campamento de Purificación y la izada en Montevideo en 1915 por las tropas al mando de Otorgues, luego de la ocupación porteña. La segunda bandera que identificó al Estado Oriental, aprobada por las leyes de 1825, constaba de tres fajas horizontales, celeste, blanca y punzó, en ese orden desde arriba hacia abajo (sin la divisa de la cruzada) que era la usada por los ejércitos de la provincia en ese momento, según se deja expresa constancia en la norma, pero en 1826 con la reincorporación de la Provincia Oriental a las Provincias Unidas, y hasta 1929, se sustituyó esta última por el pabellón de las Provincias Unidas del Rio de la Plata.

ASPECTO Y EVOLUCIÓN

Señalado el brevísimo proceso de creación y los pocos aspectos formales fijados por las leyes de creación nos abocaremos a la evolución del diseño del pabellón nacional fundado en un análisis de las evidencias físicas primarias (banderas del período que aún se conservan) y de fuentes secundarias (registros gráficos y fotográficos).

Durante el primer siglo de vida independiente la iconografía nacional, conforme los cánones estéticos de la época, era bastante más sobrecargada de ornamentos. Recordemos el primer “Escudo de Armas del Estado”, diseñado por Juan Manuel Bresnes e Irigoyen y aprobado el 13 de marzo de 1829, un blasón adornado con banderas, trofeos militares, de marina y símbolos de comercio, o la versión similar de 1932 del pintor Arthur Onslow (los originales de ambos se encuentran en la sede del Museo Histórico Nacional). El diseño del sol de la bandera nacional acompañó las características del escudo, que era igual al de la mayoría de las representaciones del astro durante ese período. Si bien, como habrá de verse, el siglo XIX se caracterizó por la libertad en el diseño del sol en la bandera, la representación más común y aceptada consistió en un pequeño disco facetado (con cara), con una multiplicidad de rayos rectos unidos entre sí por sus lados, de largos y anchos variados, más finos en su base, de modo que formaba un “círculo” exterior irregular con tantas puntas como rayos hubieran. El esquema del diseño más común del periodo, aunque hubo una variedad enorme de modelos, puede describirse de la siguiente manera: dieciséis rayos principales, ocho de mayor largo y entre ellos ocho de menor largo; los primeros flanqueados por tres rayos a cada lado, de largo decreciente; y los segundos también flanqueados a cada lado por uno o dos rayos de menor largo que éste último. Es, decíamos, una versión de lo que la heráldica define como “sol radiante” o sol de rayos rectos, pero el sol era en general bordado a mano con hilos dorados y por lo tanto esas características variaban en función de los gustos y la habilidad del artífice. Igualmente el factor común en la época era la multiplicidad de gruesos rayos rectos. Posteriormente predominaron rayos del mismo largo, lo que determinaba que el sol fuera básicamente un círculo. Esa característica se plasma claramente en la obra de Pedro Blanes Viale “La jura de la constitución de 1830” y en todas las obras de Cándido López en las que aparece el pabellón que portaban los regimientos orientales. El Museo Histórico Nacional conserva y están en exposición varios modelos, poco conocidos o poco divulgados, de esos pabellones. Ese sol radiante fue el que figuró en las monedas desde el año 1840 hasta el año 1969; también en la “Diligencia”, el primer timbre postal uruguayo; en la fachada del Teatro Solís y, aún hoy, en el escudo de infinidad de edificios públicos a lo largo del país (principalmente en las viejas Jefaturas Políticas y de Policía), en cada balcón del Cabildo de Montevideo y en diversas publicaciones oficiales y periódicos. Incluso fueron comunes versiones de un sol figurado, con cara y cabellera, como el que luce el reverso de las monedas de 1844 y 1869.

 A partir de mediados del ochocientos empiezan a generarse infinidad de registros fotográficos que en forma directa revelan el aspecto que tuvo el pabellón nacional en esos años, confirmando el uso de los pocos pabellones que se conservan. El cotejo de los registros fotográficos permite también determinar el período por el cual se mantuvieron los distintos modelos.

Las variaciones en el aspecto que luego sufrirá la bandera están ligadas a las modificaciones que tuvo el Escudo Nacional pero no en coincidencia temporal. El escudo fue modificado por ley y decreto en 1906 y 1908, respectivamente, mientras que la bandera se modificó muy posteriormente y por la vía de los hechos, y debió esperarse hasta febrero del año 1952 para que se dictara una norma específica regulando sus características.

 Con respecto al sol puntualmente no hubo ni en la ley de creación de la bandera, ni en la ley modificativa inmediata, ninguna especificación respecto a su diseño, por lo que es natural entender que se bordaron soles que siguieron los cánones estéticos del período, un sol de múltiples rayos rectos, y ello ha quedado registrado en infinidad de fotogramas. Asimismo hay también ejemplos que revelan que su diseño en ocasiones se basaba en el arbitrario criterio artístico de quien confeccionara el pabellón.

Uno de los primeros registros fotográficos que incluyen la bandera pertenece al año 1869 y es un retrato de estudio de un grupo de soldados del Segundo Escuadrón de Artillería Oriental. La fotografía incluye un pabellón con un enorme y compacto sol, similar al que en esos años coronaba el primer Escudo de Armas. Éste diseño es igual, por sus características y dimensiones, al que se observa al centro de la formación de la Compañía de Cazadores según fotografía obtenida y publicada muchos años después, en 1901, por la Revista “ROJO y BLANCO” (Año 2 No 47).

En el extenso legado de imágenes de la Revista “ROJO y BLANCO” figuran muchos ejemplos de comienzos del nuevo siglo de los cuales destacaremos algunos. En la cobertura de las conmemoraciones del 25 de agosto del año 1900 (Año 1 No 12) se publican varias fotografías en una de las cuales se registra el momento en que el Dr. Ildefonso García Lagos lee un discurso. En dicha fotografía pueden verse diez banderas adornando el Escudo Nacional, las que tienen ese primer modelo de diseño de sol, igual al del escudo que envuelven.

En ese mismo número se registran los actos por la colocación de la piedra fundamental para la construcción del Correccional de Mujeres y Asilo de Menores, y las fotografías muestran casi veinte banderas con ese mismo diseño.

En los subsiguientes números de la revista se publican varias fotos de festejos del centenario en el interior del país que incluyen idénticas banderas, sin embargo en una fotografía de ese mismo año (Año 1 No 12) que registra un torneo de esgrima del Batallón Segundo de Cazadores bajo el retrato del Presidente Juan Lindolfo Cuestas, puede notarse la libertad con la que el creador de esa bandera, en una institución militar, diseña el sol mediante ocho rayos espigados sobre un pequeño círculo central. En esa fotografía también se distingue otro aspecto característico de los pabellones de la época, el cuadrado blanco correspondiente al sol se ubicaba sobre la tercera franja blanca en lugar de la tercera franja azul.

En la misma publicación pero ya del año 1901 (Año 2 No. 38) se incluye una fotografía tomada en el norte del país en la que pueden verse los pabellones nacionales que portan estudiantes en Rivera, durante los festejos del 25 de agosto, con un sol de grandes dimensiones, similar a los dos descritos hasta el momento. Similares pabellones se registran en las fotografías del Congreso Acuerdista (Año 2 No. 37), en la oratoria del Club Libertad (Año 2 No. 19) y en especial de la Reunión del Centro de Amigos Unidos que exhibe tres banderas, todas con distintos modelos de soles radiantes (Año 2 No. 28). Los ejemplos siguen en los años siguientes (inauguración del monumento a Lavalleja en Minas y diversos eventos registrados en las publicaciones del Año 3 de esa publicación.

Pabellones con un sol radiante estilizado fueron de uso frecuente en los dibujos de las banderas, seguramente para simplificar la cantidad de rayos del sol,  y así figuran en el cartel del año 1904 en homenaje a José Batlle y Ordoñes para celebrar la “paz institucional”, en las postales en homenaje a Aparicio Saravia y posteriormente en figuritas coleccionables. En el año 1906 se inaugura el tranvía eléctrico en Montevideo. La fotografía que lo registra muestra banderas nacionales en las que el sol se percibe como un círculo, propio de las imágenes del sol radiante con rayos unidos y de igual tamaño. Incluso el tranvía lleva en su frente un enorme sol radiante, similar al del frontispicio del Teatro Solís.

Pasando a la década siguiente La Revista “LA SEMANA” (No. 159), incluye varias fotografías de los actos de homenaje en el centenario de la Batalla de las Piedras. En éstas se ven en primer plano los pabellones nacionales que portan los estudiantes frente a la tumba de Artigas, por ese entonces en el Cementerio Central. También en ese año se registran ceremonias en teatros y salones, de cuyos balcones cuelgan pabellones similares con un sol radiante característico del período.

 En los años veinte, los registros gráficos e incluso filmaciones de la inauguración del Monumento a Artigas (año 1923, fin la presidencia del Dr. Baltasar Brum) muestran una enorme bandera nacional que cubre la estatua y en ésta un sol que es básicamente un círculo, donde apenas se distingue una línea exterior zigzagueante de puntas en las que culminan los rayos. Aún en 1923, en una trascendente ceremonia del gobierno que acredita el uso oficial de los pabellones con éstas características, la bandera nacional tenía un sol con rayos rectilíneos unidos entre sí. En esas imágenes también se distingue claramente que el cuadrado blanco que contiene el sol se apoya sobre la tercera franja blanca, en lugar de la tercera franja azul.

Al año siguiente en cambio, y en una fuerte variante, la bandera que los olímpicos de 1924 llevan a Francia tenía en el cuadro superior un sol de dieciséis rayos, como la actual bandera, aunque más finos, aparentemente rectos, y todos apoyados en el círculo central (muy similar al de la bandera argentina).

Aún así en las imágenes de la visita de la Selección a la ciudad de Vigo (abril de 1924), en las de la  inauguración del monumento a la Batalla de Sarandí en Florida (fotografías de 1925) y en imágenes de la campaña electoral del año 1926, las banderas visibles en todos esos registros lucen un compacto sol radiante de múltiples rayos, lo que demuestra que en esos años la mayoría de las banderas existentes respetaban el diseño anterior del sol y la bandera de los olímpicos era una variación novedosa que no llegó a imponerse.

El cambio destinado a afianzarse se produce en 1930, pese a que aún con posterioridad se mantendrán en uso por algún tiempo los pabellones existentes hasta ese momento. En los registros fotográficos del primer campeonato mundial de fútbol aparece en la bandera un sol en el que, aunque sin rostro, se distinguen los rayos rectos y flamígeros alternados que hoy distinguen a nuestra bandera.

EL ORIGEN DE LA MODIFICACIÓN DEL DISEÑO DEL SOL

El primer símbolo nacional que ‘aggiornó’ su diseño fue el escudo nacional. La ley del 12 de julio de 1906 eliminó los trofeos de guerra y demás símbolos que lo adornaban cambiándolos por dos ramas, una de olivos y otra de laurel, unidas por un lazo azul celeste. Esta forma de presentar el escudo ya había sido usada con anterioridad en varias representaciones (medallas conmemorativas, monedas, carteles y fachadas). Esas modificaciones se plasman dos años después, el 26 de octubre de 1908, en un patrón oficial aprobado por decreto del Poder Ejecutivo. La ley de 1906 no le realiza modificaciones al sol, no obstante el patrón aprobado en 1908 incluyó un sol diferente al anterior, que se detalla con precisión en la descripción del modelo oficial. Este nuevo escudo fue diseñado por Miguel J. Coppetti, que en su modelo elimina el sol de rayos rectos y lo sustituye por un sol en el que se alternan siete rayos rectos y ocho rayos flamígeros, modelo llamativamente similar al sol tallado en el respaldo del sillón del General Juan Antonio Lavalleja, que aún se conserva en el Museo Histórico Nacional. Aunque no hay evidencia de que éste se haya utilizado como modelo, tanto el número de rayos como su posición parecen ser indicios que demuestran que sí se basó en este tallado. Las pautas heráldicas (en especial las establecidas por el Códice “Tesserae Gentiliciae ex Legibus Faciallum Descriptae” en 1638) determinan que el brillo del sol debe representarse mediante dieciséis rayos alternados, uno recto junto a otro ondulante, o flamígero, todos de igual tamaño. Esa descripción coincide en general con el sol de la actual bandera nacional. En el caso del diseño de Coppetti, al igual que en el sillón de Lavalleja, los rayos en ondulados nacen por detrás de los rayos rectos, y si se continúa por simetría el diseño del sol, totalizan veinte rayos en ambos casos.

Volviendo a las modificaciones, fue entonces a partir de 1908 que el sol “que corona(ba) el óvalo” del escudo pasó a ser un disco con cara del que salen “siete rayos en forma de punta de lanza; (y) de entre éstos saldrán otros ocho rayos dibujados en forma tal que parezcan llamas de fuego…”. Pero la norma transcripta se refería al escudo, no al pabellón nacional.

Por más de una década el sol de la bandera continuará siendo un sol radiante hasta que a mediados de los años veinte el diseño del sol comienza a sufrir variaciones hasta llegar, en 1930, a un sol similar al de la bandera actual, formado por rayos intercalados en forma de puntas de lanza y lenguas de fuego. En ese momento se concreta, por la vía de los hechos, la armonización de los principales símbolos nacionales, bandera y escudo, y si las primeras banderas llevaban el sol que tenía el escudo originario, a mediados del siglo XX la bandera pasó a tener un sol similar al que corona el segundo modelo de escudo nacional.

Aún así no hubo una disposición que definiera las características del pabellón hasta el año 1952 cuando el decreto del Poder Ejecutivo del 18 de febrero estableció que “Sus colores serán el banco y el azul, teniendo el sol, que ocupa el cuadro, color oro (…) El dibujo del sol consistirá en un círculo radiante, con cara, orlado de dieciséis rayos. El sol tendrá un diámetro de 11/5 del cuadro blanco”. Ese decreto reglamentario cambia también la denominación “azul celeste” de la ley por “azul” en referencia a las franjas.

El decreto de 1952 seguramente buscó estandarizar el diseño del pabellón ante la enorme variedad de modelos en uso (fotografías del diario El Día del año 1948 en un acto realizado por el SODRE muestran al presidente Luis Batlle Berres detrás de seis banderas con un sol radiante estilizado, ya descripto anteriormente) pero al dictarse la norma, y refiriéndose al sol, sólo hace alusión a la cantidad de rayos (dieciséis) y a su color (oro) pero no indica el tipo de rayos o su posición, como sí detalla el decreto referido a las características del sol del escudo. O tal vez si lo haga, la redacción de la norma podría llevar al cuestionamiento de si en ella el término “radiante” refiere a su definición heráldica, ya que se trata de la representación simbólica en un emblema, o a la acepción común, definida en los diccionarios con el significado de “brillante”, pero esta última significación carece de sentido al ser utilizada cuando describe el diseño y sobre todo cuando previamente había indicado su color oro. Goldaracena (1995) en su análisis de los símbolos patrios, y mencionado casi como una breve acotación, ya advertía este punto.

CONCLUSIONES RESPECTO A LAS VARIANTES

     Desde que se estableció el diseño definitivo de nueve franjas, entre blancas y celestes (posteriormente azules), la prueba evidenciada en este análisis nos permite concluir que desde la independencia del Uruguay hasta hoy hubieron básicamente dos modelos de pabellones. Desde julio de 1830 y hasta las primeras décadas del siglo XX predominó el uso de banderas con soles radiantes (soles de rayos rectos), figura típica de los albores de la independencia, de similar diseño al del primer Escudo Nacional, y con franjas de color celeste claro, en las cuales el cuadro en el que se ubicaba el sol se apoyaba, casi invariablemente, en la quinta franja (sobre la tercera de color blanco). A partir de julio de 1930, y especialmente a partir del decreto del año 1952, banderas con un sol de dieciséis rayos alternados, en forma de punta de lanza y llamas de fuego (rectos y flamígeros), de similar diseño al del actual Escudo Nacional, con el cuadro del sol ubicado sobre la sexta franja (tercera de color azul) y con franjas definidamente azules. Dos períodos claramente definidos que separan las viejas banderas nacionales de las actuales.

Un último apunte meramente curioso que diferencia el sol de la bandera del sol del escudo, y que ya fuera mencionado anteriormente: mientras que el sol de la actual bandera tiene dieciséis rayos el del Escudo Nacional tiene veinte, de los cuales pueden verse quince. Dice el decreto reglamentario: “siete rayos en forma de lanza; de entre éstos saldrá otros ocho rayos dibujados en forma tal que parezcan llamas de fuego…”. Estando una cuarta parte del sol oculta, según especifica el decreto de 1908, habría en esa parte oculta tres rayos rectos más, con dos flamígeros entre ellos, cinco en total por detrás del óvalo, totalizando veinte en lugar de dieciséis.

 

Esc. Gerardo Alvez de Assis

Montevideo, 28 de julio de 2015.


 FUENTES

ÁLVAREZ FERRETJANS, Daniel. Historia de la Prensa en el Uruguay. Búsqueda. Editorial Fin de Siglo, noviembre de 2008.

AVILLEIRA, Javier. Numismática, Nº 61, Diciembre de 1995, Instituto Uruguayo de Numismática, Montevideo, Uruguay.

BARRIOS PINTOS, Aníbal. Sesquicentenario del enarbolamiento del primer Pabellón Nacional, Almanaque del Banco de Seguros del Estado, Montevideo, Uruguay. Año 1979.

BARRIOS PINTOS, Aníbal. A 150 años de la creación del Escudo de Armas del Estado, Almanaque del Banco de Seguros del Estado, Montevideo, Uruguay. Año 1979.

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DIBUJO HERÁLDICO http://dibujo/heraldico.blogspot.com, consulta de fecha 18/03/2014.

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FERNANDEZ, Carlos Alberto. 1823 Sant’Ana do Livramento. Obra de distribución gratuita. Brasil.

GOLDARACENA, Ricardo. El libro de los símbolos: Escudos y banderas del Uruguay, Ed. Arca, Montevideo, 1995.

HERMANO DAMASCENO. Curso de Historia Patria, Barreiro y Ramos, 6ª. Edición, Montevideo, 1929 y 3ª. Edición, 1952.

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MOROY, Alberto. “La bandera, ni trapo ni pretexto”, columna “Viajes”, 18/07/2012, diario EL PAIS, consulta de fecha 03/03/2014.

PAMPIN, Esc. Ramón Ricardo. Boletín del Instituto Uruguayo de Numismática, Nº 29, Abril – Junio 1968.

PUBLICACIONES PERIODICAS DEL URUGUAY (www.periodicas.edu.uy) consultas varias en los años 2014/2015.

VIVAR DEL RIEGO, José Antonio. Taller de Heráldica



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