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02.05.2013 10:02 / Mis artículos

Alberto Wolf y Los Terapeutas: Son años

 

No recuerdo exactamente cuando vi a Alberto Wolf y Los Terapeutas en vivo por primera vez, pero probablemente haya sido en el Teatro El Tinglado en 1988 o 1989. Por aquellas épocas la banda estaba presentando su primer álbum Mestizo en todos lados. Antes, en 1984, Wolf, como solista , pero con algunos futuros miembros de Los Terapeutas como acompañantes, había editado un disco compartido (un lado por artista) con el Cuarteto de Nos.

Aparte de que me encantaron varias canciones, lo que más me llamó la atención del grupo fue que su propuesta musical no se parecía a nada de lo que yo había escuchado hasta entonces. Los Terapeutas eran una banda de rock, pero estaban lejísimos en música y actitud, de los grupos de rock nacionales de la época. Tenían cosas del candombe beat de El Kinto y Totem pero no sonaban para nada como ellos y tampoco tenían nada que ver con las propuestas que buscaban “aggiornar” el candombe por el lado del jazz rock. Eran una banda pop de canciones, con un extraño frontman mezcla de Eduardo Mateo, Frank Zappa, David Byrne y Damo Suzuki.


El titulo de ese primer disco era una excelente e irónica definición de una propuesta que nunca entró en ninguna de las muchas modas de la música popular hecha en Uruguay. Pese a sus obvias raíces roqueras no eran considerados un grupo del género por el público del rock posdictadura, tampoco encajaban en el modelo de lo que se consideraba canto popular y ni siquiera la barra “tuquera” los aceptaba como sus iguales.

La década de 1990 fue muy inhóspita para la música nacional, sobretodo en sus inicios, pero Wolf y los Terapeutas siguieron recorriendo su camino propio, pese a recitales con poco público y álbumes que se convirtieron en clásicos para un escasísimo círculo de personas.

Los Terapeutas se mantuvieron fieles a si mismos, variando su propuesta musical. Sacando el álbum que Wolf editó como solista en 1992, el acústico y despojado Primitivo, hubo solo dos discos de la banda en esa década. El disco Candombe del no sé quien soy (1990) profundizó en un aspecto que la banda desarrollaba bastante en vivo, la del cuelgue mántrico e hipnótico en canciones con finales extendidos, como “Constelación de bares de Pocitos”, pero, a la vez, mantenía el tono juguetón y sexual en canciones pop como “Cristine”.


Siete años después salió el primer CD, Nada de Cosas raras, que juntaba nuevas composiciones con temas de sus anteriores discos en nuevas versiones. Ahí estaba “Amor Profundo”, la canción que más tarde popularizaría Jaime Roos.

 “A veces miro para los costados y veo que estoy solo, o sea hay mucha gente a la que no le interesó lo que nosotros hacemos” –me dijo Wolf hace unos años.

Pero las cosas empezarían a cambiar en el nuevo siglo. Amor en lo alto editado en 2002, que tenía grandes canciones como “Llegaste a mi” y “Llueve”, inauguró una década muy luminosa para los Terapeutas.


Hay cosas que no importan (2005) fue el disco que terminaría de ponerlos en el lugar de privilegio que siempre merecieron. La nueva generación de músicos uruguayos reconoció la labor pionera de la banda y Wolf apareció como el padrino de varios grupos de rock nacional. La canción que da nombre al disco, la estremecedora y oscura  “Lo que me contó Miguel antes de pagarse el tiro” o “Días atrás” están entre lo mejor de la banda.

De (2008) mostró a la banda consolidada (después de más de veinte años de batallarla) como una de las principales propuestas del medio. En canciones como “Ellos dos”, “Jinetes”, o “Sangre a Sangre” profundizaron en la oscuridad y en el sonido roquero de su antecesor, en un disco reflexivo e introspectivo que es una de sus mejores obras.


 

¿Que probabilidades había  de que esa banda que vi a fines de los 80’s junto a algunas decenas de personas más, esté presentando este fin de semana su noveno disco, el reciente Monstruo, en la Sala Zitarrosa? Pocas. Menos aun que Wolf y Los Terapeutas estén por cumplir treinta años de actividad aunando su mejor momento artístico con su pico de mayor popularidad.

Creo que debemos haber sido varios los que nos emocionamos en 2009 al ver un Teatro Solís lleno en el recital festejo de los 25 años del grupo.

No se puede hablar de justicia en el arte, pero la sensación de ver a tanta gente corear canciones que habían sido casi secretas, se parece mucho al ideal de que lo bueno siempre tiene su recompensa.




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Sobre mí
Alguna gente lo conoce por su trabajo periodístico, otros por lo que hace como músico y productor artístico; pero la mayoría no lo conoce en lo más mínimo. Ha escrito (y escribe) para Brecha, la diaria, Bla, Dossier, El País Cultural, Global Rhythm, Relix Magazine y Unchin, entre otros medios. Fue editor del suplemento R de la diaria.

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