Crónicas de un vejiga
Ejercicios primitivos de sinapsis.
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Sobre mi
Hago mucho menos de lo que quisiera, sueño mucho más de lo que debería. Eterno enamorado de la sábana con elástico, incorfomista, ansioso, me impresiona la sangre y soy de esos que se mira los pies al salir de la casa para comprobar que se puso los zapatos. Esto es a voluntad, sin compromiso.
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28.04.2013 23:46
Una enfermedad sin cura...


 

 

Hace muchísimos años mi abuela, posiblemente la persona que más sabiduría tiene por unidad de organismo en el mundo – es petisita y media dobladita – me dijo que la envidia era de las peores plagas que existían en la sociedad, como motor del odio y la mala leche. En su momento no supe darle la real dimensión al regalo de conocimiento que me estaba haciendo pero hoy empiezo a darme cuenta.

Dicen que más vale tarde…

Es esa envidia que tuerce todo, altera todo, jode todo. Es una enfermedad que a simple vista pocos parecen tener y que, al final de cuentas, parece hacer la diferencia en casi todas las cosas y es lamentablemente más común y erosiva de lo que pensamos.

La envidia es capaz de alejarte de algunas personas que en algún momento pensaste que sumaban. De forma casi que quirúrgica es capaz de demostrarte cuan caracagada puede ser la gente y, en definitiva, es otro eficaz mecanismo de afinamiento del tamiz por el que van pasando, o quedando, las personas que integran mis círculos.

La envidia es un perfecto sistema de inoperancia y descreimiento. Utiliza y muestra lo peor de cada uno y mira casi siempre al resto en función de lo que aparentemente está visible como éxitos. Nadie te envidia que tenes que laburar todos los días, sin embargo, sí lo hacen con las cosas que vas logrando por ese laburo.

Mi incipiente ojo clínico no sabe distinguir si esto es otra cosa típicamente de uruguayo, pero quiero creer que no. Al fin de cuentas no somos el ombligo del mundo y sería muy simple de erradicar si así fuera. Es un problema de génesis humana, en dónde –cómo dice mi editora en jefe– la envidia sana es una tremenda fruta para mitigar un poco nuestra propia inutilidad.

Habría que crear una consultora que además de medir calidad de vida o riesgo inversor se hiciera un lugarcito para evaluar esto. Capaz que podrían calibrar un envidiómetro que midiera esto en una escala de Richter y armar un ranking. Todos contentos ahí, aunque no creo que encontremos grandes diferencias. Todos los países deben ser una bosta.

Una cosa importante y casi obvia, pero que vale la pena aclarar, es que yo no me considero un ambiente 100% libre de envidia. Sería un idiota si así lo pensara. Lo que sí creo y de paso agradezco profundamente a quienes se encargaron de darme todo lo verdaderamente importante en mi vida, es que no entiendo los logros de las personas como otra cosa diferente a eso, logros, basado en lo que sea, pero logros al fin. Y por definición me pongo contento por los logros de las personas que quiero. Punto.

Aunque parezca natural, esto no parece ser una sana y repetida costumbre en muchas personas. Si no fuéramos tan caracagadas, no existiría el “mal de ojo” y mucho menos las técnicas de “curación” para el mismo. Esto es casi que una baliza tintineando de nuestra propia tristeza. Es un porotito que se va anotando la envidia casi que a diario.

Estoy totalmente convencido que el altruismo es por definición la muestra más grande de amor que existe, y la envidia es claramente su antagonista más acérrimo, incluso más que el egoísmo. Las personas capaces de hacer cosas por los demás sin esperar beneficio alguno y de ponerse verdaderamente felices por ellos escasean más que los osos panda.

Cada uno es responsable por su propia ineptitud e inoperancia, no salgamos a echarle la culpa a los demás. Así que en vez de llorar, patalear y envidiar, sería tanto más saludable usar algo de toda esa energía de mierda para cambiar lo que no nos gusta y generar alguno de esos “logros” que tanto le envidiamos al resto.

Y si no estamos dispuestos a esto, a llorar a la iglesia que está abierta todos los días. O vayamos a un curandero, a ver si nos ayuda con este problemita crónico…

“La envidia es la forma más sincera de demostrar admiración por el prójimo”.