acerca de patrimonios varios
algunas reflexiones sobre nuestros "lugares de la memoria"

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06.06.2012 23:55 / MIS ARTICULOS

EL CABILDO DE MONTEVIDEO: PATRIMONIO EN DEBATE (parte III)

Tiempos de profundización del análisis histórico-patrimonial, y en algún caso, de revisionismo nada convincente

 

En el entorno de 1950 la cuestión patrimonial adquiere entre nosotros una particular relevancia. En ese contexto se abre una instancia de reflexión crítica sobre el Cabildo, su historia y la materialidad heredada, teniendo por principales referentes a Carlos Pérez Montero y Juan Giuria, a través de dos obras editadas ese año: “El Cabildo de Montevideo” del primero y “La Arquitectura en el Uruguay” del segundo. En ambos casos, se trata de un aporte de valor inapreciable que merece el mayor reconocimiento… pero que no está exento de errores, algunos muy significativos con relación a su influencia sobre la visión “oficial” de los trabajos de reconstrucción actualmente en proceso, ya que nace allí la idea de un ladrillo rojo original y de la pertinencia de volver a entrepaños blanqueados.

 

Cito de sus libros: “creemos que ha llegado ahora, el momento de volver a dejar las cosas tal como fueron proyectadas por Toribio, dejándose el ladrillo rojo a la vista o pintándolo con una lechada de cal o con portland blanco, si es que no se desea la policromía” (Pérez Montero). Haciendo referencia al año 1812, cuando una primera etapa de obra estaba terminada y el edificio ocupado casi en su totalidad, dice Giuria: “La fachada principal, en esa época, debía tener el aspecto que le ha dado el pintor Pedro Blanes Viale en su gran cuadro existente en el Palacio Legislativo (…), los entrepaños eran de ladrillo y sin revoque”. Si Blanes Viale hubiera hecho un mejor detalle de esa fachada -cosa que obviamente su obra no exigía-, mostraría los entrepaños de ladrillo como hoy podemos verlos tras los cateos realizados, esto es, como un típico “rústico de obra” de impensable apariencia como superficie vista, pronto para recibir una capa final de revoque exterior, trabajo que recién llegó a concretarse casi cincuenta años más tarde, transformando en permanente una solución que sólo tenía una función provisoria y sin que mediara en esta instancia la menor preocupación por ser fieles a Toribio.

 

Segunda conclusión: las hipótesis de los entrepaños de ladrillo rojo como solución original o del blanqueado como alternativa pertinente, no tienen el menor asidero (pero sin duda, calaron fuerte)

 

Otra vuelta de tuerca, inspirada en “volver a…” (cuándo todavía no tenía adeptos la metáfora del palimpsesto).

 

Entre 1957 y 1959 se realizaron nuevos trabajos a efectos de acondicionar el Cabildo para su nueva función de Museo Histórico de la ciudad, con la idea rectora de volver a la imagen primitiva, por lo que eliminaron huellas y contrahuellas de mármol y reconstruyeron la escalera en piedra, imaginando como hubiera sido la que proyectó Toribio y labró Abril, ya que después de 90 largos años se había perdido de ella toda memoria o referencia documental. Se retiraron baranda, claraboya y vitral, y haciendo como si fuera “de primera vez”, un cerramiento superior abovedado. Al igual que en el trabajo realizado años antes en la fachada sur de la Matriz, ahora se suscitaron fuertes polémicas, pero cosa curiosa, cuando el lema del momento era “volver a Toribio”, los radicales planteos de Pérez Montero y Giuria sobre el revoque exterior no fueron atendidos, y la denostada -por ellos- imitación piedra siguió durante más de medio siglo sin volver a estar sobre la mesa de los “patrimonialistas”.

 

Un proyecto seriamente estudiado, un escenario alentador…y los riesgos innecesarios que se impone evitar.

 

Esa cuestión recién se retoma en nuestros días, con razón justificada y buenas posibilidades de corregir errores o insuficiencias del pasado, ahora que ya nadie puede invocar con fundamento la vuelta al “ladrillo rojo a la vista”, ni tampoco asumir el revoque “contrastante” como una solución en sintonía con el pensamiento de Toribio y su escuela, con ventaja descalificadora sobre la “imitación piedra”, aunque todas estas propuestas fueran alentadas por dos de nuestros mayores historiadores de arquitectura.

 

Hoy se ha tomado la decisión de reconstruir ese revoque centenario ya muy deteriorado, corrigiendo además patologías que se han ido agravando con los años. Una decisión en todo sentido justificada, respaldada además por un trabajo de análisis riguroso de la materialidad y la historicidad del bien, que tuvo por protagonista al arquitecto Daniel De León. Su trabajo es digno del mejor reconocimiento y es seguro que habrá de convertirse en referente de futuros emprendimientos en el área patrimonial. Pero su análisis, en tantos aspectos impecable, ha quedado en parte condicionado por las visiones sesgadas de Pérez Montero y Giuria, por lo que en definitiva analiza bien, habilita un ordenamiento del trabajo en obra sobre parámetros de nivel internacional… pero en función de lo antes expuesto, creo que concluye mal

 

Fundamenta su análisis en “los argumentos manejados desde los años cincuenta por los arquitectos Carlos Pérez Montero y Juan Giuria respecto a la necesidad de revisar el revoque imitación símil piedra utilizado en los entrepaños a los efectos de destacar la presencia de los elementos de piedra por contraste”; constata que “el revoque de las fachadas del Cabildo ha sido ejecutado en varias oportunidades, lo que se reafirma con los ensayos, análisis y cateos realizados”; expone la certeza de que el revoque actual no es el original” -cosa por demás evidente-, y en función de un extenso fundamento, propone “retirar el revoque símil piedra existente y deteriorado”, y en línea con sus referentes históricos “revocar los entrepaños y los paramentos de las fachadas de mampostería logrando contraste con los elementos de piedra”. Termina ilustrando este planteo con una imagen donde “los entrepaños de mampostería aparecen revocados con un mortero de color más claro sobre el cual se recortan, destacándose, los elementos de piedra que le dan expresión a la fachada”. Pérez Montero y Giuria se sentirían muy halagados por este renacimiento de sus ideas, pero no parece que este imprevisto protagonismo haga olvidar, en los aspectos marcados, sus errores y limitaciones.

 

Un tiempo -corto- para aclarar las ideas y los fundamentos de la intervención proyectada (y ajustar lo que corresponde ajustar)

 

En realidad, estamos a escasos pasos de resolver la cuestión, si logramos plantearla en términos correctos. Se hará sin duda un nuevo revoque, pero: ¿tenemos un compromiso con el pasado que nos impone convocar al espíritu de Toribio para que nos revele composición y color del que él había proyectado y que nunca conocimos? O bien, ¿podemos prescindir de esos devaneos y hacer las cosas como nos parezcan más adecuadas a la luz de técnicas, procedimientos y valoraciones propias de nuestra época, sin perder el intento de crear una unidad formal coherente? Creo que la pertinencia  de la respuesta está condicionada por la particular significación patrimonial del bien, y en ese contexto, se impone mantener la continuidad de un hilo histórico, afirmando la significación de la obra de Toribio como referente de una identidad trasplantada (pero en nuestro caso, referente neto) que no debería admitir apartamientos del “núcleo duro” de la teoría y la práctica en que llegó a concretarse. En ese sentido, estamos enfrentados a la posibilidad excepcional de superar las debilidades de todas las intervenciones anteriores de reconstrucción, poniendo en valor -y agregando valor- al “buque insignia” de nuestro patrimonio.

 

Habrá que profundizar análisis, intercambiar ideas y dar precisión a las manejadas por los responsables del emprendimiento. Es probable que se llegue como solución de consenso a un revoque con color incorporado que dialogue armónicamente con la piedra granítica sin mimetizarse con ella, superado el espejismo de un revoque contrastante, idealizado además erróneamente como “una vuelta a Toribio”. Como esta es una opinión sobre un tema discutible… pues habilitemos ese necesario debate, antes de que sea demasiado tarde y nos encontremos con hechos consumados, configurando una situación de “patrimonio en peligro”. No lo merece el Cabildo, ni la ciudad ni su gente. Tampoco quienes han orientado este proceso, discutido en sus resultados, apreciado en  todo lo demás.

 

Confiemos en que las cosas se irán encarrilando, y una vez acordado un criterio de intervención en las fachadas del Cabildo que no de la espalda a su significación histórico-patrimonial, estaremos en condiciones de abordar el contenido posible de un edificio desde hace décadas alejado en dimensión sideral de sus potencialidades. Allí si que habrá una referencia neta y un “lema” seguro: “Volver a Gómez Ruano, Arredondo y Pivel”, y a partir de allí, avanzar en la construcción de un museo de estos tiempos, convertido en  referente icónico de la ciudad.

 

Montevideo, 6 de junio de 2012



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