La historia de esta conversación y sus ideales, vista las pruebas que ellos mismos nos dan, sucesivas, encuentra en las mujeres actitudes propagandistas con resultados magníficos que ya la literatura y el séptimo arte se encargaron de dar nombre correcto y merecimiento a esos ángeles de pureza y abnegación que buscan fervorosamente por las almas masculinas extraviadas, perdidas. Aún mejor, podría decirse que ni una les resiste, mientras piensan que ojalá le pongan la mano encima a él, con la mirada purísima bajo la lágrima suspensa, ya que no tienen que mandar citaciones, no interrogan sibilinas, y no asisten vigilantes.
Son plurales estas femeninas artes, que exceden, multiplicándolas, a todas las demás ya mencionadas, de endurecer, desarrollar y reducir, y quizá sería más riguroso decir, que todas se resumen laminarmente en éstas, tanto en sus sentidos literales como en las decurrencias y concurrencias, incluyendo los arrojos y exageraciones de la metáfora, los libertinajes de la asociación de ideas.
Son santas mujeres, monjas dedicadas, sórores marianas y piadosas, agentes de salvación que, estén donde estén, ya sea en conventos o burdeles, cabañas o palacios, me hacen razonar qué tipo de mensaje telepático estas trocarán entre sí para que, de tan diferentes seres y condiciones, según nuestros criterios terrenales, resulta una acción tan concertada, igualmente conclusiva, de rescatarse al hombre perdido, que al contrario de lo que afirma el dicho, éste siempre espera consejos y, como supremo premio, unas veces le dan su amistad, otras el amor, el cuerpo, o las conveniencias de la esposa estremecida.
Pero volviendo al tema en cuestión, ellas concluyen que la felicidad del hombre reside en una pequeña lista de definitivas condicionantes como:
Conservan su apellido.
El garaje es todo suyo.
La preparación de la boda se hace sola.
El chocolate es algo que pueden comer.
Nunca quedan embarazados.
No se indisponen.
Los mecánicos les cuentan la verdad.
El mundo es su orinal: nunca tienen que conducir hasta la próxima estación de servicio porque en ésta están los baños sucios.
Las arrugas añaden carácter.
La gente nunca les mira los pechos cuando les están hablando.
Los zapatos nuevos no les destrozan los pies.
Las conversaciones telefónicas duran 30 segundos.
Para unas vacaciones de 5 días necesitan sólo una maleta.
Pueden abrir todos los frascos.
Si alguien aparece en una fiesta con su misma ropa, puede llegar a ser su amigo.
La cera caliente nunca se acerca a una zona peligrosa.
Pueden comer una banana o un helado en lugares públicos tranquilamente.
Pueden ver televisión con un amigo, en total silencio por horas sin pensar… “Si no me habla será porque debe estar enojado conmigo…”.
Si alguien se olvida de invitarle a algún lado todavía puede ser su amigo/a.
Su trasero no es un factor en entrevistas de trabajo.
Su ropa interior cuesta $ 30 en pack de tres.
Tres pares de zapatos son más que suficientes.
Son incapaces de ver arrugas en su traje.
Todo en su cara permanece en su color original.
El mismo peinado les dura años, quizás décadas.
Sólo tienen que afeitarse la cara.
Pueden jugar con juguetes toda su vida.
Pueden llevar pantalones cortos independientemente de cómo luzcan sus piernas.
Pueden “hacerse” las uñas con una navajita de bolsillo.
Pueden escoger si quieren dejarse bigote.
Pueden comprar los regalos de Navidad para 25 parientes, el 24 de diciembre, en 25 minutos.
Aunque tengan panza, siguen comiendo igual…
Es por eso que el hombre mantiene viva y perenne la felicidad que vendrá, si viene, en alas del ángel bueno bajado de las alturas y de los altares, porque, en fin, confesémoslo de una vez, todo esto no son más que manifestaciones secundarias del culto mariano… Y… ¿Lo mejor de todo…? ¡¡¡Todo es cierto…!!!
Continúa