La Piedra Lunar
Ejercicio de Libertad de Conciencia

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21.07.2010 18:08 / Mis artículos

LA DISCRIMINACIÓN CIRCULAR IRREVERSIBLE

 Hace unos días que la aprobación de la Ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo en Argentina ha puesto el tema de la homosexualidad en el tapete público. Como consecuencia, se han publicado artículos con tesis, antítesis e hipertesis analizando el tema de si los homosexuales deberían ser autorizados a: generar derechos de pensión y herencia, casarse, adoptar, en fin, de ocupar un lugar en el planeta. Esto es inadmisible, pero no como respuesta a la discriminación, como  expongo a continuación.

 Como bien dice Gerardo Sotelo en su nota, el tema no debería ser tratado por los criterios desde los que vulgarmente se los trata, esto es: políticos, sociales, religiosos, etc. Personalmente, yo iría un poco más allá desde mi radicalidad: estoy lisa y llanamente en contra de cualquier tratamiento del tema que, por este tipo de enfoque, genera por  la xenofobia (miedo a lo diferente) que  esta sociedad capitalista e hipermediatizada ni se molesta en esconder.

 Sostengo que la opción sexual no debería ser ni siquiera un parámetro en la dimensión social del  individuo.  Cuando estas magnitudes comienzan a delinear algo que se aparta del “ser humano promedio” del imaginario colectivo, que sería algo así como un individuo de 25 años, 75 Kg, con un ovario, un testículo, media vagina y medio pene, entre otras características que delatan la aberración que implica promediar para caracterizar (cosa que los sociólogos saben de sobra y por eso evitan) aparece, espontáneamente, el odio al diferente. Basta ver a los niños en la escuela, burlándose de gordos, flacos, altos, bajos o con lentes en los recreos. Los adultos no somos diferentes más que en la hipocresía.

 En definitiva, y de una vez por todas, quisiera plantear que no son las respuestas posibles las que tratan bien o mal el tema: la propia pregunta es aberrante, no debe ser jamás del orden público algo que pertenece a la intimidad y conciencia de las personas. No existe, por favorable que sea a la causa de los discriminados ninguna respuesta moralmente aceptable, debemos entender que meramente por aceptar la pregunta estamos generando la discriminación.

Por lo anterior, y por mi ineficacia para encontrar un descriptor mejor,  justifico el robo que significa el título de la nota (obvia referencia a  mi Maestro, Darwin Desbocatti) porque si aceptamos una pregunta discriminatoria y la respondemos, solamente por hacerlo aceptamos que la discriminación es suficientemente razonable como para ser tema de discusión y se la convalida. Así, a medida que la discusión se establece, más argumentos de generan y, se los acepte o no, eso afianza la alteridad de quienes involuntariamente quieren defender los partidarios de la no discriminación. Otra dimensión de la “Teoría de la desgracia circular irreversible” que no se limita a la economía.

Además, la opinión pública es voluble “cual piuma al vento” y lo que hoy está a favor, con, pongamos por caso Kristina en el gobierno, mañana puede estar en contra, con el hijo de algún dictador, por ejemplo. La libertad e integridad de los individuos jamás, insisto, debe ser relativizada con caracterizaciones impertinentes, porque eso limita, si no impide, su plena dimensionalidad como sujetos (esto es, agente de derechos y deberes). Lo anterior lo  no solamente es inmoral, sino, hasta dónde recuerdo, en este bendito país, anticonstitucional.

Pero supongamos por un momento en aras de la argumentación,  que fuera moralmente admisible  que se le pudiera colgar, como hacían los nazis, a una persona que, pretende llevar su vida tal y como considera que es  justa y perfecta según su moral, una etiqueta distintiva. Inevitablemente, esa etiqueta se convierte en un discriminador social, que puede ser algo positivo cuando es elegido, pero nefasto cuando se lo impone y justifica luego a los tiranos implementar sus campos de concentración y goulags. Recordemos que, brutos como pocos,  los que mandaban en la épica de la dictadura, no se rompieron mucho la cabeza y colgaban etiquetas “A, B o C” a las personas. Y no para mejorar sus vidas…

Si, por un instante, aceptáramos que a un individuo puede aplicársele públicamente este distintivo, ¿qué garantiza? Me parece obvio que nada. Si tomamos como ejemplo la adopción, ¿cuántas familias heterosexuales aberrantes existen? ¿Y quién piensa en sacarles la Patria Potestad, salvo en casos extremos de abuso o abandono? Nadie, obviamente, porque adscriben a lo que, inmoralmente, se considera “normal” y la última vez que investigué, la señorita “norma” no era de propiedad intelectual o moral de nadie. Antes bien, era muy cercana a la definición más elemental de individuo libre: el no poder ser encorsetado por los que se creen los dueños de la regla.

El anterior es solamente un ejemplo de lo aberrante que es siquiera pensar si los judíos, negros, manyas, homosexuales o curas son tal o cual cosa. Hay individuos, que podrán tener una o varias de esas características, pero es una falacia de falsa generalización sostener que si hay curas que son pedófilos, debemos encarcelar por estupro a cualquier individuo que lleve una sotana [1].

Como judío, la discriminación me es bien conocida, en especial cuando alguien sostiene que “tiene un amigo judío”, expresión que detona el “sentido arácnido” que tienen todos lo que por alguna particularidad de su personalidad son discriminados. En lo que me es personal, no tengo amigos judíos, negros, fachos, manyas ni homosexuales, tengo amigos. Lo que sean, será un resorte de su personalidad íntima o pública, pero jamás una etiqueta para colgarle, ni mucho menos, una carta para sacar patente de tolerante a sus expensas. Tampoco sirve enumerar individuos virtuosos de tal o cual categoría, no solamente sigue siendo falaz, sino que convalida la misma raíz de la discriminación: la taxonomía en sí.

Para terminar, y para que no se me malinterprete, las personas que, por opción o la causa que sea, son homosexuales, son discriminadas, se les limitan sus derechos y, en general, se los aparta o invisibiliza [2] y en este sentido pertenecen a los sectores más débiles y se los debe proteger y “empoderar” [3], porque en una sociedad que no taxonomiza a los individuos no es necesario un movimiento por el orgullo gay, ya que lo privado jamás pasaría a ser un tema público (salvo por libre elección de individuos que así lo desearen y no por coerción aplicada a un grupo). Pero esta sociedad sí etiqueta y sí y discrimina, y los individuos deben muchas veces agruparse para defenderse de estos atropellos.

Lo anterior solamente habla mal de la sociedad que avasalla las libertades individuales, obligando a muchos homosexuales (el uso descriptivo del adjetivo obviamente es válido porque no involucra valoración) a reprimirse, a permanecer “en el closet”  y ser menos felices de lo que podrían ser si sus derechos fueran respetados. Y eso genera una sociedad menos feliz de lo que podría ser. Y más tensa. Y violenta.

                        Asumamos de una vez lo obvio: la sociedad debe proteger los derechos de los individuos, convirtiéndolos en sujetos plenos y así poder exigirles sus obligaciones, y el poder ejercer una sexualidad libre y plena es uno de los más importantes. No olvidemos que es el primero, junto con el del libre pensamiento,  que atacan los tiranos.

            Adaptando una idea de mi Maestro, Alejandro Dolina, no se ataca la discriminación y su cinismo buscando respuestas adecuadas para una pregunta impertinente: es más eficaz una patada en los dientes, y no menos ética que discriminar.

Bernardo Borkenztain

 

 [1] Por cierto, si no fuera tan funesto llamaría a risa la interpretación del Vaticano de que los homosexuales deben mantenerse castos para no ser “aberrantes”. Si quiere espeluznarse, entre a esa maravillosa página que se autotitula, modestamente, “humanidad.org” Digna de Goebbels y Escrivá, por decir poco.

[2] Acción automática de la sociedad que describí antes como capitalista e hipermediatizada, que se anestesia con la basura televisiva, el consumo y logra mirar hacia otra parte cuando ve un niño en la calle mendigando en pleno invierno. Su mecanismo de eliminar “lo diferente” se llama “reducción a lo uno”, y es violatoria del derecho a elegir de las personas (que solamente son tales cuando este derecho les es garantizado, por definición y no por casualidad alguna).

[3] El término es espantoso, pero no encontré ninguna traducción que usara otro para traducir “empowerment”



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Químico profesional y aprendiz eterno de filosofía, me gusta antes que nada la posibilidad de intercambiar ideas y discutir, de ser posible con nivel, y si no, al menos con cortesía. Lo que no implica que no defienda con fuerza mis puntos de vista. Valoro antes que nada la tolerancia, que no es pasividad. Las opiniones en disenso no solamente son bienvenidas sino que deseadas. Lo que no admite polémica, es que "EL BIEN DE MUCHOS SE ANTEPONE AL BIEN DE POCOS, Y AL DE UNO".

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