Democrática como es la web, donde la mayoría de la información está igualmente disponible son importar en qué país estemos, los servicios en línea son una de esas cosas que todavía nos hacen sentir del "tercer mundo".
Desde un Google Maps impreciso e incapaz de buscar direcciones, hasta tiendas en línea que no envían a esta parte del mundo, todavía queda camino por recorrer para que todos podamos usar Internet por igual.
Muchas veces tiene que ver con la poca relevancia del país como mercado, otras tantas con visiones cerradas de empresas que parecen no saber de la existencia de un mundo al sur del ecuador.
Personalmente creo que donde más sentimos esas carencias en Uruguay es en el comercio electrónico, y en todo lo que tenga que ver con trámites o servicios. Pero no todo está perdido, ya que otra forma de verlo es que esos puntos han sido los que justamente más han mejorado en los últimos dos años.
Me animaría a decir incluso que hoy una persona podría vivir sin salir de su casa, manejándose únicamente por Internet (no es que lo recomiende, aclaro). Se puede teletrabajar, pedir al super, a lo congelados, al delivery, pedir un postre, recargar el celular, comprar música y libros, ver TV, escuchar radio, actualizar la computadora, leer los diarios, manejar la cuenta del banco, pagar las cuentas de la casa y -en caso de que finalmente uno se decidiera a salir- se puede hasta pedir un taxi.
Por supuesto que se pueden hacer mil cosas más pero el punto es que la mayoría de esas cosas no eran posibles hace apenas 42 meses.
Por otro lado no podemos alquilar películas online por Netflix, ni escuchar toda la música del mundo por Spotify, no tenemos clasificados gratis como Craigslist, ni podemos bajar series en el iTunes Store (aunque sí aplicaciones para el iPhone), tampoco podemos ver nuestras calles con Google Street View, ni un mapa completo en Google Maps y mucho menos pensar en saber cómo está el tráfico y dónde podemos tomar un ómnibus con Google Transit.
Al fin y al cabo no sé si este artículo al final es optimista o pesimista.
Capaz que lo más importante es preguntarse qué es lo que nos hace falta. Con un poco de suerte, podemos dejar de esperar que nos incluyan al final de la lista y empezar a generar algunas soluciones nosotros mismos.
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