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21.09.2009 18:43 / Mis artículos

Mujica tironeado

Hasta el inicio de la tercera semana de setiembre, la competencia electoral parecía encaminarse hacia un probable triunfo del Frente Amplio, ya sea en primera vuelta, ya sea en segunda vuelta y con mayorías legislativas propias. Sin embargo, los hechos acaecidos en estos días introdujeron, de manera inexplicable, una dosis de incertidumbre sobre el resultado final. Así como los sucesos del Hospital Filtro cortaron en dos la campaña en 1994, la tercera semana de setiembre se abre como un parte aguas de la carrera presidencial de este año.

El responsable del cambio fue el candidato presidencial del Frente Amplio, José Mujica. Para este partido, todo venía a pedir de boca. Realizaba una campaña razonable, crecía en las encuestas y su principal rival cometía errores de todo tipo. Sin embargo, Mujica volvió a ceder ante su principal tentación como político, esto es, la verborragia. Hizo lo que no debía hacer, esto es, se des-encapsuló de la coalición de actores que lo conducían al triunfo (sobre este argumento, ver notas anteriores).

El desastre se inició el domingo 14, cuando el periódico porteño La Nación publicó un reportaje donde Mujica formulaba severas críticas a la Justicia, al tiempo que defendía la opción del MLN por la violencia en los años sesenta. Las consecuencias fueron previsibles. Sus adversarios descargaron toda su artillería durante las siguientes dos jornadas. Mujica, por primera vez en la campaña, se vio obligado a realizar aclaraciones sobre sus dichos.

Sin embargo, en las siguientes horas la suerte parecía cambiar para el candidato del Frente Amplio. Una sucesión de noticias proveniente de la esfera de gobierno acaparó rápidamente la atención de los medios. Por un lado, el presidente Vázquez presentaba el Plan Ceibal en Washington, cosechando elogios de los Presidentes del BID y del Banco Mundial, y de la Secretaria de Estado, Hillary Clinton. De esta forma, Uruguay y su Presidente mostraban una reputación internacional reconocida por todos, lo cual suponía un empujón a la continuidad de la izquierda en el gobierno. Por otro lado, los datos presentados por el Banco Central mostraban que la economía uruguaya no había entrado en recesión y que los pronósticos sombríos de la oposición no se habían cumplido. También aquí la fórmula del Frente Amplio encontraba formidables municiones para su combate electoral.

Ambas noticias favorecían la candidatura de Mujica, al sacarlo del atolladero que él mismo se había impuesto cuando habló de más ante los periodistas de La Nación. A partir de entonces, Mujica debía retomar el libreto que dejara de lado. Había tenido suerte. Como en las películas del lejano oeste, la caballería (en este caso el gobierno) nuevamente acudió al rescate del muchachito en peligro (en este caso Mujica).

Sin embargo, este escenario "duró lo que dura un lirio". El jueves estalló una segunda bomba con la publicación de un adelanto del libro "Pepe Coloquios" en el semanario Búsqueda. Allí Mujica nuevamente hacía de las suyas. Vertió controvertidas opiniones sobre una serie de temas nacionales e internacionales, y formuló mordaces -y hasta hirientes- críticas sobre sus adversarios y particularmente, hacia sus compañeros de partido. A partir de entonces los hechos se sucedieron a gran velocidad. La oposición volvió a la carga, Mujica por segunda vez debió salir a aclarar, el autor del libro dio su versión sobre los hechos y en "Pepe tal cual es" se sacrificó al "confianzudo" periodista pese a su probada fe frenteamplista. Pero la frutilla en la torta la puso el presidente el viernes.

Desde Washington y sin bisturí, Vázquez expresó su posición sobre el asunto, haciendo estallar una nueva explosión sobre los vestigios de las primeras. Sobre este hecho quiero detenerme porque entiendo que es esencialmente importante para lo que queda de la campaña. En menos de tres minutos, el Presidente expresó con meridiana claridad, su molestia y enojo con el comportamiento de Mujica, pero también emitió un mensaje crucial para todo el Frente Amplio.

En su declaración, Vázquez expresó que como frenteamplista respalda disciplinadamente la candidatura de Mujica, dejando entrever que efectivamente esa no era su elección pero que aun así está dispuesto a ayudar. En segundo lugar, afirma que comparte en general las opiniones del candidato, sobre todo cuando se expresan en el marco del programa del Frente Amplio. Pero aclara, y con mucho énfasis, que no comparte la actitud de criticar "a todo y a todos, a veces con una actitud pontifical, en un terreno filosofal, quedando preso de muchas de estas expresiones, algunas de ellas que son simplemente estupideces que yo no comparto.".

Dada las características del presidente, este mensaje constituye a mi juicio una suerte de ultimátum a Mujica. Vázquez parece decirle "Yo no quería que tú fueras el candidato, pero aún así te apoyo. Pero no creas que ello implica un cheque en blanco para que hagas lo que se te de la gana. Aquí hay límites que debes respetar". Incluso, la última sentencia representa un diagnóstico formidable de las debilidades de Mujica como político, de la cual debería extraer una enseñanza profunda.

El razonamiento de Vázquez es obvio. Esta elección no la gana el candidato, la gana el gobierno, por tanto, el candidato debe tener una actuación correcta y sin estridencias. Y en esto, creo que Vázquez tiene razón. Lo distintivo de esta campaña, respecto a las anteriores, es que tenemos un gobierno con una amplísima popularidad. Toda estrategia que no tome en cuenta este dato, está irremediablemente condenada al fracaso. Como dijo hace ya algún tiempo el sociólogo César Aguiar "la población no está enojada con el gobierno, como sí lo estaba en la anterior elección de 2004". Por tanto, las estrategias eficientes se deben construir en base a este factor.

El candidato del Frente Amplio debería saber que su carta ganadora son los resultados de la gestión del gobierno. Vázquez ha dado pruebas suficientes de apoyo a ese prospecto electoral, realizando un acto en Bella Unión y ordenando a los ministros defender al gobierno ante los ataques de los candidatos de la oposición. Mujica debería guardar en el ropero su pretensión de vedettismo, su vocación por el micrófono, y sus tentaciones fundacionales. La idea es simple: limitarse a realizar una campaña centrada en la continuidad de la obra de Vázquez.

Los candidatos de la oposición tienen ahora una ventaja porque entendieron este esquema de competencia a la perfección. Saben donde está el negocio y tratan de explotarlo. Saben que la clave está en separar, distanciar, divorciar o des-encapsular a Mujica del gobierno. De poco sirve criticar el IRPF, la educación, vivienda o salud, si en definitiva la gente no está enervada con esas iniciativas. La ciudadanía no encuentra en los temas de policies un argumento suficiente como para abandonar al gobierno y cambiar su voto. El flanco débil es sin duda el candidato.

Por tanto, la campaña de ahora en más consistirá en tironear de Mujica. De un lado y del otro. El Frente Amplio y el gobierno tratarán de rodearlo, contenerlo, y encausarlo. Los partidos de la oposición lucharán por lo contrario. Buscarán separarlo del gobierno, colocándolo como una ruptura respecto a Vázquez y Astori. Para eso lo provocarán recordándole todo el tiempo sus afirmaciones. También invertirán los términos, utilizando la reputación de Vázquez para descalificar a Mujica. Ambas conductas se cruzarán. Mujica será el centro y deberá soportar una gran presión. En cierta forma, podría decirse que de él depende la elección.

No sabemos que impacto tendrán estos hechos sobre el resultado final de la elección. Sería razonable pensar que la intención de voto de Mujica sufrirá un cierto deterioro cuando aparezcan las encuestas que se están realizando en estos días. Sin embargo, no estamos seguros de ello. Hay que esperar. Recordemos que los votantes más politizados y atentos a los acontecimientos políticos cotidianos suelen ser los que tienen el voto más firme. Los votantes menos politizados y por tanto más proclives al cambio, necesitan unos días para percatarse de los hechos y sacar sus propias conclusiones. Allí entra en escena la capacidad de cada partido para influir en las consecuencias, o sea, en profundizarlas o en atenuarlas.

Sin duda, esta ha sido una semana crucial. Cuando se escriban las crónicas sobre la presente elección presidencial, ningún analista o historiador podrá pasar por alto los sucesos de la tercera semana de setiembre de 2009. Fue el momento en que las estrategias-ganadoras de cada bloque (Frente Amplio vs. Partidos Tradicionales) quedaron al descubierto. En las próximas semanas comprenderemos si ello alcanzó para cambiar el rumbo de los acontencimientos o si en definitiva todos esos sucesos no pasan de ser meras anécdotas de campaña.

21 de septiembre de 2009



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Profesor e Investigador del Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República

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