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08.09.2009 17:30 / Mis artículos

Cambió el viento

Algo cambió a fines de agosto. La encuesta divulgada por la empresa Cifra en la noche del lunes, confirmó lo que otras tres –Interconsult, Equipos y Factum- habían señalado la semana anterior: el Frente Amplio crece en la intención de voto y sus competidores permanecen estancados o caen. La cifra mágica del 48-49% está al alcance de la mano. Aun más, las encuestas revelan que el bloque compuesto por todos los partidos de la oposición no alcanza a superar el apoyo que recibe el Frente Amplio, en lo que puede considerarse la novedad más fuerte de los últimos doce meses.

El año pasado, en octubre para ser más precisos, los partidos de la oposición, sumados, superaban por primera vez al Frente Amplio en la intención de voto, luego de años de predominio mayoritario de la izquierda. En ese momento, muy pocos tomaron nota sobre ese cambio. El dato alentaba la posibilidad de una segunda vuelta, única posibilidad de los candidatos no frentistas para alcanzar la Presidencia de la República. Desde entonces, el bloque opositor siguió creciendo e instaló de hecho la idea de que habría balotaje. Las dificultades internas del Frente Amplio para seleccionar su candidato presidencial, contribuyeron con ese propósito. Sin embargo, pasada la elección de junio y resuelto el pleito en el partido de gobierno, las cosas parecen haber cambiando drásticamente. El estado de la opinión pública retorna a la configuración observada durante los años anteriores.

¿Qué sucedió para que el Frente Amplio se reponga tan rápidamente? Varias cosas. Primero, la interna del Frente Amplio selló la paz. Mujica venció en las urnas, Astori aceptó el lugar que el pueblo frenteamplista le había asignado (como a él le gusta decir), estableciendo un acuerdo no público en torno a las características de la campaña y sobre ciertos aspectos de un futuro gobierno. Segundo, Vázquez y sus ministros bajaron a la cancha con el objetivo de defender los logros del gobierno. Además de realizar un acto en Bella Unión y de prometer otros cinco, los integrantes del gobierno no dejaron pasar una sola afirmación de los candidatos nacionalistas que habilitara o mereciera una respuesta. Tercero, distintas organizaciones sociales (entre ellas, el PIT-CNT con un inusual paro con movilización), agrupaciones de interés, indiviudos aislados o coordinados, etc., comenzaron a alertar, por distintas vías y medios, sobre los efectos que tendría el retorno de Lacalle a la Presidencia (corrupción, pérdida de derechos sociales, etc.). De esta forma, se fue generando, silenciosamente, una amplia coalición político-social que comenzó a operar en la micropolítica cotidiana. A la larga, esta imperceptible faena termina por influir en las tendencias generales de la elección.

Pero en el otro bando también sucedieron cosas que contribuyeron al cambio. Lacalle cometió errores inexplicables en pocas semanas de campaña. Comenzó por sugerirle a los inversores que se abstengan de invertir, luego propuso la idea de aplicar la motosierra al gasto público (entregándole a su rival el principal símbolo de la campaña), más tarde comparó el Plan Ceibal con la Tarjeta Joven, y finalmente, quedó entrampado en una serie de chisporroteos con Mujica, donde sus aclaraciones terminaron por complicarle aun más las cosas (propuso derogar una ley que había sido derogada trece años antes y tuvo que reconocer su error; debió aclarar que no puede donar su jubilación porque representa su único sustento, etc.). En segundo término, esta larga cadena de errores estuvo acompañada de ciertos desajustes públicos de los integrantes de la fórmula presidencial, donde Lacalle aparecía subestimando o “ninguneando” a Larrañaga sin una aparente razón. Contrasta, de esta manera, el papel activo de Astori en la campaña de Mujica, con el papel marginal o subsidiario que asume Larrañaga respecto a Lacalle. Tercero, las bases políticas y sociales del Partido Nacional aparecen desmovilizadas. Ya no se ven banderas portadas por militantes nacionalistas en todas las esquinas como sucedió en junio. Las grandes listas animadoras de las internas de junio salieron de escena, pues sus titulares ya lograron su objetivo, o sea, ser tomados en cuenta e incluidos en un buen lugar de la lista de candidatos al Senado o Diputados. En esa búsqueda, gastaron todos sus fondos y quemaron todas sus energías. Pero aún más, en el interior, hay muchos dirigentes que guardarán sus fuerzas y recursos para la elección municipal de mayo. En todo caso, octubre es un problema de la fórmula presidencial y de quienes encabezan las listas al Senado.

Ambos procesos han sido simultáneos, generando un resultado favorable al partido de gobierno. De continuar estas tendencias, no resultaría extraño que el Frente Amplio resolviera la elección en primera vuelta. ¿Qué debería suceder para que ello no ocurra?

En principio, Lacalle debería modificar su estrategia. Pienso que Lacalle subestimó a su rival, porque Mujica es un político bastante más inteligente de lo que la media de sus opositores cree. Pero además porque no tuvo en cuenta el papel que podrían jugar los otros dos líderes de la izquierda, Vázquez y Astori. Por último, la idea de golpear al en muchas materias al mismo tiempo, parece no dar resultado, porque en última instancia la población no está enojada con el gobierno (como sí sucedía en 2004). Para intentar cambiar la situación, Lacalle debería luchar por controlar la agenda y para ello debería concentrar la crítica en unas pocas políticas gubernamentales. Si eso no funciona, debería cambiar drásticamente su estrategia. Una posibilidad podría ser que dejara de confrontar con el actual gobierno y concentrarse en el que supuestamente vendría, si Mujica gana la elección. Ello exigiría una fina construcción discursiva donde los votantes pudieran abstraerse e imaginar lo que sería el país en dicha situación. Larrañaga también debería jugar un papel, para atraer la atención de los miles de uruguayos que los votaron en junio. Para lograr esa operación se requiere experticia, claridad conceptual y sobre todo, un buen manejo de las oportunidades que día a día los medios de comunicación brindan. Son muchos cambios para tan corto tiempo, pero entiendo que a esta altura, Lacalle no tiene otra forma de cambiar el rumbo del viento.

No creo que sea una buena idea atacar a Mujica poniendo el énfasis en su pasado tupamaro, porque éste volverá a la carga con el tema de la corrupción, como ya lo ha hecho, provocando una retroalimentación que atentará contra el clima de la campaña. Ese tipo de intercambios generan consecuencias no previstas. Y en el balance de una campaña negativa, Mujica podrá siempre decir que pasó más de una década encerrado en un aljibe, y a Lacalle le costará mucho reconocer que varios de sus más cercanos colaboradores terminaron procesados y presos por la justicia democrática. En fin, por este camino sí se va directo al infierno, porque seguramente no traería grandes cambios, aunque sí un deterioro notorio en las relaciones interpersonales del elenco político.

Por tanto, el estado general de la elección muestra que Mujica es el candidato favorito para ganar la elección. El Frente Amplio tiene grandes chances de renovar su mayoría legislativa en octubre y no es seguro que se deba recurrir a una segunda vuelta para definir la elección presidencial. El Partido Nacional está en problemas y su candidato deberá modificar la estrategia si quiere mantener la chance de convertirse en presidente en el mes de noviembre. Las próximas semanas serán intensas. Estaremos atentos.

8 de setiembre de 2009



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Profesor e Investigador del Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República

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