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31.08.2009 02:26 / Mis artículos

Una receta de centro con ingredientes de derecha

El jueves pasado fue presentado el Programa único del Partido Nacional. Bajo el lema “Un país independiente, justo y próspero”, el documento de 75 páginas, presenta en forma sencilla y ordenada, las principales líneas programáticas de un eventual gobierno del Dr. Luis Alberto Lacalle. El texto comienza con una breve presentación firmada por los integrantes de la fórmula y con un capítulo introductorio (“Orientación General del próximo Gobierno”) donde se exponen lo que podrían considerarse los 10 principios básicos que guían la praxis nacionalista. Los restantes capítulos son de carácter programático (“Fortalecimiento del Estado de Derecho; Desarrollo económico; Desarrollo productivo; Desarrollo social; y Desarrollo público”) y presentan en forma taxativa las medidas de gobierno que impulsará este partido en caso de ganar la elección.

Una primera lectura nos muestra que este es un programa moderado, típico de un partido que aspira a conquistar el centro del espectro político. La mayor parte de sus contenidos podrían ser firmados, con mínimos matices, por los candidatos del partido de gobierno. Y esto no es por vaguedad, generalidad o simpleza del texto nacionalista, sino por el alto grado de convergencia programática que ha adquirido la política uruguaya.

¿En qué consisten los matices señalados? Son diferencias parciales en temas cuyo corpus central resulta básicamente compartido. Esto podría ilustrarse con un ejemplo. Respecto al Mercosur, el Partido Nacional propone tres medidas muy similares a las sostenidas por el Programa del Frente Amplio: “Profundizar el Mercosur en base a un efectivo cumplimiento de los compromisos ya asumidos (…); Agilizar y profundizar los acuerdos comerciales con el resto del mundo, en particular, se impulsará la culminación en un corto plazo del acuerdo con la Unión Europea; Defender la libertad de los países miembros para desarrollar negociaciones bilaterales en el marco de los acuerdos comerciales celebrados por el bloque”. Sin embargo, la cuarta y última medida expresa una diferencia clara respecto a la visión del partido de gobierno: “Evitar la desnaturalización del Mercosur como herramienta para la ampliación de nuestros mercados y el desarrollo económico, evitando la generación de organismos supranacionales que limitando nuestra soberanía exceden los límites del Acuerdo y la Constitución Nacional”. O sea, el Partido Nacional no propone salirse del Mercosur ni nada parecido. Simplemente no desea que el bloque continúe avanzando en la creación de institucionalidad supranacional, como el Parlamento del Mercosur. Ejemplos como este se observan en muchas áreas, sobretodo en las de políticas sociales, políticas educativas, matriz energética, relaciones exteriores, gasto público, reforma del estado y políticas de salud.

Al respecto debo señalar que el Programa del Partido Nacional propone algunas soluciones innovadoras en áreas como la educación (sobre todo en el nivel de secundaria), la matriz energética (liberalización) o la política de cárceles (creación de un instituto para menores infractores, otro posible instituto de cárceles y construcción en régimen de concesión), que pueden ser consideradas como un aporte sustantivo, sobre el cual podrían llegar a conformarse futuros convergencias.

Ahora bien, si tenemos tantas similitudes programáticas debemos preguntarnos dónde radican las diferencias entre el Partido Nacional y el partido de gobierno. Al respecto, podríamos decir que las mayores distancias se hallan en ciertos principios ideológicos que orientan el accionar de las colectividades. Veamos un solo ejemplo, para no aburrir.

En el capítulo 1 del Programa del Partido Nacional se afirma que “la principal función del Estado, aunque no la única, es proporcionar un marco jurídico claro y sencillo que otorgue certeza y seguridad a la actuación individual y colectiva, condición necesaria para el desarrollo integral del ser humano. Tan relevantes como la anterior son el amparo de los más vulnerables, la tutela de la competencia legítima y la defensa de los derechos amenazados” (página 13). Esta definición expresa una visión ideológica típicamente liberal, contrapuesta a la visión de inspiración marxista que expresa el programa del Frente Amplio: “El Estado es el producto y la manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clases. El Estado debe ser controlador, generador, impulsor, e inversionista de la economía” (página 29).

Mientras el Partido Nacional aspira a que el Estado no avance más (e incluso retroceda) sobre la economía y la sociedad, el Frente Amplio propugna exactamente lo contrario, esto es, que mantenga (e incluso avance) sus actuales posiciones. Desde esta perspectiva, las concepciones sobre el Estado de ambos partidos estarían haciendo una diferencia crucial. Izquierda y derecha frente a frente.

Pero además de la dimensión de los principios, existen al menos cuatro propuestas en materia de políticas que entrañan diferencias importantes. La primera refiere a la política tributaria. El Programa del Partido Nacional, en su página 25, afirma la intención de “rediseñar el sistema tributario derogando el IASS a los pasivos y, en la medida en que las circunstancias lo permitan, desmontando gradualmente la tributación sobre el ingreso de las personas físicas (IRPF), la tributación empresarial sobre el trabajo y los impuestos implícitos en los precios de los servicios públicos, sin abandonar el objetivo del equilibrio fiscal”. O sea, mientras el Frente Amplio defenderá su reforma tributaria, el Partido Nacional la atacará prometiendo su lenta extinción. Izquierda y derecha frente a frente.

La segunda diferencia está centrada en la política laboral impulsada por el gobierno del Frente Amplio. Ciertos postulados expuestos en las páginas 61 y 62 del Programa, tienen como consecuencia lógica la modificación de una parte de la normativa laboral aprobada en este período: “refundar el modelo de relacionamiento entre trabajadores y empleadores, sustituyendo la confrontación por la cooperación en la búsqueda de más y mejor empleo (…), afirmar la certidumbre jurídica en las relaciones laborales, estableciendo claramente las consecuencias de cada acción u omisión (…), regular la tercerización para evitar el incumplimiento de la normativa laboral…”, etc. Parece bastante obvio que por esa línea de razonamiento se termina en la modificación de la ley de negociación colectiva, la ley de tercerizaciones y la ley de libertad sindical. Izquierda y derecha frente a frente.

La tercera diferencia tiene que ver la política de seguridad pública. El programa del Partido Nacional plantea en su página 73, “rescatar el principio de autoridad” e impulsar algunas medidas como “transferirá hasta 2.000 efectivos del Ministerio de Defensa al de Interior, redimensionando la actual Guardia Republicana (…) y “elevar las penas a delincuentes reincidentes en delitos gravísimos”. Mientras la izquierda sigue creyendo que el problema de la seguridad radica en las condiciones sociales del país y que ese problema se trata con políticas integradas, el Partido Nacional apuesta a un golpe de timón, intentando dar una señal fuerte de autoridad con un montaje que supone innovación institucional con endurecimiento de las penas. Izquierda y derecha frente a frente.

La cuarta diferencia refiere a la política de minoridad. En la página 74 del programa nacionalista, se señala el deseo de rebajar “la edad de imputabilidad prevista en el Código de la Niñez y de la Adolescencia, elevando a 10 años la pena de privación de libertad máxima para aquellos mayores de 16 y menores de 18 años…”. El Frente Amplio, por supuesto, está en desacuerdo con esta medida. Izquierda y derecha frente a frente.

Por tanto, el Programa Único del Partido Nacional presenta una orientación de centro, pero con algunos contenidos típicos de derecha. “Menos estado", "menos impuestos”, “mano dura”, "bajar la edad de imputabilidad", etc. Todas consignas cuyo copyright es propiedad de la derecha en el mundo.

No obstante ello, en las restantes políticas –la amplia mayoría- las diferencias tienden a ser menores y en algunos casos, ínfimas. La convergencia programática, entonces, alienta la idea de que en el futuro período de gobierno, nuestro país puede aspirar a la concreción de acuerdos intertemporales o “políticas de Estado”, como gustamos denominarlas aquí. En última instancia, para quienes creemos que el desarrollo de un país está vinculando con la estabilidad y sustentabilidad de sus políticas, dicho escenario resulta bastante alentador.

31 de agosto de 2009



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Profesor e Investigador del Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República

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