acerca de patrimonios varios
algunas reflexiones sobre nuestros "lugares de la memoria"

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30.06.2009 23:34 / MIS ARTICULOS

EDUCACION Y PATRIMONIO (PARTE I)

 

UNA APROXIMACION A LA PROBLEMATICA DE LA EDUCACION PATRIMONIAL


I) LOS ANTECEDENTES CERCANOS


En 1931 se llevó a cabo en Atenas la primera CONFERENCIA INTERNACIONAL PARA LA CONSERVACIÓN DE LOS MONUMENTOS HISTÓRICOS. Los expertos europeos allí reunidos aprobaron un documento –conocido como “Carta de Atenas”-, que incluyó el siguiente punto:

La Conferencia, profundamente convencida de que la mejor garantía de conservación de los monumentos y de las obras de arte viene del afecto y del respeto del pueblo, y considerando que este sentimiento puede ser favorecido con una acción apropiada de las instituciones públicas, emite el voto para que los educadores pongan empeño en habituar a la infancia y a la juventud a abstenerse de cualquier acto que pueda estropear los monumentos, y los induzcan al entendimiento del significado y, en general, a interesarse en la protección de los testimonios de todas las civilizaciones.


No es necesario marcar el acotado papel que en ese entonces se asignaba a la educación con relación a un patrimonio a su vez encerrado en los límites de la obra monumental de significación nacional. Cuando en 1972 se formaliza la CONVENCIÓN DE UNESCO SOBRE LA PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO MUNDIAL, CULTURAL Y NATURAL, en el capítulo referido a “Programas Educativos”, se dice:

"Los Estados Partes en la presente Convención, por todos los medios apropiados, y sobre todo mediante programas de educación y de información, harán todo lo posible por estimular en sus pueblos el respeto y el aprecio del patrimonio cultural y natural definido en los artículos 1 y 2 de la presente Convención. Se obligarán a informar ampliamente al público de las amenazas que pesan sobre ese patrimonio y de las actividades emprendidas en aplicación de la presente Convención".


Se promueve el interés por “la protección de los testimonios de todas las civilizaciones”, y el aprecio por los monumentos, los conjuntos y lugares “que tengan un valor universal excepcional” desde el punto de vista de la historia, del arte o de la ciencia, pero se sigue alentando una experiencia educativa unidireccional y dominantemente informativa. En función de ello, el foco estará puesto en obras y lugares que UNESCO se encargará de registrar y a las que se atribuyen –con notoria visión eurocéntrica- cualidades excepcionales de valoración universal. Nada entonces que involucre al común de la gente con su entorno y con su historia, sin que esa constatación signifique desconocer el avance que supuso la Convención de 1972 y su decisiva influencia sobre las prácticas patrimoniales, no ya en el ámbito europeo, sino en el mundo entero. Pero es justamente en el momento en que junto al creciente protagonismo de UNESCO se consolida un marco de referencia institucional de esas prácticas y se hace notoria la expansión geográfica de criterios consensuados –se multiplican las “cartas” y “recomendaciones” y ya no habrá país en el mundo que no aspire a estar representado en el listado “oficial”-, cuando empieza a desarrollarse un proceso acelerado de cambio que afecta la extensión y el contenido del propio concepto de patrimonio.


Al celebrase los 25 años de la aprobación de la Convención de 1972, “El Correo de la UNESCO” editó un número especial donde diversos artículos dan cuenta de esa situación (“El patrimonio mundial: balance y perspectivas); allí un texto suscrito por Pierre Nora, aunque referido a la experiencia francesa, era particularmente elocuente en cuanto al impacto de un proceso que hacía pertinente hablar no ya de cambios, sino de una verdadera mutación:

“(…) Hemos pasado de un patrimonio de tipo nacional a un patrimonio de carácter simbólico y de identificación. De un patrimonio heredado a un patrimonio reivindicado. De un patrimonio visible a un patrimonio invisible. De un patrimonio material a un patrimonio inmaterial. De un patrimonio estatal a un patrimonio social, étnico y comunitario (…) Como consecuencia, el patrimonio cambia de naturaleza y de estatuto. Se suma en una misma constelación a las nociones de memoria, de identidad, de cultura, y se convierte en lo sagrado-laico de las sociedades democratizadas…”

Pierre Nora: “Una noción de devenir” en Correo de UNESCO /1997.


En ese contexto se inscribe EL PATRIMONIO MUNDIAL EN MANOS DE LOS JOVENES, un programa de UNESCO que situó el vínculo entre patrimonio y educación en un plano notoriamente diferenciado de aquellos que habían dominado hasta entonces. El emprendimiento fue coordinado e instrumentado a partir de 1994 por el Centro del Patrimonio Mundial y la Red de Escuelas Asociadas de UNESCO, con la misión de dar las herramientas necesarias a través de la educación para que los jóvenes puedan aprender a conservar y defender el patrimonio de su entorno, como también dar la posibilidad a que éstos puedan expresar sus preocupaciones y ser parte activa en la conservación y valorización del patrimonio cultural y natural”.


Poco tiempo después ya era accesible el “paquete de materiales didácticos” con el que UNESCO ponía a disposición de los educadores una “caja de herramientas” razonablemente provista para empezar a trabajar en los procesos –ahora redefinidos e incentivados- de educación patrimonial.Esa documentación es hoy accesible vía Internet y consta de cinco secciones, a saber:

a) la Convención del Patrimonio Mundial, b) el Patrimonio Mundial y la identidad, c) el Patrimonio Mundial y el turismo, d) el Patrimonio Mundial y el medio ambiente, y d) el Patrimonio Mundial y la cultura de paz.

 

Las referencias dominantes siguen ligadas a obras y sitios “de valor excepcional universal”, pero alternan ahora con criterios y métodos adecuados “para que los jóvenes puedan aprender a conservar y defender el patrimonio de su entorno”, un patrimonio notoriamente diverso y al que se pretende acceder con una renovada escala de valoración. En correspondencia con ese programa, UNESCO desarrolló en América Latina varios encuentros-taller de técnicos y jóvenes; los más recientes en Ciudad del Este (Paraguay, 2001) y Buenos Aires (2003). A su vez, su Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe está radicada en Santiago de Chile, habiéndose generado allí un proceso de investigación de notorio interés. Una experiencia no menos significativa se ha desarrollado en Brasil a través del Instituto do Patrimonio Histórico e Artístico Nacional (I.P.H.A.N.), y en Buenos Aires, con trabajo coordinado de las Subsecretarías de Patrimonio Cultural y de Educación de la Gobernación de la ciudad (programa “Patrimonio de los Barrios: ningún futuro sin pasado”).

 

En este último caso, se ha hecho un trabajo de excelentes resultados, en sintonía con dos programas de UNESCO: el “Patrimonio en Manos Jóvenes” –ya citado- y “Cultura en el barrio”, un proyecto iniciado también en los años 90 por la Comisión Nacional Suiza para la UNESCO, que tiene por objetivo principal “la promoción de las actividades culturales realizadas por y para los habitantes del barrio sobre temas directamente relacionados con sus vidas, con objeto de aproximar a unos y a otros y de reforzar su sentimiento de pertenencia a un lugar de vida y a una entidad social”.


A efectos de apreciar el giro y la profundización del vínculo entre patrimonio y educación que se ha producido en experiencias cercanas, vale transcribir dos breves pasajes de documentos elaborados respectivamente en Chile y Brasil:

“El proceso de globalización requiere que los ciudadanos se fortalezcan en sus propias tradiciones culturales, en su historia y en las expresiones que conforman su identidad. La mejor manera de aprender a vivir juntos en un mundo diverso y global es a partir de la valoración de la propia identidad cultural y del respeto por la cultura de los otros. El aprendizaje de la multiculturalidad permite crecer en el conocimiento y reconocimiento de la diversidad, genera ciudadanos activos y comprometidos con los valores democráticos, forma personas con una buena autoestima, y les otorga mayor competencia para actuar en la complejidad del mundo actual.

Un aprendizaje pertinente es, pues, aquel que resulta culturalmente significativo para el sujeto que aprende. Las personas le dan un significado y relevancia a sus aprendizajes a partir del contexto y tradición cultural donde están insertas y, desde allí, amplían su comprensión y su acción sobre el mundo”

“Metodología de experimentación e innovación pedagógica”

Red Innovemos de UNESCO


“El conocimiento crítico y la apropiación consciente por las comunidades de su patrimonio, son factores indispensables en el proceso de preservación sustentable de esos bienes, así como en el fortalecimiento de los sentimientos de identidad y ciudadanía”.

La educación patrimonial es un instrumento dealfabetización culturalque hace posible en el individuo hacer la lectura del mundo que lo rodea, llevándolo a comprender el universo sociocultural y la trayectoria histórico-temporal en que está inserto. Este proceso lleva al refuerzo de la auto-estima de los individuos y comunidades, y a la valorización de la cultura (…), reconocida como múltiple y plural”

“Guía básica de educación patrimonial” / IPHAN / Brasil / 1999


II) ABRIENDO UN BALANCE DE SITUACION A ESCALA NACIONAL


En el área de lo patrimonial existe en nuestro país una larga lista de referentes que hunden sus raíces en los tiempos de forja de la nación. En particular en el siglo XX es muy notable el trabajo de dos destacados pioneros, Horacio Arredondo y Juan Pivel Devoto, y no deberíamos olvidar las reiteradas oportunidades en que se intentó generar un marco legal e institucional adecuado, cosa que recién pudo concretarse en 1971 con la sanción de la ley Nª 14.040 (aún vigente y en espera de una drástica reformulación).


A nivel institucional, el órgano rector es la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación (unidad ejecutora dependiente del Ministerio de Educación y Cultura, inicialmente llamada Comisión del Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Nación), con sede en Montevideo y vínculo débilmente estructurado con las comisiones existentes en la mayor parte de los departamentos del país, alguna de ellas con trayectorias por demás estimables. También en Montevideo se ubican las sedes de UNESCO y de la Comisión Nacional que sirve de nexo entre ese organismo y el MEC. Se suman a ellas otras asociaciones civiles sin fines de lucro; tal el Centro-UNESCO de Montevideo y varias comisiones de “amigos del patrimonio” con valiosas experiencias (casos de Salto y Montevideo).


Con relación al tema que nos ocupa, la Comisión Nacional de UNESCO (MEC), en coordinación con la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, realizó en los años 2002 y 2003 una experiencia piloto en la escuela Nª 84 “Dr. Abel J. Pérez” del barrio Reus al Norte, alineada con los criterios dominantes en el ámbito internacional sobre el vínculo entre patrimonio y educación. En base a ese trabajo se elaboró un proyecto tendiente a ampliar esa experiencia a dieciseis centros de educación primaria y media de todo el país, como paso previo a la elaboración de “una guía didáctica general que sirva de apoyo a los educadores para tratar el tema patrimonial a semejanza del kit elaborado por UNESCO-París y la Guía de UNESCO-Chile”. El proyecto obtuvo el aval de UNESCO y una asignación de U$S 20.000.oo como contribución para su implementación… hasta ahora diferida.


Si bien existen experiencias de larga data cuya orientación es perfectamente compatible con los criterios alentados por UNESCO, y siendo a su vez evidente que en la situación actual la temática patrimonial no queda ajena al aula, esa temática no tiene una definición precisa en los programas curriculares, y al decir del trabajo antes citado “tampoco se tienen instrumentos didácticos para su introducción de manera transversal, en las diferentes asignaturas”. Tenemos una experiencia dispersa y no sistematizada, y un notorio rezago con relación a la gestión que en el campo de la educación patrimonial han desarrollado los países vecinos. Es hora de superar inercias y ponernos en línea con los avances que se han procesado a impulso de la gestión de UNESCO. Tema central en nuestras circunstancias, porque el patrimonio, forjador de un sentido de identidad y pertenencia, es por sobre todas las cosas, un instrumento esencial en la construcción de un proyecto de mejor futuro.


Cuando se abre ahora una oportunidad de hacer un balance de situación y de sentar las bases de un proceso que nos permita incorporar una renovada visión del vínculo entre educación y patrimonio, se impone también asumir la complejidad y el carácter dinámico de esos dos campos. En el caso concreto de lo patrimonial –un concepto y una práctica que, según vimos, han sufrido notables cambios en los últimos 30 años-, será conveniente elaborar algunos acuerdos básicos, aún a título de cosa provisoria y revisable, para tener una base operativa de razonable consistencia. Con ese objeto se plantean los puntos que siguen en nota complementaria (PARTE II)


SIGUE EN PARTE II http://blogs.montevideo.com.uy/hnnoticiaj1.aspx?27483,



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