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22.04.2009 05:53 / Reflexiones

La nueva política de acumulación y la frustración de Obama

'No podemos emprender una

guerra en defensa de nuestros valores,

y renunciar a ellos al mismo tiempo'.

Patrick Leahy,

Senador democrata

El capitalismo está en crisis que para algunos es terminal. De esta convulsión saldrá otro sistema nuevo, dicen, desaparecida la plusvalía como elemento de acumulación, sustituida en el comienzo del siglo por la especulación más escandalosa en las bolsas: la economía de papel. Por ello los esfuerzos del presidente Barak Obama para recomponer un orden democrático en nuestro continente, más allá de las dudas que se tengan sobre su celeridad, es un paso altamente positivo.

Es que el mecanismo de acumulación ha eclosionado, como cuando estalla una pompa de jabón, especialmente cuando se comprobó que esta última etapa de acumulación, se asentaba sobre bases ficticias, que no estaban apuntaladas en las viejas industrias pesadas ni, siquiera, en el tradicional camino imperial, de imponer precios a los productos industriales que coloca y, además, a las materias primas que recibe.

Las ganancias de la última década, de características volátiles, no fueron concretadas por el esfuerzo de aquellas enormes plantas de obreros sudorosos y ganancias siderales, donde los patrones se quedaban con la plusvalía, sino en la construcción ficticia de la llamada "nueva economía". La economía de la especulación, o de papel.

En la última década, detrás del optimismo de la "nueva economía", hubo una sobre capitalización financiera artificial, desproporcionada, que terminó por estallar, pues en la base de esa nueva modalidad de acumulación, no había más que empresas de papel, llenas de expectativas de grandes ganancias, creadas en la mayoría de los casos precisamente porque hacia ellas se habían volcado los capitales financieros más volátiles. En una nota anterior utilizamos como ejemplos a las empresa Nike y Microsof, sin capacidad propia de producción, que han tercerizado todo, que no tienen plantas, ni obreros que explotar. La primera solamente investiga mercados y modalidades de consumo y la segunda vende algo tan etéreo e intangible como la inteligencia: imposible, en los dos casos, medir un régimen de plusvalía a la vieja usanza.

Es evidente que el vertiginoso crecimiento de los años noventa había tenido bases extraordinariamente frágiles y, esa "nueva economía", no era como se quiso hacer creer, el impulso que iba de la mano de una nueva era de prosperidad.

Los problemas financieros, comenzaron a manifestarse ya con toda su agudeza. En Estados Unidos han acudido a la protección judicial por quiebras empresas cuyo valor es de cifras siderales en dólares, infinitamente más del promedio correspondiente a la década de los noventa. En lo que llevamos de año las pérdidas en las bolsas norteamericanas supera al PIB de toda América Latina, lo que no sólo es una muestra de su magnitud, sino de la aberración del orden económico capitalista de nuestros días.

Sin duda, que en este deterioro del sistema, se asienta también las nuevas modalidades que mostró EE.UU. que se expresan en el último período de George W. Bush, a través de su política exterior, dirigiéndose con armas y bagajes a mantener la guerra de Iraq, en contra un pueblo que sufrió, al igual que el afgano, una dictadura atroz, lo que no es más que un justificativo para la agresión. Dictaduras, hay que aclarar, siempre fueron apuntaladas por los servicios norteamericanos de inteligencia (CIA)

Bush y EE.UU., invocando sus valores y formas de vida, quisieron reducir a escombros a un país, sin importarle que con esa acción se esté conculcando el basamento que dice defender Bush y sus halcones. Veremos como hace ahora el presidente Obama para salir de este pantano.

No cabe duda que los halcones del Pentágono, asesorados por la derecha norteamericana, perpetraron estas acciones para, en alguna medida, recrear otra burbuja de reactivación que se produciría con el incremento de actividad en la industria bélica, a través de la cual el gobierno norteamericano intentó que ingresaran fondos a la economía ahora paralizada. De alguna manera en los meses posteriores al ataque a Afganistán, ese fenómeno fue evidente y a las fanfarrias del ataque y la victoria sobre los talibanes, se sumaron las que se escucharon por la reactivación económica.

La masacre contra el pueblo afgano, uno de los más desvalidos del mundo, se justificó con el repudiable atentado terrorista del 11 de setiembre y en la existencia de los talibanes al frente de un gobierno medieval, despótico e inaceptable para cualquier visión de los derechos humanos.

Bush repitió la jugada. Atacando a Irak, con lo que, de alguna manera, "vengó" el fracaso de su padre que, pese a concretar otra guerra desigual, la "tormenta del desierto", no pudo lograr la caída de Husseim y, además de intentar, a través del florecimiento de la industria bélica, insertar dólares en una economía cuyos síntomas de crisis eran más que preocupantes.

Sin embargo el esquema guerrero no está completo. Husseim era distinto al talibán Omar e Iraq no es un país que, como los soldados afganos, respondían con tiros de rifle el ataque de aviones de última generación. Parecería que la guerra que Bush se relamía por iniciar, no fue una tarea tan fácil, ya que los justificativos que se manejaron para la agresión no fueron avalados por una acción terrorista, unificadora, como la del 11 de setiembre, sino por flagrantes mentiras como las armas de destrucción masiva en poder de Iraq, que se probó que eran un cuento de fantasía del pentágono.


En el campo de las relaciones exteriores - dice Ignacio Ramonet (1), de cuya opinión extractamos los siguientes párrafos - la hiperpotencia estadounidense rige la política internacional. Actualmente, en nombre de la guerra infinita contra el terrorismo internacional, tiene fuerzas especiales desplegadas no sólo en Iraq, Afganistán y Pakistán, sino también en Filipinas, Yemen, Somalia, Georgia y Colombia. Interviene en todas las crisis de todos los continentes ya que es la única potencia que actúa sobre el tablero mundial: desde el Cercano Oriente hasta Kosovo, de Timor a Taiwan, del Congo a Angola, de Colombia a Cuba y Venezuela (en donde participó en el golpe de Estado del 11 de abril...). Además, Washington pesa decisivamente en el seno de las instancias multilaterales que determinan el curso de la globalización liberal: G-20, FMI, Banco Mundial, OCDE, OMC...

La consecuencia principal de esta mega supremacía es que Washington considera que dispone de un poder sin límites. Y se permitió en su momento declarar a su antojo 'enemigo de la humanidad' a cualquier dirigente, régimen o país. En nombre de esa superioridad decidió la masacre de Iraq, y convertir esta agresión ilegal en una 'causa noble' a la que todos los países del mundo tuvieron la obligación de asociarse. Si no querían verse acusados de 'estar con los terroristas'...

Pero todo ese proceso probó que nada es gratuito. El presidente Bush propició con sus acciones el triunfo electoral de Barak Obama, un político moderno y progresista que - al parecer - no tiene una relación como en el anterior mandatario con el poder económico -financiero, norteamericano. Y de allí su política de apertura en línea con el pensamiento de las grandes mayorías y abonada por el fracaso total del camino imperial anterior.

Bush hundió a EEUU en una ciénaga difícil y Obama, tratará por todos los medios, de superar la crisis que además tuvo el aditamento de la caída pronunciada del sistema. La paradoja es que los mandatarios de América Latina le hayan dado la espalda, un real contrasentido cuando por primera vez en un foro continental, como el del Trinidad Tobago, EEUU asumió un rol del igual y no de imperio prepotente como era su costumbre inveterada.

El tema de Cuba es, sin duda, un eslabón de lo que decimos. Obama resolvió ablandar aspectos de la política de bloqueo con la isla y ahora espera una respuesta acorde a los beneficios que ello provocará en los cubanos, que podrán recibir remesas sin restricciones y a sus parientes, los que podrán viajar todas las veces que quieran a la isla.

Sin embargo ese reclamo tácito por el ablandamiento norteamericano lleva a que algunos autores, como Emir Sader, sostengan que EEUU está nuevamente desplegando su política imperial. Una curiosa visión tendiente a justificar la falta de respuesta de los gobernantes cubanos, abroquelados en sus concepciones de siempre

'Vae victis!', avisaba Tito Livio. Pero la verdadera lección de ese poder sin límites que quiso expresar Bush la ha expresado el senador demócrata del acápite: 'No podemos emprender una guerra en defensa de nuestros valores, y renunciar a ellos al mismo tiempo'.

Veremos ahora como podremos definir la apertura de Barak Obama.

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Sobre mí
Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada. Profesión: periodista. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que "me impongo en cada una de mis notas periodísticas" En verdad, un verdadero dinosaurio, tímido, vicioso y apasionado. Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, "en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que, generalmente, me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo"


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