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Arte y Cultura por Emma Sanguinetti

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19.12.2008 11:00 / Mis artículos

Los libros en las vidrieras de los ojos

No es ninguna novedad, que la Ciudad Vieja ha sufrido el embate de diversas tormentas de distinto tenor y de diferente alcance. Primero, fue la fiebre de derribos en masa que terminaron en decenas de baldíos, algunos de ellos hoy patéticos estacionamientos. A esto le siguió el éxodo de sus habitantes, corridos a trompicones por la marginalidad, el desorden y la basura; el abandono y la ruina de los edificios, la emigración de los tradicionales estudios a zonas más seguras, y bueno, podríamos decir que el tiro final se lo dio el discutido sistema de estacionamiento.

Afortunadamente, esta tendencia viene revirtiéndose en los últimos años, a través de diversos proyectos e inversiones que le han restituido al barrio, aunque más no sea en el marco de ciertos horarios, algo de sus viejos encantos.

Tal es el caso, de la largamente esperada Peatonal Sarandí –que aún pelea su perfil con los vendedores ambulantes-, el reciclaje y la apertura en 2003 de la vieja Casa Mojana como Centro Cultural de España, el esperado regreso a la vida del Teatro Solís, y el constante esfuerzo de ciertos bastiones ya a estas alturas históricos, como el Mercado del Puerto, el Museo Torres García, la Librería Linardi y Risso y el siempre estimulante Café Brasilero, por citar tan solo algunos.

Hace unos meses, se ha sumado a este impulso otra buena noticia; me refiero a la reciente apertura de la librería “Más Puro Verso” que se ha instalado en uno de los espacios más emblemáticos de la Ciudad Vieja: el maravilloso edificio de la vieja óptica Pablo Ferrando, ubicado en el exacto cruce de la calle Sarandí con Bacacay.

En 1917, la firma Pablo Ferrando encargó al arquitecto Leopoldo Tossi, la construcción de un edificio que reuniera en su planta la atención al público y los talleres. El resultado fue un majestuoso edificio de seis pisos, de gran presencia y carácter, a pesar de que su estilo se erige como un ejemplo de transición y por ello es ecléctico con toques tanto modernistas como historicistas.

Complejo destino le esperaba al edificio; en 1973 la cúpula fue derribada ante el ostensible deterioro que hacía temer derrumbes, en 1999 la Casa Ferrando cerró sus puertas en la Ciudad Vieja y el edificio quedó abandonado. Languideció durante años, fue protagonista de discutidos proyectos de restauración y su futuro fue disputado por tirios y troyanos.

En 2006 finalmente, fue comprado por un grupo inversor español y se encaró una restauración total del edificio, incluida su ya inexistente cúpula, para la que se utilizaron viejas fotografías que permitieran reconstruir sus columnas circulares, su mampostería y el techo revestido de cerámica.

El gran portal que se proyecta desde Bacacay hacia Sarandí, luce monumental tributo a la arquitectura de hierro y cristal de la Europa de finales del siglo XIX. Los viejos escaparates en los que antes lucían las lentes, son hoy maravillosos muros de libros que se alzan en orden geométrico hasta cubrir todo el alto de las majestuosas vidrieras. Todo un espectáculo de ver.

En el interior, la gran escalera de dos brazos, recibe con amplitud un hermoso vitral rectangular de tonos amarillos decorado con las guirnaldas de flores propias del gusto finesecular, bajo el cual luce la pomposa sentencia en latín “veritas filia mendacii est”.

Los brazos de la escala, dan paso a la segunda planta, que por balconadas de hierro y columnas doradas, se integra como entrepiso y desde donde las paredes cubiertas de libros de piso a techo continúan las de la planta interior, generando una sensación de arrobamiento emocional, difícil de describir.

La forma en la que están explotadas las virtudes del viejo edificio, los cómodos sillones que permiten a los lectores disfrutar de una buena hojeada previa a la compra y el café que prontamente se instalará en la planta alta, emparentan a esta nueva casa de libros, con la que considero una de las más bellas librerías de America: El Ateneo de Buenos Aires del viejo teatro Grand Splendid de 1919.

Todo son buenas noticias; buenas nuevas para la cultura, para la Ciudad Vieja y para los amantes de los libros. ¿Que más se puede pedir?

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Sobre mí
Periodista cultural, Docente y Abogada. Escribe en el El País Cultural y en la Revista Dossier, es columnista de Radio Sarandí y edita en Santillana la Colección "Arte Uruguayo para Niños". Dicta clases en la Librería El Virrey de Pocitos y en el Museo Zorrilla de San Martín.

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