El pasado jueves, José Mujica sorprendió con un viaje relámpago a la ciudad de Buenos Aires para entrevistarse durante cuarenta y cinco minutos con el matrimonio Kirchner. Al terminar el encuentro el líder del MPP declaró a los periodistas allí presentes que la reunión había permitido “analizar algunos problemas que preocupan a ambos gobiernos” y que “las relaciones entre Uruguay y Argentina son muy buenas”. Como al pasar y sonriendo ante la cámara, dejó entrever que sus interlocutores le habrían solicitado algún consejo sobre el difícil problema del campo, y que él les pidió que “se acercaran al pueblo uruguayo sin temores”.
Los seguidores de Mujica interpretaron esta jugada como una maniobra magistral de quien busca ser el candidato presidencial de todo el Frente Amplio. Un encuentro de esa naturaleza daba prueba del enorme prestigio y capacidad de diálogo que tiene el líder del MPP, situación que contrasta con los restantes miembros del gobierno. Los detractores, en cambio, resultaron más discretos pues casi no hicieron declaraciones públicas. Sin embargo, dejaron trascender algunas opiniones críticas respecto al significado del viaje. Muchos de los críticos ven con malos ojos la celeridad que Mujica le ha dado a la carrera por la candidatura presidencial en el Frente Amplio, y sobre todo, la avidez que éste muestra por mantener el protagonismo en la agenda pública. Estos argumentos se vinculan a la poco comentada pero no menos criticada “auto-invitación” que Mujica se hizo para participar en la delegación oficial en los actos de asunción de Lugo en Paraguay. Tampoco a sus críticos le cayó bien el llamativo hecho de que, una vez culminada la ceremonia, decidiera quedarse algunos días más (al igual que Chávez) “para dar una mano” al novel gobierno progresista paraguayo.
Los analistas, no obstante, han tenido una reacción bastante más atinada que los seguidores y los detractores. No ha juzgaron las movidas de Mujica en un sentido estrictamente político, pues simplemente han interpretado a las mismas como el resultado de una estrategia electoral tendiente a buscar la diferenciación de Vázquez y su candidato oficial. El argumento es bien conocido y en esta columna lo desarrollamos la semana pasada: las actitudes de Mujica, el candidato “desafiante”, procuran establecer una diferencia, tanto en las ideas como en los actos, respecto a la línea impuesta por el gobierno en muchos temas. Este juego encierra, a mi juicio, un riesgo creciente que puede llegar a complicar el futuro inmediato de la pre-candidatura presidencial de Mujica.
Mientras Mujica viaja a ver a los Kirchner, el tandem Vázquez-Astori viaja a Israel, Egipto y Corea del Sur en busca de nuevos mercados. Mientras Mujica se suma a la caterva de líderes progresistas que pretende enseñarle a Lugo como gobernar y cambiar a un país pobre y corrupto, Vázquez y Astori realizan una visita protocolar y de bajo perfil, pese a que el ex párroco presentó al gobierno del Frente Amplio como el modelo a seguir. Mientras Mujica firma por la ley de caducidad la semana pasada volcando nuevos y sofisticados argumentos, el gobierno de Vázquez y hasta algunos de sus propios compañeros –como Fernández Huidobro- mantienen fidelidad a la promesa electoral de mantener la ley. Mientras Mujica se reúne con Larrañaga para diseñar acuerdos interpartidarios para el próximo período, el gobierno y particularmente Astori, soportan críticas despiadadas a la rendición de cuentas de parte de la mayoría de los legisladores de Alianza Nacional. Y así podríamos seguir.
Como podrá observarse, día a día, semana a semana, la lista de divergencias aumenta y esto para Mujica puede terminar por transformarse en un verdadero problema. Los campos de diferenciación que abre casi siempre terminan por incluir, aludir o rozar la sensibilidad de otros actores que en principio podrían ser aliados naturales o potenciales de su candidatura. Esas brechas no sólo son visiones alternativas respecto a temas de interés, sino también suponen el rechazo a posiciones que otros han defendido con ahínco junto al presidente. El caso de la visita a los Kirchner es tal vez el mejor ejemplo sobre lo que estoy diciendo. Salir de esa reunión y sostener que la relación entre los dos países está muy bien, luego de todo lo sucedido en torno al conflicto de las plantas de celulosa, puede ser visto por muchos sectores y votantes frenteamplistas más como un acto de cinismo que como un logro concreto de un precandidato.
Pero lo crucial en todo caso no es esto. Lo sustantivo es lo que está por venir. En setiembre, Astori abandonará el ministerio para iniciar su campaña y ello obligará a Mujica a asumir finalmente su condición de precandidato. La agenda de disputa entre ambos líderes girará bajo los mismos preceptos que aquí se han señalado. Mujica desmarcándose de Vázquez y generando flancos complicados. Astori defendiendo al gobierno y esgrimiendo su condición de primer “tabarecista”. Si todo sigue así, Mujica puede llegar a perder a Vázquez como referente, lo cual supone “jugar con fuego” dado el peso y el prestigio del presidente entre los votantes del Frente Amplio. Si todo sigue en esta línea, estaríamos tentados a creer que el planteo estratégico de Mujica se orienta más a superar a Tabaré -prometiendo por cierto algo mejor, que a continuarlo. En otras palabras, Mujica no estaría “jugando con fuego” al desechar buena parte de la línea trazada por Vázquez, sino estaría “inventando el fuego” al proponer un nuevo trayecto. Algo nada sencillo, si se considera que Astori, por lo menos hasta ahora, parece estar abocado a una tarea mucho más razonable, continuar a Tabaré.
¿Qué harán entonces los diferentes grupos del Frente Amplio ante estos posicionamientos?, ¿qué harán los votantes?, ¿creerán que puede existir un nuevo fuego o pasarán por alto la señal? Por ahora, no lo sabemos. Todo apunta a que esta será una disputa reveladora, dinámica y peligrosa para el Frente Amplio. Reveladora, porque nos mostrará hasta qué punto el Frente Amplio y sus principales líderes han madurado en el gobierno. Dinámica, porque las estrategias se van desplegando con extrema rapidez, dejando en claro las indiscutibles intenciones de sus actores. Peligrosa, porque como todos saben, bajo estas condiciones de competencia, el resultado optimo de triunfar en 2009 no está para nada garantizado. Es más, con esta orientación uno estaría inclinado a decir que los riesgos son inmensos y que muchos de ellos parecen innecesarios. Sino se asumen con madurez y realismo el daño final puede ser inconmensurable.
24 de Agosto de 2008
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