
En 1967, finalmente ve la luz una novela que había conocido el ostracismo literario como tantas otras de estos días que reposan ahogadas dentro de cerrados cajones de escritorios. Sufrió incontables rechazos de tipo absurdo y de realismo (pero nunca mágico). Al publicarse, el reconocimiento fue abrumante. La revancha es dulce.
Al típico estilo proustiano, el libro comienza: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo [...] ”.
Ese primer párrafo es el comienzo de una novela que narrará cien años de la ciudad de Macondo. “La ciudad de los espejos (o espejismos)”, según propias palabras del autor, había sido presentada en su anterior novela, La Hojarasca. Asimismo, es Latinoamérica latiendo: un escenario multicolor que palpitará bajo la pluma de García Márquez a lo largo de su obra, donde el tedio y la magia conviven entrelazados y que hasta se atreve a trascender la pluma del autor, como otros universos literarios, ya sea Yoknapatawpha, de William Faulkner, o Santa María, de Juan Carlos Onetti. La descripción de estos rincones es un espejo donde la ficción literaria supera claramente a la realidad establecida fuera de las páginas.
La genealogía de los diversos personajes de la novela es extensa, pero el buen lector no reparará demasiado en la creación de esquemas para una mayor ubicuidad lectiva, sobre todo porque el mismo escritor ameniza la historia sobre la marcha. Tampoco quedará inmune frente a pasajes descritos como cuando todos los habitantes de la ciudad sufren de insomnio, frente a una lluvia de cuatro años, once meses y dos días, Remedios plegando las sábanas, un suicidio donde la sangre parece tomar vida propia, o cuando un tren se lleva miles de cadáveres de una matanza y una mujer sentenciará “Aquí no ha habido muertos”. La realidad latinoamericana vivió ese momento. Del mismo modo, el lector difícilmente olvidará el nombre de un tal Melquíades.
Este libro fue una de las banderas del famoso “boom latinoamericano”, movimiento estratégico del mercado editorial, que conjugó dentro de sí a escritores como Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa, entre otros.
Es un hecho que García Márquez nunca podría haber escrito esta novela sin haber leído Pedro Páramo, del mexicano Juan Rulfo, libro que el autor admira.
Cien años de soledad fue el “Buendía” de García Márquez al mundo literario. Falta tiempo todavía para que nos escriba su “Buenas noches”.
M.Dávalos.
Gabriel García Márquez (1927). Otras obras: La Hojarasca (1955 - Novela), La mala hora (1962 – Novela), Los Funerales de la Mama Grande (1962 - Cuentos), Crónica de una muerte anunciada (1981 - Novela), Vivir para contarla (2002 – Autobiografía), Memoria de mis putas tristes (2004 - Novela).
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