acerca de patrimonios varios
algunas reflexiones sobre nuestros "lugares de la memoria"

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26.11.2007 21:32 / MIS ARTICULOS

MONUMENTOS EN ESPACIOS PUBLICOS

DESCUIDO Y VANDALISMO COMO PAISAJE COTIDIANO 

                         El doctor Juan Carlos Dighiero, alumno dilecto de Francisco Soca y sucesor de su cátedra, fallece en 1923; sus contemporáneos -“colegas, discípulos y conciudadanos”-, que valoran alto el ejemplo de su calidad humana, su rigor profesional y su compromiso comunitario, le dedican un monumento para hacer llegar hasta nosotros -y más allá de nosotros- su memoria. Fue erigido en julio de 1926, siendo obra de Juan D´Aniello. La imagen de portada da idea de su situación actual, emplazado en los que alguna vez fueron jardines, a escasos metros del acceso principal de la Facultad de Qúimica. Un preservativo cuelga a modo de caravana de la figura femenina, y en su frente un sticker promueve el voto por una de las listas de la asociación de estudiantes de Medicina (vecinos del lugar). Para dar sentido al gesto que la alegórica dama esboza con su brazo izquierdo, nos será necesario bajar la vista y apreciar en la base de mármol las huellas dejadas por los pies de otra figura … hoy inexistente (la mano detenida en el aire, se posaba sobre los hombros del jovencito desaparecido).  

                      Volviendo al pedestal sobre el que se yergue -todavía-, el busto del homenajeado, el texto que se le dedica aparece casi ilegible bajo una profusión de graffitis hechos con un cuidado digno de mejor causa. Cientos de universitarios pasan todos los días frente al bastardeado monumento sin que consten reacciones, y no parece además que fuera muy gravoso para las facultades de Química y Medicina incorporar el sitio a sus rutinas de mantenimiento. Pero así están hoy las cosas. 

                     En cuanto a la escultura faltante, ojalá haya corrido la misma suerte que la dedicada a María Eugenia Vaz Ferreira (*). Si así fuera, es seguro que una próxima intervención preventiva de la Intendencia de Montevideo, tendrá por objeto poner a buen recaudo a los pequeños Rómulo y Remo … o a la propia loba, teniendo en cuenta que desde hace unas semanas, otra loba quedó sola en Buenos Aires, desaparecidos sus "cachorros" de bronce. 

UN PROBLEMA AGRAVADO QUE NOS EXIGE RESPUESTAS 

                      La afectación de los monumentos situados en espacios públicos, sea por causas ambientales, por hechos fortuitos o por acciones irresponsables o vandálicas, es un problema tan viejo como la propia decisión de emplazar, a la vista de todos, esos mojones de la memoria. No es tampoco hoy el mayor ni el más dramático de nuestros problemas, pero es sin duda expresivo del rompimiento de ciertos códigos de convivencia -o del acostumbramiento a otros- y del agravamiento de ciertas tensiones y desencuentros sociales. 

                    Creo que podríamos coincidir en dos conclusiones básicas: a) que nada parece indicar que a corto o mediano plazo podamos gozar de un escenario y un estado de cosas muy diferente (el ejemplo precedente no alienta justamente ese tipo de expectativas); b) que atento a ello y sin perjuicio de tratar de analizar y corregir en la medida de lo posible las causas generadoras de esa situación, deberíamos ensayar estrategias de protección ajustadas a nuestras actuales circunstancias. Hay una larga experiencia en el extranjero que sería absurdo no considerar, pero algunas medidas tienen un buen respaldo en el sentido común y podrían instrumentarse de inmediato. He aquí dos caminos posibles: 1) reducir la dispersión de los monumentos en los parques, tendiendo a generar zonas de mayor densidad en un área próxima a aquéllos de mayor escala y potencialidad de control, concentrando en esas áreas las medidas de prevención y protección (iluminación, vigilancia personal y electrónica, etc.). Sea el caso del entorno del Hotel del Prado y la fuente Cordier, la Carreta próxima a la Comisaría del Estadio, etc. ; 2) el traslado transitorio de monumentos a lugares públicos con mejores condiciones para evitar afectaciones (pongamos por caso los jardines del Blanes, el Botánico, etc.); o incluso a espacios privados de uso público o semipúblico (pasaje del “Salvo”; “plaza de la anacahuita” en el edificio de Colonia y Yaguarón; actual parque Iberoamericano Enrique V. Iglesias, antes CAMBADU; etc.). 

UN EJEMPLO A ATENDER 

                     Un proceso en esos términos acaba de concretarse en la ciudad argentina de La Plata. Copias en mármol de dos obras famosas de Antonio Cánova, los pugilistas griegos Creugante y Damoxenos, se ubicaron durante décadas en espacios públicos abiertos- primero a distancia uno de otro; luego juntos, para mejor ilustrar la historia que los une-, siendo recurrente la necesidad de limpiar pintadas y aún de reparar roturas. Completada la última intervención de restauración -más gravosa que las anteriores-, la municipalidad tomó la decisión de trasladarlos a un lugar menos expuesto, y desde el pasado mes de octubre pueden ser apreciados en el Pasaje Dardo Rocha, en su origen estación ferroviaria y hoy centro cultural de la ciudad (**). 

                     También nosotros tenemos buenas copias de las obras de Cánova; están en el parque Batlle y lucen tal como en La Plata … antes del traslado. Pero eso puede contarse en otra nota.  

(*) Se hace referencia a ello en “Mis imágenes” Nº 63 

(**) Al igual que la estación Mapocho en Santiago de Chile, vale como ejemplo de lo que podría llegar a ser nuestra Estación Central. 

EPÍLOGO AUSPICIOSO: en su edición del sábado 12 de enero de 2008, una nota del diario EL PAÏS da cuenta del inicio de los trabajos de restauraciób del monumento a Rodó, primer ejemplo en que se concreta el programa de restauración de monumentos y esculturas promovido por la Intendencia Municipal de Montevideo, según  detalle en el sitio web de la Presidencia de la República. El responsable de los trabajos de restauración -José Belloni, nieto del autor de la obra-, expresó también, con criterio seguramente compartido por las autoridades municipales, que "todo este trabajo no tiene sentido si no se cuida después", y a esos efectos ya está operativo un servicio de guardaparques y se prevé implementar medidas estrictas de seguridad en el entorno de los monumentos más significativos. ¡Ojalá que el programa que la Intendencia ha puesto en práctica, rompiendo con décadas de pasividad, pueda cumplirse a pleno !



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