Paramus - Jauri
Columnas y análisis.
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12.03.2012 06:14 / Mis columnas en MCom


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            El próximo 22 del corriente, cuando el BCU informe el  cierre de las cuentas nacionales para el año cerrado en diciembre pasado el país recibirá un dato que, más allá de la reiteración de buenas nuevas en materia económica, volverá a sorprendernos. El crecimiento acumulado desde la crisis de 2002, se estará aproximando a una duplicación de la riqueza generada anualmente en el país. Nos aproximamos a completar una década en la cual el país ha logrado crecer sostenidamente a tasas acumulativas anuales del entorno del 5%-6% imponiendo una fenomenal novedad para la historia económica y política del país. Uruguay ha quebrado el estigma del estancamiento y se mueve ahora impulsado por una ola que empuja y pasa por arriba ya no sólo del viejo paisaje económico sino que empuja y pone en aprietos a la política y a sus profesionales. El crecimiento adquiere un viso estructural y, desde allí, inquiere, demanda, presiona; ha colocado al país y a la política frente a un inevitable cruce de caminos que no se reduce a una mera alternancia de partidos en el gobierno.

            El crecimiento opera como una gigantesca ola que arrastra preconceptos, que erosiona la vieja institucionalidad e impele con urgencia desconocida respuestas que la política provee con dificultades  notorias. Las causas del crecimiento y el reformateo estructural que ha posibilitado son relativamente conocidas –bajas tasas de interés, usufructo de términos de intercambio inéditos con el mundo a partir de la emergencia de la periferia y el acceso al capitalismo de una tercera parte de la humanidad,  captura nacional de las sinergias de la modernización brasileña,  capitalización propia de las barbaridades de la política argentina, defensa acerrada de la estabilidad financiera y monetaria instituidas en el diseño normativo de  salida de la crisis de 2002, reputación de la conducción económica,  e imposición de un pacto tácito de estabilidad y no agresión entre las fracciones más poderosas del oficialismo con la explicita  colaboración  de la oposición en sus líneas principales.

Financiación y pacto

             Los ocho mil millones de dólares anuales que recauda la DGI más las innúmeros tributos y cuasi tributos que alimentan al Estado y financian sus políticas le han permitido a este gobierno completar sus promesas programáticas más extravagantes,  inimaginables en 2005, cuando se instaló la primera administración de la izquierda. Reformas cuasi utópicas en el pasado han sido impulsadas y financiadas desde presupuestos y rendiciones de cuentas que se han votado con mayorías absolutas y sin discusión posible. En paralelo  aquel acuerdo logrado en los extremos ideológicos de la coalición de gobierno ha defendido, con convicción o sin ella, pero muy funcionalmente  las políticas de estabilización, crecimiento y distribución que caracterizan el gobierno del Frente Amplio. 

            Recientemente, ya convencida acerca de cómo funciona el método y la realidad, algo así como una nueva coalición política compuesta por  mayorías de la izquierda más  amplios sectores de la oposición, aparecen dispuestos a enfrentar la continuidad lineal del mismo. En esa visión, ya no alcanza con crecer y redistribuir momentáneamente si el gobierno y esa oposición - tributaria de fuentes de pensamiento no demasiado alejadas en su origen-,  no son capaces de forzar y consolidar un nuevo intervencionismo del Estado.  Eso es lo que esboza el senador Agazzi cuando se atreve a proponer el acceso de las organizaciones sociales y sindicales a la conducción de un nuevo y más profundo intervencionismo del Estado ya capturado y corporativizado al extremo.

 

            Este tipo de intervenciones  que parecería ser el intento de elaborar nuevos textos –como guías de estrategia de largo plazo- por parte de sectores muy activos de la izquierda, no sólo no es enfrentado en sus ulterioridades por las mayorías de la oposición sino que, en el fondo, es aceptado con resignación y realismo político. No es que la oposición no quiera o no pueda enfrentar lo que ahora es un deslizamiento del pensamiento de la izquierda más activa hacia elaboración de un intervencionismo más profundo y de signo diferente al que requiere la dinámica del proceso económico. Es que parece aceptarlo de bueno grado, sobre todo, si puede operar en ese deslizamiento imaginando poder cosechar los frutos de esa política de “condesendencia crítica” , cuando algún vendaval ponga a prueba la capacidad de administración del gobierno de izquierda en escenarios más estresados.

Textos, decires y estrategias que extralimitan los pactos

            Esta línea de nuevas elaboraciones que se insinúan en la izquierda comienza a aparecer en los discursos y también en la aplicación de las políticas principales. No se trata sólo del planteo de Agazzi que cuestiona la democracia representativa como estructura basamental del Estado y las libertades “burguesas”. 1/ 

             Es la profundización de políticas de mucho riesgo pero que cuentan con aceptación social y financiamiento fluido:   en la salud, en la educación, en la vivienda, en la seguridad o, incluso, en la política exterior, ámbito en el cual se destaca por la identidad con la historia del pensamiento nacionalista y popular,  la peligrosa alianza con el populismo argentino y por esa vía con sus similares latinoamericanos.

            Confrontada con esta línea de mayor intervención de modalidad tradicional, pero aún en el marco de ese amplio pacto de extremos, va a erguirse una alternativa diferente. Es desde allí  dónde hay que buscar las explicación de este movimiento pro OCDE, que desde una cierta clandestinidad admitida,  parece estar construyéndose en la órbita del Ministerio de Economía, en la complacencia del  propia presidencia de la República y el escepticismo de la oposición.

Preámbulos de una confrontación decisiva

            Ahora, parecería que el gobierno se apresta a avanzar un poco más, intentando reinstalar al país en los círculos más apetecidos del gobierno económico y político internacional. La estrategia de vínculo con la OCDE que parecería contar con amplios consensos internos pudiera constituirse en una alternativa de impacto a aquella que basada en la búsqueda de acuerdos de libre comercio con EEUU y Europa,  intentó capitalizar esa nueva apreciación que el mundo tiene sobre el país. Una visión simplista acerca de la eventual prosperidad de este intento de volar hacia el primer mundo saliéndose de las dependencias regionales sin abandonar el barrio pudiera inducir a errores.

            Si el gobierno de izquierda avanza en ese intento de relacionamiento cotractual con la OCDE sea en la modalidad que sea, y ese pensamiento de profundización del modelo actual lo permite, se llegará rápidamente a una confrontación insalvable.  Los acuerdos, sean cuales sean, con la OCDE presuponen derechos y obligaciones que deben ser internalizados  con todas sus consecuencias.  Esos nuevos contratos no son sólo de intercambio de información tributaria o eliminación de la doble imposición de la renta, o sus complementarios: son de consolidación de la estabilidad  y las reglas de juego que, hasta ahora, han sido los pilares de aquel crecimiento tan basal al cual nos referíamos en el inicio. Esta es una perspectiva opuesta naturalmente al viejo ideal del intervencionismo voluntarista. Es, en cambio, de desplazamiento ordenado hacia un mundo de reglas y obligaciones en el cual, el intervencionismo cobra características bien diferentes a las del viejo Estado uruguayo.

En suma,  el crecimiento ha dejado de ser un objetivo.  Se ha consolidado y roto el viejo asiento estructural de la política tradicional. Esta ya no puede administrar  la economía con la relativa simplicidad con la que operó en un siglo de estancamiento; ni puede tampoco ensayar las mismas formas de administración de los resultados de la batalla de 2002. Ahora es preciso innovar, sin textos, empíricamente, surfeando una ola que exige pericia y audacias inéditas.

1/  Semanario Búsqueda Nº 1652- 1/3/2012 pág. 9.




15.01.2012 20:03 / Mis columnas en MCom


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Esa debe ser la clásica pregunta que nos hacemos regularmente los centenares de miles de hombres y mujeres que solemos correr carreras de calle en el mundo.

 Uno de esos runner, Haruki Murakami, el famoso novelista japonés de moda publicó hace unos años un aporte muy modesto al intento de generalizar una respuesta. Me habían recomendado ese libro en orden de conocer con un poco más de profundidad algo de esas relaciones que en una carrera de fondo de diez, veinte, cuarenta o cien kilómetros se establece entre el corredor y el individuo que lo porta. Debo decir que el intento finalizó en una enorme frustración. Nada de la liviana anécdota de Murakami me ha ayudado a desarrollar o comprobar esa hipótesis desde la cual me animo a mi mismo cada vez que, en el ahogo infernal con el cual llego a los primeros dos o tres kilómetros  de una carrera, me pregunto: ¿Qué corno estoy haciendo yo aquí?

Razones

En mi caso la razón de salud no es determinante para correr. Ni en lo físico ni en lo psíquico puedo encontrar explicaciones puntuales y convincentes que justifiquen esas batallas. Naturalmente que tampoco el placer de correr es una razón satisfactoria: correr es una práctica que vincula con mucha facilidad el esfuerzo más desesperado con el aburrimiento más profundo.  Al respecto, como deporte, la carrera es incomparable con la gracia y satisfacciones que le produce a cualquiera participar en un deporte asociativo como el futbol o el basquetbol.   

Un principio de respuesta la encontré el 6 de enero pasado en los minutos previos a la largada de la San Fernando. Como siempre en esos momentos estaba nervioso y porqué no un poquitín asustado.  Supongo que algo dentro de uno le dice que hay un margen de incertidumbre recreado siempre, se esté o no preparado para cualquier prueba exigente. Pero pocos de nosotros nos animamos a reconocerlo.

Empero,  a diferencia de los veinticinco años que llevo corriendo este tipo de carreras, esta vez las circunstancias me permitieron explicitar ese nerviosismo. Me asombré mucho cuando mi hijo de 38 años y profesor de educación física tuvo el tupé de manifestarse ese mismo estado de ánimo cuando aún nos estábamos calzando los championes frente a la divertida mirada de nuestras respectivas compañeras. Desde allí fue que ya en la línea de largada me animé a preguntarle a uno de esos runner de elite si solía estar nervioso en los preámbulos de estas lides. -Claro que si! -Siempre! -me respondió Andrés muy suelto de cuerpo y un poco asombrado ante una pregunta de respuestas tan obvias, al parecer. Ahh, bueno! Entonces todo está bien –me dije-, ahora estoy más tranquilo, puedo entender un poco más porque corro y de qué se trata esto. Ahora puedo avanzar en esa hipótesis respecto a esa representación de vida que significa correr carreras de calle. Avanzar en la explicación real de porqué  algunos corredores a los cuales no nos gusta mucho correr insistimos en sufrir esa tensión inicial y la desesperación posterior de los picos de esfuerzo  para regocijarnos luego, ya no de los tiempos o la performance lograda sino en la satisfacción de reconocernos instalados en esa vía de vida que, de alguna manera, representa el correr carreras de calle.

La búsqueda de uno mismo como razón de vida en si

Carreras como test capaces de documentar la propensión a un esfuerzo mayor; a lograr que nos expongamos a alcanzar o no una meta incierta, a tomar ese riesgo en libertad y sin motivaciones materiales o exigencias disciplinarias. Carreras como jalones de un trayecto de vida. El elegido. No el que se nos impone sino el que uno elige y que será de esfuerzo y constancia, pero sobre todo, que será de confrontación constante consigo mismo. En la carrera no hay, como en el basquetbol, el amor, la práctica de la política o la carrera curricular, motivos que nos permitan excusar nuestras propias debilidades. Fuera del conjunto de corredores profesionales o de elite, no hay en la carrera metas alejadas de las que uno establece consigo mismo.  

Correr contra el viento, contra el tiempo, pero, sobre todo,  contra uno mismo supone una muy esenciada práctica de la voluntad de vivir de cierta manera. En competencia, en un nivel muy especial de relación con los otros que surge y se comprueba en el intento de vencerse al otro que corre dentro de uno mismo y siempre me invita al abandono, o al atajo, o a las disculpas compadecidas por lo que, habiéndomelo propuesto no pude obtener.

Desde esta práctica de vida que de alguna manera sintetiza el hábito de correr, el resto de las obligaciones se explican de otra manera. Por ejemplo, la educación para ser mejores padres e hijos, mejores trabajadores, mejores ciudadanos, mejores amigos. No es posible vivir sin educarse en cada una de esas y otras prácticas corrientes. Y no es posible educarse sin saber que la batalla principal de todas las guerras pasa por derrotar al otro que corre con uno mismo. Educarse para desoír los cantos de las sirenas sin que haya que atarse a un mástil  o apelar a la protección del otro para continuar navegando. Educarse en el esfuerzo buscando en esos test el dolor de comprobarnos exigidos solamente por nosotros mismos. Educarse en el cultivo de la responsabilidad estrictamente vinculada a la libertad individual desde la cual uno ha elegido largar otra vez. Esa desde la cual uno resiste sólo consigo mismo esa invitación constante al abandono o la búsqueda de protección de los otros.

De aquí en más

Ojala puedan el lector que me acompañó hasta aquí vincular estas reflexiones con el desafío educativo que enfrenta el país. Desde la base de la pirámide de responsabilidades;  de la manera más individual y personal posible, desde la intimidad del ser padre y madre o hijo, maestro o alumno.

De alguna manera deberé trabajar con más ahínco luego de haber llegado a una de esas próxima metas. La carrera  que realmente importa es muy individual y específica. Se desarrolla velozmente en esa larga vía en la cual, en el principio mismo de la reflexión filosófica, Sócrates intentaba instalar al atolondrado  Alcibíades mal educado por el soberbio Pericles para gobernar Atenas sin que se conociera siquiera.  No era para gobernar a los otros que uno debía someterse a la exigencia educativa sino para conocerse a sí mismo y poder, desde ese esfuerzo supremo, ir con uno mismo  hacía los otros. 

 




11.12.2011 21:01 / Mis columnas en MCom


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Días atrás, un relevante miembro del gobierno me  respondió un comentario, instándome a “no amplificar la crisis… el peor escenario es el de la ruptura”. Mi amigo en aprietos no hizo otra cosa que provocar una reflexión que, necesariamente, debo compartir con mis viejos y queridos compañeros de aquel reino del optimismo voluntarioso. Esa reflexión parte de una base que no parece terminar de entenderse: la ruptura del viejo proyecto de izquierda está expuesta, es insoslayable, duele y, además, si no se la trata como tal se transformará inevitablemente en una gangrena que comenzará a causar espasmos a la ya debilitada democracia de mayorías absolutas.  

 

La cosa es, obviamente, bastante más profunda que la disputa formal de dos equipos económicos que manejan ideas e instrumentos diferentes. La discusión sobre el impuesto a la tierra, la modificación del IVA o la de la  prelación de estabilidad de precios o el crecimiento que se reproducirá en el entorno de las reuniones del CCM/COPOM de fin de mes son de orden casi administrativo y sus alternativas sólo deberían observarse como señales de un sustrato mayor.

 

La vía muerta

 

En realidad la ruptura del viejo proyecto de acumulación y  recorrida ordenada hacia la justica por la vía pacífica de acceso al poder murió hace ya mucho tiempo. Naturalmente el problema no es el agotamiento o cierre de una vía…lo grave es mantener una vía que no tiene destino porque ya no hay estación a la cual llegar. La meta y la vía dejaron de tener razón de ser hace ya demasiado tiempo y alcanzó la caída del muro contra la que recostaba para que cualquier hijo de vecino con razón independiente se diera cuenta de ello.  La unidad,  sin razón de ser teórica sobre la cual explicarse, comenzó a expresar su peligrosidad cuando ya no pudo ni siquiera enfrentar con convicción y fuerza  sus propias extensiones patológicas;  el empeño en la unidad vaciada de contenidos comenzó a dañar,   desvirtuando el propio método de antaño que la integraba, confundiendo, exponiendo al sistema democrático en el límite mismo de su resistencia.

 

Sin recreación de la teoría, la continuidad del método de la acumulación en la vía pacífica generaría a la corta o la larga,  perversiones, riesgo y, sobre todo, la permanencia del estigma de la traición como disuasivo de toda disidencia.  A partir de la permanencia del empeño en una unidad vacía de contenidos finales, la izquierda uruguaya dejó de pensar. Fue capturada por la mediocridad del absolutismo, de los pies ligeros y los discursos elusivos. 

 

Aquella  feroz discusión de fines de los 60´ respecto al programa de la unidad fue postergada y diluida por la dictadura. Esa postergación total  fue, quizás y sin que los golpistas lo sepan, la gran victoria de la dictadura: ahogar aquella esperanza de autoreflexión y desplazar el centro de la agenda de discusión y tareas de la izquierda hacia otros temas y quehaceres;  muchos de ellos válidos e inevitables, muchos otros, ahora vinculados a la ejecución de políticas basadas en fundamentos obsoletos, políticas que hace rato no tienen ninguna unidad conceptual que las explique.

 

De aquí en más

 

Ahora se ha explicitado la ruptura y no habrá ya publicistas ni la magia del discurso presidencial capaz de convencer a nadie que allí, en el gobierno, conviven dos proyectos sustancialmente diferentes.  La explicitación de esa disidencia esencial, que no es de piel ni de egos, ni de cuotas de poder sino de principios y bases muy profundas se recreará una y mil veces ante cada dificultad vinculada a la progresión del movimiento en una vía muerta. Unos comprenderán esto de una manera e intentarán recrear la metodología de vías peligrosas. Otros decidirán empeñarse en lo que saben imposible: construir en este entorno aquello que nunca debería haber sido dejado de lado en su prelación elemental: empezar a pensar desde la libertad: lo imposible en el marco de exigencias de esa unidad vacía pero sublimada y cerrada a toda innovación crítica.

 

 Estos últimos seguirán siendo mis amigos y queridos compañeros a quienes seguiré abrazando cada vez con más angustia y pena. Por ellos y por nosotros, porque en ellos residía parte de la esperanza en la apertura de una vía capaz de renovar la esperanza en decenas de miles de orientales honestos, capaces de encontrarse con otras decenas de miles de compatriotas en el intento de construir desde el valor y la inteligencia,  la teoría de la revolución de la libertad. Aquella que nunca leímos y en la cual nunca pensamos en realidad; esa que hoy nos demanda ya no como militantes o políticos sino como ciudadanos.

 




14.11.2011 07:47 / Mis columnas en MCom


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Uno de los indicadores: la respuesta de las familias a través de los precios

 


            La discusión realmente interesante y de impacto respecto a la educación se ha trasladado desde la política a los hogares. En estos, las familias hace ya un buen rato que han perdido la esperanza en que la política les resuelva la educación de sus hijos y han pasado a tomar decisiones fuertes que se expresan en el gasto, la inversión y sus precios. Estas líneas deberían tranquilizarnos: las familias han recobrado la responsabilidad de educar a sus hijos. Los precios de los servicios de educación se han disparado. Ellos ya no recogen sólo el incremento del salario docente y los mayores costos de un servicio frente a los de la oferta de bienes transables. Esos precios son indicadores de una nueva y alentadora  reacción frente al desastre educativo expresada en demandas que no tienen aun respuestas de la oferta en los niveles requeridos.

            Una enorme y creciente cantidad de uruguayos están adoptando conductas inéditas respecto a la educación. El factor común que explica lo nuevo se resume en la asunción de responsabilidades propias y que, desde Varela en adelante, han sido progresivamente desplazadas del ámbito de decisiones privadas al de las políticas públicas. Hace ya un buen tiempo las familias han decidido volver a asumir un rol protagónico en las decisiones esenciales. Ahora ese cambio se ha acelerado. Son decisiones que conducen de lo público a lo privado, de la discusión de políticas a la presupuestación de la inversión y el gasto familiar en  educación.

Indicadores

            Esas decisiones generan realidades que se expresan en indicadores impactantes. Son decisiones pensadas y asumidas desde un análisis más o menos fundado respecto a la misma sustentabilidad de la familia en una perspectiva de futuro. Desde la desesperanza en la capacidad de sus representantes para revertir el desastre, las familias están recobrando un protagonismo que nunca debieron haberse dejado arrebatar. Los datos son tan claros como contundentes; en un país en el cual el presupuesto educativo o gasto público en educación se ha multiplicado exponencialmente en los últimos diez años, esa nueva demanda familiar en educación genera una de las realidades de mercado más notables de los últimos tiempos: la propensión marginal al gasto de las familias uruguayas contra lo que se cree, no se explica sólo por consumos postergados o conductas livianas respecto a consumos prescindibles. Esa propensión de gastar en educación de las familias una porción crecientemente mayor de los ingresos agregados, nuevos, o marginales, es la respuesta inteligente de los uruguayos frente a ese escenario en el cual, el Estado ya no sólo no puede sino que no quiere y se resiste a afrontar cualquier  cambio decisivo en orden de proveer una educación solvente a sus ciudadanos. Habría que trabajar un poco más con los datos para contabilizar una porción significativa del nuevo consumo en las cuentas de inversión. Quizás entonces pudiéramos revalorar con más argumentos las conductas de una sociedad que pudiera estar destinando más de lo que se piensa en la mejor inversión, en aquella que no registran las cuentas nacionales construidas con las viejas matrices que nada tenían que ver con la actual, reino de la información y el conocimiento,

            Esa demanda multiplicada de servicios “particulares” de educación, enfrentada a una oferta aún muy escasa se manifiesta, entre otros indicadores, en la de los precios relativos.

            En los últimos ocho años finalizados en el primer trimestre del año, los precios al consumo de la educación se han duplicado en términos corrientes, mientras que en términos reales han aumentado  casi un 30%. (ver gráfica) 

            En materia de salud, en cambio, los precios indican una disminución sensible del gasto de las familias en la adquisición de servicios de salud particular. En los dos sectores el gasto público ha crecido extraordinariamente, sin embargo, en el área de la educación ese aumento del gasto público no ha sustituido gasto privado.  Habiendo habido en las dos áreas una oferta amplia de servicios públicos, la respuesta de las familias en lo que refiere al gasto ha sido, al menos hasta ahora, diferente.  La lectura es insoslayable:  las familias están advirtiéndo que la calidad de la oferta de servicios de salud provista directamente (ASSE) o subvencionados por el Estado con gasto público (FONASA mutual escencialmente)  no las obliga –por ahora-  a buscar masivamente  la provisión de servicios privados de salud -seguros, etcétera.  No hay allí y en tanto, una demanda familiar que exceda la oferta y presione desmedidamente los precios administrados de la salud.

            En cambio, la observancia del deterioro de los servicios públicos brindados directamente por el Estado en materia de educación está resultando insoportable y obliga a las familias a incrementar sensiblemente la compra de servicios de educación. Demanda que por ahora no tiene correspondencia de oferta ni en cantidad ni en la calidad requerida, lo que ha determinado esa implosión de los precios de la educación en la canasta de los precios del consumo privado.

Las discusiones postergadas

            Este tipo de enfoque sobre el presente y la perspectiva de la educación deberían abrir otras discusiones, por ejemplo, ¿Cómo va a explicar el gobierno su balance de equidad si alguien se animara en serio a denunciar en forma su incapacidad para enfrentar su dependencia de las corporaciones que impiden cualquier cambio relevante en materia de educación? ¿Cómo explicará que ya hay una realidad de pobreza y marginación de proporciones mayúsculas asegurada en el Uruguay del desastre educativo?  O, ¿cómo va a explicar la oposición su discurso casi funcional con la permanencia del desastre, si es que alguien la acusa con fundamentos de compartir la responsabilidad del desastre?

            En suma, los políticos y sus círculos de atención más cercanos continuarán una discusión medida y de buenos modales sin ninguna solución capaz de iniciar la revolución educativa que necesitamos. Mientras tanto la sociedad aumentará su gasto e inversión privada en educación con base en decisiones familiares que ya no serán producto de la desesperanza como en la actualidad, sino que serán parte de un juego competitivo, activo, organizado, que soslayará la política y preparará ciudadanos de futuro. Habrá familias que no entiendan o que no puedan y sus hijos serán los marginados, los desesperados de una sociedad que ya habrá entonces comenzado a buscar formulas de integrarlos y educarlos. Eso será mañana. Pero en esa es la perspectiva. La que no será modificada por ninguna de las pobres confrontaciones actuales ni las decisiones menores de política que hay a mano.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




19.09.2011 15:48 / Mis columnas en MCom


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            El Estado puede redimir las grandes inequidades, compensar, reintegrar los desesperados y desposeídos a los puntos de partida de la competencia; él puede arbitrar justicia y proyectar; todo ello, además, sin que nada pueda afectar su capacidad de organizar a los individuos en relación al mejor modo de producción posible.  La utopía que hemos cultivado con tanto desperdicio de vida y riqueza ya no puede soslayarse observando sus efectos prácticos. Empero, ella nos compone y en torno a ella vivimos un poco más tranquilos al borde del abismo, un poco más tranquilos que si decidiéramos en serio enfrentar con la rebeldía necesaria esa extraña vocación de recrear pobreza de largo plazo. Pero hay momentos y momentos en los cuales enfrentarse a estas disquisiciones.  Ahora veremos cómo administra ese Estado y su política la acomodación del país en un nuevo escenario lleno de riesgos y dilemas desconocidos para la actual administración.

            Los datos económicos del II trimestre y el reconocimiento que el mercado financiero ya está anticipando una perspectiva diferente, conforman una realidad  cuyo análisis trasciende largamente la esfera de lo económico y se traslada a la política. Allí dónde se han afirmado las reglas de juego de una democracia descuidada de sus propias bases de sustentabilidad.

            De cuando en cuando nos vuelve a pasar lo previsible: los datos nos sorprenden. Es lo que sucedió la semana pasada al conocerse el marcado  enlentecimiento del proceso de creación de riqueza sucedido en el segundo trimestre del año. Hasta cuando aparecen esos datos de quiebre, nos contentamos. Mal que bien, el Estado transfiere a los más desposeídos un poco más de recursos o les administra cuidados paliativos para sobrellevar su pobreza.

            Datos y corrección de proyecciones de crecimiento

            En el segundo trimestre del año la economía creció un 0.5%, acumulando en el año móvil finalizado en junio, un 4.8%. De pronto, sucedió que las cuentas nacionales objetivizaron un proceso de suspenso y estancamiento de la producción cuyos datos iniciales recién se estaban comenzando a advertir en estos días. Recién estábamos comenzando a manejar indicadores de anticipación provistos por las consultoras que utilizan los sensores más sofisticados cuando aparecieron esos datos sorpresivos. El martes 13 CINVE informaba los resultados de su ITAE:  Resumía el informe: “Datos observados a setiembre de 2011 de los determinantes del ITAE-cinve permiten afirma que la economía presentaría una desaceleración durante el tercer trimestre del año, estimándose la expansión tendencial en 0.7%. De acuerdo a la evolución prevista de los componentes del índice se mantienen las proyecciones de crecimiento tendencial para 2011 y 2012 en  7.2% y 4.6% respectivamente.”

Importa recordar que esté mismo indicador de “anticipación” había informado a fines de junio que ese segundo trimestre habría finalizado con un crecimiento corregido al alza en ese entonces de 1.8% a 1.9% lo que le permitía a CINVE reafirmar que la economía crecería en 2011 un poco más de lo previsto al término del marzo 7.4% vs. 7.2 %... Ya no sólo CINVE sino que las respuestas de todos los asesores y consultaras encuestadas  por el BCU en aquella fecha coincidían  en que la economía crecería  un 6.8% en el curso de 2011.

 Un día después de la publicación del ITAE-cinve con las proyecciones ajustadas por lo que daba ese sensor en setiembre, el jueves 15, CINVE  informó las nuevas cifras oficiales insistiendo que su proyecciones para ese trimestre continuaban creciendo, aunque, a una tasa de incremento trimestral que, ahora bajaba de aquel 1.8% a un 1.3%, con lo cual la nueva proyección de CINVE para el año calendario 2011 se sitúa ahora en 6.3%, manteniendo la de 2012 en el  4.6%.

Deloite está corrigiendo a la baja la estimación de crecimiento del PIB ubicándola en un rango no precisado aún, del 5.5% al 6%. El resto de los analistas se apresuran a rever sus modelos de predicción con vistas a una nueva proyección que, quizás, en términos de mediana del conjunto encuestado por el BCU  ya no sea del 6.5% de la encuesta de agosto sino que se ubique ahora por debajo del 6%.

La referencia de los precios

            Los datos complementarios del dilema al cual se enfrentará la política en los próximos días están dados por la inflación que, pese a haber disminuido la dinámica expuesta en junio- julio, se ubicó en el año móvil cerrado en agosto en el 7.6%. La mediana estimada en la encuesta de setiembre por los mismos asesores consultados por el BCU para los doce meses próximos se mantiene muy cerca del 7% mientras que esa misma mediana pero para el año calendario en curso se sitúa en el 7.5%. O sea que aún sin considerar el impacto que pudieran tener las medidas de política monetaria del COPOM del próximo 29 del corriente –previsible disminución de la tasa de política del 8.5% al 8%... y la también previsible mayor firmeza del dólar-,  Uruguay finalizaría el año con una inflación que estaría 2.5% por encima de la meta del BCU para el año (5%) y un 1.5% encima del techo del rango en el cual se pudiera mover el objetivo de política del BCU al cierre del año (6%).

            Completando el escenario sobre el cual se estructurará la compleja discusión de política económica que tendrá lugar en los próximos días es necesario considerar el incremento de la protección en el comercio regional e internacional, la permanencia de la crisis y la acusada pérdida de competitividad acumulada que tiene Uruguay, ahora con todo el mundo incluyendo como novedad la caída de la competitividad con Brasil.

            La política y sus aportes

            Los dilemas a los cuales se enfrentará el gobierno en los próximos días son extremadamente novedosos. Ahora la sustentabilidad del crecimiento, los niveles de empleo y la estabilidad general del país han comenzado a ser desafiados en términos no conocidos hasta el presente. El escenario político y económico ya no tiene nada que ver con aquel al cual se enfrentó el gobierno en el curso de la crisis de 2008.

            El mercado financiero ya está anticipando cuales serán algunas de las decisiones a las cuales apelará el gobierno, detrás de las cuales se alineara con muchas dificultades para su reputación el BCU. La especulación dominante es la siguiente: dado que el gobierno teme una caída más acusada del ritmo de crecimiento, sus medidas de política tenderán a mejorar la competitividad rápidamente, pese a lo que ello suponga en materia de aumento del riesgo de la inestabilidad general. Apurado y muy complicado en la propia comprensión unitaria de lo que está sucediendo, tenderá a continuar estimulando el consumo y aumentando la inversión pública,  con la esperanza que en los próximos meses las causas externas de los desequilibrios internos no continúe develando la vulnerabilidad fiscal en aumento. El presupuesto ya no se puede modificar.  . Lo esencial para mantener la política sin ajustes que pudieran complicar la ya debilitada disciplina del oficialismo es impedir la continuidad de la caída del nivel de actividad aún subsistiendo las causas externas que la han precipitado en estos dos últimos trimestres.

            Como en otros lares el recurso será mantener y aumentar la expansión monetaria intentando al mismo tiempo el fortalecimiento del tipo de cambio real por todas las vías posibles. De allí la previsión de disminución de la tasa de política monetaria y/o un incremento de la flexibilidad monetaria y fiscal.  Ello permitirá la permanencia del ya considerable gasto privado y una rápida incentivación de la inversión pública y su gasto asociado.

            Resultados previsibles

            De permanecer relativamente incambiado el escenario en el cual se moverá la economía nacional en el próximo trimestre, la política procurará sostener el nivel de actividad y el empleo hasta que sea posible y, paralelamente, intentará arbitrar con mayores convocatorias a la unidad del frente oficialista y sindical, los desequilibrios y conflictos que generará la amenaza inflacionaria creciente. Este es un dominio bastante desconocido para la administración frenteamplista y quizás, el indicador de mayor atención será el cómo se procesa esa acomodación política. El mercado ya habrá arbitrado y dispuesto sus precauciones. Los datos se observarán en los precios relativos de los instrumentos financieros. En el corto plazo aumentará el dólar, bajaran las tasas de retorno y los precios de los activos estarán en suspenso, probablemente tendiendo a ubicarse en niveles inferiores y  más sustentables en el mediano largo plazo.

 

 

 

           

 

 

 

 


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