01.12.2009 07:41 / Mis artículos
Las crisis permanentes del capitalismo, el cuestionamiento a sus principios filosóficos y su más reciente y destructivo daño a la Humanidad: el cambio climático.
Hace un año ya que el Mundo vive una crisis económica global sólo comparable al crack de 1929. Sus consecuencias negativas las venimos padeciendo día a día, a pesar de lo cual, podemos rescatar algún aspecto a destacar de todo esto: esta debacle sin precedentes inmediatos ha corrido muchos velos, sobre todo, ha hecho caer los velos que desde siempre han querido encubrir los peores males del capitalismo, males que no son nuevos, que son intrínsecos al sistema, pero que también, desde siempre, se han tratado de mantener ocultos, o fuera de "agenda", gracias al poder mediático multinacional que es tan funcional a los intereses del discurso dominante.
Pero la porfiada realidad, desde septiembre de 2008, ha dejado en evidencia todas estas calamidades y más aún, las ha puesto en primera plana a competir con el "mensaje oficial", quedando bien en claro todos los flancos por donde este modelo viene haciendo agua, y cómo, millones de seres humanos más se han agregado a la lista de los perjudicados por la vorágine capitalista que se desató luego de la crisis.
Hagamos, entonces, una breve reseña, y tan sólo a vuelo de pájaro, de cómo algunas de estas cosas, han empeorado aún más en este último tiempo.
La FAO, en su reciente cumbre en Roma, estableció que la crisis económica mundial elevó el número de pobres de 850 a 1020 millones en apenas un año. En su declaración final estableció: "Nos comprometemos para que deje inmediatamente de aumentar -y se reduzca considerablemente- el número de personas que sufren a causa del hambre, la malnutrición y la inseguridad alimentaria". Eso sí, sigue sin saberse ni cómo, ni en cuánto tiempo lograrlo, ya que de los 44 mil millones de dólares que necesita por año este organismo para cumplir con tales metas, los países industrializados se han quedado en meras promesas por cifras mucho menores a la mitad de lo exigido y todavía, sin ningún plazo definido.
Es que está clarísimo, a los países centrales no les tiembla la mano cuando entregan billones de dólares para salvar a un sistema financiero lleno de banqueros corruptos, pero para nada se preocupan por erradicar la pobreza en el Mundo. Ni siquiera demuestran interés por hacerlo en el seno de sus propias sociedades donde este flagelo también avanza, ya sea por la propia crisis como también por el hecho incontrastable de que las naciones más desarrolladas, en los últimos 30 años, han concentrado enormemente la distribución de la riqueza a favor de los más ricos, y reducido hasta en casi un 30% los ingresos de los sectores más pobres.
Pero esta crisis también ha demostrado, sin medias tintas, que la especulación desenfrenada que ha creado enormes burbujas de capital ficticio sigue intacta y funcionando como en sus mejores días, mientras que el trabajo digno, ese que enaltece al esfuerzo humano y que genera la riqueza digna, sigue perdiendo a todos los premios: la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) entiende que la recesión en los 30 países más desarrollados, entre 2009 y 2010, aumentará el número de nuevos desempleados en 25 millones. Y estas son cifras de un organismo afín al sistema, por ende, por demás cautelosas, ya que otros estudios hablan de cifras aún mayores.
Y por si todo lo anterior fuera poco, gracias a la bancarrota capitalista del último año, el Banco Mundial estima que no habrá reducción en la mortalidad infantil durante 2009 sino que, por el contrario, ésta crecerá en el Mundo (400 mil niños más morirán según este informe, que se sumarán a las cifras ya existentes) por carencias de atención sanitaria, debido a la falta de recursos por los distintos recortes presupuestarios aplicados para enfrentar a la crisis (claro está, recortes hechos exclusivamente en las carteras sociales). Así queda más que claro cuál es la esencia de este modelo socio político que nos domina en los cuatro puntos cardinales: hay dinero para rescatar a las finanzas (y así parar el derrumbe del sistema capitalista), pero no para salvar niños.
Smith, Friedman, y los principios capitalistas.
Pero esta crisis, quizás, haya tenido una "virtud" aún mayor a lo ya reseñado: sus desastrosas consecuencias, también, han socavado los pilares fundamentales donde reposa el edificio ideológico del capitalismo, ya que ha puesto en tela de juicio los principios filosóficos sobre los que se sustenta el modelo.
Modelo que tiene como a su principal teórico a Adam Smith (y en su versión actual a Milton Friedman y su escuela neoclásica o neoliberal) quien desarrolló los principios rectores del capitalismo en su libro "La riqueza de las Naciones" en 1776. Su obra, en resumidas cuentas, postula dos principios básicos que hacen a la esencia del capitalismo. El primero de ellos se refiere a que cuanto más se persiga el beneficio individual (lucro), aunque parezca paradójico, mayor será el beneficio social resultante. Y segundo, cuánto más libre (sin ningún tipo de trabas o regulaciones) sea el funcionamiento de los mercados, se asegurará la más correcta y eficiente distribución de los recursos, y se generará la mayor riqueza posible. Obviamente que estos dos principios van unidos, es el lucro el motor del sistema que potencia la acumulación de la riqueza, y el es el mercado "transparente" y en "competencia perfecta" el que asigna los recursos de la forma más eficiente.
Eso es lo que dice la teoría, sin embargo, más de cuatro siglos de capitalismo (salvaje, expoliador, devastador o inmoral, no le ponemos adjetivo porque le van todos) nos demuestran otra cosa muy distinta, y esta crisis que estamos padeciendo, viene a confirmarlo en forma contundente.
Hoy por hoy, hasta el mayor de los incrédulos, o él más acérrimo defensor del status quo, luego de todo lo acontecido en poco más de un año, ha debido admitir que el lucro desenfrenado, (ese que en las últimas tres décadas se ha tratado de imponer como un valor fundamental, como el mejor y más eficiente medio de organizar a la sociedad de acuerdo al neoliberalismo gobernante en el Mundo desde Reagan y Thachter para acá) ha estado en el origen de esta terrible debacle que llevó a que el sistema financiero global se "tragara" cientos de miles de millones de dólares persiguiendo el mayor rédito posible a como diera lugar, y sin importar a quién se afectara, o qué se derribara.
¿Es que alguien podía tener alguna duda de que el valor primero del capitalismo funciona de este modo? La tozuda realidad, a partir de septiembre de 2008, respondió por sí sola.
Y qué decir de los mercados: la competencia perfecta, los mercados transparentes y la libre oferta con muchos competidores ofreciendo el mismo producto, ya prácticamente no funcionan, ni siquiera en el caso de los productos primarios que son dominados por oligopolios a nivel local, o de acuerdo a los mandatos de alguna multinacional cuando los mismos traspasan fronteras, o por el juego especulativo del capital ficticio a través de los mercados a futuro, que inflan los precios de muchos alimentos y sus formas de distribución, para empeorar aún más el problema del hambre en el Mundo. Pero, acaso, ¿ha existido alguna vez un mercado tan liberalizado, tan desregulado, tan por fuera de todo control gracias al secreto bancario, como el negocio financiero transnacional? ¿No eran estas las condiciones ideales para que la "mano invisible" obtuviera sus mejores resultados? Y como en toda la historia del capitalismo, la mágica "mano invisible" articuló su acción de la forma más "eficiente": premió al lucro rampante y se llevó para el bolsillo de los banqueros corruptos el dinero de los ahorristas, condenó a millones de trabajadores al desempleo, a cientos de millones de seres humanos a la pobreza, y a cientos de miles de niños a que mueran por falta de atención médica. Es que es así como opera el lucro, la competencia perfecta y la "mano invisible". Es que así es como actúan los valores primordiales del sistema. Es que así es por naturaleza el capitalismo desde el principio de los tiempos.
La nueva crisis capitalista: el cambio climático.
Ahora bien, seamos claros, todos los efectos de esta debacle que han sido reseñados en estas líneas, no son para nada nuevos: en realidad, son las crisis permanentes del capitalismo que recrudecen y se hacen obscenamente visibles en estas coyunturas históricas como la que hoy nos toca vivir. Eso, para nosotros, está en la tapa del libro. Pero desde hace unos pocos años a esta parte, verdaderamente, nos toca enfrentar a una nueva crisis del capitalismo cuyas consecuencias recién empiezan a hacerse notar, y en muchos casos, con características de catástrofe.
Hablamos concretamente del cambio climático. Cambio climático que es el resultado directo de este modo de organización económica, social y política que nos rige, que ya no le basta con expoliar al Hombre como lo ha hecho desde su génesis, ahora también necesita esquilmar a la Tierra para satisfacer sus incontenibles ansias de lucro. Obviamente la otra cara de esta moneda es el consumo desmedido que el propio sistema alimenta y propicia. En este estado de cosas, estos dos procesos, conforman esta lógica perversa de ir agotando valiosísimos recursos y contaminando al medio ambiente de un modo irreversible.
Es lo que en alguna ocasión nos atrevimos a definir como la fase capitalista de la devastación, algo así como la "evolución natural" que el sistema capitalista ha tenido en estas últimas tres décadas en las que el modelo ha avanzado sin ningún freno y con todo el terreno a sus anchas, gracias al empuje vertiginoso del neoliberalismo y a la falta de una firme y decidida oposición de las corrientes mayoritarias de la Izquierda, luego de ocurrido el derrumbe del socialismo real.
Muy posiblemente, en los próximos días, en la Cumbre sobre Cambio Climático que se va a llevar a cabo en Copenhague, los máximos dirigentes de los países centrales (que a su vez son los mayores emisores de gases de efecto invernadero) con Obama a la cabeza, posarán sonrientes para la foto luego de que hayan convenido algunos cambios de superficie para que todas las cosas sigan como están. Seguramente harán pública una declaración que establezca algunos porcentajes de reducción en la emisión de gases contaminantes, de plazos muy largos para concretarlo, y de la creación de un fondo para ayudar contra este flagelo a los países más pobres que ya sufren muchas de las catastróficas consecuencias de este fenómeno.
Así, se calmarán las conciencias de algunos ecologistas que no ven el problema de fondo, y lo más importante, las multinacionales de los países ricos tendrán nueva carta blanca para seguir horadando sin límites al Planeta hasta convertirlo en paisaje lunar, y no dejar de contaminar a los ríos y de secar a las tierras, para que el lucro capitalista continúe prosperando (que tanta falta le hace a estas naciones ricas en estos duros momentos de crisis).
Así también, se podrá potenciar, sin cargo de conciencia, el consumismo desenfrenado del Primer Mundo, que estaba algo deprimido en este último tiempo, pero que seguramente volverá a trepar hasta los cielos, en clara muestra de derroche y de despilfarro que nos ratifique que el capitalismo está bien sano de nuevo, total, con ese fondo seguramente también se va a auxiliar a los 1020 millones de pobres que apenas si logran consumir las 15oo calorías diarias para asegurar la vida.
Ahora bien, y a modo de conclusión, lo que más nos duele de todo esto, y hasta el tuétano, es que la Izquierda aggiornada del presente (la que domina en Europa y la que gobierna en todo el Conosur americano), esa que se ha enquistado en este modelo, y que se ha vuelto funcional al mismo, no nos da ninguna alternativa, ninguna acción para que esto comience a cambiar en forma radical.
Quizás, haya llegado la hora de reverdecer las viejas utopías a pesar de los escépticos, de las izquierdas de utilería y de los desorientados de izquierda (otrora revolucionarios de armas tomar a los que algún pedazo del Muro de Berlín les debe haber golpeado la cabeza y producido amnesia, porque han olvidado toda idea de socialismo). Quizás, sea el tiempo justo de plantear los nuevos paradigmas, porque la construcción de un nuevo Mundo, no sólo es imprescindible, sino que además, es impostergable.
Mientras tanto, por lo menos, debemos ser conscientes, y más que nada, debemos crear conciencia: el reloj del Planeta se echó a andar y ya comenzó con la cuenta regresiva. Todo se lo debemos al capitalismo que nació nutriéndose de la sangre de los esclavos, de la sangre de los oprimidos, y de la sangre de los trabajadores, pero que ahora, más voraz e insaciable que nunca, además, necesita de la sangre de la Tierra, y si no le ponemos freno, nada lo va a parar hasta dejarla yerma y rala.
07.11.2009 00:59 / Mis artículos
A un año del rescate bancario, muy poco se ha saneado al negocio financiero y aún no aparecen las imprescindibles regulaciones que eviten los excesos. De seguir así las cosas, el estallido de una nueva crisis es inexorable.
En nuestro artículo anterior habíamos dejado planteada la intención de responder a la pregunta de cuánto había cambiado el orden financiero global a poco más de un año de haber sido duramente golpeado por la peor crisis en décadas.
Eso es lo que trataremos de hacer en esta ocasión.
Un salvataje hecho a la medida.
Pero empecemos por el principio y detengámonos en el programa de rescate para la banca norteamericana, y especialmente, pongamos atención a cuáles han sido los objetivos de su filosofía. Aunque nos disguste profundamente, este plan parece que hubiera sido concebido para beneficiar selectivamente a las principales multinacionales bancarias de Estados Unidos, mucho más que para sanear al sistema.
Y es lógico que así haya sido, más si nos ponemos a pensar que los funcionarios que diseñaron este plan, tanto en la Administración Bush como en la Obama, en la mayoría de los casos, también han sido ejecutivos de alguna de estas compañías y están imbuidos hasta los tuétanos de la sustancia que ha hecho crecer y desarrollarse a estos gigantes con pies de barro.
Lo ocurrido en este último año lo confirma en forma contundente.
En primer lugar, el grueso de la incalculable ayuda que la Reserva Federal destinó a este salvataje, se concentró en las corporaciones financieras de primer nivel, que a su vez eran las más comprometidas, pero a las que, de "ningún modo", se podían dejar caer (Citigroup, Bank of América, JP Morgan y Goldman Sachs por citar a las más importantes). A pesar del sigilo con que se ha querido ocultar los montos de estas ayudas, se estima que han rondado los 50 mil millones de dólares para alguna de estas instituciones.
Pero por si esto fuera poco, el Gobierno Federal dio ayuda extra otorgando rebajas fiscales a estos "lideres del negocio financiero" para que adquirieran a otras instituciones importantes que estuvieran al borde de la quiebra. Los casos más notorios son la compra a precio de remate de Bear Stearns y de Washington Mutual por parte de JP Morgan, y de Merrill Lynch por parte de Bank of America. Obviamente que estas fusiones tan rentables para estos "primeros bancos" no han sido hechas con efectivo de sus propias cajas que estaban completamente vacías, sino con los generosos dineros de los contribuyentes, y con saldos financiados con la utilización de garantías muy especiales que la FED ha debido aceptar para que estos grandes negocios se concretaran. Esto ha llevado a Bank of America del cuarto o quinto lugar hasta el primero de la banca norteamericana, y a JP Morgan al segundo. Vaya ascenso vertiginoso para estos bancos que hace poco más de un año estaban casi quebrados, y que ahora se dan el lujo de concentrar mucho más poder y volumen de negocios que nunca.
Pero, lamentablemente, la Reserva Federal no ha sido igual de generosa con los más de 100 pequeños bancos locales o regionales norteamericanos a los que se les ha negado la ayuda necesaria y han ido a la quiebra. Pequeños bancos que, en algunos casos, eran el sostén crediticio de actividades productivas y comerciales de pequeño o mediano porte con base territorial, y por ende, cumplían con lo que debería ser la verdadera esencia del negocio financiero: asistir a la producción y al comercio y con ello promover al trabajo, que es la única forma de producir la verdadera riqueza, y ante todo, la riqueza digna. Sin embargo, estos pequeños bancos no han podido ser asistidos y han quebrado, mientras que las grandes corporaciones tienen dinero del Estado de sobra para que los reyes del negocio financiero artificial sigan jugando sus cartas de capital ficticio, haciendo inversiones especulativas de alto riesgo a cualquier precio.
La segunda crisis al acecho.
Pero, si alguien pone en duda lo que afirmamos anteriormente, tan sólo pongámonos a pensar cuánto se ha depurado al sistema de los males que lo han llevado a la presente crisis.
Empecemos, entonces, por los llamados activos basura, enormes cifras que figuran en los balances de estas grandes corporaciones, que inflan su patrimonio, pero que en realidad representan "valores" incobrables (las tantas veces mencionadas carteras de papeles tóxicos). Es que a pesar de la enorme ayuda que el Estado Norteamericano ha brindado para este rescate, sólo una ínfima parte de estos activos basura ha sido saneada (U$S 0,8 billones únicamente). Se estima que aún existen carteras de este tipo por unos 62 billones de dólares en toda la banca mundial, y buena parte de ella, en la de Estados Unidos. Esto significa que las "grandes finanzas" siguen paradas sobre un polvorín dispuesto a estallar nuevamente en cualquier momento. Es así de sencillo.
Aunque aquí no termina todo: en el último año han sido muchas las fuentes que han señalado que los bancos continúan realizando inversiones especulativas de alto riesgo, pero ahora utilizando los dineros de los contribuyentes. Por supuesto que, como lo han hecho desde siempre -y mucho más ahora--, esto se encubre tras una fina ingeniería de vericuetos contables y de relaciones comerciales "especiales" que se mantienen con alguna de sus subsidiarias en los paraísos fiscales.
Los paraísos fiscales en el entramado financiero global.
Y he aquí uno de los puntos cruciales de todo este asunto. Con mucha frecuencia sentimos hablar de algunas islas del Caribe (aunque hay unos cuantos lugares más en el Mundo que cumplen igual función) como centros de evasión impositiva, o de blanqueo del dinero del tráfico de drogas o de armas o de otras maniobras ilícitas.
Obviamente que esto es así. Nadie lo duda. Pero aparte de todo esto, los paraísos fiscales han sido una pieza fundamental que ha encajado a la perfección dentro del andamiaje del negocio financiero globalizado. Han sido el paso adelante que necesitaban dar algunos banqueros para llevar hasta el último extremo la fuerte desregulación que sus negocios han gozado durante la última década en el primer mundo. Y vaya si lo han conseguido.
Empecemos por lo más obvio: la evasión fiscal y el fraude. Las grandes corporaciones financieras suelen ofrecer "productos muy atractivos" de sus filiales en estos lugares (donde el secreto bancario es regla de oro, no existe ningún tipo de regulación, y las franquicias impositivas son la norma), para "transferir" cuantiosos fondos de las casas matrices. Esto no sólo es hecho para eludir imposiciones tributarias, sino para evitar los mínimos controles que la autoridad monetaria debería realizar y más que nada, para no inmovilizar reservas o encajes, a los que sí estarían obligados en su país de origen.
Pero además, esta ha sido la forma más utilizada para apropiarse de los dineros ajenos, como ha quedado demostrado que ha pasado en el último año y poco. Ahí tenemos el caso de muchos de los "hedge funds" (fondos de alto riesgo) que fueron utilizados con total discrecionalidad durante el boom de la burbuja inmobiliaria, atrayendo hacia ellos a muchos inversores por los exagerados "réditos" que ofrecían en comparación con otros derivados financieros. Dos de los más grandes de estos fondos, que quebraron apenas estalló la crisis en septiembre de 2008, pertenecían a Bear Stearns, (que por entonces estaba calificado como el quinto banco de inversión de todo el mundo) y de ellos no se pudo recuperar más que el aire y una dirección postal en las Islas Caimán desde donde "funcionaban". Ni más ni menos que ha sido así: estos famosos "instrumentos financieros de primer nivel" y un apartado postal en un paraíso fiscal, bastaron para desviar cientos y cientos de millones de dólares, y esquilmar al ahorro y a la buena fe de muchos honestos ciudadanos que confiaban ciegamente en sus agentes de inversión y en el majestuoso mundo de las finanzas.
Y jugando un poco con las palabras: más que una casilla postal en las Islas Caimán, en realidad, toda una postal que revela la quintaesencia del sistema financiero global que nos rige y del modelo capitalista que le da su seno.
Aunque, aquí no terminan los beneficios extras que han encontrado las grandes finanzas a nivel global en la utilización de estas sociedades instrumentales de banca offshore. Hay más aún.
Las grandes fusiones apalancadas.
Como bien sabemos, una de las consecuencias primordiales que la tan mentada globalización ha traído consigo ha sido la integración vertical de las distintas actividades de un mismo sector económico a nivel mundial. También es notoria la absorción de los principales competidores por parte de empresas líderes de modo que el "libre mercado" siga floreciendo cada vez más a nivel mundial. Todas las multinacionales más importantes lo vienen haciendo con fusiones, adquisiciones y asociaciones de las distintas empresas vinculadas a su interés en el lugar donde más convenga. Es más, todos solemos asombrarnos del furor que esto viene tomado en los últimos tiempos, ya sea por lo vertiginoso de estas adquisiciones, como por las cifras siderales que se manejan en estos acuerdos. Y es aquí donde también aparecen los paraísos fiscales dentro de la ingeniería de las grandes corporaciones financieras, en lo que se conoce como "apalancar un negocio". Estas compras que cuestan miles de millones de dólares en muchos casos, se concretan con el respaldo de alguna casa matriz bancaria del primer mundo, aunque en realidad se hace intervenir a una filial en el paraíso fiscal. Obviamente, a esto se agrega el apoyo por demás optimista de las calificadoras de riesgo (que como tantas otras veces hacen la vista gorda acerca de estos pequeños detalles), y la operación en un alto porcentaje se "financia" con papeles emitidos por estas entidades offshore manejadas desde Wall Street o la City. La casa matriz, además de embolsar cuantiosos honorarios por la intermediación, empuja y mucho para que estos grandes negocios se concreten y con ello se infle el valor de las acciones de la "fusionada" hasta que en algún momento, como hemos visto tantas veces, caigan estrepitosamente.
La fiesta que no se acaba.
Como queda claro, nada de lo anterior ha cambiado a pesar de la ayuda estatal y de las quiebras. Lo extraño es que estos grandes financistas, que se creen muy inteligentes, y siempre dicen estar un paso más adelante de todos, no se hayan dado cuenta de que al menos deberían haber guardado cierto recato, e incluso, hubiera sido muy sensato dar una imagen de resignación y de austeridad ante los daños que sus acciones le han ocasionado a tantos.
Lamentablemente no ha sido así, sino todo lo contrario.
El primer ejecutivo en caer apenas desatada la crisis, Stanley O'Neal de Merrill Lynch, luego de renunciar porque la compañía que dirigía había perdido 8.000 millones de dólares, recibió una pequeña compensación de U$S 161 millones por su gran desempeño. Y el Bank of America, que obtuvo 45.000 millones de dólares en ayuda del Gobierno y sustanciales rebajas fiscales para hacerse cargo de esta compañía, pagó con los dineros públicos 3.600 millones de dólares en bonos a gerentes de la empresa quebrada. Mientras tanto, el Citigroup intentaba pagar U$S 100 millones al corredor de una de sus más importantes subsidiarias, también con fondos de los contribuyentes. Y el J.P.Morgan manifestaba que no iba a suspender la compra de dos jets y un hangar de lujo por 138 millones de dólares, eso sí, con efectivo provisto por el Departamento del Tesoro.
Todo esto ha sublevado los ánimos de muchos, en especial los ánimos de millones de norteamericanos que se han quedado sin trabajo, que han perdido sus ahorros o abandonado sus casas por no poder pagar las hipotecas, y más que nada, porque para ellos el futuro no deja de ser sombrío y siguen sin ver la luz al final del túnel (como tantos optimistas de Wall Street y del Gobierno no se cansan de anunciar, una y otra vez, que ya está llegando).
Las regulaciones que no se concretan.
Y para evitar que estos males vuelvan a ocurrir, Obama "el progresista", ha designado a gente muy capacitada y muy conocedora del gran mundo de las finanzas. Lástima que estén tan vinculadas a Wall Street y a la feroz desregulación de la última década.
Comencemos por esto último. El actual director del Consejo Nacional Económico, Lawrence Summers, inició su carrera en los cargos públicos siendo Economista en Jefe del Banco Mundial y luego ocupando otros puestos dentro de la administración Clinton hasta llegar a ser su Ministro de Finanzas en el último tramo de su gestión. Estando al frente del Departamento del Tesoro a principios de los 90, le tocó salir al rescate de México y Rusia que enfrentaban severas crisis económicas. De esta época es su muy recordada "sugerencia" (que iba indisolublemente ligada a la ayuda que le estaba brindando a estas naciones Estados Unidos y los organismos internacionales) de que debían tomar las mismas "tres acciones" que eran los pilares de la Administración Clinton según sus propias palabras: "privatización, estabilización y liberalización". Obviamente que cuando un ex jerarca del Banco Mundial habla de estabilización, en realidad se refiere a los duros ajustes fiscales que han debido soportar tantas naciones subdesarrolladas a cambio de la "ayuda" recibida. Pero más allá de esto, esta es una frase que lo pinta de cuerpo entero.
Aunque, en realidad, es mucho más recordado por ser el artífice del resurgimiento de la "banca de inversión" al promover como Secretario del Tesoro la derogación de la ley que la había prohibido luego de la crisis del 29, por ser considerada entonces como la gran causante del crack de aquellos años. Ante estos hechos Summers dijo que la eliminación de las restricciones que imponía aquella vieja ley de 1933, permitía actualizar las reglas que regían a los servicios financieros y adaptarlos a las necesidades del siglo XXI. Aunque, a fuerza de ser sinceros, no se adaptaron las reglas a las nuevas necesidades, lisa y llanamente, se las hicieron desaparecer por completo.
El propio Obama citó a este hecho como una de las causantes de la debacle financiera norteamericana de 2008.
Así y todo, con estos antecedentes, y en contra de lo dicho por el propio Obama, este buen señor, fue designado como uno de los principales asesores del Gobierno de Estados Unidos para establecer un nuevo orden financiero. De no creer.
Ahora, nos falta la frutilla de la torta: el actual Secretario del Tesoro Timothy Geithner, un ex ejecutivo del Citigroup que ha sido duramente criticado por haber actuado con favoritismo cuando era el Presidente de la Reserva Federal de Nueva York. Allí estuvo a cargo de administrar, "en el lugar de los hechos", el primer paquete de ayuda que la Administración Bush dispuso apenas desatada la crisis (a Lehman Brothers se la dejó caer sin miramientos, mientras que luego, este mismo jerarca, haría ingentes esfuerzos por salvar a otras instituciones en iguales o peores condiciones que la citada). Tampoco pudo escapar a la condena generalizada de que hubiera permitido que se pagaran con dinero de los contribuyentes los cuantiosos bonos que antes detallábamos, y que no hiciera nada para evitar el despilfarro que muchos creen que están llevando a cabo las compañías financieras con la ayuda estatal.
Pero también ha sido alguno de los propios colegas del actual Gobierno quien ha puesto en tela de juicio la falta de transparencia de su gestión. Esto ha ocurrido al nombrar como consejeros privados (para que lo asesoren en el Ministerio de Finanzas) a ejecutivos salidos directamente de las empresas que se deben regular y para lo cual, tampoco, ha pedido el consentimiento del Congreso. Como diría Paul Volcker en declaraciones recientes sobre este particular: "que se rodee de consejeros informales (sin el apoyo del Congreso) y que todavía provengan del núcleo duro de Wall Street, es algo que no debería pasar."
Si estos son los hombres encargados de formular la tan esperada regulación que acabe con todos los excesos del negocio financiero, estamos convencidos de que ésta nunca va a llegar.
En definitiva, sin un rescate que haya limpiado de papeles tóxicos a la gran banca, y con reguladores que pareciera que estuvieran jugados a que todo siga casi como está con muy leves retoques, la inminencia de una segunda crisis es inexorable.
Y lamentablemente, todo indica que el Mundo continuará padeciendo a este sistema financiero por mucho tiempo más, a pesar de la crisis, o de las crisis. Pero no pongamos la carreta delante de los bueyes: mal que nos pese, mientras no logremos destronar al capitalismo rampante y desvastador que nos rige "urbi et orbi", todo va seguir igual o peor, incluido este orden financiero que es su mejor síntesis.
Esperemos que no sea muy tarde para cuando lo logremos.
22.10.2009 16:03 / Mis artículos
La caída del dólar y la crisis de la economía más poderosa del Mundo, preanuncian el decline del imperio americano. Sin embargo, seguramente, su poderío militar no se vea afectado. El gendarme universal, que no sabe de límites, y que estará dispuesto a todo por no perder su predominio, ¿hasta dónde lo dejaremos llegar?
Para algunos analistas, septiembre de 2008 ha marcado un antes y un después para el establishment de las grandes finanzas a nivel global. Incluso afirman que desde entonces, otro tanto le está ocurriendo al capitalismo. Es que hace poco más de un año se declaraba en banca rota Lheman Brothers y se "descubría" que otras grandes instituciones bancarias multinacionales atravesaban los mismos problemas, encontrándose también al borde del colapso. Estos hechos definitivamente disparaban la crisis de los mercados financieros globales. Y con ello se daba el inicio a una crisis económica sólo comparable (si en esencia no es peor) a la gran depresión de 1929.
Ahora bien, en realidad, a un año de aquellos sucesos, ¿cuánto ha afectado a la primera potencia el derrumbe de su sistema financiero? ¿Ha cambiado en algo el mundo globalizado de las finanzas, se ha marcado ese antes y después de que tanto se habla? ¿Ha nacido un nuevo capitalismo que ha comenzado a dejar de ser salvaje y depredador para convertirse en el sistema socio político que va a salvar y asegurar una vida digna a la Humanidad toda como no ha ocurrido hasta el presente?
En esta ocasión trataremos de responder a la primera de esas interrogantes. Sobre las restantes preguntas nos expresaremos en próximos artículos.
El costo de una crisis largamente anunciada.
A pesar de que muchos expertos, aseguradoras de riesgo, y hasta organismos internacionales no se cansaban de anunciar hasta el último momento que vivíamos en el mejor de los mundos, no podemos dejar de destacar que esta ha sido una crisis largamente anunciada. No la ha visto venir sólo quien no quería hacerlo. Baste recordar el prolongado proceso de la "burbuja inmobiliaria" en Estados Unidos y todos sus bemoles: los impagos de las hipotecas de alto riesgo, el estancamiento en el boom de la construcción, las reiteradas intervenciones, ya desde finales de 2006, de la Reserva Federal bajando la tasa de interés e inyectando liquidez al sistema bancario, pasando por el recordado paquete fiscal de devolución de impuestos que Bush impulsó para frenar la recesión, hasta las históricas "nacionalizaciones" de los gigantes hipotecarios norteamericanos Fannie Mae y Freddie Mac, a principio de septiembre de 2008.
Pero nada de esto sirvió para frenar la crisis. A pesar de los "gurúes" de Wall Street, de la Reserva Federal y del propio Bush, ésta igualmente estalló en el corazón del sistema dejando bien al desnudo la esencia del mismo: cada dólar de los 11,6 billones que ha costado hasta el presente a Estados Unidos la debacle financiera, no representa ni una sola gota de sudor, ni una sola pizca de trabajo digno, son el fruto de la especulación más descarnada tras un afán de lucro sin límites ni controles de ningún tipo, como ha quedado hasta el hartazgo demostrado.
Porque, aunque de esto se hable poco, estos zares de las finanzas globales --quién podría dudarlo--, habrían "ganado honestamente" en los últimos tiempos previos al crack, mucho más de los 11,6 billones de dólares que ha costado este rescate financiero, claro está, con destino a sus peculios personales. Banqueros inmorales que a pesar de la bancarrota, no han dejado de cobrar durante este último año ni uno solo de los bonos multimillonarios a los que se han hecho acreedores gracias a sus reconocidas dotes de especuladores a nivel mundial. Eso sí, como ya habían vaciado las cajas de sus multinacionales financieras, lo debieron hacer con los generosos dineros públicos que el Estado norteamericano puso a su disposición para salvar al sistema financiero.
Estos hechos (y otros más por el estilo que más adelante reseñaremos) han profundizado la convicción generalizada dentro de la opinión pública norteamericana de que este salvataje ha sido hecho casi exclusivamente a la medida de algunas de las principales corporaciones financieras estadounidenses. Opinión pública norteamericana que además, considera que le están haciendo pagar un costo muy oneroso por una recuperación que tarda tanto en llegar. Seguramente mucho más oneroso aún de lo que los apabullantes números parecen mostrar.
Las estimaciones sitúan al déficit fiscal para 2009 en un 13 % del PBI y en una cifra de 1,6 billones de dólares, monto que cuadriplica al del año anterior, que por su parte había sido el mayor déficit de toda la historia de Estados Unidos. Pero las cosas no son mucho mejores en el largo plazo: para la próxima década (2010 - 2019) se proyecta un déficit de U$S 9 billones. Mucho más de lo cualquiera podría esperar.
Y si nos atenemos a los indicadores principales de actividad, las cosas no andan mucho mejor: ya van para casi dos años de caída en picada de la economía real norteamericana sin que ésta todavía muestre signos contundentes de recuperación. Recientemente se ha dado a conocer la cifra del desempleo a septiembre de 2009 que trepó al máximo histórico de los últimos 26 años llegando al 9,8%, casi arañando el temido 10% al que la mayoría de los analistas auguraban que no se habría de llegar en el peor de los casos. De hecho, el número de desempleados se ha más que duplicado desde que comenzó la recesión en diciembre de 2007: pasó de 7,6 millones a 15,1 millones de personas sin trabajo en el gran país del norte. El crédito sigue estancado, el consumo no crece salvo en algún sector muy específico y en forma intermitente, y la visión de la mayoría de los norteamericanos es muy pesimista y sigue sin creer que se está saliendo de la crisis.
Es que la terca realidad se impone a las visiones edulcoradas de algunos: el precio de las viviendas ha caído en promedio más de un 15% pero para el caso de las afectadas por las hipotecas subprime mucho más, lo que lleva a que millones de hogares enfrentan el pago de deudas hipotecarias que superan ampliamente el valor de cotización de mercado de los inmuebles que habitan. Como vimos, el paro sigue creciendo y el plazo de los seguros de desempleo se ha agotado para la mayoría de los afectados. Por su parte, las posibilidades de crédito a los consumidores está muy restringido por la propia crisis, y por el brutal sobregiro que las tarjetas de crédito de los estadounidenses ya acumulaban antes del crack, que superaba el billón de dólares en rojo para aquel momento.
Y todo esto es mucho más que fríos números: son hechos concretos que han afectado a la vida cotidiana de muchos norteamericanos en el último año, son algunas de las consecuencias que han debido padecer en carne propia gracias a una crisis que, para la inmensa mayoría, está muy lejos de haber llegado a su fin.
¿La caída del imperio americano?
Pero algunos pensamos que lo peor está aún por venir, y no por que sigan dadas las condiciones para que una segunda crisis explote nuevamente en un futuro muy cercano, ni por el enorme costo en sí mismo de este salvataje que obviamente empeoran y mucho la situación, sino por causas que ya a esta altura bien podrían definirse como estructurales, que se han vuelto norma en el accionar de la primera potencia del mundo desde hace mucho tiempo.
Es que al enorme déficit fiscal que ha generado el rescate del sistema financiero norteamericano, le debemos sumar los casi veinte años de déficit comercial acumulados, los multimillonarios costos de las guerras de Irak y Afganistán y que invariablemente, año a año, el 20% del PBI de Estados Unidos se destina al presupuesto de defensa y con proyecciones a seguir creciendo. Pero tampoco podemos olvidar el incesante incremento del endeudamiento público del Tesoro norteamericano de los últimos años que a fines de 2008 llegó a 3,1 billones de dólares, ni tampoco la incontrolable emisión de dólares para ir tapando alguno de estos agujeros. En definitiva, es en el cúmulo de todas estas prácticas donde residen los motivos fundados que han generado la desconfianza que la divisa norteamericana viene padeciendo a nivel global.
Tanto es así que China ya ha planteado en marzo último (posiblemente como un modo de advertencia), sustituir al dólar por los DEG (Derechos Especiales de Giro) para todo tipo de transacciones de comercio exterior, y en los nuevos tratados comerciales del Gigante Asiático con terceros países, ya se ha fijado al yuan como moneda de intercambio. Incluso, el Banco Central de China ha tomado la decisión de ir sustituyendo sus cuantiosas reservas en dólares y en títulos de deuda pública norteamericana por otras monedas más fuertes y otros valores que sean más confiables en el largo plazo. Por otro lado, se acaba de publicar que los grandes países productores de petróleo estarían en tratativas para que sus ventas de crudo sean fijadas en otras monedas.
Estos dos hechos, por sí solos, bastarían para hundir definitivamente al dólar, pero bien sabemos que si esto ocurriera en forma intempestiva, el principal perjudicado, mas allá de los obvios daños que sufriría la primera potencia del Mundo, sería la propia China que al presente mantiene 800 billones de dólares en reservas que de un momento para otro carecerían de valor. Pero más importante que esto, si el dólar se desplomara en forma vertiginosa, China perdería a su principal comprador y socio comercial.
Por todo esto, debemos pensar que este será un proceso paulatino, de pujas graduales entre estos dos gigantes cuyo resultado, a nuestro modesto modo de ver, resulta inexorable. La única incógnita por develar será determinar cuánto tiempo insumirá este proceso, aunque todo hace pensar que seguramente sea en el largo plazo.
Y para reafirmar nuestra convicción al respecto, siempre es muy útil refrescar la memoria: el gran déficit que Estados Unidos acumuló debido a la guerra de Vietnam sumado a los primeros años de balanza comercial negativa de su historia, obligó a la Reserva Federal en 1972 a abandonar la convertibilidad del dólar al patrón oro. Es que ya no alcanzaban los lingotes del preciado metal que existían en las bóvedas de Fort Knox para respaldar a todos los billetes en circulación que una desbordada emisión había creado por aquellos días, dejando en evidencia un primer incidente de debilidad de la moneda "más fuerte del mundo".
Hoy, por todo lo señalado, el panorama es mucho más sombrío.
El dólar, símbolo todopoderoso de la riqueza y del poder de Norteamérica, que presidía omnipotente todos los altares del capitalismo, ha pasado a hacer de monaguillo. La manifiesta debilidad actual del "billete verde", marca el inicio de un camino que ya no tiene retorno.
La decadencia y la guerra.
Ahora, no podemos ser ingenuos. Este anunciado declive de Estados Unidos, que inevitablemente lo llevará a dejar de ser la primera potencia económica del planeta, no significa, necesariamente, que lo mismo le vaya a ocurrir en el plano militar. Es más, nos atrevemos a afirmar que seguramente le suceda justamente lo opuesto. Mal que nos pese, en los años por venir seguramente veamos nuevas "guerras de Irak" en otros lugares, por petróleo o por cualquier otro recurso natural vital a los intereses norteamericanos, o simplemente por recuperar la supremacía perdida. No olvidemos que Norteamérica posee un arsenal atómico capaz por sí sólo de destruir varias veces a todo el Globo. Ni siquiera pensemos lo que ocurriría si otra potencia nuclear le hiciera frente. Ojalá que nos equivoquemos. Es nuestro mayor deseo.
Pero la sed de guerra, de invasiones y de dominación que ha caracterizado a la historia de la primera potencia militar del planeta, nos lleva a pensar que va a ser así. Y lamentablemente esto tampoco cambia porque un presidente de Estados Unidos reciba el Premio Nóbel de la Paz. Todo lo contrario, Obama festeja este inconcebible galardón sacado de la galera entre gallos y media noche, enviando 40.000 soldados más a Afganistán. Vaya ejemplo de edificar la Paz en el Mundo con este nunca acabado belicismo. Belicismo que, además, hace tiempo que viene madurando nuevos focos de tensión para futuras intervenciones. Pensemos tan sólo en los reiterados reclamos yankis de los últimos tiempos en contra de Irán o de Corea del Norte, que en mucho se parecen a todo lo ocurrido con anterioridad a la invasión de Irak.
Esperemos, entonces, por el futuro de nuestros hijos y nietos, que la vocación a la guerra permanente que ha caracterizado a este moderno Imperio de Occidente, gran gendarme que no sabe de límites y que está dispuesto a todo por no perder su predominio, --lo que también en este sentido lo hace parecerse tanto a la Roma decadente que presagió el fin--, en algún momento deberá ser puesto en su lugar por el resto del mundo, o, lamentablemente, el Mundo todo dejará de ser tal, por lo menos, para la vida humana.
07.06.2009 23:48 / Mis artículos
Se acaba de conmemorar un nuevo Día Mundial del Medio Ambiente. Y si bien debemos reconocer que en estos últimos tiempos se ha creado conciencia a nivel global acerca de las desastrosas consecuencias que el cambio climático acarreará a la Humanidad en un futuro cada vez más cercano, creemos que seguimos poniendo la carreta delante de los bueyes acerca de las causas profundas que lo están originando.
No discutimos, e incluso aplaudimos, que se lancen campañas para "limpiar" al Planeta de los desechos del consumismo exacerbado que padecemos (clasifique su basura, no tire las pilas, recicle el plástico, etc.) pero no podemos ser tan ingenuos de creer que porque ensuciemos menos a la Tierra, sólo con ello, se acabará con el cambio climático o se restañará a la capa de ozono. La basura que el consumismo provoca no es más que la consecuencia residual del gran problema mayor que genera todos estos males y que los grandes medios -funcionales al sistema- soslayan de modo premeditado cuando realizan estas campañas. El problema mayor al que nos referimos no es ni más ni menos que la forma de organización económica, social y política que rige al Mundo que, lamentablemente, sigue siendo el capitalismo, aún y a pesar de su profunda crisis, tanto en cuanto a lo financiero, como también a lo ambiental. Mientras que no entendamos que la producción y el consumo deben estar orientados a satisfacer las necesidades básicas y racionales de toda la Humanidad (y no dejar en la indigencia y el hambre prácticamente a la mitad de toda la población del Globo, como ahora ocurre), y que ya no pueden ser más el afán de lucro desmedido y el libre mercado las "manos invisibles" que "ordenen" estos aspectos tan fundamentales para la vida del Hombre, como para la supervivencia del Planeta, hasta que no entendamos eso y lo empecemos a cambiar definitivamente, nos seguiremos cocinando a fuego lento por el cambio climático o terminaremos quemados por los rayos ultravioletas que atraviesan a una cada vez más delgada y agujereada capa de ozono. Esa es nuestra realidad y nuestro destino de seguir por este camino.
Sin duda que podremos tener un Mundo un poco más limpio gracias a estas campañas de defensa del Medio Ambiente, pero si seguimos siendo parte del capitalismo que en sus ansias de lucro sin límites ya no le alcanza con esquilmar al Hombre, también debe expoliar a la Tierra, nos quedaremos sin nada. Si no tomamos real conciencia sobre esto, aunque clasifiquemos la basura y reciclemos el plástico, más temprano que tarde, nos quedaremos sin Mundo que limpiar.
A continuación transcribimos un artículo sobre este particular que refleja esto que decimos.
El cambio climático entendido como la consecuencia directa y absoluta del modo de organización económica, social y política que rige al Mundo: el capitalismo. Capitalismo salvaje que ya no le basta con expoliar al Hombre, ahora también debe depredar a la Tierra: su voracidad incontenible de lucro y su contra cara, el consumismo desenfrenado, están agotando valiosísimos recursos y contaminando al medio ambiente de un modo irreversible. Tal vez haya llegado la hora de discutir este tema atendiendo a sus causas profundas, y no quedarnos en las medidas paliativas de superficie, que son las que se han ensayado hasta el presente. Si conseguimos hacerlo a tiempo, las futuras generaciones, y este generoso Planeta, nos lo agradecerán eternamente.
La Fase Capitalista de la Devastación.
El cambio climático no es un problema nuevo, sin duda. Pero podríamos animarnos a decir que ha sido en los últimos tiempos que este tema se instala definitivamente en el debate público con vida propia.
Y que sea así, es algo muy bueno.
Ahora, no podemos engañarnos, si la discusión sobre este particular ha quedado planteada, se ha debido más a la obra de las circunstancias, y a las catastróficas consecuencias que ya están ocurriendo debido a este fenómeno, más que a la voluntad de que se esté creando conciencia sobre este terrible hecho.
Tampoco este asunto ha tomado la relevancia que hoy tiene por expresa voluntad de los grandes medios de comunicación. Seguramente, el cambio climático se ha colado de improviso en sus agendas, como un convidado de piedra, y ante el hecho consumado, las cadenas han sabido aprovecharse de él y lo han comenzado a vender como "contenido catástrofe", que obviamente factura de maravillas.
Pedirle a estos grandes medios que creen conciencia sobre este particular, más allá de un mero "recicle el plástico" o "separe la basura orgánica de la inorgánica", sería contravenir la esencia de los mismos, que son totalmente funcionales al sistema.
No podemos pretender, entonces, que estos multimedios globales, que se nutren a todos los niveles del capitalismo, vulneren con sus críticas al modelo (y mucho menos por un asunto tan grave como este). Modelo al que desde siempre han tratado de endiosar con todas sus fuerzas, y también, con todas sus mentiras.
Llamándole a las cosas por su nombre. Pues bien, mientras todo esto ocurre, la causa primordial que hace a este gran problema que enfrenta la Humanidad hoy y que pone en serio peligro su futuro, sigue siendo soslayado, sigue siendo dejado de lado. Los gobiernos de los países centrales y los grandes medios, no hacen más que detenerse en los síntomas de la enfermedad y recetan medidas paliativas para que todo siga como está.
Por su parte, los movimientos ecologistas no se cansan de hablar de reglamentaciones ambientales, de formas de producción amigables con la naturaleza, y muchas otras cosas por el estilo que ciertamente son necesarias, pero de ningún modo son suficientes.
No podemos seguir haciéndole el juego a los intereses dominantes sumándonos a los cambios de fachada mientras se nos cae a pedazos el resto de la casa. Ya es hora de que comencemos a llamar a las cosas por su nombre. El cambio climático es consecuencia directa y absoluta del modo de organización económica, social y política que rige al Mundo: el capitalismo. Capitalismo todopoderoso que ya no le basta con expoliar al Hombre, su voracidad también le impone la depredación de la Tierra. Claro está, hasta que de ésta nada quede.
La fase capitalista de la devastación, Naturalmente que quienes rigen al Mundo y aquellos que los sirven difundiendo el mensaje del pensamiento único que lo sustenta, no dejan ni un solo día de jactarse del grado de desarrollo que ha logrado la Humanidad hasta el presente gracias a la imposición del sistema capitalista "Urbi et Orbi".
Sin embargo, para nada se jactan de que sea este modelo, y no otro, el que condena a casi 1500 millones de hombres y mujeres (un cuarto de la población mundial) a que vivan en la más absoluta indigencia y con una esperanza de vida que no supera los 29 años. Y a 1500 millones más los relega a que padezcan la pobreza, y no con muchas más esperanzas que la de los anteriores, ni de vida, ni de ninguna otra especie.
Tampoco se jactan de que sea este sistema, y no otro, el que destina millones de veces más recursos para la guerra que aquellos que serían necesarios para acabar con el hambre y las enfermedades curables que arrasan a miles de millones de pobres en nuestros días.
Pero lo mejor de todo es que detestan que a este modelo se lo califique con un adjetivo que sintetiza y define al milímetro la esencia primera y última del mismo, porque cuando hablamos de capitalismo, en cualquier lengua y en cualquier lugar del Mundo, hablamos de capitalismo salvaje. Es así de sencillo. La naturaleza misma del sistema lo vuelve ávido e insaciable, como la peor de las bestias animales tras su presa.
Ahora, lo que no hemos destacado lo suficiente, sobre todo en estos últimos años, es que el capitalismo, sin oposición ni frenos, ha ido mucho más allá, ha alcanzado un nivel superior en su evolución: a esta altura vivimos en lo que nos atreveríamos a definir como la fase capitalista de la devastación.
Sí, el capitalismo rampante de las últimas décadas ha alcanzando un estadio superior en su desarrollo, hoy ya no alcanza con explotar al Hombre, también es necesario esquilmar a la Tierra. Ese afán de lucro descomunal, de competencia feroz y de consumo desmedido que impone el sistema, que jamás se detuvo ni siquiera ante la vida humana arrasada, es el mismo que en su lógica voraz va dejando agotados, uno a uno, a todos los recursos naturales hasta que el Mundo, en sus cuatro puntos cardinales, se vuelva un páramo carente de toda forma de vida.
La nueva forma del neocolonialismo: las transnacionales. Debemos reconocerlo: el sistema capitalista se ha vuelto mucho más eficiente en estos últimos tiempos. En un principio, el modelo se aseguraba el dominio de los recursos naturales vitales mediante la conquista colonial, o los regímenes títeres que, por ejemplo, tanto padecimos en América Latina. Pero los reclamos de independencia política de los pueblos sometidos hicieron inviable estos métodos y el capitalismo cambió la estrategia: puso todo su peso en la imposición a nivel global del sistema neoliberal hasta extremos inconcebibles (muchas veces, incluso, a sangre y fuego dictaduras mediante) que luego del derrumbe del "socialismo real" tuvo todo el terreno libre a sus anchas.
A partir de allí el papel primordial en este juego lo pasaron a tener las grandes transnacionales (obviamente con todo el respaldo de los poderes centrales detrás suyo), que ante el creciente consumo y la también creciente escasez de los recursos básicos deben acceder directamente, globalización mediante, a los lugares donde éstos todavía abundan en los países del Tercer Mundo.
Y nosotros desde aquí, aún con gobiernos supuestamente "progresistas" o de "izquierda" seguimos abriendo las puertas y recibiendo con alfombras rojas a toda estas empresas multinacionales a través de la ahora "bendita" inversión extranjera directa que, sin ningún prurito, viene a quedarse con nuestras riquezas hasta dejarlas exhaustas.
Pero peor aún, nuestros gobiernos le brindan todo tipo de beneficios extras que ninguna de las propias empresas nacionales jamás han tenido.
Claro está, nuestros gobernantes se excusan que sólo con la inversión extranjera es posible el desarrollo. De este modo desconocen más de dos siglos de experiencias por el estilo, que lo único que han traído a nuestros pueblos es más pobreza, más atraso y más postergaciones (no sólo a Barak Obama le deberíamos regalar "Las Venas Abiertas de América Latina" de Eduardo Galeano).
Ni siquiera para las potencias económicas emergentes (China, India, Brasil) es viable un modelo de desarrollo capitalista. Hace muchos años que estas economías vienen creciendo a tasas muy altas, es verdad, pero el tan ansiado desarrollo que debe abarcar a todo el pueblo y mejorar definitivamente su forma de vida (eso es lo mínimo a lo que deberíamos aspirar en tal caso), nunca llega, ni llegará bajo este modelo. Olvidamos las enseñanzas históricas y volvemos a cometer los mismos errores.
Las cosas por las que vale la pena vivir no cotizan en ningún mercado. Obviamente la otra cara de esta moneda es el consumo desmedido que el propio sistema alienta y propicia. En este estado de cosas la población más rica del planeta despilfarra sin freno los recursos no renovables y el fin último de la propia vida pareciera que se reduce a colmar las ansias individuales con alguna cosa que tenga valor comercial.
Entonces, corresponde que nos preguntemos: ¿cuándo se va a limitar el incontrolable consumismo del Primer Mundo? Consumismo que absurdamente dilapida los cada vez más escasos recursos energéticos, a la vez que vierte a la atmósfera la inmensa mayoría de los gases de efecto invernadero.
Un sólo ejemplo. Cada año que pasa se fabrican vehículos más potentes que consumen mayor cantidad de combustible por kilómetro recorrido. Esos automóviles suelen recorrer enormes distancias a diario para transportar tan sólo a su conductor. ¿Qué se hace por evitar este insensato derroche? Absolutamente nada. Es que si algo hicieran estarían atentando contra la sacrosanta libertad de mercado, violarían la sagrada satisfacción individual del consumidor (que encontró la felicidad al conducir su mini camión en formato camioneta), y vulnerarían al inmaculado espíritu de empresa de las grandes transnacionales del automóvil y del petróleo que deben seguir facturando y aumentando sus ganancias a como dé lugar.
Lamentablemente, si seguimos siendo parte de este tipo de engranajes de consumo, aún sin quererlo y desde la oposición más férrea al sistema, mal que nos pese lo estamos convalidando, estamos siendo el vehículo de su lucro desmedido, estamos empujando por un Mundo que no es el nuestro, por un Mundo que no es el queremos para nuestros hijos.
Algún día podremos cambiar nuestra mentalidad y reformular nuestros valores. Será el día que definitivamente entendamos que los cosas por las que vale la pena vivir, son aquellas que no cotizan en bolsa ni se venden en ningún mercado. Sin demoras deberíamos empezar a predicar con el ejemplo.
No queda más, entonces, que asumir nuestras responsabilidades. Debemos ser conscientes, y más que nada, debemos crear conciencia: el reloj del Mundo se echó a andar y ya comenzó con la cuenta regresiva. Todo se lo debemos al capitalismo que nació nutriéndose de la sangre de los esclavos, de la sangre de los oprimidos, y de la sangre de los trabajadores, pero que ahora, más voraz e insaciable que nunca, además, necesita de la sangre de la Tierra, y nada va a pararlo hasta dejarla seca.
No podemos permitir que este sea el destino de nuestro Mundo. Sólo el socialismo y el Hombre Nuevo, podrán salvar al futuro de la Humanidad y también, al de su generoso suelo. Nuestros hijos y nietos se merecen un lugar más justo dónde vivir. En este Mundo, claro está, no en otro.
25.04.2009 20:00 / Mis artículos
En el año 2008 el Banco República aportó a Rentas Generales una suma superior a los 150 millones de dólares que se destinaron a la inversión social. Por esta vía el principal banco del país distribuyó sus ganancias excedentes con el resto de los uruguayos. Ganancias que, naturalmente, pertenecen a todos los ciudadanos, y que de este modo son devueltas a la sociedad para que sean canalizadas en educación, en salud o en otros fines sociales que mejoran la situación de vida de muchos de los compatriotas más desposeídos.
Y que algo así ocurra, puede parecernos muy extraño. En realidad, seamos sinceros, no estamos acostumbrados a ello. Es que, a decir verdad, para la mayoría de los uruguayos los bancos han sido sinónimo de quitarnos el dinero desde siempre, y en especial, cada vez que hemos tenido que pagar de nuestro propio bolsillo el vaciamiento, o el salvataje, de algún banco fundido.
Y, lamentablemente, mucho más de los deseados han sido los rescates de este tipo que hemos debido afrontar, por lo menos desde el Banco Transatlántico para acá, por poner inicio a una larga lista de instituciones financieras fallidas que sería muy larga de detallar.
Pero sin ir tan lejos, detengámonos en la última crisis financiera, la de 2002. Todos tenemos bien presente lo que ocurrió con el Banco de Montevideo, con La Caja Obrera, y con el De Crédito, bancos que fueron vaciados y/o fundidos. Todos padecimos en mayor o menor medida sus nefastas consecuencias y somos conscientes de que este "affaire financiero" le costó al país más de mil millones de dólares.
Crisis que no sólo afectó a la banca privada: sus remezones también repercutieron en la banca pública. Recordemos que el Banco República llegó a estar técnicamente quebrado en los años 2003 y 2004 y el Estado Uruguayo se vio obligado a asistirlo por más de 450 millones de dólares para evitar su colapso. Además, por si esto fuera poco, la banca estatal uruguaya debió padecer el "corralito financiero" que impidió el retiro de sus ahorros a miles de uruguayos. Corralito que dañó gravemente el prestigio del principal banco uruguayo, por la falta de confianza que esta medida trajo consigo, sobre todo ante la competencia de la banca privada extranjera, a la cual el Banco Central, presidido entonces por el recordado Rodríguez Batlle, no impuso una medida de este tipo.
En resumidas cuentas, entonces, el Banco República que recibió la Administración Progresista estaba técnicamente quebrado y seriamente desprestigiado. Es que, al igual que tantas otras cosas no mucho mejores con las que le tocó lidiar al nuevo Gobierno, la brillante y divertida administración blanquicolorada de Jorge Batlle, había dejado al República en la banca rota y en la peor posición comercial posible.
Una nacionalización silenciosa pero efectiva. Pero desde entonces y hasta el presente, la nueva Administración Frenteamplista del BROU no sólo ha devuelto los 450 millones de dólares de la asistencia que el Estado uruguayo le brindó en los momentos de zozobra, sino que, mucho más importante que eso, ha saneado en todo sentido a la Institución y le ha devuelto el prestigio que nunca debió haber perdido el Banco País.
Pues sí, el BROU desde 2005 hasta la fecha ha más que duplicado su patrimonio que hoy supera los 700 millones de dólares, ha incrementado de 4000 a 6000 millones de dólares sus depósitos, ha aumentado su participación en el mercado financiero ocupando el 55% de la plaza bancaria nacional, ha ganado 55000 nuevos clientes y las tarjetas BROU crecieron de 270 mil a 700 mil.
Y como siempre debió haber sido, pero muy raramente ocurría, ahora también, reintegra sus utilidades excedentes al resto de la sociedad a través de sus nada despreciables aportes a Rentas Generales, que en 2008 alcanzaron a más 150 millones de dólares.
¿No es así cómo debería haber funcionado desde siempre la banca pública uruguaya?
Creemos que sí.
Y no debemos olvidar que mientras que el BROU opera de este modo en Uruguay, los gigantes bancarias del Primer Mundo han debido ser asistidos por cifras inconmensurables, cifras millonarias en millones de dólares y también en millones de euros, para evitar la bancarrota del sistema financiero de los países centrales. Es que el capitalismo, otrora todopoderoso e inexpugnable, ha sido carcomido desde sus entrañas por la propia voracidad del sistema. Sistema que ha quedado desquiciado por su afán de lucro sin límites y por la especulación rampante que está en su esencia y que, en estos últimos tiempos de neoliberalismo exacerbado, ha encontrado su mejor y más pura expresión en banqueros rapaces y sin escrúpulos, que no sólo han llenado sus bancos de papeles sin valor en provecho propio, sino que han conseguido ir mucho más allá logrando socavar las estructuras básicas del modelo para dejar en el despeñadero a toda la economía real capitalista. A la que también ahora se le debe socorrer con nuevas cifras de doce ceros, como ocurre con el Plan de Reactivación de Obama, o con las decisiones del G-20.
Mientras que en el Primer Mundo estas gigantescas ayudas al sistema financiero y a la reactivación económica, a la larga o a la corta, significaran recortes presupuestales que perjudicarán a los más pobres, aquí en Uruguay, muy humildemente, el principal banco estatal uruguayo devolvió al resto de la sociedad 150 millones de dólares de sus ganancias excedentes, para que con ellos se cumplan fines sociales prioritarios.
¿No ha sido, entonces, la gestión del BROU una forma muy silenciosa, pero a la vez muy efectiva, de avanzar de hecho hacia una mayor nacionalización de la banca por motu proprio? Una nacionalización de lo más redituable ya que no impone ni expropiaciones ni costos extras para el Estado Uruguayo. ¿Cuánto más del sistema financiero nacional estaría en manos de todos los uruguayos si se hubiera procedido de igual forma y con igual éxito con el Banco Hipotecario del Uruguay y con el Banco de Seguros del Estado? ¿Acaso no ha sido esto lo que ha propuesto el compañero Mujica cuando habla de nacionalización de la banca, de seguir por este camino y de profundizarlo?
Estamos convencidos de que ha sido así.
Un debate que la Izquierda debe dar. Pero lo que más ha llamado la atención ha sido la respuesta de algunos sectores dentro del propio Frente Amplio contra esta propuesta, que directamente la han tratado de descalificar sin ningún tipo de argumentos valederos.
En primer lugar, no podemos ser tan ingenuos de creer que porque estos temas se pongan a la consideración pública, se vaya a ahuyentar o a poner nervioso a alguno de esos inversores extranjeros que vienen a "salvarnos" la vida. Seamos honestos con nosotros mismos y con nuestra tradición de izquierda: esos inversores no perderán la oportunidad de embolsar pingües ganancias a costa de nuestras riquezas naturales (cada vez que se lo permitamos hacer), así haya un banco extranjero, o cien en nuestra plaza. Ejemplos de esto que decimos sobran en el Mundo entero.
Por otra parte, tampoco nos parece que el planteo de Mujica sea inoportuno o inconveniente, sino todo lo contrario. ¿No son este tipo de asuntos los medulares para ir transformando la esencia del sistema neoliberal que tanto hemos padecido y denostado? ¿No son este tipo de asuntos los que deben ser considerados a conciencia dentro de la izquierda uruguaya, más aún cuando debemos enfrentar un segundo período de Gobierno que intenta profundizar los cambios? ¿Está mal defender la gestión del BROU y ponerla como ejemplo a seguir por el resto de nuestra banca pública, para que ésta siga avanzando y "nacionalizando" nuestro sistema financiero?
Quizás algunos compañeros vean inconveniente que nuestra banca estatal se haga cada vez más fuerte y hayan dicho que hasta aquí llegamos, que prefieran que el BHU se siga reduciendo a su mínima expresión y que el BSE se quede como está para no molestar a las transnacionales de los seguros, así a éstas les va un poco mejor aquí de lo que les va en el Primer Mundo. Pero si es así, que lo digan con todas las palabras y sin medias tintas. De un modo u otro, igualmente, el pueblo frenteamplista sabrá juzgar en consecuencia.
Por esto es que creemos, humildemente, que este debate debe ir mucho más allá y abarcar cuál tiene que ser el papel que las distintas empresas públicas deben desempeñar en el segundo Gobierno Frenteamplista. Concretamente, si vamos a propiciar que éstas sigan avanzado en beneficio de todo el pueblo uruguayo, o si vamos a seguir permitiendo que algunas sean avasalladas y despojadas de los monopolios que tantas veces defendimos desde el Frente Amplio.
En definitiva, plantear este tipo de discusiones, que muchos compañeros quieren rehuir o sencillamente descalificar sin más, agregan mucha luz acerca de quienes quieren verdaderamente avanzar por un camino de izquierda y profundizar los cambios dentro del Frente Amplio y quienes, sencillamente, no quieren hacerlo.
Es por esto, entonces, y por muchas razones más, que cada día que pasa queda más en claro que muchos de los cambios que no se pudieron concretar en estos primeros cinco años de Gobierno, sólo serán posibles si el compañero Mujica es nuestro próximo Presidente. Y convencernos de que sea así, nos ha devuelto la esperanza que muchos creíamos perdida. Quizás esta sea la mayor de las virtudes de Pepe. Por eso, la inmensa mayoría de los frenteamplistas apoyamos su candidatura en el último Congreso y seguramente, tanto o más, en Junio próximo también.
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