DESDE EL PSICOANALISIS
Desde el Psicoanalisis

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20.02.2010 12:34 / Psicoanalisis y Literatura

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"Uno lee para hacer preguntas".

Franz Kafka

 

 

Estaba mirando distraídamente los estantes de la librería, cuando un libro captó inmediatamente mi atención. "Una Historia de la Lectura" decía en la tapa con pequeñas letras rojas. Sin mirar siquiera quién era el escritor, fui hasta la caja y lo compré. Sólo después de llegar a casa me detuve a hojear su portada y la reseña posterior; y mientras pasaba las hojas mirando las imágenes que acompañaban las palabras, comencé a preguntarme qué fue lo que me llevó a comprar tan impulsivamente el libro. No era la primera vez que lo hacía y no será la última, sin embargo era la primera vez que ese acto me generaba una pregunta. ¿Qué relación se establece entre un libro y un lector?, ¿qué motiva a alguien a leer algo?, ¿qué implica en sí mismo el acto de leer?
Cuanto más pensaba, más preguntas me surgían. Y aún no había comenzado a leer el libro...

"Leer es ir al encuentro de algo que está a punto de ser y aún nadie sabe qué será…" (I. Calvino)

En realidad lectores somos todos, porque la realidad es un producto singular de la lectura que alguien hace del mundo. La lectura no es sólo la decodificación de las palabras escritas en un papel, sino que el acto de leer puede entenderse como toda interpretación que un sujeto hace de determinada realidad. Y toda realidad se convierte así en un texto a ser leído.
Leer es descifrar e interpretar otorgando un sentido a aquello que percibimos como un mensaje, por eso una persona que mira un cuadro de Van Gogh lee en esa imagen una idea, una emoción e incluso una historia. El músico lee una partitura, el arquitecto lee un plano, el amante lee el cuerpo de su amada y la madre lee en el rostro de su hijo una expresión de miedo o alegría. Todos ellos leen, y comparten con el lector de libros la habilidad de descifrar y traducir textos. Nos leemos a nosotros mismos y a quienes nos rodean para intentar comprender quién somos y dónde estamos. Somos sujetos atravesados por un lenguaje que nos precede y nos introduce en la existencia.

“Hay lenguaje, eso habla en el mundo, y por esa razón hay toda una serie de cosas, de objetos que son significados, que no serían en absoluto si en el mundo no hubiera significante” (J. Lacan)

Sin embargo es el lector de libros quién ha despertado siempre algún tipo de temor. Hay cierto estereotipo casi caricaturesco de su imagen: el académico distraído, el ratón de biblioteca o el intelectual miope que vive ocioso y soñando despierto.
El lector de libros despierta burla o rechazo porque genera temor.
Tal vez sea un temor a ese espacio privado que se crea entre el lector y el texto, a la capacidad de producir pensamientos que redefinan la realidad, o a la independencia de un pensamiento que cuestiona, tanto lo que lee como el mundo en el que vive, y que le permite revelarse contra la inmovilidad que lo rodea.

El poder del lector radica en que la lectura posibilita un cuestionamiento de lo establecido, rompe con el saber incuestionado, y transforma la posición desde donde leemos la realidad, permitiéndonos pasar de la sumisión ignorante a la rebelión frente a la tiranía de quienes pretenden dominarnos mediante dogmas autoritarios. No es por casualidad que en los regímenes totalitarios y en las dictaduras se practique sistemáticamente el control de lo que puede leerse y lo que no, la quema y confiscación de libros y la persecución de ciertos escritores.

También podría decirse que hay diferentes tipos de libros, y ellos promueven diferentes tipos de lectura. No es lo mismo un texto cerrado, que no muestra el desarrollo y despliegue de las ideas que lo conforman, que un texto donde uno puede recrear desde su propia posición subjetiva el recorrido del pensamiento de quien lo escribió. Un texto que promueve un velo de sombras abre a la reflexión, y permite que se despliegue la subjetividad del lector generando más interrogantes que conclusiones. No es lo mismo un texto producido cómo búsqueda, que un texto creado como meta. Sin embargo vuelvo a poner el hincapié en el lector. Porque es él quién tendrá que llevar a cabo esa tarea de decodificar y descifrar el texto, y lo hará en función de sus intereses, sus deseos, y las preguntas que subyacen a su búsqueda de saber.
Creo que la lectura es en sí misma un acto de creación, porque al transformar las palabras en significados propios mediante un proceso singular y único que depende de factores internos, en cierto sentido uno crea nuevamente el texto. O tal vez uno lee aquello que ya estaba en sí mismo. Entonces la diferencia entre el escritor y el lector se difumina y ambos conceptos se mezclan.

"No existen los escritores y no existen los lectores - excepto para el sistema educativo y para la industria del libro- ni existen los géneros- excepto para los académicos: lo que existe son estructuras de subjetividad que por milagro coinciden, se sincronizan y entonces escribir y leer son lo mismo…" (E. Lissardi)

Porque, ¿dónde está la creación?, ¿está en la imagen que la lectura nos transmite, o en lo que uno descifra de ella?. El libro que lee Juan no es el mismo que lee Pedro, incluso no es el mismo cuando Pedro vuelve a releerlo varios años después y encuentra otras cosas que en la primera lectura no había captado. Después de todo, la decodificación de las letras en significados es algo que sólo puede hacerse desde la estructura singular de cada uno.
El lector es un intérprete, tanto de las palabras como de sí mismo, descubriéndose él en aquello que la escritura insinúa mediante atisbos y sombras.

Pero... ¿por qué se lee? ¿para qué se lee? Se lee porque hay algo que no se sabe y se quiere descubrir. Se lee entonces para saber.
¿Para saber qué?

 

 

 



27.09.2009 12:16 / Psicoanalisis y Literatura

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Bruno está sentado en el bar y mira las gotas de agua que empañan la ventana. Forman diseños ondulados en perpetuo movimiento, y Bruno no puede darles una forma precisa.

Siente una voz que conoce y se desprende del paisaje. Elisa se sienta en la mesa, prende un cigarro y pide al mozo una cerveza más.

- Hoy de mañana había sol, ¿cómo iba a saber yo que vendría esta tormenta?, eso me pasa por no escuchar los estúpidos informativos - Elisa intenta darle a sus palabras un tono de enojo, pero su voz resulta tranquila y se queda en silencio. Bruno sonríe y piensa que el pelo húmedo le queda mejor.

- De todos modos ayer no la pronosticaron - responde Bruno, y la sigue mirando hasta que Elisa se siente lo suficientemente incómoda y comienza a hablar de muchas cosas sin decir nada. Bruno sabe que debe esperar un tiempo para que las palabras de Elisa comiencen a tomar significado, como si ella necesitara un preámbulo para llegar a estar realmente allí. Y mientras habla, Bruno vuelve a pensar en los diseños del vidrio hasta que Elisa hace silencio y saca de su cartera un libro que pone en la mesa.

- Esto es lo que estuve leyendo

Sus ojos se encuentran por primera vez. Bruno piensa que no quiere que llegue Marcelo en el preciso instante en que lo ve cruzar la puerta. Se acerca sonriente, con una gabardina beige que se destaca entre las mesas y lo separa de ellos. Se sienta y el mozo le trae un vaso.

Como si hubiese estado siempre acá, piensa Bruno sin querer. Entonces lo mira y le sonríe.

Afuera continúa lloviendo, y a través del vidrio empañado se ven las tres figuras rodeando la mesa, y allí, en el centro, un libro cuyo título no llega a verse.

- No es común que llueva tanto en esta época del año -dijo Marcelo al ver a Elisa mojada. Luego mirando a Bruno agregó - yo creo que estos cambios climáticos van a ser cada vez más frecuentes, incluso puede que llegue el momento en que sea difícil distinguir en que época del año vivimos.

- Sin embargo - Bruno miró por un segundo a Elisa antes de continuar - creo que nunca el estado del tiempo es algo previsible. Es más, yo creo Elisa, que haces bien en no escuchar los informativos, porque ¿cómo podría ser posible predecir un clima por anticipado?

Elisa le sonríe, pero la voz de Marcelo la interrumpe - No empieces con tus frases literarias, eso dejálo para tus libros, que para eso te pagan.

Bruno se rió - Eso sí que te resulta extraño ¿verdad?.

- Es sólo un poco de envidia y de curiosidad, porque nunca voy a terminar de entender esa capacidad para crear ficciones, para escribir algo que es un invento de modo que parezca real.

- Está bien, pero lo cierto es que todos vivimos creando ficciones; la vida no es más que una interpretación personal, y en última instancia, ¿que es lo que ocurre en realidad? Nunca podremos acceder a eso, solo tenemos la codificación que hacemos de lo que percibimos, y eso también es una ficción, además, ¿quién te dijo que invento lo que escribo? Tal vez sea solo una deformación de lo que vivo, o ni siquiera eso . - Bruno se da cuenta que comienza a dejarse llevar por sus pensamientos y se detiene. La mirada de Marcelo se hace visible de golpe y Bruno se asusta, pero al ver sus ojos se queda tranquilo. Ve que Elisa mira hacia otro lado para ocultar su mirada, y sonríe.

Ella siente como si las paredes del muro se fueran acercando cada vez más, y se queda atrapada en esa incompatibilidad que no puede conciliar. El perfil de Marcelo le da seguridad, pero la mirada invasiva de Bruno le ofrece esa comprensión ilusoria que necesita y busca desesperadamente a pesar suyo. ¿A pesar suyo?, sí, porque intenta evitarlo, pero el deseo se escabulle entre sus intenciones y no puede detener sus pensamientos, aunque sabe que son sólo palabras y no actos y se jura a sí misma que serán sólo eso, como lo fueron hasta ahora. Aunque siempre con la pregunta que no puede aparecer, ¿hasta cuando la resistencia?, y sobre todo, ¿por qué la resistencia? Pero Elisa sabe, y Bruno también, que hay ciertas cosas que no son comprensibles y es mas seguro ser fuerte. La debilidad es para valientes, piensa Bruno, y se le ocurre que es un buen inicio para una novela, y se deja llevar por la ventana y sus contornos.

La mirada de Elisa se refleja allí, pero en ese punto Bruno no la ve, porque ella ya está hablando del clima con Marcelo, y comienzan a construir el mundo que los sumerge en su íntima ficción. Entonces Bruno no se sorprende cuando Marcelo dice que es tarde y mañana deben madrugar, y se levanta de la silla en el mismo momento en que lo hace Elisa.

Y cuando caminan de espaldas hacia la puerta y Elisa se da vuelta para mirar por un segundo a Bruno, él se pregunta si eso también es una ficción, sabiendo que no hay respuesta posible a esa pregunta, y que lo único que podrá hacer con ella es intentar escribirla.



17.06.2009 22:51 / Psicoanalisis y Literatura

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"La ventaja de tener mala memoria
es que se goza muchas veces de las mismas cosas."

Nietzsche


Toda historia es por definición inconclusa, porque la historia, en tanto pasado, se va construyendo de formas diferentes a lo largo del presente. Se va significando de maneras distintas, y eso hace que sea una eterna construcción. Construcción que solo concluye con la muerte, o ni siquiera eso, porque para otros, continuará variando en quienes seremos recuerdo.

Comencé a preguntarme sobre la historia pensando en la repetición, recordando a Lacan cuando afirma que se repite lo diferente. Es que si la historia es una continua modificación, no hay posibilidad de que la repetición sea igual. De todos modos hay algo que se mantiene en la repetición, y es eso que pulsa una y otra vez guiando ciertos actos, marcando determinado camino hacia un lugar cuyo destino se anhela, aunque se desconozca. ¿Qué búsqueda hay detrás de la repetición?. Se repite para volver a una situación anterior, pero al no poder repetir más que en la diferencia el destino de la misma siempre está delante, en un futuro. El inconciente es atemporal, pienso mientras escribo, pero se me hace difícil no pensar en esas categorías, aunque el inconsciente tenga una temporalidad lógica y no cronológica. O justamente por eso. Por eso es posible la repetición entendida como un paso hacia atrás mientras se camina hacia delante.

Entonces, si la historia siempre es inconclusa y por ello repetimos lo igual en la diferencia, ¿cuál es el sentido último de la repetición?


Adentro y afuera

Ema está acostada en la cama pensando en las flores que quiere comprar. Hace días, semanas que piensa en ellas, pero nunca recuerda comprarlas cuando sale a la calle. Ahora se imagina flores blancas y rojas, claveles tal vez, o jazmines. Solo que no es época de jazmines y Ema lo sabe, aunque no le importa porque de todos modos no las comprará.
El tiempo transcurre más rápido porque Ema está inmóvil en la cama, y en sus pensamientos puede realizar y disfrutar de todas las cosas que desea hacer. Sabe que en algún momento tendrá que levantarse, los cristales se harán añicos y volverá el frío, pero ahora quiere expandir ese momento que llena su interior de objetos y paisajes.
Mira la ventana y piensa, un rato más, sólo un rato más, y la eternidad vuelve cuando cierra los ojos. Entonces aparece el sol y Ema se peina frente al espejo, y canta aquella canción que no recuerda y que le cantaba su madre antes de dormir. Se asoma a la puerta de vidrio y sale al jardín de los bancos blancos, y piensa en la foto en que está sentada en uno de ellos, con las rodillas en el pecho y los pies descalzos. La foto tiene más de veinte años, pero ella ahora está allí y siente el olor del mar y el calor en su piel. Ema sonríe y camina por la calle de tierra hacia aquella playa donde el águila de piedra la mira desde arriba. Se detiene en la imagen del águila y se acuerda de la historia que le contó su primo hace muchos años, cuando miraban el águila juntos. Sin embargo ahora recuerda como muchos años después volverá a ver el águila. Pero no desde abajo sino de adentro, y el cuento de su primo quedará olvidado porque en ese momento el águila cambia de sentido y teje una nueva historia donde recuerda cuando le sacaba fotos mientras él la esperaba porque se aburría. Pero eso es después, mucho después, y sin embargo cuando piensa esto y recuerda que él estaba allí esperándola, es pasado. Un pasado cercano pero que ya no existe, aunque, por suerte, piensa Ema un poco asustada, por suerte puede repetirse.
Mira el reloj y el mundo se hace un poco más nítido. Ahora sabe que tiene que levantarse, y ese conocimiento abre la división. Adentro y afuera. Quiere cerrar los ojos y volver a dormir. Pero ya no puede.
Entonces deja de pensar y se levanta de la cama.



02.06.2009 13:23 / Articulos

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"El arte es un modo de organización del vacío"

Jaques Lacan

¿Qué es la creación? ¿Qué mecanismos se ponen en juego para que ella se produzca? ¿Qué es eso que los artistas llaman "inspiración", que hace a la creación algo aparentemente independiente de la simple voluntad de quién la produce? ¿Y qué, o mejor dicho quién, produce esa inspiración, si es que ella existe en esos términos? Cuando hablo de una obra artística, no me refiero a la técnica, ni a eso que los críticos califican como bien escrito o mal dibujado, sino que pienso en aquellas obras que tienen el poder de conmover a quién las mira, conmover o más precisamente perturbar, en tanto producen cierto impacto, cierta inquietud interior que es difícil explicar pero la mayoría de los mortales conoce bien. Y también me pregunto por qué alguien puede permanecer indiferente con una pintura de Miró, y conmoverse (moverse-con) un texto de Borges, por ejemplo.


El Moisés

Hace poco me encontré con la escultura que Miguel Ángel realizó sobre el Moisés. No la había visto antes y no sabía nada de la historia de su creación, así que lo que vi fue a un señor entrado en años que está sentado muy tranquilo en un gran trono, con la cabeza vuelta hacia un costado, mirando de perfil hacia algo que no aparece en la escultura.

La imagen me impactó, y algunas preguntas surgieron inmediatamente:
- ¿Por qué está sentado tan tranquilo, si pareciera que hay algo peligroso que le está por suceder?
- ¿Pero por qué le va a estar por suceder algo peligroso?
- Porque mira desconfiado, por arriba del hombro, como si lo fueran a atacar.
- Pero está sentado, y no parece tener intensiones de levantarse para defenderse..
Monólogo interior que duró un segundo hasta que comprendí que esa mirada, por cuyo objeto yo me preguntaba, no era precisamente la de Moises.

Entonces indagué un poco sobre la obra y descubrí que, según Wikipedia, la "tensión psíquica" de la obra está dada por "la relevancia de los detalles del cuerpo y de los pliegues de los ropajes", "la protuberancia de los músculos, la hinchazón de las venas, las grandes piernas". -Pero no dice hacia dónde mira- pensé sorprendida, y seguí leyendo para confirmar mi sospecha.
-Nadie podría decirme qué es lo que está mirando Moisés. Porque Moisés no mira.
Moisés dirige con su mirada la mía.

En la imagen no aparece el objeto que es mirado. La mirada de Moisés se pierde en un punto fuera del cuadro visual que conforma la escultura, fuera del recorte del campo de la visión, y sin embargo dirige la mirada de quién mira hacia ese lugar que no aparece. No aparece, pero está, porque como dijo Lacan, la ausencia "revela la presencia en otra parte".

Moisés está sentado, mirando más allá. ¿Más allá dónde? Allá, otra parte, es un espacio en blanco que ha de ser llenado con la subjetividad del observador, es una ausencia, una falta en la imagen que permite otorgar un sentido a toda la escultura. De modo que el sentido de la obra está dado por algo que no aparece en ella.
Tal vez la creación esté allí, en ese espacio, que a modo de velo, se oculta para poder hacer presente otra mirada, la propia, aunque a veces se presente como ajena.

La creación en el arte es la aparición de una ruptura en un discurso convencional, la sorpresa, el imprevisto que corta una continuidad; es un accidente que no puede ser reproducido a través del aprendizaje de una técnica sobre como escribir bien, pintar bien, componer bien. Nada tiene que ver con el bien hacer, sino con la imposición de cierta verdad singular que aparece allí revelada.

Tal vez la inspiración a la que aluden los artistas tenga que ver con la irrupción, abrupta e inesperada, de un saber que nada tiene que ver con el conocimiento, y que en cierto sentido se le opone. Porque el conocimiento intenta tapar una ausencia a modo de completud imaginaria, mientras que el saber, como revelación de una verdad que no se sabía que se poseía, tendrá como única certeza esa "falta" alrededor de la cual el saber se construirá. Una creación no es algo que surja de una certeza ni de un estado de plenitud y se puede pensar que surge siempre de una carencia, de una frustración que abre un vacío, una falta de goce que posibilita el deseo.
La inspiración irrumpe entonces en el sujeto como un saber inconciente que se abre paso a través de la palabra, ya sea en las palabras de una escritura literaria, en las palabras que conforman los trazos de un dibujo, en las que habitan el tallado de una piedra, o cualquier otra manifestación por la que el inconciente se presenta a modo de enigma y de mensaje, dejando un espacio vacío que puede ser llenado, siempre parcialmente, con la subjetividad de aquel que allí posa su mirada. La inspiración sería el momento en que "el sujeto es hablado por su lenguaje", y ésta definición permite situar la creación tanto del lado del artista que produce una obra, como de quién la lee y haciendo de esas palabras las suyas, encuentra algo de su propia verdad en esa obra.

Cuenta una leyenda, que al acabar la escultura, Miguel Ángel golpeó la rodilla de la estatua y le gritó: "¡Habla!, ¿por qué no me hablas?", sintiendo que eso era lo único que le faltaba extraer del mármol. Tal vez el Moisés sí le estaba hablando a Miguel Ángel, pero esas palabras no estaban precisamente en el mármol, sino en lo qué él había escrito en esa piedra.



17.05.2009 15:05 / Psicoanalisis y Literatura

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"La única forma de librarse de una tentación, es caer en ella"

Oscar Wilde

Ella lo miró mirarla a los ojos y sintió que eso que creía se estaba perdiendo había vuelto. O tal vez siempre había estado y ella había dejado de verlo durante algún tiempo. Tal vez fue porque llovía, y el ruido de la lluvia era igual que la primera vez, y eso la trajo de nuevo a su lado. El había dicho algo gracioso en relación a la tentación, y luego se quedó pensando. Después la miró y le dijo: Vos sos mi tentación. Y se rió como un niño. Tal vez fue esa frase dicha al azar, que a ella le gustó tanto porque sintió que era algo para él. Una tentación. Era justo lo que quería ser. Tal vez fue porque él volvió a ser palabras, y ella ama las palabras, no todas, sino aquellas que le dan el sentido que busca. Y él siempre fue palabras, palabras llenas de sentido y de sensaciones, desde el primer momento. Su imagen, que a ella la cautiva tanto, también es palabras.
Palabras tentadoras, y deliciosamente irresistibles.

"El amor no es, en lo que hace a su causa y a su función, un misterio.
Se ama al que se cree que sabe sobre lo que a uno le falta."
Jacques Lacan


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Sobre mí
Lic.Psic.María Noel Gazzano / Psicoanalista. Licenciada en Psicología en la Universidad de la República.

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