Crónicas de un vejiga
Ejercicios primitivos de sinapsis.
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Sobre mi
Hago mucho menos de lo que quisiera, sueño mucho más de lo que debería. Eterno enamorado de la sábana con elástico, incorfomista, ansioso, me impresiona la sangre y soy de esos que se mira los pies al salir de la casa para comprobar que se puso los zapatos. Esto es a voluntad, sin compromiso.
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22.11.2013 11:56

Estuve muchísimo tiempo sin escribir, y lo que es mejor, sin tener la necesidad de hacerlo. En parte porque me dediqué a procesar cosas muy buenas que me pasaron y me divirtió pecar de egoísta.

Son tantos que hacen lo mismo. Yo por lo menos aviso. Y el que avisa no traiciona…

Después de una incalculable cantidad de años, decidí cumplir uno de mis anhelados sueños y viajar a Europa. Viajé como desafío a sentirme yo, sin importar demasiado los detalles y saboreando ese gusto muy dulce que tiene el reseteo y el anonimato. Es una sensación notable mirar algo que no conoces y que te responde con indiferencia, sin saber mucho quién sos o para qué cuerno estás ahí.

Viajar es un eficiente mecanismo para diferenciar y priorizar y otra afinada forma de descubrir lo importante de lo que no lo es. Es alternar conocimientos y dudas, valorizar el aprendizaje y darte cuenta que hay cosas complicadas que las vas resolviendo como un experto, a pesar de tener cero experiencia de cómo hacerlo.

El viaje me dio la oportunidad de conocerme más, de rumbear un poquito más ajustado a lo que quiero y de saber, un poco más convencido, lo que no.  Me doy cuenta que, aunque me cueste reconocerlo, hay cosas que vienen madurando, principalmente como consecuencia de la observación y rechazo a lo que está mal. O por lo menos, a lo que a mi juicio está mal y ya con eso me basta.

Un poco por arrogancia y otro poco por la experiencia de haberlo hecho mal y no querer repetirlo, este proceso de maduración y de “anti” me llena de orgullo y es hoy uno de mis mayores capitales.

Todo este proceso parece que se metiera en una incubadora cuando te vas de viaje. Lo jodido se pudre enseguida y se descarta, mientras que lo bueno, crece y se consolida. Conocer algo que siempre soñé, hacerlo en homeostasis y libre de culpas hacen que todo sea una experiencia ultra saludable.

En ese reseteo es que logras instalar la mejor versión de tu sistema operativo y todo parece que se va dando de forma natural. Y lo natural es, por simple significado, mucho mejor que lo artificial, creado y algunas veces hasta forzado. La naturalidad se vuelve necesaria y cada día más atractiva.

La mierda que se va poniendo en el camino sirve de abono para las flores que van a nacer. Y ta.


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28.04.2013 23:46

 

 

Hace muchísimos años mi abuela, posiblemente la persona que más sabiduría tiene por unidad de organismo en el mundo – es petisita y media dobladita – me dijo que la envidia era de las peores plagas que existían en la sociedad, como motor del odio y la mala leche. En su momento no supe darle la real dimensión al regalo de conocimiento que me estaba haciendo pero hoy empiezo a darme cuenta.

Dicen que más vale tarde…

Es esa envidia que tuerce todo, altera todo, jode todo. Es una enfermedad que a simple vista pocos parecen tener y que, al final de cuentas, parece hacer la diferencia en casi todas las cosas y es lamentablemente más común y erosiva de lo que pensamos.

La envidia es capaz de alejarte de algunas personas que en algún momento pensaste que sumaban. De forma casi que quirúrgica es capaz de demostrarte cuan caracagada puede ser la gente y, en definitiva, es otro eficaz mecanismo de afinamiento del tamiz por el que van pasando, o quedando, las personas que integran mis círculos.

La envidia es un perfecto sistema de inoperancia y descreimiento. Utiliza y muestra lo peor de cada uno y mira casi siempre al resto en función de lo que aparentemente está visible como éxitos. Nadie te envidia que tenes que laburar todos los días, sin embargo, sí lo hacen con las cosas que vas logrando por ese laburo.

Mi incipiente ojo clínico no sabe distinguir si esto es otra cosa típicamente de uruguayo, pero quiero creer que no. Al fin de cuentas no somos el ombligo del mundo y sería muy simple de erradicar si así fuera. Es un problema de génesis humana, en dónde –cómo dice mi editora en jefe– la envidia sana es una tremenda fruta para mitigar un poco nuestra propia inutilidad.

Habría que crear una consultora que además de medir calidad de vida o riesgo inversor se hiciera un lugarcito para evaluar esto. Capaz que podrían calibrar un envidiómetro que midiera esto en una escala de Richter y armar un ranking. Todos contentos ahí, aunque no creo que encontremos grandes diferencias. Todos los países deben ser una bosta.

Una cosa importante y casi obvia, pero que vale la pena aclarar, es que yo no me considero un ambiente 100% libre de envidia. Sería un idiota si así lo pensara. Lo que sí creo y de paso agradezco profundamente a quienes se encargaron de darme todo lo verdaderamente importante en mi vida, es que no entiendo los logros de las personas como otra cosa diferente a eso, logros, basado en lo que sea, pero logros al fin. Y por definición me pongo contento por los logros de las personas que quiero. Punto.

Aunque parezca natural, esto no parece ser una sana y repetida costumbre en muchas personas. Si no fuéramos tan caracagadas, no existiría el “mal de ojo” y mucho menos las técnicas de “curación” para el mismo. Esto es casi que una baliza tintineando de nuestra propia tristeza. Es un porotito que se va anotando la envidia casi que a diario.

Estoy totalmente convencido que el altruismo es por definición la muestra más grande de amor que existe, y la envidia es claramente su antagonista más acérrimo, incluso más que el egoísmo. Las personas capaces de hacer cosas por los demás sin esperar beneficio alguno y de ponerse verdaderamente felices por ellos escasean más que los osos panda.

Cada uno es responsable por su propia ineptitud e inoperancia, no salgamos a echarle la culpa a los demás. Así que en vez de llorar, patalear y envidiar, sería tanto más saludable usar algo de toda esa energía de mierda para cambiar lo que no nos gusta y generar alguno de esos “logros” que tanto le envidiamos al resto.

Y si no estamos dispuestos a esto, a llorar a la iglesia que está abierta todos los días. O vayamos a un curandero, a ver si nos ayuda con este problemita crónico…

“La envidia es la forma más sincera de demostrar admiración por el prójimo”.

 

 

 

 


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25.02.2013 11:52

 

Absolutamente nadie duda de que a medida que pasan los años muchas de las dinámicas de los grupos de amigos se modifican. Esto, si bien no necesariamente implica cambiar el vinculo con los amigos, va de cierta forma redescubriendo un poco los perfiles de las personas, aumentando afinidades y aniquilando otras. Se rompen estados de latencia y características dormidas o reprimidas, comienzan a expresarse.

La parte positiva de esto es que se va generando casi que un filtro natural y una intensificación de la amistad. Sin embargo, los genes de los caracagadas empiezan a expresarse y todo agarra un hedor bastante asquerosón. Es como esa manzana que empieza a pudrir el cajón…

Naturalmente se separan los grupos de interés: los que tienen hijos se juntan, las mujeres hablan de epidurales y centímetros de dilatación. Los casados (o en vías de) hablan de salones de fiestas y colectivos de casamientos. Los más “atrasados” siguen con las mismas cuestiones que hace 15 años y hacen caer sus críticas hacia los pocos que van tomando alguna responsabilidad. Los pollerudos, que te acompañaban hasta Kabul cuando estaban solteros, hoy no los agarras ni para tomar un café con leche. Todo parece esperable y hasta “lógico”.

Cualquiera de estos grupos comparten puntos en común, ya que la amistad se sostiene en pilares fundamentales que deberían estar muy lejos de discusión. Justamente esa característica implícita fortalece el concepto, aunque muchas veces peca de ser demasiado generalizado y hasta idealizado. Lo que parece claro es que cada día cuenta con menos militantes.

Si hiciera una encuesta sobre esos pilares, posiblemente casi todos contestaríamos los mismos, pero en la responsabilidad sobre esos conceptos comenzaríamos a disentir. El ser humano, por naturaleza egoísta e individualista, va chocando con lo que es saludable para uno o varios amigos y ahí es cuando pierde valor ese vinculo.

Queda claro que hay gente que no los respetan y personas que si lo hacen. He aquí la cuestión.

Por lo tanto, ¿qué es lo que conviene pensar cuando se rompe un código inviolable y la confianza se hace mierda? Simple, que no había un verdadero vínculo de amistad. En ese concepto encuentro el consuelo frente a los que te van dejando tirado, los que se van alejando o los que simplemente te clavan un tremendo cuchillo sin importarles más nada que su propio ombligo. Lo más "gracioso" es que posiblemente estos caracagadas ni siquiera se den cuenta del daño que causan y de autocrítica ni hablar. Nunca un "mal yo"...

En este contexto en el que el espacio muestral comienza a apretarse, el filtro natural crece en importancia porque el proceso de selección debe ser mucho más ajustado y preciso. Además de esto, el riesgo del error crece exponencialmente. No es lo mismo errarle con un amigo entre 100 que con uno entre 5 o 6.

Y ahora, ¿cómo solucionamos esto? Puuuf, si tuviera la respuesta, seguramente no estaría escribiendo estas pelotudeces y daría charlas cobrando suculentas sumas y capaz que dejaría de jugar al 5 de oro como un Francisco todas las semanas.

Los círculos de confianza se aprietan, se robustecen y es natural. Mi abuela parece tener cada día más razón. Mejor pocos pero buenos. La vida se encarga de llevar todo al equilibrio.

 


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28.01.2013 11:46

 

Hoy se me terminaron las ganas de escribir sobre boludeces o cosas medianamente divertidas, porque hace un día que no puedo dejar de pensar en otra cosa. ¿Somos los seres humanos aquellos seres evolucionados, pensantes e inteligentes que todos los libros nos dicen? ¿Somos capaces de aprender de nuestros errores y no darnos la trompa dos veces contra la misma cagada?

La respuesta a ambas preguntas es simple y tristemente la misma: NO.

Santa María es una ciudad del centro de Rio Grande del Sur, ciudad típicamente universitaria, joven, divertida. Por ser su Universidad Federal una referencia en varias áreas nuclea estudiantes del estado, de todo Brasil y varios extranjeros. Hoy lamentablemente todos la conocen por otra cuestión, por ser sede de una nueva demostración de estupidez y negligencia humana.

Varias preguntas me siguen surgiendo: ¿Cómo es posible que sea parte de un show prender bengalas en un lugar cerrado? ¿Esta gente prende un volcán en el living de su casa para festejar que la pascualina les quedó rica? ¿Cómo? ¿Por qué? La mierda…

Los extintores no funcionaron, las puertas estaban cerradas para que “la gente no se fuera sin pagar”. Yo estoy convencido que nos mintieron cuando nos dijeron que éramos una especie evolucionada. Vuelvo al problema inicial, cuando la banda hace la prueba con los encargados de contratarlos, no hay nadie que le diga “che macho, acá no me prendas una bengala porque HAY TECHO ARRIBA con materiales inflamables, ¿entendes?”

Yo me imagino algo así, lógico, medio de ser humanito, pero no. 1000 personas en un boliche cerrado, el tipo prende una bengala que obviamente hace que se prenda fuego el techo, los extintores no funcionan, LA puerta de salida está trancada y listo, de un plumazo se mueren más de 230 personas.

Somos unos capos.

Hoy se puede leer en Zero Hora, diario gaúcho, una nota con uno de la banda que dice que siempre usaban este tipo de bengalas, hasta en lugares más chicos, para “producir un efecto” cuando tocaba la gaita. También se puede leer que la seguridad del lugar pedía “comanda” (ese papelito donde te van marcando lo que consumís) para salir. Perdonen, pero debo ser yo el que está mal de la cabeza.

Lamentablemente, por considerarme un brasuca más, todo esto me hace mucho mal. Hay amigos de amigos, alumnos de amigos y demás personas que seguro formaban parte de la vida de mis ex compañeros dentro de esos 230 que murieron. Igual, para ser sincero, todo esto me parecería igual de doloroso si hubiera sido en Montevideo, Burundi o Roma. No me importa, simplemente me da mucha bronca que sigamos siendo tan idiotas, tan egoístas y tan poco pensantes.

Debe ser porque somos una especie evolucionada que tenemos la capacidad de matarnos a nosotros mismos como consecuencia de nuestras propias carencias. Por eso, hoy reafirmo aún más, que cuanto más conozco a las personas, más quiero a mi perro. Él seguro que no organiza una fiesta en el barrio para matar a todos sus vecinos.

Ah, me olvidaba, esa foto es del momento donde prenden las bengalas y el DJ de turno escribió en su facebook "Bombandooooooo KISS"...


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21.12.2012 16:30

No puedo ocultar que este tema del fin del mundo me dio esperanzas de que efectivamente reventara todo. Al final de cuentas, una desilusión tremenda y todas burdas patrañas porque sigo tan campante. En una de esas, los mayas no estaban tan errados y el fin del mundo, o el comienzo de una nueva era, efectivamente iba a ser más un proceso interno de cada uno que algo propio del cine catástrofe yanqui. Ya que este año ni bajada tuvo y un revoltijo mental continuo y asqueroso se apoderó completamente de mi, empiezo a suscribir un poquito esa idea, casi como consuelo a mi estado de inconformidad crónica.

Igual en esta chatura, en esa involución en la que me muevo, algunas cuestiones súper importantes me quedan como enseñanza del año que, gracias a algún dios, se viene terminando.

Para darme cuenta lo bien aprendido y concienzudo que ando, acá va un resumen de ellas, aunque todavía quedan 10 días y alguna más puede aparecer.

  • Existe un porcentaje importante de caracagadas en estado de latencia, inclusive en grupos de amigos consolidado
  • El tiempo no siempre cura todo
  • Buysan es el nuevo ícono del banana local
  • Inexplicablemente sigue existiendo la fruta abrillantada y las personas la siguen consumiendo felizmente
  • La gente, en una demostración más de estupidez, sigue creyendo que está buenísimo pegar los pegotines de las personas-que-van-en-el-auto en la parte de atrás de los mismos
  • Las remeras con leyendas en italiano y cuellos en “V” siguen en el mercado
  • Los huracanes y alertas meteorológicas son recontra divertidos seguirlos por twitter
  • Comprar una butaca en Mordor es más riesgoso que salir con una remera de “Raffi” por Estambul.
  • El terrajismo no parece encontrar su techo
  • Welker es el ser humano más llorón del mundo
  • Nadie sabe cómo, pero Martina Gadea sacó otro disco
  • Declarar la bajada es casi un proceso de prescripción médica, y cuando no se puede, quedo así como toy ahora.

 Agotado.