Hago mucho menos de lo que quisiera, sueño mucho más de lo que debería. Eterno enamorado de la sábana con elástico, incorfomista, ansioso, me impresiona la sangre y soy de esos que se mira los pies al salir de la casa para comprobar que se puso los zapatos.
Esto es a voluntad, sin compromiso.
Cuando el castillo de naipes se desarma, el caos es inevitable. Lo que parece una oportunidad, un momento único de transformación, agarra enseguidita un tufo increíble a miedo y dolor. Hoy no se qué cuerno hacer con todas las cartas que tengo en el mazo, aunque espero casi que con desesperación que en algún momento pueda darme cuenta que justamente las cartas están acá, conmigo.
En este caos es que salta a la vista que en muchos momentos la sinceridad interna y la felicidad van por calles contrarias. Y flechadas. Una pa un lado y la otra pal otro, por lo menos por ahora. Cuesta ser feliz, es verdad, pero cuánto más cuesta ser sincero con el organissssmo mío. Cha la lora.
Tanto el amor como la felicidad parecen también ser conceptos ultra marketineros, rodeados de un aparato publicitario capaz de convencerte de perseguirlos todo el tiempo, pero casi siempre de atrás. Usualmente a modo de zanahoria. Generalmente las cosas publicitadas hasta el hartazgo tienen algún engañapichanga, y esto no parece ser la excepción. Las personas se arrepienten mucho más de lo que no hacen, concepto que alimenta mi actual forma de pensar.
Y se arrepienten a pesar de la parejita de hijos y el labrador con el pañuelo rojo y el Volvo. Se arrepienten, porque está en nuestros genes. Tenemos que respirar, cagar, estornudar y arrepentirnos. Siempre el pasto es más verde en el jardín del vecino, poca gente lo duda, aunque algunas veces deberíamos mirar verdaderamente para adentro porque estamos preocupados por el pasto y ni siquiera tenemos jardín.
En resolver la dirección a tomar en estas dos calles flechadas está muchas veces la clave y algunas veces la solución de unas cuantas de las angustias de casi todos los males. Cansado estoy de escuchar quejas por el amor, el laburo, la vida y pocos son los que parecen tener el coraje, la inconsciencia y la tolerancia al dolor para sobrellevar estas cosas.
Lejos estoy de ser uno de esos. Sin embargo, hoy enganché por la calle de la sinceridad y espero cruzarme en algún momento con una rotonda que me permita agarrar para la felicidad sin cambiar totalmente la dirección que llevo.
Bien dice Catupecu, "...y al final, camino solo". Si bien muchas veces estar bien rodeado ayuda, al final, final, siempre estás solo. Pueden arrimarme un montón de baldes de agua, pero el incendio es cosa mía. Lo complicado muchas veces es que el entorno entienda esto...
“As pessoas têm medo das mudanças. Eu tenho medo que as coisas nunca mudem”. (Chico Buarque)
Es el mismísimo uruguayismo el que nos permite superamos a diario; logramos algo tan maravilloso como que un padre de la música como el amigo Paul McCartney pase a llamarse Polmacarni y sea un pudridor. Hemos logrado como sociedad que me pase por las pelotas que este mostro vaya a tocar y para peor, hasta mal humor me de.
Todo lo que tocamos lo convertimos en bosta. Somos algo así como el Midas de la cacona.
Se armó algo así como un apocalipsis para comprar las entradas para Pol, las viejas casi te apuñalaban por una entrada, los revendedores ya tenían entradas hasta para el sauna dónde el vete se va a hacer un service, mientras los panchos como yo hacíamos cola…y nada. Parecía que el mundo se había acabado en 2 minutos por escuchar a este fenómeno que aún se llamaba Paul y no Pol como ahora. Porque además de retardados y vejigas somos unos terrajas bárbaros.
Lo peor de todo es que esto no termina acá porque hoy, 2 días antes del mega chow, SIGUEN QUEDANDO ENTRADAS. Si, si, si amigos, siguen quedando entradas. Hay de todo porque achicaron las torres de sonido, sacaron a 10 gárgolas de Peñarol que viven atornilladas en la asterdan, movieron los carros de choris, ampliaron la cúpula dónde está embalsamado Pol y ta, tenemos más entradas disponibles.
Tengo frente a mí el papelito de Abitab que dice lo que hay disponible actualmente y no me puedo parar de reír. Parece que son varias las entradas que hay y mi sorpresa es mayúscula al ver que hay entradas VIP Premium de $ 11.800 con visión restringida. Vamos a ver si nos entendemos…¿600 dólar por visión restringida? ¿Es de suponer que tengo que conformarme con pagar una entrada que sale lo mismo que una semana en una playa brasuca tomando caipirinha y tener visión restriginda? La putísima madre que los parió.
Ojo, capaz que tenés visión restringida pero canilla libre de felatios, papas chip y flan con dulceleche, notable, pero que me avisen antes. Que pongan un asterisquito abajo que avise de esas cosas…
Pensando con esa claridad que me caracteriza me imagino que capaz que las 12 lucas te dan la chance de ver cuando a Pol se le despega el Corega y le salta la dentadura. Eso sí que es impagable. Capaz que esto pasa en todos lados donde tocan este tipo de fenómenos, pero me atrevo a pensar que hasta los paraguayos se organizaron mejor que nosotros, lo cual es lo mismo que perder un campeonato de surf con Bolivia.
A esta altura creo que es un mal instalado en nosotros mismos. Pudrirla, siempre pudrirla.
Este es un país en el que no te podes ni matar tranquilo porque salta un tipo y te saca del agua. Eso sí, te rescatan vivo pero disfrazado de mejillón. Capaz que la doña verdaderamente se quería matar y no la dejaron. Ahora, después que pasó todo, es obvio que la señora no va a decir que quería matarse porque le debe dar vergüenza. Es preferible decir que estaba ordeñando pitufos y se refaló…
Igual, muchas gracias a todos porque ver como la señora rebotaba contra el muelle y se tatuaba los mejillones en la geta fue de las cosas más tragi-uruguayi-cómicas de los últimos años. Esto y el policía mirando al agua mientras se prendía un pucho a lo Clint Eastwood, dos delicias pa las vistas.
Por las dudas, aviso que me compré una entrada "VIP" con visión restringida y donde no haya el happy hour de felatios que me prometieron me voy a la rambla a tomar sol con un yunque de 30 kilos anexado al tobillo y tomando la precaución que no ande ningún Clavijo en la vuelta.
Hay que avisar hasta que uno se va a matar, que injusticia.
Si alguna vez me desesperé buscando al Brasil típicamente metido en el imaginario uruguayo, esta frenética búsqueda llegó a su fin. Río de Janeiro. En los cariocas encontré eso que siempre había querido buscar para convencerme de que los uruguayos somos típicamente grises y nos sobran motivos para creernos los europeos porque nos falta onda para parecernos a los brasucas.
Qué bien que nos vendría mirar un poquito para ese lado porque la alegría esa es realmente una maravilla.
Ta bien, se me dirá que ir a Brasil en vísperas de carnaval es como comparar dos realidades paralelas. Es verdad, pero dudo mucho que la cotidianeidad se aleje tanto de dicho estado carnavalesco. Quiero frenarme en mi instinto de uruguayus tipicus y por un momento no analizar todos esos conceptos tan comúnmente escuchados en contra de esta realidad. En este momento, quiero independizarme de esto y detenerme en algo muchísimo más subjetivo, en esa alegría que se respira, esa que cualquier carioca se encarga de contagiar.
No quiero pensar demasiado las razones, no quiero analizar nada, solamente recordarme una vez más que me encantaría ser un poquito más así, más libre de cabeza, más incorrectito. Va en la actitud, va en ese espíritu y en esa constante de no preocuparse por la crítica ajena, sino dejarse llevar un poquito más por lo que cada uno quiere ser o hacer.
Ponerse la sunga aunque la panza te llegue a la rodilla o meterte un bikini diminuto aunque precises de los bomberos para sacártelo. Nadie juzga, cada cual hace lo que se le canta y se vive de una forma seductoramente más light. ¿Será la época?, ¿Será que de vacaciones el ánimo mejora? No sé que será, pero si de algo estoy seguro es que acá no pasa.
Acá en el carnaval nos dedicamos a decir que todo es un caos, que se “consumen sustancias” (Celso Cuadro et. al), que se “fueron los famosos” (Vieja de la Pedrera et. al) y que antes no pasaba. No se organiza nada, la gente protesta cuando se queda sin negocio y vale más una palada de mierda que un gesto amable y un “vamo arriba”. Nadie hace nada sino tiene rédito, cuesta trabajo divertirse y nos seguimos convenciendo en ese papel de amargos que taaaan bien nos cae.
Está bien, no es del todo lindo que te meen el jardín, pero a final de cuentas es un poquito de nitrógeno para fertilizarle las hortensias de la vieja al pedo. Vecina, no se me ponga loca que es un poco de pichona y no un licuado de Fukushima.
Encontramos un problema, notable, ahora vamos a ser lo suficientemente capaces de solucionarlo y no pensar que matando una fiesta se acaban los “desmanes” (preciosa palabra). Es más fácil pegarle un tirito en la tefren al mensajero que putear al que mandó la carta. Es más fácil mandar a un notero que se piensa que está en Fallujah que analizar y ser partícipe de un cambio, de una mejora. Rinde mucho más el circo y la paparruchada, un mal cada día más criollo.
En fin, voy a tramitar definitivamente la ciudadanía aunque me tenga que casar con Ronaldinho y me voy a dedicar a abrasilerarme lo más posible y lo más rápido que me den las paticas.
Igualmente, voy a extrañar reírme como loco cada vez que vea los camiones recolectores de basura con la sigla “CAP”. Bruto bolso el de la licitación de la IMM…
Siempre estuve bastante convencido de que la madurez era algo inalcanzable, pero el comienzo del último año de mí (nuestra) vida parece mostrarme algún rastro de que capaz que la cosa no es tan lineal. No para tirar manteca al techo, pero pior es nada.
El proceso de pérdida de lugares de un tipo de 30 años es un tema por demás conocido y cada vez más intenso. Sin embargo este año, por primera vez, he logrado superarlo como todo un hombrecito. Es decir, hay cosas que ya no quiero hacer más y punto. Comer colita de cuadril, tomar puro de malta y dormir hacinado no es más para mí. No pega mucho una cosa con la otra y hasta parece esquizofrenia por momentos. Pagar por un rancho pulgoso puntadiablesco un alquiler más caro que en Bali tampoco lo es. Para eso me voy a Bali.
Voy a ser claro y ponerle números a la cosa. Un rancho para 4 personas en los lugares que se infestan de pendejos sale aproximadamente 150 dólar por día. Un allinclusive en Playa del Carmen, 70 por persona. Parece raro, ¿no?
Hace unos años me rasgaba las vestiduras implorando el paso de las modas para que las cosas volvieran a ser un poquito como antes. Y parece ser, que el anhelado proceso arrancó. La Paloma, que hace años parecía una escena constante de "verano eterno" este verano tiene la peor temporada en años. Se han hecho un eterno enema con sus ranchos, casas, aptos y demás opciones. Y yo lo disfruto como loco porque se lo merecen.
Mi deseo más ferviente es que lo mismo pase con Punta del Diablo y que los pendejos sigan como enfermos para Ferrugem, al mismo tiempo que los emperadores inmobiliarios hacen fila para el proctólogo. Tengo bastante claro que volver a mi línea de base es imposible, porque muchas veces los cambios forzados generan más cosas malas que buenas, pero estimo que en algún momento volverá algo de aquello que parecía tan fácil de idealizar.
Capaz que no, pero como toy super maduro, ni me quema.
Como para seguir cuantificando mi estado -que me llena de orgullo- el 2 de enero fui a laburar después de años de no hacerlo. Comprobé que no bajan una cortina de enrollar en la puerta de la ciudadela y que hay organismos pululando por la capital. Superé todo el día, de forma milagrosa e impecable hasta que llegué a casa de noche, previa pasada por el supermercado.
Se me ocurrió abrir la pechuga de pollo que había comprado y encontré algo así como una toallita femenina en el fondo de la bandeja con el cartel "no comestible". En ese preciso momento se me fue la madurez a la mierda y tuve ganas de hacerme una brochette con las pelotas. Si alguien alguna vez se hace un refuerzo con dicha inmundicia que me avise que preciso reírme hora, hora y media.
Como bien reza canal 12, estos sos mis valores, que no son gran cosa, pero por lo menos no meto a Berch Rupenian como figura estival. Un tipo que tiene 25 millones de valores más que cualquiera de nosotros, gracias a nosotros. No tiene valores y mucho menos memoria, pero en fin.
Verano capitalino, con menos arena que una playa argentina y menos sol que los mineros chilenos, pero por lo menos, nunca me clavé el siemprelibre avícola y algún valor me queda. Madurez que le dicen.
Un gran abrazo a la gente de la pedrera, que metió un local de "yuyo brothers" AL LADO de la jefatura de la policía. Eso sí que son valores. Chupate esa mandarina Canal 12.
Por suerte de a poco me vengo dando cuenta como es este tema de la bajada en mi realidad. Es un año sí, el otro no, muy a pesar del deterioro mental que sigue en sostenido aumento. Y de la capacidad para que todo se vuelva superfluo, puuuf…, mejor ni hablar. El compromiso con cosas embolantes es inversamente proporcional a los litros de jugo de cebada que pasarán por mi organismo estos días.
La bajada ya empieza a funcionar como esa mágica valvulita de la olla a presión. Cada vez el puchero viene más cargadito, y liberar un poco de esa presión se vuelve cada vez más necesario, casi que vital. Si esto no pasa, el nabo corre riesgo de reventarse. Es casi que una necesidad médica esto de aflojarse y deslizarse. Para peor, no hay mucha chance de apagar el fuego…
Al leer esto me doy cuenta que estoy adentro de un tremendo lugar común, de un problema casi que masivo y sin solución aparente. Igual poco me importa porque en estas fechas nadie le presta atención a un cuerno. El tema es que mi preocupación está muy distante de encontrar alguna respuesta. A cada instante me pregunto cómo carajo hago para bancarme a mí mismo. Ni fútbol tengo los fines de semana para putear al juez y reírme de los hinchas de Peñarol. Una injusticia total.
Buscando mi sanación pensé varias alternativas, a modo de terapia, que detallo a continuación:
- Meterle una panadera a cada uno de los que dicen “próximo pasado” para referirse al “último”
- Quebrar los dátiles de quienes hacen el gesto de las comillas más de 3 o 4 veces por año, el límite tolerable
- Introducir una sopapa por alguna cavidad a aquellos que cortan el whisky bueno con algo diferente al hielo
- Introducir 2 sopapas en la misma cavidad a las parejas que realizan las despedidas de soltero juntos
- Hacer un pelotón de fusilamiento con los que piensan que está buenísimo usar esas zapatillas de plástico que parecen la máscara de Hannibal Lecter
- Censurar las comedias de la tarde del canal 4 a las amas de casa que le meten sprite a la ensalada de frutas
- Introducir una bengala de 10 tiros (ta, ta, ta, ta, ta, ta, ta, ta, ta, pum) al creador de la fruta abrillantada y los arrollados agridulces
- Desear que se venga el verano más frío, lluvioso y ventoso a todos lo que se van de vacaciones.
Ta, muchísimo mejor.
Igual, querida bajada, vos no tenés la culpa de nada. Esto es por pensar que es mucho mejor tomar responsabilidades que rascarme las pompis. El equivocado soy yo, pero quedate tranqui que me vengo dando cuenta. En algún momento voy a tirar la toalla o me voy a empastillar como corresponde. O ambas.
Por último, un mensaje para el gordo Noel, gran explotador de duendes, mejor persona. Valor, acordate el pedido que te hice hace unos días. Ahorrate mi regalo, dale un poco de descanso a esos pibitos a los que tenés laburando en negro pero por favor no te olvides de cagarle la chimenea a JC y a Gorzy. Gracias che, cuidate, abrigate bien y ojo con el BPS y la DGI que te van a caer en breve.
Feliz año, ojo con las bombas brasileñas que las carga el diablo, al igual que las botellas de sidra de 25 pei. No olvide comprar hepamida y cuélguese un cartelito con su nombre y teléfono de contacto en caso de que, al igual que yo, tenga pensado mamarse hasta las patas para anestesiar las penas. Por suerte se termina todo el año que viene.