Frontera Norte (Ruben Abrines)
notas y propuestas políticas de actualidad, relatos

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02.08.2010 14:54 / Actualidad

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Lula y Mujica jugando al borde de “la línea”.

Los más populares presidentes del sur del continente se volvieron a encontrar en la frontera más fuera de lo común, el día del 187 aniversario de Santa Ana Do Livramento, al norte del Uruguay y el sur de Río Grande.

Larga frontera abierta, equidistante, y muy cerquita, de las principales capitales y puertos, con enredadas rutas por el sur del continente, con creciente concentración de producciones agropecuarias, forestales y madereras, empujes de industrialización altamente tecnificada y Zona Franca de intercambio comercial.

Saben que estuvieron por unas horas en el mayor espacio abierto a la libre circulación de personas. Tienen una mirada de este antiguo enclave, diametralmente opuesta a todas las conocidas, machacadas con religiosidad, de la antigua cultura de los contrabandistas

Estos hombres de orígenes bien diferenciados compartieron algo más que la firma de documentos y los rituales de vecindad y amistad personal. Actúan con lógica en un mundo que se empeña en resistir, andando al borde del precipicio, arrastrando el viejo orden internacional al garete.

Lula, exitoso y combativo dirigente obrero metalúrgico, en su mochila carga con la fundación y protagonizacion del PT, la organización política más influyente en Brasil y por ende para toda la izquierda latinoamericana, casi fiel al “jogo bonito” se pasea por el mundo con logros y éxitos, dentro y fuera de su país, y hoy está clasificado como el único líder con credibilidad  y sobrada autoridad en todo el continente.

José Mujica no fue obrero, ni fundador del FA, sino un blanco Wilsonista que posteriormente alzó las banderas de la propaganda armada con el MLN, junto a otros muchos, ahora ministros y funcionarios importantes en el segundo gobierno del FA; cultivó pacientemente (entre otras cosas) el sentir y decir de esos rostros, difusos para la mayoría de los uruguayos, de los campesinos, asalariados rurales y  chacareros, sin desconocer el rico lenguaje bolichero seco y sentenciador.

El gobierno de José Mujica y Danilo Astori está dispuesto a “viajar en este estribo” y apuran el paso con acuerdos innovadores, de largo aliento, independientes del próximo recambio de gobierno en Brasil.

El presidente uruguayo lo hace convencido, como representante de uno de los países mas pequeños del continente, reafirmando la voluntad integracionista de los pueblos sureños.

Dos presidentes de experiencias y trayectorias disímiles, de orígenes militantes que expresaron en otro momento el amplio abanico de la izquierda en el continente, se fundieron en algo más que un repetitivo (y para la foto) abrazo presidencial.

El momento político los encuentra lidiando, apenas en el principio de las resoluciones de los graves problemas sociales causados por la intolerable dependencia económica y el injusto sistema de relaciones internacionales, en lo que es un cambio en sí mismo y no debe de ser por olvido ni ingenuidad.

Además se cuidaron de no recurrir o explicitar, ni por asomo, a la crisis internacional que hace zozobrar las potencias del sistema capitalista, tampoco a las peripecias del imperialismo norteamericano con los distintos procesos y gobiernos de izquierda en esta parte del continente.

Saben que llegaron a los gobiernos para resolver perentoriamente y con escasos recursos a los cuales echar mano, la pobreza extrema en un continente con pueblos que saben de frustraciones a granel.

Conscientes de que les toca administrar sociedades a medio camino de todo.

El imperialismo, el subdesarrollo y la dependencia, son sus principales enemigos y obstáculos a vencer con creatividad y firmeza revolucionaria, democrática, unitaria e integradora.

De ahí unas palabras dejadas, al caer, del presidente uruguayo en el 7º de caballería mecanizada brasileña, a riesgo de citar mal de memoria: “Cambiar el estado tapón por  puente entre naciones”.

Sus voces y sus vigorosas personalidades son un cable a tierra para los magnificados conflictos entre países hermanos, creados por obscuros personajes criollos, el imperialismo y los chacales de la guerra.

Como era de esperar se alborotó el gallinero con la presencia de estos dos formidables conductores sureños.

Para los fronterizos, habituados a andar como “Perico por su casa” de un lado para el otro en su frontera abierta, su bonhomía se vio sorprendida y molestada con tanto vallado, personal de seguridad y sucuchos para la prensa, hasta lo inimaginable para los desenfadados fronterizos de a pie.

Igual fueron partícipes. Allí estuvieron al borde de “la línea”.



04.07.2010 15:33 / Actualidad

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¿El Sur también existe?

Sí. Uruguay esta ahí, como peludo de regalo, como niño con olor a mandarina (merienda de niño pobre).

Los que fueron con traje y corbata, servicio de habitación, damas de compañía, guardaespaldas personales y un coro de periodistas, especializados en el negocio de la FIFA y la alcahuetería, se apagaron mucho antes que las luces del mundial.

Sin Brasil, el eterno favorito. No esta más Argentina y los fetichismos del errático Maradona.

De los que fuimos de overol, sin chance (incluso ahora) de la “cátedra”, los últimos en irse fueron Chilenos y Paraguayos, con la dignidad de siempre intacta.

No sé con quien fuimos los últimos en clasificar, pero ahora estamos dentro de los cuatro primeros, invictos.

Los gritos de “Uruguay nomá”, “soy celeste”, “Uruguay que no ni no”, se escuchan más acá que en Sudáfrica, donde salen de las pocas gargantas de uruguayos que están solos, entre miles de ensordecedores gritos de aliento en lenguas diferentes y aullidos de las vuvuzelas, que alentarán, masivamente, por cualquiera de las tres selecciones europeas finalistas.

Siempre habrá un puñadito que lo hará por los celestes.

La FIFA y millones de asiáticos, árabes, africanos, europeos, australianos y también estadounidenses, no pueden entender cómo un puñado de uruguayos les arruinamos su fiesta.

Y, como no puede ser de otra manera, siempre somos punto.

Algún día sabrán que fuimos por primera vez a “jugar y disfrutar” el mundial. Y si podíamos, a ganar, como fuimos siempre, porque no renunciamos jamás a “luchar, luchar, hasta vencer”.

Además porque no fuimos obligados por ningún intersticio de nuestra exultante historia futbolística y no nos maniatamos a favores de divinidades terrenales ni celestiales.

Porque aprendimos, con fracasos y derrotas, que la historia futbolera debemos asumirla como una contribución incomemsurable a la historia del deporte más democrático del mundo donde se aprende corriendo descalzo, con hambre, detrás de una pelota de trapo.

Porque ahora sabemos mejor que antes que no somos parte del “primer mundo” y las indignantes e inhumanas crueldades de su sistema. Pertenecemos a uno de los países que tienen verdaderos “ejércitos de reservas” con hambre de igualdad, equidad y esperanzas en la que se alimentan los individuos y las masas, colectivamente, igual que millones de hombres y mujeres en todo el planeta.

No somos mejores ni peores, luchamos y  padecemos de los mismos dramas sociales, aunque sean menos visibles o menores: dependencia económica, tecnológica, financiera, discriminación racial y de “asimetrías” (novedosa forma de llamar a los poderosos) con nuestros hermanos y vecinos del mundo.

Ningún uruguayo se siente responsable porque el azar nos puso en el camino de los sudafricanos de Mandela y de sus deseos deportivos. En su contra y de todos los millones de africanos, algún día, al igual que los brasileños, reconocerán les hicimos vivir una pagina única de cómo vivimos el futbol los uruguayos, será para sus mejores y peores recuerdos, el épico partido contra los Ghaneses.

No fuimos nosotros los que elegimos estar en lo que otros llamaron “la llave de la muerte” al inicio del mundial.

Sabemos lidiar con inteligencia colectiva e individual contra las adversidades y  nos defendemos con lo que mejor que sabemos hacer: trabajo, solidaridad, respeto, coraje y despliegue de todas las artes del futbol.

Nosotros lo que elegimos de los rivales es como enfrentarlos y vencerlos, once contra once.

Ese es el secreto.

No somos “ventajeros” o abusadores porque uno de los tres palos estuviera en ese lugar, a esa altura, y mucho menos responsables de que el mejor de los Ghaneses, en el último suspiro después de ciento veinte minutos del alargue, haya errado el trayecto a la gloria para toda la afición del continente Africano.

Está demostrado que no cualquiera puede vencernos. Sería falsa modestia decirlo en este momento, pero si alguien lo logra, que a los once con la celeste no le pesen unos pesos más en los bolsillos, porque eligieron ponerse por debajo de la celeste, el overol, y salgan al estadio de turno a trabajar, con las raíces y la disciplina de los proletarios de donde vienen todos, con memoria y creatividad colectiva del fútbol, formados en una sociedad que sabe de la solidaridad y donde el pueblo que ya los consagró campeones.

Sepa el mundo que todos ellos van de un lugar llamado Uruguay y escucharon muchas veces que hay que “luchar, luchar hasta vencer”.

Y sepan además, potenciales y ocasionales adversarios, que tampoco estos once desconocen la letra del himno que miles de los que ahora los festejan supieron entonar al resistir, porque estaban ahogados por la libertad que les faltaba: “porque el corazón no quiere entonar más retiradas”.

Cada cual que atienda su juego ¿verdad maestro?



26.06.2010 10:58 / Actualidad

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Es inmensa, indisimulable, la alegría y las expectativas por el trabajo colectivo, solidario, responsable, de los integrantes celestes en este tramo del mundial.

Me cuento entre los que aprendimos, después de muchos reveses dolorosos y colectivos, a valorar los pequeños éxitos que alimentan las alegrías de la de gente común, como vos, como Ud. como nosotros.

Somos tan pocos los uruguayos que sentimos pudor de hacer de la alegría y la euforia un acto individual.

Esas alegrías colectivas se transforman en muecas y perplejidades de unos pocos, en un país donde por muchos años se pretendió inculcarnos una idea fija: “no se puede”. (Como si fueran un designio de dioses o una torpeza de nuestro ADN).

Después que terminemos de disfrutar habrá tiempo, y nos llenaremos de paciencia y de ejemplos, para desasnar y convencer a muchos comentaristas, periodistas, relatores, dirigentes, políticos, empresarios y oportunistas, acerca de qué se trata esta performance y porqué se da con estos profesionales, este técnico, este núcleo de futbolistas celestes; desde la visión de un simple aficionado.

Estos futbolistas no sólo están colmados de virtudes y habilidades en el manejo de una pelota dentro de un estadio.

Culturalmente este seleccionado es el mejor preparado, es mas sólido culturalmente con respecto a otros exitosos, virtuosos, hasta espectaculares combinados del fútbol uruguayo.

Los éxitos individuales de estos once ocasionales, uruguayísimos, jugadores que entran a disputar cada partido por el mundial, no les impiden hacerlo con una suerte de desprecio olímpico al “vedettismo”, tan común como obsoleto en un juego de once contra once.

Y, un punto y aparte.

No son temibles guerreros, ni fueron de cacería al sufrido continente Africano.

Pero qué golpes formidables han dado, en lo más hondo y recóndito de cada uno de nosotros, logrando en cada partido, hacernos sentir felices y orgullosos de haber nacido en este lugar del mundo y vivir grandes momentos, de desbordantes euforias colectivas.

Nada más y nada menos.

No equivocan cuando apuntan y ofrendan sus éxitos a los niños, los jóvenes, esos miles que no teorizan, apenas disfrutan hasta rabiar, saltando, enronqueciendo, pintados hasta los ojos.

Volvieron tras la huella, para enmudecer a una multitud dentro de un estadio de fútbol.

Acallando por un buen rato las “vuvuzelas”, esa novedad inesperada del mundial, el arma más poderosa de los hermanos africanos.

Soy de los uruguayos que disfrutan del fútbol de la celeste jugado con pasión, inteligencia y solidaridad.

Poco le va a importar a miles si las Cámaras Empresariales no otorgan licencia por unas horas a sus empleados, igual abandonarán sus puestos de trabajo para recibir a los celestes cuando lleguen.

Tampoco si el PIT- CNT se pierde la oportunidad, no “pispeó” y no propone y organiza una movida, con concentración y camionada al aeropuerto de Carrasco a esperar a los celestes.

O si las cuerdas de tambores y los murguistas no se pintan las caras y “a marcha camión” y paso de “llamada” no arrancan a homenajear a los celestes.

Igual, allí estaremos.

Para hacerles saber de qué manera disfrutamos.

Como gritamos y comentamos cada  gol.

Como sudamos, por laburo a destajo de los del medio.

Como empujábamos a los rivales en los borbollones dentro del área.

Todos volamos a “tapar” cuando el Nene Muslera no llegaba la pelota que se metía en un ángulo.

Para decirles que no somos ecuánimes y no disimulamos nuestra satisfacción por ver las peripecias y la decadencia de selecciones que llegaron como las más encumbradas,  favoritas, marchándose con menos honores que los banqueros estafadores, el BID, el G8, o el mismísimo  Consejo de Seguridad de la ONU.

Francia afuera, Italia afuera. Inglaterra o Alemania, uno se va. Suiza no llegó y España y Portugal peludearon, después aburrieron, y otros ni siquiera clasificaron.

Nada les reprochamos y lamentamos no hayan alcanzado nuestras ganas y simpatías para que las selecciones del África tuvieran mejores performances en su continente.

Nos apena ver por el camino a los “Bafana Bafana” de Mandela, a quien nos tocó el papel de derrotarlos, el primer día, en su casa, frente a toda su gente y los hayamos  condenado definitivamente a no llegar más lejos.

Ni hablar de la satisfacción por ser de este continente, de ver a todos sus seleccionados al tope de la clasificación, incluyendo a los futbolistas de los EE.UU.

Uruguay Invicto. Brasil cómodo. Argentina inventando con Maradona. Chile disciplinado y a más. Paraguay, como siempre, vendiendo caro su pellejo.

Los mexicanos, que tienen que lidiar con los de más enjundia…

Hagamos algo más por la alegría.



20.06.2010 21:38 / Actualidad

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Se equivocaron quienes creyeron que los cambios políticos protagonizados por las masas son una marcha alegre y obligatoria de confianza inacabable y de reconocimientos perpetuos a los aciertos de sus dirigentes.

Los ciudadanos que hicieron posible, con más de un millón de votos, los gobiernos del FA, constituyen una imponente fuerza, en su inmensa mayoría ilustrada, organizada, unitaria y creativa, altamente experimentada en la lucha social y política y en la batalla ideológica.

Y, por si fuera poco, habituados a lidiar contra todas las formas de imposiciones, servilismos y dependencia.

Es la primera advertencia severa que hacen hacia todos los componentes del FA, y sin dudas, a quienes creyeron poder controlarlos sin más esfuerzos que sus certezas y sus antojos, como si se tratara de un partido más de los viejos conocidos en el Uruguay.

Se equivoca la paloma.

El FA, y el frenteamplismo, es una creación del pensamiento revolucionario de la izquierda uruguaya que no admite el pensamiento único, rechaza las exclusiones, no tolera y combate los caprichos y certezas “infalibles” de por donde deben transitar los cambios revolucionarios.

El frenteamplismo se afirmó y se consolidó porque decenas de miles de mujeres y de hombres fueron capaces de hacerlo propio y viable ante toda la sociedad, yendo a conversar mano a mano, golpeando puerta a puerta las casas de todos y cada uno de los uruguayos, para cambiar de raíz el Estado, los obsoletos y obscuros recovecos de sus estructuras anémicas.

El paradigma de los frenteamplistas no se agota en la actual democracia representativa.

Mucho menos en el Ejecutivo, los sindicatos, las cámaras empresariales, el “lobby” de los inversores extranjeros, el clima de entendimiento con los vecinos, ni los fallos de La Haya.

No se proponen nada tan “estrafalario” que antes no hayan propuesto otras sociedades en el mundo.

Recién comienza su etapa más trascendente.

Pero hay que escuchar los cañonazos, que, de paso cañazo (como dicen en la frontera “sobró pra mim”) suenan como aviso para los que aún no escucharon, de que no están dispuestos a ser tratados como simples espectadores pasivos, estos cinco años, por sus  parlamentarios, ni siquiera por el nuevo Ejecutivo encabezado por José Mujica y Danilo Astori.

A no creer que los miles que votaron en blanco estaban con la mente en blanco.

Nadie quiso, ni quiere, desenterrar “el hacha de guerra” contra quienes se “timbearon” como cosa propia (y perdieron), mas de cien mil votos y varias Intendencias de mayo 2005 a  mayo 2010.

No se debería  mirar de reojo, buscando responsables de los reveses electorales, a ese millón de ciudadanos, que llevó al FA hasta el gobierno nacional, por dos veces consecutivas, y a gobernar varias Intendencias.

Lo excepcional en el Uruguay fue alcanzar el primer gobierno de izquierda.

A una buena porción de ese millón de ciudadanos las derrotas políticas les duelen como un tajo al corazón, las sienten como una desgracia personal y además saben que eran perfectamente evitables.

La derecha ganó por un campo, en varios terrenos, no sólo mantuvo sino que arrebató intendencias al FA.

Hay que evaluar algunos hechos, en su justa dimensión, que golpearon el estado de ánimo de decenas de miles de ciudadanos, en particular de frenteamplistas.

EL triunfo del NO en el plebiscito para anular la Ley de Caducidad y el veto presidencial  a la ley de salud sexual y reproductiva, son, en mi opinión, los dos más importantes.

Temblaba la derecha, complaciente con violadores de los DD.HH., hasta que encontró compañeros de ruta, dentro y fuera del gobierno, imponiéndonos a todos una derrota difícil de superar emocionalmente, igual que a todo el movimiento popular, en particular a las organizaciones de DD.HH. en un campo que siempre le fue adverso, el de los plebiscitos.

Más seguros se movieron y disfrutaron con el antiguo compromiso pre-electoral de Tabaré Vázquez de vetar la ley que despenaliza el aborto.

Hay que tirar el agua sucia sin que en el envión vayan el niño y la tina.

El acierto o el error del “balance y perspectivas”, para no perder el rumbo de izquierda, estará en si se es capaz de desentrañar el papel que juegan las masas organizadas, en  como y porqué se transformaron en un millón de votos para la izquierda.

Considerando que vivimos dentro de un sistema internacional en bancarrota y  reconociendo que somos un país dependiente, que viene de una dictadura cívico – militar, fascista, que atrofió al Estado y dejó sus principales organismos infectados y colmados de inercias, con “espinas envenenadas” como lo definiera Arismendi, no debemos saltar olímpicamente el impacto político - ideológico, la madurez que significó el hecho político que hizo posible la llegada del FA al gobierno nacional y a ocho intendencias en los departamentos más poblados del país, en 2005.

No para asumirlo simplemente como un cambio del estado de ánimo electoral de los sectores más lucidos y mejor preparados políticamente.

Son un millón de ciudadanos que pretenden ir a más, con más participación social, mayor justicia económica, más libertad y más democracia, como lo demostraron eligiendo el segundo gobierno del FA.

La fuerza política y el gobierno cometieron un grueso error estratégico, “demostrado hasta el hartazgo por otras experiencias”: se auto - engulleron mutuamente paralizando la acción política de miles de militantes frenteamplistas, perdiendo de vista su papel determinante en la recuperación y reconstrucción de la Democracia y en la gran primer victoria popular de 2004.

Fantástico desacierto político.

Me temo que este “insumo” (la conducta de las masas) no ocupe una mirada privilegiada y a fondo de los interesados en encontrar explicaciones en los resultados electorales del 9 de mayo.

No será sencillo, no puede serlo. No habrá un solo balance, un solo resumen, una sola mirada que nos proyecte a todos hacia el futuro.

No todo es punto, aparte y seguimos.

¿Qué hacer?

Además es obligatorio incorporar al “balance y perspectivas”, la táctica y estrategia escogida por el Presidente y su entorno, sumada a la fuerte impronta personal de conducción y su visión de presente y futuro.

Talvez no sea aún lo prioritario, dados algunos éxitos y el respaldo a su generosidad con la oposición parlamentaria, junto a otras actitudes acarameladas, festejadas.

Lo prioritario, sin vergüenza ni venganzas, es responder colectivamente a las muchas decenas de miles de frenteamplistas que necesitan saber “para seguir poniendo su amor en tierra”, si el FA seguirá siendo Coalición y Movimiento, Programa único, lugares de real participación y respeto democrático a todas la opiniones, o si “ya están maduras” las condiciones para ser un partido más, como el Nacional o el Colorado, en el juego de posible alternancia en el gobierno, de acuerdo a la suerte electoral cada cinco años.

Un millón de ciudadanos que votaron dos veces consecutivas a la izquierda no intelectualizan la política, la viven, la disfrutan y la padecen como cosa individual.

Hay que volver, nuevamente, a reunir a la vanguardia en asambleas.

Todos los frentamplistas siempre fueron necesarios, imprescindibles.

Los dirigentes siempre son sustituibles.

La gente razona sencillamente: Como te doy te quito.



06.06.2010 16:52 / Actualidad

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No se puede entender la vida con el corazón (o el alma) encallecido.

A partir de la desaparición súbita del andamiaje político - ideológico que sustentó, a partir de 1917, la construcción de la URSS y el Campo Socialista, fueron fácilmente constatables la instalación del pesimismo político, el estancamiento cultural y el retroceso ideológico en la izquierda.

La caída de la URSS, sin un tiro, sin masacres en las calles de Moscú, sumariamente condenada, tasó todo y a todos por igual, con un mismo rasero, sin lugar a apelaciones, como responsables de "el fracaso del socialismo y el comunismo”.

El impacto de estos hechos fue y es de enorme trascendencia para millones de personas, dentro y fuera de los países que cargaron durante setenta años con el lugar de referencia obligada de la azarosa e impactante insurrección triunfante de los Bolcheviques, en la Rusia de los Zares.

Además del imperialismo hubo muchos que se apresuraron a declarar el “fin de las ideologías” y, nuevamente, el marxismo fue etiquetado de obsoleto. Rápidos para los mandados aparecieron de todas partes.

Ahora estamos en “veremos”.

Y no es para menos, Quedaron sepultados los ejes más importantes de la cultura política a escala internacional: la lucha por la paz y la solidaridad internacionalista.

Las contrarrevoluciones y las guerras avanzaron, y siguen su larga marcha con la voracidad y crueldad insaciables del sistema predominante, al mando de unas pocas naciones beneficiarias de la nueva repartija del mundo.

Lejos del “siglo de las luces” y apartados de los paradigmas y conquistas del siglo XX, absolutamente todos caímos, en una sola vuelta de rondana, hasta el fondo del pozo y comenzó la despiadada lucha por la sobrevivencia y el sálvese quien pueda.

Seguro que en poco tiempo se reirán de nosotros, por las mezquinas conclusiones e idiotas explicaciones que nos dieron, y nos dimos, con simpleza de cuentas de bolichero.

Acusamos el golpe pero aún no nos desayunamos de la tragedia que significó para millones de individuos en todo el planeta.

1917, en Rusia, dio el principio y dejó abierto el final de cuales serán el lugar y el momento de poner fin a la explotación del hombre por el hombre.

Los que vivimos de este lado de Río Bravo no dudamos de la legimitimidad humana de haberlo intentado, en contra del Zarismo, el feudalismo ruso, las guerras, el capitalismo y el imperialismo.

Hay aún quienes se extrañan, azorados, de que a pesar del poderío militar, técnico científico y económico, mas la vocación de su pueblo de gendarme internacional, EE.UU. haya sido incapaz de hacerse cargo de todo el orden mundial.

Se esfumó rápidamente esta posibilidad, como el viento entre los dedos. No le alcanzó siquiera la apresurada e inconsistente teoría de “el fin de la historia” y el haber desatado varias guerras simultáneas.

Tampoco con aliados insospechados, transformados en socios invaluables.

No duró mucho el tiempo de los sorprendidos ni el de los arrepentidos, que se empujan por entrar en algún calabozo vacío.

El mundo del imperialismo se debate a manotazos desesperados en un incierto y confuso panorama, que no puede controlar y mucho menos proyectar hacia el futuro.

La vieja Europa, después de haber sido remozada institucionalmente, está en su hora de crisis y reparto de miserias.

Reconstruir el paradigma de la liberación de la humanidad es y será la faena más importante de este tramo del nuevo milenio y, probablemente, nos lleve otro siglo. Seria deseable que sea mucho mas corto.

No todo está perdido.

En este continente, el más desigual de todos, los uruguayos se proponen construir “un país de primera”.

Siempre hay tiempo para lo lúdico.

El mayor de los sarcasmos de actual orden internacional, al que estamos asistiendo en primera fila, desde el sofá o en el boliche con los amigos, es que la única transnacional de tráfico de seres humanos, la FIFA, organiza otro mundial de futbol.

Las consecuencias de la crisis mundial, el colonialismo, los regimenes despóticos, los millones azotados por la violencia, el hambre, las enfermedades, la miseria extrema, seguirán muy campantes.

A veces la historia se repite como tragedia.

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Vivo en Rivera. Desarrollo actividades como comunicador en Radio y TV. Escribo, entre cosas, notas y artículos, algunos publicados en la prensa local y nacional. Mi correo: rabrines@adinet.com.uy

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