Atalo con alambres.
La vida es un cuento.
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La vida es como un río, donde navegamos nuestra suerte. Sabemos cuando nos subimos a la canoa y hacia donde vamos, pero lo realmente importante es poder seguirla remando mientras el cuerpo nos de. El destino esta ahí, que apuro hay por llegar?
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13.03.2010 08:14

Ciento por ciento uruguayos.

¿Qué tenemos los uruguayos que nos hacen verdaderos autóctonos de esta tierra?

Casi nativos.

¿Hoy en día? Muy poco.

 

Tomar mate: una gran parte de los jóvenes de hoy en día no toman mate. Les resulta desagradable por el sabor amargo, por estar caliente, porque hay que cargar con el mate, el termo y la matera, para no compartir con otros ciertos fluidos, por asco, etc.

 

Fumar: ya fue. Hoy en día es un vicio de porquería, enferma y mata, no encumbra la masculinidad ni hace más interesante a las féminas, ni nos acompaña, ni nos distrae, ni nos brinda calor ni luz, y encima te deja mal aliento, y lo más importante – sale muy caro.

 

El asado: poco probable. Al precio que están las carnes muchas familias que antes se reunían los domingos alrededor del braserio para compartir dicho producto hoy no pueden hacerlo, porque además del asado la leña esta fiera, porque hoy se trabajaba hasta los domingos, porque los nenes se fueron con las novias o los amigos o etc.

 

El truco: tradicional juego de mesa criollo, pero “ya no da más criollos el tiempo”. Justamente con el tiempo que tenemos que llueve, y llueve, y llueve, que mejor juego que el truco – pero no, todos están individualmente con su computadora jugando con otros amigos del otro lado del mundo.

 

El fútbol: cada vez más difícil. Por suerte ahora hace rato que le aflojaron, pero la racha de peleas, tiros, puñaladas y los lamentables fallecidos, hacen que no quiera ni ir al Centenario ni a Parque Batlle. No vaya a ser que justo me toque.

 

El boliche: antes teníamos de dos a tres boliches por hectárea y uno se podía tomar una copa con los amigos o con los desconocidos, hasta podíamos hacer un tour bolichezco, hoy difícilmente encontremos uno. Ahora lo que hay son pub, restaurantes, rosticerías o pizzerías y ciber.

 

La grapa con limón: tradicional bebida. Ya no es como antes, cambiaron la fórmula o el destilado pero aquel sabor auténticamente macho no va más, para poder tomarla ahora hay prepararla previamente con tiempo y nueces, pasas o más comúnmente miel.

 

El vino: uno tomaba un vino con el asado (que ya fue) en el boliche (que ya no quedan), durante un truco (que ya no se juega) antes o después del partido de fútbol  (que ya no vamos más), o fumándose un cigarrito (que tampoco corre). Pero aparte de eso, el vino ahora viene en caja (de cartón). Por eso tan popular de “¡vamo’a tomarno un tetra!”

 

El tango y la milonga. Ya fue. Meta y dale a la villera. Auto que pasa y que vuela silencioso de motor pero de música un único ritmo.

 

El chamuyo, el jeringoso y ringui raja: ahora sí, me fui para la prehistoria. Para los que tienen menos de 25 años debe ser como leer zuajiri o tailandés.

 

Suerte en pila uruguayos, sobre todos los que se fueron y todavía cultivan estos patrimonios solo nuestros. Guarden un rico dulce de leche para morfarlo con tortas fritas o en pastelitos fritos.

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12.03.2010 08:44

A lo largo de tantos años nos hemos acostumbrado tanto a maquillar nuestra humanidad, que hoy en día es difícil distinguir que es real y que es ficticio.

Causa y efecto de una cultura que pretende mantener una “imagen” al frente de su gestión, mientras tras bambalinas la realidad es otra no necesariamente muy diferente, pero si tal vez con un formato que no estamos acostumbrados a digerir.

Ejemplo 1: en la niñez copiamos modismos y frases completas porque usualmente resultan “divertidos” y vienen a llenar ese vacío que tiene nuestra personalidad en desarrollo y que necesitamos ir construyendo.

Ejemplo 2: en la pubertad hacemos lo mismo pero con el fin de hacernos un lugar social, de ser aceptados por nuestros iguales, de encajar en el medio.

Ejemplo 3: en la adultez ya estamos tan acostumbrados que no nos damos cuenta de cómo copiamos comportamientos, frases, modismos y hasta respuestas  condiciona-das. Somos unos verdaderos profesionales, unos verdaderos camaleones.

Esa forma de ser nos permite integrarnos en la sociedad, pero no nos hace                                                        auténticos

Hace poco, una empresa publicitaria empezó a utilizar ese concepto en sus propagandas. Ser auténtico, ser real, decir las cosas que sientes sin miedo ni temor, jugársela; ¿estamos preparados para aceptar un cambio así?

Primero que nada tendríamos que educar a los padres y a los maestros para que permitieran a los niños hacer sin reprimendas, sin correcciones, sin tapujos. Dejarlos ser tal cual les surja, como lo sientan.

Estaríamos ante un sismo cultural que podría ayudarnos a dar el siguiente paso a ser una  humanidad más humana, que dejaría atrás cientos de años de ocultismo.

Pero ¿sería positivo para nuestra especie?

                                       Esto implicaría romper con el orden.

El orden es el factor determinante entre la existencia o no de un organismo.

Por ejemplo: cualquier mecanismo tiene un orden determinado para funcionar, si cambiamos ese orden drásticamente, o si desaparecemos muchas de sus partes con seguridad se detendrá.

Como ejemplo, en el caso de los insectos, se han utilizado sustancias que modifican el comportamiento y los hace andar erráticos, de modo que se produce un desorden “social” dentro de sus colonias y se facilita exterminarlos.

Por tal se hace brutalmente necesario tener un orden. Y tener un orden implica culturalmente ir dando su lugar a cada integrante de la sociedad, y ese individuo lo obtiene aceptando sus reglas, y viceversa. Esas reglas se aprenden dentro del mismo orden, con educación, adaptación e integración.

Será muy lindo ser auténtico, decir las cosas que uno siente, comportarnos como nuestro propio yo nos motive y ser libres. Pero es algo tan utópico como “el paraíso”.

Por ahora y por el momento, lo único auténtico es usar idealismos para vender productos de consumo que nos prometen ser mas el soy como soy.

 

 

 

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07.03.2010 23:34

Yo me declaro culpable de ser carnívoro. Se que como yo, hay cientos de miles de seres humanos que también lo son. A diferencia de muchos de ellos, yo también soy responsable de (en forma muy eventual) cazar mi propia comida, cuerearla, destriparla, destazarla y manufacturarla para poder cocinarla e ingerirla. Soy cazador.

¿Suena desagradable no? Es cierto, no suena muy bien, leyéndolo así crudamente.

También soy pescador, voy a cursos de agua con mi equipo, usando como carnada muchos productos, como las lombrices (vivas) las cuales palmeamos con las manos para dejarlas atontadas y poder ensartarlas en el anzuelo como si fueran un fideo (ahí mueren horriblemente, imaginen empalar una persona viva desmayada) y a los peces que sacamos, mucha gente los deja morir asfixiándose, yo en mi caso los desnuco o los degüello, luego les saco las tripas y eventualmente los escamo o también les quito la piel  para terminar de procesar la carne a ingerir.

¿No suena muy bien tampoco no?

Ahora bien, también como verduras.

Por ejemplo, en el fondo de mi casa planté tomates cherry. Previamente plantamos las semillas, germinaron, tuvimos los plantines, los cuidamos amorosamente, los transplantamos al terreno, los seguimos cuidando de plagas y otros yuyos (como el pasto, el cual arranco constantemente), hasta que la planta empezó a dar los frutos, y cuando estos estuvieron bien rojos los cosechamos, arrancándolos de las ramitas, para luego sencillamente (como no tienen agroquímicos) lavarlos y comerlos en ensalada con otras verduras, con mayonesa, o simplemente cocinarlos para salsas y tucos. Esto suena mucho menos grosero. Claro que si fueran tomates más grandes, los cortaría al medio y los apretaría para sacarles las semillas, o los rebanaría.

En este caso lo que estoy comiendo es el fruto de la planta, la cual finalmente cuando no brinde más, tendré que arrancarla y limpiar el terreno.

En general en relación a las plantas, de una gran mayoría de ellas lo que comemos son los frutos o semillas como papas, boniatos, cebollas, tomates, zapallitos, zapallos, calabacines, zuquini, berenjenas, naranjas, manzanas, bananas, pelones, melones, ciruelas, duraznos, etc.

O puede ser también comernos la planta misma como lechuga, escarola, menta, lechuga crespa, repollo, acelga, espinaca.

Normalmente los lavamos, pelamos, cortamos en cubos o rebanamos, y comemos crudos o los hervimos o saltamos en aceite.

Ahora bien, solo para comparar, el fruto es la semilla, o portador de semillas, que viene a ser el hijo de la planta. Si lo traslado a la vida animal es como comernos al hijo, en algún caso al feto.

Como cuando comemos los huevos de gallina, siempre y cuando tenga galladura, sino es ovario.

Claro que hay gente que come insectos, desde grillos, moscas, hormigas y cucarachas. ¡Y hasta los comen vivos!

Ahora bien, cada uno puede tener su opinión y punto de vista, pero en lo personal, el que yo aceche, persiga, mate y faene un animal será algo grosero para muchos, pero al menos no le doy color ni lo pinto para hacerlo parecer algo lindo, soy carnívoro.

Y no ando por ahí denostando a nadie que arranca de la tierra pobres plantitas indefensas que ni siquiera pueden salir corriendo a esconderse o alejarse del depredador, o a sus hijos (frutos pródigos) para comérselos incluso en la mayoría de las veces crudos pero aún vivos.

Claro que también podemos optar por ir al súper donde todo esto nos llega elaborado; otro ser humano se encargo de ensuciarse las manos matando, arrancando, faenando, limpiando y embalando nuestro alimento. Esto parece ser lo más humano, como le dicen: civilizado. ¿Te parece?

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07.03.2010 05:35

Para el que no quiera creer que no crea. Listo.

Hay tanta gente que cree en Dios, o en un dios, o en varios.

Creen en la suerte, creen que podrán jugar y ganar a la quiniela, la lotería, la raspadita.

Tienen fe en que su cuadro ganara el partido.

Pero eso si, creer en “poderes” que tenemos los humanos, no… para qué, es toda habladuría.

Acá va algo bien fresquito.

 

El fin de semana pasado me entregaron un revolver que no funcionaba. Esta arma más que una reliquia, aunque bien conservada, cuando se trataba de disparar, el gatillo quedaba trabado y no volvía a su posición original, lo que impide volver a disparar sin acomodar todo el mecanismo a mano. Por supuesto que un arma (para que el que conozca de esto) no debe funciona así.

Me lo lleve a casa pues conozco a un buen armero, retirado de las FFAA, que vive a unas cuadras, el cual me había restaurado la escopeta que herede de mi padre (otra reliquia).

De todas maneras, el fin de semana desarme varias veces el arma y estuve viendo croquis de revólveres similares para ver si podía descubrir que problema tenía, lo arme y desarme múltiples veces y nunca lo pude hacer funcionar correctamente. Incluso de entrada me quedo sobrando una pieza que hasta ahora estoy por saber donde va y para que sirve. Finalmente me rendí.

El lunes 1ero. de marzo me fui hasta la casa de Don Perez a media mañana, llamé desde la vereda y apareció la señora, le dije de lejos que buscaba al armero y por respuesta recibí un “el armero no lo podrá volver a atender más”.

Don Walter Pérez, un vecino de La Paz, ha fallecido hace 5 meses, y yo recién me enteré.

Me fui muy triste por no haber estado ahí antes que se nos fuera, no lo conocía muy profundamente pero alguna charla habíamos tenido, y era una persona muy responsable, cordial y amena.

Realmente hay muchas personas que recordarán a este buen hombre, que saco de apuro a más de un aficionado a las armas. Incluso la señora me dijo que para ella iba a ser difícil este mes pues muchos clientes iban antes de la semana de Turismo a llevarle sus equipos para revisarlos, limpiarlos o arreglarlos, y ella tendría que dar la misma explicación que me estaba brindando: varias veces.

 

Volví a casa bastante acongojado y me senté bajo el techo del alero del galpón, puse el revolver sobre la mesa que allí tengo y volví a desarmarlo. Me dije (o le dije): “bueno Perez, a ver como hacemos que esta porquería funcione”. Lo desarme y armé como tantas veces, y al probarlo quedó andando, así nomás.

Lo accione varias veces y siguió funcionando. Lo desarme y pude ver que el problema era un resorte que quedaba mal montado, sin embargo las tantas veces anteriores que lo manipulé y lo puse de distintas maneras nunca había funcionado. Es más, para otra parte del mecanismo que no funcionaba me surgió la idea de cómo montarle otro resorte y también logre repararlo, por lo que el revolver quedo totalmente funcional.

Yo no soy armero, ni cerca, así que no me queda más que pensar que Don Walter me ayudo, ya sea inspirándome, guiándome o dándome la luz que me faltaba, muy posiblemente de una forma que tal vez por escepticismo mucha gente no crea pueda ser posible.

Cuando termino de escribir esta líneas me siento profundamente emocionado, espiritualmente sé que Walter sigue con nosotros. Hasta el reencuentro.

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27.02.2010 18:27

 

Porque realmente es interesante la vida, es que disfruto terriblemente de todos los tiempos disponibles en cualquiera de los espacios del universo, de esos sentidos que como mamíferos bípedos con un cerebro importante, supimos y sabemos explotar: vista, oído, olfato, tacto y gusto.

¿Pero alguien me quiere decir que hago con el resto?

Porque no hay que olvidarse de algunos que casi no usamos, como:  

intuición, premonición, precognición.

¡Ya se!, me van a venir con que tengo una imaginación bárbara. Puede ser.

 

Julio, 1976, las 16 horas aproximadamente, estoy acostado en la cama de mi cuarto (el  altillo),  una habitación que tiene ventana puerta hacia la azotea, orientada hacia el norte, en la vieja casa de La Teja. Estoy durmiendo; de pronto me despierta mi hermana que subió a llevar la ropa lavada y seca; abro los ojos y quedo mirando directamente a la ventana abierta con el sol de la tarde opacado por unas pocas nubes, en mi vista veo como estrellitas que se pasean luminosas (células de un capilar ubicado sobre la cornea) y recuerdo instantáneamente el sueño clarito como si lo estuviera viendo en vivo: están los niños de loterías cantando la grande de fin de año – “dieciséis mil setecientos catorce” (puedo equivocarme en el dato, ya pasaron 34 años) – y le digo a mi hermana: “soñé que cantaban la grande de fin de año, y que el número era el 16714”… vamos a jugarle te parece?.

No recuerdo cual fue su respuesta, claro que no le jugamos. Ese año en diciembre con varios millones de pesos salió ese número.

 

Es solo un recuerdo, es historia, es algo personal, es algo que paso.

No soy ni parecido a un psíquico, pero algo aprendí a lo largo de estos 49 años que tengo, estamos interconectados con el universo. Hay veces en las cuales el “factor #” nos proporciona información sobre sucesos que vendrán, y el resultado final de los mismos. Si tenemos la suficiente inteligencia para prestarles atención, podremos ser partícipes, ayudar, mejorar o sino simplemente seremos meros espectadores, como quienes pasan sus horas frente a la pantalla de TV viendo la vida ajena.

A veces es bueno jugarsela por nuestra intuición.