The Dark Knight Chronicles
El Caballero Oscuro escribe sobre cine, letras y otras inutilidades varias

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08.02.2010 15:50 / CINE

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"... Nunca sabrá hasta el final que el asesino es Jack el Forastero"

 

Por paradójico que pueda parecer, es posible que el género policial, o más exactamente su vertiente "whodunit", no sea el más indicado para una adaptación cinematográfica - la paradoja viene dada por el hecho de que se han realizado numerosas películas de este estilo, algunas de ellas de calidad. El relato policial cuyo eje es el "quién lo hizo" ("who done it") requiere tal vez una cierta comunicación personal, íntima y directa con el lector, que por lo general no se compadece con lo que se presenta en una pantalla cinematográfica. Las novelas de S.S. Van Dine son claros ejemplos en este sentido: su lectura requiere la "complicidad" del lector, quien debe abandonarse a los interminables interrogatorios e indagaciones que realiza el detective Philo Vance. Personalmente, esto nunca me ha resultado una experiencia ingrata, pero estoy seguro de que una traslación cinematográfica de la obra de Van Dine sería difícilmente soportable (1).

Es quizás por ello que esta versión de la primera novela de la exitosa serie "Millenium", del escritor sueco Stieg Larsson, no llega a despertar demasiado interés en el espectador, o al menos, no lo consiguió con este cronista. Como relato "whodunit", la película recurre a casi todas las trampas y vueltas de tuerca bien conocidas por los lectores aficionados al género, desde falsas identidades más o menos previsibles hasta una pléyade de personajes sospechosos, tantos que al final no parece importar mucho cuál de ellos es el criminal. Algunos "sobresaltos" que también se ven venir desde lejos - el atentado que sufre el protagonista cuando "se acerca demasiado a la verdad" - no contribuyen a mejorar el resultado.

Desde Edgar Allan Poe y Conan Doyle (y quizás hasta desde Miguel de Cervantes) la presencia de dos personajes aliados y antagónicos, que comparten "desde un mismo lado" las peripecias de la historia, es otro cliché. Para el caso, un periodista de edad madura que ha perdido un juicio por difamación contra un magnate de las finanzas y una joven "hacker" mentalmente perturbada,que posee además una "memoria fotográfica", unirán esfuerzos para aclarar la desaparición de la sobrina de un millonario ocurrida en la década de los '60, investigación que los conducirá a desenterrar algún que otro "secreto del pasado", celosamente oculto por la "familia".

Sospecho que la banalidad de esta trama (tantas veces reiterada en tantas historias policiales) llevó a apostar a que el énfasis de la película recayera en las vivencias más o menos dramáticas de los protagonistas, antes que en la "resolución del caso". En efecto, Mikael y Libeth son dos "outsiders" neuróticos, cada uno arrastrando sus cruces personales a través de la historia - y en el caso de Lisbeth, ciertas oscuridades del pasado que hacen eco en su apariencia "dark". Algunos toques de sadismo nada sutiles - hay que ver la venganza que se toma Lisbeth luego de los abusos de su tutor legal - y las ya inevitables "escenas de sexo" entre los protagonistas procuran "condimentar" el perfil de los personajes y la naturaleza peculiar de su relación.

Poco se puede decir del desempeño actoral: los intérpretes son profesionales, sin que ninguno destaque particularmente - en el caso de Noomi Rapace, es indudable que el personaje la ayuda, mientras que Michael Nyqvist como el periodista Mikael Blomkvist parece absolutamente inexpresivo, aunque quizás esto se corresponda igualmente con su personaje, un cincuentón que cree estar ya de vuelta de todo en la vida.

Fuera de todo esto, que es fundamentalmente "cine de receta", apenas hay para agregar alguna visión desolada y fantasmal de ciertos paisajes suecos e incluso un fugaz atisbo del "lado oscuro" (que lo tiene, no hay duda) de la que es generalmente considerada como una de las sociedades más "avanzadas" y "civilizadas" del mundo actual. Por cierto, llamó la atención del público y de quien escribe el hecho de que en una escena a bordo de un automóvil, los protagonistas escuchen en la radio una música sospechosamente familiar, nada menos que una "cumbia"... ¡cantada en sueco!

No me queda muy claro por qué la obra de Stieg Larsson ha obtenido tanto éxito en el mundo - como lo han tenido Dan Brown o J.K. Rowling, por ejemplo, de manera para mí igualmente desconcertante. Esta película, por otra parte, no tiene casi ningún elemento que pueda seducir al espectador,  salvo quizás algún juego cinéfilo que remite nada menos que a "Blow Up" de Antonioni. Lo demás es simplemente más de lo mismo, pero "a la sueca".

(1) Y así y todo, las novelas de Van Dine han sido llevadas a la pantalla, sobre todo en las décadas de 1930 y 1940, pero al no haber presenciado estas películas, no puedo juzgar si efectivamente siguen al pie de la letra al original.

 



25.01.2010 13:35 / VIDEO CLIPS

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T-Bone Walker- Don't Throw Your Love On Me So Strong

 

Aaron Thibeaux Walker - no es difícil deducir de dónde surgió su apodo - fue, al decir de algunos, "el Jimi Hendrix de su generación". No fue, seguramente, el primer guitarrista de blues en "hacer circo": se cuenta que el legendario pionero Charley Patton, hacia fines de los años 20', ya acostumbrarba a hacer travesuras tales como tocar la guitarra colocando el instrumento sobre su cabeza o a su espalda. Walker se sumó a esa "tradición" y la llevó algunos pasos más allá - era, según se dice, un excelente bailarín, y de hecho, sus primeras actuaciones en su niñez fueron incursiones en la danza.

Ciertamente, su innegable capacidad como "showman" no le habría garantizado un puesto en la memoria de los aficionados al blues de no haber estado acompañada por otras pequeñas cualidades, como el sonido de su voz o de su guitarra. Más allá del "circo", T-Bone fue de los primeros en dotar de "elegancia" al sonido del blues, concretamente al blues interpretado en guitarra eléctrica. Discípulos confesos de Walker fueron dos de los tres King, Albert y B.B., quienes coincidieron más tarde en afirmar que no habían logrado jamás copiar con exactitud el "toque" de T-Bone. Albert King, absolutamente frustrado, abandonó finalmente la lucha para desarrollar su particular y extraordinario estilo basado en "bendings" ("estiradas" de cuerdas) casi al límite de la ruptura, mientras que B.B. se inventó su peculiar vibrato "desde la muñeca", intentando emular el sonido del "slide". Pero ambos maestros concordaban en afirmar que fue Walker quien primero les mostró el camino.

Es curioso notar que hacía muy poco tiempo que la guitarra eléctrica - es decir, amplificada - se había dado a conocer en el mundillo musical cuando surgieron T-Bone Walker y Charlie Christian, los dos músicos que casi de inmediato llevaron al instrumento al siguiente nivel, en el blues y el el jazz respectivamente. Walker y Christian llegaron a estudiar e incluso a actuar juntos en alguna oportunidad, y ciertamente es posible escuchar referencias mutuas en sus estilos. Si se quiere, el fraseo de Charlie era más preciso y a veces más contenido que el de T-Bone, lo cual no es extraño dados los requerimientos de la música que cada uno interpretaba.

Pero T-Bone era además un extraordinario cantante, que sabía transmitir la intensidad y el "humor" preciso que cada canción exigía. Acostumbraba tocar con la guitarra colocada en posición "horizontal", perpendicular a su cuerpo, cosa que seguramente  aumentaba la perplejidad de los espectadores y dejaba a otros guitarristas rascándose la cabeza, tratando de descifrar cómo conseguía sonar tan bien tocando de esa forma.

T-Bone Walker fue un "puente" entre la era del "swing" y el "redescubrimiento" del blues por los guitarristas británicos de comienzos de los '60, y el hecho de que lograra perdurar y tener éxito en épocas tan distanciadas entre sí, no hace otra cosa que confirmar su estatura como autor e intérprete de blues.

Más información en :

http://en.wikipedia.org/wiki/T-Bone_Walker

 

Son Seals - Think You're Foolin'

 

 

Encontré por primera vez a Son Seals a través de la recopilación que celebraba los 20 años de la fundación de "Alligator Records", EL sello discografico del blues por excelencia. Entre los temas de esa recopilación, figuraba "Going Back Home", a cargo de un poderoso intérprete a quien no conocía hasta el momento. Tomé nota de aquel nombre, Son Seals, para futuras búsquedas.

Inesperadamente, poco tiempo después, cayó en mis manos un flamante vinilo 100% made in USA - lo encontré en la feria de Tristán Narvaja - titulado "Midnight Son". Al escucharlo, comprobé que mi primera impresión había sido completamente acertada: aquí había un guitarrista con un sonido característico, punzante, angular, que calzaba perfectamente con la notable banda que lo acompañaba, con demoledores arreglos de vientos en los temas más "funkys" del disco. Por no hablar de voz impresionante de Seals, con un timbre poderoso y "soulero" como pocas.

Creo que nada expresa mejor lo que lograba transmitir este bluesman a través de su música que el comentario de la contratapa del álbum, firmado por un señor Richard McLeese, y que transcribo a continuación (la traducción es mía, los posibles o seguros errores también):

"Los martes, miércoles y jueves de noche, Son Seals toca en el Queen Bee's, un club de blues del South Side de Chicago. La mayor parte de los fines de semana, está en la ruta.

"Para un bluesman como Son, salir a la ruta no significa atravesar el país en un jet privado. No significa Denver hoy, San Francisco Mañana y Los Ángeles al día siguiente. Los fotógrafos de "Rolling Stone" no capturan cada movimiento de Son detrás del escenario. Ni siquiera una vez Son ha sido conducido en un Mercedes Benz a la Suite de las Celebridades del Hyatt Regency Hotel.

"Cuando Son y su banda salen a la ruta, ellos mismos cargan sus instrumentos y amplificadores, a las dos de la mañana, después de su último set en el Queen Bee's. Entonces Son los guía hasta un pequeño bar para tomar café. Dos o tres tazas después, él está listo como siempre para el viaje de ocho horas hasta Des Moines, en su camioneta de segunda mano de la Bell Telephone.

"No hay nada exótico en el viaje desde Chicago hasta Des Moines. Derecho por la ruta interestatal 80, pasando Joliet, LaSalle y Davenport, parando sólo para cargar nafta y tomar más café. Cerca del mediodía Son y su banda de alegres y "sobrecafeinados" bluesmen finalmente llegan a la ciudad. Se detienen para comer alguna hamburguesa rápida y luego van derecho al Motel 6 para dormir un par de horas. Cada uno de los cuartos del motel está equipado con una TV en blanco y negro, operada con monedas.

"Esa noche, cuando Son sube al escenario en el club, no está pensando en un baño en una piscina con jacuzzi en la Suite de las Celebridades del Hyatt Regency Hotel. No está pensando en una botella de Dom Perignon en el asiento trasero de un Mercedes Benz. Sólo piensa en tocar. ¿En qué otra cosa podría pensar? ¿En el café malo? ¿En la TV operada por monedas? ¿En el alquiler, el almacén y otras cosas excitantes que podrá pagar cuando vuelva a su casa?

"Son le pega duro a esa primera nota en su guitarra. Le pega otra vez, luego corre su mano hasta arriba del mástil y desata una catarata de notas. Cada una es cruda y clara, y atraviesa todo el club, derecho hasta los baños. Mientras muere la última nota, Son se da vuelta, hace una seña con la cabeza y la banda arranca detrás de él.

"Enseguida, Son empieza a sudar. Ya sea que esté tocando en Chicago, Boston, Montreal, Estocolmo, o Des Moines, la interpretación de Son siempre es intensa y caliente, justo desde el principio.

"Durante dieciséis años, Son ha estado tocando y cantando su estilo de blues feroz e inquieto, noche tras noche. Empezó en el mundialmente desconocido club Chez Paris en Little Rock, Arkansas. A los dieciocho años, salió de gira con el legendario guitarrista Earl Hooker y después con Albert King. Se mudó al South Side de Chicago en 1971 y empezó a tocar en los innumerables clubes de blues de la ciudad, a menudo "zapando" con Junior Wells, Hound Dog Taylor y James Cotton. En 1973, Son grabó su primer álbum; ese álbum lo llevó de nuevo a la ruta, esta vez como líder de su propia banda.

"Dieciséis años tocando, noche tras noche. cada noche, Son le pega duro a esas primeras notas. Cada noche, el calor sigue aumentando. A través del lento, duro blues. A través de los movedizos temas funky. A través de los salvajes "shuffles" de rock duro. A medianoche, el club está lleno y la multitud está aullando y pateando. A medianoche, Son está ardiendo."

Más información en :

http://en.wikipedia.org/wiki/Son_Seals

 

 

 



14.01.2010 11:28 / INUTILIDADES VARIAS

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"VAYAN PREPARANDO LA CORONA"


Nuestra vida, como la de casi todos los seres vivos, está ligada a la muerte de otros seres vivos. Ni siquiera el vegetariano más empedernido  - que por cierto, también se alimenta de seres vivos - puede desligarse completamente de este sino un tanto desalentador: allí están, para acusarlo, sus zapatos, su cinturón, su cartera y hasta su billetera, objetos todos hechos con la epidermis de animales muertos (el vegetariano podrá excusarse de ingerir carne, pero a menos que sea un excéntrico total no podrá prescindir generalmente de alguno de estos elementos).

En casos extremos, nuestra vida puede llegar a depender de la muerte de millones de seres vivos: cuando ingerimos medicamentos antibióticos no hacemos otra cosa que practicar sin remordimientos un "genocidio" a escala unicelular. Desde que Pasteur describió su "teoría de los gérmenes" como causantes de la mayoría de las enfermedades infecciosas - algo que había sido anticipado en la práctica por Jenner y su invención de la "vacuna" en el siglo XVIII - hemos desatado una guerra de exterminio contra seres que nos precedieron en la evolución de la vida, en la inevitable "lucha por la existencia" que Darwin estableció como uno de los mecanismos fundamentales - no el único - de ese proceso evolutivo.

Desde luego, esta nota no pretende ser el puntapíe inicial para un movimiento surrealista del tipo "salvemos de la extinción a las espiroquetas". Lo que no logro explicarme del todo es el funcionamiento de determinadas campañas publicitarias para promover la venta de productos destinados a la eliminación de formas de vida nocivas para nuestra especie humana. Allí están por ejemplo esos avisos que proclaman que el producto tal o cual "mata el 99,9% de las bacterias" - supongo que la cifra no llega ser perfecta para evitar posibles acciones legales por parte de consumidores a los cuales el producto no les haya dado resultado, y así poder argumentar que "en su caso, Ud. resultó afectado por el 0,1% de las bacterias que no pudieron ser eliminadas".

Más chocante aún resulta esa tendencia de los comerciales a presentar a las bacterias como seres monstruosos, vagamente antropomórficos, dotados de tentáculos, de voraces bocas dentadas, de obscenos vientres hinchados, y por si fuera poco, con capacidad inteligente - al menos la suficiente como para mantener un breve y absurdo diálogo antes de ser "exterminados" por el producto publicitado, presumiblemente ante la hilaridad y la complacencia de muchos teleespectadores.

(De forma inquietante e invirtiendo los términos, es decir, identificando a seres humanos con gérmenes y bacterias, el nazismo logró una exitosa campaña publicitaria similar, tendiente a la destrucción de ciertas formas de vida nocivas para la quimérica raza superior a la que sus dirigentes y seguidores afirmaban pertenecer. "Hitler se creía un médico. Mataba gérmenes. Esto es lo que los judíos eran para él" "Para Himmler, 'por lo que respecta al antisemitismo, es exactamente lo mismo que el despiojamiento. No hay cosmovisión alguna involucrada en quitarse los piojos. Es tan sólo una cuestión de higiene... pronto estaremos despiojados". (citado de la obra de Rosa Sala Rose "Diccionario crítico de símbolos y mitos del nazismo").

Volviendo a la propaganda publicitaria, nada parece tan grotesco a ojos de quien esto escribe como la realizada para promover productos insecticidas. Los bien conocidos y molestos "insectos domésticos", sobre todo los mosquitos y en menor medida cucarachas y/o polillas, también son mostrados - de una manera tan reiterada que se vuelve monótona -  como seres antropomórficos y parlantes, agarrotados por un súbito pánico al descubrir que la casa que han osado invadir con premeditación y alevosía, está protegida el poderoso insecticida XXX, cuyo nombre profieren claramente antes de perecer de forma explosiva.

Se me ocurre que si realmente fuera necesario dar publicidad a cualquier producto insecticida, no sería mala idea exponer claramente por qué ciertos insectos pueden llegar a ser realmente peligrosos como posibles vectores transmisores de enfermedades. El caso del ya célebre "mosquito del dengue" (comprendido, naturalmente, en las generales de la ley) sería un ejemplo, ya que la campaña para combatirlo, a pesar de cierto "jingle" con tintes de heavy-rock ("Mosquito, mosquito / vas a morir"), ha sido manejada con bastante seriedad por parte del MSP. El resultado, que duda cabe, es menos "divertido" que ver explotar caricaturas de mosquitos parlantes.

Pero el extremo del grotesco se alcanza, a mi juicio, cuando se presenta una publicidad de un garrapaticida o pulguicida que nos muestra a dos de esos seres - caricaturizados y antropomorfizados, por supuesto -  celebrando nada menos que un velatorio entre lo que parece ser los pelos de un can. Un "insecto" yace en un ataúd, mientras un par de "dolientes" - una "viuda" que llora desconsolada y un amigo o familiar que deposita un beso en la frente del "cadáver" - asisten a las exequias, donde no falta una corona con una cinta donde se lee "Sus 350.000 amigos". Y de improviso, desde las alturas, aparece una mano "humana", todopoderosa y vengadora como la ira de Dios, que desparrama el producto publicitado sobre el "funeral", acabando así con el sufrimiento de los asistentes.

Esta ambientación "velatoria" para publicitar un insecticida me parece sencillamente abominable y estúpidamente cruel. Ya había un precedente al respecto con aquel lejano comercial de dibujos animados del ya extinto insecticida "Shelltox" (sí, aquel de "Shelltox con vapona no perdona".) El tipo que imploraba "perdón" para los insectos tenía toda la pinta de un perfecto estúpido, mientras que un señor muy orondo de traje, corbata y bigotes manejaba despiadadamente un anticuada "máquina de flit" al tiempo que entonaba el "jingle" correspondiente, uno de cuyos versos proclamaba "vayan preparando la corona" - y efectivamente, una corona fúnebre hacía su aparición al momento de la muerte de los insectos.

No puedo descifrar la mentalidad de los "creativos" que realizan este tipo de piezas publicitarias, pero sí puedo sentir por ellos un cierto amago de piedad. Porque de seguir sus vidas su curso natural, seguramente en algún momento les tocará despedir a algún ser querido; y a menos que se trate de personas carentes de tripas, totalmente insensibles, no dudo que en ese momento la corona fúnebre, el ataúd, el velatorio y todos los elementos con los que tan alegremente jugaron en su publicidad, ya no les parecerán tan divertidos.

 



07.01.2010 16:59 / Mis artículos

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RETRATO DEL ARTISTA INTRASCENDENTE... (??)

Con sinceridad: buena parte de las letras de sus canciones podría integrar fácilmente una antología de la banalidad y el lugar común acerca del "amor". Buena parte de su música no pasó de ser "correcta", es decir, un acompañamiento nada extraordinario generalmente a cargo de una orquesta "profesional". Estos son, naturalmente, "pecados veniales", perdonables en ciertos artistas que en alguna medida logran salvar la trivialidad de la composición a través de la interpretación. En ese sector un tanto impreciso de la "canción romántica en español" de los últimos treinta y pocos años, ubicamos  - entre toda una legión de esperpentos - a gente como el recordado Nino Bravo, a su compatriota Raphael, a Sergio Denis, y más acá en el tiempo, a Luis Miguel. Gente que más allá de que su propuesta artística pueda gustar especialmente o no, poseía o posee una innegable calidad como vocalista, aún teniendo a cargo un repertorio que no se distingue especialmente  por su "mensaje" o su "contenido" - por cierto, recuerdo que Brian May, guitarrista de Queen nada menos, comentó en cierto reportaje que "era algo triste que cantar sobre el amor fuera considerado como síntoma de una forma simplista de ver al mundo".

En ese cuadrante de "cantantes melódicos" de voz poderosa encontramos a Sandro. Tantas veces comparado con su ídolo Elvis Presley, también Sandro se desempeñaba con comodidad en los registros graves, añadiendo a su voz algunos "trucos" - su inconfundible vibrato, el "sollozo" o la carcajada irónica según la oportunidad - que se convirtieron en su marca de fábrica. 

Excepto para sus fanáticos más incondicionales - y a diferencia de lo que habitualmente ocurría con Elvis, a pesar de que el "Rey" también supo frecuentar material de baja calidad en sus últimos años - los discos de Sandro que tuve la oportunidad de oír no resisten generalmente más de una escuchada. Aquí y allá encontramos algún que otro tema que se despega del resto, pero en general prevalece la monotonía. Que yo recuerde, a excepción de una primigenia versión de "My Bonnie" (calcada de la célebre grabación que hicieran los Beatles en Alemania, previo a su despegue), Sandro no incluyó "covers" en su repertoro, prefiriendo ajustarse a un material propio.

No sorprende, entonces, que Sandro fuera por excelencia un artista "en vivo". En los ya lejanos años '80 del siglo pasado, asistí a un espectáculo que brindara en el Palacio Peñarol, cuya acústica siempre fue abominable y que en esa oportunidad no fue la excepción. Allí estaba Sandro, ataviado como un "cowboy" de punta en blanco, con la infaltable chaqueta de cuero con "flequillos", rasgueando un guitarrón de tapa arqueada que dejó de lado luego de la segunda canción. Recuerdo que sus botas, blancas y de taco alto, le jugaron una mala pasada y el cantante resbaló espectacularmente cayendo sobre un costado. Ni siquiera ese papelón llegó a empañar la magia que el tipo conjuraba sobre el escenario (no por nada uno de sus primeros álbumes se llamaba precisamente "La Magia de Sandro").Yo nunca había visto a un intérprete del estilo que fuera "posesionarse" tanto de una canción como en aquel recital: hasta la balada más chota se convertía en un desgarrador lamento que te conmovía hasta el tuétano. Y por supuesto, jamás vi a ningún otro cantante meterse al público en el bolsillo izquierdo del pantalón desde el primer minuto como lo hizo este tipo. Ciertamente, muchos años después presencié recitales grandiosos de artistas seguramente más "importantes": B. B. King, Eric Clapton, Mark Knopfler... En términos de "comunicación con el público" - algo que la mayoría de nuestros taciturnos y melancólicos artistas locales por lo general suelen descartar (craso error) como algo sin importancia -  Sandro demostró estar a la altura de sus pares del "primer mundo", con perdón de la expresión.

Quizás por ello Sandro logró ser respetado por figuras del rock y del folklore - León Gieco y Mercedes Sosa, por ejemplo - de una forma que sería impensable para cualquier otro cantante dentro de ese estilo (imagínense un dúo entre Gieco y Palito Ortega, por ejemplo). Sandro, mayormente volcado al género "melódico", nunca dejó por completo de lado sus raíces, más "rocanroleras" que "rockeras". Casi innecesario es nombrar a "Tengo" (versionada por Divididos, nada menos) o a la misma "Rosa, Rosa", por lejos su canción más célebre y conocida. Por mi parte, tengo en mi memoria a "Yuma Joe", un ágil "up-tempo" que retrata a un cowboy de ficción ("Se dice que en los duelos / sale siempre vencedor / que no conoce el miedo / ni tampoco la traición / dicen que así es Yuma Joe") al que no es difícil asignarle los rasgos de Clint Eastwood en un western barato de Sergio Leone.

Y también estuvo por allí un tal Roberto Sánchez. Al otro, a Sandro, era al que le ocurrían las cosas. A Roberto Sánchez, en cambio, era fácil olvidarlo. Que yo recuerde, jamás se vio envuelto en algún escandalete de esos que constituyen el oxígeno que respiran los medios y las personas dedicadas al "periodismo de espectáculo". En su madurez Sandro aún era capaz de chasquear los dedos y atraer haciá sí a cualquier hurí que el Profeta guardara en su celestial serrallo; Roberto Sánchez por su parte, prefirió hacer de una señora de edad madura y aspecto "normal" su esposa y compañera. Sin abandonar el mundo de espectáculo del que Sandro formaba parte, Sánchez tomó apreciable distancia de los monstruos mediáticos y mantuvo su vida personal en estricta privacidad. Yo no me atrevería jamás a pronunciar juicios morales sobre cualquier figura pública, cuya vida personal indudablemente en nada me afecta. Pero algo había en Sandro y en Sánchez que hablaba de integridad, arriba o abajo del escenario. Esa integridad, para nada exenta de afabilidad, de alguna forma se transmitía a la gente que lo rodeaba. Aunque no me consta que alguna vez haya ocurrido un episodio similar, creo que no cuesta mucho imaginarse a Sánchez/Sandro yendo a comprar yerba al almacén de la esquina, incluso con menos afectación que nuestro compatriota Osvaldo Laport.

En fin, Roberto Sánchez murió hace unos días, a consecuencia de una infección generalizada, consecuencia a su vez de una afección pulmonar, consecuencia a su vez del consumo indiscriminado de cigarrillos que el difunto practicó durante su vida. Sánchez había pasado apenas la edad de la jubilación, podría quizás haber tirado algunos años más. Se me ocurre que no sería mala idea insistir acerca de este punto, sobre todo para aquell@s que por ignorancia o a sabiendas, todavía consideran al cigarrillo como "inofensivo".

En cuanto a Sandro... bien, su futuro es incierto, pero yo creo que perdurará. Desde luego, no tardarán en aparecer los buitres de levita y galera, rascando con sus picos ávidos todo lo que haya podido quedar, inédito o no, del repertorio del "Gitano", cosa de llevar una moneda más a sus arcas... No creo que llegue a darse el comercio infame que elevó a figuras como Gilda o Rodrigo a la categoría de ángeles o santos a los que "había que rezar". Sandro, por cierto, no lo necesita. Al igual que lo que suele ocurrir con Elvis o Sinatra (sin entrar en odiosas comparaciones), alcanza con oír su voz en alguno de los mejores momentos de su repertorio para que movamos la cabeza y tal vez hasta pronunciemos entre dientes un admirativo "...qué lo tiró".

 



31.12.2009 09:43 / VIDEO CLIPS

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THE BEATLES

"You're Going To Lose That Girl"


Cuando en mi adolescencia me asomé por primera vez a la discografía de los Beatles, explorando ansiosamente los vinilos de la colección de mi padre, me tocó descubrir esta canción que aún hoy figura entre mis eternas favoritas del repertorio interminable de los muchachos de Liverpool. "You're Going To Lose That Girl" era el penúltimo tema del lado 1 de "Help!" en su edición original (precediendo al magno "Ticket to ride"), y algún tiempo después pude constatar que ese surco había sufrido un notorio desgaste en comparación con el resto del disco, consecuencia inevitable de mis repetidas escuchadas.

No podría decir con certeza por qué "esa" canción me atrapó de la forma en que lo hizo. Un ingenioso de cuyo nombre no logro acordarme sentenció que "escribir acerca de la música es como bailar acerca de la arquitectura", esto es, un completo sinsentido. Como casi todas nuestras experiencias "espirituales", por llamarlas de algún modo, la forma en que nos afecta particularmente una obra de arte - visual, musical, literaria - es intransferible e inexplicable.

No obstante, hoy podría señalar algunos elementos en la fórmula alquímica de esta canción que indudablemente contribuyeron a atraer sutilmente mi atención en aquel momento. Desde luego, en primer lugar está la melodía y la voz rasposa de John, a la que responden, entrecruzándose maravillosamente, los coros de Paul y George. Yendo un poco más atrás, está la oscilante estructura armónica de la canción - marca de fábrica de los Beatles, que si bien no son en modo alguno los padres del invento, supieron llevarlo a alturas insospechadas en la música popular (hay un célebre artículo, citado en muchas biografías de la banda, en el que un crítico "erudito" encontraba inesperadas similitudes entre algunas "cadencias" en las canciones de los Beatles y ciertos pasajes de la obra del compositor Gustav Mahler. "No sé de qué diablos estaba hablando ese tipo", confesaría John, años más tarde). La armonía va y vuelve entre simples acordes mayores y menores, en una progresión que no se queda quieta en ningún momento, reforzada aquí y allá por los "apoyos" del piano. Y qué decir de la base rítmica propulsada por Ringo, en una combinación extraordinaria de batería "heavy" y bongós repiqueteantes, para nada "latinos"(afortunadamente). O del breve y casi ingenuo solo de guitarra de George, consistente en un par de "estiradas" de cuerda, que no obstante su minimalismo se integra perfectamente a la canción. Y esa letra irónica y desfachatada, en la que John fanfarronea alegremente ante un presunto "rival", "amenazando" con escamotearle la dama: "Me haré el propósito de alejarla de vos / (¿Eso es lo que harás?) / Yeah! De la manera en que la tratas /¿qué otra cosa puedo hacer?".

"Todo arte es completamente inútil", escribió Oscar Wilde en un rapto de amarga lucidez. Inútil, en efecto, en cuanto no cumple aparentemente ninguna función "práctica" o "productiva" en nuestra vida. Yo tengo para mí que el arte (la música en particular) en su inutilidad aparente, nos redime de alguna manera de nuestra animalidad elemental. El siglo pasado tuvo entre otros dudosos privilegios el de poner a nuestro alcance los medios para destruirnos totalmente como especie; en el siglo en que vivimos desde hace menos de diez años hay una parte demencial de la humanidad que parece empeñada en alcanzar esa última meta.

Pero también conoció el siglo XX algunos extraordinarios "redentores" desde el campo "inútil" de las artes. Toda lista será necesariamente incompleta, pero para este cronista hay algunos nombres de los que no se permitiría prescindir: Kafka, Borges, Bradbury, Dalí, Magritte, Fritz Lang, Kubrick, Fellini...

..and The Beatles.

FELIZ 2010 PARA TOD@S

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