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La columna de Esteban Valenti

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16.03.2010 11:36 / Mis artículos

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Una campaña electoral es un cruce de pedidos y exigencias. De un lado los partidos y los candidatos nos piden el voto y nosotros los ciudadanos tenemos todo el derecho a reclamar un conjunto de cosas. El nivel de exigencia cambia mucho. En lo nacional o municipal, por los cambios que se han producido en la sociedad, en la ciudad.

Tomemos un ejemplo: en el 2004 los uruguayos estábamos golpeados por la crisis y en general pedíamos bastante poco. Hoy nos sacamos ese síndrome y unos cuantas décadas de decadencia asumida y pedimos más, mucho más. No le pedimos lo mismo a quien se propone gobernar por primera vez que a quien maneja el poder desde hace muchas décadas o tiene veinte años en un departamento.

¿Qué le pedimos los frenteamplistas a los ciudadanos de Montevideo en esta campaña electoral? Le pedimos que nos renueven la confianza por otros cinco años más. Nada menos. Algunos lo hacemos asumiendo que, no tenemos un tiempo eterno, que no hay garantías perpetuas para ocupar el poder y que tenemos muchas cuentas pendientes con nuestros votantes municipales. Muchas.

Le pedimos que renueven la tradición de un gobierno de izquierda en la capital en momentos en que otro gobierno nacional de izquierda se propone nada menos que construir un “país de primera”. Sin una capital de primera no hay ninguna, ni la más remota posibilidad de construir un país de primera. Y Montevideo hoy no es una ciudad de primera. Asumamos la realidad. Una campaña electoral, pero sobre todo y mucho más importante un compromiso de gobierno con la gente, debe partir de la  realidad.

¿Tenemos derecho a pedirles nuevamente el voto? Si, creo que tenemos derecho, por las muchas cosas que hemos hecho en estos 20 años de gobierno municipal y también porque somos capaces de tener un profundo sentido crítico y analizar con rigor nuestros gobiernos y no sólo explicar sino cambiar lo que debamos cambiar. Nuestras insuficiencias y errores.

Tenemos derecho a pedirle el voto porque sería muy difícil construir un proyecto nacional progresista con un gobierno municipal de la capital de otro signo político. Con una aclaración: un gobierno municipal progresista no lo es sólo porque quien ocupe el sillón del intendente es del Frente Amplio, sino porque realmente expresa una visión, una gestión y una estrategia de progreso y desarrollo de la capital. No hay garantías derivadas del linaje.

¿Tendremos derecho a seguirle pidiendo el voto? El gobierno municipal no puede decidirse solamente por razones ideológicas o de cultura política, son factores importantes, pero llega un momento en que no puede ser la causa casi exclusiva para solicitar el voto. Nadie da cheques en blanco y además eternos. El FA debe saber que en estas elecciones municipales se juega un crédito muy fuerte. ¿El último en Montevideo por un largo período?

Ahora invirtamos el punto de observación: ¿qué pedimos los montevideanos? ¿qué pedimos los frenteamplistas montevideanos? Ya asumimos una cosa importante, la forma de elección de nuestro candidato único no fue ni la mejor, ni la más adecuada a las nuevas realidades y lo que esperaban los frenteamplistas de a pié. De todas maneras es siempre mejor que el dedazo de los blancos. Los dos dedazos.

Definir las conductas electorales sólo o principalmente por este tema de las formas es muy limitado. Nosotros pedimos resultados, cosas concretas, compromisos y una estrategia para la ciudad. Y hemos confiando que nuestra candidata, Ana Olivera puede cumplirlas. Por eso la elegimos y no por otro motivo.

Exigimos, y reitero: exigimos porque los uruguayos y los montevideanos tenemos derecho a ser exigentes, que la ciudad esté mucho más limpia, que no haya microbasureros en los tachos super modernos que tenemos por toda la ciudad, que haya mucho mejor barrido, que se reparen mucho más las calles, que mejoren la señalización y las veredas que están muy mal, que un viaje en ómnibus duré mucho menos tiempo y sea mejor, que haya coordinación con el Ministerio del Interior para planificar y mejorar el alumbrado y la instalación conjunta de cámaras de vigilancia.

Exigimos que haya mejor y más eficiente coordinación con los programas nacionales en las diversas áreas para ser parte y darle un fuerte impulso al país de primera, en la salud, en la educación, en la logística, en los polos de desarrollo. Una ciudad de primera es una ciudad con una cultura de primera.

Exigimos una visión audaz y con grandes proyectos. Montevideo es esta ciudad hermosa, con enormes posibilidades porque tuvo grandes intendentes, grandes proyectos, grandes arquitectos. Necesitamos una visión de futuro, hacia donde nos dirigimos y prever, planificar y sobre todo ejecutar. No necesitamos más explicaciones largas y complicadas. Exigimos obras, muchas obras y bien pensadas que resuelvan los desafíos que se nos vienen encima con el progreso.

Exigimos servicios y compromisos de gestión y no explicaciones sobre las causas de los cambios que se han producido en la ciudad y en la sociedad uruguaya, los buenos cambios pero también los retrocesos, las zonas de fractura y degradación y necesitamos que nuestra planificación y nuestra gestión le den respuesta.

Necesitamos revitalizar la descentralización, así como está no sirve, ha perdido toda su épica, su capacidad de convocatoria, su impacto positivo en la relación entre la gente y la Intendencia. Y es una lenta pendiente que se agudiza. Nadie da garantías de que las alcaldías sean un remedio a esta patología. La descentralización, la más democrática y participativa descentralización es una bandera imprescindible de cualquier gobierno progresista.

Las muchas cosas buenas que se han hecho las hemos asumido, por eso reclamamos mucho más y mejor.

Exigimos capacidad de liderazgo. Una cosa es formar equipos, asegurar un diálogo con la gente de forma organizada y permanente y otra muy diferente es diluir las responsabilidades. Liderazgo es lograr establecer con claridad las prioridades: primero los vecinos, luego los vecinos y tercero los vecinos y al final los instrumentos funcionales para cumplir ese mandato.

Liderazgo es asumir que en su momento había que resolver correctamente el tema de los vendedores ambulantes, y que tenía sus riesgos y sus tensiones. Y hacerlo. Asegurar una correcta relación con los funcionarios, con los jerarcas a todos los niveles, con los ediles, con los partidos propios y ajenos y con toda la compleja red de relaciones que tiene Montevideo y exige asumir plenamente las responsabilidades y las decisiones. No se trata de mediar, sino de gobernar. Aunque en determinados momentos la negociación y la mediación formen parte de un gobierno. También para eso se necesita liderazgo.

Creo que todas esas cosas que expuse anteriormente, con matices y diferencias son las que exigen y reclaman la inmensa mayoría de los montevideanos y de los uruguayos. Porque Montevideo es de todos.

Ahora me disculpo pero le voy a susurrar al oído de los frenteamplistas: nosotros reclamamos que la batalla cultural e ideal permanente de la izquierda en toda la sociedad uruguaya no esté supeditada a fracasos, a pequeñas rencillas, a disputas menores en las jerarquías, a plancitos sectoriales. Grandeza, generosidad, profundo sentido democrático y de izquierda, eso es lo que nos reclamamos.



09.03.2010 10:31 / Mis artículos

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"Ser uruguayo está de moda" me decía hace una semana un amigo argentino de visita profesional-periodística en Montevideo para cubrir los actos de asunción del nuevo gobierno. En un viaje que realicé hace algunos meses a Buenos Aires en diversas conversaciones con amigos, taxistas, mozos, periodistas pude comprobar que efectivamente la orientalidad está de moda del otro lado del charco.

Lo que me sorprendió un poco más fue que otro amigo italiano, dirigente político del centro izquierda me comentaba que en diversos ambientes de la península se seguía con interés y atención la experiencia uruguaya, en particular el manejo de la economía antes y durante la crisis. Y naturalmente el nuevo triunfo electoral.

Indagué un poco más porque es un profundo conocedor de la realidad latinoamericana y me explicó que toda América Latina ha dejado de ser una referencia para la solidaridad y la política hacia los emigrantes italianos y es en muchos aspectos una experiencia política y cultural diferente y que despierta interés en la izquierda italiana. Partiendo de la variedad de realidades que ellos perciben en la izquierda de nuestro continente, pero donde notoriamente la tendencia es la inversa que en Europa: la izquierda viene creciendo desde hace años.

Intercambio mensajes y sobre todo amistad con compañeros en varios países, entre ellos una pareja en Santander, España y ellos que me han demostrado en varias oportunidades que siguen de cerca la realidad latinoamericana, me escribieron con comentarios muy agudos e interesantes sobre Uruguay. Les interesa, desde otro ángulo, el Plan Ceibal.

En varios organismos internacionales y regionales el "caso Uruguay" y hasta el "milagro Uruguay" como lo llamó un amigo alemán del Banco Mundial despierta una atención desconocida para nuestro pequeño terruño navegante en este mundo embravecido.

Creo que si alguno ha seguido las transmisiones televisivas de este verano, y descontando que los turistas son en general amables y condescendientes observadores de la realidad, en general las respuestas de los entrevistados son positivas a muy positivas y demuestran una suerte de "descubrimiento" de Montevideo, de Punta del Este de Colonia, de las Termas del litoral.

Si algo le faltaba a esta visibilidad uruguaya fue sin duda la elección de Mujica. No hay que olvidar que los "tupamaros" tuvieron en nuestras generaciones y en diversos países del mundo, su momento de máxima exaltación y difusión, así que a caballo de aquellos recuerdos el nuevo presidente despierta atención y curiosidad. Y Mujica no los defrauda, les da siempre material y noticias para alimentar comentarios y noticias.

En estos días compré la revista "Gente" y se puede decir que es casi un número monográfico sobre Mujica-Topolansky. Bastante bien hecho, sin caídas cholulas notorias. Los editoriales y comentarios de la prensa argentina son frecuentes.

¿Cuál es el motivo de esta atención? Lo del nuevo presidente puede ser una explicación, pero es parcial y circunstancial y la moda se viene construyendo desde hace un tiempo. Hay un conjunto de factores que sumaron granito a granito.

No hay duda que las cifras, los indicadores económicos y sociales se han difundido. En épocas de crisis la gente - además de los especialistas - le prestan mucha más atención a estos datos, los comparan los comentan, los analizan. En particular en la región. Y los datos de Uruguay resaltan positivamente en comparación con la crisis global y dentro de la propia América Latina.

El Plan Ceibal y el hecho de que seamos el primer país del mundo que distribuyó en forma gratuita y personal una computadora a cada escolar y maestro de la educación pública ha circulado no sólo en los ambientes especializados, es decir en las nuevas tecnologías, pero también en el mundo de la educación. Hay expectativas, preguntas, dudas y sobre todo atención.

La lucha feroz y frontal contra el tabaquismo también ha sido motivo de atención. Hoy son varios los países que se han sumado a la batalla, pero Uruguay con un presidente oncólogo que le dio un sentido cultural y nacional relacionado con el propio desarrollo del país, hace que el tema circule en la prensa.

Creo que además el gobierno Vázquez construyó una imagen de seriedad y de firmeza en relación a mucho temas, incluso al conflicto por la planta de celulosa de Fray Bentos. Un pequeño país que no se doblega ni se amilana frente a su gran vecino ni ante el bloqueo de sus rutas y que dura desde hace muchos años, tuvo su momento de gran atención. No se ha manejado mucho, pero ustedes ¿recuerdan el papel de Greepace en los inicios de la construcción de la planta? ¿Desaparecieron? ¿Se esfumaron? Lo cierto que difundieron el conflicto y luego se los tragó el silencio forestal.

Podría hacer una lista de otras razones, las publicaciones en las revistas especializadas en economía, en inversiones, en calidad de vida pero creo que hay un elemento fundamental que son los uruguayos y las uruguayas. Los que viajan al exterior, los que residen en el exterior, turistas y viajeros de todo tipo: ya no difundimos esa imagen pesimista, sin perspectivas, gris y resignada. No somos eufóricos, dejamos siempre espacio para la duda pero en definitiva le tenemos confianza al país, a sus posibilidades y nos dimos cuenta que también nosotros en nuestro micro mundo podemos influir para darnos fuerza e impulso.

Y somos muchos los uruguayos que por diversas vías nos vinculamos con el exterior. En el inmenso universo de la población mundial, pasamos casi desapercibidos, pero...como compensación tenemos la mejor relación del planeta entre el territorio productivo y los habitantes y en un mundo que cada día necesita más alimentos y por lo tanto agua dulce es un valor inestimable.

Si en estos años consolidamos como producto de exportación una dosis justa y mesurada de optimismo, de ser una moda pasajera podemos transformar el "milagro" en una condición de desarrollo, de calidad de vida, de justicia social y libertad y de aporte a nuestros hermanos latinoamericanos.

 



01.03.2010 21:15 / Mis artículos

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Hace cinco años los uruguayos teníamos acumulados muchos miedos, preocupaciones y sobre todo frustraciones. Voy a ahorrarles la lista. Era una mezcla de grandes expectativas pero también una cierta resignación a nuestros límites como país y como sociedad. Ese pesimismo cultural y existencial era la deuda más pesada que debíamos pagar. Peor que la deuda pública del 107% del PBI.

Y asumió Vázquez. Sus promesas durante la campaña electoral no fueron rutilantes, explosivas, siderales. Al contrario, tirios y troyanos tuvieron que reconocer una gran prudencia. Recuerdo en particular sus declaraciones y compromiso sobre la desocupación: alcanzar en el periodo un nivel de desocupación de un dígito. Hoy está en 6.3% y el objetivo se alcanzó hace tres años.

La semana pasada fue de despedidas múltiples. Con la prensa, con los legisladores y ministros, con los intendentes y con muchos proyectos y obras que estaban en su fase final. No recuerdo en mis muchos años de política en el Uruguay y como observador o habitante en otros países una despedida tan exitosa, con tantos reconocimientos y con tanto cariño popular. Vázquez se va sin duda por una gran puerta, abierta a las inclemencias de la crítica y al juicio de la historia.

Historia es una palabra que hay que tratar con cuidado. Es la máxima aspiración de un gobernante. No ser uno más en la lista de los ocupantes de la máxima magistratura, sino alguien que dejó su marca, que le dio un fuerte impulso al desarrollo nacional en alguna de las áreas claves. El hecho de ser el primer presidente de izquierda era sin duda un buen trazo en ese complejo libro que registra la historia nacional. Pero Vázquez ha superado ampliamente ese dato.

Me es imposible enumerar con objetividad el aluvión de realizaciones en la economía, en la sociedad, en las obras de infraestructura, en la mejora del nivel de vida de sectores muy amplios de la sociedad, en sacudir raíces profundas como el deforme e injusto sistema fiscal uruguayo, o la creación del Sistema Nacional de Salud,  el Plan Ceibal, la prohibición de fumar o la reducción de la mortalidad infantil y maternal. Los resultados de este gobierno son de las mayores satisfacciones que he tenido en toda mi vida. En lo político, en lo humano y en lo más personal.

Es de rigor, es parte de la identidad de los uruguayos y de la izquierda en particular, mirar hacia lo que nos falta, hacia nuestras debilidades y nuestras carencias. Está bien, es importante para tener siempre un impulso renovador y para aventar toda tentación de hacer siempre lo mismo con retoques, así no funcionan los países con vivacidad y con aspiraciones reales de progresos. Pero vale la pena mirar con generosidad y justicia lo que hemos hecho en estos cinco años. Es mucho.

Y lo hicimos entre todos, un gobierno es fundamental, le da marco, impulso o freno pero en definitiva los logros son del conjunto de la sociedad. Sin el trabajo, el esfuerzo, la inteligencia, el riesgo, la sensibilidad de los trabajadores, de los empresarios, de los productores, de los educadores y profesionales, de las diversas generaciones e incluso de las familias y de los individuos, no lo hubiéramos conquistado.

Voy a comenzar por lo menos obvio y lo más importante. La diferencia principal luego de cinco años, es el humor, es el estado de ánimo, es la confianza multiplicada que hoy  tenemos los uruguayos. Hoy podemos creer con realismo y audacia que tenemos por delante posibilidades de progreso en todos los ámbitos y no una lenta e inexorable decadencia. No volveremos a un pasado remoto y añorado, tenemos confianza en el futuro que nosotros y las otras generaciones estamos construyendo. Este es el principal logro de este gobierno, el que más hay que cuidar.

Segundo, terminamos con los temores institucionales de todo tipo, ya no hay una sombra opresiva de la que no se hablaba con libertad, dentro de la cual no se podía penetrar, hurgar, cavar e investigar. Se pudo y hoy con nuestras heridas a cuesta somos más libres y más democráticos. Sin esto, lo anterior no hubiera sido completo. Esta no es una conquista eterna una planta delicada que requiere de todos nuestros cuidados permanentes. La comunidad espiritual de la que hablaba Wilson Ferreira Aldunate, es hoy más sólida y sana.

Avanzamos hacia una reintegración nacional, bajando indicadores vergonzosos de pobreza, miseria y desocupación, de mortalidad infantil y materna, integramos de un solo salto a todos los escolares y sus maestros en la sociedad de la información y en las nuevas tecnologías, atendimos temas tan dolorosos, literalmente dolorosos como la salud bucal y oftalmológica, tenemos diversos programas sociales pero lo más importante es que hoy la sociedad uruguaya tiene como una de sus prioridades absolutas la lucha contra la fractura social. No sólo desde la izquierda o por la justicia social sino como proyecto sustentable de desarrollo. Es un gran avance político y cultural.

La propia conciencia de todo lo que nos falta, de las prioridades del actual gobierno de José Mujica es la principal manifestación de esa nueva conciencia nacional. Y hablo de reintegración porque el Uruguay tuvo hace menos de un siglo una gran capacidad y una gran conciencia de esa identidad, inclusive integrando grandes corrientes migratorias.

Hemos construido mucho. Habría que remontarse a los años 20 y 30 del siglo pasado para encontrar algo parecido. Grandes obras públicas y privadas, puertos, aeropuerto, carreteras, puentes, edificios, líneas de bombee, teatros, centros de salud, de educación. Hoy producimos más de 400 megavatios nuevos de energía eléctrica por parte de UTE y más de 120 por  privados.

 Me he quedado asombrado por la catarata de información que los canales de televisión y los diarios y semanarios han brindado en estos días sobre las obras y realizaciones que se concretaron en este gobierno. Yo que me doy por bien informado tengo que reconocer que se superaron todas mis expectativas.

Y la gente lo siente, lo sabe y lo valora. Hubo mucha discusión sobre la imagen y la política de comunicación del gobierno, sobre su relación con los medios. Comencemos por lo más importante, este gobierno favoreció e impulsó la más amplia libertad de información y eso es lo que vale. No promovió ninguna política de medios y de comunicación con visos de régimen. Es más, es un gobierno que no favoreció a sus amigos en materia de comunicación, le dio impulso a la información pública a través del canal oficial y de las emisoras del SODRE como medios del Estado y no del gobierno. Y no entregó licencias de radio y televisión a amigos y correligionarios. Todos nos debemos alegrar, eso es democracia.

Básicamente fue aprendiendo y comunicando cada día mejor. Las cosas hay que hacerlas y además - para que sean parte de la realidad - hay que comunicarlas. Y se hizo. El apoyo ciudadano de más del 80% que tiene hoy Vázquez obviamente es por lo que hizo y por como se comunicó. Y la comunicación no es sólo un valor político, es un profundo valor democrático, de transparencia y rendición de cuentas.

Cada uno – incluso los países – nos reconocemos en la imagen que proyectamos ante los demás y los uruguayos hoy nos sentimos mucho más orgullosos de nosotros mismos por la imagen que tenemos en el mundo. Y en ello hay un aporte fundamental del presidente Vázquez en persona, de sus viajes y de su capacidades. Menos palabras grandilocuentes y más hechos, más kilómetros, más conversaciones y apertura y pluralidad en las delegaciones. Y no fue pragmatismo, fue un diseño de abrir el Uruguay al mundo porque tenemos confianza en nuestra capacidad de proteger nuestra soberanía, nuestra identidad y porque tenemos un proyecto nacional.

Habría mucho más para enumerar pero lo que importa no es la prolijidad de la descripción, sino el sentido de la historia. Vázquez llegó al gobierno con un lema “Cambiemos” y su enorme mérito ha sido cumplir su palabra: hemos cambiado mucho y creado las condiciones para seguir cambiando en la dirección justa.

Hoy me siento más uruguayo y más frenteamplista que hace cinco años, para mí es mucho.

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Sobre mí
Esteban Valenti. Periodista y coordinador de la revista Bitácora.

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