Navegaciones
La columna de Esteban Valenti

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22.07.2008 09:34 / Mis artículos

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El 13 de noviembre del 2007 publiqué en esta misma columna una Navegación dolorosa y complicada. Ahora ese primer fallo de la jueza Gabriela Merialdo que decretó el archivo de las acusaciones contra el ex senador Leonardo Nicolini fue ratificado por unanimidad por el Tribunal de Apelaciones, incluso con felicitaciones para la jueza.

Creo que es una buena lección de la justicia a los políticos que quieren utilizarla para cubrir sus incapacidades, sus disputas y a veces sus peores cosas. Voy a repetir exactamente el mismo texto que publiqué en aquella oportunidad. No ha cambiado nada, o mejor dicho han cambiad para peor, las policías y las agencias de inteligencia “privadas” siguen actuando.

Vale esto para reivindicar a un ser humano, pero además para denunciar una vez más a los implacables que sin esperar ni siquiera el pronunciamiento de la justicia juzgaron, condenaron y expulsaron. ¿No sentirán una pizca de remordimiento, de dudas? Me los imagino con más poder y tiemblo.


13.11.2007
                                              Nicolini a la parrilla


La Justicia archivó el caso del ex senador Leonardo Nicolini.  La jueza en lo penal de 9º Turno Gabriela Merialdo archivó el expediente en que se investigó al ex senador por el uso de un carné de asistencia de Salud Pública. La jueza decretó el archivo al considerar que no existen elementos suficientes de convicción o semiplena prueba de que se hayan cometido delitos.

Me asaltan sentimientos contradictorios y sobre todo muchas preguntas. Los que crucificaron a Nicolini como un delincuente confeso ¿qué harán ahora? ¿Se retractarán, se disculparán? O simplemente como sucede casi siempre en la política no tendrán ni siquiera esa hidalguía.

Los que filtraron a la prensa las informaciones para comenzar a arrimar troncos a la hoguera y que todos sabemos que no están muy lejos del propio grupo político de Nicolini ¿Qué harán? Yo creo que con esa calaña estarán festejando: con nada entre las manos, con el enorme “privilegio” de un senador de la república que se opera en un hospital público y pagó el costo de la operación, lograron su objetivo: ajustarle las cuentas. Unos magos. Una m...

Los que en su grupo político y en círculos concéntricos en grupos afines y antiguos que desempolvando viejos rencores o los que se precipitaron a pedir la renuncia para demostrar la pureza impecable de la moral pública y ahora se encuentran que la jueza archiva el caso ¿no tienen nada que decir? ¿Se harán los distraídos? ¿ensayaran alguna tirada filosófica sobre la mujer del César? ¿ No debían reclamarle una licencia a Nicolini a la espera del pronunciamiento de la justicia? ¿O ellos tienen una moral superior, más prístina que la del resto de los uruguayos? ¿En qué?

Nosotros, los que de una u otra manera – y fuimos muchos – miramos pasivamente, o nos subimos un poquito al carro del linchamiento y de la hoguera ¿nos arrepentiremos un poco, una pizca? ¿O por el contrario, sin considerar siquiera una investigación independiente de la justicia, seguiremos ventilando nuestros prejuicios contra todos los políticos? Y naturalmente con los que se operan en salud pública.

No tengo la menor duda que Nicolini cometió un error, creo que ni el lo duda. El problema es que los errores son una cosa, los delitos son otra y sobre todo las cosas que afectan la moral, el honor y el erario público son diferentes. Y merecen un tratamiento diferente. Esa es la base de la justicia y de la moral. Y también de la política.

Cuando se mezcla todo, y a todo se le da el mismo valor y penas desproporcionadas, ganan los delincuentes, los inmorales, los que utilizaron el poder para enriquecerse, los que añoran esas épocas porque saben que lo mejor es revolcarnos todos en el mismo lodo. Así ellos salen ganando y se aprestan a nuevas revolcadas. De esas que nos salieron muy, muy caras y que seguimos pagando, en plata y en vergüenza.

Cuando se mezcla todo, salen ganando los torquemadas, los que rebajan la política a la crónica roja e incluso los que utilizaron las campañas de calumnias como lucha ideológica y defensa de la pureza ideológica. ¿O no los recuerdan? Están al acecho y funcionan siempre como la frase de Brecht, al final de su voracidad siempre vienen por nosotros, por todos. Esos antropófagos de la moral ajena son inmorales en lo más terrible, en lo peor, en el desprecio de los seres humanos y de su honor.

El camino más fácil es culpar a los medios de prensa – que los hay los hay – pero si tienen un pecado es no ser y no haber sido iguales de feroces en otras circunstancias, pero no es un pecado grave, lo grave es una mentalidad que substituye la política por la basura, por la diatriba y eso es de políticos. Y lo hacen con premeditación, alevosía y nocturnidad. Y otros lo aceptan.

A Nicolini los asaron a la parilla y se sabe, de la chamuscada no se vuelve atrás. No volverá a ser senador, aunque sus compungidos y puros compañeros traten ahora de echarle agua al fuego. Ya lo quemaron.

Otros ni eso harán, porque siguen creyendo que a los disidentes hay que quemarlos, hay que transformarlos en cenizas y desparramarlas a los cuatro vientos porque la única explicación posible a sus diferencias a sus discrepancias a sus flaquezas ideológicas es la falta de una moral revolucionaria pura. ¿Y quién traza la raya divisoria? Obviamente: ellos.

Hace poco asistimos a otros episodios de líneas divisorias trazadas desde otras purezas ideológicas y morales que tratan al resto de sus ex compañeros de “ceros a la izquierda”. En ese caso ya fue demasiado y cerraron filas, levantaron barreras. Cuando los errores son colectivos es un problema político, y cuando son personales son pasibles de arder en el fuego eterno.

Nicolini es atropellado, a veces le falta pericia, no coincido en muchas de las formas que utiliza para hacer política, pero eso no tiene que ver. Muchos pensaran cosas peores en materia política de mi y viceversa. No se como hubiera reaccionado yo si me hubieran dicho que posiblemente tenía un cáncer de riñón y que debía operarme de apuro. No se lo que hubieran hecho la inmensa mayoría de los dirigentes políticos de este país. Si se, a que puerta hubieran ido a golpear todos los que no tienen cobertura médica, que deben ser muy pocos. Y se que a pesar de cualquier diferencia política, los hubieran atendido y muy bien y eso es bueno. Nicolini se equivocó feo fue a golpear al hospital Pasteur.

El episodio está casi cerrado, no tiene retroceso. Ni siquiera asumirán sus responsabilidades, los puros, los apurados, los inmaculados, los feroces o los ilusos de la política. Y todos comprobaremos una vez más que a la política, nada de lo humano le es ajeno, desde la gloria a las peores miserias.

   (*) Periodista. Coordinador de Bitácora.



15.07.2008 09:22 / Mis artículos

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En esta columna de hace dos semanas trate el tema de la emigración de los profesionales y en particular de los especialistas médicos y desató una tormenta de mensajes. No tengo idea si en algún lado hubo al menos una olita de debates. Me hubiera gustado. El objetivo de esa columna era mostrar la hipocresía de algunos países ricos y de la propia Unión Europea que expulsan a los emigrantes del sur y reciben con los brazos abiertos a nuestros profesionales. Pero no sólo eso. Cuando se habla de hipocresías, hay que también mirar hacia dentro.

Varios amigos y corresponsales me hicieron notar un defecto de mi nota: la generalización, el englobar de manera indiscriminada a los especialistas y en particular a los médicos. Lo acepto, no tengo ningún inconveniente en reconocer ese error y en rectificarme. Y acepto la observación porque conozco personalmente en el Uruguay muchos, decenas de médicos y especialistas que cumplen con toda su pasión y su inteligencia su cometido profesional y van bastante más allá que sus estrictas responsabilidades profesionales.

Es más, creo que si tuviera que elegir la profesión donde conozco más personas a las que admiro y respeto por su capacidad de entrega y sacrificio y sobre todo porque su vocación es mucho más que un trabajo, un empleo y en realidad es su forma de vida, su complejo pasaje por este valle de lágrimas y alegrías, no tengo dudas que elegiría a los médicos. Y eso me sucede desde hace muchos años.

Y es precisamente esa visión que tengo la que me impulsa y me exige a dar mi opinión sobre este tema. Por respeto y por cariño con esos médicos que son muchos y sobre todo con la sociedad uruguaya. No creo en absoluto que es a través del dinero que los países del sur y en particular Uruguay podamos afrontar la sangría de cientos de profesionales que se reciben y se van a ejercer a otro país. Además lo considero una profunda injusticia.

No estoy de acuerdo que la sociedad uruguaya, haga un enorme sacrificio invirtiendo en formar especialistas en medicina cuyo destino sea el sistema de salud de algún país desarrollado y rico. No podemos hacer nada con el resto de los profesionales, más que someternos a las sacrosantas leyes del mercado, no podemos retener a los médicos generales, pero considero que podemos exigirles a los post grado al menos que cumplan la misma cantidad de años que invirtieron e invertimos todos en su especialización ejerciéndola en el país.

Las fundaciones, las empresas, los bancos internacionales cuando pagan becas y post grados exigen y obligan a que los beneficiarios se comprometan a ejercer durante un periodo en determinados puestos, o países. ¿Por qué un país no puede hacer lo mismo?

Si alguien se escandaliza y clama por todas las libertades, si alguien considera que la única posibilidad es que los sueldos sean competitivos con los de Europa u otros países y que además debemos brindarle las oportunidades de crecer profesionalmente, está en todo su derecho, es su visión del mundo y de la medicina. No es la mía.

No acepto que para opinar de este tema como de otros hay que formar parte de la corporación. Formo parte de la sociedad y eso me da derecho a opinar sobre un tema que nos afecta a todos. Yo que vengo de una cultura del muro y se me derrumbó encima, nunca más voy a aceptar un mundo de pequeños muros donde cada uno se cree dueño de su parcela, de su verdad y de su derecho exclusivo a opinar. La autonomía nunca quiso decir eso y si alguien en la Universidad interpreta de esa manera la autonomía, está muy equivocado. Gravemente equivocado.

Está claro que la sangría agudiza el círculo vicioso y que además de empeorar la atención por no disponer de los especialistas necesarios además reduce el nivel de la educación y la investigación y por lo tanto además de correr con desventajas en materia salarial, también se empobrecerá nuestro nivel profesional y todo nuestro sistema de salud. Será un espiral descendente e incontenible. Así que la tentación a emigrar será todavía mayor.

Los que se quejan, los que protestan por mis opiniones, que propongan. Todos estamos abiertos a que nos expliquen y nos propongan que haremos cuando no haya profesionales suficientes de post grado para algunas de las especialidades y mientras tanto tengamos un buen número de esos médicos trabajando en el exterior. ¿Qué hacemos, importamos profesionales?

Las comprensibles fracturas y dolores producidos por la emigración y el desarraigo los conozco y los comprendo, pero como todas las cosas de la vida, se trata de opciones. Hay mucha, pero mucha gente que tiene ofrecimientos y posibilidades de irse a trabajar al exterior se queda. Y la inmensa mayoría no lo hace con la calculadora en la mano. Las razones son diferentes, complejas, contradictorias, llenas de tensiones. Pero existen. Y hablo por experiencia personal, y familiar. Cada uno elige que porción de felicidad prefiere. Sabiendo que es matera esquiva, huidiza y circunstancial.

¿Podemos encomendarnos a la sensibilidad y al sentido humanitario y nacional para asegurarnos un adecuado equilibrio entre los que se van y los que se quedan? Es sin duda una batalla cultural, pero el problema es que la sociedad uruguaya se ha resignado. Hasta yo mismo me he resignado a que en definitiva es parte inexorable de la globalización, de los nuevos tiempos. Estamos siendo derrotados. Yo personalmente me considero un derrotado en ese sentido.

Cuando explotó este tema de las carencias para cubrir especialidades médicas mientras se revalidan títulos en el exterior en esas mismas especialidades y cuando en esos países “captores” de nuestros especialistas expulsan a los comunes mortales que no tuvieron la oportunidad de estudiar, me vino una necesidad irresistible de escribir. Y de eso no me arrepiento. Aunque me caigan todas las maldiciones del infierno y los rayos del cielo. Que también me llegan de las otras.

Yo con estos y otros temas tengo una gran ventaja, no hago campaña, no junto votos, no recojo simpatías. No es mi especialidad, ni me importa. Digo lo que me sale de la cabeza y a veces desde las tripas. Y tratando que ambos orígenes coincidan insisto que las autoridades del MSP y de la propia Universidad están obligadas a jugarse, a arriesgarse y asegurarnos que lo que invertimos en formar profesionales nos permita contar con los médicos especialistas necesarios en nuestro país. No propongo esclavizarlos con un salario de miseria, tiene que ser decente y adecuado, no digo que sea eterno, debe ser proporcional a lo que la sociedad invirtió en ellos. No afirmo que se la llevaron de arriba. No tengo dudas que estudiaron, compraron sus libros y se quemaron las pestañas. 

Con la misma convicción que expreso al principió de esta nota mi admiración y reconocimiento por los cientos de profesionales médicos que enaltecen la profesión y algo todavía más valioso: enaltecen la condición humana, quiero decir que en los últimos años la medicina y el dinero se han mezclado de tal manera que me alarma. Hemos tenido una sucesión de conflictos y tensiones relacionados con esa mezcla que me preocupa. Y no precisamente con los médicos que ganan menos. No me preocupa y me amarga sólo ni principalmente por los médicos, sino por la sociedad uruguaya en su conjunto.

No me olvido que fue en este país que nació, vivió y aportó no sólo a la medicina, sino a la sociedad alguien como el Dr. Carlos María Folsalba y así como sin líderes educativos no será posible una auténtica reforma, sin líderes médicos no habrá reforma de la salud.

Fosalba en divulgación sociológica, "Esfuerzo" de junio de 1936 afirmaba “ Por tanto: comunidad de las riquezas en una sociedad libre, integrada por individuos libres. Esos son los principios. Pero señalados así, sin precisar en detalle cómo entendemos nosotros la aplicación práctica de tales postulados, carece de fuerza de convicción, no sobre la justicia de tal aspiración, que nadie honestamente inspirado puede discutir, sino sobre su posibilidad de cristalizarlos en la realidad. Los individualistas, confiando teóricamente, en una espontánea armonía de las relaciones humanas, basadas exclusivamente en el libre juego de los individuos en el medio social, sostienen que el problema de la libertad está reñido implícitamente con todo sistema de organización social, porque la organización social, porque la organización supone inevitablemente la existencia de la autoridad. Si esta afirmación fuera exacta, no trepidamos en afirmar que la anarquía sólo puede entonces concebirse como una posición filosófica, como una mera aspiración del espíritu, sin ninguna posibilidad de realización práctica, pues no puede existir vida social sin organización.”

Lo decía en 1936 desde su posición profundamente libertaria.



08.07.2008 09:57 / Mis artículos

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Canto a la vida

Y díganle a la vida
Que la viví sin treguas
Y díganle a la vida
Que la amé sin piedad
Y díganle a la vida
Que la quise con penas
Y la sufrí sin tiempos
Para siempre empezar
Díganle si quieren
Que la supe en dulzuras
Que la abracé sin miedos
Con todo mi temor
Y díganle si pueden
Que la sigo esperando
Y la sigo viviendo
Aferrado al dolor

José Pedro Martínez Matonte
Escrito en  un muro de Treinta y tres.

 Esta y otras poesías están escritas en un pizarrón, en la escuela del kilómetro 21 y medio de Camino Maldonado, en Villa García. En estos días la escuela cumple cien años. El autor de la poesía fue un maestro, su director, y es en cierta manera una leyenda. Acompañé a mi compañera, a Selva, a un encuentro de maestros y ex alumnos que se hizo hace dos sábados.  Fue uno de esos días que uno le gana al tedio y se sumerge en el espesor de la vida.

En medio de tantos olvidos, del vértigo de cosas grandes medianas y enanas, es posible que el aniversario de la escuela de Villa García, pase casi desapercibido. No para los que se educaron, se formaron y aprendieron a amarla por aquellos años. Es una de las tantas escuelas y es a su vez una escuela única.

Una escuela cooperaria, donde todos formaban parte de una comunidad educativa, alimenticia, social, cultural y humana. El edificio es el mismo. Literalmente. En algunos salones los bancos me hicieron recordar el libro de Edmundo D´Amicis. Son de esa época. También hay una sala blindada con computadoras y equipos de audio. Todo junto, todo simultáneo. Y creo que es una de las escuelas de Montevideo, donde posiblemente se inicie la experiencia piloto del Plan Ceibal en la capital.

Primero vino la ceremonia oriental de los reconocimientos. Cuando se juntan más de tres uruguayos corresponde que nos individualicemos, encontremos parientes, amigos y conocidos compartidos. Allí no era difícil. Vino gente de muchos lados, con algo en común: su escuela. Todos la sienten como suya, y están orgullosos de formar parte de esa identidad. Y ya comenzaba a pasear entre nosotros la figura barbuda de “José Pedro” Martínez Matonte.

Luego nos sentamos en rueda alrededor de una chimenea encendida y comenzaron las anécdotas de ex alumnos y maestros. Duró varias horas. Se me fueron volando aunque los bancos eran duros e incómodos, ni siquiera me di cuenta. Lo más importante, entre relatos de platos de polenta, de cortes un poco apresurados de flequillos infantiles, de los siete ex alumnos que vinieron del exterior a visitar su escuela, lo que lograron es reconstruir una época, un momento no sólo de esa escuela sino del Uruguay.

Una época llena de contradicciones y tensiones, donde a 21 kilómetros de la plaza Cagancha un grupo de maestros, de niños y de padres vivían una experiencia única de convivencia, de apoyo, de solidaridad, de comunidad y de mucha exigencia, mientras el país paso a paso se hacía cada vez más intransigente. Fue allí en esa escuela, donde en 1969 detuvieron a ciento sesenta bancarios en una reunión gremial en medio de las medidas de seguridad. Fue en ese momento que sumariaron y separaron del cargo a Martínez Matonte. Otros maestros y padres poco después “se mudaron a la cárcel” o al exilio.

Una maestra dijo una frase que me quedó prendida: “era un lugar del que nos costaba mucho irnos todos los días”. Debe ser maravilloso trabajar en una escuelita, en los suburbios llenos de quintas de aquellas épocas, donde hay un tal clima de efervescencia humana, intelectual, educativa que cuesta volver a la casa. Se deben clavar anclas muy profundas. Sólo si además del instante que se vive, se logran construir sueños y planes se puede explicar ese apego.

Hoy vivimos un tiempo de reformas, de debates educativos, de reivindicaciones y reclamos acumulados que explotan todos juntos. Y está bien, tiene que ver con un país donde la educación siempre ocupó un lugar central en sus prioridades, en sus proyectos y en sus preocupaciones. ¿Villa García puede aportar algo, casi cuarenta años después?

Vivimos la sociedad del conocimiento, las nuevas tecnologías y su máxima expresión Internet y las computadoras son hoy un elemento determinante de la educación, los conceptos pedagógicos han evolucionado y se han transformado. ¿Qué nos puede aportar, además de afectividad la experiencia de Villa García?

Liderazgo. Sin líderes educativos audaces, valientes, capaces de correr riesgos, de jugarse por su escuela, por sus ideas, por su liceo popular siempre postergado, no habrá grandes cambios. O no serán completos.

Uruguay es el mejor ejemplo en ese sentido. Sin un joven audaz y valiente que fue capaz a los 33 años de encabezar la mayor reforma educativa y cívica de nuestra historia, como José Pedro Varela no reconoceríamos al Uruguay. Sería otra cosa.

Sin Martínez Matonte, sin Jesualdo, sin muchos otros que yo no conozco pero que a nivel de primaria y secundaria fueron líderes, conductores educativos, nunca hubiéramos alcanzado los niveles que tuvo nuestro país. Las ideas no son fantasmas que circulan solas por entre la gente fecundado las sociedades, tienen nombres, apellidos, personalidad, humor y pasión. Y también debilidades y defectos.

A los maestros hay que pagarles decentemente, y vamos por ese camino, a las escuelas hay que darles materiales y locales decentes, limpios y acogedores, para que sean  además de un centro educativo, un centro cívico y de la comunidad, una referencia, pero todo eso vale relativamente poco si no recomponemos el clima, el entusiasmo, el amor por educar, por la calidad y la humanidad de una educación que debe servir para trabajar, pero también y sobre todo para pensar y para vivir.

Un padre dijo “qué felices éramos sin Tinelli”. Y yo me imaginé esos niños que todos los días deben lidiar con los viejos bancos, las computadoras nuevas, las frases solemnes, la bandera flameando, el plato de comida compartido en época de clases o en vacaciones, con la deslumbrante y ultra moderna “Zonamerica” a pocas cuadras y la civilización de Tinelli. Donde se baila, se patina y se hace cualquier cosa por un sueño. Efímero, superficial y sobre todo artificial.

¿Cómo será ese choque entre esos dos mundos? Apasiona, preocupa, alarma. Pero es inevitable, es el choque de nuestro tiempo. Uno de los tantos.

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Esteban Valenti. Periodista y coordinador de la revista Bitácora.

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