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La columna de Esteban Valenti

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31.08.2010 09:34 / Mis artículos

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No voy a pedir ni permiso ni disculpas por opinar. Ese tiempo pasó hace mucho. Ni voy a hacer un sondeo orgánico, porque nadie hizo una discusión previa de ningún tipo. La idea vino, se lanzó al ruedo y ahora cada uno baila con ella, donde puede y desde donde está.

Se anuncia que el 31 de agosto con la ley de Presupuesto que presentará el gobierno al Parlamento – dentro del plazo constitucional-, se introducirá la figura de los 19 representantes presidenciales. Uno por departamento, incluido Montevideo. Las argumentaciones las he buscado con tesón en diversas fuentes. Supongo que en el presupuesto estarán detalladas. Incluyendo funciones, remuneraciones, jerarquía institucional y muchos otros aspectos. Será un aporte importante.

De acuerdo a la información que dispongo hasta este momento, incluyendo las palabras del propio presidente compañero Mujica, la idea no me convence en absoluto. Es más, creo que va exactamente en el sentido opuesto a todo lo que escuché hasta ahora - a veces bastante contradictorio- sobre la reforma del estado. Al menos a las líneas centrales.

Considero que retocar -nada menos que a la cúpula del Estado- con la creación de 19 cargos de representantes presidenciales, sin tener claro ni bien definidas cuáles son las líneas principales de la reforma que se propone, es inconveniente. No importa si los recursos o los cargos se toman de otros cargos ya existentes. Supone crear espacios institucionales de poder que van a actuar sin que se hayan definido los cambios que todos esperamos. Es un parche. Y de parche en parche no arreglamos el Estado.

Por otro lado, no considero que lo que haga falta es crear una nueva estructura piramidal dependiente nada menos que de la presidencia de la república. Me surgen muchas dudas. ¿A nivel departamental, los representantes de los diversos ministerios, a quién van a responder al representante del presidente o al ministro? En qué cuestiones a uno y en qué cuestiones a otro.

Además considero que le estamos dando un excelente argumento a nuestros adversarios para que nos bailen un buen malambo en la cabeza durante unas buenas semanas o meses, depende solo de su entusiasmo.

¿No tenemos ya bastantes dificultades y descoordinaciones que deberían resolverse a través de regular mejor las competencias, o de comités departamentales de coordinación, como para agregarle una nueva figura por encima de esto? ¿Por encima de qué?

¿Qué rango tendrán dentro de la estructura del Estado? ¿Cómo articularán con las estructuras departamentales y municipales? Porque aunque se afirma que no tienen nada que ver con lo municipal a cualquiera le viene la duda de que ahora se crea un nuevo escalón entre los intendentes y el Presidente de la República.

Cuando todos suspiramos con alivio por los muchos meses en que duró la danza de nombres para completar los diversos cargos del Estado y a nivel departamental ahora se abre un nuevo periodo para completar 19 representantes nada menos que del Presidente de la República. Y un detalle no menor: la experiencia nos demuestra que entre cuadros de gobierno nacional, departamental y municipal y si le dedicamos un mínimo de atención al Frente Amplio y a las estructuras políticas lo cierto es que los cuadros no nos sobran por cierto.

Hay además una cuestión todavía más de fondo, más filosófica si se quiere enfocar desde este punto de vista. Se habló y denostó desde todos los púlpitos y con todos los calibres a la burocracia, y todos nos hemos sumado a esa cruzada sacrosanta y ¿a la burocracia se la piensa combatir con nuevos cargos de confianza y no con normas más precisas, más adecuadas, menos burocráticas y con una reforma integral? ¿Qué cambia? ¿Que los cargos sean de confianza del presidente y consustanciados con el proyecto político? ¿Acaso eso es una vacuna contra la burocracia y no forma parte del concepto genérico de la burocracia estatal? ¿Dónde se pone el límite? Es un tema a profundizar.

No tengo la menor idea de qué hará el Parlamento, nuestros parlamentarios, ni cómo se discutirá el tema y todos tienen claro que ésta es una posición absolutamente personal, que no compromete a nadie más que a mi. Es más, ojalá  si se aprobara esta medida sea la panacea que resuelva todos los problemas que se propone resolver, que mejore la coordinación a nivel departamental, incluyendo Montevideo y que yo tenga que hacer una autocrítica estridente.

Pero por callarme juiciosamente en otras oportunidades y no opinar frente a ciertos proyectos, me tragué ciertos sapos que todavía estoy digiriendo. No me refiero a temas de actualidad, porque sobre ese tema ni siquiera tuve la mínima capacidad de reacción.

No acepto más esa especie de morsa donde cualquier opinión en la izquierda uruguaya actual, cae inexorablemente entre el apoyo incondicional a éste o al anterior gobierno, o está sometida a la sospecha del péndulo entre las dos alternativas, impidiendo de ese modo un mínimo de pensamiento crítico. Digo que sobre la ley de Descentralización tendríamos que haber discutido mucho más, mucho mejor y con un sentido mucho más profundo y nos hubiéramos ahorrado muchos dolores de cabeza en mayo, ahora y en el futuro. El pensamiento crítico no excluye la política, al contrario la integra plenamente, pero no la aplasta entre el poder y la cotidianeidad más trivial, rescata el sentido estratégico.

Se terminó hace tiempo la época de las unanimidades. Por suerte, para la izquierda y para cada uno de nosotros.   



24.08.2010 08:43 / Mis artículos

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Estas han sido semanas agitadas, embarradas, abultadas. Se tejieron telarañas legales, fueros y debates, la prensa plantó banderas y está en todo su derecho. Veremos si tiene razón y si no la tiene si demuestra la hildalguía necesaria para reconocerlo con los mismos tamaños cubitales y los políticos de hacer lo propio, que de infalibles estamos hasta el moño.

El viernes de noche habíamos alcanzado las cumbres de la tensión. A esa misma hora para darnos una verdadera temperatura de la sociedad uruguaya, para que la realidad tuviera todos sus tonos, sus sonidos, sus claros y sus oscuros el Teatro Solis estaba repleto para escuchar una de las óperas más importantes de la historia de la música, considerada una de las mejores creaciones de Mozart. En el momento de su estreno recibió muchas críticas, pero desde hace tiempo es una de las grandes piezas de la lírica mundial. La dirigió en esta oportunidad el maestro Federico García Vigil.

A pocas cuadras, en el auditorio Adela Reta el Ballet Nacional dirigido por el gran bailarín argentino Julio Bocca estrenaba Giselle, una obra de amor, engaño y muerte que luego iniciará una gira por los departamentos de Rivera, Tacuarembó, Treinta y Tres, Lavalleja, Artigas, Paysandú y Soriano. A Teatro repleto.

La memorable representación de Anna Pavlova o Gallina Ulanova siempre serán la referencia obligada de esta obra en dos actos con música de Adolphe Adam, coreografía de Jules Perrot y Jean Corralli. No soy tan atrevido para opinar sobre el espectáculo, pero Julio Bocca es una garantía y un extraordinario aporte cultural y artístico para el Uruguay, que todos sabemos valorar. Por su sensibilidad, su experiencia y su talento.

En esa esquina de Montevideo mientras afuera arreciaba una pequeña tormenta de siempre, pasajera,  Bocca logró que dentro del teatro se levantara con toda su fuerza la pasión entre Giselle y Loys y los celos enfermizos de Hilarion y su sed de venganza. La desesperada muerte de Gieselle asume todo su dramatismo. Pero lo que me importa señalar es que como decía Malraux el arte expresa algo más profundo que el arte, expresa las cosas trascendentes, imperecederas de los seres humanos.

Eso no quiere decir que la política no esté compuesta de esas cosas, pero a veces hay que ser capaces de descubrirlas debajo de una capa abundante de hojarasca. Y a veces es mucha. Atraganta.



17.08.2010 14:10 / Mis artículos

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Desde que Tenessee Williams escribió su obra muchos tranvías han pasado sobre las vías y muchas pasiones humanas han sacudido la literatura. En el Uruguay actual hay tantos temas políticos para escribir que sólo tenemos la duda de la elección: los escándalos de la Armada y la duda de quién prendió la mecha y dónde terminará la terrible explosión militar; quién se descuidó y permitió que los Peirano volvieran a lucir sus inmaculado apellido; si Phillips Morris envenena en forma ligera o ultra ligera; si a los 18 años hay que borrar todos los prontuarios o dejar un vago recuerdo.
  
Y podríamos seguir. Como a los uruguayos nos encanta el pasado ahora es posible que se reabra una polémica sobre el calibre y las características de la bala que disparó José Batlle y Ordóñez en el duelo en el que mató a Washington Beltrán, o los motivos de las investigaciones históricas de Álvaro Rico y su equipo sobre los comunistas durante la dictadura. Y la lista sería interminable. Yo voy a ocuparme de una cosa nimia: de los taxis de Montevideo.

El otro día escuché una buena noticia por la radio: la Intendencia de Montevideo le entregará una chapa de taxi a la esposa de un taxista asesinado. Es una forma de compensación por la pérdida de la fuente de sustentación de la familia. Y me enteré del valor aproximado de ese apoyo: entre 80 y 100 mil dólares.

Hoy tuve que tomar un taxi. Me senté en la parte delantera, porque atrás es prácticamente imposible. No soy ningún gigante, mido un metro ochenta. El pobre chofer era como yo, con la diferencia que para mí el suplicio duró exactamente once minutos y él trabaja doce horas diarias embutido en un espacio imposible. En esta época hace frío, pero en verano ese espacio reducido, viajando como un embudito, con una temperatura de infierno, debe ser un trabajo altamente insalubre.

Los pasajeros de taxis de Montevideo, la inmensa mayoría de ellos, viajamos en condiciones insalubres y los choferes también. Y no hay ninguna, absolutamente ninguna razón para ello. No hay ninguna justificación para que los modelos de coches que se emplean para ser coches con taxímetros en Montevideo sean pequeños vehículos que con las mamparas impidan prácticamente entrar, ni que hablar viajar con un mínimo de comodidad, manejar y asegurar una correcta posición de la columna y el cuerpo del trabajador. Es injustificable.

Es un servicio público y la IMM debe, está obligada a garantizar las mínimas condiciones de habitabilidad y de comodidad. Y si una chapa de taxi cuesta entre 80 y 100 mil dólares, en los próximos 2 años todos los coches podrían perfectamente cambiarse por modelos de coches que aseguren esas condiciones imprescindibles para el trabajo y para el transporte de los pasajeros. De lo contrario todos tenemos el derecho a pensar lo peor de lo peor. Es decir las varias versiones que me han contado en diversas oportunidades muchos choferes de taxis, tratando de explicarme lo inexplicable.

Montevideo es una ciudad de turistas, donde desembarcan muchos pasajeros de cruceros y es impensable que se le ofrezcan esos coches pequeños, estrechos, sin aire acondicionado y sin las mínimas comodidades. Me refiero a la mayoría de las unidades. No se trata de elegir una marca, eso sería arbitrario e impropio, pero de establecer medidas mínimas que deben respetar los que pretender brindar un servicio de transporte público de pasajeros. ¿No funciona así en el caso de los ómnibus?

Hace muchos años que Montevideo – donde todo, absolutamente todo está regulado y reglamentado – tiene un servicio muy malo de taxis y en esos muchos años los coches se han cambiado muchas veces. ¿A nadie se le ocurrió preguntar por qué no se reglamentan las medidas y las condiciones mínimas que deben tener los coches con taxímetro? ¿Por qué no lo pregunté yo mismo?  Incluso me interesé por los valores y supe que algunos modelos cuestan menos del 10%....del valor de la chapa del taxímetro. ¿No resulta un poco absurdo? ¿Y un poco incómodo para los pasajeros y para los choferes?

 

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Sobre mí
Esteban Valenti. Periodista y coordinador de la revista Bitácora.

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