
Enrique tiene siete años y es el último eslabón de un círculo vicioso llamado familia. Inexorablemente recostado en su cama, debido a una terminal parálisis, fantasea mentalmente mientras mira el techo lleno de telarañas.
Su padre Marcelo de cuarenta y cinco años, se ha quitado la vida hace no más de un año. Su hermano Pedro de diecisiete años, incurrió a la misma solución que su padre, seis meses atrás. Su hermana Mariel de quince años, copio y pego a su vida las acciones de sus dos anteriores familiares, dejando a Enrique viviendo solo con su madre Teresa.
Todos estos acontecimientos sucedieron en el transcurso de doce meses, como una especie de domino de catástrofes, pero de esas que no tienen vuelta tras. De las que uno no puede reflexionar, y de las que uno no se levanta.
Tampoco se levanto Enrique, de hecho, no pudo levantarse durante el lapso de seis meses, en aquella mañana en que Mariel se quito la vida.
Firme como una plancha de madera, vive o sobrevive en compañía de su madre, y de los sórdidos recuerdos que lo dejaron paralizado.
Teresa, preocupada y sobrepasada por los hechos, decidió dedicar su vida y su alma al único sobreviviente de su familia. Es por eso que no se cansa de escuchar y leer resultados médicos que dicen que su hijo jamás volverá a caminar. No volverá a correr, y muchos menos volverán a sonreír.
De los cinco integrantes de la familia, todos tuvieron algo en común; Rubén, el psicólogo familiar que jamás llego a poder realizar una terapia coherente, sino más bien, se dedico a apagar incendios demenciales en una familia en la que el dolor pregona.
Luego de la muerte de Maribel, Rubén le pidió encarecidamente a Teresa que asistiese a terapia no menos de dos veces por semana.
Durante ese tiempo hasta el presente, se tocaron en dichos horarios psicoanalíticos temas tales como la enfermedad de su hijo. Quien aparentemente sumado a su parálisis, comenzó a balbucear cosas sin incoherencias. Poniendo en alerta máxima a su madre, y preocupando a Rubén por el cuadro critico que el menor sufría.
Mientras Enrique comenzaba a desarrollar escaras de tanto estar acostado, y su cuerpo se comenzaba a oxidar, simultáneamente Rubén no podía conciliar el sueño. Se despertaba a la noche, y en vigilia tejía supuestas respuestas a la enfermedad del joven.
Por eso una tarde decidió acercarse hasta la casa de Teresa con un medico amigo, al cual le tenia muchísima confianza en su criterio.
Luego de una serie de análisis clínicos, ambos licenciados se retiraron de la casa del joven y aguardaron los resultados que develen una respuesta a la inquietud de Rubén.
Al cabo de un mes, Horacio, el medico, se comunico con Rubén para explicarle que el joven padecía una alteración en el sistema nervioso, y que debido a eso había perdido la movilidad de su cuerpo desde el cuello para abajo.
Consternado por la noticia, y sin explicación alguna de los síntomas del joven, Rubén sumo más de cien noches en vela intentando buscar una cura.
Al cabo de cuatro meses, y con una idea fija acerca de la Madre del joven, Rubén despertó una noche exaltado por una idea que no lo dejaba dormir.
A las cuatro de la mañana de un día jueves, irrumpió en la casa de Teresa sin darle explicación alguna. Si la misma no hubiese llegado a abrirle la puerta, el psicoanalista la habría tirado abajo con sus demenciales golpes.
Corrió hasta la habitación del niño y luego de prender la luz se coloco exactamente al lado de su cabeza.
Comenzó a hablarle despacio, como si estuviese despertándolo de una pesadilla, hasta que el joven ario sus ojos.
De repente, con un movimiento brusco e inesperado, Rubén retiro la almohada de la cabeza de Enrique.
Teresa gritaba desesperada, ya que luego de ver a Rubén arrancarle literalmente la almohada a su hijo, sospechaba que el psicólogo se había vuelto loco.
Rubén se mantenía inmóvil e inalterable. Por sus ojos caían lágrimas, pero en su boca se manifestaba una sonrisa enorme de felicidad. Mientras recibía golpes en su brazo derecho, por parte de Teresa, Rubén hizo contacto visual con Enrique, y mientras se acostaba en la cama, le dijo unas palabras.
Rubén
- Enrique, querido. Me quitaste el sueño por mucho tiempo, pero hoy voy a dormir tranquilo. Te acabo de sacar la almohada de la cabeza, ¿Te diste cuenta? ¡Saque la almohada de tu cabeza! Sin embargo, tu cabeza no se cayó. Tu cabeza esta erguida, por que algo la sostiene. Si verdaderamente estuvieses enfermo, tu cabeza habría caído al colchón, pero te mantenes firme. Perdóname.
Rubén envolvió al niño en una sabana, lo cargo en sus brazos, y lo saco por la puerta principal en presencia de la madre, que con su silencio atroz, parecía aceptar el hecho.
En la carta que Rubén escribió al servicio social dos mes mas tarde, ante la petición pertinente de adopción sobre Enrique, explico muchísimas cosas interesantes.
Pudo comprobar que nadie nace loco, que loco se hace. Pero lo más llamativo de todo, es que al loco le conviene volverse loco. Si, así como lo leen.
Nadie se ha acostado a dormir una noche y ha amanecido diciendo locuras. Sin embargo, las personas que no pueden convivir con los hechos reales, o que simplemente la realidad y el dolor los supera, deciden de alguna forma extraña sumergirse en el mundo de la locura. Ya sea para olvidar, para no ver, o para no moverse como en este caso.
Enrique decidió no moverse para no suicidarse. Su locura, fue la más sana de todas, ya que si todos sus familiares hubiesen quedado inválidos, quizás hoy estarían en la sala de reuniones familiares de Rubén.
Sin embargo, a veces la sanidad mental nos cuesta la enfermedad momentánea. Nadie quiere sufrir, nadie quiere vivir dolido, y mucho menos paralizado.
Pero la vida nos demuestra una y otra vez, que a medida que vamos avanzando, no siempre quiere decir que lo hagamos de manera correcta. Crecer no siempre es un beneficio. Muchas veces es mas sano quedarse parado, que mover para adelante sin rumbo alguno.
En este caso en particular, el problema oculto era Teresa, una madre que llevo a todos al suicidio. Y es cierto, en todas las sospechas, generalmente el menos pensado es el culpable.
Desde hoy, cada vez que vea a un loco, entenderé que fue su elección. Que de alguna manera, él, esta más sano que yo.
Fuente : El bobero http://elbobero.com/la-verdad-de-los-locos/#more-109
NOTA PREVIA : LA OBRA PICTORICA SE LLAMA MUSICAL Y ES DE MI QUERIDA AMIGA CECILIA SCAFFO LA CUAL SE APOYA EN DIOS DIA A DIA Y SE QUE ESTOY PRESENTE EN SUS PLEGARIAS LO CUAL AGRADEZCO.No es cosa simple para un no creyente vivir en un país religioso , no quiero desde acá atacar a nadie o tratar de imponer mis ideas.
Vivo en el estado de Israel , el cual se formo en base a la unión de personas de todo el mundo con un origen en común , ese origen era religioso venia de Dios .
Dios elige al pueblo de Israel como su pueblo y nosotros somos los poseedores de la verdadera versión de la palabra de dios , sin intermediarios ni traductores, la Biblia judía esta escrita en el mismo idioma en que se escribió y la leemos de su fuente.
No paso por dos o tres traducciones como lo hizo la Biblia catolica lo que genera la perdida de conceptos o criterios .
Pero igual son diferentes puntos de vista de ver algo , para mi el Tanaj es un manual de como comportarse frente a los otros humanos , escrito y redactado por manos humanas , mortales y perecederas como todos nosotros , es hermoso , justo a veces y cruel otras.
Como obra literaria es invaluable , como guia espiritual también .
Pero yo no creo en Dios , vengo de una familia Montevideana tipo (tipo manicomio) mi padre es un burgués que cree en dios mas por comodidad que por convicción mi madre era mi pilar ideológico , de ella aprendí todas las bases de la literatura, la cultura y la religión y aunque fue educada en un colegio de monjas ( o porque fue criada en un colegio de monjas) no creía en Dios.
Luego vine para Israel y ya estaba mi hermano y luego decidió venir , en una mezcla de valentía ,inconsciencia y sionismo mi madre.
Israel la maltrato , no la acepto por su condición de no judía no la quería dejar quedar , ella lucho e insistió eligió un camino de transformación y abrazo al judaísmo en pleno hizo lo que se llama guiur o curso de conversión , y hoy es una judía religiosa practicante casi ortodoxa . No voy a negar que ha sido un golpe para mi pero también aprendí de ella el comprender y aceptar a los demás .
No puedo dejar de pensar que las religiones son bastones que precisa la sociedad para aferrarse o para darle por la cabeza al otro , así como es usada por círculos de poder para manejar al resto , no encontré nunca una persona que viviera al cien por ciento lo que predica religiosamente y no voy a hablar de acá de los torturadores o estafadores yendo a misa los domingos o la sinagoga en kipur .
Yo pase dos o tres prueba dificiles y nunca me encomendé a dios , nunca le pedí nada , quizás cuando mi problema era el juego , pedía algún numero en la ruleta , pero en ese momento no me reconocía enfermo, así que no lo cuento.
Igual bien aventurados todos los que creen y los que no creen y como me dijo un rabino al cual quiero mucho los que creen que no creen. .