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09.05.2012 09:25 / Reflexiones

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Los militares y la Constitución

Por Carlos Santiago (*)

Los temas para analizar esta semana, por su gravedad, deberíamos barajarlos varias veces y tratar de dejar apasionamientos fuera de contexto, para tratar de llegar con la mayor serenidad a plantear alguna reflexión que le sirva de algo al lector.

Algunos temas candentes los postergaremos por miedo de cansar a los lectores y, por supuesto, de no tener suficientes respuestas a los desafíos de análisis que nos plantean los mismos.

La actualidad que nos convoca por estos días, es fundamentalmente la subversión de la ley, verificada en los motines carcelarios que llevaron a tragedias y a medidas adoptadas bajo el imperio de la urgencia. Pero también se verificaron definiciones ideológicas que, lamentablemente, son contrarias a los intereses del país y otras como las de una senadora que muestran el lamentable nivel político y la envoltura de impunidad que se le brinda en el Uruguay a algunas personajes por estar íntimamente ligados al poder.

Quizás algunos, como en el caso de las disparatadas declaraciones de la senadora que mencionamos, estén comprendidas en los márgenes del pensamiento del marxista italiano, Antonio Gramsci, que entendía que la superestructura "es la interdependencia recíproca de la Sociedad Civil [hegemonía] y de la Sociedad Política", y que dentro de la superestructura actúan, entre otros, el ordenamiento jurídico, que es de lo que estamos hablando aquí.

En la estrategia de Gramsci se establecía que: "Por eso la importancia que, a diferencia de Marx, atribuye a la superestructura. No es cambiando las relaciones económicas como vamos a hacer la revolución, sino cambiando la superestructura [y nosotros agregamos, cambiando, por ende, el ordenamiento jurídico], es decir, creando ante todo una nueva hegemonía que transforme la sociedad; luego vendrá la conquista del Estado, pero ésta deberá pasar por la transformación de la sociedad civil en la que el Estado se apoya".

Y con suma habilidad, Gramsci sabe que ningún Estado asegura su gobernabilidad si no cuenta con el apoyo de la sociedad que, en el caso del gramscismo, fue previamente transformada y que exigirá, ya subvertida, que el Estado cumpla con lo que le pida. En la realidad cuando ocurrió algo parecido a esto, el Estado reflejo de un partido único, con un ejército como sueña la senadora, se eternizan en el manejo del Estado y los actos de gobierno siempre se convierten en fechorías. ¿O no?

Pero, por más que queramos torcerlos o reducirlos, los hechos están presentes, son incontrastables y tienen todo tipo de perfiles. Las insólitas declaraciones antidemocráticas de la senadora, que además de mostrar una supina ignorancia sobre lo que está ocurriendo hoy en la Argentina y mucho más, aún, sobre como caracteriza al respecto nuestra Constitución Nacional sobre lo que significa la tarea de las Fuerzas Armadas, en un extenso reportaje concedido a la agencia Télam, afirmó al pasar tener sana envidia por la existencia del grupo la Campora, verdadera grupo de torcida inteligencia del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, que además actúa para el enganche de la peor estofa politiquera, al peor estilo, de jóvenes atraídos a integrarse a la misma por una carpeta de cargos que generosamente le otorga el gobierno argentino para repartir.

Sobre los militares uruguayos afirmó la senadora, quién obviamente no luce un currículo mayormente lucido, que su aspiración era lograr que por lo menos la cuarta parte de los oficiales y la mitad de la tropa respondieran al proyecto del FA (¿o del MPP???).

Olvidó que la Constitución de la República, la que todos debemos cumplir en un estado de derecho y que la mal llamada clase política conocer (y más un senador de la República), establece que los militares no pueden actuar en política partidaria, determinando sanciones que van hasta su destitución. Sin embargo para esta señora es una aspiración de fondo cambiar esa situación, consolidada en nuestra carta magna.

Sin embargo no plantea ni siquiera que para que ello ocurra sería necesario modificar nuestra carta magna. Quizás, ahora se comprenda, porque esta señora es quién siempre propició modificarla convocando una asamblea constituyente, por lo cual esa búsqueda soñando con un sistema similar con el chavismo también estuvo de más.

¿Cómo debe sentirse de inseguro en Presidente Mujica con una retaguardia como esta que, obviamente, lo hace pisar en falso cada poco tiempo? Un Presidente que trata de abrir su acción política, reuniéndose el lro de Mayo, con empresarios y concurriendo, después, al acto organizado por el PIT-CNT, en una actitud de intentar el diálogo entre los sectores sin imponer ningún camino o formas de actuar.

Es decir que en el pensamiento de la senadora está crear una nueva una nueva hegemonía que transforme la sociedad, basada no en la democracia sino en la capacidad de presión de unas fuerzas armadas adictas; luego vendrá la conquista definitiva del Estado, pero ésta deberá pasar por la transformación de la sociedad civil en la que el Estado se apoya". Y con suma habilidad, Gramsci sabe que ningún Estado asegura su gobernabilidad si no cuenta con el apoyo de la sociedad que, en el caso del gramscismo, fue previamente transformada y que exigirá, ya subvertida, que el Estado cumpla con lo que le pida el grupo de poder.

Si consideramos, por ejemplo, los rumores que presagian el seguro advenimiento de la legalidad de algunas drogas comercialización de la marihuana, como se reclamó desde la tribuna del PIT-CNT-, veamos qué actitud acusa la sociedad. Por no quedar tipificados como "fachos" o "nazis" o "genocidas", abuelas de familia, profesionales y hasta jóvenes adultos parecen aceptar la novedosa idea que da un amplio beneficio a los consumidores de estupefacientes pero, resulta que, cuando ocurre una seguidilla de asaltos, esos mismos exponentes que avalan la legalización de las drogas endilgan el incremento de la inseguridad a "la circulación de la droga en las calles".

Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Aceptan el libertinaje que desatan en los seres humanos las sustancias tóxicas o quieren seguridad en y para las ciudades? Allí está presente, por lo tanto, el ardid de la teoría subversiva de Antonio Gramsci. Una mayoría yace transformada y con una idea subvertida que acepta sin discusión, y de esa misma idea subversiva, la clase dirigente (el Estado) se hace eco y la impone por ley.

Y recordemos que la marihuana, como se establece en cualquier libro de medicina psiquiátrica, también afecta en el sistema nervioso central, determinando una destrucción paulatina de la personalidad.

Claro, no tiene la virulencia asesina de la pasta base, verdadero veneno que está quebrando a los sectores más débiles de nuestra sociedad y que no fue sancionada su venta y distribución con virulencia, porque desde la Junta de la Droga se había establecido que ello era atentar en contra los derechos humanos de quiénes?, los traficantes. ¿Por qué? Porque es la droga de los pobres ¡Cual obtuso pensamiento!

Otro caso similar es el que aconteció no hace mucho, cuando la confundida opinión pública, palanqueada por el gobierno de CFK comenzó a sumarse al reclamo nacionalista de la soberanía sobre las islas Malvinas. Sin embargo la presidenta argentina encontró obstáculos muy grandes en la reunión de presidentes de Cartagena y una posición inamovible de Gran Bretaña, por lo que el camino se le estrechó.

El plan B para fomentar el ultranacionalismo era el adoptar la acción en contra REPSOL YPF, afirmando con grandilocuencia que el petróleo y el gas volvían a ser argentinos. Y el tiro, en primera instancia no falló. CFK dio marcha atrás por lo ella misma votado durante el gobierno de Carlos Menem, traspasando YPF a REPSOL, decretó la confiscación de las acciones de la empresa española y logró cumplir, con el apoyo popular, el postulado de Gramsci: "ningún Estado asegura su gobernabilidad si no cuenta con el apoyo de la sociedad"

Hasta la oposición política, que en un momento balbuceó críticas, no se atrevió a mantenerlas en el ámbito legislativo. Veremos si el único que se jugó todos los boletos en contra, el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Macri, que planteó su oposición total a lo actuado por CFK, no termina sacando réditos políticos hoy incuantificables cuando la gente perciba que no es posible el autoabastecimiento energético sin dinero suficiente para la prospección petrolera y gasífera, por el momento imposible de lograr.

Sin embargo Macri, por los que se subieron a la ola ultranacionalista es calificado con ese término tan argentino de gorila . Recordemos que De la Rúa, otro presidente soberbio, no utilizó lianas para dejar la Casa Rosada, sino debió salir rumbo desconocido en un helicóptero, en un lastimoso y decadente hecho político que muchos todavía recuerdan.

Veremos que le pasará al CFK. Esperemos, por el bien del sistema democrático, que llegue al fin de su mandato.

¿Qué pensaría Antonio Gramsci al respecto? Especialmente cuando el apoyo de la sociedad desaparezca.


(*) Periodista.

 



01.05.2012 12:43 / Reflexiones

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Sobre demagogia, soberbia e inmadurez

Por Carlos Santiago (*)

El daño para la economía argentina ya está hecho y no es reparable por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, por más que momentáneamente muestre una enorme satisfacción por los aplausos chovinistas que se emocionan ante la nacionalización del 51% de las acciones de YPF...

El daño para la economía argentina ya está hecho, decimos y ya no es reparable , por más que momentáneamente muestre satisfacción por los aplausos chovinistas, falsamente emocionados ante la nacionalización de las acciones de Repsol-YPF, aunque el petróleo siempre haya sido argentino y la caída de la producción sea el resultado de la política de precios (dirigismo kirchnerista) que paga la extracción del petróleo y gas lo que cruzando la frontera argentina se multiplica muchas veces a las mismas empresas.

El yacimiento de gas encontrado el Bolivia, que duplica la producción del país del altiplano, es extraído por Repsol. Gas del que depende Argentina para surtirse y no provocar un colapso energético mayúsculo. El mismo gas que llega a Uruguay, por cuanta gotas, a través del subutilizado gasoducto y por el cual Argentina no tiene agarrado firmemente, cobrándole a nuestro país un peaje desusado.

La demagógica política de precios utilizada por el dirigismo argentino con los combustibles nos afecto de varias maneras. Por ejemplo ANCAP, que había comprado una red de estaciones de servicio en la vecina orilla, debió malvenderlas, pues las reglas del juego nunca fueron las de mercado abierto, sino directamente dirigidas a perjudicar, por distintos vericuetos, a las empresas que trataban de hacer pie allí.

Salvando la distancias, Repsol en la Argentina sufrió un proceso parecido al de las empresas de ANCAP que, además, sufrían el lastre adicional de tener una administración regida por una burocracia estatal que (se imaginan los lectores!), tenían sueldos muy superiores a la media de los uruguayos de a pie.

Es bueno recordar que ninguna de las empresas de ANCAP que funcionan en el derecho privado son superavitarias. Claro, tampoco son las demás, las del régimen público, pese a que en Uruguay los precios de los combustibles, por más que la carga impositiva es mayúscula, son récords o campeones en América y el mundo, como dice la canción deportiva.

Sin embargo CFK, en su afán de protagonismo, luego de advertir que su campaña de Malvinas no tenía eco y los británicos, al igual que en el pasado, no estaban dispuestos a ceder un ápice a las aspiraciones argentinas, sin encontrar correspondencia tampoco en la reunión de Presidentes de las Américas que se realizó en Cartagena, resolvió ponerse la malla del patriotismo y tirarse al agua.

Nacionalizó las acciones de Repsol-YPF, colocando a su frente a un ministro tan controvertido como poco confiable, Julio De Vido, sin importarle que el mundo empresarial de le echara encima y que la Argentina del default de Rodríguez Saa, comenzara de nuevo a trastabillar ante los inversionistas, pasando a ser la oveja más negra de occidente.

Nacionalización de una empresa, la mayor del país vecino, anunciando además que no pagará un solo dólar por la espectacular acción fogoneada por los jóvenes de La Campora, es un hecho de enorme significación negativa.

La ola ultranacionalista argentina se hizo sentir casi de inmediato y la oposición, que en un comienzo balbuceo algunas críticas, se sumó a la cruzada nacionalista , votándose casi por unanimidad en el Senado argentino la Ley que le fuera enviada al respecto por el gobierno, mostrando todo un proceso de sorprendentes aspectos contradictorios.

La Unión Cívica Radical, por ejemplo, en otro ejemplo de incoherencia, votó a favor el proyecto en lo general pero todos y cada uno de los artículos en contra. Las explicaciones sobre este comportamiento no son comprensibles por nadie en el mundillo político del Río de la Plata.

Ahora se maneja que la filial argentina de la ítalo-española Endesa podría quebrar en los próximos 60 días por obra de las subsidiadas tarifas eléctricas del kirchnerismo. Será otro momento de tensión con España y con Italia. La presidenta CFK elevó la tensión con España hasta convertir la situación en un drama histórico y emocional inexplicable. Las encuestas son importantes, pero no son un dios que merezca poner de rodillas a nadie.

Sin embargo para el gobierno argentino son el pan diario y con él se alimentan, más allá que para la presidenta está también su soberbia que parece un elemento decisivo a la hora de adoptar cualquier medida, fijar política o designar colaboradores. Es necesario, que como los cortesanos del parnaso, giren sumisos tras los reyes (en este caso las reinas), claro, sin los niveles de esa cumbre intelectual que mencionamos. Claro, la casa rosada no es el oráculo de Delfos, aunque la presidenta CFK quiera que sea un gran recinto sagrado dedicado principalmente a adorar a los dioses y especialmente a la diosa que queda.

En el mundo terrenal la acción del gobierno argentino crea un precedente que sumado al del default, le pueden provocar consecuencias graves, no supuestas, claro, que no afectará a quienes en el parnaso que es la casa rosada, utilizan zapatos de miles de dólares, vestidos siempre comprados en boutiques con precios del ler mundo, al que no concurren los argentinos a los que se les recortan los subsidios.

Es posible la exclusión de organismos internacionales de comercio (ya se anuncia que le será retirada la invitación para participar en el grupo de los 20), la pérdida de preferencias arancelarias en mercados clave para su producción, la mayor dificultad para las empresas privadas (y públicas) como la nacionalizada Repsol-YPF a la hora de acceder al mercado de capitales y la desviación de la inversión extranjera hacia otros puntos. Estos son algunos de los escenarios que se le abren al país vecino, ninguno de los cuales a sido medido en su importancia por el gobierno.

Pero hay otras complicaciones graves que genera la medida y que trascienden a la economía argentina. La región corre el riesgo de ser identificada con la decisión de un gobierno que no representa la voluntad, los valores y los lineamientos de sus pares del continente. O al menos, no de todos ellos. Y en ese grupo de disidentes debería encontrarse Uruguay. Es importante como sostiene el diario El Observador - que el gobierno de José Mujica brinde un discurso claro al respecto.

No hay necesidad de confrontar públicamente con el gobierno kirchnerista, no es necesario salir en defensa de los intereses de YPF, que a Uruguay no le valen de mucho. Lo que sí debe hacer es enfatizar que ese tipo de medidas se aplican del otro lado del Río de la Plata, pero de esta margen se elige hacer las cosas de una manera distinta.

Lo que parece evidente es lo que ya hemos dicho en notas anteriores. Las condiciones en la Argentina son totalmente negativas para todos los objetivos en el proyecto de Ley elevado por CFK confiscando los bienes de Repsol-YPF.

En el mundo no hay empresas petroleras, ni financiadoras, ni siquiera colocadoras de capitales de riesgo, que estén dispuestas a invertir en la nueva YPF, por lo qué no parece viable que puedan incrementarse la prospección de petróleo o gas, aumentándose la producción Paralelamente la política proteccionista que rompe la legalidad del MERCOSUR, y además la lógica económica que llevó, en su momento, hasta el nivel de establecer plantas maquiladoras en la zona de Tierra del Fuego.

El cierre de las importaciones ha determinado, por ejemplo, que la mayoría de las maquilas de esa provincia sureña estén paralizadas por falta de los insumos importados con qué se arman los aparatos electrónicos que son característicos de la producción de esa zona.

El mismo fenómeno ocurre en muchas más empresas argentinas que integran a sus productos componentes extranjeros, como las plantas armadoras de automóviles. La política de amistad a toda prueba del mujiquismo con el gobierno de CFK, la que proviene del pasado tupamaro y montonero de los dos personajes, determinaría en las próximas semanas la autorización de algunos rubros textiles, siempre que sean prendas terminadas. La medida no superaría la decena de permisos y sería por una vez, sin mantenimiento en el tiempo.

Las nuevas exportaciones de los mismos rubros, también terminados, deben cumplir nuevamente todos los trámites y esperar otra autorización del secretario de Comercio, Guillermo Moreno.

Sin embargo al pasar raya, algunos economistas han comenzado a plantear su preocupación porque observan que la inflación en Argentina, fue en un régimen anualizado superior al 20%, superaría en el año que corre el 30%. A fines de este año, con el impacto que tendría ese proceso alcista en la caída del nivel de vida, la crisis sería una realidad ostensible.

Es evidente que los argentinos tratarán de seguir apostando al alto consumo, lo que les será imposible (ya escasean los elementos importados), y parece como necesaria en el vórtice de la crisis, una actualización de tarifas, entre ellas las de los combustibles que deberán por lo menos triplicarse para hacer que las inversiones petroleras en la nacionalizada Repsol YPF sea mínimamente rentables.

Pero además falto todo lo demás. Con una infraestructura atrasada y poco mantenida, el subte de Buenos Aires en litigio con el gobierno de ciudad, los ferrocarriles tan vetustos como los de AFE, pero exigidos a un régimen superior. Crisis inminente en la producción de energía, producto también de la demagogia metida en la política tarifaria y cientos de etcéteras más.

Obviamente el futuro argentino, timoneado por CFK, está dirigido a una tormenta que convertirá a la presidenta argentina en otra réproba. Vivirá, sin duda, un proceso parecido al de Carlos Menem, cayendo violentamente de una roca de Tarpeya construida sobre restos de su insolencia, soberbia e inmadurez.

(*) Periodista.



22.04.2012 08:43 / Reflexiones

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La “confiscación” de REPSOL-YPF

Por Carlos Santiago (*)

            Argentina no tiene buen acceso al crédito internacional y el poco que le llega es de tasas de interés que superan las posibilidades de cualquier economía, todo ello luego de la “fiesta del default” que impuso en su corto mandato el presidente Rodríguez Saa como corolario de la crisis del 2002. Ese fenómeno que determinó una muy corta “fiesta nacionalista” es uno de los factores que están mostrando la caducidad del modelo kirchnerista, en franco retroceso, sin fondos de caja para mantener uno de los caballitos de batalla que son los subsidios que paulatinamente están siendo eliminados y, menos aún, para lograr el autoabastecimiento de hidrocarburos como se prometió por estos días.

Sin embargo parecería que Cristina K al anunciar la confiscación de Repsol-YPF, que lesiona aún más, gravemente, la credibilidad argentina frente al mundo, sin tener en claro que la mecánica económica que están poniendo en marcha sirva para aumentar la producción de hidrocarburos y gas para lo cual se necesita algo que Argentina no tiene, capitales para invertir en prospección los de que ninguna manera podrán recabar en el exterior. ¿Qué petrolera o banco del mundo acordaría, en esta situación descontrolada, la inversión de capitales en tareas de busca de hidrocarburos, ante la imprevisibilidad de un gobierno que montado en un nacionalismo claramente falso, se inclina por la demagogia tratando de sostener un modelo que, en nuestra opinión, ha fenecido en su esencia?

Pero la decisión demagógica que anunció la Presidenta el lunes último, ¿provino en última instancia de ella misma o de la mayoría del pueblo que, según se lo decían las encuestas, se inclinaba por la estatización? Es bien posible que haya aparecido de nuevo el mentado ultranacionalismo que caracteriza a la Argentina, donde se saludara con vítores y bailes el dafault de Rodríguez Saa y antes, la irresponsable acción de la dictadura militar de invadir las islas Malvinas, dos hitos festivos negativos que el pueblo vecino sigue pagando con dolor y lágrimas. El dafault todavía es el que afecta el crédito de Argentina por el mundo. Fiestas que tuvieron finales inesperados y frustrantes para los deseos generales, que se volvieron en un corto plazo en un boomerang contrario a los intereses del país y que nunca dejó de tener consecuencias nefastas para las relaciones financieras de los con el mundo.

Cristina K eligió de nuevo la demagogia, que es en lo inmediato "políticamente" racional en el sentido de que, si el objetivo de un político es ganar momentáneo  poder y aplausos de claques regimentadas, el camino es el elegido.  Demagogia que cala tan hondamente que podría serle funcional a este objetivo si la mayoría del pueblo, desacostumbrando de las quemaduras con leche, aplaude.  Resistir a esta tentación es en lo imaginario  "económicamente" racional porque apunta al desarrollo de la nación, como ocurriera con la invasión a Las Malvinas, tras la cual los militares golpistas recibieron un apoyo popular masivo. La otra racionalidad es la del largo plazo, la de adoptar medidas que lleven realmente al progreso sostenido. ¿

Por cuál de estas dos racionalidades debe apostar el gobernante? El dilema entre lo político y lo económico sólo es posible cuando la mayoría del pueblo, aún fascinada por consignas finalmente contraproducentes, escoge el "hoy" en desmedro del "mañana" y aplaude a rabiar cualquier medida de corte populista que, solo en apariencia, reafirmen la nacionalidad de lo argentino. En esto la constante es que siempre los argentino se han equivocado y las “fiestas” se han convertidos en dramas de hondas repercusiones.

En una nota publicada en el diario argentino La Nación, el periodista Mariano Grondona, comenta que  “la dificultad de optar entre la demagogia "internista" del corto plazo y la sabiduría "externa" del largo plazo reside en el hecho de que tanto la demagogia como la responsabilidad vienen a ser, en diferentes aspectos, "racionales". (1)

“Analizando la historia hay mandatarios que no eligieron la demagogia cortoplacista sobre el largo plazo. En su momento a Kennedy no le impidió ganar las elecciones, fue porque el pueblo le dio la victoria gracias a su larga experiencia democrática de casi doscientos años, a la inversa de una convulsionada e inexperta democracia, que se halla todavía, quizás, en su edad adolescente. ¿Habrá que esperar por ello que esa democracia tan “sui géneris” madure el tiempo necesario para repudiar a los demagogos? Cuando la demagogia muestre al fin sus frutos venenosos, recién entonces las mayorías podrán desenmascarar el ardid de los demagogos. ¿Cuán lejos de nosotros se halla, todavía, esta venturosa iluminación como la que encendió la indignación luego del desastre de Las Malvinas y del default que determinó que el mundo financiero diera las espaldas a la Argentina?

Cada una de las iniciativas oficiales que ahora son presentadas como vinculadas al modelo K son puestas sobre la mesa como gestas patrióticas imposibles de rechazar. Igual que la expropiación y estatización de YPF, ¿quién se podría negar a convalidar el pago de la deuda externa, si eso, supuestamente, nos permitía a los argentinos liberarnos del yugo del Fondo Monetario Internacional?; ¿quién se podría oponer a que la Anses estatizara las administradoras de fondos de pensión, si supuestamente las empresas de jubilación privada se "timbeaban" el dinero de pensionistas o lo consumían en enormes gastos de administración y el Estado, en cambio, venía a reparar semejantes injusticia? ¿Quién sería capaz de cuestionar la recuperación de la aerolínea de bandera, luego del descalabro que, según Ricardo Jaime, protagonizaron los socios españoles de Marsans? Ahora el descalabro es mayor y la administración, como se sabe, está en manos de los jóvenes de La Campora y Jaime está siendo investigado por graves “maniobras” que lo han enriquecido a niveles siderales. Los fondos funcionarios se han ido vaciando para posibilitar que la “mano rota” del gobierno siga activa y el modelo K vigente.

Una buena parte de la sociedad puede estar entusiasmada con la movida aparentemente nacionalista en que Cristina K borró con el codo lo que votó con la mano, cuando su marido era el gobernador de una provincia petrolera. Allí se jugó por la privatización.  Esta película ahora le faltan unas cuantas escenas. No está, por ejemplo, la principal. La de la crisis energética que obliga a la Argentina a importar combustibles por 14 mil millones de dólares anuales y que empezó en 2004, que fuera denunciada por decenas de expertos en 2008 y ahora provoca un grave impacto en la balanza comercial y la economía general. Tampoco figura la escena del persistente aumento del costo de vida, que obligará al Gobierno a recurrir a las reservas del Banco Central y así distorsionar todavía más la lógica económica (la inflación se calcula en más del 20%). Nadie habla ahora sobre la olla a presión de miles de pequeños ahorristas que pretenden comprar dólares porque saben que está demasiado barato y que a corto plazo se concretará una devaluación drástica. Y, por supuesto, en este gobierno poblado de funcionarios no muy idóneos, nadie está dispuesto a hacer una mínima autocrítica a Cristina K., después de nueve años de intenso y abrumador ejercicio del poder kischnerista. De cualquier manera, deben computarse, otra vez, a favor de Cristina K. y su pequeño círculo íntimo, la audacia y el sentido de la oportunidad para anunciar la noticia del año y ejecutarla con energía y sin complejos, aunque esta tenga un aspecto demagógico enorme y sus resultados prácticos muy discutibles y el favor logrado entre la población más que de corto plazo.

Cristina K. volvió a recuperar la iniciativa política y la agenda. El escándalo que involucra a Amado Boudou, el costo político que venía pagando por la tragedia de Once, el aumento de la yerba, la preocupación por la quita de subsidios y el crecimiento de la inseguridad pasaron a segundo plano, porque ahora la discusión de café quedó reducida a la idea de que ya era hora de que la Argentina recuperara su petróleo y los dividendos no se fueran a España. Aunque los dos objetivos no sean más que falacias publicitarias.

Una discusión que es producto de una clara expresión de deseos, cortoplacista y que se acabara cuando se deban ajustar las tarifas de los combustibles a la realidad. Con el actual régimen tarifario – es evidente – la “recuperada” YPF no podrá recuperar las tareas de prospección ni lograr – como se anuncia insistentemente – el autoabastecimiento.

Y todo se acallará cuando los argentinos deban pagar un dólar apreciado lo que es el correlato lógico de esta política proteccionista que, pese a la eficiencia despótica de Moreno, no está dando los resultados buscados.

(1) Diario La Nación de Buenos Aires.

(*) Periodista

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Sobre mí
Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada. Profesión: periodista. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que "me impongo en cada una de mis notas periodísticas" En verdad, un verdadero dinosaurio, tímido, vicioso y apasionado. Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, "en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que, generalmente, me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo"

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