Eliza y Miguel
Desde la Costa de Oro, aquí habrá de todo un poco, ojalá les guste.

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02.09.2008 03:10 / Relatos de Miguel

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Había nacido en Merlo, al Norte de la provincia de Buenos Aires. Recordaba los primeros años de su vida como los más hermosos por el cariño de su madre; ella veía en él lo mejor que le había dado la vida.

Su padre en cambio fue duro, casi insensible, su único mérito fue aportar algún dinero para la casa. Por lo demás, la mayor parte de las noches llegaba borracho, a golpearlos a los dos.

Gracias a que la madre trabajaba, a Belisario no le faltaba nada. Pero un día, cuando tenía 12 años, ella  -joven aun-  se enfermó, y en dos meses se marchó de este mundo, dejándole un gran vacío.

Su padre le brindó un poco de atención por unos meses, pero poco tiempo después trajo a vivir a su casa a una mujer más joven que él. A partir de ese momento, la vida de Belisario se convirtió en un tormento por el maltrato de la mujer... con la complicidad de su padre, que nada hacía por defenderlo.

Cuando tuvo 15 años, tomó la decisión de escaparse de esa casa que ya no sentía suya. Sin su madre, ya no había motivo para vivir ahí. Juntó la poca ropa que tenía y se marchó a la ciudad de Buenos Aires con dos amigos que sufrían algo parecido. Y pudo sobrevivir a todos los problemas que tiene la calle, para adolescentes de esa edad.

En el año 69 lo conocí. Él tenía 26 y yo 38. Había viajado a Montevideo con una chica de 16 años, hija de un fuerte empresario argentino y éste, creyendo que su hija había sido raptada, había hecho la denuncia a INTERPOL y a su vez viajó a Montevideo con policías pagos por él, porque se sospechaba que habían cruzado el río.

Pero la historia era otra. Alicia, que así se llamaba la chica, había conocido hacía algún tiempo a Belisario en uno de esos tantos boliches de aquel Buenos Aires, donde estaban en onda los hyppies. Y sabiendo que su padre se iba a oponer a esas relaciones, decidió escaparse con su novio para Montevideo.

Nunca supe cómo habían ingresado, teniendo en cuenta que ella era menor y no tenía permiso de Migración. Cuando los medios de comunicación de Montevideo informaron que estaban requeridos por la policía, ellos se presentaron ante las autoridades y Alicia declaró que había viajado por su propia voluntad y que Belisario no había influido en su decisión.

David W.  tuvo que aceptar  -no de buena gana-  que esa hija para la cual deseaba un marido con una firme y abultada cuenta corriente, se había enamorado de un don nadie sin ningún futuro. Para David, lo más importante en esta vida, era una buena posición económica. Lo demás, era secundario.

Y ahí estábamos, en el boliche Alhambra, en Juan Carlos Gómez y Sarandí, donde a principios del siglo XX había un hotel con el mismo nombre. Hoy es uno de los tantos locales de comidas al paso "La Pasiva" que hay en la ciudad.

Allí estaba David resignado junto a su esposa Mary,  Alicia, Belisario y yo. Belisario Carranza, a primera vista, me pareció un extraño personaje. Simpático, cordial, sin arrogancia pero con un dejo de seguridad que se notaba. Era entendible que todo ese despliegue realizado por David en busca de su hija, lo hubiera molestado.

Alto, rubio, pelo largo, barba, cuidadosamente arreglado, camisa y pantalón vaquero marrón claro y botas cortas también marrones. Alicia era una hermosa chica, como escapada de alguna revista de modas o un cuento de hadas. Pelo largo, blusa ajustada, pollera minifalda y botas.

Una semana después se casaban en una sencilla ceremonia; no tanto por ellos sino para la tranquilidad de David, que terminó aceptando  -sin comprender-  que el verdadero amor está por encima de todo nivel económico y no sabe de finanzas.

Belisario era un excelente artesano, capaz de convertir las chapas en anillos, collares, portátiles, o cualquier creación de hermosas piezas de gran valor artístico. Estudiaba Sicología, junto con Alicia.

En poco tiempo hicimos una linda amistad. Muchas tardes y noches nos encontrábamos en su bulín de Guayaquí y Canelones, a charlar mientras él trabajaba. También lo veía en Punta del Este, donde vendía sus trabajos en la Plaza de los Artesanos. Siempre lo acompañaba Alicia, a ella no le importaba que hubiera mal tiempo, ni el volumen con que su pancita crecía.

A principios del 71, nacía su hijo en la mutualista Española. Ahí me dirigí esa tarde a darle un abrazo. Al ver al flamante padre, casi no lo reconocí. Mi sonrisa, si bien era de alegría, también lo era de sorpresa.

No lo podía creer. Su aspecto era otro, se había afeitado y cortado el pelo. Si bien tenía vaquero azul, estaba con zapatos, un saco sport azul, camisa y corbata. Lo saludé dándole un abrazo y mis felicitaciones.

-Me costó reconocerte  -le dije-,  sin barba, con el pelo corto y así vestido, parecés otro tipo.

-No te rías de mí, veterano  -nunca me llamó de otra manera-.  No podía esperar a mi hijo de otra forma que no fuera ésta. Él después habrá de elegir cómo vestirse.

Belisario era profundamente sensible y con un rico mundo interior que lo hacía distinto a la mayoría de los humanos.

-¿Qué nombre pensaste para él?,  -le pregunté-.

-Lo vamos a llamar Inti, rey del Sol.

A partir de ese momento, Alicia dejó de acompañarlo a su trabajo y sus viajes, permaneciendo en su casa con el niño. Era comprensible, y todo aparentaba estar en orden... pero en menos de un año, algo pasó. Se separaron, y ella volvió a Buenos Aires con el pequeño Inti. Belisario anduvo a la deriva muchos meses, quebrado anímicamente por lo ocurrido.

Lo que provocó la separación fue inesperado, muy fuerte, hasta para mí. Belisario había viajado a Porto Alegre a una gran feria artesanal. Como las ventas no le resultaron muy buenas, regresó antes de la fecha prevista. Entró a su casa y encontró a su mujer acompañada de un artesano conocido... en el dormitorio... en una situación de las que no se pueden justificar de ninguna manera.

Nadie puede estar preparado para golpes como ése, y estando tan enamorado... menos aun. Trató de serenarse y tomarlo con la calma que puede ser posible para una situación semejante. El intruso se asustó, pensando lógicamente en la actitud que pudiera tomar Belisario. Pero él, con una serenidad increíble, sólo le dijo:

-Contigo no tengo nada, vos entraste porque te abrieron la puerta. Vestite, si querés te cepillás los dientes, y después te vas.

-¿Por qué le dijiste que podía cepillarse los dientes?  -le pregunté extrañado-.

-No tengo la menor idea, veterano. Fue lo que me salió, no estaba para pensar. Debe ser porque es lo primero que me gusta hacer a mí cuando me levanto de la cama.

La vida de Belisario continuó, pero todo fue distinto. Había recibido un golpe bajo muy fuerte del cual no le fue fácil salir. Estaba quebrado. Traté de acompañarlo; mi presencia silenciosa podía ayudarlo mucho más que las palabras que pudiera decirle. Nadie más que el tiempo es capaz de mitigar  -y en parte-  el dolor de alguien que lo apostó todo a un amor... y perdió.

Las hojas del almanaque siguieron cayendo y llegamos al año 73, cuando este país  -sobre todo la ciudad de Montevideo-  era un verdadero polvorín. Era muy difícil transitar por la capital sin ser interceptado por militares armados a guerra.

Todos los que tienen mi edad y también un poco menos, saben lo que significaron esos años. Pasaron cosas fuleras a todo nivel. En algún barrio y por una tonta discusión, a un vecino se le ocurría denunciar al otro a los militares como Tupa, creándole serios problemas. Fueron tiempos de vale todo, donde más de una de esas denuncias falsas costó una vida. Lo cito como ejemplo, para las generaciones que no lo vivieron.

Yo compartía muchas horas en la casa de Belisario viendo como trabajaba la chapa haciendo piezas muy bonitas. No le gustaba hablar de política. Pero recuerdo una noche, después de comer unos tallarines nos quedamos mano a mano frente a una botella de vino tinto, que era el que más nos gustaba. Entonces lo escuché dar su opinión:

-Los políticos  -decía-  engendran violencia con sus injusticias y su corrupción, fabrican anarquistas.  Ellos son los únicos culpables de que hoy estemos sufriendo una dictadura. 

El político triunfa si no tiene corazón ni escrúpulos.  Todo lo que tiene que hacer es conocer bien al ser humano para aprovechar sus debilidades y sus necesidades.  Lo que cuenta es el éxito, a cualquier precio: traicionando, explotando, mintiendo.  Si un político es honesto, ese grave defecto lo habrá de llevar al fracaso irremediable y a ganarse el odio de sus pares... y en algunos casos, hasta puede llegar a perder la vida misteriosamente. 

Nos pide el voto para conseguir un empleo de abultadísimo sueldo.  Ese simpático señor que sonríe permanentemente  -nunca sabremos por qué-  en las campañas políticas, se entrega en fuertes abrazos con todo quien se cruce en su camino sin importarle si es viejo o joven, negro o blanco, limpio o sucio, sano o enfermo, honesto o ladrón... Todos son sus amigos, correligionarios o compañeros. 

Una vez cada cinco años deja de lado su clasismo y su racismo para salir a la caza del poder, compitiendo con sus contrincantes de turno en la consabida batalla recíprocamente desleal... Y el más hábil en su embuste, ganará.  Una vez en el poder, quien prometiera ser honesto administrador de los bienes del contribuyente, se convierte en "dueño absoluto de la empresa" y comienza a repartir nuestro dinero de la forma más favorable a sus intereses...

Más o menos así funciona el sistema.  A esa altura, a los pobres  -impotentes y hambrientos-  tanto les da vivir o morir.  Las Naciones Unidas pregonan los derechos humanos y la mayoría de las personas en el mundo sólo tienen el derecho de ver, oír, callar... ¡y soñar...!

En ese momento no sabía que Belisario Carranza formaba parte de un comando del MLN (Movimiento de Liberación Nacional). Lo supe mucho después, cuando una noche llegó hasta donde yo vivía.

-Mirá veterano  -dijo- de ser posible quisiera quedarme esta noche en tu casa. Hace dos días que no puedo ir a la mía, está vigilada; por lo tanto estoy sin dormir. A tres de mis compañeros los mataron y los demás están presos. Sé que es algo bastante pesado lo que te pido y tampoco voy a perder tu amistad si me decís que no. Estás en tu derecho y lo voy a entender. El que está metido en esta bronca soy yo, vos nada tenés que ver. Recurro a vos, porque hagas lo que hagas, sé que nunca me vas a traicionar.

 

-Quedate tranquilo, hermano  -contesté-  todo está bien. Vamos a comer, porque seguro debés de tener hambre. Y también tengo un vinito tinto que nos va a venir muy bien, más para esta ocasión.

Conversamos mucho esa noche, y él me contó unas cuantas cosas:

-Hace aproximadamente dos años que estoy en esto. Me tocó custodiar a Pereira Reverbel cuando estuvo secuestrado. Lo hacíamos por turnos. Al viejo le gustaba conversar conmigo, y entendía muy bien por qué había sido elegido.

Jugábamos al ajedrez y hablábamos del tema que más le gustara. Le llamaba la atención que fuéramos gente pensante e instruida. Y yo le decía que justamente, porque los poderosos nos menospreciaron tanto considerándonos cosas, había llegado la hora de hacernos escuchar.

Le molestaba que lo obligáramos a hacer dieta, pero la imponía un estado de salud provocado por todos los excesos que venía haciendo. Se lo privó de libertad, pero estuvo mejor atendido que en las clínicas privadas donde caía de vez en cuando con alguna crisis de algo. Y Adelgazó, claro, por estar alimentado como debía, y no como quería.

Si bien cuando entré al movimiento tenía esperanzas de su eficacia por todo lo que implicaba, hoy estoy muy desilusionado. Porque al principio se escuchaba la opinión de todos y se hacía lo que la mayoría decidía. Sin embrago hoy son dos o tres que toman las decisiones sin consultar con nadie y nos dan órdenes como si fuéramos milicos. Tal vez me equivoque, pero si alguno de éstos llega al poder, se van a transformar en otra cosa que va a estar muy lejos de ser "lo mejor para todos".

En la Argentina hasta hoy, ningún presidente elegido por el pueblo pudo completar su mandato porque siempre fue cortado por un golpe militar. Paraguay tiene a Stroessner como dictador, Chile a Pinochet, Brasil también con militares en la cúpula, y ahora, Uruguay. Van a ser años duros para América Latina y todo con el consentimiento del amo del planeta, Estados Unidos.

Al día siguiente, después de darme un abrazo me dijo:

-Gracias, veterano, no sé si nos volveremos a ver, espero que sí. Pero sigo pensando que algún día el sol habrá de salir para todos.

Así se marchó. Después, cada vez que viajé a Buenos Aires me encontré con él. Sabía dónde buscarlo allá. Una vez fui de visita en lo de David y Mary, y casualmente, Belisario también estaba. Iba seguido a ver al pequeño Inti.

Ya en el 74, nuestro encuentro fue diferente. Fuimos a un boliche.

-Parece que ni los milicos argentinos ni los uruguayos me tienen fichado  -me dijo-  porque hasta ahora, no me han molestado. Es evidente que mis compañeros no me nombraron en los interrogatorios... a pesar de la tortura.

Ahora tengo otro problema que parece más serio para mi futuro. Me van a operar de un tumor testicular, el médico no me quiso adelantar nada. Será en el Hospital Alemán mañana por la mañana.

Yo lo escuchaba con atención y lo notaba mucho más preocupado que la noche aquella que había estado en mi casa.

-Cuando te despiertes de la anestesia me vas a ver ahí  -le dije-.

-Gracias, veterano, sos un amigo. Te confieso que estoy más preocupado que cuando tenía que esconderme de los milicos.

Al día siguiente, después de la operación, yo me encontraba a su lado junto a Mary, su ex-suegra, que por ese entonces le había tomado cariño y valoraba el buen ser humano que era. Además, era el padre de su primer nieto varón.

Él estaba aparentemente bien y lentamente se iba despertando de la anestesia. De pronto se acercó una enfermera solicitando la presencia de algún familiar o amigo a pedido del médico. Mary me hizo una seña para que fuera yo, y así lo hice. El médico me pidió que me sentara. Supuse en ese momento que algo no estaba bien. Si me había invitado a conversar, seguro que no era para darme buenas noticias.

-¿Es usted familiar de Carranza?  -preguntó, a lo que respondí que era un amigo-.  Bueno, de todas maneras, está bien. Quería informarle que si bien la operación salió bien y en pocos días va a estar caminando sin ninguna dificultad, su problema es muy grave. Le encontramos cáncer y está disperso por todo su cuerpo. Ya nada se puede hacer.

No podía dar crédito a lo que mis oídos habían escuchado. Quedé unos segundos como petrificado, mirando al médico sin verlo. Quise creer con toda mi fuerza interior que no había escuchado bien y lo que me había dicho el médico era algo totalmente diferente. El médico, que me observaba concentrado, casi adivinó mis pensamientos, y dijo:

-Así es, no lo voy a engañar, quiero que usted lo sepa y además, creo que él también debe de saberlo para que haga de su corto futuro lo que más desee hacer.

-¿Cuánto tiempo le queda, doctor?  -pregunté-.

-A lo sumo, tres meses. Le voy a ordenar quimioterapia pero ya no le puede hacer nada, es simplemente sicológico.

Me quedé unos segundos sentado en silencio, como tratando de reaccionar de lo que había escuchado. Después me levanté, saludé al médico y me retiré.

Mary, al verme llegar, leyó mi rostro. Pocas veces pude ocultar mis estados emocionales. Preferí quedar en silencio, miré a Belisario que estaba con los ojos abiertos y casi pude escuchar su pregunta sin oír su voz, sus ojos me la hacían.

Me senté junto a él, al lado de la cama. Me miró, estiró su mano, la posó sobre mi brazo y dijo mirándome fijo a los ojos:

-Veterano, ¿qué te dijo el médico? ¿cuánto tengo de vida? Quiero saber, para pensar qué quiero hacer.

Hice una larga pausa, tratando de contener mi angustia. Pero no pude, hice una mueca de dolor y mis ojos se llenaron de lágrimas. No podía creer que alguien como Belisario y con tan sólo 30 años, tuviera que morir. Estaba en la mejor etapa de la vida. Y a mi mente, afloró el eterno e inexorable ¿por qué? ¿Por qué el destino lo había marcado a él, y así porque sí, de un plumazo, lo sacaba de este mundo?

Fueron unos segundos que me parecieron eternos. Y Belisario sereno, me siguió mirando esperando mi respuesta que había quedado en suspenso, perdido en ese espacio que marca la vida y la muerte.

-Tres meses  -balbuceé entrecortado-.

-Está bien, veterano, quedate tranquilo. Yo ya sospechaba algo así. Cuando pueda levantarme, que será entre dos o tres días a más tardar, comenzaré a vivir de manera que cada minuto sea un placer. Y haré todo lo posible para que la parca no me encuentre en la cama. ¿Sabés una cosa, veterano? A la cama siempre la usé para dos cosas: una, para dormir, que significa descansar. Y la otra, para estar con una mina. Y por lo que te conozco, estoy casi seguro que vos pensás igual.

Me sonreí, era una forma de decirle que había acertado. En estos casos, a los que nos toca vivir algo parecido, quisiéramos frenar el tiempo para que se desplace lo más lento posible. Pero ocurre todo lo contrario. Nos parece que pasa más rápido que de costumbre. En ese tiempo comencé a viajar más seguido a Buenos Aires y compartí más tiempo con Belisario.

La última vez que lo vi fue en el verano del 74. Era un sábado a las 2 de la tarde, en la plaza Francia, donde los artesanos de aquellos años exponían sus trabajos para la venta. Esa tarde puede haber sido la más calurosa del año, había más de 35 grados a la sombra. El poco aire que circulaba era quemante. Busqué a Belisario entre los muchos artesanos. Hacía más de 20 días que no lo veía. Lo encontré sentado en el pasto, con su espalda recostada a un añejo árbol que le brindaba su sombra.

Me costó reconocerlo, tenía una espesa barba y denunciaba una extrema delgadez. Pero mi mayor sorpresa fue verlo con un negro y largo sobretodo que apretaba contra su cuerpo y aún así, sentía frío. Me miró casi sin verme. Sus ojos tenían un extraño brillo y su rostro se dibujaba una rara sonrisa que más se parecía a dolor. Me senté a su lado en silencio, como acompañándolo en ese camino que estaba recorriendo hacia el infinito. Pocos días después murió.

Poco después, Alicia contrajo matrimonio, esta vez con alguien del agrado de sus progenitores: un joyero judío. Se llevó a Inti a su nuevo hogar, y ambos trataron de cambiar el apellido del chico por el del esposo de la madre. No lo concretaron. Nunca supe si fue por imposibilidad legal o porque desistieron del intento. Tampoco me importó preguntárselo a David o a Mary.

De este reintento de vida en pareja nació un niño, el primer medio hermano de Inti.  Pero quiso el destino que Alicia quedara viuda por segunda vez. En una escalinata del Subte, asaltaron al joyero para robarle su costoso reloj. Al ser golpeado resbaló y se dio contra el borde metálico de los escalones, perdiendo la vida a la misma edad que Belisario.

Una vez más, Alicia formó pareja. Se casó con un Sicólogo como ella, con el que también tuvo un hijo, el segundo medio hermano de Inti. No supe cuándo ni por qué, pero también este señor la dejó viuda.

Después, al desligarme de las personas que me vinculaban a David W. y su familia, dejé de frecuentarlos. No vi crecer a Inti, no conocí a sus medios hermanos ni sé si tiene más. Desconozco cómo fue su crianza, y qué imagen y concepto podrá tener de Belisario. Sé, por supuesto, que era demasiado pequeño para tener un recuerdo propio. Espero simplemente que el rey del Sol que le dio su nombre, lo haya guiado. Que haya sabido encaminar su vida, recomponer su historia, y  -como auguró su padre cuando él nació-  "Elegir cómo vestirse".

Las cenizas de Belisario tienen un lugar en el cementerio de La Chacarita y de eso se encargó David W., que terminó  -aunque tarde-  queriéndolo como a un hijo.

Para mí  -aunque me haya explayado un poco más-  esta historia terminó cuando se marchó de este mundo alguien muy querido para mí, Belisario Carranza, un amigo.



02.09.2008 03:09 / ¿Cómo estás, Paisito?

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Noticias uruguayas comentadas

ADEMÁS DE ABOGADA ES HIJA DE...
La hija del ex represor José Gavazzo denunció al Vaticano, la ONU y la Cruz Roja que su padre es un "preso político", realizando una serie de trámites en Europa para su liberación.

La doctora Rossana Gavazzo, hija del procesado teniente coronel (r) José "Nino" Gavazzo, realizó una gira por Europa con el objetivo de buscar apoyo para la liberación de su padre.

La abogada ya se había reunido con Elio Tamburi Quinteiro, coordinador para América Latina y el Caribe de la Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas, denunciando el "apresamiento" arbitrario de Gavazzo.

Luego, la ronda continuó con el Vaticano y la Cruz Roja, a quienes denunció que su padre es un "preso político". La hija de Gavazzo, que busca apoyo para la liberación del represor procesado por la desaparición de Adalberto Soba, afirma que la detención de su padre es "ilegal". Qué dirá el Santo Padre. (Montevideo Portal - www.montevideo.com.uy)

NOVEDADES EN SALUD PÚBLICA
1.-
Comenzaron a principios de julio las operaciones de cataratas en el Hospital de Ojos para todos los jubilados y pensionistas comprendidos en el marco del acuerdo firmado entre el MSP, BPS, MIDES, ANTEL y ASSE. Esto facilita el acceso de los pasivos de menores ingresos a las prestaciones de asistencia que brinda el principal centro oftalmológico del país.

Este beneficio alcanza a TODOS los pasivos  -tanto del sistema de atención pública como privada-  que perciban ingresos por debajo de los $ 17.750. Está en funcionamiento el nuevo servicio telefónico gratuito 0800 MIRA (0800-6472), para  consultas e informes de la nueva prestación.

2.- EL 29 de julio se inauguró el Centro Tarará-Prado, adquirido por el Fondo Nacional para Jubilados y Pensionistas del BPS, que está ubicado en Camino Castro 635, entre Mauá y Escalada. Dará alojamiento a jubilados y pensionistas del interior del país que sean atendidos en el Hospital de Ojos, en su pre y post operatorio.

También podrán hacer uso de sus instalaciones las niñas y niños prematuros con alta hospitalaria que vivan en hogares inapropiados para su recuperación definitiva.

3.- Se amplió la lista de medicamentos que deben estar al alcance de los enfermos, agregando algunas drogas específicas de altísimo costo, a las que actualmente pueden acceder solamente los pacientes que obtienen apoyo por medio de campañas de ayuda solidaria. Estos fármacos no tendrán costo en los hospitales, y las mutualistas cobrarán el precio del ticket correspondiente.

NO SABEMOS AUN cuánto tiempo transcurrirá antes de que esta nueva disposición se haga efectiva en la práctica. Ignoramos también cómo será recibida por parte de la salud privada... o si se acatará. Es una inquietud que le planteamos a la ministra de Salud Pública... pero aun no ha llegado su respuesta.

GENTE MUY JODIDA...
Y EL ESTADO SIGUE LLEGANDO TARDE. Como no podía ser de otra manera, las grandes empresas son muy pagadas de sí mismas y cultivan su buena imagen mediante una nutrida propaganda que a veces incluye intervenciones sociales (donaciones, construcción de parques, etcétera). Por lo general, estas grandes empresas cuentan con el beneplácito de los gobiernos, ya que las necesitan para que generen los puestos de empleo que los Estados han renunciado a generar en aras de las nuevas teorías económicas que establecen que lo público es malo y lo privado bueno.

Así ha sucedido en Uruguay con las empresas forestales extranjeras, las que han contado con el apoyo incondicional de todos y cada uno de los gobiernos que se han sucedido desde que el 9 de febrero de 1988 se votó la Ley Forestal. Eso es algo lógico, desde el momento en que en una sociedad capitalista, el que manda es el Capital. Sin embargo, desde la United Fruit para acá (por no abundar), muchas de esas grandes multinacionales no resultan ser lo que quieren parecer.

Algunas serán sí, empresas serias y respetuosas de la ley; otras -en cambio- han sido y son rapaces carroñeras para las que cualquier medio es válido para lograr su meta de obtener la máxima ganancia con la menor inversión necesaria en el menor tiempo posible. Para tal fin fue creada hace casi treinta años la llamada Ley de Tercerizaciones (recientemente modificada), que permite (tanto los privados como al Estado) la contratación de otras empresas para que lleven a cabo determinadas tareas a su cargo.

El forestal ha sido uno de los sectores que mejor aprovechó esta posibilidad, y es así que cada una de estas empresas tiene contratada a otras, las que a su vez subcontratan a otras más. La existencia de esta especie de "pasamanos" distribuye la plusvalía y difumina la responsabilidad ante eventuales infracciones. Es así que las muertes ocurridas durante la construcción de la planta Orión de Botnia, no fueron responsabilidad de la empresa finlandesa, sino de la empresa chilena subcontratada por la empresa argentina contratada por la finlandesa, y así. Del mismo modo, el hecho de que haya monteadores talando árboles en régimen de semiesclavitud, no será responsabilidad de Ence (por ejemplo), sino de la empresa subcontratada por la empresa contratada por la papelera española.

El actual gobierno ha legislado para terminar con esta situación (Ley Nº 18.251, de Responsabilidad Laboral en los procesos de descentralización empresarial ­ 27.12.07), pero tiene dificultades para aplicarla, tanto debido a la fuerte oposición del empresariado, como a la falta de recursos económicos y humanos del ministerio de Trabajo y Seguridad Social, que suele enterarse de las irregularidades luego de que han sucedido o cuando los trabajadores mismos han podido denunciarlas.

Volviendo al principio, ha de decirse que los últimos acontecimientos relacionados con la forestación  demuestran -una vez más- que estas empresas son de cuidado; es decir, que no se les puede quitar el ojo de encima pues son capaces de cualquier cosa. Esta realidad ameritaría una vigilancia contínua de sus actividades, por ejemplo mediante "inspectores residentes", tanto del ministerio de Trabajo como del de Medio Ambiente.

Pero bueno -como en tantos otros lugares de nuestro Estado jibarizado por 20 años de neoliberalismo, no hay ni funcionarios ni recursos para eso. Por más que los ministros se rasguen las vestiduras cada vez que el agua llega al río, el gobierno parece no estar en condiciones de construir y mantener los diques necesarios para evitar los desbordes. Sigue llegando tarde, cuando llega. (Andrés Capelán - www.comcosur.com.uy)

CAJILLAS DECORADAS
La guerra contra el cigarrillo está llegando al máximo de su esmero. Nuestro oncólogo presidente está convencido de que el humo del tabaco es el único que estropea la salud y para él, las demás pudriciones del ambiente respirable están perfectas.

En su obsesión por librarnos del cáncer y demás espantos, y en virtud de que los fumadores no le damos pelota, ahora quiere asustarnos decorando las cajillas con imágenes "muy fuertes" (así les dijeron en la tele cuando las mostraron).

El presidente se olvida que casi todas las noches tenemos las tres versiones de "CSI, la escena del crimen" (Las Vegas, Miami y Nueva York), que nos han acostumbrado a soportar las imágenes asqueantes de una autopsia, sólo que sin olor. Adorne las cajillas, nomás, y de paso... me da fuego.

LA COMUNA CAPITALINA
Este ogro insaciable que está enquistado en la Dirección de Tránsito, sigue haciendo lo único que sabe: ¡RECAUDAR! Aclaremos para los peatones  -los que conducimos lo sabemos bien porque lo vemos a diario-, que la fiscalización NO apunta a disminuir accidentes, sino a repartir la torta del porcentaje por multa, y tal vez, a arrimarle unos pesos a la intendencia para pagarle lo adeudado por convenios rarísimos a los funcionarios públicos mejor pagos del país.

Pero alguna gente es boba, y aunque la amenacen de antemano, no se lo cree... Porque la propaganda previa a "la noche de la nostalgia" fue tan insolente y agresiva como sólo ellos pueden ser (salvo cuando los está filmando la TV, claro: ahí aparentan ser ángeles).

Sin embargo, casi 1.000 montevideanos incrédulos, condujeron sin tener en cuenta lo que no se puede (exceso de velocidad, más porcentaje de alcohol en sangre que el permitido, no uso de cinturón de seguridad o casco, falta de documentación propia o del vehículo, hablar por el celular o tomar mate, uso de luces de posición en vez de cortas, algún foco que no prende), por todos los lugares donde se anunciaron los puestos de vigilancia... y la quedaron como chorlos.

Como quien dice, hubo multas hasta para despuntar el vicio. Así unos cuantos conductores se quedaron sin libreta por 6 meses (sin contar los días de huelga  y la desidia administrativa), y otros por bastante más.

El sentido común que esperábamos de la gente, apostando a que recurrirían al viejo y querido taxi para dejar a los zorros grises chupar frío en la calle con un cuarto de narices... faltó a la cita. Sólo lo aplicaron los que decidieron hacer su fiesta particular juntándose con amigos en la casa de alguno, donde pudieron divertirse, beber y fumar a gusto... y pernoctar a salvo de "la manada".

ERA CARGO DE CONFIANZA, YA NO
Tras una larga polémica con numerosos trascendidos en la prensa, el presidente Tabaré Vázquez destituyó al embajador en Italia, Carlos Abín, a consecuencia de los conocidos problemas ocurridos en el trámite de extradición del ex marino Jorge Tróccoli 
-procesado en nuestro país por violaciones a los derechos humanos-,  cuando la Corte de Salerno rechazó la petición porque se presentó fuera de plazo.

Abín se encontraba en Barcelona cuando llegó a la embajada el pedido de extradición. Por ese motivo, no se descarta que el segundo en jerarquía, Tabaré Bocalandro, tenga también alguna clase de sanción, informó Telemundo 12. (Montevideo Portal - www.montevideo.com.uy)

¿DÓNDE ESTÁ EL SECRETO?
"...Que la economía uruguaya está funcionando como en sus mejores tiempos, no hay quien lo niegue, pero atando todas estas moscas por el rabo, es evidente que las cosas no están sucediendo tal y como se esperaba. El Producto Interno Bruto sigue aumentando sin cesar, pero la falta de una política adecuada de redistribución de las fabulosas riquezas que están siendo generadas, no sólo no logra cerrar la brecha social, sino que está propiciando su crecimiento.

Es que el capitalismo moderno, cuando se lo deja suelto, es así. Por un lado hay ricos cada vez más ricos y por el otro pobres cada vez más pobres. La mecanización hace que cada vez se necesite menos mano de obra calificada. El mundo del capitalismo globalizado sólo precisa ilotas que cierren cajas de cartón, sirvan el entrecot en el restaurante, vendan televisores plasma en el shopping, o vigilen que ningún otro pobre le robe nada a los ricos.

Por eso en nuestras calles hay cada vez más autos más lujosos y a su vez cada vez más mendigos más andrajosos que los paran en los semáforos para limpiar sus grandes parabrisas. Ambas cosas van de la mano. No podrían haber tantos autos tan lujosos si no hubieran tantos pobres tan pobres. Me parece que vendría siendo hora de que el gobierno comenzara a evaluar y revisar algunos criterios y algunas políticas. No sé, digo.

El presidente Vázquez ha dicho que 'El secreto para lograr mejorar más rápidamente la calidad de vida de todos los uruguayos está en trabajar conjuntamente, más allá de los posicionamientos políticos partidarios, ahí está el secreto para lograr más rápidamente mejorar la calidad de vida de todos los uruguayos y este gobierno está comprometido a realizarlo'. Bueno, hombre... ¡empiece de una vez!"  (Andrés Capelán - Fragmento de "¿Dónde está el secreto? Hay más autos y más ilotas que nunca" -  comcosur@comcosur.com.uy)

TV "EDUCATIVA"
Apostando cada vez más a la estupidez, la carencia de valores, la chatura y la grosería, la TV comercial abierta sigue sumando programas necrosantes de neuronas. Cuanto más basura se produce en Argentina o en España, más rápido la compran. Cuanto más inútil es un seudo periodista nuevo, más rápido le dan un espacio para que se entretenga... y nos aburra. Lamentable.

¿Será una táctica sutil para imbecilizar a los televidentes con algún fin que ignoramos? Cuando el cerebro humano se atrofia, las personas se hacen fácilmente manejables. ¡Ojo!, fue la estrategia del "pachecato" y la dictadura, cuando los gorilas quisieron abatatarnos agregando sorgo a la harina... ¿se acuerdan del pan con sorgo? Pero en esa época la TV no los ayudaba más que transmitiendo comunicados.

¡Paren la mano! ¡Apuesten a lo bueno... o por lo menos a lo digerible...! ¡Menos mal que el canal oficial no los imita!

Releo las noticias y pienso que algunos deberían comer más bananas, Paisito... por lo menos para tratar de alcanzar la inteligencia de los monos...



02.09.2008 03:08 / Relatos de Eliza

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El 26 de febrero del 91 emprendíamos el viaje hacia Jaguarão, mi segundo destierro… esta vez también obligado, aunque voluntario.

Con dieciséis años de antigüedad y siendo Jefe de Sección desde el 85, hacía ya muchos años que estaba en condiciones de obtener el traslado al exterior. Esa Ley permite que haya doce administrativos afuera, y el designado sale por tres años una sola vez en la vida.

Codiciado beneficio para un escalafón acostumbrado a un sueldo común y corriente, que da la oportunidad de vivir a lo grande  -casi como un diplomático-  y si se administra bien, da para pararse… ¡para el resto de la zafra!

Yo había sido la excepción,  no consideraba buen negocio "cambiar plata por vida", y eso es lo que pierdo cuando tengo que irme del país, por el motivo que sea. Pero yo acomodo las cosas en mi escala de valores de una forma  -para muchos-  un poco rara. Y en este caso, lo que hubiera perdido por falta de plata, era  -y sigue siendo-  más valioso para mí que mi propia vida.

¡Más que jodido fue el motivo que me decidió a solicitar ese destino! Ni siquiera necesité el apoyo político habitual… el comprobante de "mi problema" alcanzó y sobró. Pero  -eso sí-  me tocaría el último orejón del tarro, el lugar que desecharan los otros.

Me parecía ridículo que hubieran preferido Asunción y hasta Ginebra  -en la frontera los dólares rinden mucho más-  por un terror colectivo hacia la Cónsul de Distrito que los enfermaba de sólo imaginarse padeciendo tres años bajo su avasallamiento. A las pocas horas de llegar lo entendí…¡de haber existido un Consulado en Groenlandia lo habrían considerado más saludable que Jaguarão…!

Así fue como esa mañana  -con la Meharí cargada hasta el tope-  dejamos atrás la casa y salimos rumbo a la nueva aventura. La mudanza se había llevado lo nuestro el día anterior y acarreábamos lo imprescindible para arreglarnos una semana, tiempo normal de cumplir un trámite aduanero más que simple, en el que la empresa pasaría la frontera en el mismo camión que había levantado la mudanza.

Miguel tomó el volante y yo acomodé al Cuco  -nuestro perrito de catorce años-  en mi falda… único lugar disponible en la camioneta. Llevábamos dos reposeras, frazadas y almohadas, algún cacharro de cocina, una cocinilla a supergás, un par de platos, vasos y cubiertos, dos toallas, una valija con ropa, los petates y el almohadón del perrito, un bidón grande con agua para darle en el camino, algo de comer para el viaje, el termo y el mate. Con eso alcanzaba para "acampar" pasando el Puente Mauá, en nuestra nueva morada brasilera.

Iríamos directo al domicilio de la Cónsul a buscar las llaves de la casa que yo había alquilado una semana antes. Ella se había ofrecido  -"para evitarme molestias y demoras en ese viaje previo"-  a encargarse de habilitar el agua y la luz.

Con los labios agrietados por el calor y el Cuco jadeando de una forma alarmante, llegamos a Jaguarão a la hora prevista: las tres de la tarde.  La infame señora no se dignó a abrirnos la puerta, y allá marché a la Inmobiliaria donde me enteré… ¡que las llaves nunca habían sido retiradas de ahí! Pero entramos a la casa… aunque  -por supuesto-  no tenía luz ni agua.

El fresco y la sombra interior reanimó al perrito y me quedé tranquila. Esa noche nos bañamos con agua mineral y al otro día estuve en condiciones de presentarme a trabajar… y a afrontar los ataques que aquella mujer paranoica recién había iniciado, que irían a convertirse en "la guerra de los tres años".

La primera tarde nos sentamos a tomar mate en el escalón de la puerta, apreciando al frente la vista de la Plaza Comendador Azevedo. Pasaron dos simpáticas señoras conversando, en tren de paseo; nos saludaron amablemente, llegaron a la esquina y volvieron hacia atrás.

Ya frente a nosotros, una de ellas se acercó. Nuestro "carrinho" le indicaba que no éramos de la zona y ella podía sernos útil para adaptarnos al lugar… Su sonrisa amplia y la calidez con que nos habló,  dejó a la vista la franqueza y el agrado con que nos estaba tendiendo su mano.

La "vizinha de junto", Neida Nunes Machado  -nuestra querida amiga Lula-  fue la mujer que nos ayudó a resistir esos tres años interminables con su apoyo incondicional y su afecto sincero, demostrado durante todos y cada uno de los días que vivimos en Jaguarão.

Lula y  Alberto  -su esposo-  no habían tenido hijos.  Sin embargo, albergaban bajo su techo a tres sobrinos: Renato, Sandra y João. Ninguno era huérfano… pero vivían ahí. Lula los había criado como una madre abnegada cuya meta es convertir a sus niños en personas de bien y lo había conseguido. Eran jóvenes honestos, serviciales, atentos, agradables. La ayudaban en la casa, los mandados, el cuidado de Alberto durante su enfermedad.

El problema era el aporte al presupuesto familiar. Renato tenía voluntad de trabajo, pero su afición al alcohol le impedía obtener una ocupación estable y lo ganado en sus changas se le iba en el vicio. João sólo quería saber de fútbol y cuando un equipo le ofrecía contrato lo rechazaba por implicar obligaciones que no estaba dispuesto a asumir. Sandra se había preparado, tenía un trabajo estable y bastante bueno… pero sólo pensaba en casarse y guardaba su dinerito para su futuro hogar.

La entrada segura provenía de la "aposentaduría" de Alberto y el trabajo incansable de Lula, que preparaba manjares para las grandes fiestas de las señoras que habían sido sus patronas y también para algún restorán de la ciudad.

Alberto falleció ese otoño y a Lula le costaba mucho sobrellevar su falta. Me acerqué más a ella y aceptando aquel ofrecimiento inicial, le pedí que me acompañara para salir de compras. Habíamos llegado con el sueldo de dos meses adelantado y enseguida empezamos a comprar algunas cosas que estaban pidiendo reemplazo hacía tiempo, y no se habían incluido en el traslado. Lo más urgente era el colchón, después la heladera y por último la cocina. También alguna ropa de abrigo: a dos meses de instalarnos ya se había venido el frío y lo nuestro no había llegado.

Con Lula conocí "as lojas" donde conseguir todo lo bueno al mejor precio y hasta algún descuento especial… por ser amiga de una de las personas más queridas en todo Jaguarão.

Cuando me entregaron la nueva cocina a supergás, no pude hacerla funcionar  -mi vieja cocinita era eléctrica-  y fui a pedirle ayuda. La encontré preparando el almuerzo, pero retiró la "panela" del fuego y vino de inmediato, estaba segura que era cosa de un minuto.

En casa habían vivido unos amigos de ella, y la conocía bien. Se dirigió a la cocina casi corriendo, abrió la puerta del fondo y miró la garrafa. Entró sonriendo, me pidió el encendedor, abrió la llave, dejó pasar unos cuantos segundos antes de acercar el fuego y… ¡las limpias llamas azules emergieron del quemador! Sólo había que esperar  -la primera vez-  que el gas recorriera el trayecto del tubo y lo llenara. Arreglado el asunto, se fue tan rápido como había entrado.

Después de almorzar, Lula estaba llamando a nuestra puerta, con su sobrino João. En su incursión relámpago había visto todo… lo poco que había para ver: el colchón en el piso y ¡nada donde sentarse ni donde apoyar un plato para comer! Traían una mesa, una silla y una mesita de luz, que haría las veces de una segunda silla que no tenía para prestarnos.

Hizo entrar al muchacho con lo más pesado mientras me rezongaba por no haberle dicho que estábamos en esas condiciones, se disculpaba por lo humilde de los muebles y ponía sobre la mesa un precioso mantel blanco bordado a mano con flores multicolores. Esas actitudes espontáneas nos emocionaban hasta las lágrimas y nos hacían quererla cada día más.

Nunca habíamos conocido  -ni Miguel ni yo-  alguien tan solidario y tan preocupado por el bienestar ajeno… y el destino estaba reparando esa carencia poniendo aquella maravillosa mujer en nuestro camino, en el Sur del Brasil.

Yo tenía toda la información reglamentaria  -para mi nueva situación laboral-  que pude conseguir en el Ministerio, pero había cosas que dependían del país de destino, y no quedaba otra salida que averiguarlas en el Consulado. Mis compañeras no eran funcionarias de Cancillería sino contratadas por la Misión y desconocían los trámites que correspondían únicamente a la Cónsul y a mí. Así que no tuve más remedio que preguntarle a ella por qué demoraba tanto en llegar nuestra mudanza.

Con lo tenso del ambiente…¡a buen puerto fui por agua! Me dijo que tuviera paciencia, que vería llegar el camión rodeando la plaza en cualquier momento y no me permitió llamar a Montevideo a la empresa transportista.

Cansada de tan larga espera y desconfiando que la Cónsul me estaba omitiendo datos importantes, empecé mi periplo de llamadas al transportista en Montevideo, al Consulado General en Porto Alegre y a la Embajada en Brasilia.

En las ciudades de frontera cada uno habla su idioma y todos se entienden, sin que a nadie le sea necesario chapurrear mal el idioma del otro, pero las telefonistas internacionales tienen un acento tan cerrado que me costaba entenderlas, y lo que es peor, había que hablarles en portugués y yo no era capaz de hacerlo.

Cada una de las veces que fui a la Telefónica, Lula me acompañó y se encargó de solicitar mi llamada, quedándose a mi lado para auxiliarme cuando aquella voz inentendible interrumpía la conversación preguntando qué sé yo qué.

Obviamente, mis antecedentes fueron muy superiores a los de la "honorable consulesa", y en cuanto se conoció mi problema, desde Porto Alegre y Brasilia me lo solucionaron, mi mudanza se "destrancó" de inmediato y hasta se encargaron de efectuar los trámites urgentes para la compra del auto con franquicias  -el mismo Gol "cinza" que sigue hoy conmigo-  beneficio que casi pierdo porque la señora Cónsul se cuidó muy bien de informarme sobre la existencia de un plazo que estaba a punto de vencer. 

A partir de ahí conocí con Lula la oficina del Despachante, los galpones de depósito de la transportadora brasilera donde nuestra mudanza dormía aquel sueño casi eterno, funcionarios de Aduana y demás intervinientes con los que  -con mi excelente traductora simultánea-  pude conversar sin el menor problema y esa misma tarde, ya estaba el camión descargando en casa.

A la mañana siguiente, entré al Consulado con aires de pavo real, contando el gran acontecimiento. La Cónsul no pudo explicarse cómo había hecho y cometió la torpeza de preguntármelo… Sólo le dije: "se ocupó personalmente el Ministro de la Embajada, y dijo que te enviaría un telegrama a Porto Alegre para que te lo remitiera tu superior inmediato".

Después llegó el auto nuevo, vendimos la Meharí y empezamos los viajes a Montevideo, programados de la forma "asquerosamente eficiente" que suelo aplicar cuando me estoy vengando de alguien. "30 días de licencia reglamentaria y hasta 60 por enfermedad al año" ¡dice el reglamento! Dividí los 89 días  -uno menos del límite por enfermedad-  entre 6 viajes que repartí en el año  -cinco de 15 días y uno de 14-  y desde enero del 92 hasta el final de mi trienio, cada dos meses me borraba del Consulado a respirar aires más saludables.

¿Cómo hice para conseguir las licencias médicas? ¡Ah…! ¡Recursos que una tiene cuando ha caminado bien por la vida y los usa  -solamente-  en estos casos de extrema necesidad!

Lula quedaba encargada de la casa. Cuidaba y regaba mis plantas, mantenía todo prolijo, daba varias recorridas diarias y de noche se quedaba a dormir, cuidando lo nuestro con un celo increíble.

Yo había descubierto un ratoncito de lo más simpático  -oscurito, pura cola y orejas-  y lejos de intentar exterminarlo decidí darle de comer, para que no destrozara lo que no debía. Le mostré a Lula un paquete grande de galletas dulces y otro de saladas para el animalito, el recipiente del agua, y le pedí que no se olvidara de alimentarlo.  No pudo contener la risa y me explicó que si había visto un "camondongo" había muchos más; entonces yo…¡compré más galletas!

La dejamos a cargo y viajamos, con la seguridad de que haría todo tal como se lo pedimos… y bastante más, porque también había un gato callejero  -al que yo llamaba Pancho-  que venía de vez en cuando en busca de comida, al que Lula "adoptaba" en nuestra ausencia y lo alimentaba en su casa, para evitar que se comiera mis ratoncitos.

Nos esperaba al regreso con comida hecha y la casa brillando como jaspe. Me enseñó a cocinar el "feijão preto" y otras delicias, me animó a comprar una "panela a pressão"… y sobre todas las cosas ¡nos alegró la vida! Sin Lula no hubiéramos podido  -a pesar de mis "recursos"-  soportar tres años lejos de casa y de nuestra gente… y yo con un ambiente de terror en el trabajo…

Nos gustaba salir con ella de vez en cuando, a cenar por ahí o de paseo, y nos sentíamos orgullosos de estar con ella cuando las personas la saludaban con tanto cariño por toda la ciudad.

Así pasó el tiempo, hasta que el día 1.095 llegó. La misma empresa transportadora  -ya éramos amigos por aquella demora que también los perjudicó a ellos-  mandó unos cuantos muchachos a embalar nuestras cosas, cargaron el contenedor, lo cerraron y sellaron, y cuando estaban por desengancharlo del camión, Lula vino a pedir que dieran marcha atrás. Quería esa "caixa" bien "perto" de su ventana, ¡tenía que cuidarla hasta que la vinieran a buscar!

Los muchachos se fueron en la cabina del camión, y nosotros emprendimos el regreso, con algunas pocas cosas en el Gol y el Cuco bien cómodo en el asiento trasero sobre su pelego, porque esta vez… ¡la mudanza llegaría prácticamente detrás nuestro!

Lo terrible fue la despedida. Separarnos de Lula no era sencillo… este viaje no tenía regreso… Abrazados, lloramos los tres un buen rato hasta poder articular alguna palabra. Tendríamos que aprender a vivir sin Lula… ¿pero cómo? Y ella… sentía que le pasaría lo mismo sin tenernos a nosotros…

Los tres seguimos viviendo nuestras vidas, comunicándonos por carta, contactando a la prima Gilda cada vez que viaja para tener noticias más directas… extrañando.

Diez años después, el teléfono dejó de ser un imposible en Jaguarão y pudimos llamarla. El primer intento fue muy duro… es difícil articular palabras con un nudo en la garganta. Pero nos entendimos, seguimos sintiendo lo mismo, nada cambió… Aunque sin verla, "amiga Lula" seguía "fazendo-nos" falta.

Tuvieron que pasar tres años más para que un día, un semáforo en amarillo, centelleando desesperadamente me instó a pasarlo, antes que el rojo me detuviera. Y así lo hice. Sin preparativos, casi insólitamente, decidí viajar a Jaguarão a ver a mi amiga Lula, la mujer que hizo placentera mi estadía en aquella ciudad fronteriza... a pesar del oscuro entorno laboral que me envolvía. La desconocida generosa, que actuó como amiga absoluta, que intuyó mis necesidades y se arregló para colmarlas... a pesar de las suyas propias.

Fueron demasiados años que pasaron muy rápido, de comunicaciones tan esporádicas como difíciles, de ausencia tan sentida. Me pregunté ¿por qué...? No encontré respuesta... sólo era posible dejar de ser tonta, y no reincidir.

Tan fácil fue... y tan lindo. Sentí a mi auto devorar de a uno los 420 Km. que me separaban de Lula. Él también estaba contento, iba camino a su país natal. Brioso, ágil, fuerte, seguro; se portó como muy pocos de su edad. Creo que ambos, rejuvenecimos 13 años en ese viaje.

Allá fue una verdadera una fiesta. La sorpresa de todos de verme, la alegría. Ella y yo abrazadas, llorando de felicidad. Los vecinos, los conocidos, desfilando a saludarme, a medida que se corría la voz de mi llegada. La casa de Lula, donde respiré un calor de hogar imposible de explicar con palabras.

Tres días y tres noches de bienestar para el alma, de ventana abierta de par en par, para inhalar a todo pulmón el aire puro y dulce de la amistad.

A la vuelta, esta vez, no dejé que la despedida doliera tanto. Le antepuse la promesa de volver todos los años. Promesa garantida, por habérsela hecho a una amiga.

Y la vengo cumpliendo, estirando un poco más la estadía para disfrutar más. Así lo haré cada año de los que nos queden por delante: cada 2 de octubre estoy en Jaguarão, abrazando a mi amiga Lula en su aniversario. No más saudade... ¡"Pode escriver"!



17.07.2008 02:06 / Flashes - Eliza

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Ella regaba el jardín del frente, con los pies mojados. Miró la azalea y recordó que de vez en cuando, sus raíces necesitan una solución de vinagre con agua para favorecer la floración. Con vinagre había purgado la cafetera, y el líquido aun estaba en la jarra: era el momento de usarlo.

Él, sentado en el porche, la observaba. Ella le pidió: "Por favor, alcanzame la jarra de la cafetera". Él se le acercó para preguntarle: "¿Qué es la cafetera, y qué es la jarra?"

No puedo precisar exactamente la expresión de ella, que tal vez fuera una mezcla de incredulidad, angustia y bronca, todo junto y difícil de describir.

Le respondió serena, calma, como si la pregunta de él le hubiera parecido coherente y lúcida: "La cafetera es ese electrodoméstico con que preparo el café. La jarra es el vaso de vidrio donde se deposita el café después de colado".

Él volvió sobre sus pasos, entró a la casa, y después de unos cuantos minutos que demostraron que no le fue fácil ubicar el elemento solicitado, volvió con la jarra de la cafetera que contenía el vinagre. Ella le agradeció, vertió el contenido al pie de la azalea, le devolvió la jarra vacía y continuó con su riego.

Su estado de ánimo se desmoronaba: una vez más,  esas cosas insólitas de él la habían hecho presentir que convivía con un desconocido, ajeno totalmente a la diaria rutina de su casa, y le costó bastante contener sus ganas de llorar.
 
2008, febrero 13 


17.07.2008 01:55 / Notas de Miguel

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El dinero es tan importante para la gente, que la mayoría dedica gran parte de su vida a conseguirlo, y estaría en la  gloria si llegara a obtenerlo en abundancia. Pero en realidad, no se trata simplemente del efectivo en sí como papel moneda, que como objeto individual no sirve para mucho: no se puede comer ni usar para otra cosa que no sea comprar; es decir, dárselo a alguien a cambio de otra cosa. 

Si un hombre tratara de abandonar apresuradamente un barco que se hunde para refugiarse en una isla desierta y viera sobre la cubierta dos pesadas bolsas, una con dinero y otra con latas de alimentos... ¿les parece que tomaría el dinero y dejaría la comida? Seguro que no. Se daría cuenta que en una isla perdida en el océano no le sería fácil hacerse de comida y mucho menos encontrar a quien comprársela. 

Pero si el hombre no se encuentra en una situación límite como esa, su razonamiento será inverso: le dará al dinero una importancia  mucho mayor que al alimento. 

Es increíble que se ansíen tanto esos trocitos de papel  ?tantas veces sucios y con aspecto de inservibles?  como para ser capaces de trabajar sacrificadamente intentando conseguirlos. ¿Por qué el dinero es tan codiciado? 

La explicación es curiosa. Unos lo quieren porque los demás también. Ese pequeño rectángulo de papel impreso  ?llámese "peso" o como sea?  despierta la codicia general porque no existe alguien que no quiera o necesite lo que con él se puede conseguir.   

Si el dinero que alguien nos ofrece para que le hagamos algún trabajo, no fuera deseado por un tercero que sea poseedor de algo que queremos comprar... no lo aceptaríamos como pago de nuestra labor. 

La característica más importante que tiene es que todos lo quieren y lo necesitan. Y la paradoja es que no es codiciado porque sea dinero, sino que tiene valor porque todos lo codician. 

¡Qué lindo sería tener mucho, y cambiarlo por comida para alimentar a todos los que la necesitan y no tienen nada que dar en trueque por esos pedacitos de papel...!

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Nacimos en Uruguay, y aquí vivimos. Somos un matrimonio que se lleva bien, tal vez por habernos encontrado en tiempos muy difíciles. Compartimos gustos, formas de pensar y de sentir. Repartimos tareas, aprovechando las condiciones de cada uno. Y le hacemos frente a la vida, siempre en yunta. Nuestra idea es compartir, informar, opinar y comunicarnos, escribiendo sobre temas sociales, políticos y de actualidad; así como relatos, cuentos... y algún párrafo de vez en cuando.

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