15.10.2012 14:44 / Mis artículos
Para quiénes siguen algún cuadro en el fútbol uruguayo, resulta evidente que el público de la selección es diferente, los precios altos y la masividad del fenómeno de la celeste se pueden advertir en un público que tiene un nivel socioeconómico más alto y donde son muchas más las mujeres en las tribunas.
Si el pasado partido con Ecuador el fútbol de los muchachos no era fluido, el gol recibido aumentó la desazón de los hinchas (me incluyo), y empezaron a escucharse gritos destemplados, contra los ecuatorianos (obvio), y algún que otro comentario contra las torpezas propias.
Entre los gritos, una mujer, que parecía joven por la voz, y que estaba sentada un par de escalones más arriba en la Amsterdam, sumaba a la inquietud de la tribuna una prédica chillona y feroz contra los negros, que logró ponerme más incómoda que el trámite del juego. Su constante referencia al color de piel del ecuatoriano de turno llegó al punto máximo cuando gritó:“encima de negro, mongólico tenías que ser!”.
El 17 de octubre la Cámara de Diputados seguramente apruebe un proyecto de ley que apuesta a reconocer y paliar (en algo) las injusticias por discriminación que sufren los afrodescendientes en Uruguay. Esta ley de "acciones afirmativas" establece entre otras cosas que se deberá reservar un 8 % de los cupos de ingreso al Estado para personas afrodescendientes, además de otras medidas tendientes, por ejemplo, a promover el empleo a nivel privado, elevar el nivel de educación y capacitación, o incorporar el gran legado de la cultura y la historia afrodescendiente en diversos ámbitos (ver texto de la ley en http://uafrouruguayos.blogspot.com/2012/09/proyecto-de-ley-de-acciones-afirmativas.html).
A pesar de mi anécdota y de los estudios poblacionales que sostienen que los negros son más pobres y tienen peores trabajos que los blancos, alguien puede creer que este estímulo previsto en la ley no es necesario, porque los uruguayos “no somos racistas". Les pediría que recuerden los programas nacionales de la pantalla chica (pocos por cierto pero eso es otro cantar), o recorran fotos donde se ven ámbitos de la política, los altos negocios o los profesionales y científicos uruguayos y cuenten cuántos negros encuentran. Si tenemos en cuenta que la población de raza negra representa entre un 8 y un 10 % del total de nuestra población, resultará evidente que no se llega a esa proporción..
La ley que se va a aprobar se inscribe en el marco de avances importantes que se han venido dando en el correr de los gobiernos progresistas en este mismo sentido (el día del candombe, por ejemplo, o la creación de una unidad que atiende los problemas de los afrodescendientes en el MIDES, y desde antes la Unidad Temática por los Derechos de los Afrodescendientes de la Intendencia de Montevideo, creada en el gobierno de Arana). Será un instrumento para ayudar a dar visibilidad y en parte respuesta a una discriminación que muchas veces intentamos ocultar de nosotros mismos. Bienvenida. Como bien dicen las organizaciones de Derechos Humanos que convocan a concurrir al Parlamento para acompañar esta votación el próximo miércoles 17 a las 16 horas: "TENÉS QUE ESTAR ES UN AVANCE PARA TOD@S".
Un paso más que refuerza el compromiso de seguir ahondando en la construcción de un país verdaderamente justo y solidario, verdaderamente democrático y tolerante, donde todos y todas podamos sentirnos libres, diversos e iguales....Alcanza una tarde de fútbol para ver cuánto nos falta.
Alicia Porrini
26.09.2012 14:08 / Mis artículos

A veces para mirar lejos es necesario analizar la historia.
Al que se decepcione le decimos que mire hacia atrás reconozca el camino que hemos venido andando y luego levante la vista.
Montevideo lleva 22 años de gobiernos frenteamplistas, fue la puerta de entrada a la izquierda en el gobierno, la prueba de fuego de que era posible aplicar un modelo distinto, claramente más participativo y descentralizado, solidario y con énfasis social y cultural distintivo y a la vez gestionar mejor la institucionalidad. Tres administraciones cercadas por gobiernos nacionales de impronta neoliberal, cuyo discurso y su prédica eran ajustar el cinturón de los trabajadores y de los pequeños comerciantes e industriales primero y esperar el momento (que no llegaba nunca) para que pudiera comenzar el derrame, demostraron (a nosotros y a la población en general) que la izquierda sí podía implementar cambios, que podía priorizar la salud con las policlínicas barriales y los gurises más desvalidos con las guarderías, que podía descentralizar la administración y que podía involucrar a la gente en la gestión, y que lo hizo superando la situación de crisis que presentaba Montevideo en la década del 80. Se eliminaron los más de mil basurales de toda la ciudad. Los municipales dejaron de ser parte de los empleados más sumergidos del Estado, el Teatro Solís, y las plazas se pudieron remodelar; fue posible el boleto gratuito de los estudiantes, dialogar con los ambulantes, evitar la fundición de las cooperativas del transporte y renovar las flotas, y podríamos seguir. Todo eso lo hicimos terminando con el clientelismo que era “la” forma de ingreso sistemático a la plantilla municipal por estricta vinculación política, pasando al sistema de concursos y sorteos.
Este modelo democratizador y participativo con énfasis social en los más necesitados fue el que se aplicó en la crisis de 2002 a las que nos condujo el otro modelo, el que aplicaron durante esos mismos 20 años los gobiernos blanqui-colorados en el país.
Hoy estamos seguros de que el camino de la izquierda en Montevideo no está agotado pero no podemos dejar de ver que hay fuertes indicios de estancamiento. Sus señas de identidad fueron la cara visible de ese otro mundo posible, y se hicieron en el marco de una aguda lucha política ideológica librada conjuntamente con los movimientos sociales. Hoy, que el FA ha conquistado por segunda vez la posibilidad de gobernar el país, nos enfrentamos a nuestra propia inercia y al peso de la comodidad del pensamiento hegemónico, ese que espera que nos den los temas resueltos, a transformarnos en contribuyentes, a cada uno velar por sí mismo y a medir todo por los resultados inmediatos. A veces nos cuesta salir de esa red. Y nos gana la tentación de querer encontrar una solución en 140 caracteres y a impulsos del pensamiento propio.
Mover las trabas sociales e ideológicas que nos impone una sociedad que estimula el consumismo voraz, el individualismo extremo, el corporativismo inmediatista y la alienación del ciudadano, y que se sustenta en intereses extremadamente poderosos y ajenos, exige mucho más. Más análisis y más imaginación, escuchar más y explicar más, tejer consensos y generar una mirada más larga y más compartida. Solo así podemos ver la trama que hoy despliega el gobierno de Ana, con su plan de movilidad urbana, el incipiente desarrollo de los municipios, el plan de limpieza que comienza a aplicarse, todo parte de un diseño que viene de lejos y se proyecta al futuro. Al hacerlo debemos exigirnos confianza y entusiasmo para sumar, rigurosidad para evaluar y capacidad autocrítica para corregir lo que no se hace bien, asumir protagonismo y actuar con transparencia y escuchando al conjunto de los montevideanos.
Da trabajo, no es lineal, pero no hay mejor camino para la ciudad que amamos y soñamos.
Alicia Porrini
24.08.2012 12:36 / Mis artículos

El sábado además celebrarse el día de la Declaratoria de la Independencia, es también el día del Comité de base…
El comité de base, creación original del surgimiento del Frente Amplio en el 71, fue en ese momento catalizador de la explosión de la participación popular que significó la unidad de la izquierda. También en el 84, los comités fueron lugares claves de la emocionante experiencia, para muchos de nosotros inaugural, de ejercicio de las libertades democráticas, dejando atrás los oscuros años de miedo, represión, tortura y muerte. Hoy, para muchos votantes frenteamplistas, aquellas asambleas barriales desbordantes de gente y particularmente de jóvenes, son, en el mejor de los casos, solo parte de relatos de familia o amigos. Ciertamente muchos frenteamplistas montevideanos no vivieron el 71 ni el 84, porque nacieron o crecieron en democracia, y prácticamente no conocieron o no recuerdan el Montevideo antes de las administraciones frenteamplistas.
Probablemente entre los viejos militantes frenteamplistas hay un consenso generalizado sobre los porqué de la potencia de los comités en sus orígenes o a la salida de la dictadura. En aquellos momentos expresaban la esperanza de varias generaciones de participar en la construcción de un futuro más justo y solidario para nuestro pueblo y reflejaban toda esa carga de perspectiva, en términos de creatividad, entusiasmo, diversidad y sentido de pertenencia. Fueron cuna del crecimiento permanente del FA y tejedores prioritarios de su unidad. Como en aquella frase magistral de Varela referida al papel igualador del banco de la escuela pública, los comités igualaron a todos los militantes de la vieja izquierda dividida, y captaron nuevos frenteamplistas que se identificaron primero y antes que nada con la coalición como un todo, siendo entonces el elemento más fuerte en el surgimiento de la identidad roja, azul y blanca, reforzada por la resistencia a la dictadura y las luchas en la reconquista de la democracia.
Los comités actuales están lejos de representar esa llama potente y renovadora que añoramos las generaciones del 71 y el 84. Su transformación no tuvo lugar de un día para el otro, por el contrario, forma parte de un proceso de largo aliento, multicausal y complejo, que todavía está en discusión. Si medimos su vitalidad actual en términos de cuánta gente participa en sus reuniones semanales o quincenales, o en la actividad que generan en torno al barrio, resulta obvia esta distancia.
No obstante, aunque lejos de aquellas épocas doradas, fueron la columna vertebral que permitió la expresión democrática de más de 170.000 frenteamplistas, en las últimas elecciones internas y son sin duda la referencia de base más potente en materia política en todo el país.
Hay muchos compañeros que creen que el comité ha perdido razón de ser, aunque pocos se animan a plantearlo con claridad. Se sostiene que los tiempos han cambiado, que la participación como la conocimos ya no es posible y que hoy hay otras formas.
¿Cuáles? Se delineó una incipiente aunque no muy clara contraposición entre formas presenciales y virtuales, pero no ha logrado cristalizar en un verdadero debate alternativo. ¿Es real sostener que la gente (y particularmente los jóvenes) no va a los comités porque prefieren la comunicación virtual? Las redes frenteamplistas que tuvieron un papel trascendente en la movilización popular durante el proceso electoral de 2009, tenían (y tienen) muchos integrantes vinculados a algún comité de basé. En el debate (actualmente aún en curso) se ha entendido más bien que las formas presenciales y virtuales son más bien complementarias, aunque al mismo tiempo hay un consenso bastante importante sobre que el FA está lejos de utilizar los elementos de comunicación y las posibilidades que las redes virtuales brindan.
Los problemas de la participación política (que están lejos de ser exclusivos de los comités de base) probablemente estén más ligados, en cambio, a la motivación y la convicción en la tarea y el quehacer político en la sociedad. En estas épocas pos modernas, en las que desde la caída del viejo muro de Berlín, hemos sido bombardeados con mensajes que establecen de mil maneras el fin de la historia y de las organizaciones políticas de izquierda, los comités han resistido estoicamente pero con enormes dificultades este embate hegemónico, más desde que la fuerza política ha logrado conquistar el gobierno y buena parte de las banderas populares acuñadas y traducidas en consensos políticos y programas de gobierno han sido puestas en marcha desde una prolífica y exitosa experiencia de gestión de nuestros gobiernos progresistas.
La creación de nuevas banderas que nos permitan generar una nueva forma de pensar lo social desde la política en colectivo, exige algunos puntos de partida: conocer y apropiarnos de lo hecho (tanto en lo nacional como en lo departamental o municipal), y establecer un vínculo fluido con las fuerzas sociales y la sociedad en su conjunto, para entender mejor los reclamos más urgentes y poder traducirlos en un marco de perspectiva histórica de izquierda. Nos demanda escuchar, estudiar y debatir con profundidad pero también con amplitud. En este sentido, la formación de sus militantes (un debe enorme del FA, particularmente desde que asumió el gobierno nacional), la promoción en su seno del debate de los grandes temas del Uruguay a mediano plazo, y la profundización de nuestra inserción en el territorio (gobiernos municipales y acción social organizada) en vistas a dar batalla por la construcción de valores y el empoderamiento de la sociedad, son elementos centrales para la supervivencia exitosa de los comités, pero en mi opinión, también para la continuidad del proceso de transformaciones del progresismo.
Como en toda experiencia humana colectiva, que podamos sortear el desafío a futuro, y renovar y revitalizar esta herramienta inédita, dependerá de nuestros aciertos y errores. La respuesta será cuestión de escribirla en la cancha de la vida, por eso el 25 de agosto vale juntarnos en el comité.
Alicia Porrini
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La convivencia ciudadana depende mucho del conjunto de los habitantes, y nosotros somos una parte importante y activa de este conjunto, y tenemos que renovar nuestra convicción para impulsar un modo de convivencia más justo, más solidario y más democrático. Hacer que la vida cotidiana en nuestra ciudad sea mejor, y que podamos apropiarnos como ciudadanos de los espacios públicos para el disfrute de todos, exige nuestra participación y compromiso.
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