El dinero y la psiquis
Estudio sobre la pobreza como patología psicológica

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18.05.2014 07:34 / Mis artículos

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En este artículo comento algunas hipótesis de por qué usted, yo y el resto de la gente, disfrutamos con el mal ajeno.

La inagotable desigualdad es una fuente inagotable de noticias.

La desigualdad provoca atracción por varios motivos:

1) Porque nos excita la envidia, en tanto algunos están mejor que nosotros;

2) Porque nos alegra saber que otros están peor, por aquello de «Mal de muchos consuelo de tontos» y además, porque nos alegra saber que provocamos envidia;

3) Porque nos alegra saber que otros están peor, por aquello de «Ver las barbas del vecino arder y poner las propias en remojo», es decir, con la desgracia ajena podemos tomar precauciones;

4) Porque por medio de la identificación sentimos que el otro es «igual» a nosotros, pero resulta que el dolor que nos produce la desgracia ajena nos parece perfectamente tolerable. Entonces, la desgracia ajena nos provee una experiencia de insensibilidad, de fortaleza, de estoicismo.

Esta actitud está presente desde la más tierna infancia. Los niños disfrutan observando cómo otros lloran porque son castigados y, hasta donde pueden, colaboran denunciando a los amiguitos para disfrutar con el espectáculo de los rezongos y golpizas a hermanos o amiguitos.

En suma: usted, yo y el resto de la gente, disfrutamos con el mal ajeno, siempre y cuando no resultemos perjudicados. Si no conocemos estas particularidades humanas quedamos expuestos a participar en vínculos equivocados y a comunicarnos con sobreentendidos falsos.

Creo que es útil saber lo lindo y lo feo, de nosotros mismos y de los demás. Aunque los tragos amargos son desagradables para todo el mundo, peor es sufrir las pérdidas que generan la ignorancia o la ingenuidad.

(Este es el Artículo Nº 2.198)




11.05.2014 21:01 / Mis artículos

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La fantasía inconsciente masculina de poseer un cuerpo de mujer para gozar tanto como ellas está reprimida para que nadie piense que tenemos deseos homosexuales, pero sin embargo creemos (y hasta hacemos el intento) que podríamos ser como otros que poseen lo que imaginamos muy placentero.

Si estamos vivos es porque somos coherentes, esto es, nuestra biología permite que el fenómeno vida no se interrumpa.

Como se ve, esta es una definición de coherencia más amplia que la acepción vulgar, la cual solamente hace referencia a que el discurso excluye las contradicciones lógicas, del tipo: «lo que más me gustan son las actividades al aire libre y solo me divierto yendo al cine».

Somos irremediablemente coherentes en sentido amplio. Si tomamos una metáfora tomada de la mecánica automotriz, diríamos: funcionamos, nuestras piezas actúan en armonía, tanto podemos avanzar como retroceder.

Este rodeo es para fundamentar el título. Efectivamente es posible tener ideas y fantasías que parecen homosexuales sin serlo en la práctica, pues los varones que deseamos tener sexo solo con mujeres, también sentimos algo que llama la atención: desearíamos tener un cuerpo de mujer para poder tener sexo de todas las maneras posibles, contando con la capacidad orgásmica que tienen ellas y que nosotros no tenemos.

También fantaseamos imaginando que el mismo placer que sentimos cuando tenemos sexo con una mujer, se duplicaría si pudiéramos invertir los roles, para gozar como ellas sin perder el placer que el coito nos provoca. En suma, fantaseamos pensando que nuestro placer sería máximo si pudiéramos sentir la suma de ambos goces.

A los varones nos gustan todas las mujeres pero a ellas no les gustan todos los varones. Con esta observación se nos ocurre fantasear, (consciente o inconscientemente), que si tuviéramos un cuerpo femenino, pero con la pasión amatoria e indiscriminada de los varones, lograríamos la combinación ideal: un cuerpo muy apto para gozar con un cerebro que autoriza tener sexo sin restricciones.

¿Por qué no tenemos presentes estas fantasías? Porque la homofobia propia de nuestra cultura nos lo impide. Sentiríamos vergüenza si conociéramos estos deseos inconscientes.

Como ocurre con todos los deseos inconscientes inconfesables, estos se expresan de alguna otra forma.

Es así que todos tenemos la sensación de que podríamos hacer lo que hacen otros. Podríamos ser como Paul McCartney, como Lionel Messi, como Madonna o como Sofía Loren. Creemos que solo tendríamos que estudiar, practicar, probar, hacernos cirugías.

En suma: la fantasía inconsciente masculina de poseer un cuerpo de mujer para gozar tanto como ellas está reprimida para que nadie piense que tenemos deseos homosexuales, pero sin embargo creemos (y hasta hacemos el intento) que podríamos ser como otros que poseen lo que imaginamos muy placentero.

(Este es el Artículo Nº 2.192)




11.05.2014 20:56 / Mis artículos

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El video y este artículo intentan comentarles sobre la compra de nuevos elementos para nuestra casa, haciendo hincapié en que no solo tenemos que desembolsar dinero para realizar esa compra sino que también tenemos que privarnos del espacio que habrán de ocupar.

Por algún motivo este tema es pocas veces tenido en cuenta. Si usted oye el video asociado y lee este artículo quizá pueda comenzar a percibir lo que hace años que conoce bien.

Me refiero a un fenómeno también económico, esto es: el espacio disponible dentro de su casa.

Cuando varias personas viven juntas, cada uno suele tener su propia sensibilidad hacia los espacios de circulación. Cuando una persona vive sola puede no darse cuenta cuánto mejor estaría con menos muebles o electrodomésticos.

También tenemos sensibilidades diferentes para la cantidad de ventanas, cortinas, cuadros, alfombras, espejos, adornos, puertas, colores, combinación de colores, texturas de paredes, de tapizados, de maderas.

Nuestra casa suele estar como la encontramos o como se fue arreglando a lo largo de los años. Si nos acostumbramos a como está no siempre disponemos del mayor confort que podemos recibir de lo que ya tenemos.

En pocas palabras, el video y este artículo intentan comentarles sobre la compra de nuevos elementos para nuestra casa, haciendo hincapié en que no solo tenemos que desembolsar dinero (por única vez) para realizar esa compra, sino que también tenemos que privarnos del espacio (para siempre) que habrán de ocupar.


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Sobre mí
Soy Fernando Mieres, licenciado en psicología. Estudio psicoanálisis y procuro encontrar formas de mejorar la distribución de la riqueza. Vivo en Montevideo - Uruguay. Skype: Fernando Mieres Pérez - Teléfono: 00598.2613.0301

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