Andrés Stagnaro Blog
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10.04.2019 12:51 / Mis artículos

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El sol de inicio de la primavera llena de calor y luz  el espacio libre, calles y entrecalles , esas que siempre están llenas de turistas más que  de  propios ciudadanos que son transparentes ante sus cámaras, no vistos en su andar y presuntas labores, solo las estructuras que hasta parecen que no tuvieran vida humana interior son las fotografiadas. No es fácil con esas abrumadoras visitas sumergirse en el mundo de Pessoa, imaginarse como es o fue, pues esa invasión es una interrupción de  ondas  electromagnéticas, una descarga  en una clara escucha.

El río tranquilo con su agradable olor espeja la luz y el frescor es un oasis que llama a la quietud  y a la contemplación ordenadora de  pensamientos. De espalda al movimiento escasos informales se dejan llevar con las aguas.

Cais do Sodré con su conjunción de trenes, tranvías, metros y barcos es un camino de idas y venidas como siempre lo ha sido aun en épocas remotas cuando solo eran naves  las que atracaban.

Hace calor, y no alcanza con el café y el agua del bar Británico del reloj suizo al revés, porque es calor y cansancio, también prisa. No obstante es imposible no asociar este río con inmigrantes y emigrantes ¿Porqué no está ni estuvo nunca lejos en ninguna de las cantidades de veces que he venido  la poesía de Enrique Amorim? siendo ella un puente entibiador entre mundos lejanos y caóticamente cercanos, incluso con una asociación muy mía y más cercana en el tiempo con Angola, Cabo Verde, Mozambique y Guinea entre otras.

No tuve tiempo de cruzar en barca a Seixal a ver a mi amigo Vitor, pero no podía dejar de venir un pequeño rato aquí , con un poquito este aire nutritivo suaviza por un tiempo .

Voy a regresar en el metro para Telheirias, antes de eso hago una pregunta a una bella jovencita africana, al aproximarme a las barreras me pide si puede pasar junto a mí para evitar pagar su cartón de metro, le digo que sí, si es que no se cierra rápido, me contesta que da para ello. Pasa pegadita a mí.

Nos despedimos con una sonrisa cómplice.

(Andrés Stagnaro)




06.03.2019 13:13 / Mis artículos

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Semanario Búsqueda-14 de febrero 2019-




02.06.2018 20:21 / Mis artículos

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Esta obra surge por la inquietud de hacer algo juntos musicalmente con Federico Graña. Así comenzamos de manera distendida a grabar. En estos dos años y pico desde que empezamos, también tuvimos intervalos de tres o cuatro meses cada año sin pisar el estudio.

 Aproveché para incluir algunas musicalizaciones de poesías que tenía compuestas, algunas desde hace bastante como “Hoy que pintan eneros” de la española Carmen Sanjuán y “El Acufeno de los desaparecidos” de Andrés Echevarría, que canto en público pero que aún no había grabado. O más cercanos en el tiempo, pero ya estrenados los poemas de Ricardo Pallares “En las casas antiguas” y “Niña y mujer”. Una nueva versión de “Delirios por Salomé” texto del heterónimo de W. Benavides (Pedro Agudo), y la postergada nueva versión de “ El Motorman” que hacía mucho no interpretaba y que Bocha Benavides me insistía que no dejara de hacerlo. Al fin y al cabo, fue en una época mi canción—con letra de Walter Ortiz y Ayala—más conocida y cantada.

Me interesa la temática social internacional por sentimiento y pensamiento, nada ajena a mí desde siempre, por lo que compuse canciones como “Los muros de la Vergüenza” y “Mujeres de Kurdistán”, en la que leo una poesía de Alejandro Haddad  que me proporcionó mi amigo kurdo Che Cetín. “¡Ay México!” con texto de Gustavo Esmoris a quien se lo pedí especialmente para la música y estribillo que yo había hecho. Para el recitado le solicité que escribiera a la poeta Ana Strauss y ella me envió su poema “La harina en los ojos”. “El vuelo frágil es otro poema de Andrés Echevarría que ya había grabado con diferente formato.

Incluí una canción que le compuse a Lucía Pérez, chica de dieciséis años torturada, violada y asesinada en Mar del Plata en el año 2016.También el texto del buen poeta Jorge Palma “Cantares” al que le puse música hace algunos meses.

Pensé en cerrar el disco con una canción de resistencia: “Bella Ciao”. Al tiempo de grabarla, me entero que se puso de moda por una serie televisiva. Sin embargo, el sentido e historia de esta expresión partisana que tiene decenas de versiones era una buena forma de concluir este material.

Bonus track: “Me voy, me voy para Bella Unión” y “En las tardecitas” fueron grabadas para la película “Migas de pan”, que necesitaba de dos cumbias con instrumentos, textos y la forma de cantar y grabar que se estilaba en los años setenta. Por sugerencias de amigos las incluyo. No se apartan de la temática de la obra que trata—como es sabido— sobre presas políticas uruguayas.

En cuanto al título tuve mis dudas. Quería que fuera el tema “Los muros de la Vergüenza” el que marcara la obra. Hablando con Mariana Porciúncula, mate mediante y escuchando esta canción, se le ocurrió la frase del estribillo que precisamente abarcaba toda la temática. No te acostumbrarás, no naturalizarás, no banalizarás.

Después de pensar mucho en el dibujo de la carátula, le conté a la  artista plástica Ana María Tejera sobre el perfil del disco. Ella buscó entre sus pinturas encontrando éste que vino como anillo al dedo.

 Por último, quiero agradecer muy especialmente a Federico Graña por su disposición y amistad y a los canes Malcom y Coca su compañía, sus saludos afectusos, y su respeto por no invadir el estudio cada vez que se les indicaba que se fueran.

 

 Andrés Stagnaro

 

Orden de temas:

 

 1)           Los muros de la vergüenza (A. Stagnaro)

 2)           Mujeres de Kurdistán (A.Stagnaro)

              + poema Acaso de Alejandro Haddad

 3)           Delirios por Salomé (W. Benavides-A.Stagnaro)

 4)           Cuántas Lucías (A.Stagnaro)

 5)           EL motorman (W.Ortiz y Ayala-A.Stagnaro)

 6)           Acufeno de los desaparecidos (A. Echevarría-A. Stagnaro)

 7)           ¡Ay México! (G. Esmoris-A.Stagnaro)

          +poema  La harina en los ojos de Ana Strauss

 8)           En las casas antiguas (R.Pallares-A.Stagnaro)

 9)           Niña y mujer (R.Pallares-A.Stagnaro)

 10)         Cantares (J.Palma-A.Stagnaro)

 11)         Hoy que pintan eneros (C.Sanjuán-A.Stagnaro)

 12)         El vuelo  frágil (A. Echevarría-A. Stagnaro)

 13)         Bella ciao (Canción popular partisana)

 

Bonus track

 14)         En las tardecitas (A.Stagnaro)

 15)         Me voy , me voy para Bella Unión (A.Stagnaro)

 

 Ficha técnica:

 Federico Graña  -Guitarras : 1,2,3,4,7,8,9,10,11,14y15/ Bajo eléctrico : 1,4,5,7,10,11,13,14y15 /Batería : 1,11,12y13/Percusión : 10,11y13/Teclado: 8,10,12 y 15/Coros:  1,5,7, 9,11,12,14y15/Mandolina:  9

 Carmen Pí -Coros:  3,4 y 13

 Andrés Pigatto -Contrabajo : 3,6,8 y 12

 Álvaro Núñez -Percusión :14y15

 Andrés Stagnaro- Guitarra 1 al 13, guitarra eléctrica en 5y6, guitarra portuguesa, 2-Voz en todos los temas

 Edición : Federico Graña

 Masterización: Fabrizio Rossi

 Dibujo de Carátula: Ana María Tejera

 Diseño de Carátula : Gonzalo Stagnaro

 Fotografía: Vera S. Cohen

 Terminado de grabar y editar en marzo de 2018 en San Fruta Records-Montevideo

 

Agradecimientos:

 Agradecimientos: Anita Etchart, Federico Graña, Esteban Grille, Álvaro Núñez,Ricardo Pallares, Victoria Paz, Gabriela Pereyra ,Carmen Pí, Andrés Pigatto, Mariana Porciúncula, Gonzalo Stagnaro,Ana María Tejera .

 

 




29.01.2016 13:28 / Mis artículos

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Andrés juega fuerte. Y titula: JUANA, MAROSA Y DELMIRA. Esa es la propuesta de este nuevo trabajo discográfico. Ni más ni menos.  Son mujeres, son poetas, son uruguayas y entre todas sus vidas cubren lo que va desde 1892 a 2004. Más de un siglo en las cifras básicas, pero entre las tres saltan tres siglos. Andrés asume cantarlas. Asume darles voz a ellas y a las palabras por ellas escritas. No es tarea fácil, porque las tres señoras, no escriben fácil. Son poetas mayores. ¿Cómo decirlo? Cualquiera de ellas por sí sola, justificaría la existencia de una poética nacional uruguaya. Las tres juntas son una “barbaridad” en el mejor sentido del término, se los aseguro.

Cantar sus poemas en forma cabal, develar ese antiguo vínculo que palabra y canto tienen, asume el desafío de desentrañar la música que ya está en sus palabras y volverla explícita. Eso que a veces se logra de una manera que el producto es canción, y que otras propone una forma diferente, la de un poema musicalizado.

En los primeros, en las canciones, como que la unidad entre letra y música los vuelve más leves, más rápidos, más unidos, más parecidos a una canción en el concepto tradicional. En los segundos, en los poemas musicalizados por el contrario, hay una morosidad de entendimiento, que privilegia la palabra, que suma momentos musicales de gran belleza, pero que obliga a una intervención mayor de nuestro intelecto para lograr el pleno disfrute.

Las primeras son más fáciles de recordar y cantar por un ajeno, porque cumplen o se parecen más,  por ejemplo al precepto de estrofa y estribillo.  Para las segundas por lo general, por su propia complejidad, es que se necesita al cantor/descubridor, para que él en su interpretación, vuelva evidente la forma exacta en que se escudriña la relación entre la palabra y la música.  

 Andrés logra intensidad en las dos dimensiones propuestas. Escucharlo cantando a JUANA, MAROSA Y DELMIRA suma. Agrega. Ayuda a respirar, a entender. Las vuelve más cercanas. ¿Qué más se puede pedir?

En Montevideo, en agosto de 2015, cuando el agua era necesaria.

                                                                                Víctor Cunha




26.10.2015 22:27 / Mis artículos

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Antes de editar su nuevo cd a fines de noviembre , Stagnaro editó su primer libro de poesía- Aquí se copia  Las palabras liminares a cargo de andrés Echevarría y el Postfacio a cargo de Rafael Courtoisie. También los escritos de contratapa a cargo de Patricia Mariño y Jorge Arbeleche y la opinión de la bailarina Carolina Besuievsky-

 



"Palabras liminares"
Danza  sobre  bordes
 No es de extrañar que la música conviva desde el título con este poemario de Andrés Stagnaro. La trayectoria del autor en el canto, musicalizando e interpretando versos propios y de numerosos poetas, ha sido un ejercicio de existencia que este trovador llevó por escenarios de su país y del extranjero. Y la poesía siempre mantiene una relación con la música que es su génesis, tal como sostiene aquel concepto borgiano de que la poesía devuelve el lenguaje a su fuente originaria.
La danza aludida en todo el libro abarca el tema humano de los encuentros, búsquedas y recuerdos que dejan una impronta solo traducible por la literatura o el arte. Los bordes unen pero también separan en este drama donde “inestables estamos en los bordes de / nuestras cotidianas formas”. Stagnaro ofrece una mirada desde el margen de las cosas que es donde habitan los efectos profundos de la vida y la supervivencia. Recorre estos límites con una visión intimista y la palabra está puesta al servicio de un viaje cargado de abrazos interiores donde  “Los danzarines construyen  su esfera sin márgenes”.
La poesía siempre ha habitado el espacio incalificable donde el ser humano observa el devenir en su interpretación más profunda, más metafísica. Tiene una libertad que la justifica y muchas veces esfuerza un alcance más allá de lo que permite el lenguaje, pero al mismo tiempo está sometida por la paráfrasis del vocabulario del que se sirve. Así como nadie pretende una explicación argumental de una sinfonía y nos dejamos conmover por algunas melodías y armonías musicales, la literatura ha perdido el origen onomatopéyico y simbólico para concentrarse en el significado. Stagnaro, habitante de varios mundos expresivos —los versos, la música, el canto y las puestas de sus conciertos donde involucra muchas veces al baile y a la actuación— no renuncia en su escritura a esta vocación ecléctica en lo artístico.
Danza sobre bordes transcurre en ese terreno atemporal e incorpóreo donde “Como la luz  / el encanto ocurre en el instante en que toco / tu cuerpo lejano”; el oxímoron constante refleja una realidad que prescinde de la lógica para describirnos mejor lo que perdura. Las distancias, las cercanías, la huella erótica que sobrevive a lo anecdotario, son elementos de los que se sirve el autor para componer este libro inmerso en lo sustantivo de una experiencia vital.  “Sobre bordes danzo en permanencia” dice uno de los versos, y es la permanencia del juglar en los terrenos que ha elegido para crear, con su instrumento o frente a una página en blanco.
 Andrés Echevarría

POSTFACIO:
EL FINAL ES EL PRINCIPIO
 Ahora que se toca el final de este libro de Andrés Stagnaro, se puede regresar a su inicio de otra forma: el viaje, en cierto modo que entenderán los cabalistas y los expertos en topología, comienza aquí.
Pero el viajero de esta poesía ya está iniciado, y al volver a ciertas páginas, al detenerse en un verso, escuchará cantar a Andrés con una voz novísima, una voz interior que es milagro y profecía a la vez.
Milagro porque la música de la página se levanta hasta su estatura humana, ni más ni menos, hasta alcanzar una profesión de fe que hace de la belleza no un artículo de “show room” sino un alimento de primera necesidad. Milagro porque en estos tiempos de consumo vacuo, de burbuja existencial, de salmodias “prêt a porter”, la danza se da en la boca de quien canta y en el cuerpo de quien recibe la comunión del verso escrito.
Milagro porque toda palabra es música y, según Ludwig Wittgenstein, el gran filósofo del lenguaje: “si se puede decir, es posible”.
Digamos con Andrés, entonces, para que sea posible, a la vez, la fraternidad y el misterio.
Digamos al unísono con el sintagma de este libro.  
Entonemos, para que sea posible la transformación, la transmutación de la piedra en pájaro y para que toda alquimia se emplee solamente  para crear el oro humano, el oro de los cuerpos, el metal indoblegable de la alegría.
Vivimos una época de bordes, de fronteras, de líneas que deben borrarse y de líneas que deben trazarse con tinta indeleble para que nunca se olviden y para que no sean rebasadas.
En esta dialéctica de líneas que se cruzan y de líneas que no deben cruzarse se encuentra el punto exacto de este decir que sorprende, que encuentra, que comparte.
Andrés Stagnaro es un músico profesional y un poeta finísimo que supo llevar a la canción algunos de los poetas y poemas más hermosos y difíciles.
Ahora danza, Andrés danza y convoca a esta danza con bordes, en el límite.
Porque el ritmo de esa danza es respirar, latir, estar más que despierto y atento  en este mundo atroz: estar vivo y feliz.
Bailar de contento.
 
Rafael Courtoisie
 
Leo “Danza sobre bordes” donde Andrés Stagnaro incursiona en los cuerpos en movimiento como objeto comunicante.
La danza es una manifestación artística efímera en el tiempo que- como espectadores - nos deja imágenes, sensaciones y definiciones imprecisas.
Como bailarina puedo decir que es una experiencia única que ocurre solo en el momento en que se está bailando. El cuerpo se apropia de su propio cuerpo, y así como el escritor se enfrenta a la página en blanco, el bailarín se enfrenta al espacio vacío, lo construye, lo delimita, lo llena.
Andrés convoca a la palabra y transforma lo efímero en permanencia
Desde esos “bordes” se vislumbra un núcleo que lleva al lector hacia el aquí y ahora y también hacia lo que está por venir.
Cada poema es una historia donde el protagonista es el movimiento . Y cada palabra es el trazo del cuerpo en el espacio, el pulso, el impulso, la emoción.
Desde ese umbral nace la voz matriz y de ahí el hilo conductor que recorre la obra en un juego donde movimiento es palabra, lenguaje del cuerpo es lenguaje poético y danza es poesía.
Patricia Mariño
Así como canta y compone, con su hermosa voz y la plenitud de su musicalidad, canciones que se inscriben en el oído de quien lo escucha de modo perdurable, desafiante de tiempos y de modas, Andrés Stagnaro escribe poemas que van más allá de la letra sobre la que se apoya la música. Tampoco  recurre a la imitación del poema de otro,  musicalizado  por él . Esta es su poesía, de su puño y letra, intransferible, no es comparable a ninguna otra. En su carácter personal y único, radica la esencialidad de su perfil. Todo se juega como en los movimientos coreográficos de una danza especial y diferente, que tanto se asoma a la hondura de abismos, esos que observa desde sus pretiles, como puede herir con su palabra y gesto en la plenitud abigarrada de Eros. El Canto, la Danza y la Poesía se amalgaman bajo la sabia pluma poética de Stagnaro.
Jorge Arbeleche.
Las palabras de esta poesía que nacieron de la danza, crearon coreografía en otro registro.
Carolina Besuievsky

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 


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