Siempre he sentido cierta incomodidad al valorar la música de The Doors, que creo compartir con alguna gente de mi generación.
Parte de la culpa la tiene la película de Oliver Stone (de 1991), que terminó de convertir la imagen de la banda californiana -y especialmente la figura de su cantante Jim Morrison- en una suma de clichés de la mitología roquera. Pero, incluso antes de ese filme, flotaba la sensación (seguramente también por reacción al endiosamiento de muchos) de que Los Doors habían sido un grupo sobrevalorado en sus verdaderos aportes artísticos. Por un lado esa imagen de ser los primeros en mostrar, dentro del rock,el “lado oscuro” del ser humano,parecía injusta (teniendo en cuenta a sus prácticamente contemporáneos Velvet Underground) y demasiado superficial y estudiada en el caso de Morrison. Musicalmente, parecían haber propuestas infinitamente más interesantes que merecían, al menos un trato “igualitario” al del cuarteto estadounidense.
Antes de que mucha gente se me tire encima por hablar mal de una leyenda, tengo que decir que he cambiado en parte mi visión sobre The Doors.
Morrison, era una figura destinada a ser imagen de poster de cuarto adolescente, pero también era un excelente cantante, que, sobretodo al inicio de su carrera, sabía usar muy bien su voz grave con dejos del registro de Elvis Presley. También, aunque gran parte de los éxitos del grupo no son suyos,era un letrista extremadamente interesante, que podía usar muy bien imágenes poéticas muy abstractas en el contexto de una canción pop. Y además, más allá de la pose, se animó a cantar sobre temas en los que nadie había transitado. Como muestra, lean la letra de la edipica y fuerte “The End”.
Su fama como performer es parte de la leyenda, pero hay que decir que, sus a veces muy estudiadas y otras veces viscerales provocaciones, muy influenciadas por el grupo de teatro experimental Living Theatre, influenciaron a sus vez a gente como Iggy Pop y Ian Curtis.
Jim Morrisonacaparó desde siempre la atención en la banda, pero es innegable que The Doors era un grupo donde el tecladista Ray Manzarek y el guitarrista Robby Krieger, ocupaban un lugar fundamental. El sonido del órgano Vox de Ray Manzarek es una parte quizás aun más importante que la voz de Jim Morrison, especialmente en sus primeros dos discos, donde se concentra gran parte de los hits de la banda. En la tensión que existe en muchas de sus canciones (“Light My Fire” por ejemplo) entre la simplicidad y rusticidad casi punk de su sonido, con el toque medio barroco de Manzarek en los teclados, está gran parte del encanto de la música del grupo.
Manzarek trajo el teclado a los primeros planos del rock, instrumento que, luego de los primeros pianistas del rock and roll, había quedado en un lugar marginal tras la omnipresencia de la guitarra eléctrica. Aunque en gran parte de las grabaciones de los Doors hay bajo eléctrico, tocado por músicos sesionistas, en vivo Manzarek se ocupaba de los bajos desde su teclado.
The Doors, con la formación que todos conocemos (Morrison, Manzarek, Krieger y John Densmore en batería) editó seis discos de estudio en seis años de carrera (hubo dos álbumes más sin Morrison). Fue un grupo bastante prolífico. Y tal vez ese haya sido uno de sus problemas. En todos esos discos hay material excelente y también canciones que están por debajo del nivel de la banda. Uno puede llegar a pensar que si hubieran concentrado las mejores canciones en tres o cuatro álbumes, estaríamos hablando de obras maestras.
Tal vez el mejor de esos álbumes sea el segundo, Strange Days (1967), que además de la excelente canción que da a titulo al disco tiene las inmensas “People are Strange” y “When the Music’s Over”.
Quizás el momento más flojo del grupo esté en los dos discos del medio, Waiting For the Sun (1968) y The Soft Parade (1969); remontando el nivel en los muy bluseros Morrison Hotel (1970) y L.A Woman (1971), que tiene otra de las joyas de la banda “Riders on The Storm”, donde Manzarek y Krieger dan una clase de buen gusto musical, que muestra su enorme evolución como músicos.
Ray Manzaerk falleció esta semana , a los 74 años. Tras la muerte de Morrison, se convirtió en el cantante principal de los Doors. El primer disco pos Morrison, Other Voices (1971), bien vale una escuchada. Luego formó al banda Nite City junto a Nigel Harrison , bajista de Blondie, hizo discos en solitario y trabajó como acompañante, productor artístico y compositor con gente tan variada como Phillip Glass o Iggy Pop, entre muchísimos otros.
Pero, claro, siempre será recordado por el sonido de su órgano Vox en “Light My Fire” o “Break On Through (To the Other Side)" .
Es extraño que en un año que ha tenido grandes lanzamientos discográficos (piénsese nomás en los inesperados nuevos trabajos de David Bowie o My Bloody Valentine), el disco que más expectativa ha creado es el de un dúo francés de música electrónica.
Parte de esta expectativa se debe, sin duda, a una excelente campaña de promoción. Pero, otra se debe a que este dúo tiene una trayectoria por demás interesante detrás suyo.
Daft Punk ayudó a que la música electrónica de discoteca fuera parte natural de la música pop de la primer década del nuevo siglo. Su mezcla de música house con música bailable de los 70’s y 80’s no fue exclusiva invención suya, pero ello supieron darle un toque justo de modernidad y tradición que hizo su obra accesible para un público amplio. Su excelente álbum debut Homework (1999) abrió el juego que terminó de hacerse masivo con Discovery (2001) y Human After All (2005). La popularidad y la influencia de Daft Punk fue especialmente fuerte en Estados Unidos, marcando a muchos productores de hip hop y de música electrónica.
Una parte importante de esta popularidad se dio por sus excelentes y muy pensadas presentaciones en vivo.Los integrantes de Daft Punk, llevaron algunos conceptos de la música de discoteca a nuevos territorios en sus shows multimediaticos. Uno de estos conceptos fue la despersonalización de los performers musicales. Escondidos tras mascaras robóticas nadie sabe como lucen en verdad Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo, los creadores del proyecto. Como en las pistas de baile, el foco no está en los músicos sino en la propia pista y en la música en si.
La gira de 2007 de la banda, retratada en su disco en vivo Alive 2007, (cosa muy particular que una banda electrónica tenga no uno sino dos álbumes grabados en vivo), los convirtió en figuras masivas y dio espacio para la aparición de Dj’s y productores de música bailable con rasgo de estrellas pop.
Random Access Memories, el cuarto disco de estudio de Daft Punk, que saldrá la semana próxima, pero que puede escuchase completo aquí, viene precedido de una enorme campaña publicitaria, muy inusual en los tiempos actuales de crisis discográfica.
Esta campaña masiva a la vieja usanza tiene muchísimo que ver con el producto, un álbum grabado durante tres años en varios estudios del mundo, con los mejores músicos sesionistas y varios invitados de lujo, que se plantea como un homenaje a la música pop estadounidense de las décadas de 1970 y 1980.
Lo del homenaje no suena novedoso, ya que gran parte de la música de Daft Punk está basada en esas épocas musicales. Lo nuevo aquí –paradójicamente- es que la música del álbum parece una vuelta literal a esas épocas. Como si la historia de la música pop hubiera seguido evolucionando solo a partir de ramificaciones de la música disco.
No hay aquí citas, sampleos o loops, sino los mejores músicos interpretando en las mejores condiciones imaginables las ideas de Bangalter y De Homem-Christo.
La campaña publicitaria y las varias declaraciones de los integrantes de Daft Punk han hecho mucho hincapié en este componente de “lujosa verdad” de la música del álbum. El tema es que todo el proceso del disco pasaría a ser anecdótico si el resultado no fuera interesante.
¿Lo es? En gran parte si. El primer simple del disco, la canción “Get Lucky” con la participación del Pharrel Williams y el legendario guitarrista y productor Nile Rodgers es un despliegue increíble de swing y buen gusto. También lo son otros temas, como , "Instant Crush", con la presencia del vocalista de The Strokes Julian Casablancas; “Within” con el siempre interesante Gonzales; la excelente "Doin' It Right" con Panda Bear de Animal Collective o la maravillosa “Giorgio by Moroder” que musicaliza un discurso autobiográfico de uno de los creadores fundamentales de la música disco.
Hay varios puntos altos más, pero no puedo dejar de pensar que el concepto del álbum un tanto pretencioso y soberbio (onda “miren lo que podemos hacer, a ver si pueden copiarnos ahora”), parece estar en varios momentos por encima de las creaciones en si.
Random Access Memories es un disco muy lindo y muy divertido de escuchar. Pero tal vez no sea la gran obra maestra que anuncia ser. Quizás haya que dejar pasar un poco el tiempo para estar seguros.
El ruido creado alrededor de la banda neoyorquina Vampire Weekend mucho antes incluso de que el grupo editara su disco debut, en 2008, hizo acordar a muchos a lo sucedido con The Strokes y su álbum debut This Is It en 2001. Había ciertas conexiones es cierto. El origen de sus integrantes de clase acomodada neoyorquina, ciertas referencias musicales comunes (Talking Heads, principalmente) y la sensación de estar ante algo nuevo y cool, pero a la vez viejo y transitado.
Como casi todas las bandas de rock parecían mirar atrás, hacia las décadas de 1970 y 1980, mucha gente vio en la música de Vampire Weekend una relectura de lo que varios artistas anglosajones -como Peter Gabriel, Paul Simon o los propios Talking Heads- habían hecho en aquellas épocas, incorporando al rock sonidos de la música pop africana, de Fela Kuti a Ladysmith Black Mambazo.
Había algo de eso. La música de estos cuatro estudiantes de la universidad de Columbia demostraba una escucha bastante profunda de diversos géneros africanos como el soukous, por ejemplo. Pero, las canciones compuestas en su mayoría por el letrista, cantante y guitarrista Ezra Koenig y el tecladista, guitarrista y vocalista Rostam Batmanglij, no querían imitar ninguna movida musical retro en particular, más allá de dejar explicitas algunas influencias. Las canciones de Vampire Weekend con sus semblanzas de la vida estudiantil, sus referencias literarias cultas y su mezcla extrañísima de pop bailable, guitarras afrobeat, arreglos orquestales y guiños a los Beach Boys y a Chuck Berry, sonaban frescas y novedosas, evitando el peligro de sonar pretenciosas.
Temas como “Cape Cod Kwassa Kwassa”, “Oxford Comma” o “Mansard Roof”, se convirtieron en modestos hits mundiales y le dieron al grupo una popularidad, tal vez demasiado rápida.
La sobreexposición trajo el siempre esperable odio de mucha gente disgustada por tanta ruido acerca de un grupo de estudiantes blancos acomodados con aspecto de tales, cuya música mejoraba el humor y hacía mover los pies.
Cualidades, claro, que no son nada fáciles de lograr
Más allá de los zapatos náuticos y las camisas prolijas, Koenig, Batmanglij, Chris Tomson y Chris Baio, demostraron que lo suyo era hacer música en Contra (2010) su segundo disco, igualmente recomendable e interesante, que además mostraba distintas inquietudes musicales.
Desde hace unos meses se han venido escuchando y viendo un par de canciones nuevas –además de una serie de divertidísimos y extraños videos promocionales dirigidos y actuados por Steve Buscemi – que anuncian un nuevo álbum que se editará la semana próxima.
El álbum titulado Modern Vampires of the City, que ahora puede escucharse aquí; parece dar cuenta de algunas continuidades y también de algunos cambios en la música de Vampire Weekend. Las tres canciones que han servido de adelanto, "Diane Young", "Step" y "Ya Hey" muestran al grupo profundizando en su lado mas pop, con melodías extremadamente pegadizas y atractivas, pero a la vez manejando temas complejos en sus letras y referencias musicales que van desde OutKast a Nick Cave.
Es un álbum que dispara en varias direcciones musicales y letrísticas y que muestra que Vampire Weekend es una propuesta artística que va mucho más allá de referencias casuales al afro pop.
Sobre mí Alguna gente lo conoce por su trabajo periodístico, otros por lo que hace como músico y productor artístico; pero la mayoría no lo conoce en lo más mínimo.
Ha escrito (y escribe) para Brecha, la diaria, Bla, Dossier, El País Cultural, Global Rhythm, Relix Magazine y Unchin, entre otros medios. Fue editor del suplemento R de la diaria.