Hay dos tipos de artista, en lo que se refiere a la forma de crear.
Aquellos que lo hacen a través de su ego y los que lo hacen desde su alma.
Los primeros analizan, especulan con lo que hacen y con el entorno, su proceso creativo es de afuera hacia adentro. Es decir observan lo que les rodea y se expresan a través de su personalidad.
Comunican ideas, ideologías, emociones, etc.
Los segundos hacen un proceso creativo inverso, de adentro hacia afuera, se conectan con su ser trascendente, que todo ser humano tiene, y de esta forma se convierten en canales por donde las fuerzas cósmicas del universo se manifiestan.
Se ven así mismos como herramientas de la creación, como co-creadores alineados con la armonía y con conceptos muy abstractos y sutiles de orden y belleza.
Sus obras los trascienden, no son de su propiedad, se materializan a través de ellos.
Así han creado los seres de la época prehistórica, pasando por los egipcios, la grecia arcaica, la baja edad media, el arte paleo-cristiano, mayas, incas, aztecas, e innumerables artistas como Leonardo da Vinci, El Bosco, Dalí con su obra metafísica, Pollock, Tapies, y tantos otros.
Debemos los artistas hoy en día recuperar esa forma de crear, recuperar ese vinculo con lo mágico, con lo sagrado.