Los Olimareños no descartan la realización de más conciertos en Uruguay y Argentina.
eL 12 DE DICIEMBRE ACTÚAN EN MEXICO.
El popular dúo folclórico presentó en conferencia de prensa el disco "Por siempre Los Olimareños. Reencuentro. Volumen 1", grabado en vivo en los conciertos que ofreció en el Estadio Centenario los días 8 y 9 de mayo del corriente. Dentro de tres semanas se pondrá a la venta un DVD con veinticinco canciones y un documental.
José Luis "Pepe" Guerra y Braulio López disfrutan del éxito de "Los Olimareños" en una etapa más conciliadora.
El primer volumen de "Por siempre Los Olimareños. Reencuentro" puede adquirirse únicamente en locales Red Pagos de todo el país a $ 280 y antes de fin de año está previsto que salga a la venta el "Volumen 2" con la segunda parte del show.
El regreso del dúo fue un hecho histórico para la música popular uruguaya y este registro cumple la misión de documentar la magia y adhesión que genera en escena. En conferencia de prensa, Braulio López comentó una jugosa anécdota que vivió el día después de las dos funciones en el Centenario: "Estaba en una esquina comprando un diario y un señor se acercó a decirme que haber asistido al show fue como ir caminando por una calle para abajo y a las dos cuadras encontrarse con Alfredo Zitarrosa, algo impensado porque, como sabemos, está muerto. 'Eso me pasó con ustedes', agregó. Y a mí me tocó profundamente, porque muestra la dimensión de la alegría que provocó en la gente volver a escuchar el dúo".
López comentó que "la intención fue corresponder a la memoria colectiva que mantuvo por tantos años la obra de Los Olimareños vigente".
El trabajo de producción del disco insumió muchas horas de estudio comandadas por el ingeniero Daniel Báez "para ordenar" y "ajustar ciertas desprolijidades" propias de las presentaciones en vivo. "Nosotros tuvimos un problema importante pocos días antes del Centenario porque se nos rompieron las dos guitarras. Tuvimos que cambiar de caballo en el medio del río, un río bastante crecido. Los que tocan la guitarra sabrán que es dificilísimo. Además, en un recital de esas características, con la emotividad que había, y con guitarras nuevas, sobre todo yo que tenía que puntear, fue bastante bravo. En estos grandes eventos debe andar el diablo por ahí", agregó José Luis "Pepe" Guerra.
Destacó "las maravillas" que hoy pueden hacerse en un estudio de grabación en materia de afinación, cosa que era imposible en el año 1984, cuando publicaron el registro del espectáculo que ofrecieron al regreso del exilio. El material adquiere importancia revisionista también al incluir canciones de "Todos detrás de Momo", un material que según Guerra, "se perdió pero es muy interesante". Entre esos títulos aparecen "Los grandes caballeros" y "El campo grande".
Cuando anunciaron la tan inesperada reunión, Los Olimareños insistían en que tocarían únicamente dos noches. Y sobre todo Guerra se mostraba reacio a sumar más fechas, a pesar de la gran demanda por parte del público. Tiempo después, sin embargo, llenaron dos veces el Luna Park de Buenos Aires y pusieron sus voces para un acto frenteamplista en el vecino país. El productor Jorge Atín de Belgrano explicó que no descartan la posibilidad de realizar "dos o tres recitales" más en Uruguay y otro tanto en Argentina. "Pero no habrá una gira", aclaró, a pesar de que en este tiempo formaron un equipo de trabajo muy valioso. "A nivel personal, debo confesar que a medida que nuestra relación mejora -porque yo no los conocía de antes- me dan ganas de que esto no termine; nos llevamos muy bien".
Por su parte, Guerra tuvo esta vez un discurso muy conciliador. "A medida que vamos haciendo recitales nos vamos encontrando. Estuvimos veinte años separados. Y además debutar de esa manera fue realmente bravo, puliendo desprolijidades inevitables y olvidos de letras. Hay que ver que aquello fue muy emotivo. Nos damos cuenta de que a medida que vamos cantando, nos vamos aceitando".
Para Braulio, lo importante es haberse reído de sí mismos. "Nos costó mucho encontrarnos, tanto que tuvimos que echar mano a los discos y escuchar lo que hacía cada uno. Con el tiempo se van agarrando un montón de pegotes propios del solista. Yo, por ejemplo, al dejar el dúo y al empezar a interpretar solo, extrañé los graves de Pepe. Las tonalidades que yo hacía en el dúo las bajé porque me parecía que la voz quedaba muy chillona. Cuando nos juntamos de vuelta había un montón de cosas que no estaban y era necesario buscarlas. A medida que vamos haciendo más recitales, mejoramos. A cualquier artista que hace un espectáculo en vivo, por más tecnología que tenga, le afloran las imperfecciones, son rastros humanos. Porque terminábamos y de pronto tropezábamos. Y la música popular tiene esas cosas. Hasta eso se puede registrar. Escuchándonos, nos criticamos pero de forma constructiva y lo vivimos con alegría".
Consultados sobre la posibilidad de componer juntos un nuevo material, respondieron que si bien no hay nada previsto, están abiertos a lo que suceda. "No nos hemos planteado nada, pero de pronto si surgen canciones, no decimos que no. No hay nada cerrado ni abierto totalmente; estamos un poco a la expectativa de lo que acontece".
Hablar de Pablo Estramín a esta altura puede parecerse mucho a subirse al carro. Pero la intención al publicar este artículo no es rebuscada, mas bien que la considero adecuada.
¿Por que? por que ahora no tengo dudas que era un tipo de la planta, y dejo expresa constancia que muchas de sus canciones no son de mi agrado, ni tengo uno solo de los discos que editó. Entonces, al considerarme al margen del bando de los "trepados al camión", y al encontrar en este artículo reflejado esa faceta que me interesa destacar y rescatar de Estramín no tuve dudas: este es el Pablo que quiero que la gente recuerde.
Lo entrevisté en dos oportunidades, y una de esas entrevistas que atesoro en un cassette tengo la esperanza de poder publicarla en un tiempo no muy lejano, cuando a estos sitios se puedan subir audios. Y me pasó como al autor de este artículo que un tiempo después nos cruzamos en un boliche y el fulano se acordaba de este mengano, y tuvo la deferencia de venir a saludarme.
Fué un tipo de Radio también, aparecía en la CX4 cuando Lopecito tuvo aquel accidente que lo tuvo un tiempo fuera de concurso, y el Pablo le hacía el aguante con otros músicos más. Ultimamente hacía un programa (La Ventana) en CX 38, Emisora del Sur y ese espacio semanal todavía no ha sido readjudicado por la dirección de la Radio.
Disfrúten esta crónica.
Por primera vez en la historia del blog voy a hacer un homenaje por la positiva a un personaje muy querido por mí. Pablo Estramín no usaba polera, por eso el título "No hay caso".
A las 11 de la noche falleció Estramín en el Círculo Católico. A esa hora yo estaba viendo una peli en TNT con Tom Hanks que hace de guardia en un pabellón de una cárcel y qué se yo. A las 12 y media aprox. me llama mi novia y me da la noticia... "Se murió Estramín". Me quedé helado.
¿Pero por qué le tengo aprecio a Estramín?
Estramín me dio mi primera entrevista. Sí, soy otro proyecto de periodista, el típico "wanna be" de veintipocos años que tiene experiencia acá y allá, pero que nunca consiguió trabajo fijo ni tampoco publicó en ningún medio que termine con "País", "Observador", "República", "Noticias", ni "Diaria".
Hace cuatro años ya... Entré a escribir en una página en Internet porque conocía a una loquita que laburaba ahí y me hizo el contacto. Me pidieron que les mandara algo escrito, les mandé, les gustó y entré. La primera tarea que me asignaron fue entrevistar a Estramín. Todavía no había salido el disco "Trozos de luna", me dieron un número de teléfono y lo llamé.
No estaba. Me atendió un contestador y dije: "Mi nombre es tanto tanto, de la página tanto tanto, estamos interesados en realizarle una entrevista. Mi número es tanto tanto, pero no se preocupe que vuelvo a llamar". Corté y me fui a facultad.
Cuando volví mi viejo me dice "Te llamó Pablo Estramín"... así nomás. ¡Tomá pa' vos! ¡Qué groso! Lo llamé y cordinamos para dentro de una semana porque se iba para afuera. Me lo tomé con soda, "la preparo el fin de semana..."
Dos días después me llama y me dice: "Mañana me voy para el interior, me salió un toque. Si querés la hacemos ahora mismo en un hotel en Ciudad Vieja, ¿te queda bien?" "Y sí...", le digo. Resulta que el tenía una entrevista en una oficina para canal 5, no sé para qué programa, tampoco conocía a la periodista, yo me mandé. La idea era hacer mi nota enseguida después. Cuestión: yo no había preparado ninguna entrevista, la poca idea que tenía de Estramín era de haberlo escuchado de chico en algún asadito en La Paloma.
Cuando llego, entro a un hotel MUY prolijo, de esos que es mejor caer trajeado. Bua... apreto el 5 to piso en el ascensor y se abre la puerta a un enorme hall que daba a pequeñas habitaciones. Camino unos pasos y ahí estaba. Entramos a un cuartito donde había sillones, las cámaras de televisión, las luces, la periodista, el camarógrafo y un tipo del canal con pinta de empresario futbolístico con cadena y camisa abierta que se le hacía el amigote.
Nos sentamos los tres: Estramín, el mafioso y yo. "¿Querés un whisky?" ¡Dale que va! Hablamos dos minutos de la vida, del disco, de mis nervios (decidí decirle que era mi primera entrevista, no sé por qué, quizás porque el container de poleras que había encargado todavía no había llegado).
"¿Vamo' a hacer la nota?", dice el mafioso. Y ahí fueron. Estramín se sentó en un sillón y la periodista en otro enfrentada a él. ¡Qué cómica la periodista! Una flaquita bastante bonita, con toda la pinta de secretaria (saquito y pollerita a tono, tacos, etc.), maquillada hasta las pelotas y con una sonrisa dibujada casi maléfica (era una especie de "Hiena" Reguiero versión mujer).
La entrevista, tuvo buena. Le dí al whisky y de paso me sirvió para empaparme en el tema y pensar piques a partir de lo que Estramín iba diciendo. Recuerden que caí sin preparar mis preguntas.
Una vez que termina, me dice "Vení, vamos abajo a la cafetería que se puede fumar". Allá fuimos. Verifiqué si andaban las pilas, si andaba la lapicera y todas esas cosas que un periodista hace cuando está nervioso, pero potenciadas al cuadrado.
La nota no fue nada del otro mundo. No fue ni la mejor, ni la peor que hice. Además el tipo, como sabía que era mi primera nota, me dio terrible mano. Por ejemplo, le tiro una pregunta media media y el tipo habla de eso, de lo otro, lo relaciona con su niñez y con su relación con el canto popular... El tipo prácticamente escribía la respuesta para imprimir en el papel.
Duró media hora más o menos. Después nos quedamos hablando como media hora más. Hablamos de pavadas, de sus giras, sus amigos, de las veteranas que se levantaba...etc.
Pagamos, salimos y caminamos unas cuatro cuadras, hasta 18, y ahí nos saludamos. Cuando se despidió me dijo: "Muy buena la nota, te felicito. Estamos en contacto para el futuro. Es más, en un par de meses me voy de gira por los departamentos del norte, si querés llamame y te hacemos un lugar en el bondi con los músicos". "Dale, muchas gracias", le dije. ¿Una cobertura de una gira de un artista de canto popular para una página en Internet? Imposible, inviable.
Así fue la primera vez que vi a Estramín. La segunda fue en la Fiesta de la X del año siguiente en la que también le hice una nota, y el loco se acordaba, es más, me vino a saludar él a mí.
¿Qué puedo decir de Pablo Estramín? Es cierto, como artista no es ni Don Alfredo, ni Pepe Guerra. Puede no gustarte. Hasta lo miran mal por meterle teclado al folclore y de hacerlo bailable y livianito.
Digan lo que quieran. El Estramín que yo conocí, no es ni Don Alfredo, ni Pepe Guerra, es Pablo Estramín, un gran tipo.
Hace pocos días Montevideo fue alterada en su rutinario vivir por un despliegue de guardias, patrulleros, calles cortadas, ceremonias protocolares y hasta un picadito de fútbol en la calle. Ocurre que un Rei (si, así con I latina) visitaba la ciudad.
Mientras miraba el informe de la televisión recordé aquella anécdota que hoy ya forma parte la mitología popular olimareña, y se me antojó que plasmarla en la web sería un sencillo y digno homenaje a sus protagonistas.
Por que gracias a esta vivencia ese Rei anduvoentrenosotros.
Por Oliverio García.
Julio Correa, conocido en el pueblo como el "Colorín", futbolista surgido del departamento de Treinta y Tres, tuvo una particular trayectoria a través de diferentes clubes uruguayos y del exterior, pero el punto mas alto de su carrera fué, seguramente, cuando militara en el Cosmos de New York junto a una constelación de estrellas del fútbol de todo el mundo, entre ellas nada menos que Edson Arantes do Nascimento, o simplemente Pelé, quien entre otros logros fuera 3 veces campeón del mundo vistiendo la camiseta de la selección de su país, mejor jugador del mundo y otros etcéteras tan rutilantes como los anteriores.
El Negro Máximo Fleitas (para los íntimos El Maza) me contó (de segunda mano) lo fuerte que había sido para el Colorín entrar al vestuario del Cosmos, mirar para el costado y ver aquellas figuras, particularmente tener la posibilidad de tener a Pelé ahí al lado, real, de verdad, en carne y hueso, no en un sueño como alguna vez de gurí se lo había imaginado.
Por esa razón había perpetuado uno de esos instantes en una foto: Colorín y Pelé abrazados antes del comienzo de un partido, como para colgarla en el living y decirle a la gilada: sacate esa pulpita de los dientes.
Previsor de que los años de futbolista serían solo una etapa, que la gola se va y la fama es puro cuento, Correa había encarado algún emprendimiento empresarial con vistas a su retiro. En ese contexto había adquirido, creo que en sociedad, en la calle principal de la capital departamental la Veterinaria a La Rural, y claro está, entrabas y te dabas de frente con aquella foto del Colorín con Pelé.
Cuenta la leyenda que una vez visitó el comercio un paisano de los pagos del Arrozal Treinta y Tres, que había conocido a Correa en aquellos años de terrón, sacrificio y espiga, y como le pasaba a todo el mundo se topó de frente con la imagen de los jugadores del Cosmos.
-¿viste quienes son?- le interrogaron casi socarronamente, a lo que el paisano desde su mas pura inocencia respondió:
-Sí, el de este lado es el Colorín, pero el negrito no se quien es.-
Son las 18.40 de este 8 de Mayo. Debo haber mirado unas 500 veces la hora en lo que va del día, y para corroborar la exactitud la miro en el celular (porque está un poquito más adelantado que el reloj de la cocina).
Ya estamos todos prontos, mate con la cebadura hinchando, termo con agua caliente, empanadas hechas en Treinta y Tres (que trajo la vieja) y una petaca con grapa miel (que durante el recital me voy a mandar la parte que es una cañita con pitangas del Yerbal). Interrogo a mi mujer con la mirada, y sin decir nada nos entendemos (como siempre), y ya está resuelto: nos vamos p'al Estadio.
Es la primera vez que vamos a un recital en auto, y si bien estoy muy ansiosos trato de mantener la calma necesaria para conducir sereno y tranquilo.
Un rato antes de salir (y como para ir entrando en clima) había puesto un disco de 20 "grandes éxitos" de Los Olimas editada en Suecia. Mi vieja me dijo, después de escuchar "No lo conoce a Juan" -¿serán esos Olimareños que vamos a ver esta noche?-
-Cincuenta pesos, por que somos tres compañeros trabajando acá.- me dice el cuidacoches, y a pesar del dolor pago sin chistar. Juntamos los petates y arrancamos rumbo a la Olímpica: quiero encontrar la puerta 13 y entrar de una vez para buscar el mejor lugar posible.
Increíblemente unas cuantas filas debajo de la Torre de los Homenajes hay unos asientos, quedamos de frente, lejos si, pero frontales al escenario.
Ya está: ahora solo falta que sean las 21.00. Saco la petaca y le pego un beso. Justo va pasando un vendedor de tortas fritas, ¿Qué puede ser más apropiado para acompañar los amargos?
Me olvidé del encendedor pero justo delante nuestro hay unos que están meta darle al pucho. Después voy a enterarme que son de Melo.
Las 21.00 y todo muy tranquilo. Allá abajo, en la platea, hay un corso figurones del gobierno y de otros ámbitos. La gente se entretiene jugando a adivinar quien es quien. De pronto arranca un aplauso pero es el Pepe Mujica y Lucía que hacen su entrada.
21.15 y ya se escuchan algunos esporádicos silbidos. Otros amagan a batir palmas pero la gente no se engancha.
A las 21.20 el Pepe y Lucía arrancan al tranco firme rumbo al lugar por donde entran los autos (al costado de la cancha, frente a la Ámsterdam). Otro vez el aplauso. Se pierden debajo de la América, y cuando están regresando por la pantallas laterales del escenario comienzan a pasar el video de la ceremonia donde declararon a Pepe y Braulio Ciudadanos Ilustres de Montevideo.
EL DURANTE.
El escenario es tan amplio como cuando han venido a actuar prestigiosos artistas internacionales. A cada lado una pantalla gigante y detrás de los músicos una pantalla central mas grande que las otras. Las columnas de sonido son de esas arqueadas de última generación.
Sobre él mismo pueden verse (de izquierda a derecha) un contrabajo, una batería, un set de percusión y cerrando el semicírculo un teclado sobre cuyo costado está apoyado un acordeón a piano.
Las luces se apagan, en las pantallas laterales sobre un fondo naranja fuego aparecen letras en forma de escrituras antiguas. Comienza entonces la voz del Serrano dando lectura a una carta fechada en el año 1964, que desde el Barrio 25 de Agosto escribiera Rubén Lena a Pepe y Braulio. La carta habla de un pájaro azul que vuela a su tierra llevando su cantar.
La voz del Serrano da lugar a los primeros acorde serraneros de "Del Templao". Ahora la pantallas puede verse (en blanco y negro) la etiqueta de un vinilo que gira mientas se reproduce la música.
Se encienden las luces del escenario y ahí están, Braulio a la izquierda y Pepe a la derecha, vestidos de riguroso negro, de pie con sus respectivas guitarras. Las voces de la grabación se van apagando mientras (ahora sí), son ellos los que están cantando sobre las pistas de las guitarras en la grabación. La gente está medio desconcertada, pero son Los Olimareños que vuelven desde los discos a cantarnos aquellas porfiadas canciones que los milicos ni por decreto pudieron silenciar.
Con el último acorde el primer aplauso, y medio sin pausa arrancan con "Nuestra Razón". Confieso que los noto como asustados, hasta un poquito inseguros, pero la letra canción se hace cómplice del público y arranca otro par de aplausos mientras contrapuntean:
"por eso hasta aquí llegamos
Buen amigo y compañero
Es verdad y a los testigos
Que no olviden lo que oyeron:
Buen compañero y amigo".
Tras el aplauso Pepe da las buenas noches y (como en el río) dice que esa noche es un homenaje a los autores de las canciones, que están muy contentos y emocionados, y sin más arrancan con el punteo de "Nuestro Camino" que arranca otra ola de aplausos.
Me sorprenden con los tenues arreglos de percusión de "La Ariscona", arreglos adaptados a la versión de Los Olimareños, no a la del Pepe.
Cada aplauso es un respiro a la emoción que va ganando terreno, tal vez por eso el momento es propicio para una tierna canción como "Vivian", para lo cual el contrabajista utiliza arco reproduciendo exactos los arreglos de la grabación mientras las pantallas alternan imágenes de los músicos con olas de un ancho mar que van y vuelven. Majestuosa interpretación que 20.000 manos retribuyen.
Entonces arrancan los acordes de "Rumbo" anunciando la tormenta, y las voces de la tierra llamando son las fotos proyectadas de manifestaciones y pancartas de los años 60.
Se nos ha pasado el miedo a todos, no hay duda que son ellos, como hace 20 años. La noche es un callejón. sin salida que termina en el escenario. 20.000 corazones palpitan en la Olímpica. Es que el calorcito que brota de las guitarras y las voces nos va abrigando a todos. El milagro se está realizando.
Los primeros acordes de la zamba "Adiós mi Salto" parten la noche en dos, o en tres por que desde esa luna que se apareció debe estar Victor Lima sonriendo.
Y llega la primera grata sorpresa cuando en la siguiente interpretación la gente rompe a cantar "Sembrador de Abecedario", y en las pantallas proyectan dibujos realizados por niños. Las lágrimas hace rato que se sumaron a la fiesta, pero es en esta canción donde se produce esa energía mágica de la comunicación entre un verso, sus intérpretes y el público, y brotan como manantiales. Seguramente el maestro, que anda en esa luna de la que les hablé antes está también muy feliz, y esa energía no tengo dudas que llega hasta allá arriba, y mas lejos también.
"Isla Patrulla" es un himno, y se realza en las imágenes que nos llevan a los 20.000 por sus callecitas, sus ranchos y sus gauchos.
Corazoncito aguantá, dejá algo pa después que van 9 y dicen que son 37.
Aflojo con un trago, le pido fuego al de adelante (como toda la noche) mientras Braulio me mira desde la pantalla con un sombrero bien aludo y hechau pa'tras.
Se apagan las luces del escenario. Cuando vuelven a encenderse Braulio y Pepe están ahora sentados, como para aflojarse un rato y aflojarnos a todos, pero
"Las dos querencias" arrancan aplausos y ovaciones que se van y vuelven al cantar los versos de Victor Lima que rezan:
"que rio para soñar, Olimar
Tiene tu gente"
En ese marco imponente donde puedo jurarles que se corta el aire con un cuchillo, y Pepe arranca "El Matrero" y la noche se vuelve tan oscura y espesa que la sombra de Aquino se presiente. Unos candiles alumbran desde las pantallas.
Y es muy difícil hacer valoraciones por que la versión de "Pobre Joaquín" es conmovedora, pero "Quiero a la sombra de un ala" no le va en saga (con un sutil arreglo de teclados que realza la interpretación y remite a la original).
La Torre de los homenajes se inclina en reverencia. De a poco se va levantando un vientito pero que importa: "muchas veces sopla el viento pero pocas veces canta".
Dejan las sillas y vuelven a incorporarse. Rápidos los utileros ponen todo en su lugar.
Aprovechan entonces para dejarnos una de las pocas chacareras que grabaron: "El dinero".
Es tiempo de un respiro, ellos lo saben. Entonces Braulio interpreta "Por donde se fueron ellos" con Pepe acompañando en la guitarra, respetuoso de su compañero.
Acto seguido Pepe invita a su hija Yanina, venida de México, para acompañarlo a cantar "No te olvides". La gurisa muy perfil bajo espera su momento en la canción sentada al lado de Braulio que tras la primer entrada la espera con un beso.
En la tribuna la gente canta. Sin darnos cuenta Los Olimareños están rindiéndose mutuo homenaje a sus trayectorias solistas.
La versión se "Este es mi pueblo" es impecable, termina a ritmo de son con arreglos de percusión exquisitos. La gente no puede evitar remitirse al recital del 84 que comenzó con esta canción, la primera que cantaran a la vuelta de su exilio en suelo uruguayo.
Y entonces en las pantallas aparece un arrozal bailotenado sus espigas con el viento, es que es el tiempo de "Nostalgias Olimareñas", que canta y siente todo en mundo como si hubieran nacido allá.
Braulio se cuelga el cuatro y "a Simón Bolivar" arranca una ovación que se transforma en coro. Me duelen las manos de tanto aplaudir. Desde allá arriba uno le dice a otro: -¡Pa, que recital loco!.-
Jorge Ricci es el músico al cual Braulio invita a subir al escenario, violinista. Arranca una perfecta interpretación de "Un estandarte de Luz", tan perfecta como la forma en que es cantada por Braulio, y como desde hace mas de una hora el resultado es un atronador aplauso.
Otra vez se han repartido los turnos, por eso Pepe nos regala "Ta llorando", tan impecablemente arreglada como la versión de la canción anterior, desembocando inexorablemente en el ruidoso reconocimiento del público.
Desde mi percepción más subjetiva llega a continuación el cenit de la noche: sube la batería de la murga La Tríada para acompañarlos en un memorable set donde repasan algunos tramos del disco "Todos detrás de Momo", que la gente disfruta entero pero que en el escenario Pepe y Braulio celebran, se miran sonrientes, se comunican con las miradas, se desafían, se gozan. "la Yarará", "El campo Grande", "El gran remate", "Los grandes caballeros" y "Noche. Noche" se alternan entre solos de batería de murga que comienzan al grito de -¡todos detrás de Momo!- y ellos cantan como los dioses, y se dan cuenta que la llamita está dando calor y la dejan, que arda nomás.
La versión de "Noche, noche" es sencillamente ES-PEC-TA-CU-LAR.
Mis manos piden clemencia, otra vez le pido fuego al melense de adelante y le pego otro beso a la cantimplora. Para mi ya están cumplidos, lo que venga después me tiene sin cuidado.
La bata se baja y "Milonga del Fusilado" irrumpe, y la gente canta gozosa mientras en las pantallas dejan ver brevemente al ruso Rossencoff.
Y siguen las canciones en avalancha: "Los Orientales" de Idea Vilariño es cantada por todo el público mientras en las pantallas proyectan imágenes de una pintura del Éxodo paseando por las caras y que luego pasan a imágenes del Obeliscazo del 83. La complicidad y el complemento de la situación es sencillamente perfecta.
Pero hay más: "Cielo del 69" es cantada a coro por los 20.000 mientras son proyectadas fotos con consignas y marchas de aquellos años, y hasta una imagen del Presidente de entonces: Pacheco Areco.
Otra sorpresa más: Braulio invita a su hijo Camilo a que los acompañe en una canción, que se trata nada menos que de "Angelitos Negros".
¿Cuál falta? "El Orejano" brota de la guitarras y 20.000 gargantas corean los versos de Serafín J. García.
Tiembla el cemento con la ovación, entonces se descuelgan las guitarras y amagan a irse, agradecen, saludan y sin hacerse de mucho rogar vuelven a colgarse las violas y se arma bruto baile "De Cojinillo", en el Estadio Centenario, nada menos.
"Candombe Mulato" es la prolongación del éxtasis, igual que "los dos Gallos".
Las pantallas nos muestran al Che mientras el griterío deja oír apenas los acordes de "Hasta Siempre", y todo el mundo canta, y la petaca se me quedó vacía, y le pido fuego otra vez al tipo de adelante, y todo en una fiesta única, inolvidable.
Sube la batería de murga, de cajón que se viene "Al Paco Bilbao" y en la noche se abre toda nuestra emoción.
Falta el himno; yo ya sabía que era la última y todo el mundo lo sabía, y con todo el público cantando de pié llega "A Don José", y hay que cantarlo fuerte, bien fuerte.
EL DESPUÉS.
Un auto se los llevó rápidamente aunque no faltó quien se tomara el tute de pedir otra. Se encienden las luces, al audio se apaga. Hay como tres minutos en que casi nadie se mueve, entonces nos animamos a mirarnos, como para comenzar a caer que no fue sueño, que fue real, y además tuvimos el privilegio de haberlo vivido pa poderlo contar.
La gente va dejando lentamente vacía la tribuna, pasan como 10 minutos antes de iniciar el camino de regreso, aunque la verdad no tengo ganas de irme.
Todas las palabras están demás. Es que en ese silencio con sabor a despedida me sabe a una copla:
La cuenta es regresiva. Como si fuera de viaje ya tengo prontita la matera, una cebadura de repuesto, dos termos y la petaca con caña con pitangas del monte del Olimar. El viernes de mañana llega la vieja (con la frazada por el frío), y espero que con algunas empanadas porque a las 7 de la tarde vamos a estar en la cola de la puerta del Estadio. La cámara, el celular, y las ganas de que sean las 21 y se enciendan las luces...
Vuelven Los Olimareños. Para hacer esta espera un poco mas breve publicamos hoy esta charla mantenida por Pepe y Braulio con Gonzalo Sobral, periodista de 2a. Mañana, en Perspectiva, de CX 14 Radio El Espectador.
De la conversación surgen algunas pistas.
(22/4/09 - emitido a las 11.20 horas)
GONZALO SOBRAL (GS): Se formaron a comienzos de los 60, en el departamento de Treinta y Tres, y se integraron así al pujante movimiento de la música popular. Su primer disco, "Los Olimareños", fue editado en 1962. En 1974 el dúo inició un exilio forzoso, de una década, en el cual estuvieron en Argentina, México y Europa.
El 18 de mayo de 1984, en un lluvioso día de otoño, Pepe Guerra y Braulio López regresaron al país, coronando su llegada con un emotivo concierto que todavía perdura en la memoria de los uruguayos y del cual vamos a estar escuchando tramos a lo largo de los próximos minutos. Cinco años después, decidieron separarse e iniciar caminos solistas.
Será estos próximos 8 y 9 de mayo, en el mismo lugar, en el estado Centenario, la fecha y el lugar que vivirá, 25 años después, el reencuentro de Los Olimareños y el recital de despedida.
Para hablar de la carrera y de lo que se va a poder ver en estos días, es que nos acompañan Pepe y Braulio aquí en estudios. Buenos días a ambos, gracias por la vuelta.
¿Ya tienen la grilla armada, ya saben las canciones que van?, ¿o todavía entran y salen algunas?
BRAULIO LÓPEZ (BL): No, ya tenemos el repertorio, ya está lo que vamos a hacer.
GS - ¿Cuarenta y cuántas? Dije cuarenta y cuántas, de repente son treinta y pocas.
BL - Treinta y siete. Eran más pero después empezamos a ver, empezamos a elegir y bueno, "esta tiene que ir y la otra también y la otra también.", es difícil.
PEPE GUERRA (PG): Se nos hacía muy largo el recital y está bien que sea largo, pero si lo hacés muy largo, también conspira, como la silla esta que se me está yendo para abajo (Risas). Entonces al final quedamos en unas 37 más o menos. Lo difícil fue elegirlas, porque incluso uno tiene en la cabeza lo que más le gusta de Los Olimareños pero la gente tiene derecho a tener otra cosa, y todo está en eso, en cuál es el repertorio de Los Olimareños.
GS - ¿Fue bravo elegir hace 25 años el repertorio de aquel mayo del 84?
BL - Me parece que fue más fácil porque eran cosas muy "cantadas". Aquí también hay una cantidad de cosas "cantadas", pero es una cosa más amplia en ese aspecto. Las canciones que fueron en el 84 me parece que eran las precisas. Yo pienso que lo más difícil de todo es acertarle a lo que la gente quiere escuchar. Y nosotros pensamos que vamos a acertar en eso porque en estos años de trayectoria como solistas siempre la gente estuvo dando opiniones y pidiendo que se volviera a hacer algún recital juntos. Son cosas que a nosotros nos quedan en la memoria y las hemos adaptado o hecho en el repertorio que hemos elegido. Pienso que está.
GS - Yo imagino que de las 37 debe haber un montón de las cuales los dos ni dudan que tienen que estar, pero después, ¿cada uno tiene su favorita? Ustedes son dos; uno lo encuentra en bandas con cuatro o cinco integrantes en que además el que escribe es uno sólo y sin embargo cada uno de los distintos instrumentistas tiene su favorita. Cuando le dicen para elegir contestan: "no, a mí me gusta más esta que la otra". ¿Cada uno de ustedes tiene algunas que dicen "no, pará, si son 37 estas cuatro, la verdad, si es que no estamos de acuerdo, deberían estar".
PG - No, simplemente dijimos "¿qué te parece esta?", "esta me gusta", "esta me gusta a mí", "que lindo para hacer esta ¿no?". A su vez nos encontramos bajando las cosas en internet y de repente decimos: "¡Pah! ¿y esta no la pudimos hacer? No, no la pusimos", y hubo que agregarla, porque hay cosas que para los dos están cantadas, como decía Braulio.
GS - Qué pasa con el resto de la banda que los acompaña, ¿quiénes son?
PG - Van a ser Alejandro Tuburich, que también acompañó a Los Olimareños mucho tiempo; Víctor Amaral en acordeón y teclado; Eduardo Pit en el contrabajo, porque Los Olimareños usábamos contrabajo y arco, cosa que le va a dar un sonido pastoso, lindo, como antes, nada más que ahora tal vez nos hemos acostumbrado mucho al sonido digital del bajo eléctrico. Va a estar La Tríada, que nos va a acompañar en un segmento que vamos a hacer de "Todo detrás de Momo", aquel disco tan -te diría- observado por determinada gente, que lo hicimos para hacer un disco que fuera lo más popular y no lo logramos, porque hay cosas que no las lográs (Risas).
GS - Pero hoy en día, 30 años después, la canción carnavalera, la murga canción, es una cosa de lo más común.
PG - En aquella época no se habían grabado todavía murgas ni candombe. En candombe estaba Romeo Gavioli, aquella gente... Creo que estaba grabada la "Retirada del 50".
BL - Sí, claro. Y con el tiempo uno se da cuenta de que la propuesta era bastante ambiciosa, porque es un corso muy especial, inventado por Lena, pero yo quiero mucho a ese trabajo.
PG - Yo le decía al rubio que nos salió muy intelectual el loco este (Risas).
BL - Me acuerdo que estaba Omar Graso, que era un director de teatro. Nosotros lo llevamos a un ensayo para que escuchara, y dice: "ché van a tener que explicar, porque nadie va a entender nada", y al principio realmente no se entendió nada. El disco fue cobrando su belleza, la gente lo fue conociendo a medida que pasó el tiempo. Hoy es una cosa clásica, incluso referente de mucha cosa. Y yo lo quiero mucho porque me parece que es una de las cosas más frescas que hicimos, y logramos como un antítesis de lo que veníamos haciendo nosotros con Pepe.
PG - Y creo que acá en Montevideo se entendió menos, porque era un corso de Treinta y Tres donde desfilaban paisanos a caballo, estancieros a caballo, con las panzas rosadas y el ancho cinturón, que acá no era muy visto en los corsos. Desfilaban cosas de allí, de Treinta y Tres, pero también desfilaban presos, desfilaba la cárcel de la Isla de Flores: "y allá viene la Isla de Flores con un viento de locos, en sus muros de piedra y con voz de porvenir...". Y además era el primer disco que se hacía de una cara y de la otra, todo era lo mismo. Ahora están los compactos esos, bueno, nosotros lo hacíamos compacto pero en pasta (Risas).
BL - En pasta y en lo que se grababa antes que era el análogo.
GS - ...eso leí en la entrevista del domingo en El País, que el sonido va a ser análogo.
BL - Sí, porque pensamos que es una de las formas de poder reflejar mejor la parte tímbrica, con más generosidad. El análogo tiene una cantidad de cosas que el digital no tiene, de repente en frecuencias tales que las enriquecen mucho más el análogo que el digital, eso hablando en la parte técnica. Pero pensamos que más allá de todo eso la gente conoció cómo sonaban las voces y las guitarras de Los Olimareños, lo tímbrico, por el análogo, no por el digital.
PG - Es otro timbre, nos hemos acostumbrado a lo digital y no nos hemos acostumbrado para bien, porque hemos abusado del sonido digital. No lo pasamos por ejemplo por un puente análogo para que no quede tan digital, entonces hay muchos discos de compañeros y jóvenes que salen lindísimos, y a mí me suena a lata. O sea que vamos a volver, en un estadio, a lo análogo, que yo no sé si se ha hecho acá.
GS - ¿Ese sonido análogo va a estar rescatado cuando se edite el DVD?
PG - Por supuesto, sí.
GS - Me llegan mensajes de todos lados, desde gente como Roberto, que dice que nunca superó dos separaciones: la de los Beatles y la de ustedes; Eduardo, que les manda un saludo desde Berlín, nos está escuchando por internet; Ricardo, que nos está escuchando desde Cataluña y también les manda un saludo desde allá. Después mucha gente que pregunta un montón de cosas, hay gente que manda saludos desde lugares del interior, desde Tacuarembó, otro de Pirarajá, alguien de Canelones. ¿Pensaron en algún momento que esta reunión y despedida, este hola y chau, pudiera hacerse allá en el norte, en Treinta y Tres, y que la gente se moviera hasta allá?
BL - Es una pregunta bastante difícil. no en nuestro corazón y en las ganas, sino en los compromisos por los cuales se ha llegado a un acuerdo para hacer estos trabajos del Estadio. Esto es -como dicen y como lo hemos dicho nosotros mismos- una despedida. Pero siempre el corazón está en el pago, indudablemente. No sé, dejémoslo por ahí.
GS - Una despedida quiere decir eso: hola y chau, es decir, Los Olimareños cerró acá, con estos dos conciertos, con el disco, con el DVD.
PG - Pero también estuvimos 20 años en un freezer ¿entendes? Entonces no hay que pretender que nos descongelemos tan rápido (Risas). 20 años separados, estamos retomando todo, lo que por suerte estamos logrando, si ya no lo hemos logrado. Lo fundamental, el timbre de voz, está perfecto, está lindo, está bien.
GS - ¿Cuánto les llevó volver al timbre?
PG - En pocos días...
BL - ...por suerte sí, pero yo me di cuenta de muchas cosas. A mí me parecía que eso era lo que no se había perdido y me sorprendió muchísimo, porque escuchando los discos, escuchándonos a nosotros mismos, me di cuenta que sí, que era lo que más se había perdido. Por otro lado, era lógico que fuera lo que más se había perdido porque llevamos 20 años cantando separados. Una cosa era el "jeito" que tenía el dúo o las dos voces para cantar juntas y otra cosa es la voz de Pepe sola y la voz mía sola. Pero yo pienso que ahora, como dijo él, lo hemos logrado, eso era lo que además me preocupaba a mí cuando recién empezamos a probar de vuelta. Pero lo rescatamos y yo estoy conforme con como está sonando.
GS - Decía Braulio: "la voz de Pepe sola y la mía sola". Cuando cada uno escuchaba la voz del otro sola, ¿se daban cuenta de ese cambio?
BL - Yo me daba cuenta.
PG - ...Sí y a veces parábamos, "¡guarda, ep!".
GS - .porque estaban trabajando con los últimos 20 años.
BL - Exacto, tenemos vicios.
PG - Agarramos y clickeamos en la computadora. Por suerte tenemos la compañera esta.
BL - ...seguro, y por suerte están los discos. Todo eso es una referencia de nosotros mismos, tratamos de hacer un cover de nosotros mismos, o buscarnos, y nos encontramos, indudablemente nos encontramos y para bien. Yo me doy cuenta incluso que en estos 20 años que canté sólo las cosas las hacía más bajas, porque extrañaba los graves de Pepe, y pienso que a él también le pasó un poco eso, los agudos míos como que también los extrañó al principio. Eso va generando otras cosas, por eso encontrar el timbre fue muy importante.
GS - Cuando decías recién, Braulio, "vamos a hacer cover de nosotros mismos", no es poca cosa hacer cover de uno mismo, hay que tener trayectoria y unas buenas canciones para hacer eso. ¿Pero el cover va a ser igual o va a tener movimientos para el costado? ¿Va a tener jueguitos de esos que permite el paso del tiempo?
BL - Pensamos que sí, yo que sé.
PG - Van a ser iguales en la forma, pero de pronto va a haber un acordeón por ahí, que antes no pudimos meterla por carencias económicas de pronto. Hay posibilidades ahora de que podamos tener instrumentos que no los teníamos antes. Aunque fuimos bastante atreviditos antes. Nosotros en "Quiero a la sombra de un ala", por ejemplo, le metimos un órgano y digo órgano porque no es teclado, no existían; ¿cómo se llamaban?
BL - No me acuerdo del nombre.
PG - Nos grabó con un órgano, porque a nosotros se nos había antojado que ahí iba un órgano en "Quiero a la sombra de un ala". Y bueno, de repente le metíamos un bajo, cuando en esa época no se usaba.
***
GS - Le preguntamos a "Atín" Martínez, al productor, que es quien los está acompañando a Braulio y a Pepe. Para el 8 de mayo ya no hay entradas, eso está agotado; están quedando entradas para el 9 de mayo y sí es seguro es que es la última oportunidad de verlos aquí en Uruguay. Habría posibilidades -eso de repente se los contamos en otro momento- de una oferta en el exterior para que vaya este mismo espectáculo.
Empezó como una trayectoria a principios de los 60, va para 50 años. Y fue una canción folklórica, una canción de contenido social, que en algún momento se podía llamar "canción de protesta", pero que después que pasan los tiempos hay que pasarlo al libro de historia de lo que se habla cuando se habla de canción de protesta, de folklor por suerte no. ¿Pero qué creen que han mantenido?
PG - Creo que ante todo, más allá de las cosas que pasaron, la historia que tuvieron que pasar estas canciones, historias muy fuertes, muy bravas, pero que además de todo eso la historia de quererlas prohibir, que no fue tampoco poca cosa, no lo lograron; a mí me parece que fueron canciones muy bien construidas. La gente que hizo posible esas canciones las hizo consciente de que estaba haciendo canciones con una estética muy especial. Entonces, que nosotros hayamos encontrado ese tipo de canciones en Treinta y Tres, donde justo había un ambiente cultural muy fermental, que justo nos hayamos dado de frente con Víctor Lima y conocerlo, con Ruben Lena y conocerlo, y en las ruedas del fogón estar con el mate compartiendo con él y cantidad de gente como con Cacheiro, como Julio Macedo, el Laucha, que nos abrió -nosotros éramos gurises-.
En esa época hablábamos de la poesía de Lorca, de la poesía de aquella generación de poetas impresionantes y hablábamos de poetas latinoamericanos, y había estado Yupanqui en Treinta y Tres. A todo esto, estábamos con toda la influencia del folklore argentino, de toda la música mexicana, de todos los boleros y de todo. E irrumpían nada menos que, en ese momento, aquellos tipos estrafalarios de pelo largo: los Beatles.
Pero sin embargo, nosotros nos quedamos con el entorno ese, con la comarca, y apostamos a ese tipo de canciones. Eso ha sido lo que nos ha hecho durar hasta ahora.
GS - ¿Cómo era lo máximo que se imaginaban cuando arrancaron a tocar juntos que iban hacer? ¿En aquel momento -recién algo contaban del grupo de amigos y demás- se imaginaban que esto como carrera artística era llegar a Montevideo y tá? Ustedes salieron de fronteras obviamente antes que lo obligara la situación política del país, ¿pero se imaginaban que se terminaba en Montevideo?
PG - Decile a Braulio que hable porque si no nos vamos a pelear y vamos a estar otros 20 años. (Risas).
GS - Bueno, sería histórico que en el medio de una entrevista.
BL - .Para tu programa sería fenómeno (Risas).
GS - Claro, en vez de vender el DVD del recital, vendemos el DVD de la pelea (Risas).
BL - Yo que sé, yo no imaginé nunca la proyección que iba a tener esto, el juntarnos para cantar, nunca lo imaginé. Uno empieza muy imberbe todas las cosas y el tiempo mismo, te vas madurando con todo.
GS - Pero en un momento dijiste: "Yo me voy a dedicar a esto. Me gusta, pero además creo que le encontré la vuelta como para que esto sea mi manera de vivir, mi profesión".
BL - .Sí, pero yo fui un vago siempre, trabajé muy poco y no me gustaba trabajar tampoco.
GS - .Trabajar de cantor estaba bueno.
BL - Por eso, trabajar de cantor estaba bueno. Yo que sé, nunca me puse a pensar ni a descifrar esas cosas, simplemente ocurrió y bueno, bienvenida para mí como persona, como ser humano y pienso que para muchos más también fue lindo lo que comenzamos y lo que trascendió. Entonces, bueno, dejémoslo ahí.
PG - Fue una apuesta entre todos, entre toda la gente de Treinta y Tres, una propuesta mejor dicho. Pero no te olvides que en aquel momento, sin quererlo, sin habernos puesto de acuerdo, justo estaba Aníbal Sampayo, por ejemplo, por el litoral, estaba el Sabalero por allá, que estaban haciendo exactamente lo mismo: sacudirse la cabeza para sacarnos de encima todo lo de afuera que teníamos y crear nuestro propio cancionero.
Esto que ahora en el interior es impresionante la cantidad de gente que asiste a los eventos de los festivales, bueno, es un poco producto de eso, de esa gente en Montevideo. Estaba Daniel, posteriormente Yupanqui, la gente de Tacuarembó con su aporte. se logró. Pero para mí que se logró como una reacción. Estábamos quedando prácticamente sin identidad cancionera. Y hemos logrado esto, incluso hemos logrado entre todos. Nosotros nos fuimos al exilio de un país que no cantaba, cantaba muy poquito colectivamente, volvimos y en el estadio cantaba todo el mundo las mismas canciones que quisieron olvidar y no se habían olvidado ni una palabra.
GS - Tiene esa cosa además el folklor, ¿verdad?, que le encuentra la vuelta a sí mismo, no acá, en cualquier lado. En Estados Unidos, un mercado discográfico impresionante, lo que más se vende es música country; olvídense de las estrellas pop y del rock, es lo que escucha el tipo de tierra adentro. Eso funciona en todas partes. Pero, por ejemplo, cuando el folklor tiene saltos de popularidad impresionantes como fueron fenómenos como Soledad hace unos años y ven que canta canciones que habían cantado, que ustedes popularizaron y estrenaron, ¿qué sienten?
BL - Yo siento una satisfacción. Es como un premio, porque lo que uno proyectó y pregonó en los textos o incluso en la forma de cantar. Yo pienso que Los Olimareños crearon una -sin falsa modestia- forma interpretativa y que fue muy fuerte. Incluso hasta ahora hay muy poca gente que se puede desprender de eso porque marcó mucho. Entonces, yo pienso que eso es algo muy gregario, que de ahí parten muchas cosas. Y que Soledad agarre 20 años después y -porque ella estaba de moda en ese momento- cante canciones, para mí, es como un premio, canciones tan bellas como esa del Sabalero.
PG - Más premio es para el Sabalero.
BL - Para él también, claro. Pero pienso que para todos, los intérpretes y los autores, que a veces la gente los separa mucho; yo pienso que están como juntos, porque no se puede separar Lena de Los Olimareños, no se pueden separar a Los Olimareños de Ruben Lena o de Víctor Lino, por algo no se pueden separar. Como que nacieron en un momento y se juntaron en un momento preciso, que la naturaleza, el tiempo, el momento social que se vivía se dio esa conjunción de cosas y bueno.
PG - Como hay cosas de la interpretación que es un misterio, ¿no? Nos estábamos acordando la otra vez en Alemania, en un pueblito no sé dónde era, no había uno que hablara español y los alemanes te querían romper el teatro para que volviéramos a hacer otro. Nosotros no entendíamos nada, nadie entendía nada, porque, además, no entendíamos el idioma. O sea, hay cosas de la comunicación que va más allá de academias, más allá de cosas y que es interesante.
GS - Las noches del 8 y 9 una de las cosas que va a tener es una producción visual bien particular, a cargo de ésta está Walter Tournier, cineasta, amigo personal del Pepe y Braulio, que nos contaba lo siguiente:
(Audio)
"Los temas, por un lado, marcan una cierta época. Eché mano de alguna manera a un archivo fotográfico que tenía, por un lado, y por otro lado también está el hecho de que vamos a usar bastante una parte expresiva, dibujos y eso; por un lado, dibujos de niños que son muy expresivos, muy libres, para algunos temas. Y también en otros casos vamos a hacer una mezcla de fotografías con dibujos, o sea, una cuestión expresiva para no quedarnos en la época, 20 o 30 años atrás, sino darle, de alguna manera, una cuestión, quizá, más artística. Lo estamos trabajando desde ya hace días: hay que sincronizar todo con las canciones, hay que trabajar todas las fotos, los dibujos. Es como hacer todos clips, son como 10 clips que van a haber, porque cada uno de ellos hay que trabajarlos con la imagen, hay que ver toda la parte de sincronismo para que caigan las imágenes junto con las canciones. Y bueno, al final habrá una sorpresita que no quiero adelantarla; que sea sorpresa para todos".
(Fin del audio)
GS - Y la sorpresa yo tampoco se la pregunto a ustedes. Guárdenla y el que vaya el 8 y el 9 lo verá y si no, se lo contarán los amigos.
Desde que anunciaron esta despedida, este reencuentro y despedida del 8 y 9 imagino que los habrá llamado un montón de amigos para decirle: "Ché, mirá, yo voy, por favor que no falte." ¿qué cosa?
BL - Y sí, sobre todo los temas.
PG - Cantidad de canciones.
GS - Más de 37.
BL - Por eso, mucho más, no nos va a dar el tiempo para complacerlos a todos en todas las canciones, porque hay canciones queridísimas, pero lo único que pedimos que entiendan que es imposible, tenemos que quedarnos cinco horas cantando y nosotros como seres humanos no vamos a resistir para cantar todas, ¿no? Porque son como 240 las que hemos grabado.
Como te dijimos al principio, empezamos a elegir y bueno, pero sí vamos a hacer. al final ya así grosso modo ya iban 40 y pico.
GS - Así que lo que más les han pedido es eso, canciones.
BL - Y sí, es lógico. Porque las canciones son una especie de recordación permanente, en cada momento, porque le ocurre a Pepe cuando está cantando sólo o a mí, que yo empiezo a cantar cosas y la gente empieza a cantar sola. Como él decía: nos fuimos y dejamos un país que no cantaba y pucha, ahora sí que canta y canta en serio. Aparte, a veces si hay canciones que yo no cantaba, que cantaba con el dúo, la gente las empieza a cantar sola como susurrando. Y eso es hermoso, porque te da una fuerza tremenda y reivindica una cantidad de cosas que uno pregonó y que pensaba que tenía dudas y que bueno. como mismo Ruben Lena dice en "todo detrás de Momo crecerá, no crecerá", pero sí que creció y como.
GS - Joroba cuando uno anda arriba del escenario que la gente empiece a cantar y sentir eso del otro lado. Yo digo: por un lado, emociona, ¿verdad?, ¿pero por el otro complica?
PG - No, no complica para nada, al contrario, ayuda, te sentís más distendido, te sentís ayudado por la gente. Cuando la gente canta es lindísimo.
BL - Y es un respaldo.
PG -Acá es de los pueblos que cantan muy bien afinados y con el tiempo bien; hay otros pueblos que.
GS - ¿Quién? A ver, mata a uno.
PG - No, no, no me digas, que voy a matar a nadie.
GS - .Como los alemanes aquellos que no sabían ni lo que cantabas pero querían que volvieras.
PG - Esos además estaban chupando cerveza (Risas). El pueblo nuestro es bastante afinado cuando se ponen a cantar.
BL - Sí, y esperan los compases. Sobre todo, lo que a mí me ha llamado la atención es cómo la gente captó los silencios, porque en la interpretación del dúo nosotros jugamos muchísimo con los silencios y me parece que una de las cosas de más hallazgo que nosotros hemos logrado son manejar los silencios que son tan importantes como el sonido. Y la gente ha captado eso. Por ejemplo, en "A Don José" la gente tiene la interpretación de Los Olimareños muy profunda, agarrada y cantar con ellos es como si estuviera cantando uno.
PG - Y "A Don José" no fue hecha como un himno y sin embargo, la gente se empieza a parar sola cuando se canta.
GS - Y si no la meten en los "bises", hay problemas ¿no? Si se les ocurre la mala idea de ponerla antes de los "bises", van a tener problemas, la van a pedir de nuevo.
Sobre mí De allá vine, aunque mi lugar en el mundo está en otra parte. "Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción". Los años añejan el alma, hacen que la vida sepa mejor, y los besos me hicieron hechar raiz. Ahora cuando me preguntan de donde soy digo que nací allá y vivo en este agujero. Las dos querencias, por ahí viene la cosa...