Bitácora del Pequod
Poemas

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24.07.2009 17:09 / Mis artículos

Te amo hasta el último centímetro,

hasta tus talones de plata,

que brillan en mis ojos,

sensuales, amables,

como terciopelo eterno.

Lo calculé y todo:

son cien mil, cien mil centímetros.

Cada pulgada, cada kilómetro.

Los mido obsesivamente con los dedos.

Circunvalo tus rodillas tersas,

doblo por entre tus pechos,

por tus labios, por tus hombros,

y me topo con la esfera

volcánica de tu deseo.

Me trepo y sigo midiendo:

son mil lunares, tres mil grietas,

cinco acres de piel blanca,

dos toneladas de efervescencia.

Sí, hasta lo he anotado.

Desde tus pómulos puedo ver mi era,

la siembra de estaño y trapo,

la simiente áurea que brota a manadas sobre tu boca

y se derrama hasta tu vientre

abierto y anhelante.

Recorro tu espalda bendita

y me inclino ante La Meca,

el suelo sagrado de tu mezquita.

saco leche y miel

y anclo mis banderas

y las extiendo como alas

hasta tus talones de plata

que brillan otra vez en mis ojos.

Compré cada rincón,

cada marca, cada comisura,

mil esquinas, dos soles.

Y ahora te tengo,

te tengo como mía,

como si te tuviera toda

toda mía.

Tengo tanto que estoy perdido

y tanto miedo tengo

que si algún día te perdiera

perdería mis dedos

por haberte tenido

y no haberte tenido.



24.07.2009 16:52 / Mis artículos

Anoche soñé que lloraba amargamente
como Pedro.
Y el llanto era largo y ondulado
como tu pelo.
Soñé que pedía perdón con vergüenza
como Pedro.
Y la vergüenza caía a manadas
como tu pelo.

Anoche soñé que lloraba tu pelo
como en un sueño.
Y soñé que soñaba con tu pelo
como en un llanto.
Lloré con tu pelo soñado
como soñando en llanto, tu sueño.
Tu pelo lloraba, yo lloraba tu pelo,
y pedía perdón,
pedía perdón como Pedro.
Y con vergüenza,
con la vergüenza de Pedro.
Y tu pelo allí estaba manando,
pero era yo el que lo lloraba,
era mi llanto largo,
era mi llanto negro.






28.06.2009 02:38 / Mis artículos

Yo quiero filas de invierno,
no quiero escaleras mecánicas.
Yo quiero chocolates calientes,
no quiero más celulares, gracias.
Yo quiero hombros transidos,
no quiero miradas distantes.
Quiero al viejo de ojos claros
y a su perro congelado sobre una bolsa
para darle mi mano.

Yo quiero acordes sencillos,
no quiero orquestaciones.
Yo quiero poemas simples,
no quiero sumas teológicas.
Yo quiero sacos que abrigaron a muchos,
no quiero noches de gala.
Quiero al viejo de la barba larga
y a su bastón endiablado
para darle mis brazos.

Yo quiero una casa grande,
no quiero un centro comercial.
Yo quiero una caldera para el té,
no quiero brindis de entreacto.
Yo quiero a los niños de motas duras,
no quiero desodorantes de ambiente.
Quiero al viejo de arrugas milenarias
y a sus diarios enrollados
para darle mi taza.

Yo quiero las manos hinchadas,
no quiero taxis en la entrada.
Yo quiero una oreja bien abierta,
no quiero dedos índices.
Yo quiero una sonrisa de despedida,
no quiero promociones de fin de semana.
Quiero al viejo de labios ocultos
y sus últimos pasos
para brindarle mi espalda.



28.06.2009 02:28 / Mis artículos

Se mira y no se toca
Se saborea y no se traga
Se goza y no se roba
Se empapa y no se baña
Se simpatiza y no se adopta
Se lame y no se muerde
Se dobla y no se corta
Se mastica y no se hiende
Se entiende y no se entiende
Se hiende y no se lame
Se escupe y no se busca
Se da por dar, no por recibir
Se insinúa y no se desnuda
Se ve por ver, no para pedir
Se alcoholiza y no se mata
No se mata de asco
Se sabe porque es vox pópuli
Se supone porque lo dice la ciencia
Se ayuna porque es Ramadán
Se corre porque es San Fermín
Se sufre porque es Abu Ghraib
Se muere porque es Tlatelolco
Se llora porque es Tiananmen
Se pinta porque es Guernica
Se toca porque es una escala
Se toca y se escucha
Se toca y no se mira
Se deja pasar sutilmente las papilas
gustativas de los dedos, pero no lo agarre.
No se lo quede
No se lo lleve
No se lo pruebe
No sé si me entiende
Consulte si le interesa
Pregunte adelante
Esto es un bazar, idiota.
Entre, merodee, saboree
y se me muere, afortunadamente,
en la caja, por favor.



28.06.2009 02:27 / Mis artículos


Lo dejamos morir de viejo
como un niño que al ser parido
se entierra en un esquife
y exhala en un mes.

Un poco de venda,
un poco de puñal.
todo conspiró al final,
amor,
en nuestras cuentas.

Lo dejamos morir,
ahí solo,
en un sarcófago de mimbre,
en las flores que llegan con el timbre,
en un cajón de escritorio,
en un fantástico y simétrico velorio.

Lo dejamos inerme
entre promesas vencidas,
entre las musas en cinta,
en la paupérrima rima
de un cedulón a dos tintas.

Inerte,
con hálito de muerte,
lo dejamos
tú y yo.
Ahora queda su vieja estampa,
su almohada,
la cizaña y saña
decente
que nos engulló.

Se nos fue, se perdió,
cayó finalmente, mis ojos tristes.
Tenemos su foto,
su retrato con ribetes de alpaca,
su vestido de bodas con champaña
en el baúl.
Prendamos una vela,
pidamos tres deseos
por nuestro amor,
amor,
por nuestro muerto.

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Raúl Pierri Periodista Cantante

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