
Hace unos días me tocó vivir una situación desagradable que me llevó a la reflexión y quise plasmar en este sitio.
Estando de visita en una ciudad del Interior, dejaron en la puerta de entrada de una casa un puñado de sal. Indagando por el web aprendí que este ritual se conoce con el nombre de “saladura” y se hace para que una persona se vaya de un lugar.
Por mi formación y mis creencias estas cosas no me afectan, creo que el hecho en sí no produce nada. Lo que si me inquieta es porqué las personas hacen estas cosas.
Una explicación es que sea envidia, envidia por una persona que brilla, que pelea y no se deja atrapar por un entorno de mediocridad, un entorno que iguala hacia abajo y castiga al que se destaca.
Una segunda explicación es que Doña María y Don Juan se transforman en “cruzados”, en auto representantes de Dios, en señores inquisidores, que condenan al que piensa distinto, al que se viste distinto, al que se comporta distinto a ellos. Lo juzgan, lo sentencian, lo condenan y le aplican el castigo, que por vivir en el siglo XXI no termina en la hoguera.
Una tercera explicación es simplemente asustar, generar miedo en otra persona. Tal vez por placer, tal vez por sentirse poderoso.
Cualquiera sea el motivo, lo único que muestra es la pobreza mental y espiritual de estas personas, que dedican su tiempo y su energía en condenar el entorno en lugar de preocuparse por ellos mismos. Personas que no conocen la palabra “amor”, peleadas con ellas mismas, que tratan de perpetuar la mediocridad.
Cuenta la leyenda que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Ésta huía rápido, con miedo de la feroz predadora y la serpiente al mismo tiempo no desistía.
Huyó un día, dos días… y al tercer día ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:
-¿Puedo hacerte tres preguntas?
-No acostumbro hacer esto con nadie pero como te voy a devorar, puedes preguntar, contestó la serpiente.
-¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
-No, contestó la serpiente.
-¿Yo te hice algún mal?
-No, volvió a responder la serpiente.
-Entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo?
-¡Porque no soporto verte brillar!
Lamentablemente en el mundo hay gente con maldad, personas que no aprendieron a controlar sus instintos negativos, a amar en lugar de odiar, que detestan ver felices a las personas y a veces nos convierten en blanco de sus agravios.
Con este tipo de conducta irracional es difícil tener puentes. Más allá que ignoremos o restemos trascendencia a esta cosas, no dejamos de estar en un medio mediocre que siempre va tratar de absorbernos.

Un día el universo se aburrió de ser eterno.
Se cansó de ser feliz, de saber, de sentir, de ser solo uno.
Entonces decidió dividirse en tantas partes como fuera posible.
Fue así que se materializó y explotó en cien pedazos
Pedazos que también explotaron en millones de pedazos.
Pronto las partículas comenzaron a viajar, a separarse a entrar en territorios desconocidos.
Pero al tiempo se dieron cuenta que no les gustaba estar solas.
Y decidieron juntarse, unirse, enlazarse.
Así el viaje se hizo más placentero, más bonito.
Pero el estado de armonía duró poco, y la materialización comenzó a cobrar su precio.
Partículas solas chocaron con partículas unidas
Y estas entre sí, y mutaron y se subdividieron y generaron un caos cósmico.
Un caos que las alimentaba, las ponía eufóricas.
Entonces llegó el orden, las ecuaciones, la magia.
Y nacieron las galaxias, y las estrellas y los planetas.
El universo ahora transformado en masa y energía volvió a ser un lugar de armonía.
Así pasaron los tiempos.
Hasta que volvieron aburrirse y decidieron que masa y energía no era suficiente.
Comenzaron nuevamente a combinarse, pero esta vez mágicamente
Y crearon elementos tan bellos que necesitaban nombres
Célula, reproducción, agua, seres vivos, naturaleza, animales.
Y en un animal en particular nació lo que tanto anhelaban, el alma.
Y ese animal tomó conciencia, se puso nombre y se declaró omnipotente.
Decidió conquistar, decidió que no quería sufrir y que no quería morir.
Ese ser comenzó a entender la materia y la energía.
Y comenzó a crear y a destruir.
Ese ser por momentos se distrae, entonces sufre, llora, se alegra y festeja.
A veces toma conciencia de quien es en realidad.
Una porción de energía, transformada parcialmente en masa
Un ser que entiende y siente, indisoluble en sus partes.
Este ser tiene reservado el mayor de los premios.
Cuando logra la armonía interior, cuando respeta la creación
Solo entonces el universo unido le regala sus sueños.