Tapera cromática
Vuelos de mi ganso de hojalata

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25.02.2010 17:57 / Poemas

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Mi soledad, moribundo que no muere

carga la mueca triste del amigo que por error me mata

Siempre tiene sitio junto a mí

mas ha de resignarse al soliloquio

de este tipo inseguro que la aprecia

desde que lo acompaña en las derrotas


Mi soledad alardea de lo que no tengo

mientras la voy vaciando de aquello que rechazo

Implora perdón por serme fiel

y exige tan solo que la acepte

Se congratula de encontrarme disponible

y vive cuando la necesito pues me muero


Aroma fugaz que despierta evocaciones

y se acurruca a mis pies

cual compañía tenaz de perro ajeno

Es el revolver tibio que me cela...

la madre enajenada que me adopta

tan sólo por escuchar mi desconsuelo


Mi soledad es una boca que se calla

El grito contenido de una dentadura

que mordiéndose en mitad de la lluvia

anhela morir de sed de puro gusto

mientras atesora allá, profundamente

el alma sempiterna de ayeres sin retorno

 

Errónea llave ante puertas impasibles

llega acaso también a ser molestia

cual llanto derramado a medio lecho

por soñada mujer, inaccesible

con toda mi ausencia amaneciendo

en distante lugar, desconocido


Mi soledad me quiere de testigo

pues así la he construido

plena ella de encuentro y despedida

semejante a canción triste que en la noche

entra por la ventana y sin permiso

pretende iluminarme la existencia


Mi soledad, tan mansa y fiel

circunda la sazón de mi saliva

para iluminarme las penumbras

Se parece a estos versos mustios que ahora acallo

para saborear por completo, intensamente

toda esta soledad escandalosa.

 

 

Del poemario “Amor desamorado” © Félix Acosta Fitipaldi

 



24.02.2010 18:35 / Poemas

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Estos versos, si acaso eso son, así han nacido. Hubiese preferido un orden más armónico, más parejo... Pero mi melancolía tiene esos altibajos –tal vez muchos conozcan lo obstinadas que suelen ser las melancolías, esta mía lo es –y por más que lo he intentado no me ha permitido modificaciones. De todas formas y como es notorio por este comentario, no han terminado de conformarme. Pero por el sonido y la forma, que con el resto ella y yo hemos concordado.

 

 

MELANCOLÍA

 

Esta melancolía

tan íntima y mía como tuyo soy

sin permiso, pudor ni respeto

sin aviso, sin ruido, sin miedo

asumiendo un derecho per se

tomó finca en mis huesos

 

Anda a pié puntillas desnuda y sigilosa

asomada al espejo se parece a ti

Por no lograr pasar inadvertida

sonríe desde el portarretratos

detiene el reloj

y en loca romería me anega el corazón

a toda hora del día

 

Camina las cornisas desesperadamente

empujando al vacío

ilusiones muertas, besos que no doy

Regresando musita en mi oído

frases de tus labios en mala imitación

y yo escucho atento, me finjo interesado

sólo por la esperanza

de volver a oír tu voz

 

Si cierro los ojos para verte

demora en maquillarse

se burla de mis ansias, como tu

Miente que regresas

y así como al acaso me besa la mejilla

Bailotea en las sombras

logrando robarme una tonta sonrisa

y sabiendo que le diré no

me pregunta si apaga la luz

 

Es intensa en las noches de frescor en el aire

En ellas, fascinante, solías cautivarme

encendían tu cuerpo de garbo y audacia

en el mismo instante que llegaba yo

Después, finalmente, tras lo cotidiano

me busco a tu lado... y no estoy

 

Esta melancolía

me invade de tristeza tan solo porque sí

por no haberte visto, o por si te vi

Pasea tu cariño por mis pensamientos

me torna acongojado y somnoliento

huraño, insatisfecho...

Maldiciendo, me siento muy gris

 

Esta melancolía

ríe a mis espaldas en silencio

Se burla de mi pena cual fulano que no me quiere bien

Ya en tren de perdedor

la dejo deambular por mis secretos

que hurgue mis poemas y mis cuentos

desgaste los buenos recuerdos

y medre a su placer

 

Pues me consta

que no se alejará por mi rechazo

Es una cicatriz de andar amando que al tiempo he de perder

como esa fragancia que tu usabas

y de tanto pretender tenerte cerca

la he terminado ayer

 

Y ya no tengo dudas

si acaso no sintiera esta melancolía

por cierto no tendría

palabras de amor para decir

Mi alma estaría muda

mi pluma sin caricias

más ciego y vacío mi existir

 

Esta melancolía

adosada a los sueños que he perdido

lleva una profecía

burlonas campanadas que auguran sin cesar

a cada paso dado “nunca más”

Lacónicos latidos, reflejos aburridos

de días que han perdido los ecos del ayer

Palomas desplumadas, lámparas que vacías

se mienten encendidas

sin porqué

 

Pues del romance aquél

pervive en mi vida

exclusivamente la melancolía

Y dudando si acaso te tuve alguna vez

me digo sin creer

que llegará ese día

donde también me olvide, se vaya, me abandone

me castigue y perdone

esta melancolía

 

Descalza y en silencio la intuiré partir

Y al sentarme a escribir cuando cae la tarde

no podré definir

si es a ella o a ti a quien añoro

si es por ti o por ella mi pesar

estas locas pretensiones de morir

esta inmensa angustia de desear

y no poder llorar.

 

 

Félix Acosta Fitipaldi

Del poemario “Amor desamorado” © 1992

 



23.02.2010 19:48 / Poemas

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Todos alguna vez nos damos cuenta

que el corazón se nos murió una primavera

y para seguir viviendo simplemente

al hueco que quedó le damos cuerda

     

Se nos murió mirando una ventana

esperando en una esquina cierta ausencia

llorando algún despojo humildemente

cual vencido volviendo de la guerra

 

Que el tiempo aprovechó la puerta abierta

y travieso dejó huir  furtivamente

la juventud, los sueños, las preguntas

antes que conozcamos las respuestas

 

Que la magia existe y no es eterna

Que la verdad es poca y caprichosa

Que la felicidad son apenas unas gotas

y forman el collar de la existencia

 

Todos alguna vez nos damos cuenta

 

 



20.02.2010 21:04 / Poemas

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Serás sólo el recuerdo

de un sueño inesperado

Una paloma dulce volando de mi mano

Caricia libre al viento

Ensueño en mi pasado

 

Seré reminiscencias

de un trecho caminado

Una sonrisa triste que se durmió esperando

Mil besos y el secreto

de un juego terminado

 

Seremos una historia que se quedó vacía

La última poesía que mi pluma ha estropeado

Un momento en el tiempo, acaso de alegría

Seremos de tu olvido y mi melancolía

 

Apenas, simplemente, ayer y todavía

seremos para siempre

dos almas que se amaron.

 



16.02.2010 16:38 / Relatos

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I

Estaban sentadas al cordón de la vereda algo más allá del límite de la feria formal de Piedras Blancas, donde buscan sus mendrugos los que resbalan de la sociedad hacia el abismo de la indiferencia. Se limitaban a ver a la gente pasar pues lo que ellas ofrecían no parecían interesarle a nadie: prendas femeninas rescatadas de contenedores de basura.

En esas periferias toda cosa que pudiese transformarse en niquel era puesta a la venta, bastando que se le estimara la mínima condición de uso para que cualquier objeto que la ciudad descartara fuera vuelto a ofrecer: zapatos moribundos, muñecas sin cabeza, cabezas sin muñecas, herramientas melladas, bisutería con deterioro, artefactos que ya no funcionan, libros ruinosos, dentaduras postizas, lentes usados... miradas de desesperación.

Cuando alguien se detiene a observar o demuestra el mínimo interés los ojos del vendedor adquieren un brillo esperanzado que de inmediato le hace decir cosas así: está barata, parece nueva, si le interesa le hago precio, pregunte que no molesta... Con lo cual por lo general el cliente pierde el magro interés que lo llevó a curiosear.

Pasaba ya el medio día y no habían vendido nada. La mujer mayor no estaba de buen humor y su apariencia huraña espantaría a cualquier potencial cliente. La joven que estaba a su lado -su sobrina- tenía un aspecto resignado y triste que no conseguía ocultar su belleza.

-Sólo alguien que se ha visto en éstas sabe lo que significa no hacer un peso, no llevar un mendrugo para poner en la mesa -dijo la tía -¡Y otra vez al Walter no le puedo pedir fiado!

La joven mantuvo silencio.

-¡Ay si yo tuviera tu cuerpo! ¿No te digo? Me da tristeza ese desperdicio de carnes firmes... Las dos podríamos vivir como reinas si me hicieras caso. ¡Total! Se lo das gratis al Toño, ese flaquito atorrante... Lo vas a terminar matando.

-Y bueno... si hoy comemos algo será lo que él traiga.

-¡Ah sí! Si acaso coloca el televisor o el DVD que robó el Mario... ¡Porque él no tiene agallas ni para salir a robar! Dale, vamos a juntar estas porquerías que aquí lo único que conseguimos fue llenarnos las tripas de mate lavado.

Durante cada pocos tramos del camino de regreso la tía desperdigaba algún comentario alusivo a su propuesta: -¡Total! Ninguno de esos puñeteros muñecos podría durarte en la cama más de diez minutos... ¿Eh, no decís nada?

-Lo estoy pensando.

-¿Se lo dijiste al Toño?

-Lo estamos pensando.

-¡Ah, porque el señor piensa y todo! Un día de estos te vas a avivar y lo vas a mandar a cagar como dios manda. Apenitas te des cuenta de que entre las piernas tenés una mina de oro... ya te lo adelanto.


II

El atardecer le estaba dando una pizca de frescor al estío. En una esquina de Batlle y Ordóñez estaba ella, de falda ajustada, labios pintados, blusa transparente y unos tacos deslucidos que la tía pidió prestados por unos días. Aguardaba su primer cliente recordando los consejos de su tía: -Con lo que te dije tenés para manejarte, primero la plata... ¡Y nada de parecer débil o remilgada! Hay que imponerse, llevar la delantera, no parecer primeriza... ese cuento hay que dejarlo para cuando se tiene algo de experiencia y se puede descubrir si eso es lo que el tipo anda buscando.

Ella miraba los ojos de cada conductor que pasaba y no había uno que no se distrajera un instante del tránsito ante su figura. Pero ninguno se detenía, apenas un par de jóvenes que le ofrecieron ir juntos y ella rechazó: -Por ahora no aceptes cosas raras -había dicho su tía -Te pueden tomar los puntos y hacerse los vivos.

Cuando comenzaba a aburrirse advirtió que alguien se acercaba caminando, la observaba y sonreía. Era un señor mayor, de traje oscuro y ella le restó importancia. Sin embargo el hombre al estar a su lado le dijo: -No me importa lo que cobres... ¿Le darías placer a un anciano?

La piel se le erizó y por su mente desfiló la frase "viejo verde". En un instante advirtió detalles en la figura del hombre que le llamaron la atención: tenia lentes negros pese a la oscuridad, su calzado era extraño -polainas-, y el bastón que usaba tenía  empuñadora brillante, parecía de plata. Su tía le había dicho: -Si te repugna su aspecto cerrá los ojos, imaginate que estás encima de ese flaco tuyo y dale galope. Ya tendrás tiempo de aprender a verlos con ojos lascivos y decirles ternuras para que larguen la flema enseguida. Después del primer cliente solita vas a ir agarrando la onda.

El hotel era hermoso y ella se dijo que algún día debería venir con Toño. Pero mucho no tuvo para pensar en sus cosas, cuando quiso acordar tenía al hombre encima. Él rozaba su cuerpo con manos y lengua, con lentitud, tomándose tiempo, como si fuese la última vez que cubría mujer.

Las caricias eran tan sensuales que sin notarlo la joven comenzó a excitarse, mas cuando sus ojos se detuvieron en el rostro del hombre sus arrugas la volvieron a erizar. Cerró los ojos para ver a Toño y se sintió mejor.

Realmente deseaba la penetración cuando ésta ocurrió y no pudo evitar abrir los ojos. Entonces el hombre no le pareció tan viejo, ni desagradable, su tez parecía tersa y emanaba un aroma embriagante que ella jamás había sentido. Casi extiende una mano para acariciar aquél rostro pero en lugar de eso volvió a cerrar los ojos.

Sentía el brío del hombre encima de ella y cuando comenzó a gemir no estaba fingiendo. Entonces no pudo evitar volver a mirarlo y se sintió fascinada, el joven que estaba con ella era la viva imagen de aquél príncipe azul de su niñez, ese que la rescataría de la miseria. Esta vez no eludió acariciar la vívida piel de aquél rostro y apenas le vinieron deseos de besarlo él aproximó sus labios para que lo hiciera.

En brazos del placer perdió noción del tiempo, apenas pudo suponerlo por el tamaño de su fatiga, y cuando el hombre cayó exhausto a su lado a punto estuvo de darle las gracias y confesarle que lo amaba. Tras aplacar su lasitud el joven no demoró en levantarse, vestir un jean gastado, una remera azul piedra, y dejarle un par de billetes entre las piernas que la trajo a la realidad. Luego dijo tener prisa en conquistar el mundo y se fue.

Ella se sintió muy triste. No por ella ni por su nueva condición, sino por saber que jamás volvería a verlo. Abandonó la cama con la idea de darse una buena ducha aprovechando los "lujos" del lugar. Al pasar ante uno de los espejos de cuerpo entero que rodeaban la cama se descubrió con espanto: ante sí tenía la figura de una anciana decrépita, de huesos casi visibles pues eran notorios debajo de los colgajos de piel arrugada. Sintió que el mundo estallaba en pedazos a su alrededor y gritó.


III

El alarido inquietó incluso a los ranchos vecinos, medio cantegril perdió el sueño esa noche. La tía fue a la cocina por un cuchillo pues creyó que ese cobarde de Toño estaba dañando a su sobrina. Mientras corría la cortina de la pieza de la joven recordó que Toño estaba haciéndole de campana a Mario en una casa cuyos dueños veraneaban en Punta del Este.

La muchacha estaba sentada en la cama, lívida, con los ojos perdidos en la luna de un espejo absurdo, y demoró unos segundos en balbucear unos parcos sonidos ininteligibles. Tan fuera de la realidad la halló la tía que acalló el martilleo de preguntas y salió por un vaso de agua, casi tan pálida y perdida como su sobrina.

Más tarde, algo repuesta, la joven apenas dijo: -Estoy agotada tía, no me preguntes nada ahora, tuve una pesadilla, nada más.

Cuando Toño llegó al amanecer con las manos vacías las encontró despiertas tomando mate en silencio.

-¡Mejor sería que te fueras, atorrante! -dijo la tía al vislumbrar su fracaso. Él buscó en su mujercita el apoyo que siempre encontraba, en cambio ella aceptó: -Sí, Toño, es mejor que te vayas -Su voz no tenía énfasis, denunciaba una rendición ineludible, tanto que hasta la tía se asombró y mantuvo silencio todo el tiempo que a él le llevó juntar sus escasas pertenencias.

Luego que el muchacho se marchara la tía meneó la cabeza y dijo: ¿Viste? Ningún hombre que tuviera cojones se iría así nomás por esas, antes armaría un escandalete. ¿Ese era el amor que te tenía? ¡Pobre desgraciado, jamás volverá a tener una mina como vos!

-Sí, él no era para mí... En nada se parece al hombre de mis sueños.

La tía largó la carcajada: -¿Hombre de tus sueños? Los sueños son para soñarlos, ya va siendo hora de que te des cuenta que la realidad no es para dormidos. Supongo que ahora te decidirás a salir a la calle, mirá que la juventud vuela y con ella la hora de tomar provecho de ese par de buenas piernas.

-Durante un tiempito podríamos vender droga, sale mucho y deja plata -dijo la muchacha aun buscando alternativas.

-¿Qué? Yo tengo causa abierta, no te olvides, la que estás limpia por ahora sos vos. Si nos descubren... ¿Te hacés responsable? Decidíte, porque si no vas a tener que ir a fregar pisos, la miseria que tu madre te manda cada tanto no dura un par de días.

-A lo mejor debería irme con ella.

-¡Ah sí, a changar a Buenos Aires, juntas! ¿O te pensás que te va a tener de florcita? Por algo nunca te dijo que te fueras con ella. Además, si no juntó algún peso cualquier día de estos la tenemos aquí, corriendo la misma liebre que nosotras.


IV

El aroma del atardecer era diferente pues era invierno. Sentía que el frío se colaba por los pliegues de su poca ropa y hacía como las dos putas de la otra esquina: pegaba saltitos, refregaba sus manos y suspiraba por un gramo de calor ante cada coche que pasaba. Al final resultaba que había que esperar como en la feria y no quería pensar en la cara de su tía si volvía sin nada. ¿Cuándo llegaría su primer cliente?

Un auto negro grande y lujoso cuyos cromados encandilaban se detuvo a su lado. Tenía cristales ahumados y uno de los traseros comenzó a deslizarse dejando ver la frente, los ojos, la nariz y la sonrisa de un hombre mayor. El brillo de su mirada la hizo estremecer, sintió que sus piernas desfallecían cuando él le dijo: No me importa lo que cobres... Si me satisfacés te doy el doble.

En ese momento ella miró hacia todos lados, había imaginado que Toño llegaría corriendo a decirle que no lo hiciera, que había conseguido trabajo y quería que volviera con él.

-Quizás... ¡Quién te dice! Hasta podría hacer realidad tus sueños -decía el hombre del auto. Y al mundo se lo tragó una oscuridad inmensa.

 

Félix Acosta Fitipaldi © 2/2010 

 

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Ahí estoy, metido en el afiche de "La naranja mecánica". No es que me identifique con Alex... En realidad trato de salir de mi caparazón sin dejar del todo el anonimato. Lo entendí necesario antes de que el paso de la moda me obligue a vestir sobretodo de madera. Aquí les dejo algunos de mis poemalos, cuentoscos y anticulos. Yo los disfruté, si no son de vuestro agrado se debe a que no son yo.

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