16.03.2010 19:57 / Mis artículos
Algunas de las peores y las mejores
Las peores
La enfermedad de mi padre, casi toda mi infancia
La muerte de mi padre
Tener todo y pasar a no tener casi nada, literalmente
La adolescencia. Adolecí demasiado.
Cuando te dejé ir, a pesar de que querías ser
La primera vez que me rompieron el corazón. Fue para siempre.
La última mirada de Carlos.
La última frase de mi abuela, mirándome a los ojos.
La enfermedad de Clara.
La separación, el fracaso.
El poco coraje que tenés para animarte a estar conmigo.
Cómo se fue mi hermano.
Lo último que me dijiste, mamá… “Es hermoso…”
No haber podido o sabido amarte como te lo merecías.
La traición de quien creí mi mejor amiga durante más de 25 años.
El dolor que he sentido para crecer.
Las mejores
Ir a la casa de la abuela.
Los juegos, los disfraces, los bailes en Fray Marcos.
El corso de la calle Orinoco en Malvín.
Mi primer beso en la boca.
El día que me casé
Cuando nacieron mis hijos
La música, que siempre está conmigo
La pintura y la guitarra
La familia que tuve.
La familia que tengo.
Haber crecido y sentirme una sobreviviente.
Tener la capacidad de servir a otros y hacerlo.
Tener el mundo en las manos, así lo siento.
Tu amistad inesperada y sin embargo, auténtica
El Amor.
La mejor de todas: la risa de mis hijos, siempre.
08.03.2010 18:27 / Mis artículos
Quisiera tener inspiración inagotable, facilidad de palabra hablada y escrita, verdadero talento, para poder escribir y escribir sin parar, y sanar y sanar sin detenerme. Pero las musas o los dioses no me dotaron con tales dones. Soy una simple mujer que plasma como puede, y a 120 palabras por minuto (reales) lo que siente. O sea, escribo al ritmo de mis pensamientos y mis sentires, que últimamente tienen más variación que el día de un adolescente medio.
Qué verdadero desastre creer que tenemos todo “en orden”, “controlado”, todo “en su sitio” y darte cuenta que viene cualquiera y con un soplido, derrumba todo el trabajito que nos lleva meses, día tras día, cuál hormiguita.
Hormiguita viajera me decía mi papá. Nunca supe porqué. Pero hoy en día creo que tiene que ver con eso. Con cómo aprendí a pararme frente a la vida. Viste que a las hormigas las sacás de su rumbo, y vuelven solitas. Les quitás su carguita, y la levantan y arrancan de nuevo. Van y van y si no aparece una mano humana que las aplaste, no se detienen. Y así voy y voy. Pero pucha, me caigo mucho. Y estoy requete vieja, o así me siento. Y también sé que me siento super joven, pero he llegado a la conclusión de que por más de mí que le ponga a todo esto….. no voy a salir tan fácilmente. Le llamo “todo esto” a superar tantos y tantos duelos (muertes, divorcios, pérdidas, amor no correspondido, carencias económicas).
Y hoy me levanté y pensé… “necesito una alegría”. Y cuando digo esto, no me refiero a la vulgar interpretación de índole sexual que se le da a la frase. Me refiero a algo que me estimule, a algo que me apasione, a algo que me haga sentir viva. Miércoles, parezco una muerta. Entre un zombie y yo, no hay mucha diferencia. Claro, la gente suele no notarlo. Porque yo suelo reír espontáneamente mucho y muchas veces. Y entro inmediatamente en mi papel de “tengo que salvar al mundo”. Y ese papel hace que no me descargue en ningún hombro, que no llore, que no patalee, que no me ponga mal. Porqué cómo yo voy a hacer eso….???
Alguien apretó el botón de “pausa” de mi vida y todo se ha quedado demasiado quieto. Demasiado quieto para ser real.
Que me devuelvan el control remoto, o que venga “alguien” y me ponga en “play”. O “Fast forward”. A esta altura, no me importa.
Sé que me voy a arrepentir de escribir todo esto aproximadamente media hora después de haberlo publicado. Pero quién me quita lo bailado….. Una consulta de terapeuta menos. Una sonrisa más….
01.03.2010 11:54 / Mis artículos
Nunca entenderé tus incongruencias.
Cómo aún admitiendo tu sentir, prefieres huir del peligro que implica para ti ese mismo sentimiento.
Y puedo decirte que tienes siglos de estar omnipotente en mi mirada…
Y tú mismo me dices, que yo en la tuya…
Sigue el verano, consecutivo siempre y me estalla el corazón como una venda pegada a mi garganta, herida por la angustia….. no, angustia no,... la melancolía de no tenernos
La rabia de que nos condenes a ambos, ahora lo sé con certeza pues tu boca me lo ha dicho.
Podría decirte que mi compensación ha sido, oírte blasfemar contra tu propio escudo. Pero no es así.
También podría decirte que mi compensación es conseguir las palabras que me hicieron conocerte. Pero tampoco es así.
O que puedo traducir la voz de tus quejidos, los que oigo permanentemente….
Y debo reconocer que estás hermoso.
Más justificado que la primera luz, cuando empuja las olas a su primera muerte.
Más hermoso que un mediodía poblado de niños sensibles, contemplando el verano….
Y aún así….. te dejo……
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