Versión para imprimir 25/08/13



Indios y negros

¿Cuánto realmente ha cambiado el mundo por más que tengamos a un Presidente indígena en Bolivia y el primer Presidente negro en los Estados unidos? Nada. Esa es la conclusión que se puede extraer luego de la detención del avión en Viena que transportaba al Presidente Evo Morales. Para una Europa, a estas alturas completamente gaga, el indio sigue siendo indio, despreciable y de mucho menor valor que la posible ofensa al cow-boy del norte. El negro logró disimular muy bien sus orígenes, ya va quedando poco de aquella histórica sensación que devino con su nombramiento, al final de cuenta el imperio se sigue resistiendo a ceder en prácticas y modales por más que tenga al frente a un negro.

Hoy más que nunca vuelve a recorrer el continente una revitalizada sensación de anti-imperialismo, los protagonistas son los de siempre. En este episodio se condensan las expectativas con los cambios reales que la sociedad global es capaz de generar. Nos enseña que las expectativas por un mundo más justo y respetuoso de la diversidad humana, quedó tan solo en eso, en expectativas. Vale más un espía blanquito preso que una crisis internacional con un país tercermundista. No sé que me provoca más rechazo, si el hecho en sí o las reacciones posteriores de gobiernos balbuceantes tratando de justificar su mediocridad moral. Acá estamos una vez más hablando de costos, como siempre sucede todo se reduce a una ecuación determinada por el costo de las decisiones y sus consecuencias. Los principios y la justicia siguen sin alcanzar valores aceptables. Sigue entrando en la ecuación el costo a pagar por la falta de un debido servilismo internacional. Este sigue siendo mucho más rentable que lo que pagaría el respeto a normas básicas de convivencia y de respeto internacional.

Esta lamentable experiencia nos enseña que no podemos engañarnos tan fácilmente, por más que cambien los personajes en el escenario global esta no razón suficiente para garantizar un cambio de tendencia en valores y prácticas. Se trata tan solo de nuevos actores con nuevos decorados, pero donde al final todo se reduce a un remake de viejas funciones para la misma porquería de siempre. El indio encabeza la cartelera, es un protagonista pero despreciado como antes, el negro por primera vez interpreta al gran Jefe, el que persigue al malo, en este remake están los mismos actores de reparto, pero al final no es más que eso, el mismo guion sin que nadie tenga la valentía de cambiar las cosas.

Lo de Europa ya no sorprende, está cada vez más vieja y se le nota. Lo de Bolivia menos, les tocó el papel que les tocó siempre, en un momento en el cual parecía que la obra no volvería a exhibirse. Pero mucho menos nos sorprende lo de Estados Unidos si no fuera por quien lo representa. Por estos días se suceden las declaraciones y acusaciones por una fantochada europea de sumisión a la paranoia norteamericana. El país de los mensajes globales, Estados Unidos, está necesitado una vez más de dar señales inequívocas frente a sus enemigos, y también necesita señales inequívocas de sus aliados. Los mensajes deben ser claros y globalizados para que no aparezcan nuevos e incontrolados desertores. Es más de lo mismo si no fuera porque hay negros e indios en papeles protagónicos.

Yo, una vez más, sigo estando del lado de los indios.





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Peces Voladores
vagar sin meta, pero no sin rumbo

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