Versión para imprimir 07/09/13



Deportes y cultura. Aquellas piedras trajeron estas arenas.

 

A comienzos de este fresco abril de 2013, visité el museo de Orsay en Paris. Quedé maravillado por la colección de obras de arte y también por el espléndido edificio restaurado. Este último, tuvo como anterior finalidad, a partir de su inauguración en 1898, ser una gare (estación de trenes) urbana. Que se haya transformado a partir de 1986, en un espacio de excelencia para su  función cultural actual, causa admiración.

Para un montevideano con varias décadas de vida, la evocación de la antigüa estación de trenes « Gral. Artigas » y el deplorable estado actual de sus edificaciones es inevitable, pero no haré ninguna comparación odiosa. Nunca me gustó « hacer la fácil ».

El tema central de estas notas es comentar la iniciativa de ANTEL, la empresa pública uruguaya de telecomunicaciones, para construir un moderno estadio cerrado en el predio donde se localiza el « Cilindro Municipal ».

El mencionado estadio, que en su momento fué de vanguardia, albergando eventos mundiales y sudamericanos de basquetbol, así como otras manifestaciones deportivas, artísticas y culturales, tuvo como es sabido, un final indecoroso. Lo que era su toque de distinción arquitectónica y de ingeniería, el techo colgante, se derrumbó en una noche aciaga, por el paso del tiempo y un mantenimiento deficitario que no logró prevenir el siniestro.

Aunque más allá de alabanzas por su carácter arquitectónico, yo puedo testimoniar mi afecto hacia aquella construcción cilíndrica, como vecino y usuario, pues habité en un conjunto de edificios de su entorno más próximo, durante parte de mi niñez y adolescencia.

Allí presencié la coronación de Uruguay como campeón sudamericano de basquetbol, con el plus de haberme « colado » a la cancha y festejado cerca de figuras como el « Chumbo » Arestia o el « Negro » Hernadez ; también tuve clases de gimnasia como estudiante del liceo 14 y aguanté los excesivos watts de la amplificación del grupo de heavy metal Van Halen, en sus gradas.

Cuando se desplomó su techo, en octubre de 2010, seguramente afloraron recuerdos en muchos uruguayos. Como el que compartimos con la amiga Jorgelina, vecina de edificio durante los años 70-80, que recordó una frase de aquellas tiempos juveniles : « te espero atrás del Cilindro ». Con la oportuna aclaración que ella nunca había aceptado esas dudosas invitaciones.

Este rodeo por los sinuosos caminos de la memoria es para contextualizar el impacto emocional primario ante la información de la reconstrucción (que en realidad es hacer un estadio nuevo) del « Cilindro »

¿Como sería posible preferir mantener un importante espacio urbano deteriorado, con una edificación ruinosa y sin ninguna utilidad, como triste recuerdo de sus momentos de auge, a la alternativa de un moderno y polivalente estadio cerrado, de propiedad pública, por el convenio de una empresa del Estado y la Intendencia de Montevideo ?

Ciertamente que hay diferentes aspectos para analizar y criticar, pero algunas de las reacciones de representantes políticos opositores y sectores del periodismo dan cuenta de la estrechez de miras, que sigue limitando e impidiendo transformaciones para que Uruguay sea un país para el disfrute de todos sus ciudadanos.

No es un gran descubrimiento decir que con una inversión de 40 millones de dólares se podrían construir escuelas o liceos, o equipar mejor hospitales y vislumbrar que un emprendimiento de estas características va a mejorar la consideración de sus impulsores políticos.

Construir una obra de un nivel equivalente a lo que fué el viejo « Cilindro Municipal » en su mejor época, dandole continuidad histórica y funcional al mismo predio, en una zona de la ciudad de indudable dinámica social y demográfica, es algo prometedor. Dentro de 20 años y con una correcta gestión (sea cual sean los colores de los gobiernos departamentales o nacionales), casi nadie se acordará de estas objeciones o de quienes las hicieron.

No creo que los miles de visitantes, entre los que me encontraba durante mi asistencia al museo de Orsay en Paris, se preguntaran por las discusiones y probables polémicas, cuando se presentó y comenzó a ejecutar el proyecto de reciclaje. La curiosidad que se desprendió de mi halago estético, me permitió averiguar con un funcionario del mismo, que el edificio de la Gare d’Orsay fué salvado de su destrucción mercantil, por el gobierno francés presidido por Giscard d’Estaing (consevador), que lo clasificó como patrimonio nacional. Mientras el museo propiamente dicho vió la luz durante la presidencia del social demócrata François Mitterrand.

Es más relevante la discusión sobre la inversión de los recursos superavitarios (cuando los hay) de las empresas del Estado. Pero más allá de las adhesiones afectivas o emocionales, los razonamientos básicos para apoyar el emprendimiento son simples.

Las empresas y servicios estatales, tienen como finalidad servir al país. Su objetivo no es la ganancia o el lucro, pero si además de la meta mínima del equilibrio presupuestal, y como consecuencia de varias circunstancias se producen beneficios, estos deberían retornar de la mejor manera posible a la sociedad en su conjunto.

Es lógico y razonable que el gobierno en ejercicio, a través de sus diferentes organismos con sus respectivos comentidos, tome decisiones al respecto. Por supuesto que hay que construir y mejorar las condiciones edilicias de Escuelas, Liceos y Escuelas técnicas de UTU. También es indiscutible la necesidad de equipar cada vez mejor los hospitales y dispensarios públicos de salud. Pero también debe tener igual jerarquía la promociónn e inversión en la cultura en general, las artes y deportes, que también están estrechamente vinculadas a la educación y la salud de la población.

Asunto de otra índole es la fundamentacion del gasto, para evitar restricciones normativas respecto a las atribuciones de inversiónes de los Entes autónomos, como lo es la Administración Nacional de Telecomunicaciones. Si ya el nombre propuesto de Antel Arena tiene un aire exótico, que sea un instrumento de « marketing directo » parece una especie de broma ideológica.

Su designación está a tiempo de cambiarse. Al ser una continuación histórica y en sus principales finalidades del estadio municipal derrumbado, tendría que demostrarlo simbólicamente en su nombre. No me parece que sus modernas instalaciones deportivas vayan a tener piso de arena, ni será un estadio playero para beach volley ; si se llamara Antel Cilindro no me disgustaría aunque su forma ya no se conserve. Tampoco es cuestión de tirar junto a los escombros del viejo Cilindro la denominación oficial que poseía y tal vez el parque que aloje todas las noveles instalaciones pudiera designarse, con el nombre « Héctor A. Grauert »

Ponganse de acuerdo, construyanlo y dentro de 20 años volvemos a hablar.

 

 





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Reflexiones y opiniones de un uruguayo que vive en Bélgica.

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