Hoy, y para no perder de vez mi notoria fama de “mago de las colchonetas”, vengo a público con los ojos rasos de agua para contar una alegórica parábola, ya que, como saben, soy un enemigo visceral de gnaticídios superficiales y sentimentalismos auspiciosos.
Así mismo, igualmente debo aclarar para quienes se interesen por estar al tanto de mi vida, que me declaro de antemano ser un fervoroso lector del épico best-seller de la sobrevivencia, obra la cual les recomiendo por ser esta una lectura audaz y llena de talento… ¡Extraordinario!
Pues bien, sin necesidad de tener que andar aquí con más preámbulos triviales, he de decirles de una buena vez que los relatos de la zootomía-historiográfica cuentan que en cierto momento, perdidos entre los matorrales de la vasta selva del África central, estaba un león y un burro, solos, tristes, más aburridos que pulga en pieza vacía, y contrariados por no poder contar con burras o leonas, ni nada que estuviese a zumbar a su alrededor… Es decir, los dos ya estaban cachondos perdidos.
Fue entonces que el león, en un relámpago bizarría y más cargoso que mosca de tambo, le propone al burro tener sexo entre ellos, a lo que sin inmutarse, el burro le responde que si por él, no tienen problema.
Por supuesto, al discurrir un poco más sobre como debían proceder con tal intemperante acto, el león pide para ser el primero por que para eso él es el rey de la selva.
Entonces partieron decididos para el asunto, y el burro ve que el león saca un frasco y se empieza a untar algo en el pene, y sin disimulo alguno le pregunta:
-¿Qué es eso que le ponés, león?
El león, sin alterar la voz, da de hombros y le responde:
-Vaselina, mi amigo, para que no te produzca ardor en el culo… Entonces el león le hace sexo fino.
-¡Ahora me toca a mí! -Apunta el burro, una vez terminada la función.
Calmamente camina y se ubica detrás del león, y como el burro tardaba un poco, el león se da vuelta y ve que además de vaselina, el burro se estaba poniendo una otra pomada en el medio del pene, y una tercera en la punta y, al final, unas gotas.
El león, ya cagado de miedo, toma la iniciativa y le pregunta:
-¿Qué es eso que te estás poniendo, burro?
Este le mira con una sonrisita de disimulo, y le responde muy educadamente:
-No te preocupes, león… Mirá, lo primero es vaselina para que no te arda el culo, después le puse un poquito de Vick Vaporub para que no te arda el pecho, al final un poco de amoxicilina 500 mg. para que no se te irrite la garganta, y en la punta le coloqué una gota de colirio para que no te salten las lágrimas!!!
Moraleja: ¡En esta vida, quien tiene culo pequeño nunca debe realizar acuerdos con penes grandes!